Capítulo Único
Notas de inicio:
En esta ocasión me tengo que salir de mis fandoms usuales, esta fecha es especial por muchas razones, la principal es que hoy florece un prado entero en honor a alguien importante.
Dedicatoria especial:
“A veces, una sola persona puede ser todo.
Y otras, te sientes nada sin esa persona.
Dedicado a ella: Que es mi todo y mi nada.
Te amo, Neki, hoy y siempre~
¡Feliz Cumpleaños!”
Aclaración de Emergencia: Lean todo como si fuera un Au tipo victoriano, por fa XDD No estoy segura de que se entienda el contexto~
Ahora sí, C’mon!
~*~ Deobeul ~*~
Toda su vida soñó con ser un héroe, ser un caballero de armadura plateada, tal y como se contaba en las canciones. Rescatar a una bella doncella. A esa doncella.
Till suspiró encantado, admirando a Mizi más allá entre las rosas del jardín, su cabello atado en una cola alta que ondeaba con el suave viento y le daba el aspecto de princesa de las flores. Era hermosa y esa palabra ni siquiera le hacía justicia.
Tenía un pequeño libro rojo entre sus delicadas manos, Till varías veces se había inclinado para espiar sobre su hombro las palabras alineadas con tanta precisión en el papel viejo, pero por más que lo intentaba no lograba descifrar mucho. Solo sabía que era una novela francesa del siglo XV que relataba las proezas de algún gitano en busca de su padre. Sabía que “pére” era “padre”, sabía que para pronunciarlo tenía que retraer la lengua y acentuar mucho la r, pero… jamás le había hablado de esos detalles a los que prestaba atención cuando se trataba de ella. No se atrevía.
Suspiró de nuevo, saliendo de sus ensoñaciones cuando vio a un figura menuda y ligera deslizarse entre los pasillos del jardín para alcanzar a Mizi.
Sua, la sirvienta de Mizi, tenía algo más que la confianza de su ama, tenía su corazón. Till lo sabía, cada tarde ellas se citaban en los jardines y se sentaban una junto a la otra, entrelazaban sus manos y hablaban a veces por horas, cualquiera vería a ama y sirvienta hablando de los próximos bailes, quizás las últimas modas en vestidos, o incluso a dos jóvenes haciéndose confidencias, pero era más que eso.
En cierta ocasión, una noche lluviosa, había seguido a Mizi a los establos creyendo que la chica había olvidado su chal en el carro y por ello volvía sobre sus pasos, su intención había sido solo ser un poco caballeroso y ofrecerse para salir a la lluvia a rescatar las pertenencias de la chica, pero lo había visto, un beso robado y fugaz entre ama y sirvienta. Aun dolía si evocaba aquel recuerdo con la nitidez de la lluvia en sus hombros, la fragilidad de la luz de la vela y esos labios rosados unidos a alguien más. Alguien que no era él.
Aun así, estúpido él y su corazón noble que aún se aferraba a la esperanza de estar ahí para ella, de salvarla de algún peligro y entonces, solo entonces ella lo iba a mirar. Lo iba a considerar...
—No sueñes despierto, William Till— Lo llamó una voz su espalda, era Hyuna, su mejor amiga y dueña de aquella casa en donde se alojaban después de uno de los bailes de la temporada. Siempre hacía aquello de ponerle un nombre, según ella, más “respetable” antes de su propio nombre.
A veces era William, Jacob, Robert, Marcus… Till había perdido la cuenta a esas alturas.
Hyuna dio un vistazo por el balcón y soltó un suspiro de cansancio.
—¿Todavía? — Preguntó con cierto tacto que Till agradeció. No se requería ser un genio para saber que le preguntaba por Mizi, llevaba años rondando a la chica como una abeja a la miel, haciéndose el aparecido en todos los eventos a los que ella asistía, o como en ese momento, visitando a algún conocido o pariente de ella con la esperanza de verla.
—No es nada… solo estaba tomando aire fresco— Murmuró Till con un mohín en los labios, de nada servía mentirle a Hyuna, ella había estado presente en la historia desde el inicio y se la sabía igual de bien que él mismo Till, quizás por eso lo dejaba quedarse ahí, sabiendo de antemano que Mizi estaría alojada en su casa.
—Me preocupas, Till, deberías estar enamorándote de muchachas en los bailes, saliendo de caza con los otros y llenando tu estomago con alcohol en los clubes de caballeros… Pero esto es…— Hyuna no dijo lo que pensaba, pero Till lo sabía, era patético.
—No es lo mío…— Respondió con simpleza, lo cierto es que mentía, en realidad era lo suyo, Till a sus veintisiete años era el mejor espadachín, el jinete más rápido y hábil, y si bien, no el más acaudalado, sí que tenía una herencia a su nombre lo bastante grande como para prescindir de un trabajo en toda su vida.
—Ya, lo tuyo es estar aquí en un balcón suspirando por un amor no correspondido…— Aquella era una definición exacta de su vida y situación. Si tan solo…
Sus anhelos se vieron interrumpidos por un gritó agudo pidiendo ayuda proveniente del jardín, Till sin pensarlo dos veces saltó por el balcón y ya estaba bajando por los techos inclinados de la mansión, deseando llegar a las guías de enredadera que cubrían los muros de piedra antigua. Eran apenas dos pisos, podía hacer aquello.
—¡Till, maldito loco, vas a matarte! — Le gritó Hyuna desde el balcón, Till trastabillo un paso que estuvo a punto de lanzarlo al vacío, para su suerte sus manos fueron lo suficientemente firmes como para mantenerlo anclado, se balanceo en el aire hasta lograr volver a poner un pie en alguna superficie con la suficiente firmeza para seguir bajando. Aquello era más rápido que dar toda la vuelta a la casa para salir por la puerta.
—Manda a llamar a un médico, podrían estar heridas— Sugirió en un grito a su descenso, no espero una respuesta, una vez que tocó la gravilla del camino con los pies echó a correr a los rosales, en busca de las chicas que estaban ahí.
Sua estaba con Mizi en brazos, la abrazaba con fiereza mientras lloraba con pequeños gimoteos.
—¿Qué sucede? — Sua se abrazó más a Mizi que parecía medio inconsciente, su piel estaba pálida, tan pálida como el uniforme inmaculado de Sua, no tenía nada que ver con su tez natural, era un blanco enfermizo, Sua lo miró con sus ojos oscuros inundados de lágrimas.
—Serpiente…— Dijo con un dolor tan genuino que Till se estremeció. —Creímos que no era venenosa, pero de pronto se desvaneció— Explicó cómo pudo la chica.
—Vamos adentro, Hyuna mandará a traer al médico— La sirvienta se abrazó más a su ama y negó despacio.
—Será tarde… el veneno ya está… le dije que no debió esperar tanto pero estaba bien… estaba bien— Murmuró con la voz quebrada en un sollozo al final, Till aspiro bruscamente, mirando a Mizi en brazos de Sua, la irá que burbujeó en su interior saturo todo, haciéndolo ver borroso ante el esfuerzo de no gritar, maldecir y golpear todo a su paso.
Cerró los puños, descolgó su amuleto del cuello, era un frasco apenas lo suficientemente largo y trasparente que cargaba consigo desde que tenía memoria. Se lo había dado su madre.
“Promételo Till, promételo”
Le había pedido con la voz débil y trabajosa ante el esfuerzo que le llevaba hablar. La promesa consistía en algo simple y banal. Un sorbo significaba una vida, ella le había hecho prometer que jamás la gastaría a menos de que fuera en sí mismo, si alguna vez se encontraba al borde de la muerte.
Destapo la botella, un líquido claro se arremolinó ahí, eran apenas unas tres gotas, se acercó a Mizi y con sumo cuidado de no derramar una sola lo vació en la boca delicada de la chica.
“Funciona, funciona, funciona”
Rogó para su interior al tiempo que rogaba que su madre lo perdonase desde la tumba por romper su promesa.
Mizi aspiró profundo cuando regreso a la consciencia después unos lentos y tortuosos minutos, Sua dio un gemido de alivio y se abrazó a la chica haciéndole mil promesas al oído. Till dio un suspiro porque había funcionado o al menos eso parecía.
—Ha sido un milagro— Murmuró Sua observándolo con ojos grandes e inquisitivos, Mizi se intentó incorporar, lo que devolvió la atención de Sua a la chica.
—¿Qué me paso? — Preguntó la muchacha con el cabello lleno de hojas y ramitas, así como el vestido vaporoso lleno de polvo y la voz temblorosa, ambos la ayudaron sin decir más.
—La serpiente… Oh Dioses, me diste un susto de muerte— Sua la abrazó y Mizi le devolvió el gesto casi como un reflejo derivado de la costumbre. —¿Te duele mucho? — Mizi parpadeó y negó apenas cuando ambas se separaron, ni siquiera le dedicó una mirada a Till pese a que estaba tan cerca como la misma Sua. —Ven, te llevaré adentro para que descanses y te cambies de ropa, mi lady, el medico ya viene en camino— Till las dejo ir cuando vio que se las arreglarían solas, tan metidas la una en la otra como para reparar en su presencia.
Las vio caminar una apoyada en la otra y se enfrentó a la verdad de su fracaso, era el héroe, su momento perfecto había pasado y él había salvado a su amada doncella, pero en lugar de que ella le sonriera con coquetería y él la cargase en brazos hasta la comodidad de sus aposentos, estaba ahí, solo, con una promesa rota y un frasco de vida vacío.
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Fue más o menos un mes después cuando Sua llegó a su puerta, traía sus guantes de montar, un vestido sencillo polvoriento y un sombrero ceñido que le ocultaba la corta cabellera.
—¿Podría pasar, mi Lord? — Le preguntó desde la entrada, Till le dio una inclinación de cabeza y se hizo a un lado para dejarle espacio. Le ofreció agua fresca y algunas frutas que Sua aceptó de buena gana.
—¿Qué te ha traído aquí? — Preguntó algo tenso, a simple vista resaltaba que Sua había cabalgado toda la noche para llegar ahí al medio día, y su repentina presencia podía significar solo una cosa.
—Es la señorita Mizi, mi Lord… ella…— Sua presionó los guantes entre sus dedos y lo observó casi con desesperación, Till se aguantó las ganas de sacudir a la muchacha y hacer que hablará de ello de una vez por todas. —Parece ida… esta como ausente, a veces solo mira a la nada por unos minutos, otras veces dura horas, no importa quien le llame o lo que suceda a su alrededor… Parece un maleficio…— Till tensó los labios, no sabía si el frasco de vida extra que había usado con la chica contenía alguna advertencia o consecuencias, solo lo había usado por desesperación.
—¿La ha visto un médico? —
—Cada uno de la región, mi Lord, nadie sabe lo que tiene y por eso he venido a verlo… La poción que uso fue la que la trajo a la vida, un adivino que escuchó del caso dijo que solo unas gotas más de esa poción funcionarían para mejorarla por completo… Estaría dispuesta a pagarle el precio que sea por solo unas gotas más…— Till se sonrojo un poco culpable ante la ilusión que se reflejó en los ojos de la muchacha.
—No tengo más…— Aclaró viendo morir la esperanza en los ojos ajenos. —Pero quizás… pueda preguntar por su origen— Agregó de inmediato, la chica le sonrió con timidez.
—Se lo agradecería infinitamente…— Till asintió un tanto inseguro pero aun así tratando de darle tranquilidad a la otra con una sonrisa ligera.
Una promesa que esperaba no romper. No de nuevo.
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Lágrimas de un Deobeul.
Aquella promesa lo llevó de vuelta a su ciudad natal, un lugar empobrecido y pequeño en mitad de la nada, un lugar donde el único milagro que ocurría era la supervivencia de su gente.
Sabía a donde ir, la antigua boticaria estaba en pie pese a los años, atendida para un hombre de edad avanzada que no tenía reparos entre vender venenos y remedios por igual, él le había dicho aquello cuando Till le describió la sustancia que buscaba.
Un Deobeul era una criatura casi mitológica, por ello no había obtenido nada cierto, un Deobeul, era una ninfa oscura o quizás un demonio, eso último basado en la similitud de su nombre con la palabra “Diablo” o “Devil” y según el boticario, también podía ser un dragón de agua que habitaba los bosques del sur, donde la humedad era mayor. Lo cierto es que nadie había visto uno en persona o quizás lo habían visto pero no había vivido para contarlo.
Había comerciantes ilegales que tenían aquellas lágrimas en el mercado negro, pero eran tan caras o difíciles de conseguir que alimentaban más la idea de que la criatura era solo un mito.
La cuestión era, que su madre había obtenido de algún lado las lágrimas de aquella criatura y él debía obtener más si quería salvar a Mizi, su vida parecía un costo excesivo a cambio de una poción presuntamente inexistente, pero… recordó a la chica que había pedido su ayuda.
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—Se lo agradecería infinitamente…— Till asintió un tanto inseguro pero aun así tratando de darle tranquilidad a la otra con una sonrisa ligera.
—Te enviaré los detalles cuando los sepa… podrás salvarla— Dijo Till con un poco de incomodidad, ella lo miro directo a los ojos con una resolución inesperada.
—No puedo dejarla sola ahora que más me necesita— Señaló Sua con cierta angustia, Till asintió sin saber qué decir a continuación y no fue necesario, puesto que ella volvió a retomar la palabra. —Sé qué hace unos cinco años que pretende a la señorita Mizi…— Se sonrojo casi escandalosamente cuando ella se lo señaló de la nada. —Si… si hiciera esto por ella podría persuadirla para que se case con usted, mi Lord, pero debe ser usted…— Aquello sí que lo había tomado por sorpresa.
—Tú la amas y ella a ti— Dijo con la voz más alta de lo que era conveniente, no era una excusa para no hacerlo, sino un hecho, Sua volvió a apretar sus guantes entre sus dedos.
—Y soy muy consciente de que nuestro amor siempre será prohibido, estamos condenadas a vernos entre las sombras, a ocultarnos de todos y usted… Tiene posición, honor y el cariño suficiente para hacerla feliz, además de la posibilidad de poder formar una familia con ella… Sé que si yo desapareciera de su vida me olvidaría con el tiempo y usted podría cuidarla y atesorarla por mi— Till no había respondido a eso, no tenía manera de hacerlo. —Piense en ello, le dije que estaba dispuesta a pagar el precio que fuera por su vida, no tengo dinero ni bienes materiales, pero eso usted no lo necesita, así que ponga el precio, mi Lord, y yo se lo daré…—
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Después de aquello Sua se había levantado y se había retirado de vuelta al hogar de su señora, dejando a Till sumergido en un dilema que aún le perturbaba bastante.
¿Podría ser tan desalmado como para separarlas a costa de sus sentimientos?
Estaba seguro de que Mizi lo odiaría de por vida si se enterase de aquella confabulación y comprendía mejor que nadie los sentimientos de Sua al haber lanzado tal propuesta.
Por otro lado, aun la amaba, tan profundamente que estaba haciendo aquello en piloto automático.
En esa misma semana, le escribió una carta a Sua y otra a Hyuna informándoles de sus descubrimientos e intensión de buscar a una criatura presuntamente mítica para obtener más lagrimas que fueran la medicina de Mizi.
Pero… ¿Cuántas lagrimas serían necesarias para salvarla en esa ocasión? Él la había arrebatado de las garras de la muerte, y todavía no estaba seguro del costo de eso, ni cuantas veces más tendría que arrebatarla de esos dedos helados para salvarla, lo único que sabía es que al igual que Sua, lo haría sin importar el costo, una y otra vez.
¿El pago? Eso podría pensarlo una vez que volviera.
Observó su maleta preparada para el viaje, llamó a un sirviente para informar de su partida y pedirle que entregase las cartas y se hiciera cargo de la casa en su ausencia. El bosque del sur estaba a unos cinco días de viaje y no quería perder más tiempo, ya podría tomar una decisión a su regreso porque si él no salvaba a Mizi ella no podría ser de nadie más.
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Paso algunos días en pueblos ajenos, preguntando en boticarias y mercados. Pero entre más se acercaba, menos conocían aquella leyenda. O más la ocultaban.
El bosque del sur o mejor conocido como bosque Yeogiseo era casi tan grande como un océano, repleto de leyendas sobre hadas que hacían todo tipo de tretas para hacer que la gente se perdiera y no volviera a salir del bosque jamás. Till sabía que el menor de sus riesgos ahí era encontrar al Deobeul, pero también sabía que él era muy propenso a sobrevivir a los peores escenarios, la mayor prueba estaba en que jamás había necesitado el líquido que su madre le había dado para sí mismo.
En su pueblo natal había estado acostumbrado al hambre, a la sed, las enfermedades y la muerte. Su madre misma había sucumbido a una y entonces se había tenido que mudar con su abuela paterna, de la que jamás había oído hablar sino hasta el lecho de muerte de su progenitora.
A sus quince años había cruzado medio país, solo, en busca de aquella familiar desconocida, ahí había descubierto un mundo distinto al suyo. Un mundo que no lo acogió con amor o calidez, sino con realidad.
Su abuela lo habían tratado como un empleado de cuadra, ahí había aprendido a montar y cazar por sí mismo, no se quejaba, tenía un techo, comida y libertad, cosas de las que había carecido toda su vida y cuando la mujer murió, sin dejar un heredero, el notario de la familia había descubierto el parentesco con Till gracias a unas cartas que su abuela y su madre se habían enviado tiempo atrás, cartas tan hostiles que Till había entendido porqué su madre jamás le había mencionado a la mujer.
Al final, fueron suficientes para dejarlo a cargo de una propiedad y un título que ciertamente no deseaba, pero entonces la había visto.
La familia de Mizi había sido una invitada regular de su abuela y cuando Till entendió que su posición de Lord lo pondría en la lista de solteros a los que las damas como ella aspirarían, no dudo ni un segundo en escalar hasta la cima para ella.
—Y hablando de escalar cimas— Murmuró para sí mismo analizando el terreno bajo la cima en donde estaba, llevaba unos tres días en aquel bosque, comiendo moras, peces y hongos que iba encontrando.
Había estado siguiendo el río, porque según las leyendas el Deobeul era una criatura de agua, sin embargo el río era tan largo que le iba a llevar toda una vida revisar cada rincón de el, el nacimiento empezaba entre las montañas, pero en lugar de acercarse Till sentía estarse alejando, suspiro un tanto frustrado. Estaba exhausto, esos últimos días no había dormido bien debido a los insectos que poblaban aquel lugar y a cada sonido que lo ponía siempre alerta y vigilante.
—¿Dónde te escondes? — Murmuró al viento que le acariciaba el cabello, de pronto hubo un crujido que debió serle familiar, pero no comprendió lo que sucedía hasta que el suelo bajo él se desprendió y su cuerpo se precipito al vacío. Lo último que pudo pensar fue que la montaña en donde estaba era alta, una caída desde esa altura podría matarlo.
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Cuando recupero un poco la consciencia todo en él dolía, quizás tendría algunos huesos rotos, quizás estaba muriendo, no podía saberlo con seguridad.
También era consciente del sonido de agua corriendo más allá, la sensación de algo suave y fresco bajo sus palmas abiertas, un aroma dulce, casi embriagante, y una presencia oscura que de vez en cuando se cernía sobre él.
Abrió los ojos despacio y la luz de un claro casi lo dejo ciego, Till lanzó una exclamación de dolor cuando su cabeza punzó a causa de la luz tan directa.
—Te diste un buen golpe— Murmuró una voz desconocida, el acento era extraño, pero el volumen era tan claro en su oído que Till pensó por un segundo que se la había imaginado, quizás su cabeza había recibido todo el impacto y él estaba alucinando debido al dolor.
Quizás si estaba muriendo y aquello que le hablaba era un alma en pena que lo esperaba al otro del velo. Pero no, su consciencia era nítida, podía decir que estaba percibiendo todo, más allá de la vista. ¿Así debía sentirse la muerte? ¿La luz que lo cegó era la que todos describían en el más allá?
—¿Quién eres? — Preguntó con esfuerzo, aun manteniendo sus ojos cerrados, pues una vez que sus ojos habían absorbido la luz ya no había manera de quitarse la sensación de ardor en ellos, la consciencia de la luz lo obligó a presionarlos con más fuerza para evitarla a toda costa.
—No lo sé ¿Quién te gustaría que fuera? — Till pensó en Mizi, en su cabello soltándose de aquel moño alto que insistía en usar en los bailes, en sus ojos de la más dulce miel y en sus labios de pétalos de rosa. —Mmm… ese sentimiento es fuerte ¿En qué estás pensando? — Preguntó la voz con una calma irreal, Till se sintió incomodo de alguna manera ante la presencia, ante la sola idea de revelarle aquello que estaba en su mente.
—Necesito encontrar al Deobeul…— Murmuró regresando del todo a la consciencia y volviendo a intentar con sus ojos, los fue abriendo de a poco, absorbiendo la luz y claridad como podía.
Cuando los enfocó lo suficiente se encontró con panorama extrañó, parecía un paraíso dentro de una caverna, había árboles, aves y agua, pero todo estaba atrapado por altas paredes de roca que desembocaban en un hoyo desde donde se filtraba la luz que en esos momentos le daba en la cara, quizás desde donde había caído.
A su costado izquierdo descubrió a un joven de cabellos tan negros como la tinta y los ojos de la misma tonalidad, cual pozos sin fondo. Había algo extraño en su aura, algo inquietante que le causaba rechazo, que le erizaba en la nuca y le hacía querer salir corriendo.
—¿Para qué buscarías a una criatura así, siendo solo un humano tan insignificante? — La ofensa le dio a Till las respuestas que no había tenido, estaba vivo y a merced de ese completo extraño, frunció el ceño de inmediato.
—No es de tu incumbencia— Respondió casi como un reflejo hostil, a lo largo de su vida había aprendido a no dar explicaciones a nadie que no las mereciera.
—Mmm… ya veo— El otro se apartó un poco y aunque Till intentó erguirse para seguirlo con la mirada, descubrió que no solo no se podía levantar sino que su cuerpo estaba rodeado por algunas enramadas que parecían brotar del suelo.
—¿Qué es esto? ¿Por qué me ataste? — Exigió removiéndose como podía, tratando de liberarse, el chico le lanzó una mirada y en su rostro apareció una sonrisa tan oscura como sus ojos.
—Quizás eras peligroso, no quería arriesgarme— Till gruño y tiro de sus brazos con fuerza, apenas puedo elevar sus palmas unos centímetros ante de sentir pinchazos de dolor incrustársele en la piel. Eran espinas. —Además, estabas herido… mis guías te ayudarán a sanar… Ahora ¿Para qué necesitas al Deobeul? — Preguntó el joven observándolo desde arriba, Till volvió a sentir miedo, pero más que eso se sentía vulnerable, a merced de un ser que claramente tenía un poder mágico que iba más allá de su humanidad.
—Para salvar a alguien que lo necesita— Terminó diciendo cuando no le quedó de otra, el chico pareció analizar algo en su rostro y asintió.
—¿Era la persona en la que pensabas hace un momento? — Till volvió a pelear para liberar sus brazos y no lo logró, aquellas no eran ramas normales, pensó de pronto sintiendo otra oleada de miedo.
—Solo libérame, por favor… no voy a hacerte nada, solo… necesito seguir buscando por el bosque— Pidió un tanto desesperado, no sabía qué hora era y mucho menos de que día, la consciencia de eso le hizo temer más por su vida y la de Mizi.
—Luka dice que humanos son mentirosos, por eso me obliga a llevárselos siempre que me encuentro uno en el bosque…—
—¿Quién es Luka? — Preguntó con dificultad, aquellas ramas de pronto parecían pesar toneladas sobre su pecho, quizás era el esfuerzo, quizás realmente iban a presionarlo hasta la muerte.
—Mi… mentor, tal vez sea hora de llevarte con él, pero no puedo decidir que hacer contigo aun… Una vez que los llevo con él no vuelvo a verlos— La duda fue evidente en su voz, Till se tensó por completo ante la información y aquel nombre dicho con esa reverencia le sonaba un tanto más hostil, volvió a pelear con las ramas y estás lo presionaron con más fuerza. De acuerdo, aquello de pelear por liberarse era mala idea, pero no tenía muchas opciones aparte de forzar las cosas hasta su límite. —Nunca vi a un humano con un brillo así— Le dijo el chico mirándolo encogido en sí mismo, extendió su mano para alcanzarle el rostro y aunque Till trató de evitar el contacto retorciéndose como podía no lo logró.
Un dedo frío como el agua le recorrió la mejilla.
—Solo libérame, por favor… me iré lejos, a buscar en otra zona, no tiene nada que ver contigo o con lo que quiera que seas— Empezó a pedir un tanto desesperado, el toque le había dejado un cosquilleo extraño en la piel y aquellas enramadas lo estaban asfixiando gradualmente después de la lucha, pronto se quedaría sin aire.
—¿No? Creí que dijiste que buscabas al Deobeul… bueno, yo soy uno, o eso creo, de vez en cuando los humanos nos llaman así, vienen aquí a buscar algo de nosotros… se llevan a los más débiles de nosotros y nunca más los regresan— Till sintió su pecho contraerse de forma dolorosa, en parte por la información expuesta y en parte por las enredaderas, quizás sus costillas estaban cediendo ante la presión.
—No vengo a llevarme a nadie… solo— Till ya no pudo continuar diciendo, sus pulmones demasiado comprimidos para hacerlo, dio un par de respiraciones superficiales que lo desesperaron porque el aire no pasaba de su boca y nariz, sus ojos parecían querer salir de sus cavidades oculares ante la presión que estaba experimentando. —Por favor…— Murmuró sintiendo su corazón tronar desesperado en su pecho.
No podía acabar así, Mizi lo esperaba en casa, él debía ser quien la salvase y entonces ella por fin lo vería… debía…
—Algo brilla dentro de ti… Incluso mientras dormías paso…— Murmuró el Deobeul y las guías se aflojaron un poco, Till dio una bocanada de aire un tanto desesperada, sus cienes latían ante el esfuerzo, pero era cierto, una vez que las enredaderas se relajaban, de alguna forma también empezaban a curar su dolor.
Era extraño, tan extraño que su mente apenas podía procesar todo lo que estaba viviendo.
—Hazlo brillar de nuevo— Pidió el joven mirándolo interesado, Till lo observó con la mente nublada y la respiración jadeante. —Nosotros no podemos sentir así… pero puedo ver que tu sientes algo, dime cómo es y tal vez no te lleve con Luka— Till trató de concentrarse en lo que aquel ser le pedía, así como en sus opciones limitadas. Se rindió al comprender que no tenía muchas y que tendría que hacer lo que se le pedía si quería sobrevivir a ese encuentro.
Generalmente era fácil evocar sus sentimientos por Mizi, pero en esa ocasión le llevó algunos respiros, su mente aun atascada en el peligro inminente que acababa de experimentar.
Para su suerte, la criatura espero hasta que él logró recomponerse, la mirada expectante no daba una brecha para que él pudiese evocar algún recuerdo preciso al cual aferrarse.
De pronto, lo eligió, había sido casi cuatro años atrás, antes de que Sua entrase a la vida de Mizi, Till aún se encargaba de los establos y había sido la primera vez que había visto a la chica montando a una de las yeguas, ella había estado en camisón de cama y con el cabello suelto cuando se coló a los establos sin reparar en su presencia, Till jamás se acercó a preguntar qué hacía ahí por dos razones.
La primera es que habría sido indecoroso si alguien los hubiese encontrado juntos en esas condiciones, y la segunda porque Mizi parecía errática y si él la interrumpía podría asustarla y no dejar que se desahogara adecuadamente. Sin embargo, aun soñaba con esa noche, soñaba con todo lo que pudo decirle, o con solo sostenerla entre sus brazos y calmar aquello que la había llevado a los establos a mitad de la noche.
—¿Cómo se siente… eso? — La voz le cortó la línea de sus pensamientos, se sobresaltó reprendiéndose por haber estado soñando despierto en medio de todo aquel peligro, pero la criatura a su lado lo observaba con seriedad.
—Es como… ver la luz— Dijo señalando con la barbilla arriba, a la apertura que dejaba entrar la luz que inundaba todo, el joven miró ahí poco interesado pero curioso.
—Yo no veo algo especial ahí— Murmuró en respuesta, Till trató de pensar en una forma de explicarse, pero era complejo y simple a la vez, algo que no existía en las palabras del mundo pero estaba ahí para quién quisiera verlo.
—¿Has estado en completa oscuridad alguna vez? — El joven pareció pensarlo pero no respondió un sí o un no, Till tampoco espero a que lo hiciera. —Ya sé, cierra los ojos un rato, no los abras hasta que te diga— El ser frunció el ceño al instante. —Oh vamos, estoy atado, no puedo escapar o hacerte algo aunque quisiera— Señaló Till dando un vistazo a su cuerpo, el otro no respondió, dio un suspiró y cerró los ojos. —¿Qué ves ahora? No abras los ojos— Preguntó Till después de un minuto o dos.
—Nada, obviamente— Respondió el otro con fastidio, Till suspiro y espero unos segundos más observando el rostro del otro con más detalle. Parecía casi humano, pero Till había sabido al instante que no lo era. Quizás por esa perfección en sus rasgos, quizás por esa oscuridad implícita en su aura.
—Ahora… enfoca tu mirada arriba y abre los ojos poco a poco, dime lo que ves— El Deobeul elevó la barbilla y aunque Till quiso leer su expresión no había manera de verla desde su lugar.
—No lo sé… brilla— Murmuró el otro incomodo, claramente tratando, Till asintió.
—¿Puedes ver como el sol se filtra y da destellos dorados a las hojas y al musgo? Entre más observas ahí más detalles absorbe tu mirada, es como el amanecer, como ver nacer un nuevo día, la promesa de la calidez y la vida— El joven contrajo la mandíbula en lo que parecía el atisbo de una sonrisa.
—¿Para qué nos busca y nos lleva tu gente? — La pregunta fue repentina después del silencio mágico y taciturno que los envolvió a los dos, el joven no despegaba la mirada de la luz.
—No son mi gente… solo soy yo y yo vengo a buscar un Deobeul porque sus lágrimas son sagradas, una medicina capaz de devolverle la salud a alguien importante para mí— Decidió ser sincero, después de todo aquel ser no le parecía del todo hostil a esas alturas, lejos de su aura había tenido la oportunidad de matarlo sin más mientras estuvo inconsciente y en cambio estaba ahí, escuchándolo, curándolo, intentando comprenderlo.
—Lágrimas…— Murmuró el joven quizás atando cabos entre el pasado y el presente. —¿Y qué pasaría si me niego a dártelas? ¿Buscarías a alguien más débil que yo para llevártelo lejos de su hogar y obtener lo que deseas? — Till lo meditó, no podía estar seguro, no había llevado un plan concreto, para empezar se había imaginado al Deobeul con una especie de serpiente de agua, una criatura más que un ser pensante similar a él. Aquel detalle complicaba las cosas.
—No lo sé… podría ofrecerte algo a cambio, protección, oro…— Solo ahí llamó la atención del ser que lo miró un tanto interesado.
—¿Lo qué sea? — Preguntó el Deobeul y Till sintió estar haciendo un trato con el diablo mismo. Volvió a su mente la mirada firme de Sua al decir que pagaría cualquier precio.
—Lo que sea…— Confirmó con un asentimiento, el otro echó un vistazo a su alrededor casi como temiendo que alguien los estuviese escuchando.
—Quiero eso…— El Deobeul le señaló el pecho y Till sintió su corazón caer al fondo. Dio algunos respiros para controlarse.
—Mi vida parece un precio muy alto por unas lágrimas…— Murmuró considerándolo de verdad, alguna vez en todo ese viaje pensó que por Mizi podría ser tan egoísta como para arrebatarla de los brazos de Sua con la promesa de hacerla feliz, pero ahí, postrado, agotado y negociando por la vida de ella, descubrió que era solo un hombre demasiado enamorado, y que la vida sin volver a verla sonaba vacía y oscura. Miró hacía la luz que se filtraba en la cueva y paso saliva.
—No pedí tu vida… aunque parece un trato justo, una vida a cambio de otra… pero pedí lo que sientes, lo que te impulso a venir aquí, lo que hace brillar todo dentro de ti— Till se tensó aún más, cuando le señaló el pecho creyó que hablaba de su corazón de forma literal, pero de forma figurativa era igual de atemorizante, no sabía si aquello era posible, no sabía cómo se sentiría después.
La criatura frente a él era claramente un ser mitológico y las ramas que lo oprimían contra el suelo eran muy reales, seguramente robar sus sentimientos era algo posible para un ser imposible.
—¿Eso se puede hacer? — Preguntó temiendo la respuesta cuando el otro le dio aquella sonrisa siniestra.
—Creí que lo sabías ya que viniste a buscarnos, los Deobeuls nos alimentamos de las emociones humanas… entre más emociones consumes, más humano te vuelves…— Till sintió un escalofrío recorrerlo por la apariencia de aquella criatura, era a primera vista un humano común y corriente, solo aquella aura que despedía era la que confirmaba que no lo era, no del todo.
Así que ¿Cuántas emociones había consumido ya aquel ser? No quería saberlo.
—Luka dice que solo con nuestra apariencia de humanos podremos dejar de ser perseguidos— Aquello de alguna forma le hizo sentido, según las leyendas los Deobeuls eran criaturas mágicas capaces de curar cualquier enfermedad, los humanos estaban minando a esas criaturas sin ningún escrúpulo y vendiendo sus lágrimas en el mercado negro, transformándolos en un mito, ellos se defendían como podían pero…
Si lo pensaba a fondo aquel sentimiento era un pago justo. Una vida por otra vida. Y en todo caso, Till era quién había lanzado el trato primero, no es como que el ser se hubiese lanzado a robarle sin más.
El Deobeul salvaría a Mizi con sus lágrimas y Till salvaría al Deobeul de ser perseguido con sus sentimientos. Por causa colateral él estaría salvando a ambos.
Aun con ello le tomó unos minutos pensar en alguna otra posibilidad u oferta que pudiese servirle, pero cuando comprendió que no estaba en posición de negociar, tuvo que ceder. De nuevo, no había tiempo.
—De acuerdo…— Respondió con cierta resignación en el pecho. —Tenemos un trato— El ser sonrió mostrando los dientes un tanto puntiagudos, era una sonrisa más etérea que las anteriores pero igual de aterradora.
No hubo aviso previo, preparaciones para un ritual o algo por el estilo, en un segundo el Deobeul estuvo sobre su cuerpo, tan cerca que Till vio con nitidez el par de ojos, dos pozos negros que se fueron encendiendo con las estrellas del infinito al ritmo que la magia del ser se liberaba. Las pestañas largas y oscuras, el aliento frío de la muerte.
—Hazlo brillar entonces— Le ordenó el ser con la voz suave y delicada, Till aspiro la fragancia dulce que se intensifico y le nublo los sentidos, casi como la anestesia. Tenía el cuerpo laxo, como entumido y apenas sentía el peso del otro sobre el suyo, la piel fría y fresca como agua de manantial, era como sumergirse en un pozo de agua helada teniendo la consciencia de que si uno permanecía mucho ahí podría morir.
Los labios de aquella criatura eran tan similares a los de ella que fue ese su primer pensamiento para evocar en su memoria la imagen de Mizi. Los labios rosas, los ojos de miel, el cabello de seda, aquellas manos delicadas sosteniendo el libro rojo. Aquella boca sobre la suya y un sentimiento surgiendo de su interior.
Till jadeo cuando el aire no fue suficiente, cuando el aroma a flores se volvió un sabor en su lengua, intentó liberar las manos para apartar al otro pero las espinas de la enramada volvieron a herirlo y lo aprisionaron con más fuerza contra el piso. El beso de aquel ser fue demandante, intenso y casi doloroso, Till sintió que podría morir después de aquel contacto.
El Deobeul se elevó de nuevo y lo libero de aquel beso dejándolo respirar. Llevándose algo con él que Till extraño de inmediato.
Aun podía sentir, se dio cuenta, sentía miedo, tristeza, dolor… pero sobre todo rabia, era un enfado tan intenso que creyó que podría destruir aquel bosque entero solo con sus manos desnudas.
La criatura se relamió los labios y observó hacía la luz que se filtraba sobre ellos, una luz más naranja que dorada. Quizás por el ocaso.
—Así qué así se siente…— Murmuró el Deobeul con una sonrisa más cálida en sus rasgos de hielo. —Tenías razón, es como la luz— Till sintió un odio feroz nacer de aquel vacío que ese ser le había dejado en el interior, luchó contra las ramas que lo mantenían preso y el Deobeul se quitó de encima cuando estas crujieron bajo sus esfuerzos.
—Tenemos un trato… libérame ahora— Exigió con más dureza de la que pretendía, aun recordaba su misión, aunque a esas alturas ya no le veía sentido. Se aferró a la culpa y la tristeza.
“Estaría dispuesta a pagarle el precio que sea”
Se aferró al resentimiento y la envidia que aquella simple frase le evocaba. ¿Cualquier precio? Till soltó una risa seca y rota. ¿Cualquier precio? ¿Y por qué era él quien estaba ahí? ¿Por qué él había pagado el precio que Sua debía pagar? ¿Por qué ella seguía siendo la heroína del cuento? ¿Por qué ella debía quedarse con la princesa?
No era justo, por fin lo veía, por fin lo sentía.
—Te haces daño…— Le dijo una voz que entró como un rayo, partiendo todo aquel remolino de sentimientos negativos que solo crecían y crecían a una velocidad impresionante, como un río que se desboca. La voz era la suavidad y la calma, el amor que alguna vez había sentido.
Recién ahí descubrió que seguía intentando liberarse con tanta fuerza que sus manos eran un manojo de heridas a causa de las espinas de la enramada, cuando dejo de luchar, las ramas sanaron sus heridas a la misma velocidad con la que sus sentimientos se había oscurecido en su interior.
—¿Y bien, aun quieres salvar a esa persona? — Preguntó el Deobeul con una comprensión que antes no estaba ahí, Till vio sus propios sentimientos reflejados en esos ojos y le eran tan ajenos que tuvo que pensarlo a fondo antes de responder.
Una tristeza lacerante lo invadió y lo dejo sin fuerzas, Sua había estado dispuesta a ello y él también, uno de los dos había perdido la batalla y el otro obtendría su premio. Sonrió derrotado.
—Sí, aun quiero hacerlo— Respondió con un nudo en la garganta a causa del dolor en su pecho.
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Ivan estaba acostumbrado a los sentimientos humanos, sobre todo el odio y el miedo, había consumido muchos de esos en el pasado, pero el que había tomado de Till se sentía distinto, era cálido, fuerte y aplastante. Se sentía capaz de conquistar todo a su paso solo con la fuerza de ese sentimiento.
En contra parte, se sentía herido de no ver el mismo brillo en ese humano y se sintió aún más herido cuando Till seguía aferrado a robarle aquellas lágrimas para alguien más.
Estaba más dispuesto a dárselas después de comprender el sentimiento que acarreaba aquellas decisiones, ir ahí a buscar a una criatura como él, solo, impulsado únicamente por aquel sentimiento que Ivan sentía arder en su pecho.
—Bien… iré contigo entonces— Cuando lo dijo, todo su mundo se replanteó, aquellos Deobeuls desaparecidos, “robados”, quizás ellos habían decidido hacerlo después de comprender. Quizás Ivan no era tan fuerte como Luka había creído que era.
Se estaba doblegando porque podía amar, realmente podía amar.
Todo el camino cada vez más lejos de su hogar se preguntó una y otra vez, de forma compulsiva. ¿Cómo era la criatura que había logrado despertar aquel sentimiento tan fuerte en alguien como Till? ¿Él mismo se enamoraría al verla? ¿Qué sentiría Till al verla de nuevo?
Todos aquellos pensamientos empezaban a corromper aquel sentimiento que había tomado del humano. Su naturaleza era consumir y aun con aquel sentimiento cálido seguía siendo egoísta, ambicioso y quizás cruel.
Till en cambio era distinto, ya no había más luz en él, pero su ser seguía siendo gris y no negro. La tristeza, el enojo y la incertidumbre era lo que más prevalecía, Ivan las sentía como si fueran parte de sí mismo porque de alguna forma ya tenía una conexión con el humano.
A veces, cuando Till dormía, Ivan deseaba consumirlo entero, probar más de aquellas emociones y sentimientos contenidas en su cuerpo humano. Y otras noches deseaba otra cosa por completo diferente, deseaba darle calor y luz, cobijarlo de la intemperie y volver a mostrarle la luz del amanecer.
“Es como la luz”
Till había sido el único que no se había acobardado ante él, el único que se había esforzado por mostrarle, el único que había amado tanto como para renunciar a su humanidad solo por la persona amada.
Ni siquiera Luka, que siempre había estado ahí para él le inspiraba aquella quemazón en el pecho, aquel rubor en las mejillas y aquella brecha heroica en su ser.
Deseaba salvarlo tanto como Till había deseado salvar a esa persona que verían al final de aquel viaje. Deseaba tenerlo tanto como Till había deseado tener a esa persona.
Sintió la emoción corromperse una vez más y creyó que podría perderla, aquel sentimiento brillante y cálido se enfriara en su interior, se mancharía con su oscuridad.
—¿Acaso los Deobeuls no duermen? — Le preguntó Till desde la bolsa de dormir en donde se había acostado, Ivan negó despacio, no era una mentira del todo, los Deobeuls no dormía en presencia de nadie extraño o potencialmente peligroso. Till podía clasificarse como ambos aun cuando no era ninguno de los dos. —Mmm… no te lo he preguntado ¿Tú, tienes un nombre o todos se llaman Deobeul? — Ivan frunció el ceño, debatió consigo mismo si revelarle aquella información representaría algún riesgo, pero terminó suspirando.
—Ivan…— Dijo sin más, Till lo observó con esa intensidad de gato de caza, una mirada que venía siendo más común en sus rasgos.
—Ivan— Repitió el humano como saboreando aquel nombre entre sus labios, Ivan experimento un vértigo parecido al amanecer, aquel sentimiento cálido se encendió como un faro en el océano infinito de su oscuridad.
—Till— Pronunció con el mismo cuidado que el humano había usado, un solo sonido que encendió el faro de nuevo.
—Ya sé que es un nombre raro, no me molestes, Hyuna ya lo hace de sobra con ello— Y seguido de eso Till se movió para darle la espalda sin explicarle quién era Hyuna o porque le molestaba con su nombre, Ivan suspiró y pronunció aquel nombre dentro de su mente una y otra vez, viendo aquella luz encenderse como si el nombre de Till fuese el interruptor.
“Till, Till, Till”
Si Till era el interruptor, Ivan lo presionaría todas las veces que fueran necesarias. Una y otra vez.
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Conoció a Hyuna al momento en que pisaron la casa de Till, era alta, con el cabello caoba tan largo como el de una ninfa del bosque y la piel del color de una almendra, la fuerza de sus sentimientos era similar a los de Till, ni blanco ni negro, ella no era una ninfa del bosque, era un oso pardo.
—¡Till, maldito bastardo! ¿Cómo te atreves a irte así y dejar solo una carta de pacotilla para explicar todo? — Ella lo sacudió de ambos brazos como si el chico fuese solo una hoja al viento, había una diferencia de fuerza considerable entre los dos humanos.
La escena debió parecerle extraña y nada más, sin embargo se sorprendió a sí mismo cuando extendió la mano y detuvo a la chica anclando una de sus muñecas.
—Te pido que no lo maltrates tanto— Aun cuando trato de sonreír la voz salió más oscura de lo normal, ambos lo miraron entre sorprendidos y hostiles, Ivan mantuvo su semblante impasible.
—Él es Ivan… es, un Deobeul o eso creo…— Presentó Till a la chica con la voz tan falta de ánimo que Ivan casi se ofendió, sin embargo, el ligero hedor de miedo que percibió en Hyuna después de que ella procesara la información le devolvió la calma fría a la que estaba acostumbrado. El miedo era algo con lo que podía lidiar más fácilmente.
—Entonces lo encontraste…— Murmuró ella midiendo a Ivan con una clara mirada de advertencia, Ivan sonrió más, divertido de la amenaza seguida del miedo que había detectado segundos antes. Los humanos y sus cambios eran divertidos a veces.
—¿Cómo sigue Mizi? — Preguntó Till detonando aquel sentimiento de culpa y dolor en su interior, Ivan tensó los labios en una respuesta casi automática ante el nombre tan familiar y desconocido al mismo tiempo. Era la primera vez que lo escuchaba, pero a diferencia de Hyuna, no necesitaba preguntar para saber quién era “Mizi”.
—Lleva al menos una semana dormida… los médicos la están hidratando pero Sua teme que pueda no ser suficiente con el tiempo, ha perdido mucho peso— Till pareció molesto, una emoción que Ivan disfrutaba más que la tristeza y la culpa pero que igualmente derivaba de ellas.
—Sua confió demasiado en mí, a veces no entiendo si su amor por Mizi es más fuerte que su odio por mí— Suspiró Till un tanto irónico, la chica lo había dejado ir a un lugar remoto a buscar una cura incierta, si Till triunfaba en conseguirla ella recuperaría a Mizi, si Till fallaba, mínimo lo había quitado del camino para pasar junto a Mizi sus últimos días, lo había manipulado, ella había... —Como sea, vayamos allá a ver si las lágrimas funcionan— Cortó Till el hilo de sus pensamientos, sabiendo que si se entregaba al odio estos se derramarían sin contención dentro de él.
Sus palabras más que un pedido, fueron una orden, Ivan lo siguió mansamente incapaz de quejarse de ello, los sentimientos del humano se le arremolinaban como una cuerda demasiado tensa que Ivan no se veía capaz de cortar por sí mismo.
Hyuna por su parte tardo un segundo más en reaccionar, confundida por el evidente cambio en su amigo, desconfiada ante la presencia oscura y potencialmente traicionera de Ivan, pero aun así lo bastante preocupada para seguir a Till y no perderlo de vista de nuevo.
El camino fue silencioso, cansado y tenso, los tres iban apretujados en un carro tirado por dos caballos, Till se abstrajo en sus pensamientos buena parte de las horas que viajaron, sabiendo que les llevaría unas buenas ocho horas alcanzar su destino.
Ivan por su parte podía sentir el aroma de su tristeza como una daga enterrada en su pecho pero lo soportó como había soportado convivir con esos sentimientos oscuros toda su vida, soledad, miedo, injusticia. Eran sentimientos insípidos y afilados, de esos que te abren viejas heridas e infectan las nuevas memorias.
—¿Cómo es que Till logró que una criatura como tu viniera con él? — Ivan sonrió con esa oscuridad ligera en sus rasgos y se la dedicó a la chica que lo observaba con el sigilo de un vigilante. Un vigilante muy hábil, ya que había esperado a que Till se quedase dormido para lanzar la pregunta.
—Llegamos a un trato justo— Respondió con la misma simpleza que había mantenido todo ese tiempo, la chica hizo mala cara, pero lo dejo pasar con un movimiento de su muñeca.
—Lamento si no te creo, tu nombre mitológico suena a demonio y tu rostro falso solo me confirma esa idea— Ivan quiso reír a carcajadas con eso pero solo dejo salir un resoplido divertido.
—Mi raza es más una deidad que un demonio, pero agradezco el cumplido— La chica gruñó en claro desacuerdo por aquella respuesta tan cínica.
—Solo quiero dejar en claro que no voy a permitir que le hagas algo a Till después de ayudarlo con esto— La amenaza y la furia silenciosa inundaron el espacio en donde viajaban, Ivan sonrió por lo bajo sin poder evitarlo.
—Descuida, él ya pago el precio de mi ayuda, el trato está hecho— Se deleito al ver la tensión en el rostro de la chica, el aroma del miedo opacando de nuevo todos los alrededores. Había un sentimiento fuerte ahí, no era tan fuerte como el que había tomado del chico, pero estaba cerca y brillaba en el pecho de la joven, el recelo fungiendo como una armadura.
Ivan volteó la mirada dando por terminada aquella conversación y fingió dormir recargándose sobre Till para dejar clara su posición ahí por lo que restó de viaje.
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Till despertó de una pesadilla que se le escurrió ni bien terminó de abrir los ojos, descubrió que su brazo izquierdo estaba entumecido gracias al peso de otro cuerpo que lo estaba usando como una almohada y aunque esperaba ver a Hyuna el cabello más negro que la noche con el que sus ojos se toparon lo descolocó, Ivan respiraba de forma acompasada, Till se removió en un intento de liberar su brazo sin alertar al otro, pero ni bien hizo el movimiento, los ojos negros se encontraron con los suyos.
Parpadeó perplejo y recorrió con la mirada el espacio en donde viajaban, Hyuna estaba al otro lado, también dormía.
—Creí que dijiste que no dormías…— Murmuró moviéndose para liberarse del peso del otro, ya que parecía que Ivan no tenía la mínima intensión de erguirse por sí mismo.
—Tal vez cambie de opinión— Contestó el Deobeul con simpleza, aceptando liberar a Till de su peso. El humano lo dejo pasar porque al mirar afuera, el paisaje de casas, locales y calles le informó lo cerca que estaban de su destino. Aún estaba nervioso por enfrentarse a Mizi y a Sua, no sabía cómo se sentiría o más bien sí que lo sabía… iba a doler.
Ya no podría sentir esa alegría ante la belleza deslumbrante de la chica, ya no podría sentir el placer silencioso que le daba verla sonreír, ya no podría sentir el alivio de verla sana y salva. Solo le quedaba el dolor y rencor del despecho, la envidia de tener que marcharse con las manos vacías, con el corazón vacío.
—Entraré solo…— Le dijo de pronto Ivan a su lado cuando los tres bajaron del carro y fueron recibidos por los sirvientes de la casa, Till casi se ofendió de aquella sugerencia, pero había una determinación férrea en el rostro del otro, un enojo palpable en el aire.
—Estás loco si crees que te dejaremos hacer eso…— Hyuna fue la que dijo, Till pensó que esa debía ser su línea.
—Entonces entrarás conmigo como testigo, pero Till se queda aquí afuera— Ambos parpadearon y las furias gemelas que recibió por parte de los dos humanos casi lo acobardo.
—Este trato es mío, por lo menos quiero ver que se cumpla— Le dijo Till adelantándose a la casa, Ivan lo detuvo del brazo y otra oleada de furia ciega lo inundó. —Suéltame— Le siseo el humano con aquella oscuridad que el mismo Ivan conocía de sobra, Hyuna por suerte se quedó al margen de ellos sin saber cómo intervenir, quizás perpleja al descubrir la oscuridad nueva en su amigo.
—No habrá trato si entras ahí— Le advirtió Ivan con lo único que tenía a mano, Till no recapacito, por supuesto que no lo haría, ya no tenía ese sentimiento ardiente que lo doblegaría ante la mínima posibilidad de perder a su amada para siempre.
—Page un precio alto por esto, no vas a retractarte ahora, no te dejaré— Atacó Till con aquella furia ciega que iba consumiéndolo de a poco, Ivan apretó más el agarre y dejo entre ver su propia oscuridad para que Till supiera que hablaba en serio.
—Exacto, tu parte del trato está hecho, déjame hacer mi parte de la manera en la que he decidido hacerla—El humano dejo de intentar liberarse, miró de lleno al Deobeul y el miedo se elevó entre todos los sentimientos. Quizás porque la oscuridad de un Deobeul era demasiado para un humano, quizás porque Till de nuevo era consciente de su propia furia destructiva.
—No hay razones para que confíe en ti— Le dijo Till aferrándose un poco a ese enojo dentro de él.
—No hay razones para que no lo hagas tampoco, ya vine hasta aquí contigo— Contratacó Ivan con una calma inamovible, Till volvió a intentar liberarse, echó un vistazo a la planta alta de la casa y después a Ivan. Decidiendo. —Elige a un testigo que entre conmigo, pero si intentas seguirme te ataré con las espinas de nuevo— Till se enfureció más ante la amenaza, pero entre sus caóticos sentimientos había resignación, había una comprensión profunda.
—Sua… llama a Sua— Le dijo a Hyuna entre dientes, Hyuna se adentró en la casa a toda prisa y Till se quedó quieto, contenido aun por esa mano fría y fuerte que le sostenía del brazo. —¿Por qué hacer esto? Yo soy quien debía…— Pero las palabras no salieron, Ivan absorbió el dolor punzante y lo sano en aquel faro de luz.
—Exactamente… no serás tú, pero serán tus sentimientos más puros los que la ayudarán, ella no necesita saber en lo que te convertiste— El Deobeul se tocó el pecho para recordarle el intercambio y Till sintió sus ojos arder por el dolor, la impotencia, el anhelo de lo perdido. La furia.
Todo el camino se había preguntado lo que sentía si veía a Mizi una vez más, la respuesta era aquella. Ya no podía sentir nada, verla no haría que el sentimiento que había sido robado de su pecho renaciera. Verla no cambiaría nada.
—¿Por qué? — Preguntó sin aliento al otro, furioso, desolado, inseguro.
—Porque si llenas el espacio vacío con esa furia y esa tristeza, olvidarás que la luz es capaz de filtrarse en la cueva más oscura…— El humano enmudeció, lo observó asombrado y justo cuando iba a decir algo Sua se lanzó sobre él llorando como jamás la había visto hacerlo. El Deobeul lo soltó.
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—Gracias a los Dioses volviste, volviste a salvo y a tiempo, Till ¿Cómo podré pagarte? nada en este mundo será suficiente para compensarte— La punzada de dolor que sintió lo dejo sin aliento, y después llegaron como la corriente de un río el egoísmo, la envidia, los celos. Maldita fuera Sua y su corazón que podía amar con esa fuerza. Con la fuerza que Till había tenido.
—El Deobeul entrará contigo… por favor, asegúrate de que haga su trabajo ahí— Le pidió Till con más sequedad y brusquedad de la que pretendía, alejando a Sua de sí mismo también.
Ella pareció sorprendida, pero asintió con la gravedad que el asunto requería.
—¿No entraras a verla? — Le preguntó la chica, Till dio una mirada a Ivan y negó.
—No puedo…— Le dijo con una calma que no sentía, Sua se enjugó las lágrimas y asintió, le ofreció una sonrisa colmada de lástima que lo enfureció más. Debía calmarse, lo sabía, pero era difícil equilibrar un sentimiento negativo sin uno positivo a la mano.
—Lo harás… cuando ella sepa que fuiste tú su salvador, ella vendrá a ti— Till experimento una amargura nueva y mortífera, no respondió, se dio la vuelta, salió de la casa y se internó en los jardines, huyendo de todo lo que lo abrumaba, de todo lo que le dolía.
Era demasiado.
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Lo condujeron a una habitación bien iluminada y ventilada, una chica de cabellos largos y sedosos descansaban en la cama, el dosel y las cortinas delicadas de esté le daban el aspecto de una princesa dormida en su cama real, en espera del beso de amor verdadero que la despertase.
Pero Ivan no era un príncipe, era más bien el villano, cuyo beso sería letal para ella.
Sin embargo, algo dentro de él se removió, los ecos de las emociones de Till yacían en su interior, como memorias de otra vida, podía evocar un recuerdo en específico, el favorito de Till, ella con su cabello largo y suelto ondeando a viento en una noche de primavera.
Ivan cortó aquel recuerdo y en cambio pensó en Till. En sus sentimientos heridos, lo visualizo afuera de la casa, solo. Había sacrificado todo por ella y no la tendría. Ivan tenía odio de sobra en su corazón, pero el faro que Till había encendido en su pecho no le permitía odiar a la chica. Lo que si le permitió fue sentir el dolor de la perdida como si fuera suya.
Era extraño, Ivan había creído que al ver a Mizi caería rendido a sus pies, pero no era así, era Till el que plagaba sus pensamientos, Till su interruptor.
Echó un vistazo a su alrededor, Hyuna y Sua estaba ahí, lo observaban tensas y expectantes, Ivan respiró hondo, tenía que hacer eso, no por ella, sino por Till.
Las lágrimas surgieron de sus ojos cuando presionó la herida que Till representaba en su nuevo corazón, era como tensar las manos sobre una cuchilla afilada sabiendo que va a hacerte sangrar. Nunca había llorado, las lágrimas de un Deobeul no podían desperdiciarse y cuando lo hizo por fin descubrió que no era diferente o particularmente necesario. Había que concentrarse en ello como cuando usaba su magia de la naturaleza, pero solo eso.
Se secó con uno de los algodones que usaban para hidratar a la chica con agua, después, llevó el algodón húmedo a los labios de ella y lo exprimió hasta que pequeñas gotas saladas cayeron ahí. Se abstrajo lo más que pudo durante todo el proceso y cuando estuvo hecho espero en silencio junto a las otras dos humanas.
Al primer aliento de consciencia de la chica, Sua se movió a ella creándole una capa protectora con sus brazos y sus sentimientos, Mizi encendió su propia luz una vez que reconoció el tacto conocido e Ivan comprendió la fuerza de un amor correspondido. No era solo un faro solitario en medio de la oscuridad, no era una luz que se filtraba en una cueva oscura, era un amanecer.
Algo dentro de él ardió, era un dolor distinto, un río ciego y sin cause, una presa mal contenida que había estallado en su pecho, si decir absolutamente nada salió corriendo antes de que fuera tarde, antes de que las olas de su oscuridad se tragaran definitivamente aquella luz que quería atesorar por siempre.
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—¡Hey! — Gritó Hyuna cuando el Deobeul desapareció por la puerta del cuarto, estuvo a punto de seguirlo afuera pero Sua la detuvo del brazo.
—Yo iré… iré a buscar a Till— Dijo con calma y decisión, dándole una mirada a Mizi que parecía aun confundida y débil. —¿Podrías quedarte aquí con ella? — Pidió con cierto dolor, Hyuna asintió insegura pero se acercó a Mizi y ambas la vieron marcharse de la habitación también.
—¿Qué es lo que está sucediendo? — Preguntó Mizi con debilidad, un tanto inquieta ante la repentina ausencia de Sua.
—Es una larga historia…— Le dijo Hyuna sin saber por dónde comenzar exactamente y sin saber si a ella le correspondía contarlo.
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El Deobeul buscó frenéticamente por los alrededores, era una suerte que el cabello grisáceo de Till resaltará entre las flores y el verde de los jardines, o quizás que sus emociones estuvieran tan enlazadas con las de él, Till era su faro después de todo, cuando llegó hasta él la luz se encendió, su pecho se agitaba desenfrenado por haber corrido y por lo que debía hacer. Miedo, tristeza y dolor, todo era una fuerte marea que le agitaba el cuerpo entero.
—¿Qué sucede? — Till le envió otra oleada de terror e Ivan supo que ya no había tiempo para explicaciones, tampoco había vuelta atrás.
Tomó al chico de la nuca y los unió en un beso brusco, desesperado y profundo que poco a poco se fue suavizando en los bordes, en el aliento del otro, con la presencia del otro y la fuerza de sus emociones compartidas. Besarlo así, aun con aquella marea de sentimientos, le daba una roca a la cual anclarse para sobrevivir.
Till lo sintió poco a poco, ese vacío llenándose en su interior, como cuando el sol salía poco a poco en el horizonte, aquel sentimiento olvidado despertando todos sus sentidos, devolviéndolo a la vida.
—¿Por qué? — Preguntó sin aliento cuando Ivan lo liberó, una luz se apagó en aquellos ojos oscuros al tiempo en que Till comprendía lo que estaba pasando, Ivan le dio aquella sonrisa oscura y seca.
—Quizás por la misma razón por la que tu renunciaste a ellos primero— Till lo entendió al instante y no era porque él pudiese leerlo en los rasgos cerrados de Ivan, era porque podía sentir todo el amor que había tenido por Mizi pero también podía sentir los que Ivan había cultivado por él. —Ella está bien… mantuve mi parte del trato— La frase le dolió el doble porque comprendía lo que era vivir de un amor no correspondido, y comprendía aún más lo que era vivir sin sentir amor en lo absoluto.
Sus sentimientos devueltos estaban tan caóticos, tan afilados y oscurecidos que odiaba un poco a Deobeul por haberlos moldeado así y a su vez, la gratitud no cabía en su pecho.
—¡Till! — El gritó lo distrajo un segundo, era Sua, tenía las mejillas rojas de esfuerzo y los ojos igual de rojos, quizás por llorar. —Lo lograste…— Le dijo ella sin aliento, resoplando. —Ella reaccionó, debes ir a decirle que fuiste tú quien la salvo— Till sintió corazón arder como una flama, no, no como una flama, como un faro…
Cuando la idea se asentó en su cabeza miró a Ivan de reojo, esté lo interpretó como una pregunta silenciosa y le hizo una señal de “adelante” algo vaga e incierta, pero no era aquello lo que había preguntado. Los sentimientos en su interior eran caóticos y contradictorios, lo único cierto en su interior era la comprensión de lo que era justo para todos. Para a mayoría.
—Gracias, Sua, pero debes ser tú quien esté a su lado, siempre has sido solo tu para ella… Sin importar quién de los dos la salvará, lo importante es que este bien…— Para su buena fortuna la voz no le falló al decirlo por fin, al renunciar a esa posibilidad que se le ofrecía en bandeja de plata. El camino justo era siempre el más difícil, pero Till estaba acostumbrado a recorrerlo una y otra vez.
—Mereces ser feliz, Till… el pago…— Le dijo ella con una firmeza que no se esperaba de la chica, como si ella estuviese luchando la batalla que él sentía en su interior, asintió con torpeza.
—Ustedes también lo merecen… por favor, cuida de ella siempre ese es el pago que quiero— Sua pareció sorprendida ante la petición y la resignación implícita que venía con ella, después de algunos segundos y un par de miradas entre él y el Deobeul le dio una inclinación en respeto y un beso suave en la mejilla antes de volver adentro con paso firme, Till la observó irse y aunque su corazón se apretó en su pecho no la siguió, no la detuvo. No se arrepintió.
La decisión estaba tomada. Eso era lo justo.
Se volteó a encarar al Deobeul que a diferencia de Sua no parecía nada impresionado o quizás solo era aquella seriedad estoica que siempre proyectaba como una máscara.
Pero Till lo había visto sonreír y quizás hasta sufrir, Till podía sentir todo lo que el Deobeul había sentido gracias a aquel intercambio de sentimientos, podía incluso comprenderlo.
—¿Por qué no usaste la oportunidad que tienes ahora? — Le preguntó Ivan con la misma calma fría que había tenido en la cueva, Till suspiró, aun podía sentir algunas enramadas asfixiándolo, apresándolo y que Ivan le señalará su derrota de la nada solo era como poner un dedo en la herida.
Por experiencia sabía que esas enramadas casi lo habían matado cuando intento liberarse, entre más luchará contra ellas más lo asfixiarían. Debía aprender a ceder.
—Deberías saberlo ya… no es una oportunidad… ¿Sabes? Hay un tipo de amor que se centra en la felicidad del ser amado… Así pues… decidí dejarla ser feliz con la persona que ama realmente, si ella es feliz, yo lo seré también… eventualmente— Señaló con un suspiro lleno de melancolía, pero termino frunciendo el ceño ante la calma que mostraba el otro y porque después de todo lo que habían pasado Till estaba más confundido que nunca, por las acciones de Ivan y por sus propias acciones. —¿Acaso no eras el príncipe de las tinieblas o algo así? es un poco frustrante que tú, con toda tu maldita oscuridad, decidieras ser menos egoísta que yo en ese sentido… Tu renunciaste a tu oportunidad primero y ahora no entiendes por qué lo hice yo— Mencionó refiriéndose a la decisión de Ivan para devolverle sus sentimientos después de todo.
—Los Deobeuls somos como somos por alimentarnos con emociones humanas y los humanos son egoísta por naturaleza… Que me alimente de eso no quiere decir que sea mi naturaleza— De alguna forma aquel argumento genérico le causó cierta diversión porque de ser el caso, Ivan había roto más de una regla en ese viaje, con él. Por él.
No lo había matado cuando tuvo la oportunidad, había atravesado medio país para ayudarle y todo eso solo para renunciar a un pago justo. Aquella criatura no era un demonio y estaba muy lejos de serlo.
—Como dije, todos los humanos son egoístas, no entiendo tu lógica, tendrás que explicármela…— Pidió el Deobeul como cuando estaban en la cueva, Till suspiro.
—Sí bueno, la explicación es que yo no soy todos los humanos, yo soy yo…— Dijo Till encogiéndose de hombros. —Y pasando a otras cosas, aún estoy en deuda contigo, así que si quieres algo más de mí en pago es tu momento de pedirlo, antes de que vaya a casa…— Ivan frunció el ceño por un segundo, pero después pareció pensarlo, se acercó a él hasta estar casi a un respiro y dejo ver aquellos rasgos de absoluta oscuridad.
—Quiero esto…— Le señaló el pecho, Till sintió el rostro mucho más caliente debido a la cercanía y no era para menos, el Deobeul lo había besado ya dos veces, una vez para robarle sus sentimientos y otra más para devolvérselos, no sabía si estaba listo para un tercero sabiendo que los besos de aquel Deobeul eran tan devastadores como su magia.
—Tendrás que ser más específico… No sé qué sentimiento quieres ahora…— Replicó Till pasando saliva, medio se esperaba que el Deobeul le volviese a robar algún sentimiento y la otra mitad era... la que no estaba respirando.
—Quiero que brille para mí, Till— Y hubo una reacción inmediata, las mariposas se le arremolinaron en el estómago y el faro se encendió en su pecho.
Un amor por otro parecía un trato más justo. Quizás demasiado.
—De acuerdo… solo, dame tiempo y espacio…— Murmuró Till un tanto en pánico, demasiado avergonzado para funcionar, intentó poner distancia con él otro, pero cuando sintió la mano fría como el agua rodeando su muñeca supo que había hecho un trato con el mismísimo demonio, al diablo las deidades de agua, Ivan tenía más pinta de un ser salido del mismísimo averno y Till quería salir corriendo de sus garras.
—Ahora que no puedo sentir amor, tú lo sentirás por los dos— Declaro el Deobeul como si fuera una trivialidad, Till forcejeó para soltarse, pero Ivan era firme como una piedra.
—No voy a cortejarte si es lo que…— Pero no pudo seguir diciendo, los labios fríos de la criatura le apresaron la voz y hubo algo ahí, una chispa, un destello, era diferente de los besos anteriores porque no era para robarle algo o incluso para devolverlo, era solo su beso.
Till no podía saber la razón de ese contacto, pero Ivan sí. La razón era que Till seguía siendo su interruptor y el faro e Ivan creyó que si seguía presionándolo sería un amanecer algún día.
((9,530))