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La brisa de la noche se hace fuerte y mis pasos más lentos, trato de procesar todo lo que mi mente rememora una y otra vez y solo logro confundirme mucho más, hace horas que camino y ni siquiera me he fijado hacia donde voy.
No puedo sacar de mi mente su voz diciéndome con su tono de burla:
“Solo mírate, eres una mujer insípida, con un cuerpo tan flaco, sin nada de atractivo cómo es que pensaste que yo solo estaría con una mujer como tú, lo que me da ella ni volviendo a nacer lograrías dármelo, es que auto-complacerme es más excitante que cogerte”
Una gota helada golpea mi rostro y se mezcla con mis lágrimas que corren desenfrenadas desde que estuve en mi apartamento encontrándome al que fue mi esposo por siete largos años no con una sino con tres mujeres desnudos sobre mi cama, revolcándose entre mis sábanas…
Las gotas se hacen continua y levantando mi mirada hacia el cielo oscuro, notando que empieza a llover, me quedo en esa posición por algunos minutos quizás segundo hasta que el sonido de un trueno me despertó de mi estado de lamentación.
―Realmente mi vida en este momento apesta ―comento al aire y continuo con mi andar aunque ahora muevo un poco más mis pasos.
A los lejos luego de un buen trecho de camino miro una zona bien iluminada y luces que recorren un imponente edificio con una estructura atrayente, llena de ventanas azules, no transparente ni oscuras sino azules y van en degradado los tonos de este azul hasta llegar al negro.
En la parte de abajo hay una local que indica el nombre: La Torre – sello Azul, en un aviso elegante con letras doradas y más abajo dice Bar-Club.
Es impresionante este lugar y veo algunas personas solas y en parejas entrar, al lado de las puertas dos hombres altos y musculosos las abren y saludan, sin pensarlo mis pies se mueven hacia allá y escurriendo agua aun con la lluvia me acerco con toda la intención de entrar.
Uno de ellos me mira fijamente mientras levanta su mano a nivel de su boca y habla, su mirada no me abandona en ningún segundo y aunque siento mi cuerpo tensarse y repaso en mi mente la idea que pueden negarme la entrada, no detengo mis pasos, hasta estar frente a ellos.
―Buenas noches, señorita.
―Buenas noches ―les respondo por inercia y doy un par de pasos más cerca de la entrada.
Quiero evitar que me nieguen la entrada, pero sobre todo quiero evitar el miedo que siempre me ha acompañado aparezca y me haga comportarme como la insípida mujer que he sido toda mi vida.
―¿Desea que la acompañe un guía? ―me pregunta el segundo hombre, y me desconcierta su pregunta « ¿Un guía? »
―Mmm, no lo sé ―respondo con aprensión ―solo quiero un trago ―« y no estar sola» completo para mí mientras los veo fijamente y voy pasando al estado de arrepentimiento y considerando dar la vuelta…
―Bienvenida ―una voz ronca pero baja se escucha de repente y abriéndose paso entre los dos musculosos hombre se presenta ― Cristóbal Illaramendi, encantado de conocerte― dice mientras tiende su mano derecha hacia mí.
―Un-un gusto ―titubeando respondo mientras acepto su mano en la mía― soy Brugman- Brug sólo Brug.
―Bien sólo Brug, deseas tomar ese trago ahora.
―Sí, claro ―aseguro mientras se hace a un lado y me invita a entrar.
Cuando pasamos, mi cuerpo se escalofría en realidad es un ambiente cálido y mojado cuerpo lo resiente.
―Le diré a una de las chicas que te ayuden con tu ropa, si no tienes problema con ello…
―No-no quiero molestar ―murmuro un poco apenada.
―Para nada, mis clientes son los reyes en mi bar y club, estas aquí para un trago y ese trago debe ser el adecuado, tienes que estar cómoda.
Sin esperar alguna respuesta levanta su mano y una chica muy hermosa vestida con un Jean, sudadera y botas afelpadas se nos acerca.
―¿Necesitas algo, Jefe? ―pregunta sonriente y me ve de manera amable.
―Nuestra amiga, Brug, desea un trago pero se ha mojado un poco, puedes ayudar a cambiar eso.
―Claro, hola Brug, soy Lolitha, la encarga de este bar…
―Y mi socia ―acota Cristóbal.
―Sí, también su socia ― ella secunda y ríe de manera natural.
―La dejo en tus manos.
―Está en las mejores.
―Lo sé ―afirma y con gesto cariñoso posa su mano sobre su cabeza, como un hermano a su pequeña hermana.
―Gra-gracias, señor Cristóbal ―digo antes de que se vaya, él solo voltea y me guiña un ojo.
―Estás en tu casa ―y con eso se despide y aunque va alejándose no puedo evitar mirar como todos sin excepción de los presente le sonríe.
―Y bueno vamos ayudarte a que consigas ese trago lo antes posible.
―De acuerdo.
Caminamos hacia atrás de una hermosa barra donde hay varias personas sentadas y muchas comen lo que parece alitas de pollo.
―Es una de las especialidades de la casa ―comenta Lolitha mientras me abre una puerta y me invita a pasar.
La habitación parece más un camerino de una celebridad… hay ropa guindado en perchas en muchas lados, la iluminación es fabulosa y dos espejos inmensos en la pared del fondo…
―Es un sueño, ¿cierto? ―pregunta Lolitha mientras se acerca a unos de los gabinetes y toma una toalla color azul marino y me la tiende. ―Lo mandó hacer Cristóbal apenas se remodeló el bar, es para las empleadas y asociadas al club.
―Pero yo no soy una socia.
―No hay problema, todo esto es para el uso de quien lo necesite, mira aquí atrás hay duchas, todo lo que ves es nuevo y puedes tomar lo que quieras, hay muchas tallas, siéntete en tu casa y no te preocupes…
―¿Es-está bien? ―pregunto en vez de afirmar, porque sigo confundida con toda la situación.
Lolitha asiente sonriente y se gira para marcharse, pero cerca la de puerta llama mi atención antes de hablarme:
―¡Ah! Brug, lo de sentirte en casa es muy sincero y real, así que cuando salgas quizás muchos te saluden ―creo que mi cara desconcertada le dice claramente lo perdida que estoy ―aquí somos una familia y siempre recibimos a los nuevos miembros con cariño.
Dejándome más perturbada con todos los sentimientos que llevo en estos momentos me quedo sola en medio de la habitación mirando a mí alrededor hasta que una imagen me golpea.
―Mierda, no puede ser ―digo alto mientras doy algunos pasos temblorosos hacia la espantosa imagen que me mira con ojos rojos y rededor negro, una piel pálida con lágrimas negras recorriendola, labios agrietados y un cabello oscuro que se derrama y adhiere a toda la angustiante cara, pero lo peor es ver las temblorosas y blanquecinas manos que suben hasta el estupefacto rostro tratando de quizás quitar algo de la agonía que refleja.
»Realmente no me reconozco…―el impacto de ver mi apariencia actual me saca de toda la mierda de auto-compasión que he venido cargando desde la tarde de hoy y me dispongo a hacer algo por mí misma.
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Al salir un poco más confortada con la ropa seca mi cuerpo se siente menos frío y tenso, camino mirando a mí alrededor y cada poco que avanzo efectivamente van saludándome las personas en mi camino como si nos conociéramos de antes.
Con un poco de recelo me dirijo a la barra donde Lolitha atiende a una chica que va vestida con un vestido blanco y algunas margaritas pintadas, el vestido realmente es llamativo, pero sin perder la sencillez y belleza.
―Oh, allí estás ven siéntate y bebe esto ―se acerca a mi lado mientras me indica el taburete vacío y se voltea para tomar una taza de lo que se ve es una bebida caliente.
Siento el impulso de negarme a tomar algún tipo de té o lo que sea que me devuelva a mi estado de insípida vida.
―No te preocupes es un consomé que damos aquí a los clientes antes de beber, no queremos que ninguno pase mal luego de la bebida…
Lo tomo por inercia, dudosa y atraída por el exquisito aroma me lo llevo a los labios dándole un sorbo «Mierda, de verdad es delicioso» me lo termino en menos de lo que creía y le devuelvo la tasa.
―Ahora, ¿qué quieres beber?
―No-no lo sé, creo que necesito algo fuerte… ―trato de decir con seguridad, pero en verdad no he bebido nunca en mi vida más que los dos sorbos de champán en mi boda.
―Entonces te voy a dar un trago fuerte y para luego te prepararé un trago más suave.
―Me parece bien… ―de verdad que la chica es rápida, en un abrir y cerrar de ojos ya estoy empinando un chute de tequila y sí que ha sido fuerte, pero justo lo que necesito.
En menos de lo que podía esperar tengo un vaso alto pero delgado en mis manos y delante de mí en la barra una bandeja como varias cosas para comer de tamaño de bocados.
―Es para que asimiles el licor ― aclara Loli y yo solo me he convertido en un muñeco que asiente con la cabeza para este momento.
No tengo idea de cuánto tiempo ha pasado desde que me he quedado aquí solo con mi trago y bandeja mientras jugueteo con mis dedos y mis pensamientos me llevan una y otra vez a todo el desastre que he tenido como vida hasta hoy.
―Es difícil lograr hacer un resumen…
La voz de Cristóbal me trae de vuelta para verlo justo al lado mío y ni siquiera lo noté cuando se sentó.
―¿Un resumen? ―consulto dudosa de no entender sus palabras o de haberme perdido algo mientras no sabía que estaba sentada en un bar…
―Sí, verás, cuando tenemos un momento donde no sabemos en qué punto de nuestras vidas llegamos al ahora, no logramos ver un resumen y menos entender el por qué.
»No somos dueños de la verdad, tampoco de las acciones de otros hacia nosotros, podemos dar lo mejor de nosotros pero nunca tendremos la seguridad de recibirlo.
―Pues hasta ahora lo acabo de entender ―respondo.
―Si en este momento tuvieras que definir en tres palabras lo que te gustaría haber vivido en tu vida, o tener a este punto de tu vida, ¿Cuáles serían?
Me quedo un momento pensando que es lo que me gustaría haber vivido en este punto de mi vida y creo que no necesito pensarlo mucho porque las palabras llegan de inmediato a mí mente.
―Me gustaría haberme sentido deseada, adorada y amada, saber que se siente que te demuestren esas emociones ―respondo y termino encogiendo mis hombros , en verdad no es que no me importe es que no creo pueda llegar a conocer ninguna de esas emociones.
―Bien ―dice Cristóbal mientras se levanta y me tiende una pequeña tarjeta dorada un poco más pequeña que la palma de mi mano, sin embargo más grande que una tarjeta de presentación y la esquina inferior derecha tiene un broche con una piedra azul y detalles en oro. «Hermoso»
―Y esto es ―le cuestiono nuevamente desconcertada.
―Ese es el pase para que logres vivir tu deseo…
―Cu-cuál deseo ―le pregunto mientras fijo mi vista en la tarjeta en mi mano y leo lo que dice «Membresía VIP – sello azul»
―No lo pienses mucho, las decisiones que no se analizan salen mucho mejor que las que sí, cuando quieras sube al piso quince, solo debes usar el sello.
Y mirando como se alejaba me quedé analizando sus palabras« ¿en verdad quiero saber de qué va todo esto? »









quiero más 😃