Pecado
°| Nephilim |°
La belleza de un ángel y el poder de demonio.
Al primer aliento de vida que Taehyung aspiró, el destino de dos ángeles fue sellado en fuego celestial.
Seokjin cayó por su pecado.
Jungkook recibió la misión de borrar dicho pecado.
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Jungkook jamás se había cuestionado sus misiones, era un ángel como cualquier otro, un aprendiz dedicado, curioso y lleno de la bondad más pura.
Su mentor, Seokjin, en cambio había sido inflexible, lleno de un ansia que Jungkook nunca llegaría a comprender. Y ese detalle había sido su perdición.
Cuando le informaron sobre la caída de Jin su corazón se desgarró un poco, era demasiado dolor para su mente repleta de luz, sin embargo, sanó. Sanó tal y como sanaba cualquier herida, recordó a Seokjin por lo bueno y decidió ignorar los males, solo así pudo recuperar la paz.
Pero entonces, con el paso de los años, el pecado de Seokjin empezó a preocupar a los ángeles superiores, el Nephilim, como lo llamaban, representaba un riesgo desconocido para los de su raza.
No podía subir al cielo, pero su existencia en el infierno era una señal de alarma que los ángeles ya no podían ignorar.
—Debe ser destruido, jamás debió existir en primer lugar— Opinó uno de los arcángeles en el consejo celestial, un murmullo discreto de aceptación ante la medida definitiva flotó entre los otros reunidos ahí.
—Estamos hablando de un ser vivo, por favor, Jimin, mantén eso en mente— Habló el serafín más cercano al Rey de los cielos, Jung Hoseok.
Las alas doradas del serafín casi cegando a todos los presentes.
—Cada día que transcurre, “eso” se hace más fuerte... y ese es el principal problema, desde el inicio se le dejo respirar por la bondad de nuestro Rey... En el pasado no fue un problema, no representó nada más que el pecado de uno de los nuestros, Kim Seokjin fue expulsado y se le negó el perdón a su alma, pero ahora es diferente, “eso” es una amenaza que debe ser reducida cuanto antes...— Volvió a hablar el arcángel de cabellos rosas, no es que quisiera dar una demostración de crueldad, pero Park Jimin pertenecía a la élite del ejército terrenal, se había enfrentado a más demonios de los que podría contar y había sido testigo de los males que causaban en primera fila. No estaba hablando por hablar.
—Apoyo su postura... Nadie sabe exactamente lo que pretendía Seokjin con la creación de tal ser, y con los años no hemos averiguado más que en el pasado, solo sabemos que Seokjin y Namjoon le están proporcionando una instrucción y protección de élite... el Nephilim está a punto de alcanzar la edad adulta, no podemos esperar más... No podemos arriesgarnos— Opinó Min Yoongi, el actual mentor de Jungkook.
Yoongi había tomado el puesto que Seokjin había dejado detrás de él en su caída, Jungkook no se quejaba, el Min era mucho más severo y constante en el aprendizaje de Jungkook, pero ambos mentores le tenían paciencia y le brindaban la sabiduría sin ningún límite.
Además, Yoongi era amable a veces, la prueba estaba en que había dejado que Jungkook asistiera a la reunión del consejo como un oyente, solo porque Jungkook se lo había pedido sin descanso y por supuesto, porque sabía lo importante que Seokjin había sido para él.
El consejo cayó en un silencio meditativo, el serafín Hoseok reflexionó las opciones.
—Si damos nosotros el primer ataque será considerado como una declaración de guerra y no podemos darnos el lujo de tener un conflicto de esa magnitud— Mencionó entonces el serafín, consiente de los riesgos que acarreaba sucumbir a una violencia espontánea.
—La guerra vendrá de todas formas... con “eso” al frente de un ejército... Si lo eliminamos ahora tenemos oportunidad de ganar— Mencionó Jimin con la voz aterciopelada que lo caracterizaba, tenía toda la imagen de un ángel de música y sin embargo era uno de los guerreros más incansables, su poder en la lucha contra los demonios inspiraba todo tipo de admiración, quizás por eso Yoongi lo apoyaba tanto.
Pero aun cuando la mayoría de los reunidos deseaba la aniquilación de dicho problema, nadie se atrevía a levantar la voz en apoyo porque temían a la crueldad que aquello implicaba.
—Quizás podamos intentar un desafío de uno a uno... El nombre de mi mentor fue ensuciado por su culpa... Es normal que yo busqué limpiarlo, sí lo desafío limpiamente y ganó, entonces los demonios no tendrán la excusa de iniciar una guerra— Opinó Jungkook para la sorpresa de todos los presentes. Yoongi de inmediato le pellizco el brazo en señal de reprimenda por no respetar el acuerdo de que solo iría como un oyente.
—Ten cuidado, joven Jeon... La propuesta que acabas de lanzar roza por muy poco la palabra “venganza”... Nosotros no podemos sucumbir ante tales deseos— Le dijo el serafín, mirándolo con menos afecto del que estaba acostumbrado a ver en los ángeles.
— ¿Qué pasaría si el Nephilim gana? Nosotros tampoco podríamos culparlo a él o a los suyos por tu muerte...— Le recordó Jimin con suavidad y comprensión, había cierto respeto reflejado en la mirada que le dio a Jungkook.
—No es venganza... como bien se ha dicho ningún ángel es capaz de sucumbir a un sentimiento así... y no habría hablado de no estar seguro de poder ganar una batalla en nombre de uno de mis hermanos... como se ha dicho, Seokjin-hyung cayó a causa de su pecado, y el Nephilim jamás debió existir, yo seré quién borré ese pecado en el nombre de quién fue mi mentor, corregiré aquello que estuvo mal en sus enseñanzas, lo haré con sabiduría y fuerza— Para ese momento todos los ojos estaban concentrados en él, Jungkook se sintió pequeño por primera vez en su existencia pero eso no lo hizo titubear en su propósito y dio aquel discurso desde el fondo de su corazón.
—Debo preguntar de nuevo... ¿Jeon Jungkook, eres sincero en tus palabras? ¿Entiendes el peso que quieres poner sobre tus hombros?— Cuestionó el serafín, lo miraba con respeto también, Jungkook se levantó de su lugar, incluso cuando Yoongi lo miró mal.
—Seokjin-hyung me enseño de reglas y de bondad... me enseño a no tener miedo de ayudar a mis hermanos, de conducirme con valor ante cualquier adversidad y tener la humildad para ayudar a cargar pesos que no son míos... me enseño que cada acto que cometemos en nuestros nombres afecta a los que nos rodean y por eso quiero honrar sus enseñanzas limpiando sus pecados... No puedo salvar su alma, pero puedo borrar el pecado que lo llevó a condenarse— Hubo otro de esos silencios en toda la sala, Jungkook sentía su corazón martillar en sus oídos ensordeciendo cualquier murmullo a su favor o en su contra. Lo que se acordará sería una sorpresa en su totalidad.
—Admiró tu valor, tu amor por los tuyos y la fuerza que posees, Jungkook...— Empezó a decirle el serafín con indulgencia, observó a la sala y solo recibió pocas negativas, en su mayoría los presentes asintieron en el acuerdo silencioso de dejarlo ir. —Aprobaré tu petición... pero debes entender que tendrás que ir solo, nadie de nosotros va a interceder por ti, de hacerlo, será considerado un desafío injusto y podríamos poner en peligro nuestra intención— Jungkook asintió, sintiendo la mirada decepcionada de Yoongi posarse en él.
—Pido permiso para acompañarlo— Mencionó su mentor con cierta resignación.
—Me temo, Min Yoongi, que he sido claro... Jungkook no puede ser escudado por ninguno de nosotros en el momento en que lance el desafío... mucho menos alguien que saltará en su defensa sin dudarlo...— El mayor se tensó en su asiento pero guardó un sabio silencio.
—Yo te entrenaré, Jungkook... tengo entendido que deseas unirte a la élite de combate, probaré tus habilidades antes de tu partida— Ofreció Jimin con una pequeña sonrisa amable.
—Así sea entonces... Jeon Jungkook, con el poder que nuestro Rey me ha otorgado, te encomiendo a la misión que has aceptado, viajaras al Inframundo solo, vas a desafiar al Nephilim a un combate de honor solo entre ustedes dos, trataras por todos los medios de ganar y volverás aquí para limpiar el nombre de tus hermanos— Ordenó el serafín con la voz alta y clara, Jungkook sintió la carga sobre sus hombros y agachó la cabeza con humildad.
—Lo haré...— Respondió sin dudas, un juramento que iba a cumplir sin importar lo que le costará.
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Yoongi lo reprendió, por supuesto que lo hizo, sin embargo también lo miró con cariño y lo despidió con honores cuando llegó el día.
—Cuídanos Jimin-ssi, te encargó a Hyung, mantenlo alejado de la tierra y de los demonios— Le pidió al arcángel pelirosa que lo despedía junto a su mentor.
—Déjamelo a mí... y tú no te atrevas a perder, te enseñe todo lo que sé de combate contra los demonios, así que no te olvides de ni una sola lección allá abajo—
—No lo haré... volveré para que me hagas un guerrero oficial en la élite— Jimin sonrió de inmediato y asintió solemne ante lo dicho.
—Te estaremos esperando entonces...—
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Y sí, jamás se había cuestionado las misiones hasta ese día, en el que gracias a un hechizo del serafín Jung Hoseok entró en el Inframundo sin ser visto o detectado por otros demonios, siguiendo la estela del Nephilim entre las rocas y los fuegos.
El Inframundo no era exactamente lo que se había imaginado, sí, era algo caótico, sofocante y oscuro, pero de alguna forma también era bello.
Los edificios caían en picada desde un techo de roca abovedado, las luces esporádicas le daban un efecto de profundidad y vida que jamás creyó llegar a ver ahí, en ese mundo enterrado hasta lo más profundo de la tierra.
La estela lo guío a la parte más lujosa de las complejas edificaciones, a un palacio rojo y negro, del que caía una cascada eterna de agua cristalizada en hielo infernal.
Fue sencillo eludir a los guardias que protegían le lugar gracias al hechizo de Hoseok, la estela lo condujo por pasillos enredados que de no ser por el rastro que seguía, jamás podría haber encontrado el camino correcto
Y en uno de los bordes de un balcón solitario lo vio.
El impacto fue serio, directo desde sus ojos a todos sus sentidos, lo dejó sin aliento, sin propósito, sin fuerza.
Era tan bello como todo el universo mismo, sus rasgos puros eran los de un ángel en todos los sentidos y sus alas negras eran la única prueba de que no pertenecía al cielo.
Y entonces fue consciente de ello, el Nephilim no pertenecía a ningún mundo, era la creación de un ángel y un demonio, la unión de dos fuerzas contrarias que habían sucumbido a un deseo ancestral, más antiguo que el mismo infierno.
Jungkook lo observó y siguió largo rato, esperando cualquier indicio de que era malvado, cualquier error que lo condenará al filo de su espada porque de pronto fue consciente de que era como ellos, un ángel, aunque también un demonio.
—Puedo sentirte...— Le dijo entonces el ser con la voz oscura, profunda y suave, tan tranquila y genuina. —Eres un ángel ¿Verdad?... Seokjin dijo que vendrían por mí en algún momento— Jungkook se tensó al solo escuchar el nombre de su antiguo mentor y con un suspiro resignado salió del hechizo que le había proporcionado el serafín para ocultarse entra las tinieblas. Solo estaban ellos dos, Jungkook lo había seguido hasta un claro repleto de flores que parecían de fuego pero por supuesto, no lo eran.
—Soy un ángel y vengo a desafiarte para limpiar el nombre de Kim Seokjin, mi antiguo mentor— Mencionó Jungkook empuñando una espada de plata y oro. La plata hería a los demonios, el oro a los ángeles. Era curioso que la revelación de la naturaleza del Nephilim no se le ocurriera ni aun cuando le habían dado aquella espada.
O quizás su mente lo había catalogado como un demonio debido al lugar donde había ido a buscarlo.
— ¿Tu mentor? ¿Tú eres Jeon Jungkook?— El ángel se sintió nervioso ante el conocimiento del otro, aunque solo conociera su nombre de alguna forma lo hacía sentir expuesto.
—Lo soy— Se limitó a responder con la barbilla en alto, el ser frente a él sonrió de una forma que acentuó sus rasgos.
—Seokjin me habla mucho de ti... dijo que eres muy especial— Jungkook quiso no sentirse herido y confundido con las palabras, pero su cariño lo traicionó, él había admirado a Jin de la forma más pura que existía, más que un mentor, Jin había sido su amigo, su hermano. —Jamás me perdonaría si te lastimara... Así que, lo siento, no aceptaré ese desafío que quieres— Jungkook sintió su corazón martillar apresurado de nuevo. ¿Era posible eso? ¿Qué el Nephilim simplemente se negará al desafío?
Jungkook no tenía ni idea, pero si atacaba de todas formas sería injusto cuando el ser había dejado en claro que no se defendería, Jungkook se sintió obligado a bajar su arma en respuesta, no era buena idea atacar sin justicia cuando eso era exactamente lo que había ido a hacer.
—He dicho que te desafío, Nephilim... Lucha ahora y limpiare el pecado de mi mentor... tienes la opción de defenderte y ganar, nadie va a castigarte si me matas en combate ahora, pero si te niegas a luchar conmigo, el trato cambiara allá arriba y enviaran a más a cazarte de todas formas— El otro arrugó el rostro en una mueca de disgusto, Jungkook se puso alerta por si las dudas.
— ¿Y qué si yo gano? De todas formas lo has dicho, lo que buscan es limpiar el mundo de mi presencia, te lo dije, yo sabía que vendrían por mí... en ese caso ¿De qué me sirve pelear contigo ahora? Sí yo gano igualmente buscarán mi muerte después de la tuya... Será la misma cosa, prefiero evitar lastimarte entonces— Jungkook se sintió como un tonto en ese punto, era el único ahí con la furia ciega de una pelea, eso no estaba funcionando.
—Te dejarán en paz si ganas...— Ofreció de pronto, aunque no estaba seguro de ello, por eso no fue una promesa, solo una observación llena de esperanza.
—Si ganó...— Recalcó el ser con cierto temblor en la voz. —Honestamente, no estoy entrenado para pelear y no deseo morir aún... en realidad, no deseo morir en lo absoluto, sé que es mi destino, mis orígenes me condenaron desde el nacimiento pero si puedo retrasarlo justo en este momento, lo haré, viviré entonces los segundos que me queden hasta el final— Jungkook se quedó mirando al ser un largo rato, sus latidos se entumecieron y sus ojos sucumbieron por la falta de luz solar, tuvo que parpadear más de lo normal para mantenerlos alertas.
Espero a que el ser mostrará su otra cara, que el demonio en él emergiera y le demostrará que aquellas palabras solo eran engaños, trucos sucios para hacerlo bajar la guardia, sin embargo el otro no hizo ningún movimiento, quizás midiendo las intenciones de Jungkook también por su cuenta, y en cierto punto pareció cansarse de la pequeña guerra de miradas y se dedicó a pasear por entre las flores de fuego, ignorando un poco la presencia del ángel y la amenaza que aquello podría representar.
—Te traje aquí porque me gustan estas flores... pensé en algo como “oh, ya que han venido por mi debería al menos elegir el lugar donde voy a morir”... sería lindo ¿No crees? Que la última visión de tu vida sea un campo de lirios de fuego...— El Nephilim se agachó y cortó una flor con mucho cuidado de no arruinarla y de dejar un buen tallo. Cuando se dio la vuelta de nuevo se la ofreció a Jungkook con una sonrisa ligera, tímida. Jungkook la rechazó en silencio.
— ¿Por qué?— Preguntó Jungkook totalmente desconcertado, los demonios eran seres irritables, que nunca se negaría a la guerra, que tomarían sin dudarlo la oportunidad de pelear contra un ángel.
—Porque no quiero pelear contigo... es mi ofrenda de paz— Le explicó el Nephilim volviendo a insistir con la flor.
—No, me refiero a... Dijiste que no estás entrenado para pelear ¿Por qué? Si sabías que vendrían por ti debiste prepárate, de algún modo— Jungkook en ese punto no sabía qué hacer, se sentía impotente, acorralado, testarudo y hasta cruel al llegar de la nada a amenazar a un ser que no estaba entrenado y mostraba una resignación inusual a la muerte.
El Nephilim tenía el aura de un niño, ni más ni menos, la dulzura de su sonrisa y sus acciones le estaba haciendo preguntarse seriamente si la sangre de un demonio de verdad corría por sus venas.
—Lo intenté... No todos servimos para la lucha— Argumentó el otro retirando la flor al ver que Jungkook no iba a recibirla. —Namjoon-hyung se decepcionó mucho, pero Seokjin-hyung lo entendió mejor... Ellos me crearon con el fin de ser un arma, un ser perfecto que arrasará los dos mundos con su poder, pero jamás quise eso... no quiero eso, yo solo quiero un destino que sea mío... un día en el que no deba preocuparme por ser lo que soy... Un día en el que mi guerra interna se detenga y dejar de pensar en sí de verdad soy demasiado malo como para pertenecer al cielo o demasiado bueno como para estar aquí en el Inframundo— Jungkook sintió cada palabra como una aguja, era triste, terrible y no concordaba con nada que hubiese visto o esperado ver.
—No eres uno de los nuestros, Nephilim— Aclaró Jungkook con más crueldad de la que pretendía. Pero estaba confundido, enojado consigo mismo por buscar la muerte de un ser tan bello y quería desesperadamente catalogar al Nephilim como un demonio, para así, de alguna forma justificarse por la amenaza que había llevado consigo.
—Eso me quedo más que claro al ver tu espada, Jungkook— Le aseguró el otro con cierta amargura. —Y no quiero ser llamado así... si no te importa, mi nombre es Kim Taehyung, te agradecería que usaras mi nombre en lugar de esa palabra tan despectiva— Lo ojos del ser relucieron algo que Jungkook interpreto como furia, un pequeño atisbo de lo el ser escondía en su interior, la maldad de un demonio. Jungkook pensó en presionar ahí para desatarla.
—Eres una amenaza para mí y para los míos, Nephilim... me temo que no volveré a mi cielo hasta que aceptes el desafío y pueda borrar el pecado de mi mentor de una vez por todas— La máscara tranquila del otro se rompió dejando ver toda la cólera que era capaz de sentir.
— ¡¿Una amenaza? ¿Por qué?! — Le gritó el otro extendiendo sus alas negras y mostrando unos colmillos largos y afilados en las comisuras de su boca, sus manos se volvieron garras negras claramente letales, sus ojos mutaron a un rojo vivo y sangrante, Jungkook retrocedió elevando su espada de nuevo, Taehyung agitó sus alas creando un pequeño remolino que le agitó el cabello y le hizo sentir todo el poder que albergaba aquel ser, un poder latente y creciente que Jungkook dudaba seriamente poder enfrentar solo.
—No he hecho nada más que estar aquí encerrado, bajo vigilancia constante todos los años de mi vida, temiendo por mi vida y la de mis creadores de seres como tú, y sin embargo no soy yo el que está empuñando una espada ¡No soy yo el que te está atacando, desafiando o insultando! — Jungkook retrocedió más cuando otra oleada de poder se hizo presente, agitando todas las flores del prado, el ser continuó, apenas consciente de la magnitud de poder que estaba liberando en su furia.
—Pude haberte guiado a una trampa desde que llegaste aquí y sentí tu esencia, podría llamar a mis guardianes ahora mismo y hacer que te encierren y te torturen una eternidad... Y en su lugar aquí estoy, hablando contigo, mostrándote mi lugar favorito en este mundo oscuro al que me condenaron... ¿No vas a volver a tu mundo? Adelante, quédate esperando si es lo que quieres, pero no esperes que te muestre una cortesía que tú no tienes... Solo admitiré que sí, tienes razón, no soy uno de los tuyos, no quiero serlo si son todos tan injustos— Y con ello el ser desapareció, se esfumo entre un remolino de humo grisáceo y plumas negras, Jungkook estaba helado y tembloroso por las acusaciones que había recibido con tanta justicia, impresionado por el poder que el otro había liberado sin ser consciente de ello.
Solo después de mucho tiempo de estar congelado de la impresión, Jungkook se acercó al lugar donde había estado el nephilim y descubrió ahí la flor que el ser le había ofrecido en señal de paz, la recogió del lugar con un nudo en el estómago, volvió al hechizo del serafín y se concentró el volver a casa.
No sabía qué hacer, Kim Taehyung era más poderoso que cualquier ángel o demonio que hubiese visto alguna vez, y aun con todo ese poder no había atacado a Jungkook más que con palabras.
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La llamada del serafín llegó casi tres días después, tres días en los que Jungkook no pudo pensar en otra cosa que no fuera en el enfrentamiento con el nephilim.
Yoongi estaba a punto de alcanzar su nivel de preocupación y estallar en gritos e histeria. De hecho Jimin lo mantenía a raya para evitar el estallido que cada día parecía ser más inevitable, pese a ello Jungkook se había mantenido en silencio absoluto con respecto a su misión, pero los ángeles no eran tontos, sabían que algo estaba terriblemente mal desde su llegada.
El llamado de un serafín no era algo que se pudiese ignorar y aunque Jungkook deseaba hacerlo su mentor le aconsejo que se presentara puntual, y así lo hizo, escoltado por supuesto de ambos ángeles que tanto se preocupaban por él.
—Entiendo que fallaste en la misión, Jungkook— Le mencionó Hoseok una vez que Jungkook llegó a la cita.
—El Nephilim se negó a aceptar el desafío, no iba a atacar a un ser que no planeaba defenderse, si yo hubiese atacado, el propósito de la misión se hubiese perdido— Explicó Jungkook de pie ante todo el consejo celestial, la tensión por el asunto era evidente.
—El Nephilim debía ser eliminado de todas formas...— Mencionó uno de los presentes, dando la sugerencia de que Jungkook se había acobardado.
—Entonces te sugiero que bajes tú ahí y lo hagas con tus propios medios— Le respondió Yoongi en una defensa aguda y molesta, el ángel jadeo ofendido por la respuesta brusca del otro.
—Yoongi, por favor...— Lo reprendió el serafín en un intento de mantener el orden y el propósito de aquella reunión. —Explícanos Jungkook... te pido que nos relates el encuentro y la razón de las decisiones que tomaste — Le pidió el serafín y Jungkook tomó aire para ordenar sus pensamientos.
Relato todo de inicio a fin, omitiendo a propósito sus sentimientos más profundos al respecto, ignorando las conclusiones a las que había llegado después de todo y sus impresiones sobre el aspecto de Taehyung.
A partir de ahí el consejo volvió a un debate sobre las medidas que debían tomar, sobre los pros y contras de enviar un ejército contra el ser, Jungkook ahí sí que se tensó.
Y la conclusión a la que el consejo celestial llegó no fue para nada un alivio, los ángeles llegaron a la conclusión de que el nephilim era y seguiría siendo una amenaza, sobre todo cuando alguien apelo al poder del que Jungkook había sido testigo. Las defensas que Jungkook trató de lanzar en nombre del nephilim solo le costaron una preocupación extra a los demás, creyendo quizás que el nephilim tenía tal nivel de manipulación que había doblegado y torcido la mente de Jungkook.
Al terminar la reunión todo estaba dicho y sellado. Un ejército borraría la existencia de Kim Taehyung para antes de la medianoche y Jungkook tenía prohibido volver a las misiones de campo por ser demasiado blando en la lucha contra el mal. Todo eso estaba mal, muy, muy mal.
Y fue esa sensación lo que lo llevó a tomar aquella decisión.
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—¿A dónde crees que vas? Creí que había quedado claro que te retiraron de las misiones de campo— Jungkook estaba armado con todo lo poco o mucho que tenía, hechizos, cosas benditas y espadas de todo tipo. Se sorprendió al ser descubierto por Yoongi cuando planeaba escapar con el mayor sigilo posible.
Su plan era volver al inframundo a advertir a Taehyung de lo que le esperaba, pero en esa ocasión no tendría la protección o siquiera el permiso del serafín para pasar desapercibido de otros demonios, así que concluyó que debería enfrentarse a todos ellos para llegar hasta el nephilim.
—Sé que no vas a creerme... que estás de acuerdo con que el nephilim debe ser eliminado, Hyung... pero yo lo vi, él tenía el poder de barrer a un ejército entero con solo el pensamiento y decidió no hacerme daño, en cambio se resignó a que sería yo quien lo dañaría a él...—
—Te creo mocoso...— Le dijo Yoongi con seriedad y sinceridad. —Pero no es tu deber ir ahí de nuevo... No dejaré que te maten en ese lugar— Le advirtió su mentor tan inflexible como solía ser.
—Es mi deber... Es nuestro deber defender la luz de bondad en cada ser, sin importar lo pequeña que esta sea y la de Taehyung no es solo pequeña... Como un ángel que ha defendido la justicia toda su vida me niego a dejar morir así a un ser vivo sin una razón justa de por medio— Yoongi lo observó y después de un suspiro frustrado asintió despacio.
—Pero necesitamos un mejor plan que cruzar todo el infierno sin ningún tipo de protección extra— Jungkook le sonrió con cariño a su mentor, Yoongi era un ser extraordinario que creía y confiaba en él sin límites.
—Tal vez Jimin-ssi pueda darnos una mano— Sugirió un poco inseguro de buscar la ayuda de un tercero, sin embargo Jimin dirigía un buen ejército y si lograban convencerlo tal vez podrían recibir respaldos.
—No, Jimin fue enviado a su propia misión en Japón... después de que se negará deliberadamente a formar parte del ejército que eliminaría al nephilim fue castigado para permanecer en la tierra unos meses, controlando las plagas humanas y sus tendencias a atraer a los demonios de bajo nivel—Explicó el mayor con un gruñido de molestia, seguramente porque Jimin estaría lejos por bastante tiempo. —Hay un hechizo... sin embargo, necesitamos algo que pertenezca al infierno, quizás incluso al nephilim o a su residencia, es como si te enviara directo al lugar de donde fue tomado el objeto... podríamos emboscar a algún demonio menor y presionarlo para que robe algo que nos sirva, si lanzo el hechizo aparecerás ahí en un segundo...— Jungkook se impresionó de lo rápido que la mente de Yoongi trabajaba, era un genio en muchos sentidos.
—No hay mucho tiempo... el ejército ya se está alistando para salir y son tantos que llegaran antes si no nos...— Jungkook recordó entonces la flor que había tomado, la había conservado porque de alguna forma le parecía curioso que no se hubiese marchitado en todo ese tiempo, seguía en cambio tan viva como una llama. —Ya sé... tengo un objeto que podemos usar— Aunque Yoongi lo miró con sospecha asintió a la información y se pusieron en marcha por el poco tiempo con el que contaban.
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Jungkook sintió vivir un dejavú cuando regreso al campo de flores, Taehyung estaba ahí, acostado boca arriba, sosteniendo una flor entre sus dedos y mirándola embelesado, en cuanto Jungkook apareció el demonio saltó de su lugar y se puso claramente en guardia.
El ángel no sabía cómo darle la noticia sin provocar su furia, además de que la mirada de Taehyung viajó lentamente a cada arma que Jungkook portaba.
—¿Al final te cambiaron la orden? Mi postura sigue siendo la misma sobre tener un desafío... me niego— El nephilim levantó la barbilla en un gesto obstinado, las flores de fuego le daban un brillo oscuro y una belleza caótica difícil de ignorar.
—Sí, la orden cambio... y viene un ejército tras de ti ahora mismo— Le explicó Jungkook con el corazón extrañamente acelerado, Taehyung se lamió los labios en un gesto nervioso.
El ángel empezó a acercarse para hablar con más claridad, pero así como daba un paso el nephilim retrocedía dos, hasta que después de una mirada nerviosa a su alrededor el nephilim trató de encontrar un lugar a donde huir.
—No lo entiendes... espera, hay algo que— Y eso fue todo, el nephilim extendió sus alas y empezó a agitarlas enviando oleadas de viento que se hacían cada vez más agresivas, claramente estaba entrando en pánico, tratando de evitar que Jungkook lo alcanzara pero todavía negándose a liberar su poder y lastimarlo—Taehyung, por favor... tienes que escucharme— Las oleadas se detuvieron, el nephilim lo miró desde la distancia con pánico pero también curioso de que aquel ángel hubiese decidido usar su nombre después de todo.
Fue entonces que permitió que Jungkook se acercara, al menos solo lo suficiente para escucharlo.
—Tienes que huir, ocultarte donde nadie pueda encontrarte... tienes que irte ahora, ellos ya vienen y no se detendrán hasta destruirte— Le dijo el ángel con urgencia, Taehyung sintió su corazón tartamudear el ver al ángel tan preocupado por su vida, la vida de un pecado que según ellos no debía existir. En un mundo donde ángeles y demonios lo habían despreciado siempre, la preocupación de Jungkook por él era un regalo que lo hacía sentir cálido.
— ¿Por qué me dices esto? ¿Por qué te importa?— Preguntó el nephilim un poco impresionado de que fuera el mismo Jungkook quien lo pusiera bajo alerta. Que fuera ese mismo ángel el que lo alentara a vivir.
—Porque esto es injusto, tú lo dijiste, jamás has hecho nada contra nosotros, no lo hiciste incluso cuando vine aquí y te insulte— Taehyung sonrió un poco con la declaración tan solemne en su nombre. —Me tomó un poco comprenderlo pero Seokjin-Hyung no habría elegido protegerte a costa de su propia caída... Yo lo conocía mejor que nadie y aunque no entendí sus decisiones en ese momento, lo entiendo ahora... él te quería, él quería protegerte porque eres algo suyo y del ser que amaba, porque cuando fue cuestionado aseguro que Namjoon no lo había obligado a nada... que hizo todo esto por amor—
—Él tenía razón, eres especial, Jeon Jungkook— Le dijo el otro en un momento en el que ambos se miraron y tuvieron que reevaluar sus primeras impresiones. —Te agradezco el aviso y aún más la preocupación que demuestras tener por mi vida... pero no voy a huir Jungkook, no puedo huir de seres que tarde o temprano me van a encontrar... si me voy ahora su ira va ser dirigida a mis protectores y no voy a permitir que los dañen por mi culpa, en cambio si muero ahora esto será olvidado y ellos estarán a salvo... solo me quieren a mí— Jungkook sintió un nudo en el estómago con las palabras resignadas y seguras del otro.
—No— Dijo en un arranque de ira contra la injusticia que se iba a cometer contra ese ser. —No puedes ceder y ya... Tú lo dijiste, quieres vivir, entonces lucha por tu vida, tienes el poder suficiente para hacerlo— Le incito Jungkook con dureza, esperando convencerlo aunque eso pusiera en peligro la vida de los suyos, no sabía de donde estaba naciendo esa ansiedad por defender al nephilim, lo único que sabía es que esa ansia era más fuerte que él, más fuerte que todo lo que había conocido.
—No lo entiendes... no puedo pelear— Le dijo Taehyung con la voz estrangulada en un susurro lastimoso.
Y antes de que Jungkook pudiera decir más, lo vio venir, la primera flecha sagrada cayó en picada con la intensión de herir a Taehyung y antes de darse cuenta Jungkook se movió, sacó su espada y desvió la flecha de un solo golpe, todo a solo centímetros del nephilim.
— ¡¿Qué haces?! — Le medio gritó el nephilim cuando vio que Jungkook adoptó una pose de defensa frente a él, empuñando su arma con una furia decidida.
—Huye Taehyung... tienes que irte ahora, por favor... No puedo dejar que te maten de esta manera, no es justo, esta no es justicia, es crueldad— Insistió Jungkook claramente asustado de sus propias decisiones. Pero no era una traición, él sabía en su corazón que no lo era.
—Te mataran por esto... te desterraran... Jungkook el que tiene que irse ahora eres tú— Le dijo el otro rozando la histeria, más flechas cayeron pero los guardianes de Taehyung llegaron a distraer y retrasar a los ángeles. Pero no por mucho, Jungkook lo sabía, los ángeles no pararían hasta alcanzar a Taehyung.
—Ven conmigo entonces... no te dejaré aquí solo de ningún modo hasta que me digas que vas a defenderte y vas a ganar—Aseguró el ángel bien plantado frente al nephilim.
—No puedo pelear Jungkook— Le insistió el otro con la voz temblando.
—Sí, si puedes... tienes que hacerlo si de verdad quieres vivir— Un murmullo ronco salió de uno de los guardianes y cayó en picada frente a ellos pero demasiado lejos de su alcance, Taehyung se rompió por completo y le gritó a los ángeles que pararan, que se detuvieran, que no lastimaran a los suyos. Pero sus suplicas no fueron escuchadas, y entonces entre todo el caos una flecha alcanzo a Jungkook justo en el hombro, el dolor lo hizo jadear pero no lo doblegó en su defensa, para su buena suerte eran flechas de plata, no podían lastimarlo de gravedad.
Taehyung abrió los ojos grandes ante la herida de Jungkook y el poder del nephilim estallo en furia de nuevo pero esta vez tratando de defenderlo y no ahuyentarlo, sus ojos se encendieron en llamas y fuego, sus garras y colmillos salieron preparados para pelear, las oleadas de poder se agitaron a su alrededor como un remolino.
Pero justo en ese momento tan decisivo, Jungkook fue testigo de que Taehyung en efecto era sincero, lo entendió al mirarlo tan cerca como lo tenía, el poder se liberaba pero le quemaba a su paso, Taehyung sufría con cada oleada de poder que salía de su cuerpo y eso seguramente era como una bomba de tiempo, debilitándolo más que fortaleciéndolo.
—Vete... tienes que irte, me defenderé, lo juro... pero por favor, no dejes que te lastimen también— Jungkook vio correr las lágrimas de los ojos rojizos, Taehyung los había encerrado en un campo de fuerza y el poder abrasador trataba de curar con desesperación la herida en el hombro de Jungkook, el ángel lo podía sentir con una claridad demasiado nítida. Algo en su interior dolió, sintió el sufrimiento de Taehyung en su propia piel también, entendiendo al fin los daños colaterales de poseer un poder que no era del todo luz ni oscuridad.
El sabor amargo de las mentiras se sintió en su paladar el pasar saliva. La evidente mentira de Taehyung le supo mal hasta el alma. El nephilim no lo haría, no se defendería una vez que él se fuera, y en ese momento, siendo consciente del daño colateral que el nephilim sufría al liberar su poder supo que tampoco podría defenderse aunque quisiera, no por mucho tiempo.
—Por favor Jungkook... tienes que irte— Le rogó de nuevo el nephilim con desesperación, Jungkook le sonrió despacio y negó.
—No te dejare solo...— Le prometió con toda su sinceridad, una promesa en todo sentido, el nephilim le gruño entonces como para intimidarlo, para asustarlo, pero Jungkook no iba a caer con eso, no cuando sabía que Taehyung no podría herirlo deliberadamente.
—Por favor Jungkook... por favor...— Le volvió a pedir, con el sufrimiento calando sus huesos.
—Tae tienes que bajar la barrera... te está haciendo daño... Estas destruyendo tu lugar favorito, bájala ya... no me iré de tu lado— Le susurró Jungkook despacio, asumiendo sus propios pecados al defender a Taehyung de los suyos, sabiendo que en cuanto Taehyung bajara la barrera o sucumbiera al peso de su poder entonces los liquidarían a los dos, a Taehyung por ser un pecado en sí mismo y a Jungkook por tratar de defenderlo.
— ¿Por qué estás haciendo esto? Eres un ángel— Aun con la imagen demoniaca Taehyung lucía en ese momento tan frágil como un niño pequeño, adolorido e impotente, sufriendo un dolor que Jungkook jamás llegaría a comprender.
—No quiero ser uno de ellos si todos son tan injustos— Citó el ángel dándole una sonrisa amarga, Taehyung lo miró y supo que la decisión de Jungkook era inamovible, solo lo abrazó con fuerza como si pretendiera protegerlo con su cuerpo y la barrera se empezó a desmoronar poco a poco, el Nephilim la estaba retirando.
Jungkook vio a los ángeles, vio cuando prepararon las flechas y abrazó a Taehyung también, dejando en claro que no se iría, que moriría ahí con él. Las flechas cortaron el cielo en una lluvia mortal, Jungkook cerró los ojos y espero su destino llegar, sintiendo los latidos cálidos de Taehyung contra su propio pecho, grabando en su mente por última vez el campo lleno de Lirio de fuego. Era una buena manera de morir.
Pero las flechas nunca los alcanzaron, en cambio un poder se levantó a su alrededor, protegiéndolos, cuidándolos, consolando su dolor. Jungkook jamás había sentido algo tan cálido en su vida y cuando abrió los ojos la luz inundaba todo.
No podía verlo, pero podía sentirlo, era su Rey.
Su lealtad a la justicia fue como un llamado de ayuda y su Rey había respondido con su presencia, ahí, incluso en lo profundo del inframundo, hasta ahí había ido a reconocerlo.
Los ángeles cesaron el ataque y se arrodillaron ante su Rey, confundidos, avergonzados y humildes ante sus errores.
Su Rey se inclinó hacía ellos, era solo una figura luminosa, su presencia le daba nueva vida a todas las flores de fuego del prado, haciendo crecer más naturaleza irreal y bella ahí donde pisaba, cubrió a ambos con una túnica blanca, su propio manto de salvación.
Y así mismo como había llegado se desvaneció con una sonrisa indulgente, dejando solo la calidez de su presencia como un testigo de que había estado ahí.
El hombro de Jungkook sano al instante, también las quemaduras de Taehyung y cuando se enfrentaron a los ángeles, ellos los respetaron, así como a la decisión de su Rey de perdonar sus vidas.
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A Jeon Jungkook se le otorgó un título en la elite de justicia cuando volvió a su hogar en el cielo, también le dieron un lugar de honor en el consejo celestial y un aprendiz que tendría que guiar con la sabiduría con la que sus mentores lo habían guiado a él.
A Kim Taehyung no solo le perdonaron la vida, sino que le dieron acceso al cielo. Su puesto fue acordado entre ángeles y demonios, y terminó como un mensajero entre ambos mundos, porque aunque odiaran aceptarlo, ambos lados necesitaban mantener la paz milenial con la que se habían conducido hasta ese momento y un contacto constante por correspondencia fue una solución con la que los altos mandos del cielo y el inframundo eran capaces de lidiar sin sentirse expuestos.
—Jungkook-ah... Tengo una carta para ti— Taehyung apareció en su puerta esa mañana con una sonrisa brillante. Jungkook descubrió que Taehyung era incluso más bello a la luz del cielo azul y el impacto aun no cesaba así que no pudo evitar sonrojarse al verlo. —Seokjin debería dejar de abusar de mi nuevo trabajo... Las cartas que te envía son cada vez más cortas y con menos sentido— Jungkook sonrió de inmediato aceptando la carta de las manos del otro.
—No me molesta responderle cada vez... Me gusta que vengas con ellas— Le dijo el ángel con una sonrisa llena de intensión, el nephilim se sonrojo un poco también.
—Entonces lo presionare para que siga escribiéndote— Murmuró el otro mordiendo un poco su labio y dándole una mirada picara.
—Y cuando no lo haga me aseguraré de ir a buscarte yo mismo— Aseguró Jungkook con una declaración que planeaba cumplir.
—Te cuidado con lo que dices, podría seducirte para que caigas y poderte ver todos los días— Le dijo el nephilim adoptando un tono por completo coqueto en su voz profunda, Jungkook sintió el rubor subir hasta sus oídos.
—Es un riesgo que me gustaría correr— Aseguró sin ninguna duda.
Taehyung le dio en respuesta una sonrisa todavía más luminosa.
Y sí, Jungkook estaba seguro de que sería capaz de correr todos los riesgo por ese bello ser, mitad ángel, mitad demonio. El pecado más bello que pudo conocer. Un pecado capaz de hacerlo caer, y caer con gusto además de todo.








