One Shot Larry Stylinson

Summary

Historias cortas hot y soft en un solo lugar. Abarcará los siguientes temas: *Profesiones *Diferencias de edad *Diferente época *Omegaverse *Mpreg Habrá: *Lt *Ht *Versátiles

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Gimme Gimme Gimme

1980. La época disco, el alcohol y las drogas. Se olfateaba brillantina en el aire y descontrol en el suelo con tacones y charoles de plataforma. Hombres y mujeres bailando y moviendo las caderas como si la vida misma se les fuera a escapar de las manos en cuanto el alba llegara y la noche los abandonara. No era algo que alguien quisiera y mucho menos regresar a esas aburridas vidas donde los papeles y las facturas vencidas que debes pagar esperan.

Ese no era el chiste y bien es sabido que cuando la vida detrás de un escritorio es un caos y un estrés, esperar a que llegue el fin de semana para que todo brille como el color que le falta a tu camino, no podría ser más ansioso. Era lo que Louis pensaba cada lunes por la mañana y cada viernes por la noche.

Calzado de vestir, trajes ajustados y corbatas. Peinados relucientes y expresión seria. Ser amable, cortés y recto. Ser el ejemplo de la sociedad y comportarse como el hombre perfecto que cualquier mujer desearía. Algo aburrido y monótono si veía detrás de sus ojos azules. Una casa impecable, vacía y triste. Un auto de año, sí, pero nadie iba de copiloto. Facturas al corriente, dinero en bolsa y cientos de amigos igual de estirados que el resto. Todos casados y con hijos, nada de lo que él aspiraba.

Una rutina cansada y deprimente. Viera por donde lo viera, Louis la odiaba y se sentía solo. Quizás era normal. Probablemente a todos en su oficina le sucedía lo mismo, no estaba seguro, pero él detestaba con toda su existencia vivir de esa manera y todavía verse en la obligación de contraer matrimonio alguna vez, sino, ¿qué caso tenía trabajar como esclavo ante la bolsa de valores? No era la vida que deseaba, sinceramente.

Trajes, autos, contratos y seguros. Jazz, cigarros y whisky. Conversaciones monótonas y chismes, mujeres, trivialidades. Semana de trabajo.

No, no. A Louis no le iba para nada ello, a pesar de que de eso vivía.

Lo que en verdad le encantaba y lo que en realidad era su verdadera esencia, siempre eran los fines de semanas. Oh, preciados sábados y domingos en las orillas del Tamesí en esa discoteca remota que lucía una simple casa abandonada en el exterior. Muchos pisos por encima y ladrillos sucios por fuera. Mientras que dentro… La vida nocturna reinaba.

Tres plantas de salones de baile, bares, baños privados y habitaciones para tener sexo, e inclusive en los cientos de baños que habían. Paredes de terciopelo rojizo o azul, esmaltado de cebras o leopardo, alfombras de colores, espejos y hasta bolas de disco en esa pista de baile brillante donde Abba o Queen sonaban. Personas de todos los tipos con afro, cabellos rosados, blancos o plateados. Pantalones acampanados y desenfreno en su esplendor.

Dios, lo que enloquecía las entrañas de Louis.

Si fuese posible describir la forma tan desenfrenada en la que él se convertía cuando le ponían Abba, nadie diría que ese joven de treinta años, castaño, con traje de lentejuelas azul y charoles del mismo tono; un Dios en la pista de baile, era un corredor de la bolsa. No le pusieran Lay All Your Love On Me, porque ese no era Louis.

Louis llevaba meses asistiendo a ese lugar donde la homosexualidad se respiraba hasta en las mismas particulas de polvo y brillantina de ese lugar y las luces detectaban tu verdadero ser. No recordaba exactamente cómo es que llegó ahí, pero en el momento en que descubrió podía ser quién quisiera al cruzar esa puerta y al salir fuera el mismo hombre aburrido, jamás volvió a salir de ese lugar.

Cada noche del fin de semana era la misma. Llegar pasadas las nueve de la noche, estar un rato en el bar para emborracharse y después pasar a la pista a mover sus definidas con el resto de hombres dispuestos a restregarse contra su culo y su espalda en esos sensuales movimientos que se aventaba. Todo esto con el propósito de llevarse a un hombre a la cama y que este lo abandonara por la mañana.

La verdad, es que esta era la única forma en la que Louis se sentía con vida. Podía dejar de ser por dos días ese hombre estirado y aburrido que negaba cheques y fingía que le gustaba escuchar como sus compañeros engañaban a sus esposas. Ahí, en el Royalty Disco, ni siquiera era Louis. Era Brillant. Un apodo con el que fue bautizado por el resto de hombres con los que se la pasaba bebiendo y bailando toda la noche. Le gustaba sí, y hasta diría que era su alter ego.

Se alejaba por completo del aburrido Louis, y se volvía en un tipo descarado, coqueto y atrevido. Capaz de hacer voltear a cualquier hombre que se le pusiera enfrente con ese movimiento de caderas y esos pómulos tan marcados. Una preciosura como le decían también.

Luego con esas caderas, Dios. Que agonía.

―Por lo que veo, la noche no puede estar completa sin ti, Brillant―dijo Marcos, apoyándose en la barra y le tendió un trago―. Llegaste más tarde de lo que preví.

Louis se giró sobre su sitio y aceptó con gusto aquella bebida, que obvio, era gratis para él. Pasaban de las diez de la noche y sí, podría ser que se le hizo un pelín tarde, pero es que no encontraba sus charoles plateados y sin ellos, imposible que asistiera.

―Problemas técnicos, pero sabes que aquí puntal me tienes―le dijo y dió un sorbo a su trago―. Es noche libre y creeme, jamás me perdería la oportunidad de conseguirme un hombre.

Marcos, el bartender, soltó una carcajada por ello y negó. Noche libre en la disco era sinonimo de sexo puro y descontrol. No había otra forma en la que Louis pudiera describirlo, porque era así. Cientos de hombres y mujeres, solteros y sin ningún compromiso, dispuestos a lo que sea por un poco de diversión y olvido de su rutina. El plan perfecto para Louis.

―Dejame decirte que están los mismos de siempre―comentó Marcos―. Jack y su grupo, las Carson y los amigos de todos estos. Hoy no se ha corrido tanto la voz, pero espero que cuando toquen Abba todo cambie.

―Abba es un llamado para soltarse, Marcs―añadió Louis―. Estoy seguro que en cualquier momento por esa puerta―señaló la entrada de la disco con su trago en mano―entrará el hombre que me hará decir, cogeme.

―Qué sutil―señaló―. La verdad es que no he visto ningún chico que sea merecedor de ese título. Ya cansa ver las mismas caras de siempre.

―Debe haber alguien diferente, quién sea. Ya me he cogido a casi todos aquí y ninguno me provoca a dejarme dominar. Que aburrido.

Ambos estuvieron de acuerdo y no agregaron más. La verdad, es que la noche no prometía tanto como Louis lo deseara. Sí, la música estaba bien, era su gusto y todos bailaban, a excepción de él. Iba con un propósito esa noche y aún si todavía no estaba borracho, ansiaba estarlo pronto, sino, se metería con cualquiera, aunque no le gustaba repetir.

Sin embargo, al alejarse Marcos para atender a un grupo de chicos, Louis se quedó fijo en su trago hasta que la música de Abba comenzó y las luces se apagaron, dejando que la bola disco fuera la que dominará la pista. No dedujo que fuera tan tarde y aún sí todavía no estaba ebrio, jamás desperdiciaba un momento como ese. Mucho menos si Gimme! Gimme! Gimme! estaba sonando tan escandalosa.

Animado por ello, Louis se bebió el resto de su trago y lo dejó sobre la barra antes de correr a la pista de baile. Las personas a su alrededor parecieron imitarlo, porque ni pasados unos segundos en el que la música los abordó de esa manera y los brillos los cegaban al darle la luz a sus lentejuelas, el mundo se esfumó. Se esfumó tan rápido esas caderas se movían y se relucían como si esperara un hombre rico que pudiera darle absolutamente con tan solo pavonearse tan provocativamente, que se dudaba ahí mismo si el dueño era su amigo Marcos o era él, porque imposible que él no lo fuera por lo hipnótico que era.

Louis se sentía tan liberado al tocarse el pecho y bailando tan sensual, que ni siquiera por poco vislumbró esas enormes y largas piernas puestas en jeans de cuero ajustados y camisa de leopardo que ingresaban a la disco con cigarro en mano y un pelo tan desordenado, que habría sido la misma envidia de Mick Jagger. Lentes de sol de noche y olor a whisky y sexo encima suyo. Puro símbolo sexual en su máximo esplendor.

Las mujeres giraban a ver ese pecho descubierto y lleno de tatuajes. Los hombres ni por poco veían su pecho al ver su entrepierna atrapada en esa tela. Y Dios, ni el mismo Louis habría estado tan perdido al girar sobre sus talones a donde ese hombre lo perdió en sus rizos a media espalda.

Louis, aunque no dejaba de bailar, sintió como la respiración se le cortó y ese hombre apenas y lo notó. Ni siquiera lo miró y es poco decir que todos, TODOS, siempre lo veían. No, ese tipo llamado Harry jodido Styles, que jamás había visto, pasó por su lado y simplemente fue a la barra. Se recargó y chasqueando los dedos pidió un trago de Vodka.

A la distancia y con esa gran altura, Louis notó como la camisa se le subió y sus jeans le quedaron por debajo de las caderas. La piel se le expuso y un tatuaje tan provocador de Rock le heló la piel. Guapísimo que era el desgraciado.

Louis dejó de bailar por un segundo y se quedó confundido por la actitud del único hombre que no le prestó atención, viendo como este se giraba con su trago en mano y se quedaba viendo a todos lados menos a él. Esta falta de atención sin duda le hervía la sangre a más no poder y por más que quisiera negarlo, sí, lo encabronó.

Harry, sin notar su presencia, no iba más que para pasar el rato bebiendo un trago y quizás, si bien le iba, conseguiría un poco de sexo con alguna chica. Había llegado hacía poco a la ciudad en su moto, y siendo que anteriormente unos de sus amigos le comentaron de ese lugar en el que todo era permitido, no pensó en otra cosa que ir a dar un vistazo. Su viaje de París a Londres fue agotador, y como no se detuvo por ni un poco, creyó venirle bien sentarse a sus anchas con las piernas abiertas en ese asiento alto.

Podría ser que esa postura fuera algo obscena y descuidada para todos ahí, pero la verdad es que a Harry le encantaba llamar la atención porque sí, sabía que era jodidamente ardiente. No negaba que era deseable y que si quisiera, cualquiera caería a sus pies si sonreía y les mostraba de paso sus hoyuelos.

Louis ya había caído y ni siquiera su expresión cansada había cambiado.

¿Qué mierda le sucedía a ese ciego? Pensó Louis.

En serio, no había manera de que ese tipo no lo mirará ni por poco como todos lo hacían y no lo comprendía. Pero sí, Harry no lo veía por estar viendo como unas chicas rubias bailaban restregandose entre ellas y todavía, lo veían guiñandole un ojo. Louis lo notó y más furioso no pudo sentirse.

Debía hacer algo al respecto.

Con eso en mente y con Voulez-Vous de fondo, más provocativo no pudo ser al caminar cadereando hasta el centro de la pista. La música, el alcohol y el olor a deseo se aspiraban, todo producto de su intención al desabrocharse el traje hasta que los pectorales se mirarán justo como los de él. Louis no tuvo reparo en ser sensual e incitar que dos chicos se le unieran a la par de del:

Voulez-vous (aha)

Ain’t no big decision (aha)

You know what to do (aha)”

Harry se percató de ello. ¿Y cómo no? ¿Quién no llamaría la atención Louis si jamás despegó la mirada de su perfil marcado, aún si dos hombres lo tocaban? Era poco hablar de lo carnal que se veía y además, le guiñaba un ojo en ese desdén y cabellos despeinados. Ni una pizca de sudor en su frente, más que deseo debajo de esos pantalones ajustados.

Su única intención era una sola: conseguir que el hombre que gritaba “follame”, lo mirará sólo a él y sí, se lo cogiera.

Para Harry no pudo pasar desapercibido.

Arqueó una ceja cuando la canción pasó a otra y Abba desapareció, y aún así, Louis seguía moviéndose como si la pista fuera acabarse. Ese era el don que poseía y la maldición que le echaba a cualquier hombre que se le cruzaba, incitandolos a todo menos a la moral.

Harry dió un último trago a su Vodka y cuando se puso de pie, mostrando sus intenciones de acercarse a él, Louis sonrió victorioso y se encaminó hacia las escaleras del segundo piso. Sabía que lo seguiría, por lo que no giró en ningún momento hasta cruzar el pasillo y llegar a los baños. Una vez entró, se acercó al espejo con toda la intención de peinarse un poco, y cuando lo hizo, la puerta se abrió a los segundos.

Harry no tenía idea qué hacía, jamás le habían llamado la atención los hombres. Sin embargo, si su polla le llamaba ante algo caliente, no podía negarse. Por eso estaba ahí y ponía el cerrojo al baño. La verdad, no imaginó que su noche terminaría con un chico entre sus piernas, pero no rechazaba la idea. A Louis le fascinaba conseguir siempre lo que quería.

―Creí que no me veías―dijo Louis sin despegar la vista de su reflejo en el espejo. No quería verlo, deseaba diera el primer paso.

―No me llaman la atención los hombres, pero noté que era tu intención, ¿no?―respondió Harry al tirar el cigarro de su mano y lo piso―. Del único al que no vi, no espere me hablará con la cadera.

Louis esbozó una sonrisa y se dió el privilegió de verlo a través del espejo.

―Es poco decir que todos se fijan en mí―señaló y se dió la vuelta, recargándose en el lavabo―. Nadie se resiste a mis encantos.

―Puedo verlo―señaló Harry al caminar lento hacia él, y sin que Louis notará por sus gafas oscuras, lo devoró con la mirada―. No negaré que tienes unas caderas de ensueño.

―Y una cintura definida―agregó Louis con coquetería al ladear una sonrisa.

Harry no tuvo reparos en dar zancadas firmes hasta su lugar y cuando se le plantó enfrente a Louis, este, aunque no articulara expresión, sintió derretirse ante esa presencia masculina que imponía puro sexo. Sexo sucio y salvaje.

No mencionó nada ante el comentario de Louis. Lo que sí, es que Harry fue poco sutil al bajar su vista cuando sintió lo mucho que lo intimidó, ya que con esa diferencia de milímetros de su pierna con la hombría de Louis, su erección lo tocó. Fue muy rápido para Louis, pero sí, le puso cachondisimo verlo y olfatear ese perfume caro y aroma a nicotina de su pelo que gritaba descontrol.

Harry quiso sonreír al ser obvio con el poder que poseía, pero en su lugar, inexpresivo, volvió a ver el rostro atisbado de Louis y sonrió. Sonrió como el jodido infierno.

―Bueno, acabo de romper mi propio record. Nadie se había puesto tan cachondo por mí tan rápido.

Louis tragó. No podía flaquear ahora.

―¿Qué te digo? Era la intención que tenía desde un principio―dijo Louis, y al inclinarse Harry un poco a él, lo imitó. Así, rozando sus narices, suspiró―. En cuanto te vi, solo pensé una cosa.

Harry exhaló pesado y acercó más su rostro.

―¿Exactamente qué?

―Que debías ser mío.

Sin esperarse más en esa tensión que se creó al estar rozando sus voluntades, Louis no pudo resistirlo y se lanzó a sus brazos. No tan literal, sino es que el beso que le dió tan descarado, fue casi lanzarse al abismo cuando Harry le correspondió, y sin tocarlo, este solo los inclinó, apoyando las manos en el lavado. Para conseguir algo de soporte, Louis envolvió los brazos alrededor de su cuello y lo atrajó más a su cercanía, aceptando como su lengua gobernaba su boca. El calor, la humedad y los sabores de ambos mezclados, era obsceno. Una sensación tan única de la que, Dios, Louis amaba unirse.

La corriente eléctrica que fue sus besos y luego bajó a Harry tomándole de la cintura, incitó a que este le mordiera el labio tan lascivamente, que un gruñido de satisfacción se le escapó. Pura hombría en su santo esplendor. Louis disfrutaba como sus manos comenzaron a tocarlo hasta bajar a sus nalgas donde lo apretó con tanta fuerza que ahora a él le tocó gruñir entre besos.

El cuerpo le Louis le fascinaba, era algo que jamás había visto o tocado, pero sin duda, no se comparaba para nada a lo cálida que era su boca.

Por esto, con su erección también saliendo a flote, Harry ni se la pensó un poco al decirle en la cara y sobre sus labios que se la chupara. Louis no se negó, más bien que fue una jodida bendición que se lo dijera. Entonces, agachándose frente suyo y sin meter las manos, Harry se desabrochó el cinturón mientras lo veía aún sin expresión alguna, sin duda, el rostro de la perdición misma si se lo preguntaran a Louis. Porque con ese rostro diabólico y que lo veía fijo también, no comprendía que fuese tan ardiente.

Harry era de pocas palabras, sino que más de acciones.

Una vez lanzó al suelo el cinturón también de cuero, se bajó la cremallera y el pantalón sin titubear, mostrando así su polla latiendo carnalmente debajo del boxer. En cuanto Louis notó lo prominente que se veía esta, la boca se le hizo agua, pero cuando intentó acercarse y proclamarla como suya, Harry chisto, deteniendolo.

―Para, cariño, no tan rápido―pronunció tan grave, que Louis no pudo moverse. Entonces, teniendo sus ojos azules puestos en sus lentes, esperando a lo que deseara, sin dejar de mirarse, Harry se sacó el miembro con una sola mano y se la mostró mientras se masturbaba ligeramente―. ¿De verdad la quieres? ¿La deseas?

Louis no fue capaz de pronunciar palabras, limitándose a asentir. Harry lo tomó como un hecho, y acercandola a sus labios, no se resistió a dar golpecitos con la punta en estos. Era inevitable que no lo hiciera. Aún más si Louis lo veía con la boca entreabierta, tremulando. Luego si tenía esa enorme polla en sus labios, dejando que el calor de su respiración la acariciara, su erección le latió.

Los vellos de Harry se erizaron a la par que sus sentidos se perdieron al percibir esa calidez, y no se la pensó para abrirle la boca con el miembro. De esa manera, metiendo la punta y luego sacándola para repetir la acción, volvía loco a Louis. Ese hacerse desear y ser tan caliente como lo era Harry, era demasiado. Le hacía rogar internamente que se la diera, que le jodiera la puta garganta. Jamás había visto una polla tan grande como la que se le paraba enfrente y profanaba tan lascivamente su boca.

A Harry le gustaba jugar, pero en ese momento, después de probar levemente lo que era su calor, le hizo un gesto con la cabeza a Louis, esperando lo entendiera, y le pidió que se la chupara. Louis, sin vacilaciones, no se contuvo en tomar con ambas manos su erección y comenzó a masturbarla mientras metía su boca casi a la mitad. Harry quería gemir de la deliciosa sensación que fue sentirlo y cómo succionaba, pero se resistió. En su lugar, deslizó una de sus enormes manos hacia su cabello y tiró de este.

―Carajo, lo haces tan bien…―habló Harry con la voz entrecortada―. Chupala como un dulce.

Louis no dejó su labor, haciendo en su lugar intentar llevarla hasta el tope de su boca y permitió que Harry apretará sus mechones. Era jodido lo que hacía y se veía como un experto. Lo era.

Disfrutaba tanto de chuparsela, que pocas veces abandonó su boca y lamió la base hasta la punta. Quería cumplir a su petición de tratarla como un dulce, pero era imposible. No con esa voracidad que poseía y le erizaba todos los vellos de su cuerpo.

Hubo un momento en el que Louis empezó a mover la cabeza de atrás hacia adelante y abandonó su miembro para colocar las manos en sus caderas. De esa manera, con toda la intención de que Harry controlará sus movimientos también al poseer su cabello, eran de esperarse los gemidos de ese tremendo hombre.

―Carajo. A-ah―gimió Harry y echó la cabeza hacia atrás, apenas consiguiendo coger algo de aire.

Louis no se detuvo por ningún motivo y aceptó que Harry moviera más rápido su cabeza, a pesar de que en ocasiones le dieran arcadas. Era deliciosa la sensación y los choques eléctricos que le corrían por el cuerpo a Harry. El calor, la excitación, todo. Deseaba aún más de él.

Por eso, tirando de su cabello para que lo liberara, Harry, sin soltarlo, lo levantó de tirones del suelo y lo llevó hasta el lavado. Louis chilló por eso, pero lo permitió. Más si con esto Harry lo estrellaba contra el mueble y de una le bajaba los pantalones con todo y ropa interior. La oleada de calor que le llegó y se le plantó en el miembro cuando fue liberado, intensificandose cuando la imponencia de ese rizado se le apoyó en la espalda y su nariz rozó su nuca, se convirtió en su mayor deseo.

Jamás un hombre lo había penetrado. No porque no le gustara, sino que siempre esperó encontrar al correcto que lo hiciera arrepentirse de todos sus pecados y lo arrastrará consigo al infierno. Que fuera un demonio. Harry lucía como el Diablo ante el espejo sin mostrar su rostro.

Escuchó su respiración rasposa tras su cabello y un escalofrío le corrió por todas sus vértebras, incitando a que echará la cabeza a un lado, permitiendo pasara. Era obsceno, erotico incluso, pero ambos lo disfrutaban. Harry se volvía loco, Louis lo enloquecía.

Sin desear esperar más, Harry le acercó la palma a la cara, y susurrando a su oído, le pidió que escupiera en su palma. Louis lo hizo de inmediato, y con esto, sabiendo lo que seguía, respiró hondo y esperó que sucediera.

Harry no tomó ni una aspiración, sino que, lubricando su miembro, nada más lo presionó contra su entrada, se dejó fluir con el calor que lo abrazaba y fue entrando lentamente en él. Louis en cuanto lo sintió, inevitablemente contrajo el cuerpo y se abrazó a esa nueva experiencia, liberándose.

―Ah-h… mierda―gimió Louis al cerrar sus ojos, pudiendo sentir como era abierto lentamente.

Harry se introdujo con tanta calma al ser recibido con tal estrechez, que fue imposible que no gimiera también. Era la primera vez que follaba con un hombre, y carajo, ¿cómo pudo privarse de tal acto? Si le hubieran dicho que tan delicioso era, lo habría hecho hacia mucho.

Le encantaba como Louis era capaz de abrazarse a él y todavía mantener la boca abierta sin emitir ni un ruido que no fueran jadeos. De esa manera, estando totalmente pegado a él, Harry abandonó todo y tomó sus caderas con las enormes manos que se cargaban, comenzando el vaivén.

Con agilidad y gracia, Harry empezó a moverse de atrás hacia adelante, trémulo por esa estrechez que todavía lo acompañaba y hacía imposible que fuera brusco como le encantaba serlo. Luego si era recibido con los gemidos de Louis y que este apretaba más el cuerpo ante esa primera vez, volvía más caliente todo.

―Dios, estas tan estrecho―susurró Harry y apretó sus caderas con las yemas de sus dedos―. Como si hubieras deseado que te estrenara.

Mentiras no eran, más nunca supo sería él.

Louis no pudo responder, sino que, al sentir como su cuerpo lo aceptaba entero y lo poco que le dolió iniciar, quiso sentirlo aún más. Entonces, incitando la perdición, movió sus caderas de atrás hacia adelante, siguiendo el ritmo de Harry, y con esto, solo fue una invitación al siguiente nivel.

Harry lo supo desde el instante en el que conectaron y su piel sudó. Se deslizaban las gotas por su frente y su pecho; tembloroso y glorioso como le fascinaban. Tan delicado con la esperanza de romperlo, que ni pensó tanto en acelerar sus penetraciones de forma gradual. En cuánto aumentó sus penetraciones, fue difícil que Louis volviera a callarse alguna vez.

Era una excitación tan grande y como sus pieles se tocaban, con los gemidos de Louis de fondo, Harry dejó la bondad para él y mejor abrazó la necesidad de sentir enteramente ese cuerpo más pequeño que el suyo. De esa manera, caliente, no se resistió y empujó a Louis contra el lavado, de tal forma que este tuvo que meter las manos y dejar el culo al aire.

Con esa nueva posición, aceptando la profundidad en la que podía llegar y arquear la espalda, Harry lo penetró con tanta energía, que su pecho se pegaba al concreto del lavado. Sus pieles al chocar de esa manera al golpearlo con sus caderas flacuchas y que Louis lo recibiera con ese culo bonito, no dejaban en nada a la imaginación con semejante escándalo que eran.

―¡Ah-ah! ¡Carajo!―gimió Louis en un alarido, que apretó el lavado―. ¡M-más rápido!

Harry no lo pensó dos veces y aumentó la velocidad de sus embestidas, todo con el propósito de ser dueño de esos gemidos tan dulces y sucios, que hasta los suyos se perdían en el vaivén y en el infierno caliente que eran.

―¿Te gusta, zorrita? ¿Te encanta que te follen en un puto baño?

Dicho esto, Harry se inclinó a él, tomándole del cabello. Así, conectando sus rostros al espejo, ambos se miraron. El rostro de Louis era pura excitación en su punto máximo. Sus mejillas estaban sonrosadas, su piel canela y besada levemente por el sol lucía empapada de sudor, sin saber exactamente si era suya o de los dos. Sus labios hinchados por las mordidas y los besos eran una locura, pero sus pupilas dilatadas delataban la grandiosa experiencia que era estar detrás de esa sonrisa brillante que jamás se quitó los lentes.

Harry lo empujó de una sola penetración, obligandolo a contraerse por dar en su punto exacto, que casi pudo asegurar sintió cómo le brotó el presemen.

―Te hice una pregunta―repitió Harry y tiró aún más de su cabello, dejándolo con la cabeza echada toda hacia atrás―. ¿Escuchas o no, zorrita?

―¡Sí, sí, me gusta!―contestó Louis y fue premiado con otra penetración profunda―. ¡A-h, sí!

―Puta madre―gruñó Harry al lanzar su cabeza al soltarlo y volvió a tomar sus caderas con posesión. Sentía ese calambre que se acercaba por su estómago bajo―. Aprieta para mí, bebé.

Louis obedeció, y en cuanto lo hizo, soltó el gemido más sensual que ese hombre de cabellos desordenado pudo liberar. Tan obsceno fue que, calentandolo aún más y queriendo llegar al orgasmo por esa brutalidad y voracidad que lo sumía, Louis empezó a masturbarse con una mano, mientras que con la otra evitaba golpearse el pecho contra el lavado al seguir siendo penetrado.

Harry notó esto y lo prendió más que nada. Jamás había visto a un hombre masturbarse. Así que, ver ello, lo enloqueció. Sentía que el orgasmo estaba tan cerca también en cada estreches que lo inducía Louis, que deseando no fuera más eterna esa tortura de su carnalidad, se pegó lo más que pudo a su espalda y lo atrajo con posesión a él.

Louis sintió el peso de esos setenta y cinco kilos de pura hombría y se dejó abrazar cuando, en esa posición, más intensas y sin detenerse se volvieron las penetraciones. Harry no se detenía ni para respirar al sentir cercano acabar dentro suyo, que aunque tumbaran la puerta fuera, no se habría detenido.

Con esa velocidad, Louis también aumentó en cómo se tocaba, y abrazando la sensación de llegar al orgasmo, cuando el semen fue liberado en su mano y apretó, el gemido animal que soltó cuando contrajo y Harry lo embistió con tal poderío, no fue normal. Contrayendo sus paredes internas y llegando al clímax, en cuanto Harry lo sintió, tampoco lo soportó y se corrió dentro suyo en una sola penetración.

Las piernas les temblaron, sus cuerpos se unieron en una misma posición y el infierno los bajó a sus pies en lo sudados que estaban, que incluso puro sexo se respiraba. El ritmo de sus corazones no era normal y tampoco como el aire se les escapaba de las manos. Estaban agotados y perdidos en esa carnalidad, que ninguno deseaba separarse.

Aun sí Louis se negaba a ello por sentirlo llenarlo, Harry lo hizo con el único motivo que le quedaba de agacharse a su culo y pasarle su larga lengua entre sus muslos hasta su entrada. El semen que llenó a Louis se escapaba sin control, y tan solo sentir a Harry probar su propia esencia, provocó que un escalofrío le recorriera la piel entera.

Harry no tenía problema en hacerlo, sino que le fascinó meter su lengua para penetrarlo así, mientras le abría las nalgas. Louis se retorció de la excitación que fue ser probado y emitió un jadeo trémulo, apretando las piernas.

Una vez Harry acabó con su labor al limpiarlo totalmente, se puso de pie, se subió la ropa y sin esperarlo Louis, lo ayudó a hacer lo mismo. Louis lo agradeció internamente, pero esperando Harry le hablará más, este sin expresión alguna, a pesar de todo, solo se acercó al espejo para ojear su cabello.

Lo veía tan fresco, que no entendía cómo podía estarlo mientras que él, Dios, estaba muertisimo. Harry sí estaba cansado e intentaba que las piernas no le temblarán, pero era demasiado narcisista como para permitirse no verse bien después de una cogida. Louis por su parte, no tenía ni qué decir. Había tenido el mejor sexo de su vida con un extraño que estaba seguro no volvería a ver.

Era un hecho, y aún sin saber que Harry solo pasó por ahí una noche antes de retomar su viaje, no pensó en otra cosa que recargarse en el lavado, sacar dos cigarrillos y le ofreció uno. Harry notó cómo le acercó este y se limitó a arquear una ceja, confundido.

―¿Qué? ¿Lamiste mi culo y ahora no quieres un cigarro?―escrutó Louis con atrevimiento.

Harry no comentó nada. No hacía falta decir que amó su comentario descarado, pero no era de muchas palabras. Tenía razón ese extraño sensual que lo veía con esa misma ceja enarcada mientras le seguía ofreciendo el cigarro, y no pudo negarse más. Aceptó el cigarrillo, y dándole un último vistazo, se recargó en el lavado junto a él.

Ninguno habló en lo que Louis encendía los cigarrillos y después, fumaron a la par. Louis soltó por un lado el humo de la nicotina y sin mirar a Harry, exhaló.

―¿Qué se dice en estos casos?

―¿Qué? ¿Después de coger?

―Sí―dió otra fumarola sin verlo―. ¿Te volveré a ver?

―Lo dudo.

Era algo de lo que ya estaba seguro. ¿Qué quedaba entonces? ¿Huir y dejarlo como la anécdota más excitante de su vida? ¿Despedirse?

Harry dejó salir el humo de su cigarro y por primera vez, se retiró los lentes al ponerlos sobre su cabeza. Louis lo notó y se giró a verlo. No esperaba que tuviera unos ojos verdes tan electrizantes.

―¿Vienes mucho por aquí?―preguntó Harry.

―Cada fin de semana.

―Ya.

Se quedaron fijos un momento, presos de esa inexplicable llama que conectó el verde y el azul, volviendo imposible que alguno agregará algo más después de… pues, todo. Era difícil darse cuenta que no sería lo mismo nada más partieran a sus respectivos caminos, aunque internamente Harry deseaba repetirlo alguna ocasión más.

Quizás… podrían dejarlo a la suerte.

―Puede ser que en algún viaje que tenga de nuevo a Londres venga.

―Me parece bien.

―¿Te apetecería repetirlo?

―¿Por qué no?―contestó Louis―. Si seguirás cogiendome como lo hiciste, no hace falta que digas más.

Harry lo sabía, quizás por eso sonrió así.

―Pues tomarlo como hecho.

Louis no dijo más, sino que dió una fumarola. No era de decir mucho después del sexo, pero ese hombre lo incitaba a no querer que se marchará, pero era inevitable. Debía irse y no volver, no regresar a su vida. No al menos por ahora.

Harry se apartó del lavado con el cigarro en la boca y con esto, sin dar un vistazo más, no habló al dirigirse a la puerta. No fue hasta que, quitando el pestillo y abriendola, fue que se volvió a él.

―Me gusta el azul.

Louis arqueó una ceja.

―¿Disculpa?

―Sí, tus ojos son bonitos―repitió y luego, señaló su cigarro al sacarlo de su boca―. Gracias.

Inesperadamente, fue la despedida más extraña que Louis había tenido, pero ahí estaba. El tipo el cual no le preguntó su nombre y todavía antes de marcharse le dijo que sus ojos eran bonitos, partía de su vida así cómo así. Podría sentirse mal por ello, pero nadie había sido tan sucio y tan lindo con tantos segundos de diferencia.

Sí, dejaría el destino volver a juntarlos si podía sonreír como un idiota al ver la puerta cerrarse.