Prólogo
-"No dejes que nadie te haga hacer nada que no quieras"-Una débil voz llenó la habitación con un pequeño eco y nuestros corazones con melancolía-"Necesitas aprender a tomar una firme postura".
-"Si papi"-Asentí ligeramente, cogiendo la fría mano de mi enfermo padre con la mía-"Tú me enseñaras, ¿no?"-Mi pequeña voz casi suplicante.
Sus pálidos labios se curvaron en una frágil sonrisa antes de que rápidamente desapareciera. Una ronca tos le siguió antes de que sus parpados cayeran ocultando el gris de sus ojos.
Entonces fue cuando su pecho dejo de levantarse. Y fue cuando mi vida cambió completamente








