Incertidumbre
Era una calurosa noche de verano y Ángela como todos los días llegaba del trabajo agotada, al entrar en casa la esperaban sus dos hijos Clara y Aarón.
Clara era una preciosa niña de seis años de edad, pelo castaño y unos profundos ojos negros, con un inusual brillo que para nadie pasaba desapercibido, eran sus ojos tan profundos, que su madre podía pasarse horas escuchando a su hija hablar mientras miraba cómo sus ojos centelleaban al unísono de las palabras de la niña. Aaron por su parte era un niñito travieso de dos años, tenía el pelo de un castaño intenso y sus ojos eran dos enormes lagos de aguas grises, su carita denotaba picardía y su sonrisa derretía a quien lo mirase.
Al entrar en casa y ver a sus hijos, Ángela se sentía segura, feliz y alejada de tantos quebraderos de cabeza de su agobiante trabajo.
-¿Que hacéis aún despiertos?- preguntó la madre a los dos niños que se agarraban a su pantalón saltando y compitiendo el uno contra el otro por la atención de su madre.
-Llevo un rato intentando mandarlos a la cama, pero con estos dos no hay manera... - La voz venía del salón de la casa y era Carlos el marido de Ángela, éste era un hombre fuerte, de mediana estatura de ojos verdes claros y pelo castaño con sutiles matices dorados.- ¿Cómo has llegado tan tarde?
- Lo de siempre- contestó Ángela, que apenas podía escuchar a su marido con los gritos de los niños, que contaban a su madre las aventuras del día.
Después de ducharse y cenar Ángela se disponía a irse a dormir, los niños por fin se habían dormido y había sido un día tan largo que sólo pensaba en cerrar los ojos. Mientras subía la escalera que conducía al piso superior donde estaban las habitaciones, escuchó la voz de su hija que la llamaba tímidamente desde su cuarto.
-Mami, mami- Ángela suspiró, no podía creerse que la niña se hubiese despertado y desde luego no podía imaginar cuál era la razón, ¿acaso tendría sed? pensaba en ir directamente a por un vaso de agua cuando la niña volvió a llamarla.
-mami ¿puedes venir?
- si cariño ¿Qué pasa?- contestó Ángela subiendo las escaleras de nuevo y olvidando el vaso de agua ante la insistencia de su hija.
-Mami, no puedo dormir porque unas cosa blancas están volando por mi habitación- la cara de la niña al decir estas palabras era más de asombro que de miedo, pero sin duda la pequeña se sentía inquieta y algo perpleja por lo que según ella acababa de ver.
Ángela por su parte sin saber muy bien a lo que su hija se refería con cosas blancas y ante la inquietud de la niña, se apresuró a buscar a su parecer la respuesta más lógica que le vino a la cabeza.
- ¿Cosas blancas?, seguro que se trata de los reflejos de los faros de los coches al pasar por la calle- contestó Ángela con voz tranquilizadora- cuando la luz pasa a través de los agujeritos de la persiana se reflejan en el techo y se van moviendo a medida que se alejan los autos.
En ese momento pasó un coche y en el techo de su habitación se pudo ver unos reflejos brillantes que se movían a gran velocidad por la habitación de la niña, ambas se quedaron mirándolas y Angela se sintió aliviada de que su explicación hubiera quedado demostrada de una manera tan convincente.
-Ya- contestó Clara, pero en su voz y en su cara se podía ver que la explicación que su madre le había dado, no era a su entender la que ella esperaba, aún así la niña fingió estar más tranquila y tras dar a su madre un beso de buenas noches se dispuso a dormir.
Angela por su parte sin dar demasiada importancia a lo que había pasado entró en su habitación y contó a Carlos lo sucedido momentos antes con su hija Clara.
-Clara tiene demasiada imaginación, creo que ve demasiado la tele - Carlos decía esto mientras una sonrisa burlona le cruzaba la cara y dejaba entrever unos dientes perfectamente alineados.
-Debe de ser eso - contestó Ángela bostezando y metiéndose en la cama dispuesta a descansar y a olvidar el pequeño incidente que sin saber por qué, le había dejado una sensación un poco inquietante.
Eran las seis de la mañana y Ángela empezaba otro día de intenso trabajo.
Angela trabajaba en un restaurante con algo de renombre, era ayudante de cocina, aunque la verdad, es que tenía tal talento para cocinar que más que ayudar hacía ella casi todo el trabajo. Después de pasarse el día cocinando al final de la noche le quedaba lo peor, pues era ella la encargada de la limpieza de la cocina , así que al final del día acababa agotada y a veces no sabía cómo le quedaban fuerzas para aguantar otro día sin desmayarse por puro agotamiento.
La jornada de Angela ese día llegaba a su fin, debido a unas obras que el dueño del restaurante estaba haciendo para agrandar el local. Ese día acabaría temprano. Apenas podía creerse que llegaría a tiempo de bañar a los niños y darles la cena. Podría hablar un rato con ellos y hasta le daría tiempo de jugar y leerles un cuento antes de dormir.
Cuando llegó a casa nada más abrir la puerta la esperaba Carlos con el dedo índice en los labios en señal de que tenía que guardar silencio.
-No hagas ruido- Carlos llevaba un pijama de verano de un color azul turquesa, estaba claro que acababa de ducharse y desprendía un delicioso aroma a colonia de bebé - los niños duermen, hoy los he llevado al parque y han acabado agotados.
La cara de Angela cambió por completo, pasó de estar ansiosa y contenta a estar profundamente decepcionada.
- ¿Enserio?- su voz sonaba descorazonadora, no podía creerse que para un día que salía temprano del trabajo los niños estuviesen dormidos-¿han comido bien?- preguntaba esto mientras se servía un poco de pasta y cogía un refresco de la nevera.
-Aaron sí, ya sabes como es ,se lo come todo y Clara, pues bueno como siempre no mucho, pero antes de acostarla le he preparado un vaso de leche.
Angela escuchaba las palabras de su marido sin mucha atención, aún estaba algo molesta por no poder disfrutar de los niños, aunque sólo hubiese sido un ratito. Casi nunca tenía tiempo de estar con ellos, su trabajo le ocupaba la mayor parte de su tiempo, no era una de esas personas adictas al trabajo ni que le diera más importancia a este que a sus propios hijos, sino que las facturas llegaban y los gastos en una casa con dos pequeños no eran pocos. Era necesario que ella se sacrificara para procurar que a sus hijos no les faltara nada de lo necesario.
Carlos también trabajaba, pero por suerte su trabajo no le exigía tanto tiempo, por lo que gracias a ello podía ocuparse de recoger a sus hijos del colegio y estar toda la tarde a su cuidado, trabajo que era tan gratificante como agotador, los niños estaban llenos de energía, después de comer los ponía a dormir un rato de siesta aunque a los cinco minutos alguno de ellos ya se había despertado haciendo que el otro también lo hiciera y empezando así una tarde caótica llena de juegos, gritos y llantos que para Carlos no se acababan nunca.
En invierno pasar las tardes con ellos se hacía más pesado puesto que el frío impedía que Carlos sacará a los niños al parque por temor de que se constiparan, pero en verano al calmarse el calor, los sacaba al parque para que descargaran algo de energía y pudieran distraerse un poco. Eso era lo que había hecho esa tarde con ellos, con la esperanza de que al llegar Ángela a la casa tuvieran al menos un ratito para estar ellos solos disfrutando el uno del otro, aunque por la cara que había puesto Ángela al entrar por la puerta mucho se temía que eso no iba a pasar, por lo menos esa noche.
Cuando Ángela terminó de comer y ducharse sintió un pinchazo en el corazón, pues le dolía el hecho de haber deseado la noche anterior que los niños estuvieran dormidos y todo por haber llegado tan sumamente agotada tras su largo día en el restaurante. No podía evitar la sensación de pensar que lo tenía merecido, suspiró, maldijo su trabajo y se dispuso a dormir.
Eran las dos y cuarto de la madrugada cuando Ángela debido a una pesadilla se había despertado empapada en sudor y con el corazón desbocado, al darse cuenta de lo sucedido Carlos se despertó también.
-¿Pero qué pasa? ¿Qué hora es? -preguntó Carlos a su mujer algo desorientado y temiendo que el despertador no hubiese sonado y Angela se hubiese dormido.
-No es nada, vuelve a dormirte ha sido sólo una pesadilla- contestó Ángela mientras encendía la luz y le daba un sorbo de agua al vaso que tenía encima de la mesita de noche, pues su boca debido al sueño se había secado y le costaba incluso tragar saliva.
-¿Una pesadilla? ¿de qué?-la voz de Carlos se entre mezclaba con un largo bostezo.
Al escuchar las palabras de su marido Ángela casi se atraganta con el agua que estaba bebiendo, pues se dio cuenta de inmediato de que no recordaba lo que acababa de soñar.
-No lo sé, no puedo acordarme del sueño, pero ha debido de ser muy malo porque aún me late el corazón con fuerza.- no había acabado de decir estas palabras cuando un sentimiento de pánico la invadió por completo.
-Los niños Carlos, ¿estarán bien?
-Pues claro mujer- contestó Carlos deseando de que su mujer se calmara y de una vez por todas apagará la luz- ¿por qué no iban a estarlo?
Angela no habiendo quedado muy conforme con lo que su marido acababa de decirle se levantó de cama y fue a mirar a sus dos hijos. Primero entró en la habitación de Clara, la niña estaba durmiendo plácidamente y aunque parecía que todo estaba bien Ángela se acercó a la cama para asegurarse de que la niña respiraba con normalidad, al verla una sensación de orgullo llenó su alma, Clara era tan bonita que parecía un angelito durmiendo, un mechón de pelo cruzaba su cara y Ángela lo apartó con suavidad para no despertarla, le dio un beso de buenas noches y cerró la puerta.
Suspirando se dirigió a la habitación de Aarón, el niño estaba dormido en su cuna en una posición que no parecía la más cómoda, sujetaba en una mano su chupete y en la otra un trozo de sábana a la que el niño se había apegado desde que era un bebé y sin la que ahora, era incapaz de dormirse. Ángela le dio un beso de buenas noches y se dirigía a su cuarto cuando escuchó la voz de Carlos.
-Cariño ¿vienes o no?
-Sí, ya voy - dijo Ángela metiéndose en la cama aunque después de la manera en la que se había despertado, ya no pudo dormir bien en toda la noche.
Los días pasaban, el mes de julio se estaba acabando y Ángela estaba ansiosa porque en agosto llegarían sus merecidas vacaciones. Pasaría un mes entero con su familia y el plan era irse a la montaña a casa de los padres de Ángela, los niños se irían primero puesto que en el mes de agosto ya no había guardería y ella empezaba sus vacaciones a mediados de dicho mes.
Los niños estaban entusiasmados y esa tarde harían las maletas junto con su madre para irse al pueblo con los abuelos. Ángela les había explicado que aún era demasiado pronto para hacer las maletas ya que faltaba más de una semana para irse, pero a ellos no les importaba y preferían tener todo a punto para cuando llegase el momento.
Esa misma tarde y puesto que Ángela había salido antes del trabajo, decidieron ponerse guapos para hacerse una foto en familia, esta sería un regalo muy bonito para la abuela quien por su parte también estaba ansiosa de ver a sus nietos.
Ángela llevaba un vestido de lino de color coral algo entallado, lo que hacía vislumbrar que a pesar de la treintena y dos partos su cuerpo aún gozaba de la lozanía del pasado, llevaba el pelo semi recogido con un pasador de nácar y los mechones castaño oscuro caían en cascada sobre sus hombros desnudos.
Carlos llevaba un pantalón corto azul marino y un polo de color blanco lo que hacía que el moreno de su piel pareciera más intenso. Estaba buscando la cámara de fotos cuando vio a Ángela bajar la escalera, le pareció que estaba preciosa, no estaba acostumbrado a verla arreglada y mucho menos de verla sin gafas, para esta ocasión se había puesto las lentillas y Carlos se alegraba de ver sus grandes y expresivos ojos pardos que a través del cristal de las gafas se convertían en unos pequeños ojos que nada tenían que ver con la realidad.
Los niños estaban muy monos, el vestido de Clara era rojo y Aarón iba vestido enterito de blanco, color que Ángela sólo elegía para las ocasiones especiales puesto que el niño se manchaba enseguida, así que todos se dispusieron a posar para la foto. Sacaron su mejor sonrisa e hicieron varias fotos por si en alguna de ellas los niños salían con los ojos cerrados.
-Yo quiero verlas mami- Clara daba pequeños saltitos de impaciencia, pues tenía gran curiosidad en comprobar que había salido en la foto tan guapa como se imaginaba.
-Sí, espera un poco - las manos de Ángela daban vueltas a la cámara sin estar muy segura de lo que estaba haciendo, la verdad es que nunca se había llevado bien con los aparatos electrónicos y esa cámara digital la estaba sacando de quicio.
-Trae, mira es así-Carlos le quitó la cámara a su mujer sabiendo que le hacía un enorme favor y tocando un solo botón pudo mostrar las fotos a su mujer y a sus hijos.
Todos habían salido muy guapos, habían sacado cuatro fotos pero en una de ellas Aaron miraba hacia un lado y no se veía muy bien su linda carita, así que decidieron elegir una en la que todos estaban sonriendo y mirando al frente, pero al mirarla más detalladamente
Ángela se dio cuenta de que en esa foto aparecía algo raro. Se trataba de una enorme esfera del tamaño de una pelota de tenis que parecía deslizarse por el vestido de la niña, la esfera no era ni parecida a la que había visto otras veces en fotos por televisión en las que se aseguraban que dichas esferas eran espíritus, esta no parecía el reflejo del vapor de agua en el aire ni ninguna mancha en la lente, parecía más bien que la esfera desprendía energía pues emitía como un brillo azulado con matices morados. Parecía también que el objeto estaba en movimiento ya que dentro del brillo que emitía se podía adivinar cómo una estela, algo parecido a la cola de los cometas cuando pasan a gran velocidad cruzando el firmamento.
Ángela no podía dar crédito a lo que veía, sin duda el hecho de que la esfera apareciera en la foto, habría pasado desapercibido de no ser por la conversación que había mantenido con su hija recientemente, en la cuál Clara le había descrito unas cosas blancas que volaban y cruzaban el techo de su habitación.
-Carlos, ¿te has fijado en esa esfera? ¿Qué puede ser?- Ángela le preguntó esto a su marido con la esperanza de que pudiera atribuir esa bola de luz a un fallo digital en la cámara, pero en vez de ser así, Carlos se encogió de hombros.
-No lo sé, igual es algún insecto que también quería salir en la foto- Carlos no veía la importancia que podía tener este fenómeno para su mujer y pensando que Ángela sólo sentía curiosidad por un efecto tan bonito en la foto dijo- bueno, por unanimidad elegimos esta y ya que estamos todos de acuerdo¿ por qué no vamos a comer un helado?
Eran las ocho de la tarde y tras dar un largo paseo y cenar algo en una hamburguesería ,todos se disponían a ducharse y ver un ratito la tele antes de dormir. La película que querían ver esa noche era la dama y el vagabundo, Clara la había visto cien veces pero puesto que era su favorita y le tocaba a ella elegir todos quedaron conformes. Antes de que la película terminará los dos niños estaban dormidos, Ángela cogió a Aarón y Carlos a Clara y así entre los dos llevaron a los niños a la cama.
Había sido un día estupendo, los niños disfrutaron mucho y Angela estaba de buen humor, así que decidió no darle importancia al incidente de la foto ya que podría tratarse de cualquier cosa con una explicación lógica y no merecía la pena estropear un día tan maravilloso con ideas paranoicas.
Carlos estaba en la cama, esperaba a su mujer que se lavaba los dientes en el cuarto de baño, hacía tiempo que no tenían tiempo para ellos solos y esperaba que esa noche todo cambiara, al ver a Angela entrar en la habitación con un camisón de raso blanco enseguida empezó a excitarse y cuál fue su sorpresa cuando sin mediar palabra Ángela dejó caer su camisón al suelo descubriendo su cuerpo desnudo.
-Dios cariño, eres preciosa- la voz de Carlos sonaba rara debido a la excitación que le producía ver el hermoso cuerpo de su mujer desnudo, llevaban ya siete años casados, pero la pasión que sentía por ella seguía siendo tan fuerte como el primer día.
- Vas a hacer que me ponga colorada, deja de decir chorradas y ven aquí-Angela estaba algo ruborizada, porque aún cuando gozaba de un cuerpo muy apetitoso para cualquier hombre, ella siempre se había sentido un poco insegura.
Carlos abrazó a su mujer, la besó primero en los labios y poco a poco empezó a descender con su boca por el cuello de Angela que emanaba una sutil fragancia.
Después de hacer el amor los dos cónyuges yacían el la cama sin mediar palabra, sus miradas lo decían todo. Ángela estaba aún estremeciéndose de gozo cuando por la puerta entreabierta vio pasar algo, se quedó helada pues pensaba que la figura que había visto había sido la de su hija Clara y temió por un momento que la niña hubiese sido testigo del momento de intimidad entre ella y su padre.
Carlos vio como Ángela se levantaba exaltada de la cama y poniéndose el camisón salía de la habitación.
-¿Qué pasa Ángela?- Carlos estaba algo desconcertado y presumiendo que no obtendría respuesta se puso el pantalón del pijama y siguió a su mujer por el pasillo hasta la habitación de Clara.
-Creo que Clara se ha despertado y lo ha visto todo- susurraba mientras abría la puerta del cuarto de la niña con mucho cuidado.
-¿Qué? no puede ser, yo no la he escuchado- Carlos pensó que si la niña se hubiese levantado no sería capaz de moverse con tanto sigilo para pasar desapercibida.
-Yo tampoco la he oído, pero la he visto, se ha asomado a la puerta y se ha marchado. Seguro que lo ha visto todo ¿Qué vamos a decirle?- no había acabado de hablar cuando se dio cuenta que la niña dormía profundamente, su cara se quedó pálida, ¿Cómo había logrado dormirse tan pronto?.
Enseguida pensó en Aarón, pero era imposible que el niño hubiese podido salir sólo de la cuna y luego volver a entrar.
-¿Seguro que has visto algo?- Carlos pensó de inmediato que Angela no llevaba las gafas y sin ellas no podía ver bien, estaba convencido de que si alguien se asomase a su puerta y empezará a bailar la conga Ángela sería incapaz de verlo.
Después de discutir largo y tendido sobre la miopía de Ángela y las consecuencias que tenía el practicar un sexo tan increíble que era alucinógeno, todo esto según Carlos, ambos se dispusieron a dormir.
Angela daba vueltas en la cama con una sensación agridulce, el momento íntimo con su marido había sido como siempre gratificante, pero por otro lado ella estaba segura de que había visto a alguien, era verdad que no tenía las gafas, pero no estaba tan ciega para no poder distinguir una silueta mirando hacia ella desde la puerta de su cuarto. Tras varias horas dando vueltas en la cama por fin se quedó dormida con la certeza de que algo raro estaba pasando.
Los días pasaron y Ángela casi había olvidado la serie de extraños sucesos que estaban pasando, faltaban sólo cuatro días para que los niños se fueran a casa de sus abuelos y Ángela estaba un poco nerviosa porque nunca antes se había separado de sus hijos durante tanto tiempo, sólo eran dos semanas pero estaba segura que los días sin ellos se harían insoportables.
Cuando Ángela llegó esa noche a casa, vio en la cara de Carlos una expresión un tanto rara que aunque era incapaz de descifrar estaba segura de que nunca antes la había visto.
-¿Qué pasa?- Ángela estaba segura de que no había podido ser algo grave pues suponía que de haber sido así, su marido la habría telefoneado inmediatamente.
-No sé cómo decírtelo- una risa nerviosa salió de los labios de Carlos, lo cuál tranquilizó un poco a Ángela.
-Venga dime que pasa por favor.
-No es nada grave, es que esta mañana Clara...- se detuvo un momento como si buscara las palabras más adecuadas para describir lo que la niña le había contado.
-¿Clara qué?-Ángela empezaba a impacientarse y cruzándose de brazos se preparó para escuchar lo que según ella habría sido una travesura de su hija.
-Clara me ha dicho esta mañana que ha visto a una mujer blanca entrar en la cocina.
-¿Una mujer blanca? ¿ Cómo blanca?- Angela estaba desconcertada, no entendía muy bien lo que su marido intentaba decirle.
-Sí, blanca, eso dice la niña que era toda blanca, el pelo blanco, la cara blanca, las manos blancas, blanca Ángela, blanca.
-Venga ya- Ángela pensaba que Carlos le estaba gastando una broma y sólo pretendía asustarla, porque sabía que ella había estado algo nerviosa por la figura que noches antes había visto enfrente de la puerta de su habitación.
-De verdad, no te estoy engañando- y otra vez esa risa nerviosa le iluminaba la cara.
-¿Entonces por qué te ríes?- según ella esa risa demostraba que Carlos estaba mintiendo.
-Porque me da un poco de miedo, se me han puesto los pelos de punta cuando me lo ha dicho y yo no he sabido qué decirle.
-¿ No le has dicho nada? ¿estaba asustada?- las preguntas de Ángela salían de su boca con gran impaciencia.
-Bueno, como me he asustado, le he dicho que como dijese esas cosas iba a dar lugar a no ver la tele- la voz de Carlos sonaba temblorosa, porque al momento de decirle a Clara esas palabras ya se había arrepentido, pero la historia de la niña lo había pillado por sorpresa y reaccionó de manera poco apropiada- y no, no parecía muy asustada más bien parecía asombrada.
-Madre mía, te dije que algo raro estaba pasando ¿ves como no estoy tan loca?
Carlos estaba confuso, por una parte creía a su hija pero por otra era bastante escéptico ante ese tipo de cosas, o más bien nunca había querido creer en sucesos paranormales porque le daban mucho respeto.
Al día siguiente Angela no trabajaba, había pedido dos días de asuntos propios para preparar el viaje de los niños y había decidido no mandar a Clara a la escuela de verano porque quería indagar algo más con respecto a lo sucedido un día de antes. El plan de Ángela era no preguntarle nada a la niña, así si la historia que contaba era una treta para llamar la atención no tardaría mucho en contárselo a su madre.
La mañana pasó y la niña no decía nada, estaba como siempre, la ansiedad de no saber lo que pasaba por la mente de la niña la estaba volviendo loca y si descubría que Clara estaba mintiendo se iba a llevar una buena reprimenda. Clara rara vez decía mentiras pues era una niña muy noble y la picardía que le sobraba a su hermano Aarón a ella le faltaba, era una niña muy recta y casi siempre hacía todo lo posible por hacer lo correcto con el trabajo que eso implicaba a una edad tan temprana. ¿Estaría Clara celosa de su hermanito Aarón? esta pregunta no dejaba de pasar por la cabeza de Ángela, cuando el niño había nacido Clara se lo tomó muy bien, quizá demasiado para una niña de cuatro años, Clara ayudaba a su madre a preparar biberones y le traía los pañales cuando iban a cambiar al recién nacido, también colaboraba en el baño y hasta era ella quien perfumaba al niño después de este. Pero ahora el niño ya no era un bebé, estaba en esa edad en la que resultan más graciosos y en la que todo el mundo dice que están para comérselos, además el niño era muy madrero y competía abiertamente por la atención de su madre con una serie de zalamerías que parecían pensadas para camelarse por completo a su mamaíta. Quizás esta podía ser la razón, pero sin poder aguantar más le preguntó a la niña.
-Oye Clara, me ha dicho papá que ayer viste algo ¿Qué fue?- los ojos de Ángela no se apartaban de la cara de la niña esperando un gesto que la delatara y dejando al descubierto su pequeño gran engaño.
-Nada, no vi nada.
-¿Como que no viste nada?¿me lo quieres contar por favor?
-Es que papá ha dicho que como diga más esas cosas no me dejará ver la tele- la voz de la niña era tímida porque aún se sentía afligida por lo que le había dicho su padre.
- Yo no soy papá, cuéntame lo que te pasó ¿quieres?-Ángela se sentía un poco molesta porque su marido había reñido a su hija, y no entendía cómo en vez de haber intentado averiguar más, había dado por zanjado tan rápido el asunto.
-Mira mami, yo estaba bajando por las escaleras y al llegar al rellano he visto una mujer blanca que cruzaba de la puerta de entrada hacia la cocina.- la niña al decir esto movía los ojos hacia un lado como intentando recordar, Ángela se fijó bien en ese detalle pues no hacía mucho había visto un documental de lectura de gestos faciales, y en él había oído que para descubrir si una persona te miente debes mirarla entre otras cosas a los ojos, si la persona los mueve hacia un lado significaba que esta estaba intentando recordar un hecho verídico, pero si por el contrario los ojos se movían hacia arriba como mirando al techo la persona en vez de recordar lo que hacía era inventar.
-¿Y cómo era?- esperaba que la niña le diera con su respuesta gran infinidad de detalles que verificaría su teoría de que la niña mentía, pues también había escuchado en algún sitio que la mente humana tras ver algo impactante en un corto espacio de tiempo era incapaz de recordar detalles y sólo se centraba en lo más obvio.
-Pues blanca mami, ya te lo he dicho. Tenía el pelo blanco, la cara blanca, los brazos blancos, toda blanca- parecía que la niña al decir estas palabras deseaba que su madre no hiciese más preguntas como si se sintiera incómoda con la conversación que estaban teniendo, lo que hizo a Ángela plantearse si realmente su hija estaba mintiendo, pues a su parecer si la niña intentaba llamar la atención, lo más lógico era que estuviera encantada con el interés que su madre mostraba por todo ese asunto.
-¿Te dijo algo? ¿te miró? ¿ cómo iba vestida? - la madre no daría por terminado el asunto hasta tener la suficiente información que pudiera descubrir qué es lo que había pasado realmente.
- No me dijo nada- dijo resoplando- no miró, sólo se metió andando en la cocina como una persona muy educada.
-¿Qué?
- Sí, que pasó así- y poniéndose de perfil ante su madre empezó a andar con la espalda muy recta dando largos pasos y la cabeza mirando al frente- y no se como iba vestida, no me fijé y como me dio miedo subí las escaleras para contárselo a papá- la cara de la niña otra vez se entristeció temiendo que su madre también opinará que debía ver menos la tele.
-¿Por qué te asustaste?¿Qué es lo crees que has visto Clara?
-Al principio pensé que era un fantasma, pero eso no puede ser porque la mujer que vi tenía piernas- Clara no es que supiera mucho sobre fantasmas, pero por lo poco que había visto en televisión sabía muy bien que los fantasmas carecían de piernas y que no andan sino que vuelan como Cásper- así que luego me di cuenta que podía ser una mujer mala que quería robar o hacernos daño, subí para avisar a papá para que llamara a la policía pero el no me creyó.
Ángela estaba estupefacta ,no daba crédito a las palabras que decía su hija.
-Cariño, lo que has visto no era un fantasma.
- Ya lo sé mami, porque tenía piernas- interrumpió Clara, para dejar claro que ella sabía perfectamente lo que era un fantasma.
-No has visto un fantasma, no porque no tuviera piernas sino porque los fantasmas no existen ¿de acuerdo?
-Entonces ¿Qué era?- preguntó la niña esperando que su madre como siempre aclarara todas sus dudas.
- La mente humana es muy compleja y a veces la imaginación puede jugarnos una mala pasada, pero eso nos pasa a todos no te preocupes e intenta olvidarlo ¿de acuerdo?
-Vale mami- dijo Clara mientras se reflejaba en su cara la sensación de alivio que la niña sentía al haberse acabado la conversación.
Clara pidió esa noche dormir con su madre, y como en la cama de matrimonio no cabían los tres, decidieron que fuese papi quien se fuera a dormir al cuarto de la pequeña y así madre e hija dormirían esa noche juntas. Clara estuvo durmiendo tres días más con su madre, hasta que los pequeños se fueron a casa de sus abuelos.








