Prologo
— Lo amo Mi Señor —decía Ilial, o bueno, al menos eso era lo que solía decir al inicio antes de saber la verdad.
— Por favor déjeme ir —esas eran las únicas palabras que salían de su boca ahora, su presente ahora reducido a los muros de su mansión y los de su habitación.
— ¡NUNCA! ¡TÚ ERES MÍO ILIAL! —es la respuesta más obvia.
— ¡Nunca podré darle lo que un omega puede ofrecerle! ¡Soy un beta estable! ¡Jamás podrá cambiarme! ¡Esto no es correcto! —gritó en llanto.
— ¡No me importa, incluso si fueses Alfa, te amaría igual, haría lo que fuese solo porque estés a mi lado! —respondió tomandolo por los hombros.
— ¡Pero nosotros somos herm-!
— ¡ESO NO IMPORTA, NADIE LO SABE! —lo calló— Si no quieres aceptarlo por las buenas, será por las malas...