Capítulo único
Jimin lamenta haber quedado ciego a tan temprana edad de doce años.
Sus padres dieron todo de sí para que Jimin estuviera cómodo. Contrataron personal para la casa, acomodaron los muebles, contrataron tutores, profesores que le enseñaran a leer el braille. Y Jimin lo agradecía, claro que sí. Pero quería hacer algo por su cuenta, algo que le apasione y le haga sentir útil, que le dé razones para salir de cama día tras día.
Por eso, cuando le dijeron que tendría clases de piano, se emocionó. Siempre quiso aprender a tocar el piano, desde pequeño. Sin mencionar que amaba conocer a gente nueva, entablar conversaciones y hacer amigos, así que esperaba con ansias que su profesor o profesora de piano sea agradable.
Cuando conoció a su profesor Jeon Jungkook, obviamente no supo cómo era físicamente, pero en cuando a su personalidad, Jimin dedujo que era una persona seria y poco conversadora. Muy reservado, y eso, al pelinegro le aburría un poco, él esperaba poder conversar con su profesor.
Pero si había algo que Jimin agradecía infinitamente era lo paciente que es Jungkook con él. No es un bruto, es delicado y explica con mucha calma.
Jungkook siempre tomaba las manos de Jimin de manera suave, indicándole lentamente la ubicación de cada tecla, susurrándole de manera tranquila cada nota.
Y aunque hablara poco, Jimin siempre se las ingenia para hacer preguntas y conocer más de él. Y lo lograba, vaya que lo hacía, porque Jungkook lentamente fue abriéndose más frente al menor, incluso le dió el placer de conocer el sonido de su risa.
Así pasaron los meses, ambos llegando a cultivar una linda relación de amistad, conociéndose más a fondo, contándose secretos, muchas veces dejando de lado las clases y dedicándose a simplemente hablar, o quizá Jimin le pediría a la ama de llaves que les prepare un té o jugo, y tal vez Jungkook le contaría algún chisme que logró escuchar en el mercado, haciendo reír al menor, quien, siendo curioso de naturaleza, amaba cuando Jungkook le contaba secretos de la gente de sus alrededores, le hacía sentir que conocía a más personas.
Jimin sonrió al pensar en las tardes que tenía con Jungkook. Sabía que se enamoró del castaño, a este punto ya era inútil negarlo.
Jungkook lo cautivó por completo. Tan atento y lindo, tratándolo como una persona sin necesidades, no mencionando siempre que era ciego, conversando con el como si fuera un amigo más, y siendo tan cabelloroso como solo él sabe serlo.
No pudo evitar pensar en qué se sentiría besarlo. Había leído algunas novelas de amor y le gustaría experimentar eso con Jungkook, aunque tristemente no podría hacerlo por su cuenta, no sabría hacia donde dirigir sus labios.
También le gustaría hacer el amor con él, el solo pensamiento lograba ponerlo rojo de la vergüenza, siendo el sexo un tema tan tabú en esos tiempos, pero Jimin amaría sentir las caricias de Jungkook en todo su cuerpo y el miembro de esté dentro suyo.
Mordió su labio ante esa idea, juntando sus piernas.
Pero habían problemas. No todo era color de rosa. Jimin sabía que sus padres jamás aceptarían que tuviera una relación amorosa con un hombre, en realidad, una relación amorosa con nadie. Si se casara con una mujer, jamás podría tener hijos por su poco común condición, y casarse con un hombre era una abominación en la sociedad.
También estaba el tema de los sentimientos de Jungkook hacia él, no había forma de saber si este correspondía su amor. Además, Jimin jamás sería una buena pareja, necesita ayuda para cosas que son básicas para la gente, Jungkook se terminaría aburriendo de él, un chico ciego que no se puede valer por sí mismo, un chico que probablemente ni siquiera le daría el gusto al momento de tener relaciones íntimas al no saber qué hacer.
Sintió una angustia llenarle el pecho, él solo deseaba ser feliz, si tan solo no hubiera quedado ciego y hubiera nacido con las partes de un hombre, todo le sería más sencillo.
Sintió como una lágrima bajaba por su mejilla, y un sollozo luchaba por salir.
Ojalá Jungkook lo quisiera tanto como Jimin lo quiere.
El castaño que iba entrando a su salón de práctica con el menor, cambio su expresión de emoción a una llena de preocupación al verlo llorar.
—¿Jimin? ¿Qué pasó? —preguntó preocupado, dejando su bolso junto a la puerta y corriendo a sentarse a un lado del menor, tomando suavemente su mano entre las suyas—. ¿Te sientes mal? ¿Pido que llamen a un doctor?
Jimin encontró tierna la preocupación del mayor.
—Estoy bien —dijo, forzandose a mostrar una sonrisa.
—No lo estás, ¿Te parece si hoy no tenemos clases y mejor conversamos? ¿Eso te haría sentir mejor? —cuestionó suavemente, deseoso de hacer sentir bien a Jimin.
Cuando el menor asintió con su cabeza, Jungkook sonrió aliviado.
—Yo —habló lentamente Jimin—. ¿Crees que alguien alguna vez me ame? Es decir, que alguien quiera a un inútil ciego como yo —dijo con voz apagada.
—Jimin —dijo firme—. Eres increíble, inteligente y lindo. Quizá no lo sepas, pero eres la persona más interesante que conozco. Tan agradable y curioso, bueno para conversar y también comprensivo. Sabes hacer muchas cosas por ti mismo, así que no digas eso. Cualquier persona seria afortunada de tenerte a su lado cómo su pareja.
Lo siguiente que dijo el menor, dejó a Jungkook sorprendido, no sabiendo que contestar ante aquella pregunta.
—¿Te gustaría ser esa persona? —preguntó bajito, sus piernas temblando ante el nerviosismo presente en su cuerpo.
—¿Q-Qué? —tartamudeó.
—Dijiste que quién estuviera conmigo sería la persona más afortunada del mundo, ¿No te gustaría ser esa persona?
Jungkook se quedó en blanco.
Jimin estaba nervioso a más no poder, y el silencio del mayor solo lo hizo encogerse en su lugar, soltando su mano del agarre de Jungkook.
El castaño se sintió frío cuando Jimin se alejó.
—No te preocupes. Está bien. Olvidemos esto, ¿Si? De todas formas cuidar a un-
No pudo seguir hablando porque Jungkook había posado sus labios sobre los suyos. Fue un beso suave, Jimin intentando seguir el ritmo del mayor, aún cuando tenía nula experiencia en besar a alguien, pero eso no le impidió amar ese beso.
El pelinegro soltó un pequeño quejido cuando Jungkook se alejó.
—Amor, debes cerrar tus preciosos ojitos, así hacemos todos al besar —explicó calmadamente, acariciando las mejillas de Jimin.
—Lo siento, no sé besar, nunca había besado a alguien. Ni siquiera sé dónde poner mis manos —dijo sincero.
Jungkook rió un poco, tomó los brazos de Jimin y los pasó por sobre sus hombros, juntando nuevamente sus bocas, siendo un poco más rápido está vez.
Ingreso su lengua lentamente en la boca de Jimin, logrando obtener un gemido de este al sentir el beso de una manera deliciosa.
Jungkook no supo cómo, pero Jimin se levantó y acomodó sobre su regazo, sin despegarse del beso ni por un segundo.
Jimin no sabía lo que hacía, solo seguía su instinto, y en esos momentos su instinto se sentía maravillosamente al sentir el roce de su parte intima con el bulto que comenzaba a crecer en los pantalones de Jungkook.
—Jimin, espera —dijo agitado, separándose de ese beso que lo dejó sin aire—. No podemos hacer esto a-ahora, puedo esperar a que, bueno, estés s-seguro.
El pelinegro negó con su cabeza, sus ojos grises mirando hacia algún lugar.
—Yo quiero. Por favor, últimamente he pensado en cómo se sentiría hacer el amor, y lo quiero hacer solo contigo —dijo seguro, moviendo sus caderas, tratando se sentir más ese choque que le producía tan buenas sensaciones.
Jungkook se sonrojó ante las directas palabras del contrario, no sabiendo que responder. Jimin era experto en dejarlo sin habla, tan poco predecible, y Jungkook amaba eso de él. En realidad, amaba todo de él.
Jimin se sentía chiquito en su posición, la desesperación de no poder ver a su mayor lo volvía loco.
Jungkook admiró al chico sonrojado, su corazón latía muy fuerte, parecía que llamaba entre latidos a su dueño, al chico que tenía en sus piernas.
Con lentitud se fue acercando, una de sus manos tomó con delicadeza el mentón contrario para poder estampar juntos sus labios.
Jimin correspondió al instante, recordando cerrar sus ojos. Sus manos fueron a los hombros de su profesor, quien llevó su mano restante a la cadera de Park.
Se separaron mínimamente buscando aire, Jimin estaba más rojo, sabía que ese beso era un sí a lo que él le había pedido anteriormente a Jungkook.
—Ya vuelvo, amor. Iré a poner seguro a la puerta, ¿Está bien? —Jimin asintió y escuchó al mayor alejarse.
Cuando volvió y le abrazó cálidamente, entendió que Jungkook lo cuidará mientras le hace el amor.
Dios, estaba cada vez más enamorado de ese hombre.
—Kookie —llamó en un susurro. El aludido le respondió con un beso mientras tomaba sus muslos y lo cargaba. Jimin se aferró a su cuello, gimiendo entre el beso cuando sus intimidades chocaron nuevamente.
—Haré lo que me pides, lindo. Ambos haremos el amor —un besito esquimal surgió y finalizó en un piquito.
Jungkook posó a Jimin en el piso y habló de nuevo—. ¿Puedo desvestirte, Minnie? —el menor asintió lleno de vergüenza, pero era Kookie, su Kookie, y Jimin estaba seguro de que jamás se burlaría de él.
Sintió las manos de Jungkook sobre sus hombros y bajaron hasta su pecho, desabotonó lentamente la camisa que llevaba puesta mientras besaba su cara, susurrándole cuán hermoso era.
Cuando la camisa estuvo fuera las palmas suaves de Jungkook recorrieron sus pechos, tan diminutos que no se notaban, tocando superficialmente los botones erectos, un jadeo se quedó atorado en su garganta.
—Ahora va el pantalón, ¿sí? —el menor asintió al mismo tiempo que Jungkook desabrochaba su prenda y la bajaba.
Jeon observó con detalle esas piernas gorditas y blanquitas, suaves al tacto. En otra ocasión estaría más que encantado con dejarles marquitas. Marquitas de amor que demostrarían que ese precioso chico es suyo.
Se retiró un poco y vió a Jimin en frente suyo.
Era una escultura.
Jimin yacía con sus manitas hechas puños a la altura del pecho y con sus ojitos naturalmente perdidos, su respiración ya era un poco más acelerada denotando los nervios que recorrían su ser al estar casi desnudo frente a alguien.
Jungkook sorprendió cuando vió una pantie en su zona intimidad y ningún rastro de un falo erecto; sin embargo, no pudo tomarlo más que con maravilla.
Sus ojos almendrados brillando al compás de la exquisitez de Park.
Un par de pasos y se encontraba de nuevo pegado al pálido. Tomó con delicadeza sus manos y las besó.
—Eres hermoso, Mimi —dejó un besito en su nariz—. Ahora es mi turno, bonito. Desnúdame para ti.
Con sus manos temblorosas, Jimin repasó desde el cuello acanelado hasta la corbata de su profesor. Con un poco de ayuda logró quitarla, la camisa también hizo desaparición de su cuerpo.
Jungkook se encargó de la prendas inferiores a excepción de su bóxer. Jimin pasaba la punta de sus dedos por el torso desnudo, hasta que pegó con la tela que aún cubría al mayor. Se tentó a tocarle, pero su vergüenza no le dejó hacerlo y su camino quedó a medias, retirando su manito de aquel lugar.
Jungkook lo notó y tomó la delgada muñeca entre sus dedos.
—No tengas miedo, precioso —posó la palma abierta sobre su erección aún cubierta, jadeando cuando el azabache la apretó con cuidado—. Puedes tocarme como gustes, Jiminie.
Sin más que decir se bajó la prenda y enrolló los dedos de Jimin en su falo al mismo tiempo que lo besaba. Jimin se separó y se arrodilló frente a él, la palma se desprendió y sus dedos bajaron hasta tocar las calientes y pesadas bolas, subió a delinear todas las venas del pene sintiendolo vibrar, por último su índice le causó un bajo gemido al mayor cuando pasó por su rojo y resbaladizo glande tocando la uretra.
Jeon en su vida se había excitado tanto con sólo un toque.
Y es que, bueno, era su toque.
—¿Crees qué puedas meterlo a tu boquita?, ¿o sería mucho para ti, cariño? —cuestionó con cautela, mientras una de sus manos acarició la sonrosadas mejilla.
Jimin giro hacía arriba aún masturbando a Jungkook—. C-creo poder. Debo hacerlo sentir bien.
En las esquinas de esos ojitos oscurecidos aparecieron unas arrugitas preciosas cuando Park le dedicó una sonrisa. Seguido bajó su cabeza y siguiendo el tacto de su mano, se acercó para besar el viscoso glande y luego sumergirlo en su boca y utilizar la lengua para estimularlo.
Jungkook gimió gustoso, sus dedos se perdieron entre las oscuras hebras del menor, mientras este hacía lo posible por adentrar la mayor parte de la extensión en su garganta, comenzando un vaivén un poco suave.
—¿De verdad eres virgen, Mimi?, Oh, joder; así, bebé.
La garganta de Jimin comenzaba a cansarse un poco, por lo que sacó el miembro de su boca para poder masturbarlo y besarlo, chupó sus bolas y dejó un beso en la punta. Jungkook lo cargó de nuevo en sus brazos y caminó con él agarrado como koala.
El menor gimió al sentir una helada superficie chocar con su piel caliente. Cuando sus manos bajaron a tocar se dio cuenta que estaba sentado en el piano.
—Es mi turno de saborearte, cielo. ¿Puedo quitarla? —con uno de sus dedos delinea la única prenda que yace en el cuerpo blanquecino, el dueño de esa asiente y Kookie repasa sus manos por los bien formados muslos del menor, retira la prenda y da un jadeo cuando vuelve a ver a Jimin quien había abierto un poco sus piernas dejando ver su rosada flor.
—¿Pa-Pasó al- ¡Ah! —es interrumpido por Jungkook, quien abrió más las piernas suaves y su boca comenzó a comer el mojado coñito.
—Mmhg, Kookie —Park enreda sus dedos en los cabellos de la nuca del mayor acercándolo a él mismo.
Trata de morder sus labios o morder su brazo para evitar gemir tan alto. Alguien del otro lado podría pasar en cualquier momento.
—No, no, bebé —replica Jeon—. déjame escucharte, Mimi. Quiero saber qué tanto te gusta —y Jimin quiere negarse, quiere explicarle que no puede darse ese lujo, que a causa de ellos podrían ser descubiertos en cualquier momento. Más el mayor no se lo permitió pues rápidamente había envuelto su lengua alrededor de su entrada, mientras que su propia mano iba a su clítoris.
Sus gemidos salieron al compás de algunas notas producidas por las teclas de piano. La melodía que escuchó aquel día donde conoció a su profesor era reproducida nuevamente, mezclándose con la armonía de sus quejidos de placer.
Jungkook lamía tan bien su coño. Repasaba de arriba abajo, le dedicaba mordiditas a sus labios y a su clítoris, así como lo folllaba tan rico con su lengua. Se sentía cada vez más cerca.
—Kookie-Hyung, ah, mmmh, estoy cerca —entre balbuceos logró comunicar su orgasmo venidero. Jungkook comenzó a chupar con más esmero.
Un par de succiones más y pudo obtener los ricos jugos del menor en su boca—. Tan rico, cielo —halagó al separarse y dejar de tocar, para poder subir y besar aquellos labios rositas.
Con sus manos daba caricias en los brazos, estómago y piernas del pálido; buscando que se relajara, que bajara un poco de la nube placer a la que su orgasmo la llevó.
—¿Llegaremos hasta el final? —cuestionó el bello chico azabache, Jeon río un poco.
—Si así lo deseas, bonito.
Un beso un poco deseoso fue la respuesta positiva.
Jungkook los acomodó de nuevo, abrió las piernas de Park y este las envolvió en su cadera. Fue el mismo Jimin quien bajó una mano a su intimidad para llenarla de sus jugos y luego buscar el pene del mayor y masajearlo, lubricandolo con los restos de su corrida.
Cuando lo creyó listo lo alineó a su entrada.
—Mételo despacio, hyung —Jungkook besó ambos ojitos negros y acató la orden. Mientras dedicaba atención a los pezones olvidados, entraba poco a poco en su vagina.
—Oh, se siente genial estar dentro —Jadeó—. ¿Te duele mucho, Minnie? —se preocupó el mayor.
—Tranquilo, pasará pronto —respondió el otro—. muévete un poco, así me acostumbro.
De nuevo aceptó sin necesidad de que se lo repitieran. Fue así como poco a poco todo movimiento e intensidad aumentó; todo era guiado por Jimin. Jeon se había propuesto regalarle una hermosa primera vez, y cree que lo estaba logrando.
Jimin se deshacía en gemidos que ahora ya no le interesaba esconder, se dejaba llevar por el gran éxtasis en el que su cuerpo estaba sometido.
El pene de Jungkook se sentía delicioso dentro suyo. Jimin sentía todo más potente. Podía sentir lo caliente que estaba el miembro del mayor, cómo las venas raspaban su interior y la manera deliciosa en que golpeaba un punto dentro suyo.
Besaba a Jungkook con lujuria y amor. Una corriente muy potente que inició en su vientre y terminó en su clítoris le avisó que experimentaría algo increíble.
—Kook, Kook —gemía.
El nombre del mayor era expulsado entre gemidos a la vez que un par de sus deditos habían vuelto a bajar para darle apretones a su perlita nerviosa. Luego de unos minutos gritó fuertemente al sentir que se corría en un poderoso squirt, bañando así el falo que aún entraba y salía de sí, y parte de vientre y estómago de Jeon.
Este al ser consciente de lo que Jimin acababa de tener, fue aminorando sus embestidas en cuanto a velocidad y fuerza, pero no afectando la profundidad. Siguiendo follándolo tan rico, sobrestimulandolo un poco, logrando que Jimin gimiera fuerte, apretando sus paredes vaginales sobre su falo.
Él también se sentía muy cerca, todo el estímulo tanto físico como visual lo tenía contando estrellitas.
Con un fuerte gruñido salió de Jimin, tomó su miembro y se dejó ir en el estómago y pecho lechosos del menor.
Cuando terminó se sentó de nuevo en la banca buscando aire para sus pulmones; el azabache se reincorporó un poco torpe en movimientos, con sus ojitos perdidos naturalmente, un poquito rojos y lagrimosos; además de sus tiernos cachetitos rojitos igual que su naricita.
Jungkook encantado con la imagen fue en su busca. Tomó en brazos y lo sentó en su regazo dejando que Jimin se acomodara entre su hombro y cuello mientras lo abrazaba por el torso. A la par que él le decía cositas bonitas al oído y masajeaba su espalda con una mano mientras la otra se perdía entre las oscuras hebras sedosas.
—Eres la escultura más hermosa de mi museo; ojalá pudiera cuidarte y admirarte día tras día —dijo cuando ya estaban demasiado envueltos en su burbuja romántica.
Jimin se puso un poco nervioso, no acostumbrado a los halagos del mayor.
—Huyamos juntos —pidió el menor—. Acá jamás aceptarían nuestra relación. He oído que en Europa hay lugares donde los hombres pueden hacer su vida juntos de manera tranquila. ¿No te gustaría eso?
A Jungkook le brillaron los ojos ante el solo pensamiento de vivir con Jimin. Poder dormir con el, hacerle el amor y tener el placer de ver su rostro y oír su voz cada día.
—¿De verdad vendrías conmigo? Tu vida ahora es cómoda, tienes todo, y yo...jamás podría ofrecerte nada de esto —dijo con voz temblorosa.
—Te amo. No me interesa nada más que estar junto a ti —respondió el menor de manera segura—. Contigo iría a dónde sea. Siempre y cuando t-tú también quieras.
Jungkook sonrió.
—Claro que quiero amor. Yo… —besó a Jimin con pasión, sintiendo la felicidad y amor llenar su corazón—. Te amo, Jimin. Y prometo amarte siempre —juró.
Jimin sonrió, lágrimas apareciendo en sus ojos.
—Yo igual te amo, Kook. Te amo demasiado.