La quinta santa.

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Summary

El regalo de los dioses para la tribu, la deidad de los Gafgitas, aquella que ni puede sentir no ser amada se enfrentará al destino más peligroso de su existencia...el Amor.

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Chapter 1

Las estrellas indican que la quinta santa será diferente a las demás. Ella vendrá a nuestro favor y su fortuna destruirá a nuestros enemigos. La quinta santa es un regalo de los dioses, concebida por los astros. Ella es la pureza y la magnificencia significativa de nuestra tribu. Ningún hombre puede codiciarla, y nadie puede desafiarla. Cuando su estrella brille sobre  la tribu, nacerán cuatro niñas puras para ella. Estas  se llaman sacerdotisas, y son criadas específicamente para la santa. Ella es nuestra deidad y nuestra bendición, nacimos con ella y moriremos con ella.

En un año par, de un día par a una hora par y bajo el eclipse solar más esperado de trescientos años nació ella, la quinta santa de la quinta generación, la considerada bendición de los dioses. en cuanto el eclipse terminó, el sol brilló fuerte sobre el templo de la santidad y la mujer que la había dado a luz, murió instantáneamente. Al caer la noche en el templo de la deidad de la pureza, nacieron cuatro niñas hembras y la luna brilló alegremente aquella noche.

La primavera entró pronto, las flores eran más coloridas, la tierra era fructífera y la gran tribu Gafgi adoraba a los dioses y festejó día y noche durante un año por el nacimiento de la nueva santa.

La santa era considerada una deidad en la tribu, era una diosa humana protectora de la tribu. Ella era la justicia, la razón, la belleza, y la fortuna.

Su historia inicia en la guerra de los dioses por gobernar todos los reinos. Gafgi, Dios supremo del cielo y las estrellas, gobernador de todos los reinos, había despertado el rencor en el antiguo dios de la muerte y la guerra Otis, y quería arrebatarle los reinos, cuando el ejército de Gafgi se se puso  en su contra, los soldados de Gafga pelearon valor contra los demonios y ganaron la guerra enterrando el espíritu del dios de la guerra en una montaña sagrada y asegurando el gobierno eterno de Gafgi. Entonces el le concedió a la tribu por su lealtad, la prosperidad eterna y la fortuna, creando así una diosa humana engendrada en el vientre de una mujer virgen y mortal. Cada que una santa muere, deben esperar trescientos años para que nazca una nueva, pues esta diosa no es del todo inmortal por el hecho de poseer un cuerpo humano. Les dió la responsabilidad de protegerle y escucharla, pues ella es también el significado de su gloria en el mundo de los mortales. La santa estaba hecha de estrellas, y era la constelación de ofiuco.

La tribu Gafga estaba en medio de dos reinos, y era enorme y próspera, se esperaba que se convirtiera convirtiera un reino fuerte y amplio en unos pocos años, pero esto levantaba los celos de los reyes cuyos reinos estaban divididos por los Gafgitas. Los ataques a la tribu no eran sólo frecuentes si no que también inútiles, pues nadie ganaba una guerra contra ellos por su fuerza y esos eran tan solo los años en los que no había nacido la quinta santa.

En la cima de la montaña sagrada, se encontraba el templo de santas, donde eran llevadas a cuando estaban a punto de morir para ocupar su lugar en el cielo y volvieran a ser constelaciones, pero también donde nacían.


– Santa...– Dijo Libay, después de hacerle una reverencia. -- El duque Franco de moldivia desea conocer su santa presencia y ha traído un presente para usted.--

-- Lo esperaba hace un tiempo, me preguntaba cuando solicitaría mi ayuda. Hazle pasar.--


La santa tenía el poder de ver el destino de las personas y cambiar su fortuna. Era muy solicitada dentro de la tribu y también reyes de lejanos países habían venido a ella. Sus cuatro sacerdotisas, Lubay, Itfis, Zemin y Asta eran las únicas que habían visto el verdadero rostro de su señora. Habían nacido para servirle, y ningún hombre podría desearlas a ellas tampoco ni meterse con ellas, pues eran propiedad sagrada y protegidas de la santa. Eran sus mensajeras y reconocidas ante toda la tribu como las sacerdotisas. Vestían con largos vestidos rojos y eran características  por sus larga cabellera negra. Su rostro siempre cubierto por un delicado velo rojo. y sus penetrantes ojos como la noche.


Lo primero que el duque vió al entrar al templo de la quinta santa, fue a la mujer cubierta de blanco con el rostro cubierto por un velo del mismo color y con una cabellera roja hermosamente decorada con joyas que cubría desde sus hombros hasta su cintura, y tres mujeres de pie al lado de su trono, la cuarta, que era Lubay, tomó su puesto detrás del trono mientras que el avanzaba.


-- Pensé que era incrédulo de dioses sobre la tierra, duque.-- dijo la santa.--

-- ¿Como sabe eso?--

-- Los humanos descubren cosas ocultas entre cielo y la tierra en el universo. Los humanos son mi universo, y es fácil descubrir cosas ocultas entre su mente y corazón.--

-- Entonces también sabe a que he venido.--

-- Sé tu necesidad, pero no puedo ayudarte si no me lo pides.--


El duque se arrodilló frente a la santa, ella no se inmutó, había visto plegarias como esa durante los doscientos años que había vivido.


-- Entonces se lo ruego. Mi hijo menor tiene seis años y ha enfermado terriblemente, solo los dioses tienen idea de cuantos métodos he utilizado para curarlo y cuantos médicos le han revisado pero solo empeora cada día, usted es el regalo creado por los mismos dioses y mi última esperanza.--

-- Soy un regalo para la tribu Gafgita, sin embargo tú perteneces al reino de Moldivia, ¿Estás en el derecho de pedirme salvar al pequeño Derek?--

-- Se que no tengo ningún derecho a pedirlo, pero estoy dispuesto a pagar el precio que sea necesario?--


La santa sonrió al escuchar las palabras salidas de la boca del duque. Ella sabía todo lo que se puede saber en el universo, pero solo una cosa desconocía: El amor.

Nunca fue amada de ninguna manera, nunca amó a nadie de ninguna manera y esa era la voluntad de sus propios creadores, pues debía estar a salvo de cualquier clase de dolor sentimental para que su tribu nunca estuviera en peligro.

Pensaba que era solo un sentimiento como cualquier otro, No era necesario y no tenía ningún poder, pero aun así le daba curiosidad.


-- La muerte es un camino del cual no hay vuelta atrás, una vez que lo pises deberás seguir caminando...pero podrías sacarlo de ese camino si es que así lo deseas.--

-- Lo deseo más que nada.--

-- Recorre ese camino por él, entonces. Tú vida es lo único que necesitas para que tú hijo viva.--


El conde se lo pensó un momento, no quería morir, pero pensaba que ya había vivido suficiente y su hijo no. Su esposa podría cambiar de esposo pero nunca  reemplazaría a su hijo.

La santa se levantó de su trono y tendió la mano hacia Itfis que se encontraba a su izquierda. Ella le tendió una espada adornada de rubíes y oro y se dirigió hacia el duque. Guardó distancia de él mientras puso la espada afilada contra su cuello y le pidió levantarse.


-- ¿Morirás?-- le preguntó la santa.--

-- Lo haré.--


La santa realmente había admirado la valentía de aquel hombre, dispuesto a morir por amor. Entonces entendió que debía ser tan grande como peligroso un sentimiento así para querer morir libremente por otra persona. No había tenido que encontrarse con ningún caso como ese en cien años. aun sintiendo la espada sobre su cuello, sonreía felizmente y ella no hubiese creído jamás que alguien estuviera feliz de morir como sacrificio, pero ya que había sido sincero y noble, merecía la vida de su hijo.


-- Es todo.-- dijo mientras retiraba la espada.-- Vuelve a casa. Tu hijo tendrá una larga vida, será un pilar dentro del reino y el orgullo de sus padres. Los dioses te han escuchado y admiran tu nobleza. Felicita a tu esposa en cuanto llegues a casa por su embarazo.--


Durante los días de verano, se anunció de la muerte del rey de Dalkos y la sucesión al trono del menor de sus hijos, el rey Blaz, reconocido por ser un joven rey honorable y bueno con su reino, recién se había casado con una joven plebeya llamada Amily, pero no habían tenido herederos aún.

Aunque era bueno e inteligente, tenía como objetivo atacar a la tribu Gafga sin alguna razón conocida, pero no era nada extraño eso, pues muchos lo habían intentado.

Aunque la santa ya lo sabía la noticia había llegado a ella por medio del mayor de la tribu.


-- ¿Qué haremos, santa? ¿atacamos o dejamos que lo hagan?--

-- El rey es consiente de que perderá las vidas de sus hombres si se enfrenta a la tribu, pero aun quiere hacerlo después de saberlo. No parece ser un asunto de orgullo o poder, él quiere algo en especial pero no está dispuesto a dialogar para obtenerlo porque saben que no se lo permitirán...pero  no puedo ver que  es.--


Era la primera vez que la santa desconocía una razón, no sabía con qué razones atacaría el rey a su tribu, aun  así se haría lo mismo que siempre: atacar. Dió la orden de hacerlo y predijo la fecha exacta en que lo harían.

Todos ellos saldrían con vida y no habría riesgo para ningún miembro de la tribu, sin embargo más de la mitad de los hombres del rey saldrían muertos.

Cuando el día llegó, como era la costumbre, ella estaría junto a sus cuatro sacerdotisas con los ojos vendados y su espada entre sus manos dentro de un carruaje cargado por cuatro hombres vestidos de negro. La presencia de la santa en la batalla, aseguraba su gloria y suerte, y durante doscientos años así había sido, pero esta vez era diferente y eso ella no lo sabía, pues no podía determinar su propio futuro, porque no era humana.

Mientras la batalla se desataba, era notable como a pesar de que los soldados del rey era muchos más que los de la tribu, ellos acababan rápidamente como si solo fueran unos pocos.

La santa, detrás de su velo blanco, ocultaba una expresión de un sentimiento extraño para ella: preocupación. pues había tenido tenido una visión donde Lubay gritaba su nombre y estaba sucia, sin su velo rojo y lo más impactante es que la dulce Itfis estaba muerta en sus brazos.

Ella tomó la espada entre sus manos y cortó el techo de la litera con un solo movimiento. Las sacerdotisas  se asustaron por su repentina acción, pero no fueron capaz de mediar palabra.

Luego se levantó de su asiento, levantó la punta de su espada al cielo y luego de bajarla le susurró.


-- Destructora de almas, acaba con el enemigo.--


La espada se elevó por sí misma en el cielo y se detuvo por un momento hasta que calló nuevamente con gran fuerza y quedó enterrada en el suelo, y en tan solo un segundo todos los soldados del rey se volvieron polvo. El cilencio gobernó durante minutos y entonces la paz tenía olor a sangre.

El comandante del ejército Gafga se acercó a la santa y se arrodilló delante de ella.


-- Mi santa, ¿Que sucedió?--

-- Lleven a las sacerdotisas de vuelta a la tribu, excepto a Itfis.--

-- No podemos dejarla, santa.-- Dijo Zemin.-- Siempre vamos a donde va y estamos donde usted está, ¿por qué desea enviarnos sin usted?--

-- Hagan lo que digo.--

-- ¿cuándo volverá usted a la tribu?-- preguntó Asta.--

-- Cuando la guerra termine.--


otra litera fue enviada para las tres sacerdotisas y se preparaban para ser enviadas a de vuelta a la tribu mientras que Itfis se quedaba a salvo con la santa. Ella sabía que no era bueno irrumpir en el destino, pero el destino de las cuatro sacerdotisas estaba ligado a las demás, si una moría, las otras también lo harían.

La santa fue enviada junto con Itfis al campamento para descansar, pero el viaje de regreso se sentía más largo que el de venida, así que Itfis se durmió durante el camino.

Se sentía mejor ahora que ella estaba a salvo, pero le daba curiosidad saber cuál había sido la razón de su muerte, pues era imposible que el ejército del rey llegara hasta ellas.

Los hombres que cargaban la litera dejaron de caminar de pronto y el sonido de caballos acercándose se hacia más fuerte cada segundo. Supo en seguida que no eran los guerreros de la tribu, pues se hubiese acercado por detrás y no por el frente  como ellos.

apretó la espada entre sus manos y se asomó por la ventana de la litera entonces los vió. Una pequeña carabana del rey se acercaba en carruajes y caballos.

Ella despertó a Itfis y ambas salieron de la litera.

Los hombres que la sostenían, rebelaron sus rostros y la santa se dió cuenta que ninguno de ellos eran de la tribu. Los carruajes del rey se detuvieron y varios hombres vestidos azul y blanco con espadas en la mano las rodearon.


-- ¡¿Quienes son ustedes?!-- Gritó Itfis.-- ¡¿Como osan amenazar a la sagrada santa?!--


Un soldado se acercó a ellas y levantó su voz diciendo.


-- Nuestro rey nos ha pedido enviar a esta mujer al palacio real de la corona de Dalkos, si se niega, me temo que temo que tendremos que aplicar la fuerza.--


La santa no sabía como había sido posible que pasara, ¿por qué no había podido predecirlo?.

el soldado al ver que ninguna se movía, se acercó bruscamente y tomó fuertemente del brazo de la santa,  pero antes de que pudiera arrastrarla por la fuerza, un hombre fuerte e imponente salió de entre todos ellos y tomó al hombre por el cuello y lo empujó haciéndolo caer al suelo.

Lo supo en cuanto lo vió,  era él. El rey.

Todos los soldados incluso los hombres que sostenían la litera se arrodillaron ante el dejando caer sus espadas. Aunque el rostro de la santa estaba cubierto totalmente, el supo de inmediato quien era ella, y fue como si por fin estuviera completo. Había esperado por ella tanto tiempo que incluso no había un día en el cual no la imaginara.

La abrazó fuertemente sin que se lo esperara y ella no supo como reaccionar. Era la primera vez en doscientos nueve años que nadie se creía con el derecho de sí quiera dirigirse a ella pero ese hombre lo había hecho como si la conociera de toda la vida. Itfis lo apartó a un lado y se pudo al frente de la santa y aunque su velo no dejaba ver lo ofendida que estaba, su tono de voz sí.


-- ¡¿Quien te crees que eres?! ¡Ni siquiera alguien de la tribu Gafga se atreve a tocar a la santa, ¿por qué crees que tienes el derecho de hacerlo tú.--


Itfis sacó una daga de su vestido y corrió hacia el rey pero antes de que pudiera llegar un soldado levantó su espada y se dirigió corriendo a atacarla. Estuvo a punto de matarla pero la santa lo previó y la apartó antes de que enterrada su espada en el pecho de Itfis y el soldado cayó al suelo.


-- Matar a una sacerdotisa es como cometer suicidio,--dijo la santa.-- intentar hacerlo es un pecado que mata al instante.


Extendió su mano hacia él después de decir esas palabras y extrajo el aire de los pulmones del soldado dejándolo muerto al instante en el suelo. Los demás se sorprendieron y pensaron que era una bruja, pero ni aun viendo eso el rey desistió de la idea de tenerla, no iba a esperar un día más. ella volvió su mirada hacia él y notó que no podía ver su fortuna, sus razones, su destino...nada.

Estaba segura de que solo era una perdida de tiempo que se enfrentaran a ella y quisieran llevarla a la fuerza, así que para acabar con todo, invocó el poder de la espada y le susurró.


-- Destructora de almas, acaba con el enemigo.--


y la enterró en el suelo y entonces todos se volvieron polvo como antes, Excepto él. sólo miró sorprendido de lado a lado como todos se habían hecho polvo. La santa también se sintió sorprendida de que no le hubiese pasado nada, entonces lo intentó de nuevo pero esta vez envío la espada a él, pero en vez de atravezarlo, enterró su punta Justo al lado del rey mientras que él no apartaba su vista de ella.


-- ¿Por qué quieres matarme?--Le preguntó.--

-- ¿Que eres? ¿por qué no puedo ver nada en ti?--


El no sabía de qué hablaba la santa, sólo levantó los hombros y sabía que ahora que no podía matarlos, sería fácil llevarla con el pues convencerla era imposible. Antes de que diera un paso hacia ella, gritó mientras levantó su mano.


--¡Destructora de almas!--


La espada se despegó del suelo y volvió a su mano pero al terminar la oración y lanzarla hacia él nuevamente, la espada despidió una llama azul y volvió a enterrarse en el suelo al lado del rey.

ella se sintió débil y quiso volver a hacerlo, pero no pudo ni terminar de decir las palabras cuando sintió una electricidad recorrer su cuerpo antes de caer desmayada sobre el mismo. Lo último que vió fue el velo de Itfis cerca del suyo y su voz nombrándola preocupada. 

La santa recobró la conciencia y se vió junto a Itfis en un carruaje, parece que alguien la había mirado directamente a la cara y si así lo hicieron, entonces supuso que esa persona ya estaba muerta, pies nadie más que sus sacerdotisas podían ver el rostro de la santa o moriría al instante.

El carruaje paró de pronto y Itfis empezó a recobrar la conciencia.


-- ¿Mi santa? ¿Qué...donde estamos?.--

--Estamos en el reino de Dalkos, Hogar del rey Blaz.-

-- ¿Como se atreven a hacerle esto a una deidad hecha por los mismos dioses?, esto es un insulto, nuestra tribu acabará con este reino, mi santa. vendrán por usted.--


Unas trompetas sonaron y se empezaron a escuchar cientos de pasos apresurados hasta el carruaje.

ambas puertas se abrieron y tanto Itfis como la santa no se movieron ni un segundo.

El rey se asomó por las puertas del carruaje y tendió su mano hasta la santa.


-- Concédeme el honor de llevarte hasta dentro del palacio.--

-- ¡Como se atreve! -- dijo Itfis.-- Le falta el respeto a los dioses raptando el regalo de la tribu, será castigado por ello.--

-- Ten cuidado con tu pequeña lengua, mujer. -- Le dijo Blaz a Itfis.-- Dentro de Dalkos yo soy tu rey y puedo cortártela si te propasas.--

-- Tocar a una sacerdotisa de la tribu Gafga es un pecado letal, incluso hablar mal de ellas. Sus días están contados, Rey Blaz.-- dijo la santa.--


El quitó su mano y se apartó del carruaje.

cuando la santa salió,  vio cientos de soldados alrededor armados y esperando un ataque.


-- Usted mismo envía a sus soldados a la muerte.-- le dijo la santa. --

-- Mis razones son cientos de veces más valiosas que ellos.--


Blaz las condujo a ambas dentro del palacio, y le otorgó a la santa un unos magníficos aposentos dignos de su título. cerró la puerta con llave después de salir.

Itfis miró a su alrededor y condujo a la santa hasta la cama para sentarla, quitó su velo con delicadeza y luego el suyo.


-- Mi santa, ¿Cuanto tiempo estaremos aquí?.--

-- El destino actua de manera misteriosa y está vez se ha puesto en mi contra. no sé por qué soy el objetivo del rey y desconozco su propósito. puedo ver la fortuna de todos pero la de él...la de el no.--

-- ¿que puede ser, santa? no hay nada que usted no conozca en este mundo sin embargo le es imposible descifrar a ese hombre. incluso la espada Destructora de almas lo protege.--

-- La tribu actuará pronto y volveremos. no desesperes y esperemos pacientemente.--

-- ¿Y si te hace daño?.--

-- No lo hará, no puede.--