La novia del ogro

Summary

En un pueblo existía la creencia que si entrabas al bosque prohibido jamás saldrías de él ya que allí vivía un agro qué se comía a las personas, con forme el tiempo pasaba los pueblerinos ofrecían a jóvenes como una ofrenda hacia el moustro para que no se los comiera. Izuku fue el joven elegido para convertirse en la novia del ogro y calmar su sed de sangre.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

𝕮𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔 1

En un pueblo remoto existía un ogro que era el guardián del bosque.


Los aldeanos tenían prohibido el entrar a el, ya que si lo hacían serían devorados por el ogro.


Como una ofrenda para calmar la ira del ogro, cada cierto tiempo mandaban a una joven o un joven, el cual era de devorado por el ogro para que los aldeanos pudieran entrar al bosque a cazar o cortar leña antes de que llegara la temporada de invierno.


La gente rumoreaba de quién podría ser él o la próxima en convertirse en la ofrenda. Algunos creían que sería la señorita Ochako por ser una joven muy dulce y atenta con los demás, otros creían que sería el joven Kaminari de buen corazón y otros pensaban que sería el angelical Izuku. Fuera cual fuera el ser elegido, sería su sentencia de muerte. De nada les valía ser buenos o hermosos, ya que al final solo les esperaba un trágico final.


Nadie sabía cómo eran escogidos los jóvenes, solo que en la noche, cuando todos dormían, los jóvenes eran secuestrados y llevados al bosque.


Izuku estaba nervioso, al igual que sus amigos, ninguno deseaba morir y menos de una manera tan dolorosa como se decía. Los más ancianos siempre le decían a los jóvenes que eran "salvadores" por ayudar al pueblo.


—Si tanto dicen que es un honor ser elegido, ¿Por qué no son ellos lo que se ofrecen? — dijo Denki mientras pateaba una piedra.


—Eso es porque no son tontos, quieren hacernos creer que eso es lo correcto, pero ellos solo tienen miedo. —Hablaba la castaña. — ¿Qué piensas tú, Izuku?

¿Izuku? — llamó la chica.


El pecoso se encontraba viendo hacia el bosque, tenía miedo, miedo de ser escogido. Su madre se encontraba enferma y él era el único que podía cuidarla, no quería ser escogido por ese motivo. No le importaba el morir, solo le importaba qué pasaría con su madre si él ya no se encontraba.


—No deseo morir— dijo para sí mismo sin ver a los otros dos.


Kaminari observó los ojos acuosos del peliverde, y entendía su tristeza.


—Es mejor ir a casa y estar con nuestros padres. — habló Ochako. Ella realmente creía que sería la elegida, por eso ahora solo quería estar con sus padres. Se despidió de ambos jóvenes para irse a su hogar.


Izuku fue el último en irse. Al llegar a su casa, fue a la habitación de su madre, la cual estaba durmiendo, Besó su frente y acarició su mano, se acercó a su oído.


—Te quiero, mamá — la mujer abrió los ojos para ver a su hijo.


—Yo también te quiero, hijo — dijo ella con una diminuta sonrisa para luego cerrar sus ojos.


Izuku se quedó observando el rostro apacible de su madre, se sentía cansado y recostó su cabeza al lado de ella hasta quedarse dormido. Un ruido fue el que lo despertó.


Se levantó del banco, caminando haciendo el mínimo ruido.


Fue a su habitación donde escuchó el ruido, abrió la puerta haciéndola rechinar, entró al notar que no había nadie.


De un momento a otro su boca y nariz fue convierta con un trapo, se sentía mareado y, por más que intentaba zafarse del agarre, parecía en vano. Su último pensamiento fue el de mejor haberse quedado con su madre.


Al despertar, notó un velo el cual cubría su rostro. Bajo la mirada para ver el vestido blanco que llevaba puesto, sintió miedo y vergüenza al saber que lo habían desvestido.


Al levantar el velo, notó que se encontraba dentro del bosque. Había árboles por doquier, no había ningún rastro que le indicara qué tan adentro del bosque se encontraba.


Sus ojos esmeraldas se aguaron al caer en cuenta de por qué estaba en el bosque.


Quería huir y salir corriendo, pero sus piernas no les respondían como él quería.


Escuchó el crujir a unas ramas, quebrarse.


—¿Hay alguien ahí? — preguntó en un hilo de voz.


Por un momento solo se hizo un silencio sepulcral, el cual lo asustaba más, ya que ni siquiera se podía oír a los grillos cantar.


Se abrazó a él mismo al sentir una ráfaga de viento y ver cómo unas hojas se movían.


—Tal vez fue el viento — se dijo para si mismo, intentando calmar sus nervios.


Volvió a escuchar el crujir de las ramas y observó cómo unos arbustos se empezaban a mover.


El sol a penas y estaba saliendo, pero aun así eran tantos los árboles qué solo se podía ver la oscuridad y una espesa neblina.


Escuchó un gruñido desde su espalda, dudaba en darse la vuelta, pero no fue necesario al sentir una respiración en su nuca, el miedo era tan grande que su cuerpo se quedó paralizado.


No pudo más que gritar al sentir cómo su hombro era tocado por una gran mano que lo hizo desmallarse.

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