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Devon se pregunta si acaso ese niño no tiene un hogar. Siempre está ahí, fingiendo que ve los productos de los estantes, hojeando las revistas, comprando un par de cosas y aún así no se va. Incluso cuando no entra a la tienda se queda afuera, asomando su cabeza por el cristal, igual que una niña enamorada, Frunciendo el ceño cuando alguien más lo mira, haciendo muecas cuando otros niños igual a él se le acercan. No le molesta, es incluso divertido verlo, parece un cachorro celoso, intentado llamar la atención de su dueño.
Ahora sigue ahí, en un rincón, fingiendo que le cuesta elegir entre las galletas del lugar y es tan poco creíble porque Tyler no sabe cómo actuar.
Devon le devuelve la mirada un par de veces, sonriendo satisfecho cuando las mejillas del niño se sonrojan y aparta la mirada con la vergüenza pintada en su cara. Pero en esa ocasión siente que puede ir solo un poco más lejos, no hay nadie, no ha sido un día particularmente productivo y su única compañía es ese niño.
"Hey niño. ¿No quieres un par de caramelos?"
La pregunta suena extraña en sus labios, y Devon se regaña, eso suena justo a lo que diría un pervertido y no quiere asustar a Tyler, no cuando ni siquiera han empezado a jugar, sin embargo Tyler voltea, fijando sus ojos en él, sonriendo emocionado.
"¡C-claro!" Tartamudea, jugando nervioso con sus manos, acercándose al adolescente con timidez.
Devon piensa en lo dulce que es su voz, aguda y delicada. La clase de tono que solo un niño podría tener. No puede evitar pensar en el niño haciendo otro tipo de sonidos.
Su corazón da un hueco, mientras la sangre baja hasta su vientre. Se obliga a volver a la realidad, sacando un par de paletas de la vitrina, extendiendo su mano en dirección al niño. Tyler muerde su labio, mientras toma los dulces de la mano del chico mayor.
Devon sostiene por un par de segundos la mano del más pequeño, pasando sus dedos por la palma, intentando recordar la sensación. Las manos del niño son suaves, demasiado, y Devon se pregunta si acaso el pequeño nunca a jugado con la tierra.
El pequeño tiembla por el tacto, Devon apenas contiene una sonrisa cínica en sus labios, porque el niño está sonrojado, juguetando nervioso con la tela de su camisa, casi parece asustado. Devon quiere preguntarle si eso no era lo que estaba buscando, si no quería su atención.
Lo suelta, fingiendo desinterés, apenas volteando a ver al más pequeño después de eso, Tyler se queda frente a él, con una leve sonrisa nerviosa en los labios. Quitando la envoltura de la paleta, metiendo el dulce entre sus labios. Y esa simple acción luce tan vulgar.
Tyler parece no pensar en eso, la mera existencia del niño le parece vulgar, siempre vestido con shorts cortos que dejan ver sus piernas y la forma en la que se recarga en el mostrador, mordiendo su labio, haciendo lo que solo un niño cree que es atractivo para alguien mayor, necesitaría ser un estúpido para no darse cuenta de que le gusta a ese niño, a muchos en realidad pero Tyler es el único que se muestra descarado ante tal atracción.
Intenta llamar su atención de diversas formas, pide su ayuda cuando no alcanza algo, incluso si eso está cerca de él, roza sus manos cuando le paga. Es tan descarado. Por algo no huyó asustado cuando Devon le sostuvo la mano, ni tampoco se muestra incómodo ante la mirada acosadora que Devon tiene sobre el.
Devon no puede dejar de verlo, perdido en esos labios rosados que se han vuelto rojos después de chupar una de las paletas que le ha dado como regalo, sus manitas envueltas en el palo del dulce... Devon se siente mareado por el calor creciente en su vientre, y una punzada de culpa recorre su mente: no debe verlo así, no debe pensar de Tyler así... Es un niño.
Pero está seguro de que si en ese momento lo besara, el niño no pondría ninguna resistencia, se dejaría hacer, dejaría que lo guiará. Porque Tyler cree que es un adulto, se cree superior que los demás niños, y si Devon lo tocará no se asustaría, lo presumirá, dirá que es una muestra más de que ha crecido, de que es mayor.
La mera idea lo hace sonreír, sería tan fácil hacer algo, pero sigue en su trabajo, las paredes son de cristal, la puerta se podría abrir en cualquier momento, no tendría excusa si alguien lo ve besando a un niño.
Tiene que esperar, lo cual es una completa lastima. Porque no solo él lo desea, Tyler también lo hace. Luce tan dócil, parece que lo pide, sus mejillas sonrojadas, sus labios húmedos, el olor a shampoo de uva. Lo marea.
"Hey niño" llama. Tyler voltea "cuando termine mi turno, te veo detrás de la tienda"
Tyler revolotea sus pestañas en emoción, sus mejillas se sonroja aún más y asiente con frenesí. Devon apenas puede contener una risa.
Se va divertir tanto con ese niño.