Capitulo Único
Sus ojos recorren el delgado cuerpo bajo él, paseando sus dedos por cada costilla y lunar que alcanza a ver, apreciando con la punta de sus dedos cada detalle, se siente abrumado, tan lleno de esa deliciosa visión que le es imposible concentrarse en otra cosa que no sea su tío.
Los ruidos que salen de esos suaves labios lo marean, lo hacen desear morder esos hombros, esas caderas, dejar una huella en ese lienzo en blanco y provocar más sonidos así.
Pero debe contenerse, pues cada minuto que pasa embelesado con tal imagen, pierde más el control que tanto le ha costado obtener
Pues sostiene con fuerza las manos por encima de la cabeza su tío, en un intento de manejar los movimientos ajenos. Siente los huesos de las muñecas rozar las palmas de sus manos, y los huesos de las cadera contra sus piernas. Bruno no se trata de liberar, pues sabe que sería un intento fallido, pero claro que no hace más fácil el trabajo de Camilo, en realidad; lo complica todo
La cama rechina bajo ellos, la madera cruje y Camilo se tiene que detener un momento, pues lo último que quiere es alertar a Dolores de lo que está pasando en su habitación. Mira por debajo de él, apreciando por un momento su obra:
Bruno está en la cama, su ruana verde se encuentra levantada mostrando parte de su abdomen y el cabello negro cae con delicadeza por las sábanas, resaltando entre los colores claros de la tela, puede ver cómo el pecho del mayor sube y baja en una respiración acelerada, ansiosa.
Los ojos verdes de su tío no se apartan de él, en una súplica silenciosa, rogando por la liberación. Por la piedad por parte de su joven sobrino, pero no es la primera vez que pasa eso, Camilo cree que Bruno ya debería estar acostumbrado, pero la expresión de suplica en el rostro de su tío y el brillo de terror en sus ojos verdes le deja en claro que no es así.
Camilo suspira, sintiendo un ligero remordimiento, suelta las muñecas del mayor, para poder tocar esas suaves mejillas, tan lindas y llenas de lágrimas, brillan a la luz de la vela, resaltando ese tenue color rojo que han adquirido.
Los labios de su tío también están rojos, hay marcas de mordidas adornando la maltratada piel, ve moretones formarse en ellos, manchas de sangre cayendo por su barbilla, todo eso causado por él, pero no le preocupa, pues siempre podría robar sobras de la comida y fingir que nada había pasado.
Pues la comida de su tía funciona igual que la magia, todo rastro de los abusos cometidos se borran y lo único que queda es su tío; igual de frágil que siempre pero sin todas esas marcas que lo adornaban minutos atrás. Es una verdadera lastima, Camilo desearía poder apreciar mucho más los moretones, la sangre seca y las mordidas que ha dejado.
El castaño gruñe, molesto por la idea de ver desaparecer su obra antes del amanecer. Su agarre se hace más fuerte sobre el rostro del mayor causando que Bruno suelte un gemido de dolor. Camilo vuelve a mirra hacia abajo, acomodándose mejor por sobre su tío, separando las delgadas piernas y acariciando la piel descubierta.
La vista lo deleita, hace que sus pantalones se sientan aún más ajustados, desea romper la tela que lo cubre y tomar a su tío de manera brusca, sin preparación alguna... pero sabe que no puede ser tan brusco, no quiere que nadie más sepa sobre su pequeño secreto y eso significa no hacer mucho ruido en las noches, taparle la boca a Bruno con besos toscos o con algún pedazo de tela que encuentre en su habitación o incluso con su propia mano.
"Tío" murmura en el cuello del mayor, sonriendo al sentir el cuerpo bajo el temblar.
Las reacciones de su tío siempre son lo que espera, demasiado sumiso para defenderse y demasiado avergonzado para pedirle que se detenga o que continúe, porque si, su tío también es un pervertido, lo ha notado desde el inicio, pues así como a Camilo le gusta verlo suplicarle y llorar, al mayor le gusta ser tratado como un objeto.
"Estás siendo un buen chico" dice, acariciando con falsa ternura los cabellos negros "¿Quieres ser bueno para mí?" la pregunta suena maliciosa y hace que el mayor cierre los ojos casi al instante, asintiendo de manera desesperada y para nada natural.
No lo hace porque quiere, eso es algo que ha quedado en claro, pero Bruno también tiene la culpa de lo que está pasando. Siempre tan fácil de persuadir, tan fácil de acorralar, si el no quisiera, no estaría ahí en primer lugar.
Sus dedos rozan el pantalón ajeno, y puede escuchar un leve "no" en respuesta. Sin embargo las caderas del mayor se mueven contra él de forma insinuante. Camilo solo sonríe, dejando al descubierto por fin el cuerpo de su tío, admirando con obscura perversión cada detalle, fijándose en los suaves muslos.
Sus manos pican en ansia por tocar ese lugar, apreciando el tacto de la piel entre sus dedos, las cicatrices que se sienten contra él, las huellas de quemaduras, las heridas que aún no sanan y el calor no controlado que irradia de su tío.
Muerde la piel, clavando con fuerza sus dientes entre los sedosos muslos, disfrutando de la reacción de su tío, como se lleva las manos la boca para callar un grito de dolor, y como mueve sus caderas hacia atrás tratando de escapar de su sobrino.
"N-No hagas eso" dice Bruno entre un gemido y un reclamo. Sus mejillas se han sonrojado aún más, y su cabello se ha vuelto un total desastre.
"¿No?" Pregunta Camilo, sonriendo con malicia, mirando desde abajo la expresión del mayor, lamiendo el lugar donde mordió "Parece que te gusta, pervertido"
No deja tiempo para una respuesta, volviendo a morder el interior de los muslos, bajando sus labios hasta rozar la pelvis. Escucha un suspiro por parte de su tío y siente las piernas del mayor cerrarse ligeramente buscando más contacto, todo eso acompañado de ligeros susurros pidiendo que se detenga.
Pero son tan débiles que Camilo puede fingir que no lo escucha.
Le quema el deseo, la espera lo está atormentando. Abre las piernas del mayor, poniendolas sobre sus hombros, escupiendo sobre la rosada entrada, jugueteando con ella, acariciando de manera superficial con uno de dedos la sensible carne, masajeando la piel antes de meter sin mucho cuidado su anular dentro del estrecho lugar.
"¡Camilo!" chilla el mayor desprevenido por el movimiento, arqueando su espalda sin querer, apretando las sábanas de la cama con las manos.
El castaño levanta la ceja, espectante ante la reacción, moviendo sin mucho interés su dedo en el interior ajeno, agregando otro después de un tiempo, abriéndolos, dilatando la estrecha entrada lo más posible.
El adulto bajo él es un lío de gemidos, jadeando por más y aún así cubriendo su rostro con su brazo, tratando de ocultar sus propios deseos enfermos bajo esa máscara de rechazo.
"Tío" llama Camilo, sacando sus dedos, lamiendo los dígitos con hambriento deseo "mírame, quiero ver tus ojos cuando entre en ti" Sin embargo no recibe respuesta y eso lo molesta. "Escúchame cuando te hablo" gruñe, jalando el cabello negro sin cuidado alguno, levantando el rostro del mayor.
Bruno lo mira, los ojos verdes resplandecen, y el rastro de lágrimas aún recorre su rostro, empapando las largas pestañas, dándole un aspecto incluso más frágil. Su tío parece una muñeca rota en ese momento. Y eso solo causa que la líbido del castaño crezca aún más.
Con facilidad no propia de un chico de su edad, acomoda el cuerpo del mayor en la cama, jugando con el como si de una marioneta se tratara. Siempre disfrutando tener el control sobre las cosas, sabiendo que debe hacer para obtener ciertos sonidos y ciertas palabras.
Sus manos aprietan las caderas del moreno, obligándolo a moverlas contra él, buscando obtener esa deliciosa fricción que tanto le gusta, su miembro gotea, deseoso de entrar por fin en su tío, el tiempo se le hace eterno, y acompañado de un suave coro de "no" por sin se libera, muerde con fuerza en el hombro del pelinegro, dejando una marca roja y cierra los ojos mordiendo su labio; gozando de la estreches ajena.
Bruno solloza, su cuerpo se tensa en respuesta ante el dolor. La espalda del mayor se arquea, y las lágrimas escurren por sus mejillas.
"Duele..."
"No seas exagerado" susurra desinteresado.
Pero a pesar de su respuesta, Camilo no se mueve, esperando que la expresión adolorida de su acompañante desaparezca o baje aunque sea un poco. Su mano acaricia el pecho descubierto bajando hasta el miembro del pelinegro, dando leves caricias esperando que eso ayude a bajar el dolor.
La expresión de Bruno se relaja un poco, puede ver a su tío mordiendo su labio para acallar los suspiros que desean salir de entre sus labios. Entonces sabe que debe seguir, sus movimientos son rápidos, aprieta las caderas con cada embestida, enterrando sus dedos en la piel, despreocupado, pues sabe que las marcas se irán fácilmente.
En ese instante, se encuentra perdido en su tío, en sus reacciones, en los ruidos que el hace, pues incluso cuando Bruno pasa gran parte del acto pidiendo que se detenga, en ese momento ruega por más, arquea su espalda contra él y sus manos rasguñan la espalda de su sobrino debido al placer.
Y Camilo no hace más que disfrutar el interior de su tío siempre es tan caliente y lo recibe tan bien, incluso cuando sus embestidas son descuidadas con el.
Sonríe al sentir ese familiar calor en su estómago, satisfecho aumenta el ritmo de sus embestidas, buscando dar más profundo en ese apretado lugar, disfrutando los ruidos pecaminosos que salen de esa maltratada boca.
Goza hasta el último momento de su liberación, cuando termina dentro del interior ajeno, sintiendo como su tío se aprieta al rededor de él, tomando hasta la última gota de su escencia.
Bruno está temblando en la cama, con los ojos entrecerrados luce más destrozado que antes. Pues su cuerpo aún tiene los espasmos post orgasmo y las lágrimas secas le dan un aspecto desamparado.
Camilo siente incluso compasión por él.
"Lo hiciste muy bien" elogia sin pensarlo, pasando su mano por el rostro del mayor, acariciando con verdadero cariño.
El pelinegro no responde, solo se remueve en la cama cansando, tratando de cubrirse con su ruana, ocultándose entre las sábanas de la cama, fingiendo que nada paso igual que todas las veces.