Te amo, Crowley.

Summary

Fanfic AU de un final alternativo de la S2 de Good Omens.

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Capítulo único

Habían pasado cosas ese año, muchas cosas en las que no nos detendremos a pensar. Esa navidad fue salvaje y cuando Crowley con tres copas encima decidió que besar a Aziraphale (en un intento de decirle lo que sentía) era la mejor idea para cerrar ese día, terminó asustando al pobre hombre que sin decir nada a los dos días tomó un vuelo hacia América por un mes.


Crowley se la pasó bastante mal en esos días, decir que lloraba escuchando Los Tigres del Norte y bebiendo tequila y vino era poco.


Cuando Aziraphale volvió de América, se sentía mal por lo que había hecho, no asumir la responsabilidad y no responderle nada simplemente yéndose. ¿A quién se le ocurre no llamar ni escribir durante todo un mes?


Estaba en una subasta comprando libros raros para agregarlos a su librería, se la pasó bastante bien y a la hora de volver a Londres se dio cuenta de que Crowley y él estaban "disgustados".


Crowley levantó el teléfono de la librería escuchando la voz de Aziraphale, estaba en el aeropuerto y necesitaba que fueran a por él, el pelirrojo sin pensarlo más fue a por él, se paseó por todo el aeropuerto llamando la atención por su forma de vestir y caminar, al fin llegó a dónde estaba Aziraphale, sacándose las gafas.


— Aziraphale, he venido a por ti...


Crowley hizo un pequeño gesto con sus labios arrugando la nariz, se había paseado por todo el maldito aeropuerto sólo para buscar a Aziraphale. ¿Quién en estos días no tiene un teléfono móvil para comunicarse?


Ni siquiera sabía con exactitud a que hora había llegado, ¿se demoró demasiado en llegar? No, no debía preocuparse por eso, él y Aziraphale estaban disgustados el uno con el otro, no podía simplemente sonreír y dejar las cosas cómo si nada hubiese pasado.


— ¿Crowley? —bajó el libro observando al delgado hombre vestido de negro que estaba parado frente a él— Pensé que no vendrías por mi.


— ¿Qué? —rodó los ojos tomando la maleta del rubio—. Anda vamos, estoy seguro de que quieres llegar a casa.


El rubio se puso de pie siguiendo al otro, se sentía un poco responsable de todo lo que había pasado, había sido demasiado rápido y ni siquiera él lo había entendido.


Hacía un año tal vez, estaban cenando felizmente en el Ritz y luego en navidad justo dos días antes de su viaje a América, un Crowley borracho se abalanzó sobre él besando sus labios en un intento de confesar su amor, no salió bien, Aziraphale se asustó y decidió echarle la culpa al alcohol, fingiendo demencia al día siguiente y al Crowley recordar lo que hizo se indignó llamándole cobarde a Aziraphale por no enfrentar las cosas cara a cara.


En fin, discutieron y Aziraphale se fue un mes a América, regresando en febrero.


— ¿Cómo te ha ido en estos días? ¿Supiste cómo manejar la librería? —caminaron hacia el Bentley para meter la maleta de Aziraphale y ponerse en marcha.


— Muriel atendió muy bien la librería, es excepcional cómo asistente, aunque un poco emm, torpe —sonrió de medio lado observando por el retrovisor al hombre a su lado—. ¿Conseguiste el libro que querías?


— Oh vaya, estoy seguro de que lo hizo bien —sonrió un poco nervioso—. Sí... Conseguí unos libros... Oye Crowley, respecto a lo que sucedió antes de ...


— Aziraphale, ¿quieres parar a por unas crepas? —cortó las palabras del otro aparcando el auto.


— Por favor, querido.


El silencio se había vuelto incómodo, Crowley quería expresar correctamente cómo se sentía pero algo lo frenaba en seco, quizás el miedo al rechazo, definitivamente, era el miedo al rechazo.


Había pasado todo un mes llorándole al recuerdo de Aziraphale (que estaba en América en una subasta comprando libros raros) y cómo este se había hecho el desentendido, tumbado en los sillones de la librería, bebiendo cómo si no tuviese hígado, mientras Muriel se dedicaba a cuidar de que el flaquito pelirrojo llorón no se muriese de hambre y a la misma vez atendía la librería, a ella habría que darle un aumento.


Si bien estuvo deprimido por todo aquello, ahora intentaba superarlo y seguir adelante, no, no superar a Aziraphale, sólo superar que lo rechazó y seguir adelante con su plan de sí o sí hacerlo sentir arrepentido.


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Aziraphale estaba un poco nervioso aunque mágicamente no se le notaba, había entrenado horas frente al espejo para fingir demencia temporal ante cualquier pregunta respecto a lo que había pasado a finales de diciembre. No había sido su intención rechazarlo, estaba nervioso, no supo cómo actuar, estaba frente a un tipo ebrio que seguramente estaba desesperado por declarar sus sentimientos, y él sólo huyó.


Su primer beso había sido bastante extraño y la verdad no iba a pedir repetirlo, al menos no por el momento, primero se armaría de valor antes de actuar y hacerle frente.


La biblioteca estaba completamente limpia y con todo en orden, lo primero que hizo el ojiazul al entrar fue dirigirse a ver si aún estaban todos los libros en orden alfabético, suspirando aliviado al ver que sí.


Muriel entró sonriendo de forma tierna al ver a su jefe allí y corrió hacia él mostrándole las donas que había comprado.


— Aziraphale, acabo de comprar estas donas, ¿te apetece? —sonrió, brindándole lo que había comprado—. ¿Cómo estuvo tu viaje?


— Hola querida, gracias pero mejor guárdalas para ti —miró a Crowley salir a buscar su maleta—. Muy buen viaje, ven acá.


Mientras el de lentes oscuros entraba la maleta, el otro se llevó a Muriel a la trastienda para poder conversar con ella "a solas". Desde que la chica había llegado a sus vidas era cómo tener una hija adoptiva o algo por el estilo, la cuestión es que Aziraphale la veía cómo a una niña pequeña y esto sólo significaba una cosa, los niños pequeños siempre lo dicen todo, o bueno, casi siempre.


La chica abrió con demasía los ojos, quedando impresionada por cómo el otro se la había llevado de pronto a la trastienda, pensó que tal vez la iba a regañar o peor aún,  que la despediría.


— Señor Fell, le juro que Crowley jamás vomitó dentro de la librería —se apresuró a decir—. Es más, yo misma le palmeaba la espalda para que se sintiera mejor, y sostenía su cabeza.


— Muriel...


— ¡Ningún vecino puso denuncias por el ruido de la música! Nina y Maggie se ocuparon de que Crowley no hiciera de las suyas ebrio...


— ¿Pasó muchos días ebrio? —levantó una ceja observando a la muchacha.


— Ay sí, pero luego le dio un corte digestivo y tuvo que parar por una semana... —levantó la mirada con expresión de "no me regañes"—. Pero nadie se quejó, y no hizo alborotos con los clientes. No lo regañe señor Fell, él sólo tiene el corazón roto.


— Gracias Muriel, fuiste de gran ayuda —sonrió palmeando el hombro de la chica—. ¿Hacemos chocolate?


— Ay sí, por favor.


Más tarde ese mismo día Aziraphale se encontraba a solas en la librería, organizaba los libros que había conseguido y pensaba sobre cómo hacer para iniciar una conversación de disculpas con Crowley.


Invitarlo al Ritz no era opción, ya lo veía demasiado gastado, y no se le ocurrían muchas ideas a decir verdad, por lo tanto no tuvo más opciones que ir a pedirle ayuda a Nina. Se dirigió a la salida de la librería siendo detenido por Crowley quien salió casi corriendo de la trastienda al escucharle bajar las escaleras.


— ¿A dónde vas? —se recostó a uno de los estantes observándole a través de sus gafas—. Pensé que tenías cosas que ordenar.


— Acabo de organizar todo y... Crowley —alargó un poco el nombre ajeno, mirándole fijamente—. ¿Crees que me iré a América otra vez?


— Definitivamente no —intentó sonar seguro—. ¿Por qué me importaría?


— Acabo de llegar, y aquella vez me fui porque ya tenía reservado el pasaje —respiró profundo rodando los ojos—. No tiene que importarte, lo sé, pero si me necesitas estaré en la cafetería de Nina.


— Oh claro, espero no verte en un buen rato.


—... ¿Si sabes que estamos en mi librería eh? —le miró confundido, pestañeando varias veces—. Querido, vas a tener que controlar tus inseguridades o terminaré yendo a la locura junto contigo.


— Lo siento... Voy a dar un paseo en el Bentley, vengo más tarde.


Crowley se fue en el auto y Aziraphale por un momento pudo respirar mejor, se adentró en la cafetería de Nina quien en cuanto lo vio dio dos pasos hacia adelante apuntándole con la bandeja mientras observaba detrás de Azira comprobando que viniese solo, este acto dejó perplejo al rubio quién alzó ambas manos girando un poco la cabeza y mirando alrededor.


— ¿A caso tengo conmigo una bomba atómica? No regresé de Chernobyl querida —sonrió intentando parecer inofensivo.


— Dime que tu amigo gótico de pelo rojo no está por aquí —dijo frunciendo el ceño.


— Crowley fue a dar un paseo en...


— Ay, gracias a Dios, ese hombre no ha dejado de venir aquí a llorar desde que te fuiste —rodó los ojos terminando de limpiar las mesas—. Dime que ya le dijiste que sí y se van a casar y vivirán en una campiña inglesa... Lejos de nosotros.


— Señorita Nina, he venido a pedirle ayuda.


— Hasta que al fin aceptas que tienes problemas maritales con tu no_esposo_el_dramas, Crowley —sonrió apoyándose al mostrador—. Y bien, ¿en qué necesitas ayuda?


— Crowley es un dolor en el trasero, un dolor en el trasero al que sin dudas amo demasiado, pero ¡agh! Simplemente no puedo decirle —suspiró, dejándose caer sobre una de las sillas—. Usted me entiende, ¿cierto? Él ha estado allí desde hace mucho, ha estado de mi lado, fue mi único apoyo cuando nadie más estuvo, siempre ha sido él, y yo... Definitivamente no he sabido valorarlo.


— ¿Me dejas llamar a Maggie y así los tres hablamos? Estoy segura de que con ella podremos resolver las cosas mucho mejor —sonrió levantado el móvil para llamar a su amiga, la cual estuvo allí casi de inmediato sentada al lado de Aziraphale mientras palmeaba las manos del ojiazul


— Aziraphale quiere confesarse pero teme que Crowley lo rechace esta vez, así que necesita de nuestra ayuda para hacerlo bien, o al menos intentarlo porque sé que va a meter la pata si lo dejamos solo.


— Eso fue, bastante específico Nina, entonces querido señor Fell, ¿qué es lo que desea hacer con exactitud?


— Esa es una buena pregunta, la cual responderé —sonrió nervioso, tomando un poco de té—. Me gustaría comenzar con lo simple, saber si aún tengo oportunidad con él, luego me gustaría restablecer la confianza para que sepa que no voy a rechazarlo y que tiene oportunidad, para el final; una cita dónde le expresaré mis sentimientos.


— Oh, eso suena tan perfecto, ¿no es un poco, demasiado genial Nina? —Maggie dudó, dándole a la otra una mirada de "creo que está fumando hierba"—. Mr. Fell, creo que tendrá que trabajar mucho en ello.


— Quiero trabajar en ello, quiero decirle. En serio, ¡no estaba listo para decirle que sí! Él estaba medio ebrio, yo estaba asustado, me tomó desprevenido.


— Pensaremos en ello y mañana te diremos —Nina palmeó su hombro—. Mientras mantente tranquilo, y piensa de nuevo en tu plan.


Al rubio no le quedó más opción que volver a la librería y esperar. Preparó algo de cenar para dos con un ambiente bastante romántico, esperó, esperó, y esperó por largas horas hasta que Crowley decidió aparecer, no estaba ebrio y eso era bueno, le daba el chance al menos.


El delgado hombre entró con una botella de vino sellada en su mano izquierda, se adentró hacia la trastienda pensando en todo lo que había sucedido, ¿era bueno seguir al lado de Aziraphale? Se había llegado a sentir de una forma tan horrible muchas veces, ¿él molestaba en la vida de su amigo? ¿Estaba demasiado pegado a él, al punto de no dejarlo respirar? Se cuestionaba si en verdad era o no un estorbo en la vida del otro, lo amaba demasiado, lo apreciaba y deseaba todo lo mejor para él, pero no quería ser una carga.


Al entrar a la trastienda lo primero que sus ojos hicieron fue adaptarse a la poca luz que había allí, observó su entorno dándose cuenta de qué era aquello, ¿una cena a la luz de las velas? ¿Se fundió el bombillo? Aziraphale sacó la silla para Crowley sonriendo suavemente, haciendo confundir aún más al pelirrojo.


— Llegué —dijo entre dientes—. ¿Se quemó el foco?


— Bienvenido de vuelta querido, toma asiento —le empujó suavemente hacia la mesa, comenzando a acomodar la comida rápidamente—. Oh no, todo está en orden, cómo llegué justo hoy estaba pensando en hacer una cena de bienvenida, sólo tú y yo.


— Vaya, es muy lógico que seamos nomás tú y yo, nadie más vive aquí.


— Amm, si, a lo que me refería es... ¿Quieres oír un poco de música? ¿Qué vino te gustaría beber?


— Haz lo que desees y... ¿Podemos tomar del vino que tienes en la reserva? Ese me gusta mucho —por un momento olvidó sus pensamientos intrusivos y se dedicó a centrarse mejor en comer—. Vaya ángel, esto sabe delicioso.


— Seguro que sí querido —buscó y sirvió el vino, sentándose a la mesa para comer junto a Crowley—. Me esforcé preparándolo, espero que lo disfrutes.


— Oye, perdón por lo de esta tarde, sabes, no quiero molestarte y...


— No me molestas Crowley, creo que he estado exagerando muchas cosas —jugó con los cubiertos sintiéndose un poco culpable—. Dejemos atrás las cosas malas, ¿por qué no mejor nos centramos en el ahora e intentamos hacer bien todo?


Crowley detuvo el tenedor antes de meterlo a su boca, ¿hacer bien todo? ¿Centrarse en el ahora? Estaba diciéndole a caso, ¿qué olvidase todo? Crowley malinterpretó las palabras mal expresadas de Aziraphale, y este que no se dio cuenta, pensó que Crowley lo había entendido.


La cena fue silenciosa hasta el final, la música de fondo, sus respiraciones y el sonido de los cubiertos contra el plato era lo único que se podía escuchar allí, el rubio intentó hacerle llegar una que otra señal, las cuales eran tan malas que el de lentes oscuros no entendía, vamos, Aziraphale es horrible coqueteando. Al final, sólo se fueron a dormir cada uno a su lugar.


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Al día siguiente Nina y Maggie llamaron a Aziraphale para comenzar con un nuevo plan, muy decididas le platicaron sobre lo que habían hablado la noche anterior, todo parecía ir hacia arriba, más alejado del suelo y más cerca de las nubes, pero era mejor que el plan fallido de coqueteo que la noche anterior intentó con Crowley.


— Entonces lo invitarás a salir este día, se divertirán en el festival y luego te quiero el día catorce declarando tu amor.


— Suena tan fácil dicho así, ¿qué hago si me rechaza las citas? ¿Y si consigue pareja para San Valentín? —miró a las mujeres un poco asustado.


— Hombre, lo dudo —rió Nina, negando con la cabeza de forma divertida—. Escucha gordito, Maggie hará un evento especial, y ustedes estarán ahí, o yo los mato.


— Y ahí te confiesas señor Fell, o te lo llevas a la parte de atrás y te confiesas, o bebes y te le confiesas —sonrió tranquila dando un sorbo a su café—. Usted debe confesar su amor, ¿comprende?


— Claro, confesar mi amor —se levantó del asiento dispuesto a salir de allí cuando se replanteó si su "confesar" era el mismo que decían ellas—. ¿Cómo me confieso?


Ambas mujeres tomaron un profundo respiro mirándose entre ellas, Nina apretó su mano en un puño conteniendo sus ganas de pegarle un zape en lo que Maggie le tomaba del brazo acariciando su espalda.


— Tranquila Nina, él sólo es un poco lento.


— Dios dame paciencia, que fuerzas me sobran para matarlo —murmuró dando una palmadita en su muslo antes de ir a por una taza de café—. A lo que nos referimos Maggie y yo, señor Fell, es que usted debe hacerle llegar sus sentimientos, puede escribir una carta, comprar algún obsequio, regalarle chocolates, invitarlo a bailar.


— Lo de la carta suena muy elegante, escribir todo lo que siento, y los chocolates...


— ¿Van a vender chocolates? —interrumpió Muriel, mirándoles de manera bastante inocente.


— Sí, por Valentín —contestó Nina, viendo que la chica traía una nota con ella—. ¿Qué traes ahí?


— Oh, es para recordar lo que debo comprar.


— ¿Has visto hoy a Crowley? —preguntó Azira, poniendo un poco nerviosa a la joven—. Muriel, te preguntaré nuevamente, ¿has visto a Crowley?


Muriel sonrió esquivando la mirada, se observaba demasiado sospechosa a decir verdad, ambas mujeres le dirigieron una mirada a la chica y luego al hombre que le observaba  de una manera que gritaba "dímelo antes de que algo malo te pase querida".

Aziraphale le observó hasta que la muchacha soltó todo de golpe por la presión, una mirada silenciosa puede presionarte más que las palabras.


— Crowley fue a buscar un alquiler porque no quiere estar en la librería —contestó de golpe, suspirando y sonriendo—. Uff~ me siento mucho mejor ahora.


Todos guardaron silencio, Nina procedió a servirle a Muriel su orden y Maggie se deslizó hacia afuera diciendo que debía atender su tienda, el único que quedó allí de pie sin saber cómo reaccionar era Aziraphale, quien al final salió de allí rumbo a la librería pensando en qué hacer para evitar que Crowley se fuera de allí.


Había sido un poco egoísta y lo reconocía, pero también debían de tener en cuenta que no era su culpa del todo, torpe y despistado, no sabe cómo expresarse y le cuesta mucho interpretar a los demás y sus acciones, no entiende algunas cosas por más simples que sean, pero eso no lo hacía mejor y había estado pésimo irse todo un mes sin siquiera llamar y pedir disculpas, que no iba a arreglar nada pero era mejor que lo que hizo.


Crowley abrió la puerta de la librería dejando encima del mostrador unas revistas de apartamentos y alquileres. Estaba bastante tranquilo aquél día, se había acostumbrado a trabajar en la librería y a decir verdad le gustaba un poco esa vida tranquila. Había llegado a pensar que quizás si tenía una segunda oportunidad con su ángel, usaría todas sus cartas para tenerlo e intentar remendar las cosas.


Crowley le quería, sabía que no había sido el mejor con sus acciones, sólo quería tenerlo para sí mismo y disfrutar de una vida que él había planeado, y que pensó sin consultar, que sería la misma que deseaba Aziraphale.


Nadie era perfecto, y sobre todo, ambos se llevaban un poco del contenido del saquito de la culpa.


El pelirrojo de lentes oscuros se acercó a dónde su amigo estaba, se quitó los lentes y jugueteó con sus dedos carraspeando para llamar la atención del otro.


Con un pequeño sobresalto se giró Azira, cerró el libro en sus manos para dejarlo de vuelta en la estantería, acercándose un poco al otro.


— Estoy de vuelta —apretó sus labios desviando la mirada.


— ¿Cómo te fue? ¿Encontraste algo? —le observó, intentando conectar sus miradas—. Muriel me dijo...


— No he encontrado nada rentable, no te molesta que me quede un poco más, ¿verdad? —sus miradas coincidieron haciendo sonrojar un poco a Crowley—. Digo, si no te molesta.


— Oh querido, jamás me has molestado —abrió sus brazos yendo a abrazarlo—. No quiero que te vayas Crowley, quédate cuanto quieras, no tienes que apresurarte.


Crowley abrazó suavemente a Aziraphale sintiendo cómo palpitaba de fuerte su corazón, escondió su rostro entre el hombro y cuello del más bajo mientras agarraba su ropa, teniendo un momento reconfortante.


Los días comenzaron a pasar, entonces los planes que tenía Aziraphale se fueron conformando, la semana de Valentín era la indicada para todo esto, Nina y Maggie estaban alistando sus respectivas tiendas, decoradas con banderines en blanco, rojo y rosa con corazones de muchos colores, había mucha promoción por la semana de Valentín y todo se veía ajetreado en el Soho.


Lo primero que hizo Aziraphale esa mañana fue preparar un desayuno cómo nunca, llevándolo a la cama para despertar a Crowley, o más bien, al sofá dónde este estaba durmiendo, dejó la bandeja sobre la mesa de café, abrió las cortinas sentándose en la orilla del sofá y suavemente comenzó a despertar a Crowley, a la vista de Aziraphale este dormía de una forma encantadora y lucía divino.


Crowley tenía una de sus piernas estirada y la otra subida sobre el espaldar del sofá, las mantas estaban regadas por todo el asiento y el suelo, con un antifaz en su rostro para evitar la luz del día y así poder dormir más, un brazo colgando y el otro sobre su cara, el pelo bien alborotado, sin camisa, con el pantalón del pijama medio suelto, y si agregamos que duerme con la boca abierta y babeando, no era precisamente una divinidad verlo dormir.


Aziraphale zarandeó una vez más a Crowley y este se sobresaltó sacándose el antifaz de la cara todo sacado de onda, ¿qué pasaba allí? ¿Aziraphale se había vuelto loco? ¿Por qué lo despertaba tan temprano?


Miró a su alrededor sin notar algo especial o diferente, entonces miró a Aziraphale, pestañeando varias veces hasta asimilar que estaba despierto, frotó sus ojos mirándole confundido.


— Buenos días —se acomodó en el sofá—. ¿Qué sucede?


— Buenos días querido, hice el desayuno para tí —sonrió ofreciéndole la bandeja—. Sé que bebes vino desde temprano y que posiblemente no comes nada más que un trozo de pan, y cariño se que eso no es bueno para el estómago, la gastritis es...


– Ángel, ángel —interrumpió al rubio, observándole aún aturdido por acabar de despertar—. No tengo gastritis...


— Oh, querido se que no tienes gastritis, nomás hice el desayuno para tí, tómalo —empujó con suavidad la bandeja.


— ¿Preparaste el desayuno? Wow, se ve bueno.


— Cómelo, seguro te gustará.


Sonrió comenzando a comer, le gustaba el sabor de aquello y tenía hambre así que lo devoró enseguida relamiendo sus labios, Azira le observaba atentamente cómo si estuviese observando algo hermoso ante él, aún si no era así con exactitud, ahora con más entusiasmo puso la parte número dos del plan en marcha.


Juntó sus manos llamando la atención de Crowley quien dejaba a un lado la bandeja vacía quitándose las sábanas de encima, hizo una mueca de dolor al sentir una pequeña contracción en su espalda.


— ¿Sucede algo? Te ves un poco nervioso —alzó una ceja.


— No sucede nada, bueno si sucede —una risita nerviosa se le escapó, mirando alrededor—. Quería saber si podías ir conmigo a comprar unas cosas al centro comercial.


— ¿Era eso? Está bien, me cambio y vamos —se levantó tomando las sábanas para acomodarlas—. Aziraphale...


— ¿Si Crowley? —se giró con  la bandeja en sus manos.


— No estoy incómodo contigo, al menos ya no —bajó la mirada, doblando la manta—. Al principio sí, y mucho, pero eres mi mejor amigo, y te aprecio demasiado Aziraphale.


— Claro, y yo... También te aprecio, discúlpame por irme así y por decir que te perdonaba... Ahora lo pienso y, fue bastante estúpido de mi parte.


— Si fue muy estúpido, pero yo también lo fui, no estaba del todo sobrio y te ataqué de pronto. Perdón.


— Está bien, cuando termines vayamos a comprar, por favor.


Al rato ambos estaban en el Bentley camino al centro comercial, se notaba en cada calle todo el ambiente festivo por la semana de San Valentín, Crowley gruñó sintiéndose un poco crispado por la idea de verse rodeado en cosas románticas y parejitas comprando obsequios para el día 14.


Se aparcaron en el estacionamiento y a dónde primero se dirigieron después fue a una tienda de chocolates, lo que observaban las personas allí eran a un pachoncito y suave hombre rubio, vestido cómo si estuviese sacado de una película de época o algo así, y a un flaco de pelo rojo pirujo, con lentes negros y pantalones ajustados, era como ver a un cristiano y a un gótico caminar juntos cómo mejores amigos, o cómo una vieja pareja de casados. Nadie opinó al respecto.


Aziraphale escogía qué tipo de chocolates llevar, amargo, dulce, un poco cremoso, con leche, o blanco, con nueces o almendras, no sabía que le gustaría a Crowley pero tampoco quería preguntarle y ser demasiado obvio, observó de reojo al otro quién observaba los chocolates de colores y luego volvía la vista a los chocolates negros tradicionales.


— ¿Te gustan esos? Parecían gustarte más los coloridos —se acercó, viendo las barras de chocolate en colores.


— Es chocolate igual —guardó silencio, señalando un chocolate—. Ese tiene forma de oso...


— Si, compremos ese para ti, yo necesito otro tipo de chocolate — dijo, terminando por escoger unas barras de chocolate amargo y chocolate en colores—. Crowley, lo siguiente en la lista es comprar papel de envoltorio.


— Vayamos a la tienda de regalos, ¿deseas comprar otras cosas? —dio un vistazo al carrito de su amigo—. Parece que vas a tener una fiesta de chocolate con tanto chocolate.


— Pues, sí necesito más cosas —mordisqueó sus labios—. Si necesitas algo puedes ir y luego nos encontramos...


— Oh vamos, prometí que vendría contigo. No voy a irme.


Aziraphale sonrió de medio lado, el hombre a su lado le estaba diciendo que no iría a ninguna parte y eso le hacía sentir seguro. Siguieron con las compras, el envoltorio con patitos estampados, un listón azul, la tarjeta dónde escribiría, todo estaba en perfecta armonía y cuando terminaron las compras le invitó a un café, para compensar decía Azira.


El día transcurrió con tanta normalidad que daba miedo, Crowley no había podido pensar en nada más que en por qué el amor de su vida estaba comprando chocolates y envoltorios, ¿pensaba a caso dárselo a alguien? Esto le puso un poco de mal humor, ¿a quién le iba a dar chocolates? Porque jamás lo había visto con intenciones de regalar a nadie en Valentín, siempre se regalaban una barra de chocolate cada año pero de una forma tan disimulada que parecía una especie de "ten un poco de chocolate del que me sobró". ¿Por qué cambiaría ahora?


Decidió no darle más vueltas al asunto, pero le resultaba sospechoso todo aquél comportamiento de su compañero.


Mientras pasaban los días, Aziraphale llevaba a Crowley a diferentes lugares donde se celebraban actividades con el tema de San Valentín, primero a una tienda, luego a un restaurante, otro día fueron de picnic a un parque, y así lentamente hasta llegar el día catorce, oficialmente San Valentín. Si piensan que nuestro amigo de cabello rojo no se daba cuenta de las señales que Azira intentaba darle, aunque un poco torpes la mayoría de las veces, sí, Crowley si notaba las señales, pero le resultaban un poco extrañas.


Aziraphale se levantó de madrugada encerrándose en la pequeña cocina para comenzar a preparar el chocolate, tenía todo listo, mezcló, batió, derritió y moldeó todo, metiéndolo al congelador para que estuviese listo en la mañana. Limpió todo a gran velocidad y comenzó a preparar el desayuno desde temprano para no levantar sospechas.


Era el desayuno más romántico que podía existir, pancakes en forma de corazón con mantequilla y miel, pan tostado con jalea, dos vasos de leche chocolatada, una taza de café fuerte, algunas frutas rojas, el centro de mesa decorado con una rosa, una jarra de jugo de fresas y huevos con beicon, Aziraphale no sabía que iba a escoger Crowley pero preparó todo lo que a este le gustaba.


Abrió más ventanas, sacudió toda la cocina y terminó de poner la mesa, subió a bañarse rápidamente y despertó a su paso a Crowley, quien se levantó frotando sus ojos y mirando al rubio que bajaba ya limpio y acicalado.


— ¿Vas a salir? —rascó su espalda, bostezando—. ¿Me cambio y te llevo?


— No querido, no hace falta —puso sus manos sobre la espalda del otro—. Vamos a desayunar. Dime, ¿sabes que día es hoy?


— ¿Hoy? Ah, hoy tenía una cita con el casero de un apartamento —tomó asiento observando el desayuno—. Esto se ve genial, ángel preparas los mejores desayunos.


— ¿Sigues pensando en alquilar una pieza? —hizo un pequeño gesto con su boca, cortando los pancakes de su plato—. Pensé que ...


— Pues sí, duermo en un sofá en tu librería, a penas puedo cambiarme de ropa sin que Muriel me vea las nalgas, quiero vivir solo —dejó los cubiertos sobre el plato tomando un poco de café—. Oh vamos, no me mires así.


— Si, tienes razón —suspiró e intentó terminar su desayuno—. Crowley, he decidido arreglar todo entre nosotros, lo sé no he sido el mejor en estos años, pero quiero que sepas que deseo remediarlo. No quiero que salgas de mi vida, y me arrepiento por no haberme dado cuenta de ello antes.


— Pues que bueno, me alegra mucho que te arrepientas, es más, si te soy sincero ahora mismo —bebió un poco más de café antes de hablar—. Has sido la única persona por quien he hecho lo impensable, ¡mírame, soy tu maldito perro faldero! ¿Y tú qué? Sólo sabes decir "gracias Crowley por ser amable" "eres el mejor amigo que he tenido". ¿A caso alguna vez te detuviste a pensar que quizás había una razón para ello? ¿A tu mente no llegó la idea de que  yo sentía algo más? Ni siquiera pasó por tu mente...


— Lo sé, fui un idiota —bajó la mirada, un poco avergonzado ya que sabía que el otro decía la verdad—. Nunca pensé en tí como un beneficio Crowley, siempre fuiste mi mejor y único amigo, pensé que seguiríamos siéndolo por siempre pero, pensamientos intrusivos comenzaron a invadir mi mente, ¿y si en verdad me gustas, y si arruino una amistad de años, y qué tal si es mi imaginación y soy sólo yo, y si no es correspondido? Tenía miedo, y me asusté cuando me besaste desprevenido.


Crowley guardó silencio al escuchar al rubio, todo lo que este decía parecía lógico y convincente, Aziraphale nunca fue muy bueno al expresar sus sentimientos o pensamientos, aveces metía la pata o se ponía nervioso incluso para pedir la cuenta en una cafetería, cualquier cosa que tuviese que ver con salirse de su zona de confort lo ponía mal y Crowley lo sabía. No justificaba lo que había hecho, pero al menos se le entendía un poco mejor.


Azira se removió nervioso sobre la silla, movía sus ojos de un lado a otro evitando el contacto visual con su compañero mientras este le observaba, intentó volver a comer pero algo le detuvo, su apetito se había cerrado un poco.


— No creas que te perdonaré tan fácil —contestó Crowley, lamiendo sus labios retirando así la jalea del pan tostado—. Primero tendrás que demostrar que en verdad lo sientes.


Primero se crispó al pensar en que el de ojos ámbar no iba a perdonarlo nunca, ya luego se calmó un poco escuchando aquello, no le sería tan difícil a decir verdad, ya lo tenía todo listo.


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Nina sonrió al ver entrar a aquellos dos hombres de la librería a su tienda, saludó desde detrás del mostrador mientras estos tomaban asiento en el local, se acercó para tomar sus órdenes y sin esperar demasiado les dio el menú especial de San Valentín que según ella tenía incluidos el delicioso "postre de amantes" y un café "beso de Cupido".


— ¿Ya van a ordenar? —dejó una mano apoyada en su cintura—. Espero verlos participar en la actividad que organizó  Maggie.


— ¿Maggie? ¿Y de qué va? —Azira le observó esperando respuesta mientras Crowley leía el menú.


— Si, rentó un pequeño local, es algo así cómo, un juego para encontrar parejas —sonrió—. Es Valentín, ustedes saben que muchas personas no tienen pareja, es el momento perfecto para conseguirla ¿no cree señor Crowley?


— Ngk, quizás sí, quien sabe tal vez debería participar —levantó la mirada del menú, señalando lo que quería—. Quiero este.


— El beso de Cupido, es una buena opción —dirigió su mirada a Aziraphale—. ¿Y usted, que va a pedir?


— Un poco de paciencia a Dios —murmuró observando de reojo a Crowley, respiró profundamente y observó el menú—. Deme un café ligero y ese postre que está en promoción.


— Listo, enseguida traigo sus órdenes.


Aziraphale dudó por un momento analizando la situación, ¿por qué Crowley quería participar en aquella actividad? ¿Quería darle celos con alguien en específico? El pelirrojo chasqueó su lengua llamando la atención del otro que levantó la vista de inmediato.


Elevó ambas manos encogiéndose de hombros en señal de "qué te pasa" a lo que el otro jugueteó con la servilleta de la mesa, intentando responderle lo más tranquilo posible. Nina dejó los pedidos y se marchó, observando de lejos a la pareja que según ella, necesitaban más terapia que consejos.


— Podríamos probar suerte en la actividad que Maggie realizará...


— Aziraphale...


— Digo, dijiste que quizás irías, ¿puedo acompañarte verdad?


— Aziraphale —volvió a decir, siendo ignorado.


— Entiendo, seguro y quieres...


— ¡Aziraphale! —el rubio guardó silencio de inmediato observando al otro sacarse las gafas—. No voy a buscar pareja a ningún lado, no necesito eso. Nomás me gustaría ver qué está haciendo Maggie, además, vi el cartel fuera de su tienda y no abre hasta las ocho de la noche.


— Ah... Si querido, perdón por ser apresurado.


— Tu estás planeando algo eh, te veo demasiado sospechoso —alzó una ceja mientras Aziraphale succionaba el líquido con el absorbente.


— Nop —negó con la cabeza, haciendo al otro achinar sus ojos cómo intentando sacarle información—. Para nada.


— Eso espero angelito, eso espero.


Más tarde en la mañana luego de la fallida cita en el café de Nina, Crowley se dedicaba a mirar el techo tumbado en el sofá en lo que Aziraphale intentaba ponerse en contacto con Maggie para hablarle sobre  lo que habían planeado.


Un pequeño local había sido rentado, acomodado perfectamente para poder bailar, amplificadores para la música, largas mesas para el buffet, un bonito apartado decorado para tomarse fotos, los balcones estaban disponibles para que las parejas tuviesen un rato a solas sin muchas interrupciones, si bien todo parecía un buen plan (y lo era) Azira aún tenía miedo de arruinar todo, sentía que había arruinado muchas cosas ya y lo último que deseaba era arruinar su confesión ese día.


A pesar de que el rubio le había pedido a Crowley que estuviese allí todo el día, este ya tenía una cita para ver unos departamentos por lo tanto tuvo que irse dejando solo a su amigo, mientras conducía el Bentley pensaba en las posibilidades de confesarse otra vez (dado que la primera vez no salió muy bien y ni siquiera le dijo "me gustas") o esperar a que Aziraphale se declarase primero.


Si hacemos un resumen de lo que sucedió para llegar a este punto, sólo podemos decir que pasaron muchas cosas confusas en sus vidas y no supieron comunicarse cómo adultos que son, por lo tanto terminaron en una situación que les obliga a tomar responsabilidad sobre sus acciones. Y si bien Aziraphale estaba nervioso y listo para confesarse, Crowley estaba ansioso y listo para embriagarse una vez más y ser rechazado.


Ya llegada la hora de la fiesta que Maggie había organizado, Aziraphale tenía escondida en un bolsillo de su gabardina la cajita con el chocolate para Crowley, ambos estaban allí viendo cómo muchas parejas y amigos bailaban, bebían y comían, otros conversaban o sólo estaban sentados a las mesas de la esquina haciéndose ojitos.


Con su típico outfit negro, Crowley se paseó elegantemente por el lugar tomando una copa mientras observaba las melosas parejas aborreciendo cada momento allí, decidió hacer de DJ y poner un poco de buena música mientras su amigo aparecía, minutos antes se había ido a buscar algo dejando a solas a Crowley.


Aziraphale se armó de valor para el siguiente y probablemente último paso de su plan, tomó una o dos copas y salió del pequeño baño, la fiesta en este momento estaba en su mejor punto, ver a Crowley cómo el DJ le dio un poco de ternura y gracia, muchas personas le habían rodeado para bailar o pedir canciones, Aziraphale le saludó desde donde estaba, Crowley se dió un trago de cerveza, levantó su vaso plástico a modo de saludo sonriéndole.


El rubio se deslizó por el lugar dándose su tiempo para llenarse de valor, habló un poco con Maggie y cuando por fin Crowley bajó de allí y estuvo a solas, Aziraphale fue hacia él muy decidido y con la mentalidad de que nada se interpondría en su camino, o eso esperaba.


Sonó una campanita y todos observaron hacia dónde Maggie estaba parada, tomó el micrófono saludando a todos.


— Buenas noches queridos invitados, es un placer tenerlos aquí a todos ustedes, antes de seguir me gustaría informarles que comenzaremos ahora mismo y por treinta minutos una pequeña actividad —tomó de la mesita de al lado una caja de chocolates mostrándola al público—. Podrán confesarse a la persona que les gusta, regalarle a su pareja o quién sabe, encontrar un compañero en esta actividad, sólo tomen una caja y confiesen sus sentimientos. ¡Feliz San Valentín!


Todos en el lugar comenzaron a moverse, unos tomaban una caja de las que había en la gran mesa, otros regalaban la que ya habían llevado y así, Aziraphale buscó con la mirada a su amigo pero no lograba verlo, se movió de aquí para allá hasta que lo vio salir a uno de los balcones, sonrió metiendo la mano en el bolsillo de su gabardina para tomar la cajita con chocolate, estaba emocionado por confesarse, así que cuando se paró en la puerta del balcón y observó a una mujer intentando confesarse a Crowley, lo único que pasó por su mente fue "yo debía ser el primero".


Crowley salió a tomar un poco de aire fresco y de paso fumar un cigarrillo, no sabía que en aquél balcón ya había otra persona, una mujer que desconocía y a la cual no le prestó mucha atención. Digamos que mientras fumaba a esta mujer se le ocurrió la grandiosa idea de ligar con él porque no había mucha gente soltera en aquella fiesta a quien ligarse.


Deslizó sus gafas por el puente de su nariz observando a la que ahora intentaba decirle que era guapo y que si estaba soltero, ambos se sorprendieron al escuchar la puerta abrirse.


— Disculpa, él y yo intentamos hablar —sonrió la mujer, observando al hombre que acababa de entrar—. Si no te molesta.


— El caballero al que usted intenta llevarse, es mi compañero, ha venido hoy conmigo, si no le importa ¿podría retirarse? —Azira le devolvió la sonrisa mirándola fijamente de una manera que decía "déjanos solos o te van a pasar cosas malas"—. Por favor.


— Ah, discúlpenme —procedió a entrar a la fiesta, dejando solos a ambos.


Aziraphale se mantuvo en silencio por varios segundos, un poco avergonzado por lo que había hecho, Crowley le observaba incrédulo ¿qué mosca le picó? Justo en el momento en que Crowley fue a decir algo, su amigo le interrumpió.


— Sé que hice muchas cosas mal, pero no voy a decirte que mereces a alguien mejor —rebuscó en su bolsillo hasta sacar la cajita con el envoltorio extendiendo este hacia Crowley—. Te amo Crowley. Yo me esforzaré en ser ese alguien mejor, ahora, ¿me darías la oportunidad de ser tu pareja?


— Aziraphale... ¿Qué? —abrió sus ojos con demasía observando lo que su amigo le brindaba—. Vaya, esperaba cualquier cosa menos chocolates y una confesión.


— Puedes rechazarme si eso quieres, pero come el chocolate, quedó muy bueno.


— Demonios Aziraphale, ¿por qué eres así? Jodidamente tierno, aunque aveces das miedo —admitió tomando la caja, procedió a sentarse en el banco palmeando a su lado para que el otro tomase asiento—. Hiciste un gran trabajo, el chocolate es bueno... Aunque, un pato, ¿en serio?


Ambos rieron despreocupados, el pelirrojo mordió un trozo del chocolate saboreando este en su boca, el ojiazul le miraba esperando una respuesta, le estaba dando ansiedad el que su amigo no le contestara su confesión. Jugueteó con sus dedos mirando fijamente al suelo, la mano de Crowley se posó en el hombro ajeno para llamar su atención, Aziraphale levantó la cabeza y sus miradas se encontraron, extendió sus manos quitándole las gafas al de ojos ámbar, este sonrió.


Su mano apretó el agarre en la ropa de Aziraphale empujándole hacia él para así unir sus labios en un beso, el segundo beso de Aziraphale y Crowley tenía un sabor a chocolate, una mezcla entre amargo y dulce, un poco suave y a la vez cremoso.


Azira dejó sus manos sobre los hombros ajenos en lo que Crowley tomaba su mejilla profundizando el beso. Se separaron cuando necesitaron aire y ambos esquivaron la mirada con una sonrisita dibujada en sus labios.


— ¿E_eso fu_ue un sí? —tartamudeó un poco, observando a su compañero de reojo—. Porque de ser así, me gustó tu respuesta.


— Definitivamente, fue un sí.


El rubio río bajo tomando la mano de su pareja con algo de timidez, respiró profundo intentando ser más preciso en su comunicación.


— ¿Ya no vas a mudarte verdad? Digo, ahora soy tu pareja, puedes quedarte a vivir para siempre conmigo.


— Siendo sinceros, no se cuánto dure nuestro para siempre, no hablo de que nuestra relación dure uno o dos años, hablo de nuestras vidas —respiró profundo, observando a Aziraphale—. Quiero que vivamos en un lugar para ambos, que sea de ambos, lejos de lo que conocemos, sé que cuesta adaptarse a algo nuevo, pero quiero construir un hogar desde cero contigo... ¿Qué opinas?


— Podemos hacerlo, Crowley, quiero hacer todo lo posible para que ambos estemos juntos mientras vivamos —sonrió, pegando su mejilla al hombro ajeno—. Sólo se que te amo, quiero que hagamos muchas cosas cómo pareja a partir de ahora.


— Suena muy tentativo —sonrió dejando un beso en la frente de su compañero.


Esta vez Aziraphale dejó un pico en los labios de Crowley, sonriéndole y uniéndose así en un abrazo, comunicación, apoyo mutuo y amor, seguramente a partir de ahora nada de eso les faltaría, ya estaban juntos y estaban seguros de que nada los iba a separar.


Esa madrugada, Crowley se levantó de la cama rumbo a la cocina para beber agua, observó el envoltorio dónde iba su chocolate y le llamó la atención el papelito que sobresalía, era un carta.


Mi querido Crowley:


Llevo muchos años sintiendo cosas por tí, no me atrevía a ser sincero, tenía miedo a ser rechazado, a que pensaras que era raro, o simplemente era yo el cobarde.

Verte lleno de valentía aquél día en el que me besaste me hizo darme cuenta de dos cosas que ya sabía; el amor sucede de forma inefable, y yo realmente te amo, mi amor por tí es inefable.

No sé si nosotros podremos estar juntos, no sé si rechaces mi confesión o si mañana seamos pareja, sólo sé que te amo, Crowley, eres el único para mí.


           Con amor. Aziraphale.


— ¿Se te quitó el sueño? —preguntó Aziraphale medio dormido entrando a la cocina, frotaba sus ojos vistiendo nomás su camisa y unos boxers—. ¿Qué haces?


— Nah, vine a por un poco de agua, ¿y tú? —guardó la carta en dónde mismo tomando la jarra de agua, sorprendiéndose al Aziraphale abrazarse a su espalda—. ¿Aziraphale?


— Pensé que te habías ido y me dije ¿estoy soñando? —frotó su mejilla contra la espalda desnuda de Crowley—. Gracias a Dios no es un sueño.


— No es un sueño cariño —se giró, besando los labios ajenos mientras abraza a su pareja—. Estoy aquí.


Aziraphale sonrió, bebió un poco de leche tibia con chocolate y ambos volvieron a dormir juntos, como muchas otras noches después de esa.