Prólogo

Qué rico te ves, pero te verías mejor encima de mí.
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Matías estaba obsesionado, MUY obsesionado.
Bajaba por el perfil de Instagram de ese omega, sin darle me gusta a ninguna foto. Él no podía saber que lo stalkeaba, o se le acabaría el jueguito. Enzo había sido muy claro al pedirle que se mantuviera alejado, porque era aterrador que lo siguiera a todas partes. No tenía la necesidad de seguirlo personalmente, con el rastreador que le puso a su teléfono y la infinidad de cámaras que instaló en su departamento bastaban. Tenía la ubicación de Enzo en tiempo real y vista magistral a su cuerpo desnudo.
Fue idea de Kuku instalar cámaras en el baño. Matías no estaba tan enfermo, tenía un mínimo respeto por la privacidad de Enzo, pero no podía decir que no. No se arrepentía ni un poquito.
Después de recibir el mensaje, Enzo miró a su alrededor, aterrado. Eso divirtió a Matías. Parecía un cervatillo a punto de ser atropellado en medio de la carretera, con los ojitos iluminados por las farolas de un auto.
Se desabrochó el pantalón y sacó su muy erguido falo. Estaba duro, llevaba un rato mirando a Enzo bañarse. Incluso el omega se masturbó durante su baño, metiendo y sacando sus largos dedos dentro de ese hermoso coño. Matías moría por un día enterrarse allí, anudarlo, llenar su barriga de cachorros y jamás dejarlo salir.
Ahora bien, para eso aún faltaba mucho tiempo, Matías debía planear bien sus movimientos y Enzo por fin sería sería suyo.