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Acto uno.
La confesión de un adolescente.
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Aquél día Aziraphale ni siquiera pensaba tener que lidiar con las mañas de un adolescente, ser profesor de Lengua Inglesa jamás había sido difícil, ¿cuáles eran la probabilidades de recibir una confesión de parte de su alumno? Crowley no era un mal muchacho, tenía buen recorrido en casi todas las materias excepto en la suya, esto le hacía molestar porque él era un buen profesor.
Enviaron al jovencito al despacho del profesor de lenguas para recoger unas notas, y Crowley sin protestar enseguida estuvo metido en aquél lugar comiéndose con la vista a su profesor, desde inicios de curso le había visto y algo le hizo pensar; "¿no es un hombre bastante sexy?". El muchacho no tenía pelos en la lengua para decir lo que pensaba, muchas veces le dejaba notas entre sus registros al mayor aunque al parecer este nunca las leyó, lanzándole miraditas y sonrisas, o uno que otro guiño por los pasillos, nomás el profesor no lo captaba, o no quería prestarle atención.
— Señor Fell, vine a recoger las notas de mi clase —anunció entrando mientras cerraba la puerta detrás suyo.
— Anthony, bienvenido —le contestó sin dejar de escribir en el registro—. Puedes tomar asiento, enseguida te atiendo.
— Gracias, ¿ha tenido un día ocupado? —sonrió de medio lado dejando la mochila en el sillón, parándose junto a la ventana—. No he podido verle hoy.
— Algo, aveces es un poco estresante —contestó terminando de escribir para rebuscar en el cajón las notas—. Hoy no tenía clases con tu salón. Por cierto, deberíamos hablar de tus notas, ¿por qué siempre son tan bajas? ¿Qué no te gustan mis clases, necesitas que te asigne un tutor?
— ¿Usted siempre es tan sexy así? Cuando no está en clases, ¿siempre remanga su camisa y deja a un lado el saco, también afloja su corbata o corbatín? —exploraba cada detalle, deleitado con tan poco—. ¿No es demasiado tentativo para los alumnos? ¿O será solamente a mí que me hace querer caer?
— ¿Disculpe? —rió, suponiendo era una broma—. ¿Eso que tiene que ver con mis clases y sus notas?
— Que usted me gusta, profe Aziraphale, ¿así o tengo que ser más claro? Que sus ojos me pierden, y cuando veo sus manos fuertes me hace pensar en todo lo que podría hacer con ellas en mi cuerpo, no me concentro en sus clases pensando en cómo se sentirán sus besos, ¿no es así como se siente una persona enamorada? ¿Nunca me has mirado y ha pensado en mi de esa forma?
Aziraphale dejó lo que hacía mirando confundido a su alumno, quien al lado de la ventana y sin acercarse demasiado había dejado caer una bomba. No hicieron falta muchas palabras, una sonrisa divertida y una frase tan simple acababan de hacer dudar al mayor.
— ¿Sabes lo que estás diciendo jovencito? —soltó una risita—. Primero que nada; a penas saliste de la primaria, no puedes venir al despacho de tu profesor y soltar esas palabras. ¿Que jueguito estás tramando? No te voy a subir las notas eh.
— Jaja, no salí de la primaria, tengo dieciocho años, estoy a punto de graduarme aquí —dijo como si fuese lo más chistoso—. Y no es una broma, le hablo en serio, subirme las notas ya depende de usted cuando vea mi progreso.
— Tch, señorito Anthony, salga del despacho de su profesor —ordenó molesto.
— ¿A caso no cree en las palabras de un muchacho como yo? ¿O es que nunca se le confesaron?
— Anthony, fuera.
El jovencito se acercó rápidamente al buró del profesor apoyando ambas manos en este, inclinándose hacia el otro quien no se movió ni un centímetro, Aziraphale no se dejaría intimidar por un alumno. La tensión creció mientras sus ojos danzaban haciendo el mismo recorrido que el otro, la delgada mano de Crowley acarició su antebrazo y Aziraphale le fulminó con la mirada.
— Crowley —gruñó a modo de advertencia—. Tu mano.
— ¿Debo repetir mi confesión? ¿O ya entiende usted lo que siento? Cada vez que le veo algo despierta en mi, la forma en que mueve sus labios al dictar esas largas clases que se vuelven entretenidas sólo con usted, como me pierdo en su mirar, o cuando sonríe, aunque rara vez lo haga, sus regaños pidiendo que preste atención, y la vez que me envió a la pizarra, su mirada posada sobre mi —se acercó un poco más a su rostro, comenzando a susurrarle al oído—. ¿Sabe usted los deseos que ha despertado en un adolescente? No podría imaginar lo que hago en las noches.
— ¡Anthony Crowley! —exclamó con la respiración algo agitada, apartándose de él se puso de pie yendo hacia la puerta del despacho, en su rostro se notaba un suave rubor—. Salga de aquí inmediatamente.
El muchacho recogió su mochila acercándose al profesor quien aún no abría la puerta, sin que Aziraphale lo viese venir la mano de Crowley se posó agresivamente en su pantalón, logrando así palpar y apretar su entrepierna, notando la erección que a penas crecía dentro de estos. El joven sonrió triunfante en cambio su profesor le dio una agresiva mirada, Crowley levantó su mano colocando la misma en el picaporte, apretó este abriendo la puerta.
— Reconsidere mi propuesta, yo podría ayudarle con eso en cualquier momento —guiñó un ojo, sonriente.
— Olvídalo, sal de aquí antes de que definitivamente baje tus notas a cero —intentó amenazarle, clavando sus ojos en él.
— No me da miedo, profe —sonrió—. Usted y yo tenemos mucho tiempo aún, conseguiré que me haga caso, ¿dudas de mi?
— Yo jamás he dudado de las capacidades de mis alumnos, especialmente de tí, pero debes entender que es una locura lo que propones, Anthony por favor a menos que sea un problema real, una discusión con alguien del salón o problemas en tu casa, no vengas más a mi despacho. Sonsacar a un profesor no es moralmente correcto, y acostarse con un alumno podría llevarme a la suspensión, piense que el daño viene para ambas partes.
Dicho esto cerró la puerta apoyándose en ella mientras respiraba para calmar su cuerpo, maldiciendo por lo bajo por como había tenido una erección así, jodido adolescente hormonal, "¿a quién se le ocurre meterse con alguien que bien podría ser su padre o tío? ¿Qué no tiene una figura paterna?"
Fue el único pensamiento de Aziraphale, pero ahora no podía si quiera pensar en aquello, él tenía una erección así que era culpable por haber dejado a su imaginación irse demasiado lejos. Bajando las escaleras Crowley celebraba haber logrado su cometido, o por lo menos una parte de este, ya vería como hacer que Aziraphale terminara a sus pies.
Seguro que los pensamientos del mayor cambiarían, no sólo estos, sus sentimientos y la manera de ver a Crowley, todo estaba a punto de cambiar.
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Acto dos.
Problemas en casa.
Si tan sólo hubiese llegado tarde aquél día nada hubiese sucedido, no habría una ambulancia frente a su casa, ni policías tomando nota, los vecinos se hubiesen mantenido en sus casas sin lanzar miradas ni susurrar comentarios, si tan sólo hubiese llegado tarde como cada día...
Una mano se posó sobre el hombro de Crowley quien soltó el vaso plástico sobresaltado, aún asustado por lo sucedido, el policía le sonrió intentando ganarse su confianza, el joven suspiró aliviado, sentado en la orilla de la ambulancia mientras veía como metían a la patrulla a su padrastro. Una vez estuvo a solas en aquél lugar y la enfermera terminó de limpiar la sangre en su rostro, unos oficiales comenzaron a hacerle preguntas.
Hacía dos años había muerto su madre, Crowley quedó al cuidado de su padrastro quien todos sabían era un horrible hombre, nunca estaba en casa y cuando estaba siempre era borracho, nadie del vecindario lo quería y Crowley detestaba a aquél hombre con todo su ser. Estaba alegre de que al fin lo metieran a la cárcel, ya no tendría que escuchar otra vez sus gritos, ni los gemidos de las prostitutas que llevaba a casa, así podría asistir con normalidad a la escuela sin tener que faltar por los moretones recibidos durante los ataques de ira de ese sujeto, Crowley sintió libertad.
Ahora vivía con una tía que le trataba como un ser humano, ya no habían tantos problemas, era un adolescente chistoso y risueño, tenía amigos y estaba en su último año de preparatoria.
Era sólo un chico enamorado de su profesor.
— Crowley, te estoy hablando, ¿me estás prestando atención? —le llamó una vez más Dagon.
— Lo siento, ¿qué decías? —preguntó alejando su mente del pasado—. Estaba distraído.
— Pude notarlo, todos pudimos notarlo, te preguntaba si querías ir a un concierto.
— Ah, ¿cuando es? —deslizó su mirada hacia la puerta del comedor escolar, por donde entraban los profesores.
— El fin de semana, ¿a donde miras? —preguntó Hastur, soltando una risita al ver que Crowley miraba a los profesores—. Creo que a nuestro muchacho le gusta la profesora de Historia.
— ¿Qué? Ni de broma digan eso, iugh —hizo una mueca, viendo como otra compañera de aula se sentaba con ellos—. Sólo estaba pensando que nuestro profesor de Lengua Inglesa tiene un estilo de vestuario particular.
— Agh, ese señor me tiene cansada —comentó Gema, sorbiendo su bebida—. Me pone malas notas y me regaña en todos los turnos.
— Es porque te la pasas con el móvil y nunca atiendes —le recalcó Ligur, rodando los ojos—. Además la otra vez llegaste tarde y le contestaste en mala forma, claro que sacarás malas notas.
— ¿Por qué lo defiendes Ligur? A Crowley también le pone malas notas, no soy la única.
— Hey, no me pone malas notas, soy yo quien saca malas notas por no prestar atención —intentó defender al profesor, y todos le miraron bastante asombrados—. ¿Qué? Lo mismo le pasa a Furfur con Shax en matemáticas.
— Es cierto, los profesores no ponen malas notas, nosotros sacamos malas notas —resumió el antes mentado, mirando mal a la chica—. Además no estabas incluida en la conversación, no seas metiche.
Nadie más dijo algo, todos cambiaron de tema terminando su almuerzo, a Gema no le quedó de otra que guardar silencio y terminar rápido para marcharse.
Aziraphale miró las ofertas del día no muy convencido, hubiese traído el almuerzo de casa si tan sólo hubiese hecho la despensa el día anterior, Gabriel le alcanzó una bandeja preguntándole si escogería algo del menú, no recibiendo una respuesta de parte de su compañero de trabajo. Este miraba de reojo hacia la mesa donde el bonito pelirrojo y sus amigos estaban sentados.
"Míralo tan tranquilo, y hace unos días se me confesó". Pensó él, suponiendo que aquello había sido al final un mal chiste, que mal chiste agarrarle el entrepierna a tu profesor.
— Los adolescentes son así, hormonales como bestias, ¿qué vas a ordenar?
— ¿Cómo? —Azi creyó que había dicho algo en voz alta—. Lo siento Gabriel, ¿qué decías?
— Los adolescentes, son bestias salvajes, ¿no es lo que pensabas al mirarlos?
— Ah, si eso... Bestias —murmuró—. Ah, tomaré el segundo almuerzo, ¿aún queda postre?
— Tarta de naranjas —dijo la señora del comedor—. Es lo único que queda.
— Oh, que pena, entonces sólo tomaré el almuerzo y una fruta —sonrió tomando una manzana para seguir adelante con su bandeja de almuerzo.
Gabriel y él pasaron junto a la mesa donde Crowley y sus amigos estaban, ambos profesores charlaban sobre el almuerzo de aquél día, Gabe protestaba por los malos postres y Aziraphale se quejaba de lo rápido que se acababan los que si eran buenos.
— Lo peor es que hoy había una tarta especial de chocolate y no me dio tiempo a tomarla, que decepción.
— ¿Te gusta el chocolate Aziraphale? —preguntó Gabriel, tomando asiento—. Hace poco abrieron una tienda donde venden de todo tipo de chocolate, deberías ir.
— Eso suena genial, pero no sé donde es.
Crowley se levantó rápido agarrando su bandeja para poder pasar junto a la mesa donde su profesor estaba sentado, había escuchado parte de la conversación y se dijo a si mismo que era su oportunidad. Se detuvo al lado de la mesa mirando a ambos profesores, ellos le devolvieron la mirada y Crowley extendió su mano tomando la manzana de Aziraphale.
— Yo me llevaré su fruta, en cambio puede quedarse con mi pieza de torta, no me gusta lo empalagoso —mintió dejando su platillo con el trozo de tarta de chocolate, que por suerte no había comido—. Por cierto, yo sé donde queda esa tienda de chocolates, cuando quiera puede preguntarme.
Siguió de largo haciendo que los adultos quedasen boquiabiertos, ¿eso fue una escena de celos? ¿Intentaba marcar territorio? Gabriel miró con rapidez a su amigo y este clavó la mirada en su bandeja comenzando a comer para no darle explicaciones, aunque esto no detuvo al otro.
— ¿Qué fue eso? ¿No es tu alumno Crowley? ¿Qué tan bien se llevan ustedes dos?
— No es lo que piensas, él tiene bajas notas, seguro quiere convencerme de que las subas —mintió sintiéndose arrinconado—. Claro, eso no va a pasar.
— Ah, entonces el postre es un tipo de soborno —sonrió, sabiendo que el otro mentía—. Si yo lo tomo no te verás en la obligación de ...
— Oye es mío, él me lo dio —protestó acercando el platillo a su bandeja—. Búscate el tuyo.
Gabe rió ante la acción de su amigo, quién una vez terminó de comer todo, incluido el trozo de tarta, se levantó dejando a solas al otro para irse a su despacho. Su sorpresa no fue menos cuando encontró a su alumno esperando por él frente a la puerta, llevaba los auriculares puestos y parecía distraído, podía notar que estaba muy delgado, siempre era alegre pero se veía nostálgico la mayor parte del tiempo.
Desde que se le había declarado no paraba de verlo o encontrarlo por todos lados, en sus turnos de clases, incluso en cualquier otro lugar, parecía que coincidían hasta por obra del destino. Aziraphale le tocó el brazo y Crowley giró rápidamente la cabeza, sonriendo al verle se llevó los auriculares al cuello pausando la música.
— ¿Te gustó la tarta?
— Si, gracias por eso —contestó abriendo la puerta—. Adelante pasa, ¿no me esperabas?
— En efecto, esperaba por tí, con permiso.
Sonrió adentrándose al despacho, el mismo fue cerrado con llave mientras Aziraphale tomaba asiento y le pedía al muchacho que hiciera lo mismo, Crowley dejó su mochila en un sillón no queriendo tomar asiento de inmediato. Jugó con sus dedos sintiendo la mirada de su profesor sobre él, por una vez podía decir que toda la atención de Aziraphale era suya.
El mayor pensó; "¿por qué le estoy siguiendo el juego?" Pero aún así no apartó la mirada del muchacho, explorando cada detalle del mismo. Lamió sus labios antes de decir alguna palabras, rebuscando en su mente, un momento, le había dejado entrar su despacho, ¿al mismo adolescente que le había provocado? Él no apreciaba su puesto como profesor al parecer.
— Dime la verdad Crowley, ¿te gusto en serio, o solamente intentas subir tus notas?
— Pues, no me atrevería a llegar tan lejos sólo porque quiera subir mis notas, de lo contrario te hubiese pedido unas tutorías.
— Deberías reconsiderar las tutorías —dijo mientras abría las piernas, echando hacia atrás la cabeza y pellizcando el puente de su nariz—. Luego de las vacaciones tendrás que hacer las pruebas para la universidad.
— No te preocupes, no iré a la universidad.
— ¿Cómo? ¿Por qué no irás? —se incorporó en el sillón—. Tienes un buen recorrido, si te doy algunas tutorías subirás rápido en mi materia.
— ¿Recuerdas que me dijiste que podía venir a tu despacho cuando tuviese problemas en casa? Bueno, hay algo que quiero contarte.
Tomó asiento al fin, dispuesto a contarle con sinceridad lo que sucedía en su hogar y la razón por la que no asistiría a la universidad. Aziraphale le comentó sobre las becas que podía conseguir haciendo ciertos trabajos escolares, o investigaciones para ciertos cursos universitarios y que por ello le podrían dar alguna beca gratuita.
Charlaron de ello durante un buen rato y así el rubio le animó la tarde al muchacho, Crowley se levantó del sillón donde estaba caminando hacia Aziraphale, se sentó en sus piernas haciendo al otro soltar un suspiro.
— ¿Crowley a caso no conoces el espacio personal? Seguimos en la escuela no puedes sentarte sobre tu profesor —le reprendió, con una mirada seria.
A pesar del regaño, Crowley tomó sus manos dejándolas a los lados de su cintura, soltó una risita al ver como Aziraphale apretaba esta zona.
— Claro que lo conozco, tu espacio es mío ahora, ¿aceptarías una cita este fin de semana? Te llevaré al local que te comentaba el profe Archangel —le rodeó con sus delgados brazos el cuello, inclinándose hacia él—. ¿Qué dices?
— Sólo aceptaré una cita si tú aceptas que te dé tutorías, ¿de acuerdo?
— Vale, pero con una última condición —ambos se miraron, y Crowley dejó un pico en los labios de Azira—. Cada vez que las tutorías culminen, si logro completar la mayoría de ejercicios, tendrás que besarme.
— Bueno, si es para que aprendas, supongo que tendré que hacerlo.
Apretó la cintura del muchacho una vez más, acariciando esta por encima de su ropa haciendo a Crowley jadear y apretar las manos en sus hombros, así que era de ese modo como se sentían aquellas manos en su cuerpo. Fuertes, enormes en comparación con las suyas.
Ambos se veían a los ojos mientras la distancia entre sus rostros se desvanecía hasta sentir sus respiraciones, casi a punto de besarse, tocaron la puerta del despacho y Crowley dio un salto lanzándose al otro lado de la habitación.
Aziraphale se acomodó la ropa apresurándose en abrir, encontró a Gabriel frente a su puerta y este sonrió de medio lado al ver a Crowley de espaldas a ellos mirando por la ventana, le dedicó una mirada cómplice a su compañero y sonrió.
— Sólo quería decirte que los del salón de Crowley ya pueden irse a casa.
— Anthony, ya escuchaste a tu profesor, recuerda que a partir de mañana comienzan las tutorías.
Anunció Aziraphale, y el jovencito tomó la mochila asintiendo y saliendo de allí a toda prisa, Gabriel codeó a su amigo y este le dio una mirada de advertencia.
— Cuidado Aziraphale, aún estamos en la escuela —dijo con cierta picardía en su voz.
— Solamente conversábamos, no estábamos haciendo nada más.
— Está bien, solamente digo, venga, nuestro turno también culminó, vayamos a beber y luego te vas a casa.
— Paso, debo hacer la despensa.
Dijo recogiendo sus cosas para ponerse en marcha, salieron de la academia y se separaron cuando Gabriel se fue en su deportivo y Aziraphale subió a un taxi. Recordó su promesa con Crowley y maldijo por lo bajo, estaba siguiéndole la corriente a un adolescente, ¿qué sucedería si terminaba enamorado? No, él era el adulto allí, no podía ni debía, haría lo posible para ayudar a su alumno y nada más, ¿cumpliría siquiera su palabra?
El amor sucede y ya, cuando menos lo esperas y cuánto menos quieres enamorarte, terminas cayendo por esa persona. Aziraphale muy pronto lo descubriría.