Trouble (Donnie x tu)

Summary

---- Denisse, una niña introvertida desde su infancia, carga con el peso de burlas y desprecio de sus compañeros debido a su comportamiento y aspecto peculiar. Un día, huyendo de la crueldad escolar, cae accidentalmente en un alcantarillado, desencadenando una serie de eventos que transformarán su vida para siempre. ©Personajes de la serie Rottmnt de Nickelodeon.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

"¡Denisse quiere llorar!"


Se escuchaban gritos desde la lejanía.


En ese instante, Denisse corría por los pasillos de la escuela, el eco de las risas burlonas resonaba a su alrededor. Sus compañeros, como sombras crueles, la perseguían, lanzando palabras hirientes que se clavaban en su corazón. La risa despiadada creaba un caos ensordecedor.


Decidida a escapar de la humillación, Denisse bajó las escaleras con rapidez, sus zapatos golpeando cada peldaño. La respiración agitada, sentía la opresión en el pecho. Se zambulló en la penumbra del pasillo inferior, buscando refugio detrás de unas pesadas puertas dobles.


Las risas se desvanecieron mientras Denisse se ocultaba, la adrenalina aún pulsando en sus venas. Entre suspiros, intentó controlar el temblor en sus manos. Desde su escondite, pudo oír los pasos apresurados de sus perseguidores, quienes, al no verla, se dispersaron entre risas satisfechas.


La pequeña Denisse permaneció allí, sintiendo el eco del miedo retumbando en su interior.


La niña, resguardada tras las escaleras, dejó que las lágrimas fluyeran en silencio. Las emociones abrumadoras se reflejaban en sus mejillas, las lágrimas caían como pequeñas gotas de desesperación. Era la quinta vez en la semana que se veía obligada a huir, y el peso de la tristeza colmaba su corazón.


Odiaba la escuela, un lugar que debería ser su refugio, pero se había convertido en un escenario constante de tormento. En ese rincón oscuro, Denisse se preguntaba por qué la crueldad de sus compañeros la perseguía sin piedad. El rechazo se volvía insoportable.


Sus suspiros ahogados resonaban en el pasillo vacío, mientras contemplaba la posibilidad de encontrar consuelo en algún lugar, lejos de la hostilidad del aula. La pequeña Denisse anhelaba un escape, anhelaba un entorno donde su singularidad fuera celebrada en lugar de ridiculizada.


Tras pasar varios minutos llorando en la penumbra detrás de las escaleras, Denisse se armó de valor y emergió de su escondite. Caminó con determinación hacia su salón de clases, sintiendo el peso de la hostilidad que impregnaba los pasillos.


Al llegar, se apresuró a guardar sus cosas en su mochila de gatito, un pequeño consuelo en medio de la adversidad. El ritual de recoger sus cuadernos y libros se volvía una tarea urgente, ya que cada segundo en ese entorno hostil se le hacía insoportable. Sabía que en cualquier momento, esos chicos crueles podrían volver a buscarla.


Con la mochila lista, se apresuró hacia la salida del aula, ansiosa por dejar atrás el tormento diario. Sin embargo, antes de alcanzar la libertad, una mano brusca la agarró, deteniéndola en seco. El corazón de Denisse dio un salto, sintiendo la tensión en el agarre. Era un recordatorio cruel de que su escape no sería tan fácil.


Denisse giró la cabeza al sentir la presión en su brazo, y allí estaba Bruce, el niño que parecía disfrutar sembrando el miedo en ella. Su mirada desafiante y una sonrisa burlona pintaban un cuadro de intimidación.


"A dónde crees que vas, Den?" —escupió Bruce con un tono mordaz, su voz resonando en el pasillo lleno de hostilidad. La simple presencia de aquel chico generaba un temor profundo en el corazón de la pobre Denisse, cuyo pulso acelerado era una sinfonía de miedo.


La sonrisa de Bruce parecía crecer ante la evidente incomodidad de Denisse. Era un juego para él, un poder despiadado que ejercía sobre alguien vulnerable. En ese momento tenso, Denisse se enfrentaba nuevamente al tormento diario, tratando de mantener la compostura mientras la amenaza de Bruce la envolvía.


Denisse, con timidez y temblorosa por el miedo, desvió la mirada hacia el suelo, evitando encontrarse con los ojos de Bruce, el causante de su angustia. Sus palabras salieron con un susurro tembloroso:


-"V...voy a mi casa...con mi mamá...".


Intentaba no mirarlo a los ojos, consciente de que cualquier muestra de debilidad podría ser aprovechada en su contra.


El pánico urgente por escapar se manifestaba en su interior, pero sabía que huir solo empeoraría las cosas. Bruce, sin compasión, soltó una carcajada cruel que resonó en el pasillo, haciendo que Denisse levantara la vista. Para su horror, se percató de que los amigos de Bruce ya estaban presentes, observando la escena con complicidad.


"Miren chicos, ¡ella quiere ir a casa con su mamita!" —exclamó Bruce de manera despectiva, su voz cortante como un látigo. La humillación pública se cernía sobre Denisse, quien se sentía atrapada en un juego sádico del que no podía escapar.


"Dejame, Bruce..." —murmuró Denisse entre tartamudeos, suplicante. El ceño fruncido de Bruce y su agarre más fuerte indicaban que la compasión no estaba en su vocabulario.


"¿En serio crees que después de querer acusarnos el otro día con la directora te voy a dejar en paz, cuatro ojos?" —respondió Bruce con un desprecio evidente. La mención de la acusación pasada colgaba sobre la conversación, una amenaza constante que se cernía sobre Denisse.


"¡Es cierto! ¡Cuatro ojos!" —se burló uno de los amigos de Bruce, desatando risas crueles que resonaron en el pasillo. Denisse se sentía atrapada en un callejón sin salida, luchando contra el miedo y la vergüenza mientras sufría el tormento de la humillación pública.


Pero, en ese instante, una profesora pasó por el lugar y notó a Denisse llorando.


"¿Qué está pasando aquí?" —preguntó la mujer, acercándose al grupo de niños. Bruce, al percatarse de la presencia de la profesora, se alejó ligeramente de Denisse, intentando disimular su implicación en la situación.


"Nada, Profesora Loren" —respondió uno de los amigos de Bruce con una sonrisa inocente—. "Estábamos calmando a Denisse que se había caído por el pasillo".


La mentira resonó en el lugar, mientras Bruce observaba con disimulo a Denisse, transmitiéndole con la mirada un claro mensaje de amenaza.


La profesora Loren, sin embargo, se inclinó hacia Denisse con dulzura, preguntando:


"¿Qué pasó, amor?".


Denisse, entre miradas furtivas hacia Bruce, suspiró y cedió ante la presión silenciosa.


"Nada, señorita... solo... me caí" —respondió con una voz entrecortada, ocultando la verdadera causa de su angustia. La tensión flotaba en el aire mientras la profesora, ajena a la realidad, aceptaba la explicación superficial.


"Está bien, Denisse. Debes tener más cuidado con esas cosas, ¿sí?" —dijo la profesora, tratando de calmar a la niña. Denisse asintió con temor, agradecida por la intervención aunque sabía que su alivio era temporal. Ya estando el tema "solucionado", la profesora se alejó del grupo, dejando a Denisse nuevamente sola y vulnerable.


Con el campo libre, Bruce volvió a agarrar a Denisse, estampándola contra la pared con violencia.


"Eso estuvo cerca...pero te juro que si le dices algo a alguien... te juro que te golpearé hasta que te quedes tendida en el suelo" —amenazó con furia, levantando un puño amenazante frente al rostro de Denisse. La niña, aterrada, asintió repetidamente, con los ojos llenos de miedo y la esperanza de evitar más sufrimiento.


Bruce soltó a Denisse con brusquedad, alejándose junto a sus amigos. La niña, liberada momentáneamente de su tormento físico, no pudo contener las lágrimas que brotaron con fuerza.


Ella corrió hacia las escaleras, descendiendo con prisa al primer piso.


Al llegar a la calle, se encontró en las bulliciosas veredas de Nueva York, caminando con la cabeza gacha. Las lágrimas continuaban su curso, reflejando el dolor acumulado en su interior. Otro día más de sufrimiento logrado, cuatro días más antes de entrar a las vacaciones de verano, y ya era el tercer año enfrentando esta cruel realidad.


Con cada paso, Denisse cargaba no solo la mochila de gatito en sus hombros, sino también el peso de la intimidación, la soledad y la injusticia. Mientras las calles de Nueva York seguían su rutina indiferente, ella caminaba, una pequeña figura perdida entre la multitud, enfrentando un nuevo atardecer marcado por el dolor.


Después de eso, decidió levantar la vista y se vio maravillada por una tienda de electrodomésticos y televisores. La vitrina mostraba una competencia de voleibol, con la adrenalina del juego transmitiéndose a través del vidrio. A pesar de que Denisse no conocía el juego, algo en la intensidad de la competencia la atrajo de inmediato.


Se quedó allí, absorta en el espectáculo deportivo, dejando que la emoción del vóley la envolviera. Aunque no entendía completamente las reglas, la pasión y la energía de los jugadores trascendían la pantalla y se conectaban con algo en su interior.


En esos momentos de asombro, una sonrisa iluminó su rostro, y el brillo de la competencia deportiva impregnó sus ojos marrones.

Y para cuando finalizó el segundo set, Denisse se percató de que el tiempo había avanzado considerablemente, y era hora de regresar a casa antes de que su mamá se preocupara por ella. Mientras retomaba su camino por las calles de Nueva York, no pudo resistir la inspiración que le había dejado la competencia de vóley que había observado en la tienda de electrodomésticos.


Imitaba con destreza los movimientos de recepción del libero que había capturado su atención durante el partido. Sus brazos se movían con agilidad y precisión, como si estuviera en la cancha participando en el juego. Aunque Denisse no conocía completamente las reglas del vóley, la magistral habilidad del libero la había cautivado, y ahora, en plena calle, se dejaba llevar por la energía y la gracia de esos movimientos.


A través de la imitación, encontró un momento de alegría y liberación, apartándose brevemente de las sombras que la acosaban.


Tras caminar varios metros, Denisse, sin previo aviso, se dio cuenta de que estaba cayendo en algo. Una brisa la envolvió por unos instantes antes de estamparse contra el suelo. El sonido de su caída resonó en un eco inquietante, y al incorporarse, comprendió que había descendido en algo más profundo, algo similar a un pozo.


Cuando se sentó en el suelo, se dio cuenta de que estaba en un lugar oscuro y aterrador. Miró a su alrededor y notó la falta de luz, acentuando la sensación de desorientación. Al alzar la vista, descubrió un agujero circular justo encima de ella. Sí, había caído en una alcantarilla.


La atmósfera estaba cargada de humedad y un olor desagradable impregnaba el lugar. Denisse se encontraba en un entorno desconocido, con el eco de sus propios pasos resonando en el oscuro túnel. La sorpresa y el miedo se mezclaban en sus pensamientos mientras evaluaba cómo salir de ese inesperado y siniestro percance. Pero cuando Denisse intentó moverse y ponerse de pie, un insoportable dolor se apoderó de su tobillo, impidiéndole realizar cualquier movimiento. La desesperación la invadió por completo. Esta era la gota que colmaba el vaso, y sentía que la situación no podía empeorar más.


Las lágrimas, una vez más, comenzaron a caer por su rostro. Sus sollozos resonaban en el oscuro túnel de la alcantarilla, creando un eco desgarrador. ¿Le dolía el tobillo? Sí, pero su llanto iba más allá del dolor físico. Lloraba por la desesperación, por la acumulación de dificultades que parecían no tener fin.


Y justo cuando Denisse pensó que su destino sería morir en la oscura alcantarilla, escuchó pasos acercándose, no desde el exterior, sino desde otro lugar dentro de las alcantarillas. Su imaginación, saturada por el miedo, la llevó a temer lo peor, creando imágenes de monstruos extraños y aterradores. En un instante, se hizo una pequeña bola, asustada y vulnerable.


De repente, unas voces resonaron en el túnel subterráneo.


-"¿Eso hacía ese ruido?" —preguntó una voz infantil-. "Está feita..."


Un golpe seguido de un quejido acompañó la conversación.


"Ya cállate, Leo" —se quejó otra voz.


La luz del exterior iluminó los rostros de los niños, revelando que no eran simples niños, sino criaturas similares a tortugas. Cada uno se distinguía por el color de su bandana. El que se acercó, con una bandana morada, preguntó con preocupación:


"Oye... ¿estás bien?".


Denisse, aún temerosa, se encogió más, mostrando su miedo ante estos seres inusuales que ahora compartían su espacio en la oscura alcantarilla.


"No te haremos nada, ¡somos amigos!" —aseguró otra de las tortugas, cuya bandana tenía un característico color naranja. Denisse los observó con cautela, sus ojos alternando entre el naranja y el morado. La mano del de bandana morada se extendía hacia ella en un gesto de amistad.


Aunque la desconfianza se reflejaba en sus ojos, Denisse no tenía otra opción. La soledad y el miedo en la alcantarilla eran insoportables. Decidió confiar y tomó la mano del de bandana morada, quien la ayudó a ponerse de pie. Sin embargo, el dolor inmediato en su tobillo la hizo quejarse al intentar levantarse.


"Auch..." —expresó, sintiendo la punzada aguda en su tobillo.


Al ver el estado del tobillo de Denisse, el de bandana morada dirigió su atención hacia la abertura en el techo.


"¿Te caíste de ahí, cierto?" —preguntó con inocencia. Denisse asintió levemente, reconociendo con un gesto que aquella era su vía de entrada al oscuro túnel subterráneo.


El de bandana roja, preocupado, preguntó:


"¿Te duele mucho?".


"Un...un poco.."-. Respondió ella.


La timidez en su voz reflejaba no solo el dolor físico, sino también la vulnerabilidad emocional que experimentaba en ese momento. Aunque estaba rodeada de estas extrañas tortugas, empezaba a sentir una conexión que, de alguna manera, contrarrestaba la soledad y el miedo que la habían acosado anteriormente en la alcantarilla.


El de bandana morada pensó por un momento, explorando el entorno en busca de una solución. Al divisar un caño flojo e inservible en la pared, formuló su plan.


"Raph, ¿puedes arrancar eso?" —preguntó señalando el caño. El de bandana roja asintió y se dirigió hacia el tubo indicado. Con fuerza, arrancó el tubo metálico y se lo entregó.


Uno con una bandana azul preguntó curioso, "¿Qué harás?".


El de bandana morada se quitó su suéter púrpura, rompiendo una manga en el proceso, y respondió


"Haré que su pierna se mantenga inmóvil con el caño. Lo amarraré y lo ataré a su pierna."


Denisse observaba con atención mientras los extraños pero amables niños tortuga improvisaban una solución para su tobillo herido.


"¡Ta-daah! ¡Listo!" —exclamó la tortuga, mostrando con orgullo la solución ingeniosa que habían ideado-. "Lo sé, hermanos míos. Soy un genio"-. añadió con autoafirmación. Denisse lo miró con brillo en los ojos, agradecida por la ayuda recibida.


"Gracias..." expresó con amabilidad.


El de bandana morada se giró para mirarla.


"No hay de qué" -.respondió, acomodándose sus lentes.


El más pequeño del grupo levantó su mano entusiasmado.


"¿Qué tal si la llevamos a la guarida?" -.dijo con emoción. Todos sonrieron y expresaron su acuerdo.


"Eso sería genial"-. respondió Raphael. El de bandana azul opinó lo mismo, y el morado simplemente le daba igual. Sin embargo, Denisse no estaba muy segura.


"Eeh... no lo sé... es muy tarde y mi mamá de seguro que está preocupada..." planteó con incertidumbre, mostrando su reticencia ante la sugerencia de dirigirse a la guarida de estas tortugas tan peculiares.


Todos la miraron con curiosidad al escuchar la mención de su mamá.


"¿Tienes mamá?" preguntó el de bandana azul, seguido de un comentario burlón-."Woah, y pensé que te había cagado el cielo. Ya sabes, luces fatal" -. Con una sonrisa juguetona. Era evidente que él era el bromista del grupo.


Un codazo de parte de Raphael lo golpeó, y este lo miró mal.


"Disculpa a Leo. Es un tonto" -.dijo Raphael, tratando de suavizar la situación-. "Si quieres, podemos guiarte a una salida segura. Esta parte no tiene escaleras."


Denisse sonrió levemente, agradecida por la amabilidad de estos peculiares amigos. Aceptó la oferta y, con la ayuda de las tortugas, logró ponerse de pie. Juntos, se dirigieron hacia una salida más segura, donde la oscura alcantarilla dejó paso a una luz más tenue, y la incertidumbre empezó a disiparse en compañía de estos inesperados aliados subterráneos.


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¡Woah! ¡Nueva historia en marcha, bebé!


Ok, sé que debería seguir con la de Leonardo, pero me quedé sin inspiración, ¿vale? Así que... empecé otra.


Algo que necesito compartir es que toda la experiencia de bullying que Denisse está sufriendo ahora, la he vivido personalmente. Es decir, lo que ocurrió en este capítulo ya lo he experimentado en carne propia. Incluído con lo de la profesora que no presto mucha atención. Je. Por eso, me dolió un poco regresar a esos recuerdos aquí.


En fin, si ustedes están enfrentando situaciones de bullying en cualquier ámbito, ya sea escolar o familiar... por favor, hablen con un adulto de confianza o alguien que pueda ayudarlos. Recuerda que siempre hay ayuda disponible, y superar el bullying es un proceso que puede fortalecerte.


No están solos :) 💙💜