CAPITULO UNO
AMOR, HONOR Y JUSTICIA
CAPÍTULO UNO
En medio del siglo XIX, en 1812, en una ciudad portuaria llamada “Ciudad de la Hoja”, Kizashi Haruno, un noble aristócrata con un futuro económico prometedor, caminaba junto a su pequeña hija.
Hace tres años, Kizashi había perdido a la única mujer que había amado, la cual, dio su vida para que su hija pudiera nacer y justo antes de soltar su último suspiro, la nombró Sakura; su cabello rosado era la imagen de la flor de cerezo.
La pequeña Sakura creció entre empleadas y su dedicado padre que se desvelaba por ella, no había unión más fiel e inseparable en el mundo. La adorable niña, no sólo era en extremo tierna y educada, sino que también era muy inteligente para su tan corta edad. Siempre llenaba a su padre con preguntas que iban más allá de su entendimiento, pero que aún así, escuchaba la respuesta como si su joven mente lograra entenderla, logrando que su padre sonriera con tan solo verla. Nadie hubiese pensado que aquella fuerte unión de padre e hija se vería dañada por la sombra de una mujer.
Aratani Mizuno, una bella dama aristócrata que fue fríamente engañada por un hombre, el cual la engañó ofreciéndole una vida llena de prosperidad, que se desvaneció como la niebla a la mañana siguiente de haberse entregado a él. Ahora su reputación estaba en juego, una mujer que quedaba embarazada fuera del matrimonio no era más que una desvergonzada mujerzuela. Y esa era su situación actual, tenía 4 semanas de embarazo, no necesitaba un médico para saberlo, simplemente no había tomado las precauciones correspondientes cuando aquel hombre la despojó de su virginidad y eso sumado a que no le había llegado su regular periodo menstrual.
No había más que decir, ¡necesitaba hacer algo ya! Ella jamás tendría un hijo bastardo, y el aborto no era una opción, ya que en aquella maldita ciudad, todo tarde o temprano se sabría.
Mientras caminaba por el centro de la ciudad, distraída por sus complicados problemas, tropezó de lleno con una silueta masculina. Aquel golpe la hizo caer hacia atrás, pero antes de que su cuerpo tocara el suelo, unos fuertes brazos la sostuvieron.
—Disculpe, ¿se encuentra bien, señorita? —preguntó el elegante hombre.
—Eh, sí, lamento la desafortunada escena, no fue mi intención... — declaró mientras se ponía de pie y por primera vez veía los ojos de aquel hombre, un atractivo azul claro que fue como una luz, la solución a todos sus problemas.
—No se disculpe, sólo fue un accidente —mencionó con caballerosidad.
Aquel hombre era la solución a todos sus urgentes problemas y no lo dejaría escapar por nada del mundo.
—¡Auch! —exclamó Aratani para después llevar su mano hacia su tobillo.
—¿Le sucede algo? —preguntó Kizashi.
—Mi tobillo, me duele mucho, debí torcerme al caer —mintió fingiendo dolor.
—Espere, no se mueva, debe ir a un doctor —declaró Kizashi con preocupación.
—¿Un doctor? Oh, claro que no, sería una exageración —declaró para después caminar y fingir un agudo dolor, cayendo así a los brazos del elegante aristócrata.
—No es una exageración, ni una molestia, si es lo que está pensando en decirme, la llevaré a la consulta más cercana, y pagaré por sus gastos, después de todo, soy el responsable de su dolor —declaró Kizashi.
—Muchas gracias... ¿señor? —preguntó Aratani.
—Kizashi Haruno... ¿y usted?
—Aratani Mizuno, un placer —respondió la mujer, esta vez con un deje de coquetería en su voz.
—¡Papá! ¡Papá! ¿Papá?—preguntó la pequeña Sakura saliendo de una tienda con una de sus empleadas.
—¿Papá? —preguntó Aratani con horror, sus planes se estaban viniendo abajo, la solución a sus problemas estaba casado.
—Mi pequeña, ¿terminaste tus compras? —preguntó Kizashi con una sonrisa.
—Sí, papá —respondió la pelirrosa observando a la mujer que permanecía junto a su padre.
—Oh, es verdad, ella es mi hija Sakura Haruno, Sakura, te presento a la señorita Aratani Mizuno, ella y yo acabamos de conocernos por accidente y ahora debo llevarla a la consulta de un médico, ya que por mi descuido la lastimé, tú ve con tu Nana y espérame aquí, enseguida regreso —declaró para después sin previo aviso cargar en brazos a la joven mujer y llevarla hasta la consulta más cercana.
Aquel fue el primer encuentro y la unión de dos destinos que jamás debieron entrelazarse.
Tan solo un mes después, la pareja contrajo matrimonio ante la sorpresa del pueblo, quienes no podían creer lo que veían. Kizashi, el hombre que tenía ojos sólo para su hija y su corazón para la mujer que fue su primera esposa, contrajo matrimonio con una mujer casi desconocida, y a pesar de los comentarios, la pequeña Sakura veía a su padre feliz y enamorado, y aquello era lo más importante. Claro, Aratani se había encargado de tener a su nuevo esposo bajo su completa voluntad.
—Aquí está el resto del dinero —declaró la nueva esposa Haruno.
—Te lo dije, mis pociones son efectivas —dijo la mujer con arrogancia.
Hanabi, una mujer de unos 30 años, curandera pero que también facilitaba otros tipos de servicios. Claro, con el dinero adecuado.
—¿Cuánto durará el efecto? —preguntó.
—Tres meses, y deberás volver a darle la poción —respondió la mujer.
—Está bien, vendré para ese entonces —dijo para después irse de aquella pequeña tienda antes de que cualquier persona notara su presencia.
Los 9 meses se cumplieron, y con ello, la llegada de su nueva primogénita, una bebé de pelo rojizo, como su madre.
—Es una bebé grande y fuerte para nacer con tan sólo 8 meses —aquellas fueron las palabras de Kizashi, quien embobado por la poción de amor que su actual esposa le había dado de beber, tan sólo a los 4 días de haberse conocido, no cuestionó nada más y simplemente aceptó a su nueva hija con amor y protección.
La pequeña Sakura sonreía de felicidad por la llegada de su nueva hermanita, que en su pequeña mente, se imaginaba ser la mejor hermana mayor que pudiera existir.
Cuando finalmente fue a conocer a la nueva integrante de la familia, fue vilmente rechazada.
La pequeña Sakura llegó al lado de su madrastra que mantenía a la bebé en sus brazos, de inmediato se inclinó para verla. Tan pequeña, tan frágil, que no dudó en estirar su pequeña mano para acariciarla, pero un golpe de lleno sobre el dorso de su mano la detuvo y provocó pequeñas lágrimas en sus ojos.
—Aléjate, estás sucia —ordenó su nueva madre con desdén, sus ojos demostraban el rencor y el rechazo absoluto hacia ella.
—Yo... lo siento —esbozó la pequeña.
—¿Qué sucede? —preguntó Kizashi entrando a la habitación.
—Nada importante, querido. Sólo que nuestra pequeña Sakura se emocionó al conocer a su hermanita —mintió la mujer sin pudor —. ¿No es así, Sakura? —preguntó intimidando a la pequeña.
—S-Sí —esbozó la pequeña, limpiando las lágrimas de sus ojos.
Aquel fue el primer rechazo y el último acercamiento que tuvo con su madrastra.
Los siguientes dos años, Sakura se limitaba a estar junto a su hermana cuando su madre no estaba presente o su padre se lo permitía. Y cuando no estaba jugando con su pequeña hermanita, disfrutaba jugando en el jardín, escuchando la lectura de libros complicados e incluso los leía sin entender una palabra. Su vida era simple y feliz. Hasta su cumpleaños número 5.
“Ojalá nunca hubiese llegado ese día”.
El amanecer golpeaba los párpados de la pequeña, obligando a abrirlos y observar su habitación. De inmediato una sonrisa se dibujó en su pequeño rostro y saltó rápidamente de la cama, corrió a toda prisa por la gran casa hasta llegar a la habitación de su padre, pero al abrir la puerta y en vez de despertarlo como había planeado, vio cómo en fracción de segundo su mundo se desmoronaba. Su padre yacía sin vida sobre la cama.
—¿Papá? ¡Papá! —exclamó abriéndose paso entre las empleadas y su madrastra que lloraba desconsoladamente. Sus manos tocaron el rostro de su padre y sólo sintió el frío sin vida de su piel. —¡Papá! ¡Despierta! Abre los ojos, hoy es mi cumpleaños... ¡papá! —mencionó derramando infinitas lágrimas por sus pequeñas y sonrojadas mejillas —. ¡PAPÁ! —exclamó la pequeña con terror antes de caer inconsciente, su amado padre ya no estaba junto a ella, se había ido.
Para siempre...
Según el médico de la familia, su querido padre había fallecido de un infarto fulminante, su hora había llegado y nadie se lo imaginó siquiera.
A pesar que todo su mundo se oscureció, tomó la fuerza suficiente para cumplir con el funeral de su padre. A sus 5 años sabía a la perfección que su madrastra no la quería y la única persona que la amaba ya no estaba, a pesar de ello se mantuvo firme y asistió al velatorio y funeral de su padre.
Aratani lloraba desconsoladamente ante los presentes, una escena que cualquiera creería, menos la pequeña Sakura, quien había visto cómo sonreía alegremente a los segundos de haber estar llorando, sabiendo esto y por amor a su pequeña hermana, juró ante la tumba de su padre, que ella cuidaría a su hermanita y ayudaría a su madrastra, aunque ésta la rechazara. Lástima que aquella mujer tenía planes muy distintos para la pequeña pelirosa.
Después de enterrar a su padre en el cementerio familiar y que todos los presentes ajenos a la familia se retiraran, las 3 mujeres Haruno ingresaron a su mansión.
—Llévala a mi habitación —mencionó Aratani a una de las empleadas quien tomó a la pequeña Karin y se la llevó.
—Mis condolencias —mencionó una voz varonil desde las sombras.
—¡Oh! Qué bueno que estás aquí, puedes llevártela, ya no la soporto —ordenó Aratani dejándose caer en uno de los grandes sofás.
Sakura no entendía el porqué su madrastra había dicho tal cosa, tampoco sabía quién era aquel hombre y qué era lo que hacía en su casa.
—Es hermosa, de seguro pagarán muy bien por ella —mencionó el hombre con los ojos fijos en la pequeña.
—¿De... qué... hablan? —preguntó la pelirrosa en un hilo de voz, el miedo comenzaba a apoderarse de ella.
—No me interesa, sólo llévatela de aquí, no pienso compartir la fortuna de mi hija con esta mocosa —declaró la mujer.
—¿M-Mamá? —preguntó la niña con ojos llorosos.
—Yo jamás fui, ni seré tu madre, mocosa —declaró con desdén.
—Ya vámonos niña, tengo negocios que hacer —dijo el hombre abalanzándose sobre Sakura, tomándola fuertemente de su brazo.
La pequeña Sakura, gritaba y pataleaba con todas sus fuerzas, pero era inútil, de pronto, un golpe en su nuca le hizo perder la conciencia.
—Obito, deshazte de ella cómo sea —declaró Aratani para después ver cómo aquel hombre se iba junto a la que alguna vez fue su hijastra.
Los bruscos movimientos de una carroza hicieron que Sakura recobrara la conciencia, al mirar a su alrededor, pudo ver al hombre que la había llevado, aunque éste iba acompañado de otro hombre, quien manejaba la carroza.
—¿Crees que nos darán mucho dinero por ella? —preguntó el conductor.
—Claro que sí, eso si la vendemos al mejor postor... ¡salud! —exclamó Obito, quien no dudó en celebrar por el futuro dinero que ganaría fácilmente .
—“¿Vender? ¿Me van a vender? ”
A su corta edad, Sakura sabía de la venta de esclavos, su padre le había enseñado de qué se trataba, debido a la curiosidad de la pequeña. Sin pensarlo dos veces, Sakura esperó el momento indicado y ante el fuerte movimiento de la carroza, saltó de ella.
El golpe la dejó sin respiración, pero no se rendiría y apenas pudo, corrió hacia el bosque que rodeaba el camino. Ambos hombres no se percataron de su escape hasta mucho después, debido a su entusiasmada celebración.
La pequeña pelirrosa corría sin detenerse, no sabía dónde se dirigía, tampoco le importaba, sólo quería escapar de su horrible futuro.
Después de correr dos días seguidos, descansando solo a ratos, su pequeño cuerpo no resistió más y cayó inconsciente junto a un arroyo en medio del bosque.
Una mujer adinerada que recolectaba hierbas medicinales junto a una de sus sirvientas, encontró a la pequeña Sakura, su estado era deplorable, se encontraba inconsciente con una fiebre muy alta.
De inmediato, la mujer la llevó hasta su hogar y cuidó de ella hasta que recuperó la conciencia.
—Por fin despiertas —mencionó la adinerada mujer de cabello rubio.
Sakura reaccionó con temor y de inmediato trató de alejarse de la mujer.
—Hey, tranquila, no te haré daño —mencionó la mujer con voz dulce.
—¿Quién es usted? —preguntó la pequeña pelirrosa.
—Me llamo Tsunade, pero llámame Lady Tsunade, ya que aún soy una señorita —declaró la mujer con una sonrisa.
—¿Lady Tsunade?
—Exacto, y tu nombre. ¿Cómo te llamas pequeña?
—Soy... soy Sakura, Sakura Haruno —respondió con tristeza.
Tsunade al oír el apellido supo de inmediato que aquella niña debía ser hija del hombre que falleció hace unos días.
La noticia había causado revuelo en la ciudad.
—Ya veo, y cuéntame, ¿cómo terminaste en medio del bosque?
—Mi... madrastra... ella me vendió —respondió al mismo tiempo que luchaba por contener sus lágrimas.
—¿¡Te vendió!? —exclamó Tsunade sorprendida y algo indignada por su respuesta.
—Mi padre falleció hace unos días... y después del funeral... ella me vendió —declaró la pequeña para después romper en llanto.
Había estado soportando tanto, que ni siquiera se había permitido llorar como su corazón deseaba.
—Oh, pobre pequeña, tranquila —declaró la mujer acunando a la pequeña entre sus brazos.
—Aquí estás a salvo —mencionó Tsunade con una sonrisa — llora todo lo que quieras, aquí nadie te hará daño, yo cuidaré de ti —declaró mientras Sakura se aferraba a ella con desesperación.
Los días siguientes, Sakura se recuperaba y comenzaba a recorrer la casa de la mujer que la salvó. Lady Tsunade era una mujer muy adinerada, sin esposo e hijos, su hogar era una mansión llena de empleados que la trataban con gran cariño y la cuidaban.
—Buenos días señorita, soy Hinata —mencionó una suave voz a sus espaldas.
Una niña de cabello negro y ojos perlados le sonreia con dulzura.
—Fui designada como su sirvienta personal —mencionó la niña para después inclinarse ante Sakura.
—¿Eh? ¿Mi sirvienta? —preguntó la pelirrosa sorprendida.
—Así es, Lady Tsunade me designó como su sirvienta —respondió Hinata.
—Un gusto conocerte Hinata, yo soy Sakura, espero que podamos llevarnos bien —mencionó la pelirrosa al mismo tiempo que tomaba la mano de Hinata.
Ambas pequeñas se entendieron desde el primer momento, sin saber que forjarán una amistad tan fuerte como una hermandad.
De pronto, una tarde....
—¿Sí? ¿Qué desea? —preguntó uno de los sirvientes al atender un llamado a la puerta principal.
—Necesitamos hablar con la señora de la casa —mencionó el hombre.
Sakura quien caminaba felizmente junto a Hinata por uno de los pasillos de la casa que daba directamente hacia el recibidor, escuchó la voz de aquel hombre y de inmediato lo reconoció.
—Señorita Sakura, ¿le sucede algo? —preguntó Hinata al ver que la pelirosa comenzaba a temblar.
—“Es... es él ”—pensó con terror, de pronto una mano tomó su hombro y tapó su boca.
—Shhh, guarda silencio, yo me encargaré de esto. Hinata, llévala a su habitación —ordenó Tsunade para después dirigirse al recibidor.
Sakura se mantuvo en el pasillo, no por voluntad propia, su cuerpo simplemente se había paralizado; estaba en shock.
—¿Qué sucede Hiashi? —preguntó Tsunade entrando al recibidor con toda la elegancia que una dama aristócrata como ella podía tener.
—Mi señora —mencionó al mismo tiempo que se inclinaba levemente hacia ella —, este hombre solicita hablar con usted.
—¿Qué desea? —preguntó Tsunade dirigiéndose al hombre.
—Mi nombre es Obito, mi señora, y disculpe mi intromisión, pero estoy aquí para preguntarle si por casualidad, ¿ha visto a una pequeña niña con cabello rosado y ojos verdes? —preguntó el hombre.
—¿Una niña de cabello rosado y ojos verdes?...Mmm, no, definitivamente no —respondió con firmeza.
—Hiashi, ve a la cocina y pregúntale a los sirvientes sí han visto a una niña con esas características —ordenó la rubia mujer.
—Enseguida, mi señora —respondió Hiashi para después ingresar al pasillo en el que permanecía Sakura.
—Vengan conmigo —ordenó Hiashi en un susurro, tomando a ambas niñas.
—Por favor, deje su dirección a uno de mis empleados, si se requiere alguna información se lo haré llegar de la manera más rápida posible — mencionó Tsunade con cordialidad.
—Oh, estaría muy agradecido, mi señora —declaró Obito para después de irse del lugar.
na vez que el hombre se fue de la hacienda...
—¡Chiyo! ¡Chiyo! —exclamaba Tsunade con impaciencia.
—Dígame señorita —mencionó la sirvienta, una anciana muy querida por la rubia.
—¿Sakura? —preguntó.
—Hiashi la llevó a su habitación junto con Hinata, mi señora —respondió la anciana.
—Entiendo, necesito que hagas una poción, loción o tintura que sea capaz de cambiar el color del cabello.
—Eso va a ser difícil mi señora, pero veré qué puedo hacer —dijo Chiyo para después irse del lugar.
Horas después, la anciana volvió a la mansión, Sakura se encontraba junto a Tsunade, quien comenzaba a darle lecciones de etiqueta y comportamiento.
—He vuelto mi señora —mencionó Chiyo.
—¿Lo hiciste? —preguntó Tsunade con impaciencia.
—Sí, fue algo difícil, pero lo logré —declaró para después entregarle un pequeño frasco de color amarillo.
—¿Es permanente?
—No mi señora, el efecto es temporal, pero por su edad, con 5 gotas bastará para que el efecto le dure aproximadamente un mes, pero esta es una opción que con el transcurso del tiempo, el efecto durará cada vez menos.
—No importa, lo solucionaremos llegado el momento, por ahora es nuestra única opción —mencionó Tsunade para después observar a Sakura, quien se percató de su mirada.
—¿Qué sucede con Lady Tsunade? —preguntó la pequeña pelirrosa.
—Sakura —mencionó la rubia para después sentarse hasta quedar frente a la pelirosa — tienes un cabello muy hermoso y único, lo cual, en este momento es un problema.
—¿Mi cabello? —preguntó confundida.
—Sí, tu cabello es único en su clase y el hombre que intentó venderte te está buscando, tú misma lo oíste, ¿lo recuerdas? —preguntó la rubia.
—S-Sí —respondió con temor.
—No temas Sakura, verás, esta poción —mencionó mostrando el pequeño frasco amarillo —, ayudará a ocultar el color de tu cabello, así no te podrá encontrar.
—¿En serio? —preguntó la pequeña con esperanza.
—Así es, pero primero debo preguntarte, ¿quieres vivir aquí con nosotros, ser parte de nuestra familia, aunque para ello tengas que dejar todo tu pasado en el olvido? —preguntó la mujer.
—“¿Olvidar mi pasado?” —Se preguntó la pequeña con duda, después de todo, su padre, era su pasado y era algo que jamás olvidaría aunque lo negara.
—Sí, quiero vivir con usted y los demás, no importa si mi cabello cambia de color o me llamo de manera diferente... solo quiero vivir —declaró la pequeña con determinación.
—Entonces, abre —ordenó a Sakura, quien de inmediato abrió la boca y Tsunade depositó 5 gotas de aquella poción.
De pronto, un pequeño brillo comenzó a emerger del cabello de Sakura, convirtiendo su rosado cabello en un suave y sedoso rubio.
—Desde ahora serás Sakura Senju, la hija que crié en silencio en esta mansión —declaró Lady Tsunade con una sonrisa.
—Mi nombre... es el mismo —mencionó algo confundida.
—Tranquila, si bien tu nombre no es muy común, aquel tipo no lo sabía, así que no corres ningún peligro. Además yo misma me encargaré de él y también de su acompañante —respondió la rubia.
—¿Encargarse? —preguntó la ahora pequeña rubia de ojos jade.
—Digamos que tu madre no sólo es una bella y elegante mujer aristócrata, sino que también es una mujer fuerte que odia las injusticias —declaró Tsunade con una sonrisa torcida.
—¿Eh? No entiendo.
—Hmph, pronto lo entenderás. Hiashi, Chiyo, ya saben qué hacer —ordenó para después retirarse del lugar rumbo a su habitación.
Al caer la noche, Lady Tsunade se despojó de sus elegantes ropas para vestirse con unos pantalones ajustados, una blusa escotada de color blanco que era cubierta por un corsé negro que terminaba justo en sus pechos, haciendolos mas prominentes de lo que ya eran, y encima de todo aquello, una capa y una espada en su cinto.
—Ya sabes qué hacer —declaró Tsunade dirigiéndose a su empleada Chiyo, para después montar su caballo y cubrir la mitad de su rostro con una pañoleta.
—Sí, mi señora —respondió la anciana para después ver cómo Tsunade cabalgaba hacia la oscuridad de la noche y se perdía en ella.
A la mañana siguiente, el cuerpo de Obito yacía flotando sin vida en el muelle de la ciudad.
continuara....