Sobrevivir no es opción, es obligación

Summary

En un mundo apocalíptico, donde un virus se expande rápidamente haciendo caer civilizaciones y destruyendo familias y amistades, mantenerse unidos es la clave para mantenerse con vida. DECLARACIÓN: *Los personajes de Tokyo Revengers no son de mi propiedad. Créditos a su autor* *La historia si es de mi autoridad*

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Viejos conocidos

Un gruñido gutural resonó cerca. Sus respiraciones se aceleraron a medida que el miedo se apoderaba de ellos.

"Silencio", leyeron en los labios del rubio más alto del grupo, quien luego hizo una seña con su dedo índice sobre su boca.

Con un firme agarre, apretó el bate entre sus manos, listo para golpear a esa “persona” que merodeaba fuera de la casa abandonada.

En cuanto dio un paso dentro del lugar, el bate dio de lleno en su cabeza, acompañado de un crujir y un sonido húmedo.

—Creo que estaba solo. Ya pueden respirar—soltó una risa baja, a medida que limpiaba el bate.

—Draken, por favor, no te mueras— dijo un chico alto de cabello castaño claro, acercándose a él y cayendo dramáticamente a sus pies. —Si te conviertes en una de esas cosas, no podremos matarte aunque fuéramos 50 contra ti

—No exageres, Peyan. Solo necesito un buen golpe en la cabeza para tumbarme al suelo. Ustedes saben qué hacer después— dijo mientras sacaba un cuchillo de la funda en su cinturón y lo clavaba en la cabeza del caído— ¡Oh! Este era uno de los nuestros, qué lástima.

El resto del grupo se aproximó para observar al joven, dejando escapar un suspiro cargado de pesar. Era otro que no había logrado sobrevivir al "apocalipsis zombie", como acostumbraban llamar a la situación presente.

Draken miró al grupo y les dedicó una sonrisa, tratando de infundirles algo de ánimo. Eran solo unos pocos supervivientes que habían logrado llegar hasta una casona abandonada, esquivando a varios muertos vivientes en el camino. Una semana había transcurrido desde que se emitió la alerta sobre un nuevo virus que se propagaba de persona a persona a través de los fluidos corporales, especialmente la saliva. Una vez infectada, la persona se volvía extremadamente agresiva a medida que el virus atacaba su sistema nervioso, tomando finalmente el control de las funciones básicas de su cerebro para continuar propagándose. Todo había comenzado con un experimento fallido en un laboratorio en Tokio.

El primer país en sucumbir fue, sin lugar a dudas, Japón. Luego, en cuestión de días, la crisis se extendió al resto del mundo. Sin embargo, el verdadero alcance nunca lo sabrían, ya que al cuarto día todas las comunicaciones se perdieron por completo.

El grupo se formó gradualmente a medida que llegaban a la casa, cada uno habiendo perdido a sus familiares y quedándose solos en este mundo apocalíptico.

Los primeros en llegar fueron Manjiro, Emma, Shinichiro y Draken. Juntos, intentaron construir una especie de fortaleza con los materiales que pudieron recoger alrededor de la casona, con el fin de resguardarse de aquellos que habían sido afectados por el virus. En los días siguientes, se les unieron Takemichi, Hinata, Naoto, Chifuyu, Keisuke, Pachin, Peyan, Kazutora y los gemelos Kawata.

—Tenemos que inspeccionar los muros. Esto no pudo aparecer como un acto de magia aquí; debe haber una abertura que pasamos por alto— señaló Keisuke, dando un suave golpe con el pie al cadáver del chico en el suelo.— Y también debemos quemarlo.

Todos asintieron desde su lugar, pero nadie se movió. Keisuke suspiró, quitándole el bate a Draken. Se encaminó fuera del lugar llamándolos cobardes.

-Te recuerdo que estabas temblando como un montón de jalea hace unos instantes-Le gritó Draken asomándose por la puerta, viendo como el chico le mostraba su dedo anular a la distancia-¡Trata de no morir!

Por su lado, pasaron Chifuyu y Kazutora cargando un par de tablas de maderas. Draken sólo sonrió al verlos tan decididos.

Los demás habían tomado asiento, apoyados en la pared. El ambiente nuevamente se había vuelto lúgubre. No los culpaba. Siempre cuando estaba por anochecer las cosas empeoraban en cierto sentido, ya que por lo general se escuchaba a lo lejos los gritos desesperados de personas que eran atacados en la oscuridad por los caminantes.

-¿Qué será de los demás?-preguntó Souya con cierto tono de tristeza en su voz. Todos sabían la respuesta, pero nadie se atrevía a responder. Nahoya a su lado le entregó un dulce que había encontrado en una de sus rondas. Angry le sonrió levemente en agradecimiento, a lo que su hermano respondió de la misma manera por un par de segundos antes de volver a su semblante serio. Al igual que todos ahí, había perdido su sonrisa.

-Quizás están resguardados en su hogar-dijo Shinichiro dando palmaditas en la cabeza de Mikey, quien se había dejado caer dormido sobre su regazo-Por lo menos es lo que quiero creer.

Takemichi asintió con su cabeza. Miró a su lado, Hinata estaba tratando de calmar a su hermano, quien derramaba lágrimas en silencio. El chico tuvo que presenciar a sus padres ser devorados por una “manada” de esas cosas que solían llamar vecinos. Él sería el siguiente junto con Hinata, si no hubiera sido por Takemichi que fue por ellos y les ayudó a escapar a duras penas.

Después de un largo silencio, escucharon pasos acercándose al lugar. Keisuke, Chifuyu y Kazutora regresaban de su inspección a los muros. Sin embargo, no eran sólo ellos.

-¡¿Qué demonios?!-preguntó Takemichi poniéndose de pie rápidamente para correr a ayudar a sus amigos.

-Los encontramos tratando de cruzar uno de los muros por el mismo lugar que el idiota muerto lo hizo-dijo Baji pasándole el bate de regreso a Draken-Al parecer venía con ellos y no les contó que había sido mordido. Los trajimos con nosotros. Tampoco somos tan desalmados como para dejarlos morir allí. Estaban atrapado en el alambrado, agotados. Yo no les daría más de un día.

Takemichi se acercó a Chifuyu para ayudarlo a seguir cargando al chico que traía en su espalda a duras penas. Definitivamente estaban muy mal, pues no reaccionaban por más que los movían o les hablaran. Draken miró a Shinichiro con preocupación. Era el mayor debía saber qué hacer ante esta situación.

-¿De verdad dejarán que se queden con nosotros? Podrían matarnos mientras dormimos-espetó Nahoya apuntando con desprecio al par de chicos que habían sido dejados en el suelo, apoyados en la pared contraria a donde se encontraban los hermanos Kawata.

-Están tan débiles que es probable que mueran durante la noche-respondió Emma luego de examinarlos-No creo que debamos preocuparnos por ellos en ese sentido. Además que en estos tiempos mientras más seamos, más posibilidades tenemos de sobrevivir. Necesitamos más gente para hacer rondas, recolectar alimentos y reunir agua.

Draken se acercó a ella dejando caer con suavidad la mano sobre su cabeza. Si lograban sobrevivir a todo esto, y si las cosas mejoraban, se casaría con ella.

Los gemelos gruñeron con desaprobación. Pero Emma tenía razón. La tos de uno de los chicos llamó la atención de los hermanos, quienes se pusieron en posición defensiva de inmediato.

-¿Cómo...está... mi hermano? ¿Rindou?-habló con dificultad moviendo su mano para encontrarse con la de su querido hermano-Te dije...que era...una mala idea.