Mi Dolor De Cabeza ~ Petopher by Anish at Inkitt
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Mi dolor de cabeza ~ Petopher

Summary

Christopher Argent, un chico que lo tiene todo. Una familia adinerada, un futuro asegurado, una prometida con un buen porte. No puede quejarse de nada. Pero todo eso no sirve de nada cuando tu vida es un infierno. Eres el títere que aman controlar. Todo eso puede cambiar con la llegada de una persona que pondrá tu mundo patas arribas y se volverá tu "dolor de cabeza."

Genre
Romance
Author
Anish
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Antes de que todo Beacon Hills se volviera lo que es hoy en día, habían dos familias importantes. Ambas partes hicieron un tratado para que pudieran coexistir en un mismo lugar y que no hubieran represalias.


Esto únicamente con el propósito de no generar problemas tanto para ellos, como para los ciudadanos de la ciudad. La razón es que no sólo eran simples personas comunes y corrientes, la familia Hale y Argent ocultaban un gran secreto a todo aquel que desconocía sus orígenes.


Los Argent son la primera generación de Cazadores de lo sobrenatural, promotores de los diferentes clanes que existen y que existirán en un futuro. Seguido de ellos se encuentran los Hale, la primera manada en tener la capacidad de convertirse en lobos completos después de que el primer hombre lobo naciera.


La rivalidad que estás partes tenían la una a la otra se pasaba de generación en generación. De esos años y años pasaron y todo seguía igual o tal vez era un momento de dar un cambio a la historia.


Un chico se encontraba en lo profundo del bosque, estaba enojado por la horrible discusión que había tenido con su madre por lo que prefirió dejarla discutir sóla. Siempre que discutía con sus padres lo único que lograba calmarlo eran las caminatas por el territorio que tenía su familia.


Al pasar el tiempo su rabia y enojo no disminuían, cada vez más aumentaba más y más, haciendo que su lobo quisiera tomar el control con el propósito de atacar a la persona responsable de tal emoción. Aquél muchacho ya no sabía cuánto tiempo llevaba caminando y de no ser por el sonido de un arma siendo disparada no se hubiera detenido.


—Ni un pasó más, lobo.


Escuchó una voz un tanto gruesa, levantó la vista y vió a un tipo de cabellos rubios apuntándole sin miedo alguno.


—¿Qué tu madre no te enseñó a no disparar a gente que no conoces? —respondió con un toque de burla—. Aunque con tan mala puntería ella debe de estar decepcionada.


Aquellas palabras pusieron furioso al chico frente suyo.


—No estoy jugando —preparó el arma—. Estás por pisar territorio Argent y sinó quieres problemas, lo mejor es que te devuelvas por donde viniste.


Sin duda Peter se encontraba loco, no, loco no, estaba chiflado y es que no había cosa más atrayente que un chico de aspecto rudo, pero que por dentro sabía bien que era todo lo contrario.


—Bien, me iré —fue la respuesta que dió—, pero se bien que no será nuestro último encuentro, Argent.


Y con eso se fue de allí, no sin antes regalarle una sonrisa coqueta a aquél rubio.


—Maldito loco de mierda —murmuro esté y se fue.



Pasaron unos cuantos días del encuentro y Chris no podía olvidar aquella sonrisa de ese lobo, él sabía muy bien que sé trataba de uno de los integrantes de la manada de Beacon


Era fácil, ya que los únicos que tenían permitido llegar hasta el límite que separaban ambos territorios eran su familia y los Hale.


Mientras pensaba en aquel chico se terminaba de alistar, ese día empezaría un nuevo ciclo en la preparatoria Beacon Hills y por órdenes de su padre tenía que darles el recorrido a los nuevos alumnos que se integraban a la misma.


Al salir de su habitación y llegar a la sala se encontró con su hermana menor Kate comiendo de su desayuno.


—Gerard salió temprano y me pidió que te recordará sobre la presentación de los nuevos —le decía mientras cogía una de las tostadas—, ni un minuto más, ni un minuto menos o ya sabes lo que pasará.


Un escalofrío cruzó desde la cabeza hasta los pies, los castigos de su padre eran a la antigua por lo que prefería no hacerlo enojar.


Sin siquiera probar un bocado del desayuno salió de la mansión Argent y fue directo a su camioneta. Eran las siete y cuarenta, no debía llegar tarde, ya que las clases comenzaban desde las ocho.


Por raro que parezca todos los semáforos cada que pasaba le marcaban a verde y así fue como llegó rápidamente a la preparatoria. Al salir de su vehículo divisó al menos a diez personas esperando justo en las escaleras, suspirando formó su mejor "sonrisa" y se acercó al grupo.


—Buenos días, mi nombre es Christopher Argent, pero mejor díganme Argent —empezó a hablar de forma dura—, y yo seré su guía, ahora pueden pasar.


Los aludidos comenzaron a subir por las escaleras para quedar en la entrada a esperar a su guía designado, Chris soltó el aire que tenía y justo cuando iba a ir con ellos una mano en su hombro junto con una voz que le resultaba familiar lo detenían.


—Te dije que ése día no sería nuestro único encuentro —le susurró cerca del oído.


Cuando se giró encontró una sonrisa pícara y que mostraba diversión, diversión que solo disfrutaría aquel chico.


Y es que Peter Hale sería su más grande perdición de ahora en adelante.


Para Chris la preparatoria era un respiró de su hogar, no tenía que estar pendiente de su hermana y mucho menos verle la cara a su "cariñoso" padre. Desde la muerte de Joan, quién era la esposa de Gerard, todo se había vuelto un infierno.


La pérdida de la líder Argent trajo consigo un mundo oscuro y sombrío. Fue atacada por un grupo de hombres lobo omegas sin manada, la soledad los había vuelto salvajes y no tuvieron conciencia de la vida que habían arrebatado.


Después de eso su padre juró nunca volver a confiar en cualquier otro ser sobrenatural, lo único que lograba detener la aniquilación completa de la familia Hale era el tratado que sus antecesores firmaron y que de romperlo horribles tiempos azotarián todo Beacon Hills.



No podía estar más enojado, debió de haber discutido con su padre y así no tener que soportar al grupo de recién integrados, aunque solo era uno en específico que no dejaba de sacarlo de las casillas y por ser el hijo del director tenía que mantener la compostura y dar el ejemplo.


—¿Entonces básicamente es una cárcel disfrazada de escuela? —preguntó Peter.


—Nunca dije que ésto fuera uno de esos lugares —su respuesta fue dura y cortante—. Solo se busca formar hombres y mujeres de bien que sepan defenderse ante la vida y.


El castaño silvo mirando a otro lado, ya se estaba aburriendo de tanto diálogo del otro sobre formar quién sabe qué cosa.


—Oh, perdón —se disculpó falsamente al ver la cara del otro—, es que me aburrió tanta palabrería.


—Debes tener más respetó cuando te hablan


La sonrisa que se formó en el rostro de Hale lo hizo apretar los puños.


—Estar en este lugar de siete a nueve de la noche, con solo dos descansos de quince minutos y —había empezado a enumerar—, tener que estar obligatoriamente en un club, limpiar la escuela aún en horas de salida, compartir de forma obligatoria y tolerar la actitud de profesores petulantes no me parece para nada justo... una cárcel.


—Si tienes problemas con las reglas que se rigen en este plantel educativo, mejor deberías retirarte y buscar uno que se acomode a tus gustos y que te deje ser un vago.


El grupo se quedó en completo silencio, algunos de los estudiantes que estaban pasando por allí se quedaron igual y prefirieron pasar rápido del pasillo.


—Creeme que lo haría, ganas no me faltan —se cruzó de brazos—, pero está escuela necesita del dinero de mi familia y sin mi aquí no tienen a más nadie, solo estoy yo.


En eso tenía razón, después de que Thalía la hermana mayor de Peter se graduó, la preparatoria estuvo en crisis, y el dinero que obtenían de su labor como cazadores nunca se utilizaría para ese lugar, era únicamente para armas y zonas de reunión.


Chris no dijo más nada para no quedar más en ridículo de lo que ya estaba, dando a entender que era punto para Peter y cero para él. Al final del recorrido dejó a los estudiantes en su respectiva clase, fue directo a la suya y cuando se sentó en el usual asiento distinguió a alguien nuevo a su lado.


—El destino nos quiere cerca, Argent —le dijo Peter.


—¿Qué haces aquí? Se supone que tienes que estar en el salón que te dejé.


Hale se llevó su dedo a la boca y fingiendo pensar para molestar aún más a su compañero le respondió.


—Me adelantaron a ciencias avanzadas porque soy muy inteligente.


Fue la única respuesta que dio, ya que después de eso llegó el maestro y comenzó la clase.


Las primeras clases habían terminado por lo que era momento del descansó. Todos los estudiantes iban directo a la cafetería para comer o solo pasar el rato.


En una de las mesas, la popular se podría decir se encontraban Chris, varios del equipo de lacrosse, básquet y fútbol, además de una chica pelirroja que prácticamente estaba pegada al brazo del rubio.


—Quita esa cara de amargado que tienes, Chris —mando a la chica.


—Lo siento, Victoria —soltó un fuerte suspiro—. Uno de los de nuevo ingreso me tiene aburrido.


Victoria no le prestó mucha atención a lo que su novio decía.


—No pienses en él y ya.


Chris se dió cuenta de la poca importancia que aquella pelirroja le daba, quién era su novia únicamente por órdenes de su padre y de la madre de los calavera, Araya.


Se levantó de allí sin decir algo más, de igual forma ninguno de los que se encontraban sentados allí lo miro. Salió de la cafetería, se dirigía a la biblioteca, pero justo cuando pasó por el salón de música una hermosa melodía era tocada en un piano. Lentamente retrocedió en sus pasos, vió la puerta frente suyo y la abrió lo más lento que podía para que la persona que estuviera del otro lado no lo escuchará la intromisión.


Sus ojos por sorpresa casi salen de sus ojos, Peter Hale estaba sentado tocando el piano y cantando, una hermosa voz salía de sus labios y con toda la emoción que había en él cantaba dicha canción seguida del instrumento. El corazón del joven cazador bombeaba de forma desenfrenada, daba gracias a que el sonido del piano y el cántico del que estaba allí fueran de tapadera o no?


—Sabes que espiar a las personas es de mal gusto, Argent —lo habían descubierto y todo por los latidos de su corazón.


—¿Cómo me escuchaste? —entró al salón mientras preguntaba.


—Tus latidos, te delataron —continuo pasando sus dedos por las teclas del piano—, pero tu aroma podría olerlo aún si está lloviendo.


Peter no sé había dado cuenta de la forma en que sus palabras alteraban a Chris y lo bien que lo hicieron sentir por esa ocasión.


—¿Tú me notaste? —el aroma en Argent se volvió agrio y la tristeza lo bañaba.


—Es difícil no notar tu imponente presencia, Chris —llevo su vista ahora que lo tenía sentado a su lado—. Resaltas ante todos, solo que no te das cuenta.


Y así ambos habían empezado a pasar a tocar el piano, en ocasiones sus dedos se tocaban y una chispa se podía sentir en cada toqué.



El tiempo pasaba y cada vez más ambos chicos se volvían más cercanos el uno del otro, Peter hizo su respectivo grupo de compañeros, pero siempre en la hora del descanso y en las horas de la tarde se quedaba en el salón de música con Chris.


Los momentos que compartían en esas cuatro paredes eran especiales para ellos. Su primera canción compartida, meriendas, pero la más importante de todas fue cuando al terminar de tocar una de las tantas canciones que les gustaba Chris lo tomó del rostro y lo beso de la forma más dulce y cariñosa posible.


Peter había sido besado por varias personas, tanto mujeres, como hombres, a él no le importaban las etiquetas, ni nada, pero de entré todos esos desconocidos el beso que le estaban dando se sentía único y especial, como si sus labios hubieran sido creados para unirse a los de Argent en tal muestra de afectó.


Solo que no todo es color de rosas, después de aquél momento el joven cazador había dejado de ir a sus encuentros, si se encontraban por los pasillos del instituto o fuera de ellos ni siquiera le dirigía la mirada y lo que terminó de destrozar lo fue descubrir a Chris besando a la primogénita de los Calavera para luego descubrir que después de terminar con el instituto se casaría con Victoria.


Fue justo allí que la poca alegría que había sentido en tan solo unos meses se fue por completó y una sombra gris de tristeza y melancolía se podía percibir a su alrededor. Thalía que se había dado cuenta del cambio de su hermano trató de hablar con él y saber lo que tenía a su hermano menor tan deprimido.


—No te metas en mis asuntos, Thalía —le ordenó Peter—, que cuando tu estabas de mal humor por tu estúpida pelea con Alexander yo no me metí en ello.


Ni bien pudo decirle algo más cuando le cerró la puerta en la cara. Si en algo era buena, era en descubrir todo lo que pasaba a su alrededor y de quienes le importaban mucho, los dos podían tener una relación de cariño-odio entre hermanos, pero eran manada y lo que le afectaba uno también al otro.


Acordándose del último día en que Peter había llegado no solo destilando alegría, sino también un olor que no pretendía a él, todo eso mientras se tocaba los labios. Guardo muy bien la esencia y fue en busca de ella.


Llegó hasta los vestidores de los hombres, usando su audición de mujer-lobo escuchó primero si habían más chicos allí, pero sólo escuchó una respiración y un sólo latido. Entró golpeando la puerta y quién dió un salto por el repentino estruendo.


—Sabía yo que no era nada bueno tener un Argent cerca de un Hale —sus ojos brillaron en rojo—. ¿Qué fue lo que le hiciste a Peter?


—¿Perdón?


—Peter ha estado deprimido de un tiempo para acá y la última vez que lo ví tan contento fue teniendo tu hediondez encima de él.


Argent que al principio tenía una cara de poco interés cambió a una de preocupación para luego volver a la inicial.


—No sé nada —cerró el casillero—, y no me interesa en lo absoluto.


Tomó sus cosas y pasó al lado de la Alfa empujándola un poco.



Las clases habían terminado hace unas semanas, tanto Peter como su lobo interior se encontraban deprimidos. Exactamente ese día era en el que Chris se casaría con Victoria para unir ambos clanes de cazadores.


El muy idiota se había enamorado de aquél rubio, pero no solo eso, descubrió que también era su compañero de vida, aquél que había nacido para que estuvieran juntos o al menos era lo que decían los libros que había leído sobre los destinados y la historia sobre ellos.


Tenía un pote de helado de brownie entre sus piernas, una sábana en su espalda, un pijama y su cabello estaba vuelto un nido de pájaros, todo eso mientras veía una película de romance para variar. Justo al final de la película tocaron la puerta de la habitación.


—Estoy viendo una película —grito a la persona del otro lado—, así que dejen de fastidiarme.


Volvió a llevarse una cucharada de helado a la boca para que se escuchará la puerta siendo tocada nuevamente. Se levantó enojado caminando hacia está.


—Thalía ya te dije que me dejaras en paz —abrió la puerta—, y que no...


Frente suyo no estaba ni Thalía, ni sus padres, ni cualquier otro integrante de la manada Hale, quién estaba justo frente suyo no era ni más ni menos que Christopher Argent.


Esté vestía un smoking que hacía que marcará muy bien las partes de su cuerpo y lo hacían ver aún más hermoso de lo que ya era.


—¿Qué haces aquí? Y ¿Quién te dejó pasar?


El rubio lo hizo caminar para atrás mientras le preguntaba y cerraba la puerta del cuarto con seguro.


—Tu hermana me dejó pasar —le dijo mientras lo acorraló entre su cuerpo y la pared.


—Eso no explica el hecho de que estés aquí.


Chris llevó una mano a la superficie de la pared y la otra a la barbilla de Peter.


—Estoy aquí por ti —sus ojos veían los de Peter—, estoy aquí para explicarte todo y arreglar el daño que te hice.


Y ya cuando el castaño le iba a decir que se fuera un beso fue plantado en sus labios, sintiendo como eran devorados por el tipo caliente y llenó de deseó por estar con él.


Las respuestas podían esperar, lo único que le interesaba en ese momento era seguir con el arrollador beso que estaba recibiendo y que estaría loco si terminará con el ahora.

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