En el edificio
—Entonces... ¿dices que tus alas pueden sentirlo todo? —susurró contra el oído del héroe número dos, provocando que este se estremeciera por el choque del aliento fresco contra su piel.
Hawks tragó duro y tensó los músculos de su cuerpo, queriendo encogerse para cubrir su entrepierna desnuda y para cubrir su verga erecta y húmeda.
Tener los ojos vendados hacía que sus otros sentidos se agudizaran, gracias a esto, cada que esta persona le susurraba, terminaba reaccionando.
Y se sentía muy cohibido.
Ahora mismo, Keigo Takami daba una imagen muy vergonzosa de sí mismo, se encontraba desnudo, atado a una silla y vendado.
Estaba completamente expuesto.
—Sí... —contestó pesadamente.
—Es así…
No le veía, pero podía jurar que ahora mismo estaba sonriendo con perversión.
Casi al instante, sintió unos largos dedos recorrer sus rojas y suaves plumas, desde el extremo hasta el nacimiento de estas con suma delicadeza, resultando en una placentera tortura.
El tacto de aquellos dedos le provocaba todo tipo de sensaciones que lo hacían todo aún más desastroso.
Ese tacto delicado y lento era tortuoso.
Estaba totalmente desesperado ahora mismo.
Pero mientras los dedos se acercaban al nacimiento de estas bellas alas, la sensación era más intensa.
—Me... voy a correr… —anunció Hawks, entrecortadamente.
Una risa burlesca se escuchó por la habitación.
—¿Solo por esto? —preguntó, con sorna, mientras la sonrisa en su rostro crecía más.
Sus dedos comenzaron a acariciar en círculos esa área en específico; la espalda de Hawks se arqueó por el tacto y su pene reaccionó, dejando salir más líquido pre-seminal.
Keigo estaba intentando con todas sus fuerzas no correrse ahora mismo.
—¿Qué tal si...?
Insinuó aquella persona con coquetería, mientras una de sus manos iba hacia el frente y acariciaba la punta húmeda de aquel pene erecto, que palpitaba por sus estímulos.
Hawks terminó por correrse al poco tiempo que sintió esos fríos dedos acariciar su sensible punta. Qué trampa. Entonces dejó salir el aire que había estado reteniendo inconscientemente en un pesado suspiro.
—Te corriste —comentó con cierta sorpresa, y estalló en una carcajada que terminó por estremecer al héroe.
—Eres increíble, Hawks.
Colocó una mano en la frente del jóven héroe e hizo un poco de su cabello hacia atrás, despejándola.
—¿Qué debo hacer? Te corriste al instante.
Se colocó de cuclillas frente a él y acercó su rostro a la cara interna de uno de los muslos de Hawks, quien reaccionó inmediatamente con un respingo.
—Tu polla está tan húmeda —canturreó mientras fruncía sus labios.
—Deberíamos... parar —sugirió Keigo con cierto cuidado, reteniendo sus gemidos.
Entonces, frunció sus cejas con extrañeza por la sugerencia del héroe; acercó su rostro a la entrepierna y sacó su lengua; la acercó al escroto y lamió una vez.
—¡AGH! —gimió Hawks por lo alto, en respuesta.
Volvió a lamer, provocando otro gemido agudo en Hawks, sintiendo como su excitación incrementaba. Succionó y lamió los testículos al tiempo en que los gemidos y jadeos inundaban la habitación parcialmente iluminada.
—¡Ah…! Ahh... Si... Así… —suspiró Keigo, como una prostituta.
El individuo se detuvo abruptamente al escucharlo y alzó su rostro; entonces sonrió al ver la cara llena de confusión de Hawks.
Su rostro estaba completamente sonrojado y rastros de saliva se podían notar en las comisuras de su boca, dándole el toque perfecto a su desastre, aunque solo faltaban las lágrimas.
—¿Por qué...?
Su pregunta se vio interrumpida cuando su acompañante besó repentinamente la unión de su escroto y el pene, la cual después lamió y pellizcó entre sus dientes.
—¡Ngh-! —Hawks arqueó su espalda nuevamente y alzó su rostro mientras mordía su labio inferior con fuerza.
Hawks sintió a su captor alejarse, para después escuchar el sonido de un cinto siendo removido y justo después el sonido de unos pantalones cayendo al suelo.
Todo su cuerpo temblaba.
—Oh, vaya… mi agujero está completamente húmedo por tu culpa —-acusó aquella persona, con mejillas completamente enrojecidas—. Debes responsabilizarte, Hawks —señaló en un canturreo.
Acto seguido, Hawks sintió a su captor colocarse a horcajadas sobre él en aquella silla estrecha. Sus labios, garganta y torso fueron acariciados por las frías manos contrarias, estremeciendo la piel a su paso.
—Ah… quiero montar esa gran verga, de verdad —gimió.
—Por favor… —imploró el héroe, casi inaudible.
El individuo sonrió y acarició los labios de Keigo con sus dedos, se inclinó deliberadamente hacia adelante, y presionó sus rotos labios sobre los del héroe en un pequeño beso. Hawks tensó su cuerpo y no pudo corresponder el beso porque se encontraba pasmado, aún así, su captor no se alejó.
Sin esperar alguna reacción de parte de su héroe, aquella persona comenzó a mover sus labios de forma voraz, como si quisiera devorarlo por completo. Sus labios se movían con destreza, causando un desastre total en Hawks, que apenas podía seguir el ritmo.
Sin dejar de besar al héroe, levantó sus caderas lo suficiente como para que el glande rozase su agujero palpitante. Movió sus caderas de adelante hacia atrás, acariciando el miembro y, sin previo aviso, se dejó caer sobre este, dejando que el grueso miembro penetrara su interior con brutalidad.
Por lo repentino, el captor mordió con fuerza el labio inferior de Hawks, que gimió, y erigió su espalda, así como también apretó su interior.
—¡Mierda-! —jadeó el individuo mientras clavaba sus uñas en los hombros ajenos.
Sin esperar más, comenzó a mover sus caderas de arriba hacia abajo, dejando que la erección palpitante penetrara su interior sin reparo y dejando que los gemidos y jadeos inundaran el lugar.
El choque de pelvis se hizo escuchar, al igual que las vociferaciones de ambos individuos que se encontraban en un mar de éxtasis donde solo eran ellos dos y su placer.
Debido a la sensibilidad de Hawks, no tardó mucho en eyacular dentro de su captor, que siguió moviéndose ya que su orgasmo aun no llegaba. Keigo, en su lugar, sintió su cuerpo entero estremecer y tensarse por el espectacular orgasmo que le fue otorgado.
Las bruscas embestidas siguieron y los precoces orgasmos siguieron viniendo. El sudor y los fluidos, así como las lágrimas eran parte de esta bochornosa escena, que duraría un largo rato más.