La confesión de Sero Hanta

Summary

Solo es Sero confesando su amor, en un impulso, al desentendido Shoto.

Genre
Romance
Author
Jackari
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Una inesperada confesión

Hanta se encontraba sentado en el sillón del área común de la residencia de la UA, y se encontraba inquieto por una razón, desde hacía un tiempo, cada vez que veía a su compañero de clase, Shoto Todoroki, se ponía nervioso y sentía cosquillas en el estómago y, para él, extrañamente todo se volvía de colores brillantes y solo cabía felicidad.

Hace poco se hizo consciente de una gran verdad: le gustaba el chico Todoroki. Ahora que era consciente de sus sentimientos, estos se volvían cada vez más fuertes y, justo ahora, acababa de cambiar de posición debido a su inquietud.

Su espalda y cabeza estaban sobre el suelo frío del lugar, sus piernas flexionadas hacia arriba y pegadas al borde del sillón, sus pantorrillas estaban descansando sobre el cojín del mueble, sus ojos veían al techo y lo único que estaba en su cabeza era aquel chico, amable, serio e inteligente; de cabello bicolor y ojos de diferente color; que poseía una cicatriz en el área de su ojo izquierdo, alto, de buen cuerpo y guapo.

El joven Hanta Sero soltó un suspiro, mientras colocaba el dorso de su mano izquierda sobre su frente.

—Todo va a estar bien, solo tengo un crush en él, solo eso —decía a la nada, para aliviarse a sí mismo y esperando que su corazón adolescente lo entendiera y dejase de latir tan bravamente cada vez que lo veía, cada vez que habla, cada vez que interactuaban.

El joven Hanta aún se preguntaba cómo es que no había perdido la compostura alrededor de su compañero.

Por el pasillo, el joven de los Todoroki hizo su aparición, como todos los días un semblante relajado yacía en su rostro. Vestía el chándal escolar y una toalla blanca pequeña colgaba de su cuello, al ver a su compañero, Shoto se acercó hacia él, curioso de saber el porqué se encontraba la mitad de su cuerpo en el suelo.

El chico se puso de cuclillas y se inclinó un poco hacia enfrente, mientras se secaba el cabello que goteaba sigilosamente, apareciendo en el campo de visión de aquel chico de cabello negro.

Sus ojos hicieron contacto y algo indescriptible creció en el interior de Hanta. El rostro de Shoto lucía fresco, su cabellos estaban húmedos y parecía recién salido de la ducha. La mente de Hanta quedó totalmente en blanco al ver a su adorado.

Dios, que bello lucía ahora mismo, parecía que una luz resplandecía detrás de él, cual ángel.

—¿Hola? —pronunció Shoto cuidadosamente.

La voz hizo eco en el interior de Hanta, al cual un sonrojo adornó su rostro de inmediato, llegando hasta sus orejas y haciéndole estremecer.

—¿Por qué estás en el suelo? ¿Está todo bien? —preguntó el compañero de clase, con genuina preocupación y curiosidad.

La cara curiosa de Shoto se grababa en las retinas de Hanta, con fervor. Y Hanta no tuvo tiempo para pensar, ya que un impulso y su boca fueron más rápidos que un auto en la Fórmula Uno.

—Te amo —confesó, con una sonrisa tímida y que realmente demostraba sus sentimientos en conjunto con sus ojos.

Shoto se sonrojó a la velocidad de la luz al escuchar esas dos palabras salir de la boca de su compañero, no sabía qué contestar, ya que no convivían mucho realmente. Además, no estaba seguro sobre lo que acababa de sentir en su corazón, ese vuelco que acababa de dar. ¿Sería felicidad? ¿Serían nervios? ¿Vergüenza? ¿Amor? Pensaba el chico de la cicatriz, incansablemente.

Amor romántico es algo que no había experimentado jamás, y tampoco es algo que hubiese visto en su vida cotidiana o en sus padres, aunque su hermano mayor tenía novia. Pero, aun así, no sabía enteramente sobre esas cosas.

Gracias al Internet, sabía sobre los síntomas que se padecían cuando alguien te gustaba de forma romántica: sentías un cosquilleo en el estómago, como si de mariposas se tratara; el corazón latía rápido al ver a esa persona, te pones nervioso y, para uno, esa persona es la única para ti; también te sientes feliz de verle.

¿Será que su compañero sentía todo eso cuando lo veía?

Era algo que Shoto no entendía, pero escuchar esa confesión hizo que su corazón diera un brinco de felicidad. No sabía exactamente lo que sentía, ya que no lo había sentido hasta ahora, o solamente nunca fue consciente de ello.

—Ah... la cagué, ¿verdad? —realizó Hanta, avergonzado y apartando la vista. Era demasiado para él—. Sólo olvida lo que dije —rio tembloroso, mientras sacudía su mano a modo de restarle importancia a lo reciente.

No sabía si era por impulso, curiosidad o porque así lo deseaba, pero, Shoto se inclinó un poco más, acortando la distancia entre ambos a su vez. En el transcurso, sus corazones latían más rápido y, se podría jurar ahora mismo que Hanta estaba por sufrir un paro cardíaco.

Estaban sucediendo muchas cosas tan repentinamente.

Shoto se detuvo un momento cuando sus labios estaban tan cerca el uno del otro, no sabía si lo que hacía estaba bien o si era así cómo debía ser, si algo sucederá después de que lo haga.

Él no sabía nada en cuestión a las relaciones amorosas entre dos personas y mucho menos entre dos personas del mismo género. No veía mal que dos hombres se gustaran, era algo a lo que él no prestaba atención, pero ahora mismo sentía curiosidad por saber que sucedería.

Y Hanta, por Dios, Hanta sentía este momento una eternidad, a pesar de que sólo habían pasado unos pequeños segundos; estaba estático, el chico que le gustaba estaba a punto de besarlo, no sabía qué hacer.

Finalmente, Shoto se decidió, después de un fugaz debate, y posó sus labios ligeramente sobre los de Hanta. Era solo una presión leve, pero Hanta sintió y descubrió muchas cosas; como si estuviera en el cielo. Los labios de Shoto eran entre fríos y cálidos, una sensación que le resultó agradable; eran suaves, pero tampoco eran muy gruesos ni muy delgados.

Eran deliciosos.

A Shoto, el beso le produjo una sensación agradable. Los labios de Hanta estaban ligeramente secos, pero aún así no le desagradó, eran unos labios delgados, pero no demasiado.

Shoto alejó su rostro, pues quería observar la expresión de Hanta, el cual no se lo permitió puesto que, con una de sus manos, tomó a Shoto del cuello de la sudadera y lo atrajo hacia él nuevamente, volviendo a besarlo.

Esta vez fue diferente.

Hanta cerró sus ojos con complacencia y se dedicó a besar los labios de su contrario con suavidad y añoranza. Era un beso torpe, pero disfrutable. Shoto se sintió un poco sorprendido, pero no tardó en adaptarse a lo dulce que era el beso, permitiéndose aventurarse a continuar así por un momento más, en este primer beso.