The Secret Of My Summer

Summary

El joven estudiante. Rebelde, atrevido, sin límites. Un genio sin ataduras. Perfectamente calificado para ser el mejor de la generación pero tan sutilmente rechazando cualquier modo de entrar en el término de "cerebrito". Las matemáticas no son su problema, pero si debe estar viendo a ese profesor delante de él por más de cinco minutos entonces no podrá contenerse. No. No lo odia. Pero el profesor es como un gato frente a él, moviéndose lentamente de un lado a otro, lanzandole miradas fugaces que le producen una sensación de calor en el pecho... Y otros lugares. El profesor suele apoyarse contra el escritorio cuando está dando la clase. "La posición está mal" es lo que piensa el joven estudiante cuando lo mira de reojo. Lo correcto sería que el abdomen del profesor estuviera contra el escritorio y él estudiante sobre el sometiendolo. Pero no agresivamente. Sus pensamientos no son agresivos. Son lascivos. -Profesor, ¿Puede volver a recrear ese ejercicio? El profesor suelta un suspiro y dándose media vuelta empieza a explicar de nuevo y a escribir en el pizarrón. "Si... La vista es mejor" piensa mientras recorre con la mirada esas piernas largas, cintura estrecha y un trasero bien formado. "Él necesita clases particulares después de clases...me quedaré con él" Piensa el maestro mirando la pizarra.

Status
Complete
Chapters
30
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Se conocieron en el peor de los casos posibles que pueden existir entre un maestro y un alumno: un bar.

Aquella tarde, el profesor había tenido una de esas crisis que pueden darte cuando llegas arriba de los 30 años.

Sentía que llegar a esta edad era lo peor que podía ocurrirle a alguien soltero.

Siempre solo. Siempre esperando que algunas migajas de amor llegaran a su puerta.

Aunque, a decir verdad, ya se había acostumbrado a de vez en cuando pasar el rato con algún hombre de su edad. La regla de su vida era solamente jamás meterse con alguien menor, y vaya que era difícil, puesto que era maestro de una de las universidades más prestigiosas del país.

Pero esa misma tarde, la misma duda existencial lo estaba aquejando y decidido a olvidar sus penas se fue a un lugar lejos de la zona donde solía rondar siempre para tomar un respiro.

Pidió una cerveza bien fría y la tomó de inmediato. Su tolerancia al alcohol es muy buena así que tuvo otras rondas más durante un buen rato.

En el bar había todo tipo de personas: hombres, mujeres, gente con gustos comunes y quienes buscaban algo realmente único.

Nadie de su ambiente laboral o personal conocía este sitio por lo que era el lugar perfecto para ahogar sus penas sin ser descubierto. ¿Qué dirían de un respetado maestro si lo vieran en este tipo de lugar?

Estuvo bebiendo sin tanto control como siempre.

Cuando sintió que era suficiente, el chico de la barra le hizo llegar otra.

“Esta no la pedí” dijo el profesor con algo de jaqueca evidente a estas alturas.

“Cortesía” dijo el tipo señalando hacia una esquina de la barra.

Ahí un chico de cabello rubio y mirada afilada, le regalaba una sonrisa coqueta levantando también su bebida.

Se veía joven, pero cualquiera con ese aspecto se podría quitar años de encima.

Se veía alto, sus manos eran grandes con dedos delgados y largos, y agarraban perfectamente la botella ejerciendo una fuerza que permitía que sus venas de la muñeca fueran marcadas.

Lo siguió recorriendo con la mirada. Brazos fuertes, musculosos, una piel ligeramente bronceada que le hacía lucir salvaje, hombros anchos que lucían con la chaqueta de cuero que los cubría, un pecho casi al descubierto que subía y bajaba con su respiración.

Un cuello sexy, con una manzana de adán que se movía sensualmente mientras aquel extraño bebía.

¡Vaya que era apuesto! Se quedo mirando un poco más hasta que unas gotas de cerveza cayeron y se deslizaron sobre esa piel.

“A tu salud, entonces” dijo el mayor tomando la botella y dando hasta el fondo.

Bebió nervioso intentando volver a sus cinco sentidos y cerrando los ojos pese a que la imagen en su mente le estaba empezando a producir cierto cosquilleo.

“Más bien a tu salud” escuchó la voz grave y profunda de alguien a su lado y se dio cuenta que el joven de había movido a su lado. “Ven conmigo, te invitaré otras rondas en otro lugar”

Aunque intento negarse, le era casi imposible ahora que lo tenía tan cerca. El olor perfumado del joven era enigmático y aunque intentaba no mirarlo directamente lograba alcanzar a ver por el rabillo del ojo una barbilla bien definida y unos labios carnosos.

El mayor ya se sentía mareado, pero aun así decidió seguirlo y salir hacia un coche en dirección a quien sabe dónde.

Su mente estaba algo dispersa, pero en algún momento sus sentidos se perdieron cuando él hombre que le ponía el cinturón de seguridad empezaba a darle besos en su cuello y a juguetear con su cintura.

Sentía el cosquilleo en su piel quemar lentamente mientras las grandes manos rodeaban su estrecha cintura. En su mente ya existían varias imágenes de lo que vendría después. No era como si fuera la primera vez, pero con este hombre todo su cuerpo ya se sentía ansioso. Lo podía imaginar con esa presencia fogosa tomando el control y aunque se sentía avergonzado por aquellos pensamientos, decidió dejarse llevar por ese embriagador momento.

El chico rubio manejó durante un largo rato. No había dicho su nombre y realmente no importaba mucho en esos momentos.

Cuando llegaron a una casa en las afueras de la ciudad, el profesor supo una cosa: ese día no saldría ileso.

al entrar en la casa, de inmediato quedo deslumbrado por el complejo tan espacioso. El joven lo tomo de la mano y lo llevo escaleras arriba hacia una habitación. Cuando estuvieron dentro, cualquier conversación quedo anulada por el sonido de unos labios jugando entre ellos.

Sintió como su espalda chocaba con la pared. El joven le tomaba de la cintura levantando su camisa mientras su boca le dejaba sin aliento.

Los suspiros empezaban a salir de sí mismo cuando sintió como el chico le cargaba y él enredaba sus piernas en la cintura ajena.

Fue cargado hacia la cama y entonces pudo presenciar el espectáculo que deseaba, viendo como el rubio se quitaba la ropa y bajaba a morder su cuello mientras lo desnudaba por completo.

Ambos cuerpos se frotaban con intensidad.

Sentían sus miembros erectos presionarse entre sí. La total fogosidad que siempre deseaba en sus amantes y que ahora estaba obteniendo. Quizá porque esa persona era un extraño o quizá porque el alcohol estaba haciendo de las suyas y solo le permitía disfrutar el momento y alcanzar el clímax.

El profesor busco la boca contraria. Lo besó, mordió sus labios y soltó un gemido alto cuando su pareja levantaba sus piernas e introducía un par de dedos en su interior.

En su mente quedaba el recuerdo de aquellas manos y vaya que le daba un buen uso a esos largos dedos, los cuales estuvieron preparándolo al ritmo que su pecho era besado, lamido y mordido subiendo a su garganta y al lóbulo de su oreja para dejar suaves besos que lo hacían endulzarse en medio de su excitación.

En un momento fue girado y acostado contra la cama de nueva cuenta. Su cadera era levantada mientras sentía algo duro intentando entrar a su interior.

El ya conocía este proceso y abrió un poco mas las piernas para que el joven amasara su trasero y se abriera paso lentamente.

La penetración era un tema complicado. No estaba acostumbrado a un tamaño así y sentía como sus piernas temblaban mientras era sujetado con fuerza de la cintura.

Toda su mente quedo en blanco.

Después recordaba todo en pequeños flashbacks: una casa grande, un cuarto espacioso, una cama cómoda.

Besos húmedos, la ropa cayendo, suspiros, gemidos, el crujir de la madera y sus manos apretando las sábanas mientras sentía sus rodillas arder por el apoyo y su cadera doler por el movimiento brusco.

“Tu nombre?” decía el joven detrás de él, besando su cuello, su nuca, mordiendo su oreja mientras las manos jugaban en su pecho. “Vamos dilo para mí”

Pero las palabras no salían y sólo quedaban suspiros llenos de tensión y calurosa pasión.

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Cuando despertó simplemente salió de esa casa dejando un cuerpo bien formado y sin ropa durmiendo en esa cama desarreglada.

Logró llegar de vuelta a su departamento. Tomó una ducha rápida, curó su cruda con un café cargado y se fue a la universidad en la que daba clases.

Al llegar fingió estar bien, aunque sus piernas temblaban y su cintura dolía aún. Con que clase de hombre lo había hecho?

Llegó a su nuevo salón de clases dispuesto a empezar el nuevo año escolar y rogando no tener problemas con alumnos irresponsables.

Su materia era matemáticas, y aunque sabía que no era fácil siempre daba lo mejor de sí mismo para hacer que sus alumnos aprobaran sin problemas.

“Bien, soy el profesor Luo, espero tengamos un buen tiempo de aprendi—zaje...” su voz quedó entrecortada cuando frente a él, en el primer asiento de su clase, estaba un joven de ojos coquetos, labios carnosos, cabello dorado, manos... Manos grandes que el recordaba perfectamente justo ahora.

Por su parte, aquel muchacho lo miraba atónito.

Había sido trasladado a esa escuela... ¡¿Quién diría que su amante de la noche anterior ahora sería su profesor?!

“TU?!”