Capítulo único ♡

El suave viento de la mañana movió con sutileza los largos y rubios cabellos del chico que estaba frente al caballete de madera junto a la ventana de la sala al mover su muñeca realizando un trazo en el lienzo con el pincel que sostenía entre sus dedos, rodeado de botes de pintura y llevando un overol de mezclilla sobre una camiseta blanca con manchas de diferentes colores.
—SeungCheol —Una masculina y aterradora voz que provenía de la puerta entreabierta del armario lo paralizó, volviendo su entorno oscuro y triste, como una pesadilla —¿En verdad crees que es una buena pintura? —El artista tembló de miedo y un nudo se formó en su garganta, asfixiándolo poco a poco —¿En verdad crees que haces arte?
Sin fuerzas dejó caer el pincel al suelo. Miró el lienzo frente a él y sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia y frustración.
Hasta que los fuertes golpes en la puerta principal lo regresaron bruscamente a la realidad, soltó un suspiro y sus pies se arrastraron al caminar, abrió la puerta y se encontró con Ailee, su mejor amiga, una chica inteligente y amable, de cabello negro que llegaba hasta su cintura, con rizos en las puntas dándole un aspecto encantador.
—¿Te parece si almorzamos juntos? —Levantó la bolsa con comida en su mano derecha.
SeungCheol se hizo a un lado permitiéndole entrar.
—Oh, ¿Estás trabajando? —Preguntó Ailee con curiosidad, dejó la comida en la mesa y se dirigió hacia el caballete —Es asombrosa —Elogió esbozando una cálida sonrisa. SeungCheol era un artista excepcional y se había encargado de perfeccionarse, especialmente en cuerpos humanos a pesar de evitar tener modelos, prefería retratar a las personas que veía en la colorida calle desde aquella ventana y pintar lo que veía en ellos, más allá de su apariencia física.
SeungCheol desbordaba pasión y talento, podía confirmarlo en las galerías de arte donde exhibían sus obras.
Y donde en cada exposición esperaban conocerlo.
—No, no lo es —Murmuró SeungCheol con tristeza obteniendo la inmediata atención de Ailee, bajó la cabeza avergonzado y caminó por el pasillo que llevaba a la habitación, encerrándose de ella.
—Te hemos dicho que no lo escuches —Regañó JeongHan apoyado en la pared, con los brazos cruzados cuando SeungCheol cayó en la cama.
—¿Quieres que te prepare una taza de té? —Preguntó SeungKwan acercándose al rubio —También puedo ir a recoger algunas flores para ti.
—No, gracias —SeungCheol hundió el rostro en la almohada y SeungKwan dio un paso hacia atrás, miró a JeongHan y este rodó los ojos.
Todo había comenzado cuando tenía doce años, escuchando susurros y viendo sombras que lo seguían sin importar a donde fuera o donde se escondiera, siempre estaban ahí; en su cabeza, distorsionando y volviéndolo ajeno a la realidad. Con el transcurso del tiempo los susurros se volvieron voces fuertes y claras, y dos de estas voces se convirtieron en alucinaciones, fue entonces donde apareció JeongHan, un chico de su edad, de cabello largo y rubio, amarrado en una coleta, asombrosamente negativo y desconfiado, a los pocos días conoció a SeungKwan, un chico menor que él, de mejillas abultadas y sonrisa radiante, inocente y optimista.
Una vez ellos que aparecieron no volvieron a irse.
Y lo inevitable sucedió.
Su primer episodio psicótico.
Mientras celebraba su cumpleaños número dieciséis vio una sombra asomarse en la puerta entreabierta del cuarto de baño y escuchó una voz que volvió su entorno oscuro, frío y triste, haciéndolo gritar aterrorizado.
Ahí descubrieron exactamente lo que tenía.
Esquizofrenia.
Un desorden mental crónico en el que perdía conexión con la realidad, con la cual no se vio en la obligación de vivir, debía sobrevivir ante la ignorancia y crueles comentarios de las personas. Las alucinaciones visuales y auditivas confirmaron sus síntomas positivos, por otra parte la decisión de aislarse y encerrarse en el piso donde vivía, con sus miedos, pensamientos, voces y dificultad para relacionarse con otras personas fueron los síntomas negativos que resaltaron al independizarse y mudarse de ciudad donde conoció a su mejor amiga.
Y así las largas horas de soledad las transformó en hermosas obras de arte porque a pesar de que su mente era un caos pintar la volvía un verdadero oasis, captando la atención de importantes galerías que deseaban exponen las obras del misterioso artista.
Habían pasado más de dos años de su último episodio psicótico donde terminó en una estación policial por derramar accidentalmente agua hirviendo en la mano de un hombre intentando escapar de la sombra que lo perseguía en una concurrida cafetería. Ailee no tardó en ir por él después de que lo trataran como un peligro, esposándolo y encerrándolo en una celda.
Los médicos le dijeron que podía tener una vida estable, nunca le aseguraron que las voces y sombras se irían pero sí que podría controlarlas con un tratamiento farmacológico adecuado.
Desafortunadamente aún no lo encontraban.
—¿Has notado algún cambio? —Preguntó el psiquiatra moviendo el bolígrafo entre sus dedos.
SeungCheol miró hacia la puerta de la consulta médica donde estaba JeongHan quien alzó una ceja, miró a SeungKwan y éste levantó su mano derecha, saludándolo tímidamente.
—No —Respondió volviendo su mirada al profesional de salud —Nada.
El viernes en la tarde Ailee insistió en que SeungCheol la acompañara a una pastelería que no quedaba muy lejos, tan solo serían diez minutos caminando, llegando a una plaza llena de árboles y flores, con familias y niños disfrutando de la alegre primavera.
—Bienvenidos a “Mi pastelito” —Una dulce y melosa voz se escuchó apenas SeungCheol abrió la puerta para que Ailee entrara primero en la pastelería, haciendo sonar la campanilla.
Levantó la cabeza quedando perdidamente cautivado con la belleza que poseía el chico de la tienda. Su piel pálida parecía ser de porcelana, de cabello castaño con un flequillo perfectamente acomodado, ojos afilados, mejillas sonrojadas, labios delgados y rosados que al curvarlos resaltaban dos coquetos agujeros en sus mejillas. Lo miró con detención, observando su adorable uniforme el cual consistía en una boina color melocotón, inclinada ligeramente hacia su derecha, una camisa blanca destacando un gafete dorado con su nombre y un listón alrededor de su cuello del mismo color de la boina, al igual que el delantal que rodeaba su cintura, un ajustado pantalón negro y zapatos.
—Es lindo —Comentó SeungKwan con emoción.
—Y pequeño —Agregó JeongHan viendo al pastelero con desconfianza.
—¿En qué puedo ayudarlos? —Preguntó JiHoon uniendo sus manos frente a él.
—¡Es muy lindo! —Corrigió SeungKwan dando brincos de alegría.
—Sí, pero es pequeño —Repitió JeongHan en un tono molesto.
—¿Tú también lo estás viendo? —SeungCheol preguntó en voz baja, con una pizca de vergüenza por no poder distinguir con facilidad sus alucinaciones de las personas reales.
—Sí, a veces realiza entregas en mi trabajo, su nombre es JiHoon —Respondió Ailee con tranquilidad, acercándose al hermoso chico mientras que SeungCheol se quedaba allí, apartado, mirando los apetecibles dulces de los mostradores a un costado de la puerta.
—Aquí está el pedido —JiHoon entregó el pastel que había preparado esa mañana y Ailee colocó el dedo índice sobre sus labios pidiéndole discreción —Oh, entiendo.
Sus ojos se posaron en el atractivo chico de cabello rubio y alborotado en lo que Ailee salía de la tienda para contestar una llamada.
—Chocolate, canela y cerezas.
Esa voz aceleró el tranquilo corazón de SeungCheol mirando de reojo a JiHoon.
—Son mi especialidad —Continuó el pastelero.
—Solo quiere que le compres —Dijo JeongHan mientras JiHoon tomaba la pinza del mostrador y guardaba cuidadosamente tres donas en una caja blanca —No lo hagas.
—Ten, son para ti —El menor captó la atención de SeungCheol quien se sorprendió al ver el bonito moño de color rojo envolviendo la caja que le ofrecía —Por tu cumpleaños.
—No lo aceptes, no lo hagas —Ordenó JeongHan frunciendo el ceño —No lo... —SeungKwan lo interrumpió colocando una mano en su boca alejándolo del lugar.
Con las orejas enrojecidas SeungCheol dio un paso hacia adelante y tomó la caja entre sus manos.
—Nunca antes te había visto por aquí —Habló el castaño.
—Yo no... —Las comisuras de sus labios temblaron al elevarse y bajó la mirada apenas esta se cruzó con la del menor pero no pudo evitar volver a levantarla completamente enamorado de los hermosos ojos de JiHoon —No suelo salir.
—Cheollie —Llamó Ailee abriendo la puerta de la pastelería —Vamos.
El artista asintió con la cabeza y dio un paso hacia atrás, volvió a mirar a JiHoon y levantó la caja con donas —Gracias.
Entre una buena pintura y una excepcional existen trazos arriesgados que pocos están dispuestos a realizar, por la delgada línea que existe entre esa pintura excepcional y un desastre.
SeungCheol sabía que él no era una pintura excepcional, había demasiadas manchas sin sentido en el lienzo, pero intentaba que no fuera un desastre.
Por lo que no hacia trazos arriesgados.
Al menos eso era lo que creía porque al escuchar el sonido de la campanilla supo que había hecho el primero.
—Bienvenido a “Mi pastelito”.
—Hola —Cerró la puerta detrás de él e inseguro caminó hacia el mostrador de donas en lo que SeungKwan impedía que JeongHan entrara a la pastelería.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Una de chocolate, canela y cerezas por favor —Pidió SeungCheol.
—Enseguida —Tomó la pinza y una caja, guardando los dulces en ella.
—¿No esperabas que volviera? —Se atrevió a preguntar el mayor.
—En realidad... —Sus mejillas se sonrojaron y no pudo ocultar su amplia sonrisa al mirar a SeungCheol —Esperaba que lo hicieras —Respondió con honestidad.
Esas palabras endulzaron la profunda mirada de SeungCheol y agitaron su corazón con fuerza, lo suficiente para sumergirse en un desconocido sentimiento.
—Me dijo que estaba esperando que volviera —Habló SeungCheol acostado en la cama, con las luces apagadas y las cortinas abiertas, mirando el cielo estrellado.
—Para que le compres donas —Concluyó JeongHan al otro extremo de la habitación —Es un maldito interesado.
—¡JeongHan! —Regañó SeungKwan sentado en el borde de la cama —No, no lo escuches, solo quiso decir que quería volver a verte.
—¿Por qué querría volver a verme?
—Porque probablemente le intereses —Respondió SeungKwan acariciando los pétalos de los girasoles que sostenía en sus manos —Románticamente.
—¿Románticamente?
—Sí —Sin querer JiHoon había alterado la rutina de SeungCheol por lo que SeungKwan comprendía su temor, sin embargo, su arriesgado trazo no había hecho un desastre en la pintura —Podrías invitarlo a una cita —Sugirió dejando los girasoles en la mesita de noche del artista.
Sin saber con exactitud qué estaba sucediendo SeungCheol comenzó a ir cada viernes a la pastelería de JiHoon, sorprendiendo a Ailee quien en más de una oportunidad se detuvo al verlo salir del edificio. Buscaba el momento adecuado para invitarlo a una cita pero a pesar de ensayar durante el camino las palabras escritas en su mano con un bolígrafo, no salían de sus labios.
Hasta que una noche JiHoon se quitó el delantal de su cintura y al darse la media vuelta vio a SeungCheol frente a la pastelería, sentado en una banqueta de la plaza, bajo los faroles, con la capucha de la sudadera sobre su alborotado cabello rubio, mirando el suelo y con un ramo de girasoles en sus manos.
—Ya no quedan donas —Habló JiHoon deteniéndose delante de SeungCheol, con las manos unidas detrás de él.
El mayor lo miró y se levantó de la baqueta haciendo que JiHoon alzara el mentón para mantener los ojos en él —No he venido por donas... —Hizo una pausa antes de continuar —He venido por ti —Dijo casi en un susurro —Tal vez te parecerá una locura pero, ¿Aceptarías tener una cita conmigo? —Finalmente preguntó —No tienes que responder ahora, puedes pensarlo. Yo... —Soltó un suspiro y bajó la cabeza, derrotado —Estaré esperando.
—Eso ha sido patético —Murmuró JeongHan sentado en la banqueta.
—A mí me ha parecido lindo —Opinó SeungKwan.
JiHoon dio dos pasos hacia adelante y sus dedos rozaron los de SeungCheol al tomar los girasoles —Me encantaría tener una cita contigo.
Acordaron reunirse un domingo al atardecer en la pérgola que estaba en el centro de la plaza, cerca de los frondosos y viejos árboles, un romántico lugar que se iluminaba al anochecer.
—¿Qué tal me veo? —Preguntó SeungCheol, llevaba una camisa azul, sin mangas bajo una chaqueta de cuero de color negro al igual que sus zapatos y el pantalón que hacía resaltar sus muslos.
—JiHoon se enamorará perdidamente de ti —Respondió sentada en el taburete de la isla de la cocina.
—No exageres —SeungCheol se miró a sí mismo y sonrió con nerviosismo.
—No está exagerando —Apoyó SeungKwan.
—Pareces un delincuente —JeongHan lo miró de reojo.
—¡Eso no es cierto!
—Por favor no discutan —Pidió SeungCheol y Ailee lo vio hablándole a una pared.
Claramente no era la primera vez que sucedía, SeungCheol intentaba ignorar a sus alucinaciones cuando estaba con ella para que no supiera dónde estaban y así no mezclar la realidad con la distorsionada realidad de su mente.
Era un problema al relacionarse con otras personas.
Pero no lo fue cuando llegó a la plaza y vio a JiHoon bajo la pérgola, quien dio un giro sobre uno de sus pies al notar su presencia y una radiante sonrisa iluminó su rostro dejando a SeungCheol sin aliento, llevaba una jardinera color rosa encima de una camiseta blanca, al igual que los tenis.
Se veía precioso.
Como una obra de arte, esas que se encontraban en los museos, esas que sin importar que las luces se apagaran seguían siendo igual de hermosas.
—¿Llevas esperando mucho tiempo? —Preguntó SeungCheol y JiHoon apretó sus labios marcando los hoyuelos en sus mejillas —¿Qué? —Alzó las cejas.
—Te reirás de mí.
—No lo haré —Aseguró el mayor.
—Llegué hace una hora —Confesó JiHoon —No sé si fue porque me gustan los atardeceres aquí o porque estaba ansioso por verte.
—Es un lindo atardecer.
—Muy lindo —El pastelero miró a SeungCheol mientras este miraba al cielo.
Caminaron bajo los faroles, conversando animadamente sobre ellos, gustos, sueños y anhelos a pesar de que SeungCheol era una persona reservada y muy despistada, más de lo que JiHoon hubiera podido imaginar, no notaba sus evidentes coqueteos y cuando lograba percatarse de ellos solo bajaba la cabeza y sonreía con las orejas enrojecidas.
Pero lo que JiHoon no sabía era que SeungCheol había notado otros detalles, como que acomodaba el cabello detrás de su oreja cada vez que lo miraba a los ojos, o que daba pequeños brinquitos al caminar mientras que él lo hacía con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta de cuero.
También que abultaba sus labios al terminar algunas oraciones.
Y agudizaba su voz cuando decía su nombre.
—Para el relleno utilizo azúcar y algunas gotitas de limón, no demasiadas, busco un equilibrio del sabor dulce con una pizca ácida que se vuelve peculiar en el paladar —Explicó JiHoon —Algunos le agregan vinagre, personalmente no es de mi agrado pero no es una tragedia, tan solo es diferente —Se encogió de hombros y miró a SeungCheol a su lado —He hablado demasiado.
—La pastelería se vuelve repentinamente interesante cuando viene de ti.
La conexión fue instantánea y el romance inició entre cómodos silencios y largos suspiros durante una cita algo inusual para JiHoon, SeungCheol evitaba los lugares aglomerados, por lo que no le sorprendió que lo invitara a una exposición de arte en la noche, cuando no había visitantes, para hablarle de su pasión.
Resultaba fascinante escucharlo hablar de conocidos artistas, de sus técnicas al pintar y de lo que veía en los cuadros colgados en las paredes.
—Me sorprende que no se haya aburrido —Habló JeongHan.
—¡No los interrumpas! —Exclamó SeungKwan.
SeungCheol desvió la mirada hacia las alucinaciones pero unos dedos rozaron delicadamente su barbilla, regresándolo a JiHoon.
—Estoy por aquí —Susurró el menor con dulzura.
—Sí —No supo cómo miró a JiHoon pero pudo presenciar como el color carmín se adueñaba de sus mejillas.
—No quisiera que esta cita terminara —Las mariposas revolotearon en su estómago al contemplar las largas y oscuras pestañas de SeungCheol —Pero mañana temprano debo abrir la pastelería.
—Entiendo, permíteme acompañarte a casa.
—Gracias —Sin dejar de mirarlo a los ojos JiHoon acarició la mejilla de SeungCheol y levantó los talones dejando un corto y sonoro beso cerca de sus labios, sorprendiéndolo —¿Vamos?
—S-Sí —Aclaró su garganta haciendo sonreír al castaño —Sí.
Durante las siguientes semanas continuaron saliendo, buscando instancias para verse bajo patéticas excusas como devolver una sudadera e inesperados deseos de comer un trozo de pastel. En ese tiempo JiHoon conoció la hermosa e infantil manera que SeungCheol tenía para sonreír, mostrando sus encías y haciendo resaltar dos hoyuelos que pocos habían visto y SeungCheol se dejó endulzar con la carismática personalidad de JiHoon.
—Solo debes mover tu muñeca —Dijo JiHoon sosteniendo la manga pastelera en su mano derecha para decorar uno de los bizcochos de los cupcakes que estaban en la rejilla —Un movimiento ligero, haciendo la presión necesaria con tus dedos.
Con un cupcake de chocolate frente a él y una manga pastelera en sus manos SeungCheol posó sus ojos en el precioso chico que estaba del otro lado del mesón, con un poco de harina en su mejilla.
JiHoon levantó la cabeza y SeungCheol desvió la mirada —¿Quieres intentarlo?
—Sí —Respondió inseguro de cómo empezar, el castaño sonrió y rodeó el mesón llegando junto a SeungCheol, se acercó invadiendo su espacio personal y colocó su mano sobre la de él, ayudándolo.
—SeungCheol —Habló JiHoon en voz baja, alejando la manga pastelera del bizcocho de chocolate.
—¿Si? —El rubio bajó la cabeza mirando a JiHoon a escasos centímetros de su rostro.
—Tienes que mirar el cupcake —Tomó un poco de crema pastelera en su dedo índice y lo pasó por la punta de la nariz del mayor.
—¡Hey! —SeungCheol lo rodeó con sus brazos colocando las manos en el mesón cuando JiHoon intentó escapar y se inclinó hacia adelante moviendo su nariz con la del menor, ensuciándolo y haciéndolo encogerse en su lugar.
—Quiero vomitar —Se quejó JeongHan.
Estaban pasando una agradable tarde en la cocina de la pastelería, JiHoon era minucioso en cada uno de los dulces que preparaba y se esmeraba en crear nuevas e innovadoras decoraciones mientras que SeungCheol esperaba que no escuchara los desenfrenados latidos de su corazón cada vez que se acercaba.
—Tengo más colorantes en la bodega —Dijo JiHoon limpiándose las manos con un paño que dejó cerca de los huevos —Regreso enseguida.
SeungCheol asintió y JiHoon salió de la cocina, dio un paso hacia atrás mirando el cupcake y tomó un pequeño corazón hecho de chocolate para colocarlo en la punta de la crema pastelera, sonrió y continuó decorándolo con pequeños trozos de fresas.
Hasta que escuchó un ronco susurro en su cabeza y una sensación de angustia y miedo lo invadió, lentamente movió su cabeza hacia la derecha viendo una puerta entreabierta y una sombra saliendo de ella.
—Vete de aquí —Ordenó JeongHan, SeungCheol frunció el ceño y apretó los dientes al mirar el mesón; los cupcakes y los recipientes con diferentes tipos de decoraciones que JiHoon le había enseñado entrecerrando los ojos de la felicidad.
—He encontrado colorante amarillo, podríamos hacer un nido de pollitos —Habló el castaño volviendo a la cocina donde no había nadie más que él —¿SeungCheol?
El mayor había corrido lo más rápido que pudo hacia el piso donde vivía, llegando cerró las puertas con llaves y aseguró las ventanas para quedarse escondido en un rincón de su habitación, abrazando sus piernas.
Y con el paño que JiHoon había dejado en el mesón, en sus manos.
La noche había sido una horrible pesadilla y SeungCheol no esperaba a la mañana siguiente abrir la puerta principal y encontrar a JiHoon.
—Hola —Saludó el menor.
—Hola.
—¿Puedo pasar?
—Sí —SeungCheol se hizo a un lado permitiendo que JiHoon entrara, cerró la puerta y caminó detrás del castaño. Era un piso sencillo y acogedor, como SeungCheol, con paredes blancas y antiguos muebles de madera, la sala estaba conectada con la cocina por una isla donde habían tres taburetes, había un sofá frente a la chimenea y otro a un costado, una alfombra y una mesa con algunos libros, pero lo que llamó la atención de JiHoon fue el caballete junto a una de las ventanas y los botes de pintura y pinceles que estaban en una estantería —Anoche...
—¿Estás bien? —Preguntó JiHoon, interrumpiéndolo.
—Sí —Respondió algo aturdido.
—He traído los cupcakes que hicimos —Las comisuras de los labios de JiHoon se elevaron —Creí que podríamos comerlos juntos.
Después de desayunar JiHoon recorrió con la mirada las pinturas terminadas que estaban apoyadas en las paredes.
—Así que estos son tus trabajos.
—Algunos de ellos —Habló SeungCheol caminando con cautela detrás del castaño —Los últimos que hice los envié a una exposición.
De pronto JiHoon se detuvo y ladeó ligeramente la cabeza —¿Es la misma chica? —Apuntó dos de los trabajos del artista.
—Sí, esta de aquí es de hace un año —Mostró la pintura con tonalidades cálidas —Esperaba a su novio y se lanzó a sus brazos apenas llegó, los colores muestran la emoción que había en sus ojos —Explicó SeungCheol y JiHoon lo miró con atención, cada una de sus expresiones —Unos meses después volví a verla, en el mismo lugar pero en esa ocasión nadie llegó y todo a su alrededor se volvió gris cuando comenzó a llorar.
JiHoon no era un experto en arte pero el trabajo de SeungCheol no eran solo colores o certeros trazos en un lienzo, tenía la capacidad de ver a las personas, más allá de lo que mostraban y plasmar sus sentimientos de una manera artística y majestuosa.
—SeungCheol —Lo llamó en voz baja.
—¿Si?
—¿Me pintarías? —Preguntó y SeungCheol se quedó en silencio algunos minutos antes de asentir con la cabeza —Desnudo.
El artista acomodó el viejo sofá de bordes dorados a una distancia ideal manteniendo la luz natural, colocó algunos cojines y preparó los pinceles y botes de pinturas, seleccionando las que probablemente usaría con JiHoon.
No había pensado en lo que sucedería.
Hasta que el castaño apareció en la sala.
Entonces presenció que el paraíso se escondía bajo la ropa de JiHoon cuando el menor, mirándolo a los ojos, dejó caer por sus hombros la bata de seda de color negro que lo cubría, enseñando su delicado y curvilíneo cuerpo de piel pálida y tersa, dejándolo completamente embelesado.
—R-Recuéstate ahí —Tartamudeó SeungCheol indicando el sofá, uno de los pinceles cayó de sus manos y rápidamente lo recogió.
Por su parte JiHoon obedeció, recostándose de lado, pasando uno de sus brazos por encima de su cabeza y su otra mano manteniéndola cerca de su mejilla, movió sus piernas ocultando ligeramente su entrepierna y esbozó una ligera sonrisa al ver el sonrojo de SeungCheol.
—Levanta un poco la cabeza —Habló el mayor sentándose frente al caballete.
—¿Así está bien?
—Sí, relaja tu rostro —Pidió SeungCheol —Por favor mantén tus ojos en mí.
Por primera vez SeungCheol fue incapaz de pintar directamente con el pincel, no sin antes hacer un bosquejo del frágil cuerpo de JiHoon, sin un lápiz a su lado recorrió sus bordes con sus ojos, perdiéndose en ellos, iniciando con la cabeza, hombros y torso, continuando con una diminuta cintura a la cual le colocó más atención para resaltar aquella pronunciada y sensual curva de su cadera que acababa en unas esbeltas piernas.
Sumergió la punta del pincel en la pintura y realizó el primer trazo, tratando de retratar la belleza irreal que veía creando un íntimo momento en el que JiHoon sintió verdaderamente desnudo ante la penetrante mirada de SeungCheol, quien había descubierto un inocente y puro sentimiento en sus ojos.
Un sentimiento, que sin saberlo, él provocaba.
—¿Qué tal ha sido tu día? —Preguntó SeungCheol caminando junto a JiHoon bajo los frondosos árboles de la plaza.
—Agotador —Respondió el menor —En la mañana salí a realizar algunos repartos y en la tarde debía entregar un pastel de bodas en una finca a las afueras de la ciudad pero se ha acabado el combustible en la carretera así que fue un caos —Soltó un suspiro y miró de reojo a SeungCheol —Lo único que deseaba era que fuera de noche para verte a ti, aunque fuera un ratito.
—¿Pudiste entregar a tiempo el pastel de bodas?
—Sí —Contestó JiHoon con una sonrisa —Nunca te han coqueteado, ¿Verdad?
SeungCheol miró al pastelero y alzó sus cejas —No suelo salir —Y no conocía a muchas personas, solo a Ailee, JiHoon, a la señora de la tienda y al encargado de las exposiciones de arte, por teléfono.
—Pero has estado saliendo conmigo —Se detuvo y SeungCheol lo hizo un paso más adelante dándose la media vuelta hacia el menor.
—Sí.
JiHoon lo miró enternecido, con la cabeza ladeada hacia la derecha, se acercó a SeungCheol colocando las manos en el pecho del mayor y levantó los talones uniendo sus labios en un ligero toque que fue suficiente para que un agradable y reconfortante cosquilleo recorriera sus cuerpos y SeungCheol sintió una explosión en su pecho cuando JiHoon movió los labios sobre los suyos, haciéndolos encajar a la perfección recibiendo una tímida e inexperta respuesta de su parte que adoró JiHoon porque tuvo el tiempo suficiente para enseñarle a besar, acariciando sus mejillas con ternura.
Apenas JiHoon tuvo la intención de alejarse SeungCheol no se lo permitió encorvándose hacia el castaño, rodeando su cintura y haciéndolo dar un paso hacia él, apoyó sus antebrazos en los hombros ajenos y enredó sus dedos en el rubio y sedoso cabello del mayor, separó los labios y SeungCheol profundizó el beso, recorriendo y conociendo su cavidad bucal.
El día lunes en la mañana SeungCheol asistió a la cita con su psiquiatra el cual le entregó las indicaciones para iniciar un nuevo tratamiento farmacológico, explicándole los efectos colaterales que se podrían presentar.
Y recordándole que no se debía esperanzar.
Aunque SeungCheol no lo había hecho.
Aproximadamente a las diez de la mañana salió del centro médico, pasó a comprar un poco de comida y llegando a la puerta del edificio donde vivía un cuerpo se arrojó a sus brazos y unos conocidos labios se unieron con los suyos en un corto beso.
—¿Vienes a visitarme? —Preguntó SeungCheol rodeando con un brazo la cintura de JiHoon, y en la otra mano llevando la bolsa con la comida.
—No, debo regresar a la pastelería —Respondió robándole otro beso al artista —He venido solo para darte un besito.
—Pero van dos.
—Y con este serán tres —Nuevamente besó a SeungCheol y tomó distancia, agitando su mano —Nos vemos más tarde.
SeungCheol bajó la cabeza ocultando su sonrisa y entró al edificio, se quitó el abrigo colgándolo detrás de la puerta principal y dejó caer las llaves en la mesita de la sala, rodeó la isla de la cocina y tomó un vaso para llenarlo de agua. Sacó una píldora y soltó un suspiro.
—Ni siquiera lo intentes —Dijo JeongHan —No, no lo hagas...
SeungCheol lo ignoró y colocó la píldora en su boca, cerró los ojos y bebió tres sorbos de agua, sabía que al abrirlos nada cambiaría, vería a JeongHan y SeungKwan.
Sorprendentemente no fue así.
Por primera vez en muchos años estaba solo, y pudo experimentar la placentera sensación de vivir sin distorsiones en su mente.
Sin miedos.
Pero los efectos secundarios no tardaron en aparecer.
Y su sonrisa se desvaneció al darse cuenta de su temblorosa mano que le impedía deslizar el pincel por el lienzo.
—¿Está todo bien? —Preguntó Ailee acercándose al caballete donde estaba SeungCheol.
—S-Sí —Mintió el rubio bajando el pincel en su mano —Está todo bien.
Los días pasaron y el temblor muscular fue empeorando obligándolo a ocultarlo.
Esa noche miró a JiHoon caminando a su lado, con una amplia sonrisa en los labios, dando brinquitos mientras bebía de su helado, sus ojos bajaron hacia la mano libre del menor y levantó su brazo, acercó su mano rozando sutilmente sus dedos pero la alejó cuando ésta comenzó a temblar.
Fue ahí donde cometió un error.
Irresponsable y desesperadamente mezcló las píldoras pensando en que podría mantener las alucinaciones lejos de su mente y controlar los efectos colaterales del medicamento.
Terminando en una crisis que lo hizo perder la conciencia.
—El médico ha dicho que deberás quedarte aquí por algunos días para ver la evolución del tratamiento —Dijo Ailee entrando a la habitación del hospital con un bolso con ropa en su mano.
—Internado —SeungCheol sonrió desganado mirándose con una bata blanca.
—Solo serán algunos días.
—Debería quedarme encerrado aquí para siempre —Musitó con tristeza.
—Cheollie.
—Este es el lugar al que pertenezco.
—Eso no es cierto —Ailee frunció ligeramente el ceño —Eres mucho más que un trastorno mental pero tienes que dejar que la gente que te ama encuentre el lado oscuro en tu interior —SeungCheol la miró a los ojos, se veía perdido —Porque serán las mismas personas que te mostrarán lo que es real cuando no puedas verlo por ti mismo.
El día fue insoportablemente silencioso, SeungCheol se mantuvo acostado, escondiendo parte de su rostro con las sábanas, mirando un punto fijo en el suelo.
—Él no regresará —Habló JeongHan y SeungKwan apretó los labios mirando el girasol que tenía en sus manos —Seguramente huirá de toda esta basura.
Se escucharon unos suaves golpes.
—Ailee es la única que siempre vuelve y aun no entiendo la razón para hacerlo —Resopló JeongHan mientras abrían la puerta de la habitación.
—Hola —Un meloso tono de voz sobresaltó a SeungCheol quien con cuidado se sentó en la cama, JeongHan abrió los ojos sorprendidos y SeungKwan sonrió con alegría —¿Puedo entrar?
El artista asintió y JiHoon cerró la puerta detrás de él, dejando unos pocos segundos para observar el entorno, las blancas y frías paredes de la habitación, la camilla, los pocos muebles que estaban en el lugar y la luz que entraba por una ventana con barras de metal.
—¿P-Por qué ha venido? —Murmuró JeongHan confundido viendo a JiHoon sentarse en el borde de la camilla, cerca del mayor.
—¿Por qué crees que lo ha hecho? —Habló SeungKwan obteniendo la atención de SeungCheol.
—Estoy por aquí —JiHoon colocó sus dedos en la barbilla de SeungCheol, regresando su mirada hacia él.
—Soy esquizofrénico —Su voz tembló al hablar, sin embargo, encontró la valentía suficiente para no apartar la mirada de JiHoon —Tengo alucinaciones visuales y auditivas, mi mente es un infierno, esa ha sido la razón para esconderme del mundo, o al menos así lo fue hasta que te conocí —Sonrió débilmente —Ahí me di cuenta que el mundo no era tan malo porque tú estabas en él —Sus ojos se humedecieron por lo que decidió bajar la cabeza, mirando su regazo. Tardando unos minutos en volver a hablar —No sé si saldrás por esa puerta y ya no volverás a querer saber de mí, no te culparía, debí haber sido sincero.
—Sí, debiste haber sido sincero.
—Lo siento —Susurró avergonzado.
Hubo un silencio y JiHoon tomó las cajas de píldoras que estaban en la mesita de noche —¿Estos son tus medicamentos?
SeungCheol asintió con la cabeza y el castaño sacó el móvil para escribir los nombres —¿Qué estás haciendo?
—Si seremos novios debo realizar una exhaustiva investigación sobre la esquizofrenia, así sabré cómo ayudarte.
La primera lágrima se desbordó de los ojos de SeungCheol y las demás la siguieron, empapando sus mejillas —Esa... —Movió su mano derecha apuntando una de las cajas que tenía JiHoon —Debo tomarla en las mañanas.
El pastelero dejó a un lado su móvil y los medicamentos —¿Me podrías mirar?
SeungCheol se limpió las lágrimas y levantó la cabeza mirando a JiHoon enseñando sus irritados y llorosos ojos y su nariz colorada, el menor se acercó un poco más a él y colocó sus manos en las mejillas de SeungCheol, limpiando los rastros de lágrimas que habían quedado en ellas, acariciándolo con amor, se inclinó hacia adelante dejando un beso en sus labios y el mayor no resistió abalanzándose hacia JiHoon y echándose a llorar al abrazarlo con fuerza.
Había pasado casi un año desde que SeungCheol estuvo internado en el hospital y esa mañana, después de haber asistido a una exposición de sus pinturas, se frotó los ojos y se levantó de la cama con el torso desnudo, vistiendo un pantalón con cuadros, caminó hacia el cuarto de baño para lavarse la cara y los dientes, salió hacia el pasillo y se detuvo al ver a JiHoon en la sala, descalzo, llevando una camiseta de dormir que le pertenecía, cubriendo una parte de sus muslos, junto a un romántico picnic con distintos tipos de dulces preparados por él, vasos con zumo, frescas frutas picadas en brochetas y un pastel rosa en forma de corazón con chispas de chocolate color blanco al igual que las letras escritas con crema pastelera.
—Buenos días —Saludó JiHoon con las mejillas sonrojadas.
—Buenos días.
En el pasillo JeongHan extendió su brazo hacia SeungKwan, impidiendo que avanzara hacia la sala —¿Me muestras las flores que tomaste ayer en el camino a casa?
—¡Sí, vamos! —SeungKwan rodeó su muñeca con una mano y volvieron a la habitación.
—Feliz cumpleaños mi amor —JiHoon se acercó para tomar sus manos y levantar sus talones besando sus labios.
—Gracias —Cuando el castaño bajó sus talones SeungCheol dejó un beso en su frente antes de que lo guiara hacia el picnic.
Se sentaron en los cojines que estaban en el suelo y JiHoon encendió la vela del pastel, colocándolo frente a SeungCheol.
—Debes pedir un deseo —Le recordó JiHoon.
El talentoso artista cerró los ojos y volvió a abrirlos soplando la vela.
—¿Qué ha sido? —Preguntó JiHoon con curiosidad.
—No te lo puedo decir —Respondió SeungCheol pellizcando la mejilla del menor al verlo formar un puchero.
JiHoon nunca pensó que tardaría tanto en cortar dos trozos de pastel y servirlos en los platillos pero SeungCheol se había acercado demasiado a él al encontrar el recipiente con cerezas, dándole de comer en la boca y robándole besos, unos más largos que otros, degustando el dulce sabor de la fruta en sus labios, haciéndolo reír al regañarlo y derritiéndose por dentro al perderse en sus besos.
—Oh, he olvidado mi cucharita —JiHoon se levantó y fue a la cocina.
Solo pasaron unos pocos segundos para que el cuerpo de SeungCheol se estremeciera al oír una voz que lo perturbó y la sombra que salía de la puerta entreabierta del armario aceleró su respiración, el oscuro y desolador ambiente lo atemorizó hasta que JiHoon cerró suavemente la puerta, regresándolo a la realidad, SeungCheol lo miró a los ojos y JiHoon le sonrió resaltando sus adorables hoyuelos.
—No había otra cucharita —Mintió el castaño acercándose a SeungCheol.
—¿No? —Alzó una ceja viendo como JiHoon agitaba sus pestañas con rapidez al mentir. No sabía hacerlo.
—No —Insistió, rodeó el picnic y se sentó entre las piernas del artista, de costado, apoyando los antebrazos en sus hombros y sintiendo los brazos de SeungCheol rodeando su cintura —Así que tendrás que compartir la tuya.
—Seguir dibujando una sonrisa en tus labios —Confesó SeungCheol —Ese ha sido mi deseo.
Se miraron a los ojos y JiHoon acarició la mejilla ajena, se inclinó hacia adelante y dejó tres cortos y sonoros besos en los labios de su novio para que después el mayor lo buscara en un beso más largo, besando con amor a la persona que le había hecho ver que él era una excepcional obra de arte.
