Diferentes Edades [Bakudeku]

Summary

¿Una realidad donde...

Genre
Drama/Romance
Author
Naru
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAP. 01


¿Una realidad donde Bakugō Katsuki es un Pro Hero, y Deku tan solo un estudiante?


•Personajes de Kohei Horikoshi

•Anime y sucesos alterados


Tambien habra diferencia de edades entre Katsuki e Izuku entonces si no te gusta ese tipo de relacion, mejor evita leer o dejar comentarios malos.


Todo es mera ficción, por favor si no sabes diferenciar la ficción de la realidad no leas.


Si no te gusta este tipo de contenido BL/Yaoi por favor no lo leas.


Y si te gusta, eres bienvenid@ a mi historia



Una mañana a las 7:00 a.m, un adolescente peliverde con exactamente cuatro pecas en cada mejilla abrió lentamente los ojos, aún entre las cobijas de su cama se revolcó por el molesto sonido de la alarma. Se tapó rapidamente el rostro por la luz del día, su ventana hacía que pasara demasiada luz como para molestar sus retinas.


Alcanzó al aparato que generaba el ruido tan molesto y cesó la alarma, suspirando por el silencio armonioso de la mañana. Una de las pocas cosas buenas en su día.


Al ya estar afuera de su cama se fue directamente al baño para darse una ducha, se arreglaría para ir a la escuela. Finalizó de alistarse lo más presentable que pudo a pesar de su enmarañado pelo verdoso y bajó a desayunar junto a su madre, ella lo recibió con una sonrisa mientras preparaba aún la comida en la cocina.


Finalizó con el tiempo del almuerzo, se lavó los dientes, y por ultimo salió sin mostrar su descontento de la casa. Dándole un breve beso de despedida en la mejilla a su regordeta y dulce madre, se largó sonriente.


Sonrisa que se apagó lentamente al ver la entrada de su secundaria llamada "Orudera".


Asi era su rutina. Pretender ser el más feliz, para que después sus “compañeros” lo estrellaran contra el pavimento, haciéndole ver inevitablemente la cruel realidad que vivía.


El pecoso logro divisar a lo lejos a sus agresores, el que más destacaba era uno de cabellera lacia y rubia, los demás a su alrededor eran otro cuento, simples extras que lo acompañaban... Pero siempre contaban con el mismo protagonismo en las palizas que le daban. Cada dia de escuela esos niños le hacían la vida imposible; desde golpes, hasta ser humillado delante de todos los ojos de la escuela.


Él necesitaba huir de ese lugar, quería ir a su casa y encerrarse todo el día tan solo él y su soledad sin ser molestado, sólo aceptaría la amorosa presencia de su progenitora y nada más. Bufó sintiendo la ansiedad atacarle las fibras de su cuerpo, no estaba de animos como para que otro miserable día esos chicos lo molestaran lo que resta de la mañana.


Pero Izuku era un estudiante lo bastante aplicado en la escuela como para perderse una sola clase y sólo por un capricho suyo. Aunque no lo fuera.


Así que con todas las fuerzas que tenía (y se iban disipando de solo pensar en entrar a su martirio) dio un paso al frente para seguir con su camino al salón con la misión de no ser visto por aquellos ojos azúl grisáceo. Pero por Dios, hablamos de Izuku Midoriya. El ser más desafortunado de todo Japón, o bueno, así lo percibió el pecoso cuando su plan no dio resultado y termino siendo visto por los mismos chicos que evitaba a toda costa.


—¡Oye, Deku! ¡Ven aqui marica! —exclamó con una sonrisa victoriosa de solo encontrarse a la fuente de su diversión, el chico llamado Monoma Neito relativamente engreído era del quién huía Izuku.


Izuku al escuchar el grito del chico se exaltó y empezó a caminar más rápido, queria que por lo menos algún maestro saliese de la nada y lo ayudara a evitar a esos chicos tan molestos, pero para su mala fortuna los pasillos de la escuela estaban desérticos ya que las clases habían empezado desde hace ya unos segundos cuando retumbó el timbre por todo el instituto y tanto los maestros como los alumnos estaban en sus respectivos salones.


—¡¡No escapes de mi imbecil!! —Monoma tomó ésto como un juego, un juego de gato y ratón que sinceramente siempre le divertía.


Junto con dos de sus amigos perseguían al peliverde por los pasillos de la escuela, a un paso aún más rápido para alcanzar al pecoso.


—¡Dejenme en paz! —gritó Izuku corriendo con el corazón a mil y las lágrimas a nada de humedecer sus mejillas, cada vez sus agresores estaban más y más cerca de él y aquello le frustraba.


Era igual que en sus pesadillas.


—¡Te atrape, Deku! —el rubio se encimó en la espalda de Izuku pues habia saltado hacia el peliverde y hizo que cayeran abruptamente al suelo, él que más sufrió el impacto fue Midoriya al tener un peso extra en su columna. Su mejilla pecosa sintió el ya conocido frío del suelo y la agua salina por fin se libró de sus ojos— ¿¡Por que huyes de mi maldito Deku?!


—¡Sueltame! —rogó con su tono quebrado, Monoma tenia los brazos de Izuku sujetados en el piso— ¡Déjenme, por favor! t-tengo que llegar a clases...


Sollozó al ser sujetado del hombro cambiando radicalmente su postura anterior, ahora quedó cara a cara con el diablo del infierno que predominaba en su vida.


—¿¡Acaso sólo piensas en eso!? ¡Consíguete una mejor vida, idiota! Tingi qui ir a clisis... —arremedó el rubio imitando a Izuku con una voz bastante chillona— Que patético eres, Deku. Deja de llorar y estar tratando de soltarte, porque no lo lograrás, ¡Por que eres un maldito inutil sin quirk! ¡Una puta basura de la calle!


—Y-ya porfavor —suplicó con voz rota, no soportaba los insultos degradantes que Monoma le soltaba en la cara, Izuku ya estaba harto. Lloraba de lo inútil que se sentía.


—¿Sabes algo?... Serías menos inútil si me das la tarea de hoy, ¿qué te parece? —sonrió de forma burlona y tomó el cabello de la nuca de Izuku para jalarlo hacia atrás— Tal vez así reconsidere la opción de no molerte los huesos.


—Esta b-bien... —era un total ingenuo y lo sabía. Deseaba que esa posibilidad de librarse momentáneamente de los golpes fuera real— Sueltame...p-para darte la ta-rea... —murmuró con una mirada cristalina y los mocos apunto de hacer aparición en su rostro, que a ojos de Monoma y sus bully's era mediocre.


—Por eso no te preocupes, Deku. Hey... —haciendo un ademán señaló con su cabeza la mochila del peliverde— quitenle la mochila.


Y asi, ni lento ni perezoso, lo hicieron. Le arrebataron la mochila que ya colgaba débilmente del brazo de Izuku.

Monoma evitaba que Deku saliera corriendo sujentando sus hombros y apretando con sus rodillas los muslos del pecoso, eso le causaba algo de dolor a Izuku pero lo soportaría por el momento.


Trató inútilmente zafarse del agarre del rubio pero le fue imposible, no contaba con una buena condición física o de fuerza como para poder quitarse de encima al chico


—Bien... —sacó la libreta de la tarea apenas tuvo la mochila en sus manos y luego la bolsa la tiró aun lado del peliverde— Uhm... Espera... Antes de que te vayas, dije que lo reconsideraría y aún deseo quitarte esa asquerosa expresión de tu patético rostro... —se formó una fría y burlona sonrisa en la cara del rubio justo cuando finalizó con sus palabras.


Dándole a entender que no le iría muy bien ésta vez.


[...]


—¡Por All Might! ¡¿Qué te pasó, muchachito?! —exclamó la enfermera de la escuela en cuanto vio entrar al pecoso; con un gran golpe en su ojo izquierdo y un hematoma rojo en su mejilla derecha.


—Solo... Pasó que soy muy distraído y me golpee con la puerta cuando iba entrando a la escuela —dijo cabizbajo, arrepintiendose de mentir tan descaradamente cuando ni una niña de tres años le creería.


Tenía tantas oportunidades de delatar a sus bully's... Más nunca lo hacía.


Por miedo. El miedo se apoderaba en magnitudes gigantescas de su mente y boca causando un entumecimiento en sus cuerdas vocales, y aquel conocido ardor de que lloraría. Era vulnerable, tenía un cuerpo débil que, en este caso, era de una víctima acorralada por el paranoismo de que su garganta soltara una por una cada vez que ellos lo golpearon como saco de boxeo. Pero, el simple pensamiento de escupir toda la verdad y que ellos se enteraran, era aterrador.


—Ajá... Bueno, sea lo que sea que te hayas hecho no importa ahora. Acércate para curarte lo mas rápido posible, ven, ven, sientate, joven —habló haciendo unas palmaditas en una de las camillas que había en aquel cuarto. Agradeció que no preguntara de más; la señorita era muy agradable cuando lo atendía y sabía que ese chico peliverde no era fácil de convencer. La terquedad era algo que caracterizaba a Izuku Midoriya.


Izuku solo asintió con la cabeza y se dirigió hacia la camilla para poder ser curado por la enfermera


—Listo... —musitó terminando de colocar un aposito con gasa en el moretón de la mejilla— ¿Tienes algún otro golpe, Mido-kun? —preguntó y Midoriya la miró a los ojos, dudoso de confesarle los demás hematomas.


—Uhm... —pensó un poco, su boca se abrió y casi le decía, pero mejor decidió no comentarle sobre los otros golpes que tiene en su torso, brazos y piernas porque si lo confesaba probablemente le preguntaría que le pasó y quienes los causaron; sinceramente él no quería lidiar con más problemas que con los que ya contaba— No, no tengo otro golpe —y sonrió algo temeroso.


—Está bien... ¿Midoriya, me podrias decir esta vez lo que te paso realmente?... —solo hubo un silencio por parte de el menor y ella exhaló frustrada por no poder ayudarle en mucho al niño que tenía enfrente. Se veía roto de dentro hacia fuera— Bueno...pues toma —le extiende un papel e Izuku lo agarra instintivamente— Es tu justificante del porque faltaste a la primera clase, dale el papel a tu maestro, recuérdalo.


Asintió con la cabeza.


—Muchas gracias por tu ayuda, Reiko-san —se paró de la camilla e hizo una leve reverencia— Hasta luego.


Y salió corriendo hacia sus próximas clases.


—Ese chico realmente me preocupa...


[>>>]


Todas las clases se las pasó como normalmente lo hacía, ignorado olímpicamente por todos sus compañeros de salón, y sorpresivamente tambien en el receso se la pasó en completa tranquilidad; él esperaba que como siempre llegaran Monoma y sus amigos a molestarle toda la mañana, pero no fue asi. Fue un poco extraño, pero soltó un suspiro de alivio al ver que en ese recreo no tirarían su comida al suelo o la botaran al cesto de basura.


Su mamá hacía el arduo trabajo de hacerle su bento cada mañana. Éste sería uno de esos pocos e inusuales días en el que podría disfrutar del cariño culinario de su sonriente madre.


Llegó la hora de la salida. El pecoso se encontraba ya casi saliendo de la tortuosa escuela cuando nuevamente se encontró con el rubio y sus amigos. Tragó duro, pequeñas y molestas hormigas caminaban en el interior de su cuerpo causando que sus ganas de salir corriendo se intensificaran.


—Pero miren a quién tenemos aqui de nuevo... —habló Monoma acercándose cuando vio a Izuku, los demás siguieron por detrás al "líder"— ¿Crees que te salvaste, basura?


—¿S-salvarme de que cosa? —se atrevió a preguntar.


—No te hagas el tonto, Deku. Bueno, idiota ya lo estás... Pero... ¿En serio?


—Disculpa, pero tengo cosas que hacer —dijo Izuku tratando de buscar la valentía que le faltaba. Intentó mediocremente evitar al rubio rodeandolo para seguir con su camino.


—Más lento velocista —se giró y jaló del cuello del uniforme al pecoso lanzandolo una vez más al frente suyo— No te irás de aquí sin que te deforme tu maldito rostro de mierda.


Izuku en realidad no entendía nada de lo que le decía Monoma, tampoco el porqué ahora lo querían golpear. Entonces miró a Monoma con cara de inocente confusión.


—Ahg... ¡En serio eres inútil! tú asquerosa tarea estaba mal hecha —le reclamó con el ceño fruncido.


—P-pero si la... la ta-tarea esta-ba bien... —mencionó con su voz tremula— Se-seguro agarró otra libreta...


—¿¡Estás tratando de decir que es mi culpa, maldito Deku?! —gritó Monoma aún más cabreado que antes.


—N-no, claro q-que no... —titubeo el mas pequeño, a Izuku le intimidaba la mirada tan penetrante de su agresor, sumándole que el rubio era varios centímetros mas alto que él llegando a hacerlo más intimidante.


—Mierda, deja de tartamudear, ¿Qué no puedes hablar bien por solo una maldita vez en tu puta vida?


Y de nuevo, Monoma le soltó un golpe en la cara a Izuku sacándole sangre y saliva de la boca y dejándole un morete en la mejilla sana casi al instante, él peliverde no pudo resistirse, ni tampoco quería defenderse porque si lo hacia saldría peor. Ni siquiera sabía matar una mosca.


No podría contra el rubio y las tres personas a su espalda.


Entonces sin otro remedio se tuvo que dejar golpear por Monoma y sus amigos; unos le daban puñetazos en el estomago o costillas, y cuando cayó al piso lo empezaron a patear el torso y piernas. Él solo se retorció débilmente en el suelo sintiendo cómo cada vez su cuerpo se hacía más y más pesado.


Desgraciadamente nadie podría ayudar al pobre chico, la escuela estaba completamente solitaria. Los alumnos y maestros ya se habían ido a sus casas a vivir sus monótonas vidas fuera del instituto. Algo que Izuku nunca podría hacer.


Izuku era pequeño para su edad e inocente a pesar de las desgracias de su vida en la secundaria, si le daban a elegir entre matar cien bebés o a un perrito posiblemente se suicidaría antes de elegir algo que dañara a un tercero. No contaba con un buen físico y tampoco tenia fuerza. Su piel era fantasmal al no salir recurrentemente de su hogar, su musculatura era nula y su resistencia poca cosa.


Era un niño completamente delicado. Si le pellizcabas un brazo el pedazo de piel que maltrataste se tornaria rojo instantáneamente.


Por ser un quirkless lo despreciaban y le hacian sentir menos. Como si fuera una total basura o un animal con alguna clase de enfermedad pegadiza. Todo aquello le generaba impotencia, pues no podía hacer nada al respecto.


Simplemente ya se habia acostumbrado a los constantes rechazos de la gente hacia su persona.


Aún con todo lo que tenia que soportar, el seguía con la esperanza de que algún dia sería el mejor héroe de todo el mundo, siendo igual que All Might.


Regalando sonrisas a personas que rescató con sus esfuerzos. Y esta vez, serían sonrisas sinceras.


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Heeey... Tengo miedo de este nuevo comienzo, pero supongo que tengo que hacerlo.


Asi que, bueno, tardaré en acostumbrarme, sin embargo, todo esfuerzo tiene sus frutos.