Capítulo único
Existem dos formas de afrontar la situación en la que me encontraba. Una era pegar la frente hasta lo profundo del lodo y suplicar por mi vida o dejar de ser el cobarde que siempre había sido. Nunca creí poder hacer aquello.
— Avada kedabra...
Mi voz retumbó en eco en toda la estancia y el cuerpo de mi lord cayó a mi pies con el rostro lleno de sorpresa. La expresión de horror en el rostro de todos esos hombres fue algo que nunca olvidaré. Ellos no sabían que había pasado, el cobarde, el lamebotas, había mordido la mano de su amo.
— No te irás a ningun lado — Narcisa incendió a la serpiente hasta hacerla cenisas con un controlado fuego maldito.
Por primera vez en años di un largo respiro y miré a los presentes. Lamebotas, cobardes, sanguijuelas de poder, todos ellos eran lo mismo que yo, pero estaba harto de todo eso.
— Asqueroso sangre sucia, ni siquiera tenía el mínimo de modales en la mesa.
Me senté a la cabeza con la mirada en alto y pregunté con la mirada si alguien quería seguirle. Aquel día había sido el colmo de sus desplantes, me había amenazado y había querido lastimar a Narcisa y a Draco, solo porque no había obtenido su preciada profecía. Fue pura suerte haber escapado de los aurores, mientras el se lucía en el ministerio.
" Eres un inútil Malfoy, deberías morir como la rata que eres o tal vez pagar con algo más valioso"
Maldito bastardo, sabía que podría tolerar cualquier insulto, pero una amenaza a mi familia era una sentencia de muerte.
— ¿Bella tienes algo que decir?
El rostro de Bellatrix estaba en furia y muchos más me miraban del mismo modo, pero mientras el cuerpo de ese ser estuviera en mi mesa, ni uno solo de ellos atacaría.
Miré a mi propio hijo, quien no podía siquiera sostenerme la mirada, no sabía si por orgullo o miedo.
Cada uno se retiró, sabía que no tenían guía y que caminaban a oscuras, así que cuando se pusieron de pie, les di una pequeña advertencia.
— Si me entero de que alguno de ustedes oculta alguna parte de su cuerpo o memorias, cualquier cosa que lo traiga a la vida y no lo destruye yo mismo los cazaré.
Una vez que se fueron y las Miles de preguntas de Severus se detuvieron, unas manos suaves y dulces me rodearon, por fin era libre.
— Bien hecho mi pequeña mascota, está noche recibirás un premio.
Solo servía a un amo, solo amaba a uno... A una. Solo le pertenecía a ella y si el mundo mágico y un loco le estorbaba, yo limpiaría cada rincón de lo que a ella molestaba.
Me puse de rodillas una vez estando a solas y dejé que sus dedos jugarán con mi cabello.
— Me complace haberle servido mi señora.
Ella era mi reina, la única. Le pertenecía desde el momento en el que su magia me había dominado el primer día que la conocí. Aquel día de compromiso caí a sus pies y desde entonces sus palabras son mis órdenes.
— Me molesta su rostro en mi preciosa mesa.
Una ola de magia fuerte, mucho más fuerte que la del mismo lord desintegró el cuerpo del antiguo señor oscuro. Mi cuerpo se estremeció, pero en ningún momento levanté el rostro y seguí disfrutando sus caricias.
— No debes temer, solo limpiaba la mesa como siempre.
Ella había elegido al lord. Desde niña, había observado una preciosa marioneta, pero perdio sus hilos y olvidó quien era su dueña. Yo por otro lado siempre he sabido a quien pertenezco.
— Desde mañana tú serás el lord, pero está noche serás mío.
No importa el miedo que esas palabras me hagan sentir, obedeceré siempre a mi reina...