El tierno se fue<mechoa>

Summary

shot inspirado en la canción "el tierno se fue" de calibre 50

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo unico

Leo tiene 19 años y memo 20


Hoy, te voy ha decir la verdad de mí

Que no soy quien crees

Que en la intimidad soy un animal

Que no sabe entender


Ya no me va a importar

Si mancho la cama con mi intensidad

Si no tienes ganas te voy a meter

La idea de lo que te quiero hacer


Porque mi cuerpo se quema de tanta pasión

Que corre en mi mente la imaginación

Ahorita, te aclaro, que el tierno se fue

Pienso en desnudarte y te la voy a pasar


Por tu pecho, tu espalda y de pronto hacer

Que grites mi nombre una y otra vez

Llevarme tus labios de mis pies a mi cara

Detenerte en el medio


Y me des una ma-nera distinta de querer

Ponerte la mano donde sabes bien

Seré una bestia que sin respetar

Tomaré tu cintura y te daré por


Detrás de tu cuello, morderte hasta hacerte llorar

Que rasguñes mi espalda y me digas que ya

Que te duele hasta el alma y no puedas más

Mientras grabo un vídeo así con mi celular


Leo y yo llevamos un mes de relación, este mes ha sido el mejor de mi vida, junto con los dos años que duramos siendo amigos, hoy es nuestro mesesario y no se que regalarle a mi Leo, desde que inicio nuestra relación Leo y yo nos hemos dado detalles mutuamente y en este punto, dudo mucho que haya algo que no le haya regalado ya, pero también en este mes lo único que ha pasado en nuestra relación son besos, no me malendtiendan, me encantan sus besos, sus labios son tan suaves y dulces, son deliciosos, pero, realmente me gustaría hacerlo con Leo, me facinaria escuchar sus dulces gemidos mientras lo embisto contra la pare-

Bueno ya, aunque creo que eso solo quedará en mi imaginación por ahora, Leo cree que soy muy "inocente" en ese ámbito, si supiera que en mi mente yo ya me lo follé en todas las posiciones habidas y por haber, pero bueno, creo que ya se, lo voy a invitar a una cena en el restaurante nuevo de la ciudad, si, es bastante muy caro, pero todo sea por mi güerito precioso.


~•~•~•~•~•☆•~•~•~•~•~


Leo y yo estamos en su casa acostados en el sillón viendo una película, el esta comiendo fresas y yo uvas


-oye chaparro-le digo para llamar su atención, Leo levanta la cabeza de mi pecho y me mira con sus grandes ojos hermosos


-¿qué pasa amor?-


-quiero invitarte a una cena esta noche, es en el restaurante nuevo a las 8, ¿que te parece?-dije viendo como lleva una fresa a aus labios y se le escurre el jugo alrededor, se mira delicioso, me pregunto si así de bien se mirara chupandomela


-me parece muy bien amor, pero, ¿ese no es muy costoso?-pregunta Leo sentándose a horcajadas de memo, sin saber lo que eso provoca en su inocentisimo novio


-pos si pero mi chaparro se merece lo mejor y yo voy a darselo- dijo memo para luego darle un beso suave en los labios, solo Dios sabe el autocontrol que está usando en ese momento con Leo sentado justo en su entrepierna, cuando se separan, Leo se baja de ahí y se acomoda como estaban, memo retiene un suspiro de alivio y frustración, luego de un rato se despiden y memo se va a su casa, tiene que arreglarse para ir con su chaparro al restaurante


~•~•~•~•~•~•☆•~•~•~•~•~


Ya llego la hora de ir por mi chaparrito, me puse un traje ya que es un restaurante muy elegante, peine mis risos y fui por mi Leo, obviamente fui a recogerlo en mi coche, tarde alrededor de 30 minutos en llegar a su casa, cuando llegué me baje y fui a tocar la puerta, estoy muy nervioso, hoy será el día en el que por fin pueda hacer algo con mi chaparro, claro, si el quiere, Leo abrió y casi se me sale la baba, se veía hermoso con ese traje, y más porque le queda tan apretado, hace resaltar sus hermosos muslos y sus abdominales, dios dame fuerzas para no tener una erección ahora mismo, aunque dudo mucho que dios me ayude sabiendo los pensamientos impuros que pasan por mi mente


-ay chaparrito, te ves precioso-le dije a Leo abrazándolo por la cintura y dándole un pequeño beso


-gracias amor, tu también te ves muy bien- dijo Leo mirándome y mordiéndose el labio inferior, ay Leo, si supieras lo que eso causa en mi


Nos subimos al carro y maneje alrededor de 40 minutos para llegar


Cuando llegamos al restaurante un mesero nos atendió y nos guio hasta nuestra mesa, ya que yo había hecho reservacion en la mesa más exclusiva, aun oigo a mi Cartera llorando.


-que vas a pedir chaparrito?-le pregunto a Leo viendo la carta


-mmm, carne, un filete a término medio y un poco se vino-dice Leo viendo al mesero


-para mi lo mismo por favor-el mesero tomó la orden y se fue


Yo estaba viendo a Leo, es tan hermoso


-que miras bobo-dice Leo viendome divertido


-no nada mi amor, es que eres hermoso-leo sonrió y se sonrojó un poco


El mesero llegó y empezamos a comer, Leo come muy despacio lo cual me da más tiempo de decirle lo que quiero, cuando terminamos de comer le pedí al mesero un postre


-Leo, te tengo que decir algo, o bueno, más bien preguntarte algo-


-si dime cariño-dijo Leo llevándose una cucharada de pastel a la boca, yo me le quede viendo un poco y trague saliva, la mirada de Leo es algo que no puedo describir, creo que el ya lo intuye o solo es mi imaginación,pero se está comportando más provocativo de lo normal


-mira Leo, llevamos dos años de conocernos y un mes de relación y...yo creo que...ya estamos listos para dar el siguiente paso-


-¿el siguiente paso?¿a que te refieres?-


-yo..quiero..hacerlo contigo-dije en un susurro casi imperceptible, Leo se quedó callado y solo me puso más nervioso-claro, solo si tu quieres-dije apresurado


-memo...¿estas seguro?-


-si- mi respuesta fue contundente, Leo sonrió y asintió


- pero debes saber algo de mi, Leo yo no soy virgen, soy todo menos eso, necesito que me digas si estas completamente seguro porque cuando eso pase, no seré gentil, voy a ser duro y no me detendré, incluso si me ruegas para que lo haga, no pararé hasta verte llorar de placer, hasta que destroces tu garganta de tanto gritar mi nombre-Leo esta pasmado y sonrojado, es entendible, hasta ahora yo nunca había demostrado interes en el sexo, o bueno, el no lo ha notado


-aa...yo..yo no voy a querer que te detengas-dice Leo en un susurro, yo tuve que apretar los puños para contenerme y no tomarlo ahí mismo, pedí la cuenta y salimos, maneje tan rápido como pude hasta su departamento, cuando llegamos no dijimos nada.


Narro io


Guillermo arremetió contra los labios del argentino, sujetándolo por la cintura en medio de la sala del departamento, acorralando el pequeño cuerpo de espaldas contra la pared


-¡Guillermo! A-ah, acá no...


-Eres un cabrón -dijo con voz ronca. -Te ves tan lindo en este momento y me pides que pare cuando estoy tan caliente -sostuvo con firmeza las caderas del menor, frotando su erección entre el redondo trasero mientras pronunciaba esas palabras.


El más bajo podía sentir perfectamente la dureza del mexicano sobre su ropa, haciendo que su cuerpo se retorciera. Un fuerte tirón hizo que sus pantalones cayeran al piso junto con su ropa interior, dejándolo expuesto de la cintura para abajo.


Las manos del mayor se deslizaron de manera traviesas sobre aquel hermoso cuerpo, acariciando sus muslos y abdomen, llegando hasta su pene erecto. Las caricias en esa zona comenzaron lentas y suaves, siendo tocado sólo con las yemas de los dedos.


-Eres tan sensible, apenas te he tocado y ya estás tan mojado -dijo, sintiendo el líquido que comenzaba a filtrarse por el glande del menor.

El mexicano aceleró los movimientos de su pelvis, frotando con descaro su erección vestida al mismo tiempo que las caricias sobre el miembro desnudo del argentino se hacían más intensas. Envolvió su mano en la erección del más bajo y Lionel contuvo un gemido mordiendo sus labios, sus piernas temblaron y perdió el aliento cuando el orgasmo golpeó su cuerpo, sacudiéndose al momento en que eyaculaba, ensuciando la mano que lo acariciaba.


Guillermo le quitó la camisa, dejándola caer al piso junto con los pantalones y dio un paso atrás, alejándose del manojo de nervios que era el menor. Guillermo inhaló con fuerza, expandiendo sus fosas nasales.


El cuerpo desnudo de Lionel era un verdadero espectáculo.


El sonrojo más bonito se extendía sobre la piel lechosa de sus hombros y cuello, llegando hasta sus orejas. Su cintura era pequeña y sus caderas tenían ligeras marcas blancas. Pero lo mejor sin duda era su trasero; firme y redondo, acompañado de muslos gruesos. Lionel era delgado, pero tenía carne en todos los lugares correctos.


Guillermo nunca se había sentido tan excitado en toda su vida.


-Mierda, eres tan hermoso -gruñó.


Lionel giró la cabeza, mirando al hombre rizado detrás de su espalda, dejando ver sus mejillas sonrojadas y expresión avergonzada.


-N-no, no soy... ¡Aaah!

Las grandes manos de Guillermo acariciaron los costados del argentino, recorriendo las curvas de su cuerpo hasta llegar a los rosados pezones, apretándolos con suavidad.


-Un chico tan bonito para mí -dijo, besándolo en la mejilla. -No imaginas las ganas que tengo de destrozarte el culo.


Lionel se atragantó al escuchar sus palabras y Guillermo sonrió, llevó a leo a la mesa de centro de la sala y levantando la pierna izquierda del menor sobre esta, dejando su espalda arqueada en una bonita curva y su firme trasero abierto dejando ver su entrada.


El contorno era rosado, resaltando entre la blancura de su piel, los espasmos de su cuerpo lo hacían contraerse de una forma casi asfixiante para el mexicano que perdió el aliento por unos segundos ante tan hermosa vista.


Tomó entre sus manos las suaves nalgas del argentino, apretando y masajeando a su antojo, las separó y relamió sus labios. Acercó su rostro, besando ambas carnosidades para luego abrir la boca, dejando que la saliva escurriera hasta la rosada entrada.


Lionel apenas pudo agarrarse a los bordes de la mesa, debido a su estatura la posición en la que se encontraba no era la más cómoda, pero eso dejó de importar cuando un sentimiento de morbo se asentó en su interior al saber que estaba a punto de ser tomado por el mexicano.


La humedad en su trasero fue seguida por el contacto de largos y gruesos dedos acariciando el contorno de su entrada. El mexicano presionó uno de ellos, deslizándose con suavidad en el apretado interior del más pequeño. Un segundo dedo se abrió paso con un poco más de dificultad, acariciando el rugoso interior, estirando su esfínter y teniendo cuidado de no lastimarlo.


-¡Oh! ¡A-ahí! -gimió, moviéndose sobre la mesa, su entrada se apretó con fuerza alrededor de los dedos de Guillermo cuando sintió que tocaba su próstata

El calor y suavidad de este hermoso trasero dejaron al mexicano sin aliento y su cabeza dio vueltas ante la idea de pronto poder saborear la sensación con su miembro.


-¿Aquí? -preguntó en el momento en que volvió a arremeter con sus dedos. -¿Se siente bien aquí, Leo?


El cuerpo del argentino se estremeció ante el inesperado nombre cariñoso, haciendo más intenso el calor que rodeaba su cuerpo. Guillermo metió tres dedos dentro de Lionel, cuando lo sintió listo, los retiró y retrocedió para poder quitarse el traje mientras el más bajo lo miraba suplicante por encima del hombro.


Se quitó la camisa seguido de los zapatos y el pantalón junto con su ropa interior, un suspiró escapó de sus labios mientras liberaba su miembro hinchado, el cual se erguía en todo su esplendor.


La boca y ojos del argentino se abrieron sorprendidos. Guillermo estaba colgando. Su pene era enorme media almenos 20 centímetros y su grosor era enorme . Lionel no sabía si podía manejarlo.


Pero bendito Dios, quería intentarlo.


-¿Puedo ir a mi pieza? -preguntó avergonzado. -Y-yo, ah... tengo lubricante.


Guillermo se detuvo de inmediato. En medio de su excitación había ignorado el uso de un lubricante apropiado. Su saliva y dedos habían hecho un buen trabajo estirando el agujero del menor, pero no sería suficiente sabiendo lo complicado que era su tamaño. Lo último que quería hacer era lastimar a un chico tan dulce.


-No te preocupes, yo iré -respondió con una sonrisa.


Lionel agradeció el gesto.


-La puerta al final del pasillo y en el cajón de mi mesita de noche -le explicó. -

Guillermo corrió al cuarto en cuanto desapareció de la vista de Leo

El menor lo seguía esperando en la misma posición, demasiado concentrado en el movimiento que hacía la erección del hombre rizado mientras caminaba como para cuestionar el rápido viaje que hizo a su dormitorio.


Guillermo se acercó nuevamente al cuerpo tembloroso de Lionel, con una de sus manos apretó la carne lechosa de su nalga izquierda mientras con la otra se masturbaba. Su cuerpo cubrió al más pequeño, hundiendo su rostro en el cuello de Lionel llenándolo de húmedos besos, su lengua lamió la piel sonrojada mientras continuaba con los movimientos de su mano.


Lionel gemía y temblaba sobre la mesa, moviendo sus caderas en busca de más contacto. Si seguía así, terminaría teniendo su segundo orgasmo con los labios del mexicano.


-Guillermo... Guille, ya... por favor -suplicó con la voz entrecortada, al mismo tiempo que inclinaba las caderas hacia atrás.


El mayor retrocedió y acomodó su pene entre las nalgas del argentino. Abrió la botella de lubricante, mojando su erección con una cantidad generosa mientras el exceso goteaba en el rosado agujero.


Separó el trasero de Lionel con ambas manos y reanudó sus movimientos, comenzando con un lento vaivén de caderas frotándose entre los montículos de piel esparciendo la humedad. Con una de sus manos empujó tres dedos en el húmedo agujero hasta que pudieron deslizarse dentro y fuera sin dificultad. Los retiró cuando estuvo satisfecho, y lentamente comenzó a presionar su glande, el calor aterciopelado que lo recibió cuando entró lo hizo gemir mientras se impulsaba con suavidad hacia adelante, introduciendo su miembro hasta la mitad.


Sus ojos marrones se oscurecieron mientras observaba la manera en que la entrada del argentino se ceñía a su alrededor. Se retiró lentamente, dejando la punta adentro, y volvió a repetir la acción. Un gemido escapó de sus labios cuando estuvo completamente dentro con su pelvis presionando las suaves nalgas del menor.


Los ojos de Lionel se pusieron en blanco.


-¡O-oh Dios! -gimió en voz alta al sentir el estiramiento de su agujero.


El pene de Guillermo se sentía pesado y caliente, era demasiado grande para soportarlo y, a pesar de eso, amaba la sensación de ardor que acompañó a la penetración.


-¿Estás bien? -preguntó preocupado, acariciando los costados de su cuerpo tembloroso con ternura.


-U-uh, si... esperá, un momento... -pidió, sintiendo una opresión en su pecho, inhalando profundamente tratando de mitigar el dolor.


Esta no era la primera vez que algo estaba dentro de su trasero, usaba juguetes con frecuencia, pero incluso con el lubricante y preparación previa, su cuerpo no pudo soportar el tamaño de Guillermo. Lo sintió palpitar en su interior e involuntariamente apretó su esfínter, robándole un gemido ronco al mexicano haciendo que el agarre en su trasero se apretara.


-Necesito moverme -gruñó, tensando la mandíbula.


Lionel giró la cabeza, miró al mayor con sus bonitos ojos y asintió, dándole permiso para usar su cuerpo como quisiera. Una de las manos de Guillermo sostuvo su pequeña cintura mientras la otra apretaba el muslo de su pierna extendida sobre la mesa de centro .


El mayor comenzó a moverse, penetrando el cuerpo del argentino a un ritmo constante, golpeando su próstata con cada embestida mientras la gran cantidad de líquido que brotaba del agujero de Lionel facilitaba el deslizamiento. La sensación de sus cuerpos unidos era increíble y ambos se perdieron rápidamente en el placer que compartían.


Guillermo estaba hipnotizado por la manera en que las nalgas de Lionel se sacudían cuando se encontraban con su pelvis, pintándose de un bonito color rosado a causa de las fuertes embestidas.


Lionel yacía agitado sobre la mesa de madera, sus mejillas sonrojadas y cabello despeinado lo hacían ver tan inocente y sensual al mismo tiempo. Su erección se frotaba contra el frío material, sintiéndose sobreestimulado por el contraste con su piel caliente. Eran demasiadas sensaciones juntas y casi se sintió asustado al no saber como controlar todo el placer que estaba sintiendo.


El hombre rizado miró hacia abajo, a la pierna con la que el menor se mantenía de pie, se notaba cansada por el esfuerzo y pensó que tal vez estaba siendo demasiado para su pequeño cuerpo. Se deslizó fuera de Lionel, tratando de no perder el control cuando vio su agujero abierto.


-Ven aquí -lo llamó, ayudándolo a bajar la pierna de la mesa.


Lionel dejó que el mayor maniobrara su cuerpo, agradecido por el cambio de posición. Guillermo lo cargo y lo llevo hasta su habitacion con ambas manos para darse apoyo. Guillermo presionó con la mano izquierda el vientre del menor mientras con su mano derecha sujetaba el cuello del argentino sin lastimarlo.


Se alineó contra su agujero y volvió a entrar, penetrando su cuerpo de manera lenta, pero con dureza, deleitando sus oídos con los dulces gemidos de Lionel. Lentamente fue aumentando la velocidad, sus caderas se mecían con fuerza golpeando el redondo trasero mientras el pene de Lionel rebotaba al mismo tiempo que se frotaba con la mano del mayor.


-¡Aaah, Guille! -gritó. -A-ahí, hacelo otra v-vez.


El hombre rizado liberó el vientre del argentino para sujetarle el cuello con ambas manos, siguió con el ángulo de sus embestidas, maltratando una y otra vez la próstata del menor.


Lionel echó la cabeza hacia atrás, apoyándose sobre el pecho del mayor y lo miró a los ojos, batiendo sus espesas pestañas oscuras. El mexicano atrapó su boca en un beso apasionado, lamiendo y mordiendo sus labios.


La saliva derramándose, los gemidos ahogados del menor y el sonido viscoso generado por la unión de sus cuerpos alimentaron su excitación.


-¡Dios, voy a correrme! -gruñó con voz ronca. -¿Lo quieres dentro bebé?, ¿quieres que te llene con mi semen? -preguntó con urgencia, sintiendo que su abdomen se tensaba.


Lionel cerró sus ojos con fuerza, avergonzado por las sucias palabras de su novio. Tenía que admitir que una parte de él sentía curiosidad por esa práctica sexual y saber que el mexicano estaba en la misma sintonía dispuesto a hacer realidad su fantasía parecía demasiado bueno para ser verdad.


Este hombre era un sueño.


-¡Si Guille, lo quiero! -exclamó, curvando su espalda y echando sus caderas hacia atrás, tomando el miembro del mexicano tan profundo como su cuerpo lo permitía.


El mayor hizo una última embestida, envolviendo sus brazos alrededor del cuerpo más pequeño, descansó su rostro en uno de los pálidos hombros del más joven mientras jadeaba y gruñía en medio de su liberación.


Los ojos de Lionel se llenaron de lágrimas y dejó escapar un largo y agudo gemido desde el fondo de su garganta. Una de sus manos descansó sobre su vientre, amando la sensación de ser llenado cuando chorros de espeso y cálido semen golpearon con fuerza su interior.


El mexicano salió lentamente del maltratado agujero y volteó al menor de manera que ambos quedaran uno frente al otro, Lionel se agarró a los anchos hombros del hombre rizado para mantener el equilibrio mientras Guillermo lo sujetaba por la cintura con una de sus manos y acariciaba su rostro con la otra.


Guillermo devoró con vehemencia los dulces labios de Lionel mientras la mano que permanecía en su cintura abandonaba su lugar para recorrer las preciosas curvas de su cuerpo. Sus grandes manos bajaron hasta el trasero del argentino, abarcando esas hermosas y redondas carnosidades, las separó con suavidad, acariciando el contorno del dilatado ano que aún se contraía.


-¡N-no! -protestó cerrando sus piernas. -Se saldrá si vos hacés eso cuando estoy de pie.


La forma tan inocente con la que pronunció esas palabras hizo que de inmediato tuviera otra erección. Joder, acababa de correrse y ya estaba listo para cogerse al menor por segunda vez. Lionel era un verdadero estímulo para su cuerpo.


-Podemos arreglar eso.


El mexicano lo cargó con delicadeza en sus brazos mientras abandonaba la cama y recostaba al más bajo en el sofá azul marino que se encontraba ahí , quedando ambos uno frente al otro. El mexicano se sentó sobre sus rodillas y tomó las cortas piernas del argentino por los pliegues, abriéndolas en una hermosa forma en V.


-¿Q-qué, Guillermo...? ¡A-ahh! -una presión en su sensible entrada lo interrumpió.


El hombre mayor metió dos dedos en el agujero relleno de Lionel, jugando con el contenido en su interior.


-Mira, sigue estando tan lleno de mí -el mexicano sacó los dedos y los levantó, dejándolos a la vista del argentino, un hilo de semen los siguió contactando con su entrada hasta que poco a poco se desvaneció. -Te la voy a meter otra vez, eso quieres, ¿verdad?


Lionel estaba cautivado por el hombre entre sus piernas, fascinado con sus palabras sucias y acciones desvergonzadas, sabiendo que aceptaría con gusto todo lo que Guillermo quisiera hacer con su cuerpo.


-¡Si, si Guille, por favor!


Guillermo sonríe complacido.


-Mantén las piernas abiertas.


Lionel hizo caso, sujetándoles las piernas y acercándolas a su pecho tanto como su cuerpo se lo permitía. El repartidor presionó uno de sus muslos mientras tomaba su duro miembro con la otra mano, masturbándose lentamente mientras escuchaba los suaves gemidos del menor.


Lionel lo miró con ojos suplicantes.


-¡Dale Guille, ponlo dentro! -pidió con desesperación, deseando sentirse lleno otra vez.


El mayor detuvo el movimiento de su mano y presionó la punta de su pene en el sensible agujero, moviendo sus caderas hacia adelante y entrando en el culo del argentino con un sonido pegajoso. Se estabilizó con sus rodillas en el sofá y sujetó a Lionel por ambos muslos enterrándose sus dedos en la suave carne, retomando sus embestidas y clavándose con fuerza en el cuerpo del menor.


Los ojos del argentino se pusieron en blanco y echó su cabeza hacia atrás, disfrutando de las penetraciones que comenzaban a tomar un ritmo más rápido y brusco. Guillermo le estaba dando todo lo que tenía sin contenerse y eso hacía que su interior se regodeara con cada palabra, cada marca en su cuerpo y beso descuidado.


Era una verdadera puta por el pene de este hombre.


El mexicano inclinó la cabeza hacia el pecho pálido del menor, chupando los tiernos pezones erectos hasta dejarlos húmedos y enrojecidos. Lionel soltó una de sus piernas para poder acariciar los suaves rizos del hombre mayor, enredando sus dedos con cariño mientras sus pezones eran maltratados.


El mayor abandonó sus pezones cuando estuvo satisfecho y soltó sus muslos, llevando ambas manos detrás de la nuca del menor levantando su cabeza del sofá, juntando sus frentes mientras el aire caliente de sus bocas rozaba sus labios.


A pesar de la rudeza con la que estaba siendo penetrado, los ojos de Guillermo eran suaves, mirándolo como si fuera lo más hermoso en este mundo. Ser visto con tanta adoración lo hizo sentir especial. Quería que este sentimiento durara para siempre.


-¿Te gusta cómo se siente? Mi pene golpeando dentro de ti hasta dejar tu agujero suelto y enrojecido, ¿te gusta eso, Leo? -dijo, con su voz llena de excitación.


La charla sucia de Guillermo era vergonzosa pero caliente al mismo tiempo. Lionel nunca imaginó que las palabras vulgares podían excitarlo de esa manera y pensó que tal vez no eran las palabras, sino la voz del hombre. Profunda y ronca, acompañada de jadeos. Haría cualquier cosa que le pidiera.


-¡M-me gusta, a-aah! -se atragantó con un gemido. -Me gusta... se siente t-tan... ¡Mgn, tan bien!


La mirada del mayor se deslizó hacia abajo y Lionel siguió su mirada, abriendo sus ojos con asombro. Podía ver la erección de Guillermo desapareciendo en su interior con cada embestida; su borde se extendía hacia adelante, abrazando el miembro del mexicano como si se negara a dejarlo salir.


Lionel cerró sus ojos con fuerza y apretó su agarre sobre sus piernas mientras su cuerpo era empujado sin piedad sobre el sofá. Perdido en su placer, sólo atinó a repetir el nombre del mayor como si fuera un mantra.


-¡Guillermo, Guille! ¡A-ahh, Guille!


Su cuerpo se puso rígido cuando el mexicano empujó con una embestida especialmente profunda que le hizo ver estrellas detrás de sus párpados al momento en que se corría con fuerza salpicando el abdomen de ambos. Guillermo abrazó el cuerpo tembloroso del argentino cuando la tensión en su abdomen fue liberada, maldiciendo mientras disfrutaba su orgasmo corriéndose dentro del menor.


Después de un par de minutos, Lionel por fin soltó sus piernas entumecidas. De manera inesperada, el mexicano cambió sus posiciones, recostándose en el sofá y subiendo al más bajo sobre su cuerpo.


Lionel apoyó la cabeza en el fuerte pecho, siendo arrullado por los acelerados latidos del corazón de Guillermo y los tiernos besos en su cuello.


-Sos grande -sonrió. -En más de un sentido.


- ¿Te lastimé? -preguntó preocupado.


Lionel negó con la cabeza. Sus dedos acariciaron los pectorales de su novio mientras un pensamiento daba vueltas alrededor de su cabeza. Había algo importante que tenía que confesar y esperaba que Guillermo se lo tomara con calma.


-Tengo que decirte algo -dijo con voz nerviosa.


El mexicano estaba demasiado ido en dicho post-orgasmo que apenas y le prestó atención. Acercó sus labios al suave cabello castaño de Lionel, besándolo mientras sus dedos acariciaban la curva de su espalda.


-Es la primera vez que tengo sexo.


Las manos de Guillermo se detuvieron y sus párpados se abrieron de golpe. Se enderezó en el sofá, mirando al menor a los ojos, esperando que fuera una broma. Lionel sonrojándose con vergüenza, afirmando con la cabeza y el mayor estuvo a punto de arrancarse el cabello.


Lionel era virgen. Bueno, fue virgen hasta hace un momento.


Había tratado a Lionel como una zorra, siendo grosero y usando su pequeño cuerpo igual que un muñeco de trapo. Y el menor aceptó cada sucia propuesta que le hizo.


"En su jodida primera vez".


Guillermo pensó, sintiéndose culpable.


El argentino se alejó del hombre rizado, sentándose sobre sus muslos en el sofá mientras lo miraba con tristeza.


-Lo siento, sé que tenía que decirlo antes -se disculpó, temiendo que el hombre mayor estuviera molesto.


El corazón del mexicano se hundió al ver la expresión en el rostro del hombre más pequeño. No estaba molesta con Lionel, sino consigo mismo por ser tan descuidado. De haber sabido que era su primera vez hubiera sido más dulce, llevando las cosas con calma y siguiendo el ritmo del menor.


Lionel era tan hermoso que nublaba su uso de razón.


-Yo tampoco te pregunté -respondió.


-¿No te importa haberle dado algo tan importante a alguien como yo? -preguntó angustiado, sacando a Lionel de sus pensamientos


-No me arrepiento de lo que hicimos, pero si vos lo haces...-


-¡No, no me arrepiento! -exclamó, acercándose al argentino. -Yo también quería hacerlo y lo haría otra vez.


- ¿Realmente quieres hacerlo conmigo otra vez? -preguntó, jugando con sus dedos


-por supuesto-dijo guillermo con una sonrisa maliciosa


Esa noche seria muy larga...