「🌹」30 Días OTP +18 •.°✦ •. MEXARG ꪆᰰ ̩͙ ̩͙

Summary

。゚゚・。・゚゚。 𝘺𝘢 𝘷𝘢𝘴 𝘢 𝘢𝘤𝘢𝘣𝘢𝘳, 𝘣𝘦𝘣é?  ゚·。· * . ̩͙ * . * * . ̩͙ * . (♡°▽°♡)♡ 💐 𖥔 BL FANFIC, Argentina Bottom & México Top. ╰ ▻ remake de mi primer libro mexarg, 30 Días OTP +18. ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LOS 2K! ('• ω •') ♡ ﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀﹀ ───ˏˋ 🧸•°•° chokocutebaby

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

🧸. ❛ Día O1, Abrazo ❜ ✦ •.


Argentina se acercó a las flores que se encontraban en las macetas, olfateándolas y disfrutando así del gran aroma que tenían. Adoraba cuidarlas y darles a cada la atención que necesitaban, así que siempre tenían unos colores muy lindos y vistosos, ideales a la hora de llamar la atención de las personas que pasaban por su local.


──Buenas tardes, Argentina.──un hombre alto y de fuertes brazos se adentró en el vivero, sonriendo como siempre e inundando el espacio de una gran alegría.


El albiceleste se volteó al escucharlo, devolviendole la sonrisa al contrario mientras deja el florero que tenía en sus manos en uno de los estantes.──Siempre tan puntual, México.──rió, yendo directo a buscar un gran ramo de flores.


──Lo sé, es que mi esposo sale del trabajo en unos minutos, y bueno, le conté que me gusta ir a buscarlo con algún regalo.──se notaba en sus ojos oscuros lo mucho que amaba a su prometido, aquel brillito de amor que lo delataba.


──Oww, que amoroso es usted. Ojalá hubieran muchas personas como usted en este mundo.──terminó de colocarle un lindo lazo al ramo, acercándose para entregárselo.──Lo mismo de siempre.


──Gracias.──tras recibir el pago, ambos se despidieron como siempre y siguieron haciendo sus actividades cotidianas.


Era lo mismo todos los días. Al inicio México iba a comprarle flores una vez a la semana, luego dos, tres, y ya se había convertido en una actividad casi diaria. Eran raros los días que no se aparecía en el vivero, llegando incluso en momentos de lluvia.


Argentina lo esperaba siempre con el ramo preparado para no hacerle perder el tiempo, aunque debía admitir que le gustaría pasar más tiempo con él. Sabía que eso estaba mal, que México era un hombre casado y que obviamente amaba a su marido, y era por eso que jamás había intentado con él.


Pero esos mínimos roces que tenían con sus manos al pasarse las flores, las sonrisas que le traía, incluso el olor a su colonia masculina lo hacían volverse loco. Los días pasaban y no podía ocultarse aquello: estaba enamorado, si, pero bien sabía que aquello sólo iba a poder sostenerse de una manera platónica.


Mientras barría las hojas secas del suelo escuchó la campana de su puerta. Vio por sobre su hombro la entrada y notó que se trataba de México, por lo cual sonrió y fue derecho a buscar el ramo que le había armado.


──¡México! Pensé que ya no iba a llegar. Le preparé un ramo con unas flores super lindas que nacieron en el jardín de mi casa, mire.──le colocó el lazo y se acercó a él con el gran ramo entre sus brazos, parándose frente a él y logrando notar así que esta vez no lo esperaba con una gran sonrisa, ni con un aura alegre como de costumbre.


──Qué... México, ¿qué pasó? ¿Por qué está llorando? Venga, señor.──dejó el ramo a un lado y lo tomó de la mano, llevándolo más atrás del vivero para que se pueda sentar en un banquito. Fue con él tras colocar el cartel de "local cerrado" en la puerta de vidrio, preparándole uno de los tés que ya tenía ahí en el momento.


El hombre se acomodó en el lugar señalado, logrando calmarse con el pasar de los minutos. Bebía el té entre lágrimas, sollozando bajo e incluso con algo de vergüenza. No le gustaba que las personas vean ese lado suyo. Argentina se mantenía sentado a su lado con sus manos entre sus piernas, sin saber bien qué hacer. No quería acariciarle la espalda o abrazarlo ya que pensaba que no tenían la confianza suficiente para eso, así que por esos momentos sólo se limitó a verlo.──Eh... ¿S-Se siente mejor?──le preguntó al notar que el llanto no era fuerte.


──Si, si... Gracias.──levantó la cabeza finalmente, dejándole ver al más bajo que su nariz estaba colorada al igual que sus ojos. Suspiró entrecortado, viendo la taza de té entre sus manos.──Perdón, es... No debería haber visto esto, disculpe.


──No, no, por favor. No hace falta que se disculpe.──acotó Argentina, acomodando su banquito para poder sentarse frente a él.──Sé que no nos vemos por mucho tiempo, pero usted puede confiar en mi.──le sonrió, brindándole seguridad. Su sonrisa era radiante, pequeña y delicada, con unos labios esponjosos y dientes perfectamente alineados.


México se quedó quieto unos momentos por esa imágen que se presentó frente a él, sin entender bien qué era eso que estaba sintiendo.──Usted es una muy buena persona, y... B-Bueno, me entristece verlo así, la persona que lo dañó no tiene corazón.


──Corazón...


Se quedaron en silencio unos momentos, simplemente mirándose fijo a los ojos.──¿Cómo hace para ser tan feliz?


Esa pregunta desconcertó por completo a Argentina, quien lentamente se incorporó en su banquito y se sentó derecho. Su rostro expresaba duda, no sabiendo bien qué responder a eso.──Bueno...──arrancó, pensativo.──No soy feliz todo el tiempo. Pero me gusta disfrutar de esos momentos cuando puedo.──la sonrisa volvió a su rostro.──Especialmente si es con las personas que más quiero.


México se sorprendió por eso, cosa que Argentina notó al instante. Sus mejillas se coloraron al instante, no podía creer que acababa de decir eso.──N-No, disculpe, es... Soy un tonto.──rió nervioso, logrando sacarle también una risita al mayor.──Está bien, no se disculpe. A mi también me hace feliz pasar el tiempo a su lado.


Todo se sintió menos incómodo luego de eso, Argentina se encogió de hombros en su lugar.


──Ojalá mi esposo pensara lo mismo que usted.──dejó caer la noticia como si de una bomba se tratara, aturdiendo al más bajo.──¿Cómo? ¿Está llorando por su esposo?


México suspiró pesado.──Estamos casados hace veinte años. Nos conocemos hace veintitrés. Y este mes, luego de todo lo que pasamos juntos, me di cuenta que nunca me amó.


Argentina silenció por unos segundos. No sabía si le sorprendía más la edad de ese hombre o lo que le estaba contando.──¿Cómo que nunca lo amó? ¿Por qué piensa eso? Usted es un hombre muy generoso y amoroso, si me permite decirlo.


──Me alegra que al menos usted piense eso.──dejó la taza de té a un lado.──Llegué a casa con el ramo de flores como de costumbre, pero China no estaba ahí. Pensé que quizás estaba trabajando aún así que le envié un mensaje, pero no respondió.──hizo una pequeña pausa.──Volvió en la madrugada... Estaba alcoholizado, y además venía acompañado de alguien más. Otro hombre.


Argentina hizo un gesto de comprensión, sintiéndose muy mal por ese hombre que estaba frente a él. No hizo falta que de más detalles, entendía lo que había pasado.


──No sé qué hice mal, siempre le di todo de mi.


──No es su culpa lo que pasó. A veces no somos los causantes de nuestros males, otras si, pero estoy seguro de que no es el caso.──se levantó, sonriéndole. No dudó mucho más en tomarse el atrevimiento de darle un gran abrazo, escondiéndole el rostro en su pecho.


──Las personas somos como las mariposas, las abejas. Pasamos mucho tiempo rodeado de flores, olfateándolas y buscando la que más nos gusta.──suspiró.──Una vez que la encontramos, no queremos dejarla ir, y celamos a todo aquel que se quiera acercar. Estás ahí un día, dos, tres, hasta que eso se convierte en meses y hasta años.


México se quedó quieto, sin moverse, simplemente dejando que el contrario le acaricie los cabellos.


──Pensamos que quizás esa flor va a durar para siempre, pero de un día a otro llegamos y notamos que se marchitó, o que ya hay alguien más ocupando ese lugar.──sus delgados dedos enredaban los mechones del contrario, bailando entre estos.──No queda mucho más que hacer... Más que buscar otra.


México respiró hondo.


──Tal vez pienses que no va a ser posible que te guste el sabor de otra flor como la que amaste, pero quizás, y sólo quizás, esa flor aparezca en tu camino, iluminada por la luz del sol y moviéndose con delicadeza por la dulce brisa de la primavera.


Una vez finalizó su explicación, todo se quedó en silencio.


México lograba escuchar los latidos del corazón del contrario, eran ligeramente rápidos, se notaba que estaba algo nervioso. Lo que no sabía Argentina, es que su corazón latía mucho más que el suyo. El aroma del pecho del más bajo era muy suave y delicado, obviamente a flores debido al trabajo que tenía. Se sentía casi como un afrodisíaco. Elevó lentamente su mirada, logrando ver las orbes del Argentino.


Ámbar. Eran de color ámbar, como si de un lindo girasol en una pradera se tratara.