Capítulo único ♡

Hace tres años hubo un acontecimiento que fue el tema principal de la universidad durante cinco meses seguidos.
Un chico se presentó para las audiciones del equipo de animadoras.
JiHoon nunca estuvo interesado en el fútbol americano pero en su primer día de clases, después de escuchar el aburrido discurso de bienvenida del rector, entraron las animadoras junto a la mascota del equipo; un cachorro que parecía todo menos aquel animal.
Sus ojos se iluminaron y definitivamente no fue por las chicas, sino por el lindo uniforme azul con amarillo que llevaban puesto, sus cintas en el cabello y esos pompones grandes que agitaban en sus manos.
El baile era algo insípido, él podría crear uno mucho mejor.
Pero le gustó la energía y el canto que tenían.
Los gritos, la sincronización y todos los aplausos que recibían.
No quería imaginarse cómo sería estar en un verdadero partido de fútbol americano y sentir toda esa adrenalina recorriendo el cuerpo de tener tantos ojos sobre él.
El problema es que no quería pertenecer al diminuto grupo de chicos que entraron con las porristas para alzarlas en el baile y quedarse en segundo plano, no quería usar esos pantalones azules.
Sino las medias y zapatillas blancas, el pequeño uniforme de falda de tablas y camiseta de mangas cortas.
Así qué, ¿Por qué no intentarlo?
¿Qué podía perder?
Los que decían que era extraño, que no quedaría por el simple hecho de ser un chico o que era un ridículo por querer utilizar ropa de mujer, todas esas opiniones le entraban por un oído y salían por el otro.
¿Quién dijo que las faldas eran solamente para las mujeres?
A JiHoon le daba lo mismo lo que dijeran de él, sus amigos lo aconsejaron diciéndole que no era bueno llamar la atención en sus primeras semanas en la universidad, les agradeció la preocupación.
Pero quería formar parte del equipo y demostrar que no habían actividades extracurriculares para cada sexo, los chicos sí podían usar falda, ¿Acaso alguien le decía algo a las chicas por utilizar pantalones? Las chicas también podían jugar fútbol, no necesariamente debían ser el sexo débil, para nada lo eran, no debían ser delicadas y pensar en la llegada de un príncipe azul a sus vidas, no, ellas podían ensuciarse en el barro, jugar ajedrez o estar en baloncesto, así que los chicos también podían querer algo diferente a lo establecido por la sociedad, no debían ser brutos, bruscos, sucios, machos alfas, podían tener un cuerpo delgado y fino como el de JiHoon.
Y eso no lo hacía menos hombre.
Podían querer usar ese lindo uniforme azul marino y tener un jodido listón en su cabello.
¡Sí! aunque fuese corto.
Agitar los pompones en sus manos y gritar animando al equipo de “Los Cachorros”.
Eso no debería ser problema para nadie.
Cada uno debe ser libre de hacer lo que quiera con su vida mientras no les afecte a los demás así que decidido, un día lunes, JiHoon salió del baño del segundo piso con una falda rosa, una camiseta blanca y pompones del mismo color en dirección a la sala de ensayo donde eran las audiciones.
Que lo miraran.
Que hablaran.
Al fin y al cabo su seguridad estaba por los cielos y no se la iban a bajar, sabía que quedaría en el equipo, llevaba una semana preparando el baile y no tenían cómo rechazarlo.
Hablarían de él luego de que ocurriera, estaría en boca de todos y quizás con su valentía ayudaría a otros a salirse de su zona de confort.
Porque estaba bien hacerlo.
Ocurrió lo que predijo, realizó su rutina y la entrenadora quedó sorprendida con sus habilidades en el baile y para crear nuevos gritos de animación, ingresó al equipo y las chicas no tuvieron ningún problema en darle la bienvenida haciéndolo sentir cómodo.
Esa idea de que las porristas eran envidiosas, tontas y malas personas era totalmente errónea.
Rápidamente se volvió conocido y muy querido cuando se convirtió en el líder de las porristas, no fue solo en su universidad, sino en todas.
Subían fotos de él en los partidos de fútbol, videos de sus bailes a las redes sociales y no le molestaba que lo fueran a ver por sus lindas piernas que lucía con la falda del uniforme.
Muchos estudiantes se volvían locos cuando en medio del partido aparecían las animadoras para encantarlos con la belleza que poseía cada integrante.
Aunque la gran mayoría iba por el castaño.
JiHoon obtuvo una popularidad que nunca se esperó.
Y las propuestas de citas y de relaciones no tardaron mucho en aparecer.
Lamentablemente para todos esos chicos duró poco la felicidad, ya que un año después de ser porrista de la universidad, JiHoon comenzó a subir fotografías junto a un chico, nadie sabía la identidad del individuo, eran manos sobre una mesa, sobre la pierna del castaño, pies en una cama mientras veían una película y paisajes románticos que hacía morir de envidia a cualquiera.
Al principio muchos pensaron que el novio de JiHoon era MinGyu, el capitán del equipo de fútbol americano de la universidad.
Hubiese sido como un sueño, la pareja perfecta, los dos capitanes que le llevaban trofeos y gloria a la comunidad estudiantil.
Pero no, no era MinGyu.
A las semanas después vieron a JiHoon conversando con ChanYeol, el presidente de los alumnos y no dudaron en relacionarlos.
Pero a las pocas horas ambos lo desmintieron, ChanYeol tenía novio, BaekHyun, un chico que estudiaba arquitectura.
Así que todos se quedaron con la gran duda de quién era la debilidad de JiHoon, quien era el dueño de su corazón y bendecido con sus besos.
El ambiente cambiaba en los pasillos cada vez que se acercaba un partido de fútbol contra otra universidad, incluso el rector era fan del equipo liderado por Kim MinGyu.
Ellos se llevaban la gran mayoría de los trofeos pero se acercaba uno de los campeonatos más importantes, para llegar a las finales, con sus grandes enemigos.
El equipo de “Los leones” era su gran competencia, y no era solamente en el deporte, los rectores no podían verse sin poner una mala cara, competían en todos los ámbitos; conocimiento, canto, música, baile, etcétera.
Cada club era rival del otro.
Así que por ende las prácticas se volvieron más seguidas y exigentes, JiHoon ensayaba con las chicas mientras los futbolistas practicaban en la cancha.
De pronto el móvil comenzó a sonar en la mochila del castaño interrumpiendo el ensayo —Un minuto —Corrió a las gradas y dejó los pompones a un lado.
📩 Puppy ❤️: ¿Podemos vernos hoy?
📩 Kitten 🐱: No lo creo, mañana es el campeonato para entrar a las finales y después del ensayo llegaré a casa a descansar.
📩 Puppy ❤️: ¿Cinco minutitos? 😢
📩 Kitten 🐱: No puedo y lo sabes muy bien 😒
📩 Puppy ❤️: Perderán así que ojalá me animes a mí. 🦁🎉
📩 Kitten 🐱: Jamás, ya debo irme, te mando un beso.
📩 Puppy ❤️: ¿En qué parte?
📩 Kitten 🐱: En tus labios, tonto.
📩 Puppy ❤️: También te envío uno, pequeña dulzura.
JiHoon sonrió marcando los hoyuelos en sus mejillas, estaba loco por ese chico.
—¡Suficiente descanso! —Gritó el castaño guardando el móvil en la mochila y tomando los pompones —¡Pongan la música desde el comienzo!
Finalmente el día del campeonato llegó, era una verdadera guerra en las gradas, todo el estadio estaba dividido por las dos universidades, azules a un lado y rojo al otro, con sus tambores y cantos de animación, compitiendo por quién gritaba más fuerte, quién tenía más apoyo de sus compañeros, quién llevaba más lienzos de sus colores correspondientes, pompones y confeti.
Las puertas del autobús amarillo se abrieron y JiHoon fue el primero en bajar enseñando el nuevo uniforme, una corta falda azul marino, una camiseta blanca con el logo del equipo en la espalda, un listón amarillo en el cabello, los pompones y las zapatillas blancas, él era el único que llevaba una liga en su muslo derecho, para diferenciarlo y hacerle saber al público que era quien guiaba al resto de chicas.
Para nadie del equipo de fútbol pasó desapercibido el piercing que tenía JiHoon en su pezón derecho, podía traslucirse en la camiseta blanca.
—Lindo —Dijo Daniel acercándose a JiHoon y apuntando su pecho mientras sujetaba el casco en su brazo izquierdo —¿Te lo has hecho hoy?
—Lo tengo hace tres meses —Respondió JiHoon con una sonrisa pícara, llevando los enormes pompones hacia su pecho para cubrirse —Pero lo he estado ocultando con un parche.
—¿Hoy es un día especial? —Preguntó interesado.
—Puede ser —Sintió el frío de la noche mover su falda, juntó las piernas y su cuerpo tembló.
—¿Vendrá tu misterioso novio a verte? —Continuó Daniel mientras el entrenador hablaba con el encargado del partido.
—¿Por qué tanta curiosidad?
—Porque nadie lo conoce —Miró al castaño y dio un paso hacia él —Pero estas de suerte hoy.
—¿Y eso por qué?
—Porque no todos los días le pregunto a alguien si quiere ser mi novio —Recorrió el cuerpo de JiHoon humedeciéndose los labios —Y sabes que me gustas hace bastante tiempo.
—Lo siento pero yo ya estoy en una relación —Dio un paso hacia atrás —Y soy muy feliz.
—Con un fantasma —Aseguró Daniel y JiHoon se limitó a rodar los ojos, no se pondría a discutir en un tema que no le debía importar.
El autobús de la otra universidad se estacionó adelante del suyo, bajaron las animadoras y los chicos detrás de ellos, no faltaron las miradas de odio y los murmullos hablando mal del otro equipo.
JiHoon levantó sus talones y buscó al chico que le robaba los suspiros, cuando lo encontró le guiñó un ojo asegurándose antes de que nadie lo estuviese viendo.
Caminaron en grupo hacia el estadio, escuchaban a la gente gritar emocionada y la música de cada universidad.
JiHoon iba hablando junto a Ailee mirando el trasero que le pertenecía y esas piernas que lo hacían temblar, lamentablemente eran del equipo enemigo.
—Espero que hayan traído pañuelos para su derrota, este año ganamos nosotros —Molestó Ailee subiendo el tono de voz y dando un saltito haciendo sonreír a JiHoon.
Claramente los chicos que iban adelante de ellos la oyeron, Hansol se rió a carcajadas y golpeó el codo de SeungCheol.
—Tranquilo Hansol —Habló esa voz grave que derretía a JiHoon —El león nunca se voltea cuando el perro ladra.
—Sin embargo —JiHoon apuró el paso y se metió entre los chicos, mirándolos con una sonrisa triunfadora —Mientras el perro es amado, el león en el circo es usado.
Ailee corrió hacia JiHoon y lo tomó del brazo para salir corriendo.
—Me da igual que sea de “Los cachorros” —Susurró Hansol mirando a JiHoon —Yo feliz me meto entre sus piernas y le hago de todo.
—¡Hey! —SeungCheol lo empujó, con el rostro serio —Es el enemigo, no digas eso si no quieres que te saque del equipo.
—¿No estás exagerando? —Siguió caminando junto al pelinegro —Es un jodido cachorro, que puedo follármelo como follaré a su equipo en la cancha.
—Hoy no juegas —Sentenció SeungCheol deteniéndose y apretando el casco contra su abdomen —SeokMin estará en tu lugar, no salgas de los camerinos.
—Pero SeungCheol... —Intentó hablar.
—Soy el capitán y has cruzado la línea.
Hansol frunció el ceño y analizó el rostro de su mejor amigo, lo conocía hace siete años, sus palabras le habían dolido y no tenía motivo —Espera —Su mente se despejó y abrió los ojos a tope —¿Es JiHoon?
—No sé de qué hablas.
—¡Es JiHoon! —Exclamó con una sonrisa —Él es tu novio, el que te llama en las prácticas y por quien traes esa cara de baboso la mayor parte del día.
—No —Dijo seguro —Él no es.
El partido comenzó y la impresionante experiencia de estar rodeado de personas que deseaban lo mismo que tú; que el equipo al que apoyaban y al cuál habían ido a ver ganara, se sintió en cada estudiante presente.
Los gritos de animación en cada una de las bocas provocaba escalofríos, a JiHoon le encantaba esa sensación, la adrenalina recorría su cuerpo, era un paraíso que pocos podían entender y una pasión que pocos podían vivir.
Y esperaba su turno de brillar junto a las chicas.
Luego de su salida para entretener al público se quedarían afuera animando al equipo pero se le hacía imposible no mirar al equipo contrario, buscando a SeungCheol mientras bailaba, saltaba y giraba haciendo gritar a los estudiantes, provocando que sacaran sus móviles para grabar la rutina.
Y capturar el angelical rostro de JiHoon.
Aunque no faltaban los chicos que intentan ver más allá del short que usaban bajo la falda, admirando el envidiable y perfecto trasero de JiHoon.
Pagarían para tocarlo y darle una fuerte nalgada.
Los minutos pasaban y los equipos iban empatados, JiHoon apretó los pompones contra su pecho y todos celebraron cuando MinGyu logró anotar acercándolos a la victoria.
Pero SeungCheol, el capitán de “Los leones” era bastante rápido y ágil en sus movimientos, dejando atrás y sin aliento a sus oponentes, y no tardó en sobrepasarlos tocando con la punta de los dedos el ansiado triunfo.
Todo terminó ahí, el equipo contrario ganó, los rojos de las gradas celebraban como nunca antes.
JiHoon hizo una mueca con los labios cuando los jugadores de su universidad caminaron derrotados frente a él, tocó el brazo de MinGyu regalándole una sonrisa de ánimo.
Podía imaginarse cómo se sentían, habían practicado tanto para ese juego que dejó un sabor amargo en sus bocas, incluso en la de él.
Pero fue una anotación que los declaró como perdedores, los chicos no habían estado mal, se encontraban en sus mejores condiciones físicas y mentales.
Además, era eso, un juego.
No el fin del mundo, ni de sus carreras.
A lo lejos vio celebrando a SeungCheol con sus compañeros, sus miradas se cruzaron y le sonrió levemente dándose la media vuelta para ir a los camerinos.
Cuando estaba sacando la ropa del casillero, escuchando las duchas al otro lado de la pared donde estaban los jugadores preparándose para volver a casa, sonó el móvil.
📩 Puppy ❤️: ¿Todo bien?
JiHoon leyó el mensaje y apoyó la frente en el frío mental sonriendo ligeramente.
📩 Kitten 🐱: Sí, felicidades mi amor
📩 Puppy ❤️: Te quiero ver.
Tardaron cerca de veinte minutos duchándose y cambiándose de ropa, JiHoon se sentó en la banca frente al casillero dejando pasar el tiempo, jugando con el móvil en sus manos.
—¿Piensas volver a casa con el uniforme? —Preguntó Ailee haciéndose una coleta en el cabello.
—Mis padres han quedado en venir por mí —Mintió JiHoon.
—Bien —Asintió la castaña —MinGyu ya ha cancelado la celebración que teníamos planeada para hoy y el entrenador se ha ido a casa sin decir nada. Los malditos leones deben estar al otro lado riéndose y celebrando.
—Fue un partido, habrán muchos más.
—Los detesto —Ailee cerró el casillero de golpe sacando una chaqueta —Todos los chicos son odiosamente sensuales, más que en nuestro equipo y ninguno me mira.
JiHoon soltó una risita y agitó la mano cuando su mejor amiga se fue. Las luces se fueron apagando y las voces desapareciendo, sacó el bolso y atravesó toda la cancha llegando a los camerinos del otro equipo.
Escuchó el agua correr y sonrió, dejó el bolso en la banca y se acercó al único casillero que estaba abierto.
—Pensé que no vendrías —Apareció SeungCheol con una toalla blanca en la cintura, las gotitas cayendo de su cabello mojando su torso.
JiHoon bajó la mirada y abrió su mano donde llevaba las bragas que se había sacado, aún estaba con el uniforme pero quería darle un premio extra a SeungCheol, se lo merecía luego de jugar tan bien.
Y es que nunca permitieron que el ser rivales interfiriera en la relación que tenían, claro que por parte de cada uno se esforzaban en ganar y en apoyar a su equipo, en el caso de JiHoon, pero lo dejaban todo en la cancha.
Hace dos años que habían comenzado una relación que al inicio se basaba en sexo, después de un partido JiHoon fue a gritarle a SeungCheol por haberle levantado la falda del uniforme y terminaron desnudos en las duchas, gimiendo y pidiendo por más.
Desde entonces se veían a escondidas, nadie podía enterarse de lo que pasaba entre ellos e inevitablemente los sentimientos fueron surgiendo, no eran novios, jamás existió esa pregunta.
Pero tenían una relación exclusiva.
Y sobretodo apasionada.
—Felicidades —Empuñó su mano y se volteó a ver al mayor, con una sonrisa coqueta caminó hacia él con lentitud —Jugaste muy bien.
—Gracias —Siguió a JiHoon con la mirada, el menor caminó tras él y dejó unas bragas de encaje color blanco en su hombro, la sacó y sonrió mientras que el castaño acariciaba su espalda suavemente antes de volver a ponerse en frente.
—Estamos solos SeungCheol —Le recordó con una mirada pícara.
—Lo sé.
—Y no llevo nada debajo de esta linda falda —Habló sensualmente llevándose el dedo a la boca para luego morderlo.
—¿Nada? —Preguntó SeungCheol colocando las manos en la cintura del menor, haciéndolo caminar hacia atrás.
—Nada más que un plug rosa usando tu lugar —Soltó un quejido cuando su espalda chocó contra el frío metal, la mirada de SeungCheol se volvió oscura, eso era precisamente lo que quería —Necesitaba usarlo y lo sabes, no puedo controlarme cuando te veo con uniforme.
SeungCheol volteó a JiHoon, estampando su rostro en los casilleros, apretó una mano en su cintura y la otra la bajó por la espalda del menor, llegando a la curva pronunciada de sus nalgas, levantó la falda y sacó el plug haciéndolo gemir.
—Me encantas dulzura —Susurró en su oído para luego atrapar el lóbulo entre los dientes.
—Amo cuando me dices así —Cerró los ojos al sentir los dedos gruesos de SeungCheol en su entrada, acariciando y activando cada terminación nerviosa.
Ya estaba dilatado, no necesitaba hacerlo sufrir.
Un giro brusco lo hizo sonreír, amaba la faceta de SeungCheol que nadie más conocía, porque mientras que él iba contra el mundo, dándose a respetar y no dejando que nadie lo pisoteara, SeungCheol era pacífico y un chico estudioso, amante del fútbol americano.
Pero él podía sacar su lado salvaje.
Unos labios gruesos atacaron los suyos en un beso apasionado y hambriento, JiHoon dejó caer la toalla de SeungCheol y el mayor le quitó la camiseta para saborear el piercing que tenía en su pezón derecho.
Enterró las uñas en los hombros de SeungCheol y soltó un gemido cuando jugó con el metal.
Hacia un mes cuando el dolor pasó, se había vuelto una adicción para SeungCheol, no sólo cuando estaban a punto de tener relaciones sexuales, sino que disfrutaba acariciarlo mientras veían una película en la casa del mayor.
SeungCheol dejó un rastro de saliva por su pecho antes de volver a sus labios, JiHoon tomó el pene de SeungCheol y comenzó a masturbarlo, sintiendo cómo se iba endureciendo y cómo las venas se marcaban en el miembro, esparció con sus dedos el pre semen y SeungCheol gimió en su boca cuando ejerció presión en el glande.
Ver a JiHoon tan necesitado por él, la manera en que se contorneaba, amoldándose a su cuerpo, era uno de sus placeres culposos, nadie imaginaba lo débil y sumiso que podía volverse el capitán de las porristas.
Era el único que podía tenerlo bajo su completo control.
No tardaron más y SeungCheol tomó los muslos de JiHoon para que envolviera su cintura con esas suaves piernas, no le quitó la falda, tampoco la liga, ni las zapatillas blancas, aquello lo volvía más excitante.
JiHoon se afirmó en los hombros de SeungCheol, sintiendo una mirada intensa sobre cada una de sus expresiones fáciles, sus miradas se cruzaron y sensualmente se mordió el labio inferior, provocándolo.
Sus ojos se cerraron ante la presión del hinchado glande en su entrada, apretó las piernas alrededor de SeungCheol y el dolor comenzó cuando el mayor abrió pasó en su interior, extendiendo sus apretadas paredes anales, separó los labios sintiendo milímetro a milímetro del caliente y grueso miembro —S-SeungCheol —Lo miró suplicante cuando se detuvo y esos gruesos labios lo besaron con pasión, bajando hasta su cuello, atacando su zona sensible.
—Más profundo —Rogó JiHoon echando las caderas hacia adelante pero SeungCheol apretó las manos en ellas y lo inmovilizó contra los casilleros, obteniendo el control de la situación en su totalidad —P-Por favor.
SeungCheol aprovechó el momento para deslizar su pene por completo dentro de JiHoon, robándole un gemido desde lo más profundo de su garganta, lo afirmó con fuerza dándole un tiempo para que se acostumbrara.
El interior de JiHoon era húmedo y apretado, tan caliente que lo estaba volviendo loco.
—Dios, se siente tan bien —Susurró SeungCheol haciendo chocar su respiración en el oído del menor —Tan estrecho y mojado, todo para mí.
—Sí, sí, todo para ti —Dijo cerrando las piernas alrededor de SeungCheol, lo acercó a él apoyando el mentón en su hombro, acariciando el cabello de su nuca —Vamos león, muéstrame lo que puedes hacer.
SeungCheol movió sus caderas con lentitud, embestidas suaves que estaban desesperando a JiHoon a pesar de aún sentir un ligero dolor, cuando los quejidos se transformaron en gemidos de placer, SeungCheol lo embistió duro.
Como a JiHoon le gustaba.
Lo embistió profundo, tocando aquel punto sensible que logró hacerlo delirar.
JiHoon gemía cada vez más alto y agudo cuando sentía roces o golpes en su próstata, enviando pequeñas descargas eléctricas hacia todo su cuerpo.
Envolvió sus brazos alrededor de la trabajaba espalda de SeungCheol, trazando líneas con las puntas de sus dedos, excitando a quien arremetía con fuerza en su entrada.
JiHoon un desastre jodidamente excitante, según SeungCheol, podía verlo a través del espejo del camerino, esa diminuta falda moviéndose con rapidez, los pálidos muslos que sujetaba con una mano mientras que con la otra apretaba y golpeaba una nalga de JiHoon, sus cuerpos colisionaban con fuerza, ambos bañados en sudor y haciendo eco con sus gemidos.
—Así es como folla el enemigo —Gruñó SeungCheol en tono de burla. Ambos sabían que esto era mucho más que sexo sin compromiso.
—No te confundas —JiHoon tomó su mandíbula obligándolo a mirarlo a los ojos —Así es como el enemigo te calienta con unas bragas al punto de que estés desesperado por correrte en su trasero.
—Este delicioso trasero —Nalgueó al pequeño robándole un grito —Me trae loco.
Unieron sus frentes, mezclando los alientos, sus respiraciones entrecortadas, sus ojos se encontraban totalmente cegados por la excitación, y sin tocarse JiHoon se corrió ensuciando el uniforme con su esencia.
Aquel era el poder que tenían los gemidos graves de SeungCheol y sus manos haciendo presión en las zonas presisas de su cuerpo para llevarlo al ansiado orgasmo.
Entonces las paredes anales de JiHoon apretaron su miembro haciéndole imposible no empujarse más profundo y con más fuerza, el delgado cuerpo del castaño tembló y SeungCheol lo abrazó, aplastándolo.
Con una dura embestida logró correrse, viendo cómo JiHoon se estremecía ante la sensación de ser llenado con su semen.
El menor mantenía los ojos cerrados hasta que un dulce beso en la nariz hizo que los abriera, sonrió cansado y besó al mayor en los labios —Mereces haber ganado.
SeungCheol hundió el rostro en el cuello del menor y sonrió.
Terminaron duchándose en los camerinos, JiHoon se sentó en la banca abrochándose los zapatos y SeungCheol lo miró en lo que se secaba el cabello.
—Dulzura —Lo llamó echándose el cabello hacia atrás.
—¿Sí? —Se colocó de pie para arreglarse el suéter hasta que unas manos ajenas tomaron las suyas y alzó la mirada.
—Quisiera ir al baile de primavera contigo —Dijo SeungCheol dejándolo sin palabras —Quisiera que fueses mi pareja.
Eran contadas con los dedos de las manos las veces que habían salido juntos en pleno día, en dos años supieron ocultar muy bien su relación y éste momento iba a llegar tarde o temprano, por parte de cualquiera.
—Se supone que no debo fraternizar con el enemigo —Sonrió JiHoon.
—Creí que ya habíamos roto esa regla —SeungCheol se encorvó hacia el castaño —Hagámoslo público, ya no quiero seguir ocultando lo que siento por ti o controlarme para no salir corriendo a abrazarte o besarte cada vez que nos encontramos en un partido.
—Se volverán locos —Sus hoyuelos se marcaron.
—¿Y eso qué? —Se encogió de hombros y lo miró con ternura, las miradas de ellos se iluminaban cuando estaban juntos —Deben saber que león se enamoró de este hermoso cachorrito y hará lo imposible por defender su amor.
Salieron del recinto, SeungCheol buscó la mano de JiHoon entrelazando sus dedos y se dirigieron a la casa del menor.
Estuvo los siguientes tres días pensando en la invitación de SeungCheol, quizás por el triste momento que estaba atravesando la universidad donde estudiaba no era bueno darles la noticia que tenía una relación con SeungCheol, estaba arriesgando mucho.
Pero también sabía era su vida y quería acompañar al chico que le gustaba al baile.
Así que se vistió de traje formal y llegó a la universidad del mayor, las miradas se posaron sobre él cuando entró al salón principal, no lo echarían a patadas porque al final y al cabo ellos habían ganado el campeonato pero si se preguntaban qué hacía allí, era extraño.
Encontró a SeungCheol sentado junto a las bebidas, con una flor blanca en las manos, girándola con los dedos mirando hacia abajo.
—He venido solamente porque me gustas demasiado —Dijo JiHoon haciendo que SeungCheol se levantara —Y porque quería verte de traje.
Con toda la atención en ellos una suave melodía sonando, SeungCheol lo tomó de la mano llevándolo al centro del salón donde le colocó la flor en la oreja y lo abrazó por la cintura, JiHoon apoyó los antebrazos en los hombros del mayor y se sonrieron.
Fue en cuestión de segundos para que las fotografías de la pareja circularan por las redes desatando un caos.
Sorpresivamente la gran mayoría de comentarios eran positivos, imposible que no lo fueran con la escena tan dulce y romántica que les estaban regalando.
—Esa sonrisa se borrará cuando pierdas en el siguiente partido —Dijo JiHoon burlesco.
—No importa, aparecerá de nuevo cuando te vea.
Cursi, esa era la palabra que lo describía a la perfección, JiHoon cerró los ojos con fuerza y agrandó su sonrisa, ocultándola en el cuello del mayor cuando lo abrazó —Te amo SeungCheol.
—Yo te amo más.
—No empieces a competir porque esto se pondrá feo —Amenazó el castaño.
—Yo te amo igual.
JiHoon soltó una risita y SeungCheol cerró los ojos disfrutando del momento, ellos fueron el ejemplo que no siempre se debía hacer la guerra, sino también el amor.
