𝘼𝙍𝙂𝙀𝙉𝙏𝙄𝙉𝘼 𝙃𝘼𝙍𝙀𝙈 ━━━ +18 ONESHOTS

Summary

━━━━━━━━━━━━ 𓂅٩(๑❛ᴗ❛๑)۶ ✦ . . . ¡El harem de Argentina! ━━━━━━━━━━━━ ➤ Este libro se basa en la escritura de oneshots con contenido sexual sobre Argentina en el fandom de countryhumans. ➤ Todos los personajes que se presentarán son hombres, sin excepción. Las relaciones son homosexuales, y entre personas adultas!! ➤ Los oneshots no estarán ligados a mis AU a menos que se mencione. Puede que en algunos OS sean países, y que en otros no cumplan tal roll sino que desarrollen sus vidas como humanos. ➤ Argentina será mayormente pasivo. Si no te gusta este contenido, por favor retírate. Si no te gusta algún ship, retírate o saltéalo. Todos queremos estar tranquilos, no necesitamos discusiones innecesarias. ━━━━━━━━━━━━ @chokocutebaby

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

UNA FIESTA COTIDIANA


🇪🇨 × 🇦🇷 × 🇻🇪


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La fiesta era bastante ruidosa y caliente, las horas pasaban y nadie de allí tenía la intención de partir. Era fin de semana y todos habían cobrado sus quincenas, así que lo que más querían hacer era disfrutarla en mucho alcohol y horas de baile bajo las luces parpadeantes. No era un momento de solo risas y borrachera, pues habían varios que se estaban comenzando a poner calientes por los roces entre intimidades con otros que tenían.


Y uno de ellos era claramente Argentina.


Argentina tenía puesta una ropa bastante ajustada y corta que resaltaba su hermoso cuerpo, sus curvas, sus voluptuosos glúteos sobre todo. Estaba algo ebrio pero no lo suficiente como para no tener consciencia de lo que pasaba a su alrededor. Notaba como un tal ecuatoriano se estaba pegando cada vez más a él hasta poder sentir aquel gran bulto entre sus glúteos.


Decidía fingir como si nada pasara y simplemente seguir bailando al ritmo de la música, moviendo sus caderas de un lado al otro para hacer rozar sus intimidades. Sonreía y reía por ello, Ecuador le parecía un chico muy lindo, atrevido y coqueto, aquellas manos que comenzaban a rodearle la cadera estaban comenzando a excitarlo, y aún más cuando sintió su cálida respiración contra su cuello.──No creas que no noto como deseas mi verga, bebé.──le susurró en el oído, dándole una lamida a su lóbulo y metiéndolo entre sus labios unos momentos.


Un escalofrío recorrió su cuerpo, Argentina le dio un sorbo a su cerveza en busca de calmar aquello que estaba comenzando a encenderse en su cuerpo.──Mm... Mira que lindo culito tienes, corazón, me tienta tanto a estamparte contra la pared y hacerte mío por horas hasta que no dejes de llorar del placer...──el ecuatoriano le apretó las caderas al albiceleste, pegándolo más a su cuerpo para que sintiera más su erección. Argentina ya no sabía como reaccionar a ello, solo suspiró caliente y permitió que el más alto lo tomara del cuello para así poder saborearlo mejor.──Como en los viejos tiempos... ¿Recuerdas, mm?──pasó una de sus manos por adelante de su cuerpo, acariciándole el abdomen mientras bajaba a su pelvis, teniendo intenciones de bajar a su entrepierna pero sin hacerlo.


Argentina cerró sus ojos dejándose consumir por el placer, moviéndose más hacia atrás y generando más movimientos con sus caderas para que haya más contacto entre ellos.──Mm, si, extraño tanto tu verga, mi amor...──jadeó más que caliente, tirando su cabeza hacia atrás para así poder recostar su nuca en la curvatura de cuello y hombro del tricolor. Este le apretó más fuerte el cuerpo apenas lo escuchó, repartiéndole varios besos en el rostro y en el cuello para dejar algunas marcas territoriales. Adoraba a Argentina, lo amaba, a él y a su cuerpo. Iba a hacerlo suyo en ese momento.


El argentino, sumergido en la excitación que tanto lo estaba calentando, abrió sus ojos apenas sintió unas segundas manos tocándolo.──V-Venezuela~──rió tierno, parándose derecho una vez más.──¿Qué pasa, chiquito? Yo también te extrañaba mucho...──lo tomó de la cintura, moviéndolo hacia delante para poder pegarlo a su cuerpo. Se le acercó al rostro, haciendo así frotar sus labios.──Mm... Tengo tantas ganas de sentir mi verga entre tus labios, bebé, ¿a ti te gustaría saborearla? ¿si? ¿Te gustaría que el pene de papi llegue a tu garganta?──le dio una lamida a sus labios, luego besándole la comisura de estos.


──S-Si~ Quiero que papi me coja tan duro que me deje seco y babeando semen por horas, por favor...──el albiceleste jadeó deseoso, posicionando sus manos en el pecho del venezolano para luego bajar una a su entrepierna, acariciando suavemente el bulto que ya comenzaba a crecer. Ecuador sonrió por eso, notaba que Argentina ya estaba calentándose del todo y eso era una muy buena señal.


Sin perder tiempo subió una de sus manos al pecho de Argentina, subiéndole aquel top que traía puesto para así dejar expuestos sus rosados pezones que combinaban tan bien con su clara piel. El argentino se sorprendió por eso, colorándose pero sin evitar aquello. Sabía que no perderían el tiempo y así fue, pues Venezuela se aferró rápidamente a uno de sus pezones y comenzó a succionarlo apenas lo tuvo entre sus labios. Argentina gimió bajito por esa acción, sus pezones siempre se ponían sensibles cuando los estimulaban de esa manera.


──M-Mm~ Venezuela~──aquel gemido se mezclaba con el ambiente, la música, los gritos. Sin embargo, lograron llegar a los oídos de ese hombre. Lo miró unos segundos antes de abrir un poco más su boca y atrapar ahora más de su pecho, manteniendo una de sus manos en la cadera del argentino y la otra en la cintura de este. Ecuador mantenía sus manos igual pero de los costados libres, mordiéndole el cuello y dejándole más de esas marcas que tanto amaba.


Decidió avanzar más al momento de meter su mano bajo en la ropa inferior del contrario, subiéndole la falda que traía para así dejar expuestos sus glúteos. Sonrió al notar entre la oscuridad que su ropa interior era muy ajustada y femenina, no entendía cómo podía estar cómodo con eso pero le encantaba.──Son tan grandes, me encantan... Tengo tantas ganas de que me ahogues con tu culo.──le susurró el ecuatoriano, apretándole un glúteo y luego nalgueándolo, sacudiéndolo para ver como se movía como gelatina.


Argentina mordió su labio inferior, adoraba la manera en la que los dos le hablaban, lo calentaba mucho y lo excitaba, empezaba a pensar que quizás era un fetiche que no conocía. O quizás sí. Tiró su cabeza hacia atrás, presionando los cabellos los venezolano para así disfrutar de como le sorbía los pezones, como los apretaba entre sus manos, jugando con ellos.──V-Venezuela~ Basta~ Los vas a dejar muy hinchados...──lo separó al final de su pecho, viendo como un hilo de saliva los unía con los labios del contrario.──O-Ow...


Venezuela le sonrió ladino, parándose recto una vez más para así permitirle ver la diferencia de alturas. Viéndolo hacia abajo, luego acercándose a su rostro con aquella sonrisa socarrona. Lograba visualizar aquellas lindas orbes ámbar aunque el color se perdía un poco por las luces parpadeantes. Sus pecas, sus lunares, sus largas pestañas que embellecían más su rostro. Bajando a sus labios, acariciándole estos con su dedo pulgar. Tragó saliva discretamente, no esperando más para unirlos en un fogoso y salvaje beso que fue correspondido casi al instante.


Mientras ellos dos se fundían en uno, Ecuador decidió seguir avanzando. Fue bajando por el cuerpo de Argentina mientras le depositaba besos y lamidas por toda su espalda, hasta ponerse de cuclillas en el suelo y llegar a los glúteos. Relamió sus labios, apretándolos y sacudiéndolos para ver como se movían, aún no lograba creer lo tan grandes y hermosos que eran, lo apetecibles que lucían a cada momento del día. Lo nalgueó fuerte, luego comenzando a morder ambas nalgas con una notable alegría.


Argentina suspiró caliente en el beso, abrazando a Venezuela por sus hombros para que no se separara de él. El venezolano continuaba besándolo y solo permitía que se separaran unos momentos para respirar, no quería dejar ir a Argentina jamás. Abriendo sus ojos en cierto momento, notando que el más bajo los mantenía cerrados. Desvió su vista al sentirse observado, pues claro que lo estaban, habían varias vistas puestas en ellos al notar las personas de los alrededores lo que estaban haciendo. Estaban cogiendo en plena fiesta casi en el medio de todos, ¿cómo no lo notarían?


Iba a detenerlos en ese momento, pero no hizo nada. Tan solo le hizo una seña a sus amigos que los miraban a lo lejos para que no los interrumpieran y mantuvieran silencio, escondiendo a Argentina en la curvadura de su cuello y hombro.──Mwah~ Venezuela~ Me encantan tus labios, son tan sabrosos...──Argentina estaba muy, muy caliente. Y Venezuela no iba a ser quien le bajara esa calentura deteniéndolos, al contrario, provocaría que ese joven albiceleste arda en llamas.──Aunque me gustaría besarte en otro lado también... Por favor, Venezuela~──trató de seducirlo, bajando una de sus manos a la entrepierna del contrario para así apretarla un poco, notando lo dura que estaba.──Mm... Papi está tan duro...


Venezuela suspiró caliente, no podía creer que aquella carita tan angelical fuera capaz de decirle todo eso, aunque no era la primera vez que lo hacía. Abajo Ecuador estaba ya babeando por lo bien que lucía la entrada de Argentina, lograba verla bien ahora que había separado sus glúteos y retirado su ropa interior, y simplemente le fascinaba aquella coloración rosada que tenía, lo apretado que lucía. Era simplemente perfecto. Tragando saliva decidió no torturarse más, terminando por sacar su lengua y pegarla a la entrada del contrario, dando lamidas intensas y profundas que lograban escurrir la saliva por los muslos de el portador del sol.


──Mwah~ Ecuador~──gimoteó el argentino apenas sintió la lengua del otro allí abajo, apretando casi por consecuente el bulto de Venezuela. Este último gruñó leve, su erección le estaba doliendo y hasta sentía como palpitaba.──Ecuador~ Ah~──curvó un poco su espalda, generando así más contacto entre su intimidad y el ecuatoriano, apoyando su cabeza en el pecho de Venezuela. Éste último no iba a soportar más eso, sentía su erección palpitar y parecía más bien una tortura.──Argentina.──le dijo serio, tomándolo con fuerza de los cabellos para así poder separarlo de su pecho y acercarlo a su rostro.──Vas a satisfacerme, putita, espero que uses bien esa linda lengua que tienes.──le dio un pequeña bofetada sin llegar a herirlo, haciéndolo curvar su espalda para que pueda bajar y quedar su rostro contra su entrepierna.


Argentina relamió sus labios apenas sacó el miembro de las ropas y cayó con fuerza contra su rostro, seguía igual de enorme, con algunas venas marcadas y algo de presemen ya saliendo de la punta. Esa coloración rojada que tenía por su cuerpo en general le fascinaba aún más. Tuvo que mantener sus manos apretando los muslos del más alto para poder sostenerse en esa posición, pues detrás suyo Ecuador seguía lamiendo intensamente junto a una intensa repartija de nalgadas.──Abre tus labios, corazón, pienso cogerte la boquita hasta que llores y te ahogues con tu saliva.


Argentina jadeó por eso, abriendo bien grande su boca y sacando su húmeda lengua para que ese gran falo ya se adentrara en él. Le costaba escuchar lo que le decía por la fuerte música del ambiente, pero conociéndolo lograba leerle bien los labios.──Así me gusta...──el venezolano mordió su labio inferior, acomodando su glande en la lengua del más bajo antes de comenzar a empujar hacia delante para que se introduzca en él.──Ah... Sí, así...──lamió sus labios, teniendo recuerdos de lo caliente y apretada que era la cavidad bucal del argentino.


Así fue que un vaivén de adelante hacia atrás se hizo presente en sus caderas, moviéndose en un principio lento ya que tampoco tenía la intención de dañar al argentino. Con el pasar de los minutos las estocadas se hicieron más intensas, introduciendo más de su falo hasta que escuchó una arcada de su parte. Ese sonido le provocó una risa enternecida, peinándole los cabellos hacia atrás para poder verle bien esos lindos ojos ámbares.──Ah... Sigue así, chiquito, tu boca se siente muy bien...──gruñó grave, tirando su cabeza hacia atrás unos momentos para jadear lleno de placer.


Argentina apretaba sus labios, ocupaba su lengua, sorbía y aveces hacía rozar levemente sus dientes para provocarle más placer. Cerrando sus ojos cuando le salieron unas lágrimas, permitiendo que ambos hombres lo tocaran como quisieran. Cuando Venezuela estaba ya penetrando con todo su miembro en la cavidad bucal del otro fue que el Argentino cayó rendido de rodillas en el suelo, pues había recibido un accidental empujón de parte la gente que bailaba alrededor de ellos.


Sacando el miembro de su boca, jadeando caliente en busca de aire luego de lo que acababa de hacer. Sus mejillas sonrojadas, sus ojos llorosos, su entrada ahora muy humedecida por las constantes lamidas que había recibido allí abajo.──¿Qué pasa, mi amor? ¿Ya te cansaste?──rió el venezolano, tomándolo del mentón para poder verle el rostro, metiendo su pulgar en su boca para así sacarle la lengua hacia afuera. Se le hacía muy erótica esa escena.──Mm... Aún falto yo, dulzura, ¿no tienes fuerzas para papi, bebé?──se acercó ahora el ecuatoriano, posando su miembro erecto en la curvadura de la nariz del más bajo, tapándole la visión de sus ojos.


Ambos se miraron con una sonrisa ladina, Argentina era demasiado caliente sin siquiera pensarlo.──Ah... Carajo... No puedo seguir así, necesito cogerte.──maldijo Venezuela en voz alta, pues su miembro le pedía casi a gritos que ya se adentrara en él.──Ven.──tomó de los hombros al albiceleste para poder levantarlo, cargándolo desde sus glúteos para poder llevarlo a una pared cercana y estamparlo contra esta. Argentina gimoteó apenas su espalda chocó contra la fría pared, viendo hacia abajo como el venezolano le recorría todo el cuerpo con sus manos, apretando sus pezones, sus caderas, sus glúteos, hasta que llegó a su miembro y lo tomó para poder masturbarlo a una velocidad bastante rápida y repentina.


──Ah~ Venezuela~──tiró su cabeza hacia atrás, apretándole la camisa al venezolano. Su miembro también estaba erecto y obviamente necesitaba atención, tenía una gran necesidad en esos momentos de correrse.──¿Qué pasa? ¿Quieres que mi verga entre en ti, dulzura? ¿Quieres que te coja durante horas este lindo culito que tienes, mm?──le proporcionó una nalgada con su mano libre, provocando un respingo en el otro.──Mm~ Si, papi~ Quiero que dejes sin poder caminar, por favor, ya no aguanto, quiero que entres en mi...


Venezuela suspiró caliente, no podía controlarse si Argentina lo miraba de esa manera. Pronto otra mano rozando con la suya lo sacó de sus pensamientos, logrando ver a su costado que se trataba de su hermano Ecuador.──¿Acaso piensas que tú solo vas a comerte esto?──le apretó fuerte el glúteo a Argentina, escuchando una leve queja de su parte. Ambos hombres tocandolo como querían, manteniéndolo acorralado entre sus cuerpos, sin poder escaparse aunque no presentaba razones para hacerlo.


Desde lejos había otro hombre que no dejaba de verlos con seriedad, se trataba de Brasil. Éste no había despegado la vista de ellos desde que notó lo que hacían, no prestaba atención al resto ni a lo que pasaba a su alrededor, tan sólo se concentraba en ver las expresiones de placer de Argentina y lo sumiso que se veía en esa situación.──Deberíamos conseguirles un cuarto.──agregó de pronto Perú que acababa de llegar y notó lo que el brasileño estaba mirando.──Van a hacerlo frente a todos.──bebió de su cerveza, sin preguntarse por qué Brasil no le había respondido.


Luego de tantos toqueteos y lamidas fue que se decidieron a iniciar lo que realmente querían. Argentina quedó nuevamente en el medio, con Ecuador detrás y Venezuela delante. El ecuatoriano se apoyó contra la pared para poder estar más cómodo, tomando a Argentina de sus muslos traseros, ejerciendo presión mientras lo levantaba y le abría las piernas de par en par. Por suerte tenía bastante fuerza, así que cargar a Argentina no era un problema para él. Argentina jadeó caliente mientras veía como Venezuela se acercaba a él, haciendo rozar intensamente el glande contra su entrada.


──Prepárate, corazón. Porque no pienso dejarte ir hasta estar seguro de que estás completamenre lleno.──le dijo contra su rostro con una sonrisa inocente, dándole un besito en sus labios antes de comenzar a introducir su miembro en él. Tomándolo de los glúteos para también poder sostenerlo, metiendo todo de a poco hasta que dio una fuerte estocada que provocó que todo entrara en él.──Ah~! E-Es tan grande...──el argentino tiró su cabeza hacia atrás, apoyando su nuca en la curvadura de cuello y hombro del ecuatoriano.──Ah~


Venezuela suspiró caliente, se había olvidado de lo increíblemente apretada que era la entrada del albiceleste.──Si sigues gimiendo de esa manera no me va a quedar de otra que dejarte sin caminar...──le dijo a modo de advertencia, sacando el falo de su interior hasta el glande para volver a meterlo todo de una vez.──Ah~! V-Venezuela! M-Muevete, por favor, necesito sentirse, uh...──le pidió el más bajo casi entre sollozos, posicionando sus manos en los hombros de Venezuela.


Éste al final no se hizo rogar más, comenzando un vaivén algo acelerado de sus caderas. A pesar de lo desesperados que los tres estaban continuaba haciéndolo satisfactorio, cada vez más, moviendo sus caderas de una manera muy sensual que ya a simple vista te provocaba corrientes eléctricas en el cuerpo.──Ah~ V-Venezuela, eres increíble~──el argentino ya deliraba por el placer que sentía, el calor que lo envolvía cada vez más, las inmensas ganas de ser cogido de esa manera tan fuerte que lo deje con las piernas temblorosas.


Ecuador aprovechaba para poder darle más besos en su cuello, algunos chupones que lograban generar marcas que seguramente no se irían en un par de semanas.──Mm... Argentina...──gimoteó grave el venezolano, apretando más fuerte sus glúteos antes de moverse más rápido e intenso. Al ecuatoriano le encantaba como se movía el cuerpo de Argentina de arriba hacia abajo con cada estocada que recibía, y si bien su miembro erecto también deseaba entrar, iba a aceptar la iniciativa de su hermano de iniciar él con la diversión.


Los glúteos del albiceleste ya estaban colorados no solo por las nalgadas y la manera en la lo apretaban, sino también por las intensas estocadas que ya generaban un chapoteo que se mezclaba con la música del ambiente.──Ah~! Venezuela~!──se movía cada vez más rápido, se mareaba un poco pero no era nada que no pudiera controlar.──S-Sigue así, papi! Mwah! Ah!──no sabía lo que podía provocar con esos gemidos, pues aquellos dos hermanos se estaban poniendo cada vez más calientes.


Venezuela no despegaba su vista del rostro de Argentina, adoraba ver su expresión de placer: la saliva cayendo por la comisura de sus brillosos labios, lágrimas de placer desbordando por sus ojos ámbares, su mirada perdida y sus mechones de cabellos ahora desacomodados por la manera en la que su lindo cuerpo se movía.──Argentina~ Eres tan lindo...──no se resistió a pegarse más a él hasta mantener todo su miembro dentro hasta la base, aprovechando la poca distancia entre ellos para unir a Argentina en un profundo beso con él.


Argentina se confundió en un inicio ya que no lo esperaba, pero no dudó mucho en corresponderle al final. Cerrando sus ojos para disfrutarlo más, los labios de Venezuela eran grandes y expertos, era algo que se sabía de él y hasta era su cualidad más popular. Ecuador detrás de ellos suspiró caliente, viendo hacia abajo como el miembro de su hermano se marcaba levemente en el pelvis del más bajo. Se estaba desesperando un poco por él también entrar allí.


──Mwah~ Ha! Ah! Venezuela! Mm!──los minutos pasaban y las estocadas también, llegando un punto en que eran tan rápidas que no podía ni reaccionar a los momentos en los que entraba y salía de él. Los gemidos de ambos se mezclaban entre si, en el fondo parecía hasta romántico a pesar de la situación en la que estaban. Venezuela sabía hacerlo muy bien, tocando su próstata, amoldándose a su forma favorita de tener sexo.


Hasta ese momento a ninguno le interesaba que estuvieran en público.


Fue finalmente luego de unas fuertes estocadas más que Venezuela llegó al orgasmo, manteniéndose quieto para que todo su fluido saliera en el interior de Argentina. Salió de él con mucho cuidado de no lastimarlo, ayudando a Ecuador a dejarlo de pie en el suelo y que no cayera en el intento. El más bajo se apoyó contra el pecho de Venezuela ya que sus piernas flanqueaban y temblaban, no podía mantenerse firme de pie luego de lo que acababan de hacer.


Por suerte no tuvo que hacer mucho esfuerzo. Ecuador lo tomó de las caderas, introduciendo de una vez por todas su miembro hasta el fondo.──A-Ah~! Ecuador!──se sobresaltó apenas sintió aquel gran miembro introducirse en él, no esperaba que tendría otro pene en su interior tan pronto luego de eso.──N-Nisiquiera me dejaste prepararme mentalmente, s-sos un bruto...──se quejó con un tierno puchero, manteniéndose contra el pecho del venezolano.


Ecuador gruñó lleno de placer, apretando fuerte las caderas del argentino. Se estiró para así poder quedar cerca de su rostro, dándole un beso en su mejilla. Por suerte la diferencia de alturas ayudaba a poder hacer cosas como esas.──Mm, te voy a coger muy duro, pequeña perrita... Yo no soy como Venezuela, a mi me gusta el sexo rudo, bebé.──se puso recto dándole una fuerte nalgada que provocó un gemido en el más bajo, riendo luego de eso.──Te voy a destrozar.──aseguró, comenzando de pronto una tanda de intensas estocadas que tenían como consecuente un chapoteo altamente escuchable entre ellos.


──Ah~! Ah! E-Ecuador! E-Esper- Mm~!──los gemidos de Argentina eran mucho más fuertes ahora, no sabía bien cómo reaccionar ni cómo sostenerse. Tan sólo se mantenía aferrado al pecho de Venezuela, a sus caderas, apretando fuerte y arrugando su camisa entreabierta.──¿Qué pasa, bonito? Levanta la cabeza, quiero ver esa linda carita que tienes.──rió el venezolano, jalándolo de los cabellos para que se apartara de su pecho y pudiera así verlo a los ojos. Le encantaba escucharlo y verlo gemir frente a él, lo ponía muy caliente y además era algo que recordaría por días.


Ecuador mantenía sus manos en las caderas del albiceleste, viendo hacia abajo hipnotizado por la manera en la que los glúteos se movían cual gelatina con cada estocada que daba, gozando así de repartirle varias nalgadas con tal de ver más de ello. Apretandole las nalgas para sacudirlas, manteniendo en todo momento una sonrisa de pura alegría en su rostro. Argentina no podía mantenerse bien de pie, sus piernas no estaban resistiendo aquello y si no era por el sostén que ambos tenían sobre él, ya estaría de rodillas en el suelo otra vez.


──Ecuador~! Ah! N-No aguanto...──lloriqueó, apretando más fuerte el cuerpo de Venezuela y ejerciendo una presión involuntaria con su entrada. Ecuador gruñó por eso, pegándose más a él para así introducir todo y mantenerlo unos segundos pegado a la base, prosiguiendo luego con estocadas certeras y rápidas en su punto dulce.──Ugh... Estás apretando mucho...──jadeó, relamiendo sus labios.──Ven aquí.──se estiró para poder llegar a su cuello, dejándole un camino de besos que bajó por su espalda, acariciándole el abdomen con sus manos venosas.


──Mm, eres tan suave.──le susurró, llegando finalmente a su pelvis, en donde sintió el grosor de su miembro marcado. Rió pequeño por eso, le gustaba como la diferencia de tamaños ayudaba a que cosas como esas pasaran.──Mira como te estás comiendo todo esto, mi amor, lo estás haciendo muy bien.──coqueteó en su oreja cuando subió allí otra vez, dirigiendo la mano del pelvis al falo para poder sostenerlo bien y masturbarlo al compás de las embestidas. Argentina se sentía fascinado de estar siendo cogido por aquellos dos hombres tan hermosos y sexuales, nunca lo decepcionaban a la hora de tener sexo.


Ecuador no iba a parar hasta llenarlo una vez más. El interior se sentía no solo caliente y apretado, sino tambora húmedo por el semen que su hermano había depositado allí minutos antes.──Ah~! Ah! A-Ah!──sin darse cuenta sus gemidos eran más desesperados que antes, pues Argentina ya no aguantaba las ganas que tenía de llegar al orgasmo. Pronto sus gemidos lograban escucharse más y más a pesar de la fuerte música del ambiente, provocando que algunas de las personas que bailaban alrededor o cerca de ellos noten lo que estaban haciendo.


Algunos disgustados se fueron de allí, pero otros se mantuvieron expectantes de la preciosa cara de placer que tenía Argentina. No desperdiciaban tiempo en sacar sus celulares para grabar la escena, e incluso comenzar a tocarse sin pavor de ello. Ecuador masturbaba más rápido a Argentina, apretando incluso, acariciando el glande con su dedo pulgar para hacerlo sentir mejor.──Ugh... Argentina... A-Argentina...──gruño y gimió sintiendo corrientes eléctricas en su cuerpo, pues también estaba por correrse y la manera en la que Argentina lo apretaba no ayudaba mucho a retrasar eso.


──Ah~!──el albiceleste tembló más al momento de llegar al orgasmo casi a la par de Ecuador, quien se mantuvo con todo dentro para descargar todos sus fluidos en él. Argentina destensó su cuerpo, deslizándose por el cuerpo de Venezuela hasta que llegó finalmente al suelo. Ecuador se apoyó contra la pared algo cansado, suspirando caliente mientras veía como su miembro palpitaba y sacaba algo de semen de la punta. Venezuela tomó al argentino del mentón con cuidado para poder verlo, sonriendo enternecido por lo lindo que se le hacía verlo tan colorado y lloroso.


──Que lindo eres.──se inclinó para poder darle un corto pero profundo beso en los labios, depositando luego uno pequeño en su nariz.──Aunque más lindo te ves con mi verga en tu carita.──rió leve, separándose para poder acercar su falo al rostro del más bajo, pasando el glande por los húmedos labios de este. Se sorprendió al notar como Argentina daba una lamida casi sin fuerza en el glande finalizando con un beso, pues no se esperaba que tuviera fuerzas para una ronda más.──Mm, ¿qué pasa, corazón? ¿Quieres que te cojamos una vez más?──le apretó suave la mejilla, dándole unas pequeñas bofetadas.


Ecuador desde atrás tomó aliento una vez más, acercándose para así levantar a Argentina desde abajo de sus axilas. Poniéndolo de pie, sosteniéndolo ahora tras rodearle el abdomen con sus brazos.──Mm, parece que nuestra perrita se quedó con ganas de más.──subió una mano a las mejillas del otro, apretándolas con sus dedos índice y pulgar. Ecuador no perdió tiempo en estampar al argentino contra una mesa que allí había, tomándolo de las piernas para acercarlo al borde y así poder verle mejor su entrada. Mordió su labio con cierto encanto, introduciendo dos dedos de pronto hasta el fondo para moverlos a una velocidad acelerada, generando un chapoteo entre sus pieles al chocar su palma con los grandes glúteos del albiceleste.


──Ah~!──Argentina curvó su espalda lleno de placer, estirándose y tirando por accidente una botella vacía de cerveza que se encontraba en la mesa. A ninguno de los tres les importó eso, pues Venezuela pronto tomó a Argentina de los cabellos para acercarlo a su miembro e introducir este en su boca. Venezuela disfrutaba mucho de eso, de las felaciones, y especialmente las que Argentina le daba. Adoraba sus labios, lo finos y sabrosos que eran. Argentina a ríos grande su boca para poder introducirlo todo bien, acercándose más al borde para lograr aquello.


Moviéndose algo torpe al final fue Venezuela el que comenzó a embestir su garganta, mientras Ecuador penetraba su interior con sus largos dedos que buscaban con cierto entusiasmo su punto dulce. Una vez que el venezolano logró escuchar las arcadas de Argentina se separó, notando la gran cantidad de saliva que había quedado en todo su falo.──Mira el desastre que estás hecho, tan lindo.──rió, dándole unos golpecitos en los labios con su glande. Ecuador quitó los dedos de su interior, notando lo húmedos que estaban.


Cargó al albiceleste en sus brazos, apretándole los glúteos para más comodidad. Argentina se aferró a él con sus piernas y brazos, apoyando su frente contra la de él.──Estoy muy caliente...──jadeó caliente contra el rostro del más alto, dándole unos besos en sus labios.──Lo sé, tranquilo. Nosotros te ayudaremos.──el ecuatoriano lo elevó un poco, logrando introducir su miembro una vez más en él. Se deslizaba fácilmente, la lubricación no era un problema en esos momentos.──Ah~ M-Me gusta como me lo hacen, se siente rico...──tragó saliva, bufando en un intento de recuperar el aire.


──¿Te gusta mucho, no?──Venezuela se acercó a Argentina por detrás, acariciándole las curvas y dándole dulces besos en su espalda llena de pecas y lunares.──S-Si... Me encanta que me cojan a la vez~──el argentino continuaba dándole besos en los labios a Ecuador, quien movía sus caderas lentamente para acariciarle el interior. Aquello que dijo provocó que un foco de luz se prendiera en las mentes de ambos hermanos, pues se miraron al mismo tiempo y se sonrieron al notar que se entendían como siempre.


──¿A la vez?──rió Venezuela, tomando de pronto su miembro para hacerlo rozar con la entrada de Argentina.──S-Si~ A la ve- AH!──este último se interrumpió con un gemido alto, pues de pronto sintió como otro gran falo de introducía en él además de él de Ecuador.──V-Venezuela! Q-Qué?!──dijo asustado y sin entender lo que pasaba, arañando la espalda del ecuatoriano por el susto que se llevó.──Shh... Shh... Tranquilo...──le susurró Venezuela, acariciándole el cuerpo y dándole besitos en su espalda, hombros y cuello con la intención de relajarlo.


Se quedaron quietos unos momentos, luego comenzando a dar pequeñas estocadas para poder acostumbrar a Argentina a esa nueva sensación. Con el pasar de los minutos su cuerpo se fue ablandando, dejando de apretar la espalda de Ecuador que quedó bastante marcada por sus uñas. Ambos hermanos al notar eso comenzaron a moverse a destiempo: cuando Ecuador salía, Venezuela entraba, y viceversa. A lo lejos Brasil no podía creer lo que estaba viendo, como a ninguno de los tres les importaba que los estuvieran filmando y que haya más de un flash de celular a sus alrededores.


De a poco todo volvió a ser un poco más violento como antes, el cuerpo de Argentina subía y bajaba con cada embestida que le daban. Sus gemidos eran altos y prolongados, no podía creer lo bien que se estaba sintiendo, lo increíble que era ser cogido por esos dos sementales a la vez. Su pelvis estaba mucho más hinchado que antes y con obvias razones.──Mwah~! Ah! E-Ecuador! Venezuela! M-Más! Así! Ah, ah!──deliraba por el gran placer que sentía, llorando, jadeando desesperado y hasta incluso salivando. Ecuador y Venezuela le repartían besos en su cuello, el primero también en sus mejillas y labios para calmarlo un poco con algo de temor de que se desmayara.


Argentina trataba de corresponder los besos pero era muy difícil, se notaba en su mirada lo excitado y perdido en su mundo que estaba. Los dos hermanos gimiendo grave y jadeando, moviéndose cada vez más y más rápido, hasta que ellos mismos sentían corrientes eléctricas en sus pelvis con ganas de ya llegar al orgasmo, aunque al mismo tiempo querían que eso fuera eterno. Más allá de gozar del precioso cuerpo de Argentina, de sus grandes glúteos y lindas caderas, al encuentro se le sumaba lo mucho que lo querían por su personalidad, lo tierno y amigable que podía ser a la vez que caliente y hasta pervertido si se le subía demasiado la excitación.


Sus nalgas ya estaban coloradas por la cantidad de estocadas que recibía, su cuello y su espalda lleno de marcas, sus muslos también marcados por los dedos de ambos hombres.──Ah~! Ah! N-No paren! S-Se siente muy bien- Ah! Ha!──el argentino no podía dejar de gemir a pesar de que sabía que luego le dolería la garganta, no le importaba, iba a dejar bien en claro lo espléndido que se estaba sintiendo. Ecuador miraba en todo momento a Argentina al rostro, sonrojandose inevitablemente por las expresiones que éste hacía.──¿Te gusta aquí?──gimió contra su rostro, notando que ambos a la vez estaban golpeándolo en su próstata.──Mm... Te ves tan bonito gimiendo para nosotros, mi amor...──se pegó una vez más a él, uniendo sus labios ya que le estaba gustando bastante el sabor que tenían.


El tiempo seguía pasando y los tres sudaban por el cansancio, pero no se detenían por la gran ganas que los tres tenían de correrse por última vez en esa noche.──Y-Ya voy a acabar...──jadeó Venezuela, escondiendo su rostro en el cuello de Argentina.──Y-Yo también...──agregó Ecuador, manteniendo su frente contra la del más bajo. Éste último ya casi no tenía fuerzas para gemir, pero aún así se notaba que también estaba por correrse, y sin la necesidad de tocarse.──Ah! Ah! Ha-Haganlo dentro, por favor! Ah~!──pidió con sus últimas fuerzas, queriendo llenarse de una vez por todas.


Ambos hermanos gruñeron grave a la vez, dando una fuerte estocada hasta el fondo que provocó que descargaran su semen en Argentina, profundo en su interior. Los tres suspiraron prolongado a la vez como si estuvieran coordinados, apoyándose entre ellos por el cansancio que tenían. Venezuela y Ecuador fueron saliendo de Argentina con cuidado, sosteniéndolo para que no cayera aunque al final éste se terminó resbalando una vez más hasta terminar en el suelo. De su entrada había comenzado a salir semen que creaba caminos por sus grandes muslos.


Los dos hermanos jadearon exhaustos, viendo como Argentina no podía ni moverse en el suelo por la cantidad de temblores y espasmos que tenía, los dulces gemidos que aún salían por sus finos, brillosos y ahora hinchados labios. Iban a acercarse a él a ayudarlo, cuando de pronto dos grandes presencias los sacaron de su eje.──¿Ya estás cansado, bonito?──dijo de pronto Brasil, parándose frente a Argentina.──No puedes estar haciendo esas barbaridades y luego dejarnos así.──sonrió inocente Perú, cruzando sus brazos al también posarse frente a él.


Argentina elevó leve su cabeza para verlos, notando las dos grandes erecciones que tenían en sus pantalones. Relamió sus labios, quizás podía aguantar un rato más.


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