To be or not to be (2ho)

Summary

El Reino de Luna Nueva y el Reino del Sol Naciente llevan varios siglos en guerra. Generación tras generación dirigió tropas hasta su muerte, y Jeon Yunho, príncipe heredero del Reino del Sol Naciente no fue la excepción; envuelto en las historias de sus antepasados, juró acabar con la familia real del reino contrario y así poder traer la paz a su reino. Pero no todo sale como se planea, una noche las bases secretas del Rey Jeon Hoseok fueron quemadas dejando pocos sobrevivientes. Y entre toda esa gente logra sobrevivir Choi Jongho, un amigo de la infancia de Yunho e hijo de uno de los Generales de más confianza del Rey Hoseok. Juntos esperan encontrar la solución para acabar con la guerra, pero ambos tienen ideas distintas. ────────✧•Aclaraciones: Pareja principal: Yungjong (Jeon Yunho + Choi Jongho) ATEEZ •Primer libro de la colección The real• FANFIC Si no te gusta el contenido de esta historia, te pediré amablemente que te retires, pues no busco ofender a nadie. Sólo es un fanfic. Prohibido copias y/o adaptaciones sin mi permiso. Fecha de publicación: 09/11/2022 Finalización de la historia: ... Posibles errores ortográficos, los cuales eran corregidos al final de la historia.

Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

INTRO Bring it on

Preocupación, era la palabra que definía a Byulyi en ese momento. Sus nervios aumentaban con cada paso que daba, llevaba más de una hora buscando a su hermano menor y no estaba por ningún lado, era como si se hubiera hecho polvo, decir que no estaba asustada era una clara mentira; su padre le había dado un tiempo muy corto para buscarlo pero su búsqueda todavía no terminaba.

Recorrió cada centímetro del pueblo preguntando sobre el paradero de su hermano, pero nadie lo había visto en ningún sitio. Dándose por vencida, lo único que pasó por su cabeza fue la idea de regresar a su hogar con la esperanza de que Jongho se encontrase hablando animadamente con su madre o encontrarlo recolectando verdura del pequeño huerto que habían armado juntos.

Sin muchos ánimos regresó a su casa, estaba cansada de caminar y el hecho de imaginar qué tipo de problemas tendría con su padre sólo hacía que entrará en pánico. Su padre o como la gente del pueblo lo conocía “El Comandante Choi Siwon” era reconocido por sus grandes ideas y su gran destreza en armas, las cuales le habían hecho ganar un sinfín de misiones. Claramente no era un hombre que tuviera paciencia y para su desgracia, ella estaba llegando tarde a unas de las pocas tareas que le encargaba.

Suspiró una vez abrió la puerta de su hogar, asomando la cabeza en dirección a la cocina e hizo un pequeño puchero al notar que solo su madre se encontraba en ese lugar. La saludó y ella le regresó el gesto con una pequeña sonrisa que la alivió un poco.


Caminó en dirección a la habitación de su hermano, tomando la manija de la puerta con su mano derecha para proceder a girar la pieza metálica, gritando un “Aja” pero no había nada.

– Diablos – soltó mientras revolvía sus cabellos negros con su mano libre.

Sin estar conforme salió de la casa a pasos apresurados yendo directo al regadío que se encontraba en el patio de la pequeña casa.


Alzó la falda de su vestido azul con sus manos para evitar que este se ensucia con las hierbas verdes o incluso con tierra; si no quería problemas con su padre menos los querría con su madre, pues no le fascinaba que sus hijos regresarán con sus ropas sucias y la mujer de Choi enojada era el mismísimo diablo.

Pero desgraciadamente encontró el lugar completamente vació.

Estaba preocupada porque su hermano no estaba en ningún lugar y eso la asustó.


Nuevamente ingresó a la casa yendo directo a su habitación, entró y buscó entre sus cosas algo que la cubriera del frío de la noche que se aproximaba. Iría a buscar a su hermano nuevamente y no le importaba entrar al campo de entrenamiento del ejército Jeon sólo para pedir la ayuda de su padre, haría lo que fuera por su hermano y si eso implicaba entrar a uno de los lugares que su progenitor advirtió que era peligroso para ella, pues lo haría. Abrió la puerta de su armario y gritó al encontrar a Jongho escondido dentro de este.

– Demonios Jongho ¿Qué haces ahí adentro? – dijo fingiendo enojo, claramente se encontraba aliviada, tomó el brazo del pelinegro ayudándolo a salir del estrecho espacio de madera - ¿sabes lo preocupada que estaba por ti?


– Perdón yo solo estaba… – no pudo terminar de hablar porque su hermana lo abrazó.

– Eres un estúpido, estaba a nada de destruir todo el pueblo para encontrarte.

Le regresó el abrazó y no lo iba a romper hasta que fuera necesario. Sabía cómo era su hermana protectora, pues siempre lo cuidó y más cuando dejaron su hogar natal en el reino de Ost Crest solo para que su padre entrenará al ejército del rey Jeon.

Un ejército sin piedad de ningún tipo y desgraciadamente al nacer como varón, Jongho tenía su destino sellado, debía cumplir sus responsabilidades como “hombre” y enorgullecer a su nación alistándose en el ejército a una edad temprana sólo para poder pelear en una guerra que llevaba siendo planificada hace años, una guerra que seguramente les cobraría la vida a miles de personas inocentes, no solo del reino del rey Kim, también habría pérdidas por parte de su hogar natal.

Él sin dudas no estaba a favor de un enfrentamiento armado por objetivos egoístas, pues ambos dominios eran de grandes riquezas, pero el egoísmo del rey Jeon lo había llevado a sufrir entrenamientos realmente duros durante varios años. Y cuando intentó hacer entrar en razón a alguno de sus compañeros, lo empezaron a considerar poco hombre y los golpes no tardaron en llegar. Desgraciadamente su padre apoyaba la idea de sus compañeros por lo que nunca lo ayudó ni un poco, por otro lado, a su madre y hermana se les prohibió ayudarle a curar sus heridas o consentirlo, pues seguramente esa era la razón por la que su hijo era un cobarde. Pero a Byulyi no le importaron las palabras de su padre y gracias a sus habilidades como “mujer” siempre se encargó de ayudar a su hermano las veces que fuesen necesarias.

Amaba a su hermana con todo su corazón.

– ¿Sabes la razón por la que padre te ha llamado de repente? – preguntó curiosa tratando de sacarle tema de conversación al menor. Jongho guardó silencio mientras evitaba la mirada de la pelinegra, tenía una idea en mente del porqué se solicitaba su presencia.

Hace aproximadamente ocho meses no se presentaba a entrenamientos importantes, siempre ha sido lo suficientemente brillante para lograrse fugar del campo de entrenamiento y sinceramente nunca creyó que alguien notara su ausencia – ¿cómo esperas que te ayude si no me cuentas que pasa? Porque claramente sabes porque te llaman – escuchó al menor suspirar – anda cuéntale a Byul que te preocupa.


– Realmente no creo que sea algo tan malo – miró a su hermana – creo… – suspiró – me he fugado de los entrenamientos durante algunos meses.


– Ay Jongho, no es algo malo, pero ya sabes cómo es padre con este tipo de cosas – comentó la pelinegra – no creo que pase de un sermón sobre la responsabilidad, tú solo deja que hable y en menos de diez minutos estarás en casa cenando con madre y conmigo – le regaló una sonrisa.

Salieron de la casa hacia los límites del pequeño pueblo donde el bosque comenzaba, hay una enorme área solo para entrenamientos militares. El sol se encontraba descendiendo y así abrirle el paso a su buena compañera la Luna. Los hermanos continuaron caminando en silencio, mientras Byul apreciaba el atardecer que se estaba formando, Jongho solo se dedicaba a mirar el piso buscando el valor suficiente para hacerle una pregunta a Byul.

– ¿Tú crees que esta guerra sea necesaria? – soltó logrando tener la atención de Byul – digo, este… – Byul notó los nervios de su hermano, pero iba a dejar que este continuará de decir todo lo que parecía reservarse sólo para él – yo realmente no soy bueno para estas cosas Byul, no sé ni cómo sostener una espada de forma correcta, en cambio tú sí.

Byul se detuvo, Jongho solamente la volteó a ver llevándose como sorpresa que Byul tenía la cara pálida y los ojos extremadamente abiertos, desgraciadamente ella al nacer como una señorita debía comportarse como tal. Jongho sabía que su hermana no le diría algo más, así que sólo dijo: – te he visto practicar con la espada que padre tiene escondida en su estudio, deberías ser tú quien esté en el ejército para sacar a nuestra nación adelante, además no importa cuantas veces me fugue o me golpeen esos chicos, siempre me seguirán diciendo que es mi deber. Pero esta guerra no veo que vaya a ningún lado, solo veo egoísmo en cada movimiento que nuestras tropas hacen.

– Hace poco me enteré que las tropas reales de Jeon atacaron los territorios de los Kim, hubieron muertos y eran personas inocentes y yo no quiero formar parte de esto hermana – su voz se cortaba, Jongho era alguien con un corazón puro, sentía que nadie merecía sufrir en este mundo; era por eso que Byul entendía a su hermano pero desgraciadamente no había nada que hacer.


Desafortunadamente nacer en Ostcrest era nacer ya con un propósito de vida definido.

Solo pudo abrazarlo para intentar calmarlo, repitiendo una y otra vez –Todo estará bien, no te preocupes. Tu hermana siempre estará aquí.

– ¿Cómo sabías lo de la espada? – cuestionó una vez notó que Jongho se había tranquilizado – nunca se lo he contado a nadie y siempre la usaba cuando nadie estaba en casa.


Jongho soltó una pequeña risa y dijo: – Una vez regresé temprano del entrenamiento vi como practicabas movimientos de combate – rompió el abrazo y con un tono de voz dulce continuó – Mi hermana es realmente buena con la espada, creó que desde ahora yo seré al que tengas que rescatar siempre.

Después de caminar por algunos minutos más llegaron a la zona de entrenamiento.

La zona de entrenamiento era majestuosa, con un cartel reluciente con las palabras “Jeon” en ella decoraban la entrada, y dos guardias, bastantes fuertes, era lo primero que uno podría ver para poder pasar.

Los dos hermanos se acercaron a los dos guardias, Byul dejó a su hermano y se fue, pero sin antes decirle a Jongho – Recuerda llegar a tiempo para cenar madre y yo te esperaremos.

Una voz burlona se escuchó – Mira quien decidió venir después de tanto tiempo.

– Pero si es mi persona favorita en el mundo, claramente es “El cobarde Choi”, con qué sermón de paz nos vas a aburrir está vez, ¿Eh? – esta vez habló el guardía de la derecha


– No lo sé, pero espero que sea digno de otra paliza mía– y los dos rompieron a carcajadas.

Jongho sólo los ignoró y entró, al momento de poner un pie dentro del lugar sintió como si todos se le quedarán mirando, él no era la persona favorita en ese lugar por creer que la guerra era tonta.

No era bueno con la espada, ni nada relacionado con la guerra, desde que era muy pequeño nunca le interesó nada de eso, siempre se iba a leer con su madre o iba con su hermana a cultivar en el huerto. Era por eso que a Jongho se le consideraba débil y un patético sabelotodo; su deber como hombre era servir a su nación en caso de guerra, pero él hacía todo lo contrario. Como consecuencia de sus acciones su padre lo presionaba más cada día, hasta en una ocasión quemó la mitad de sus libros sólo para que supiera cuál era su lugar.

Claro que Jongho se las ingeniaba para escapar del entrenamiento, puede que su padre y sus compañeros de tropa sean hombres fuertes e ingeniosos a la hora de hablar de guerra, pero, para Jongho, no eran lo suficientemente listos. Era por eso que nadie notaba que no estaba.

El ejército Jeon era muy grande, por lo menos el que entrenaba su padre, Jongho calcula al menos unos 40.000 hombres entrenando en ese justo momento.

El rey Jeon había mandado a hacer 5 bases secretas, con el fin de que los Kim no supieran dónde se ocultaba el ejército Jeon, así podían entrenar mejor a las tropas y evitaban ataques por parte del reino Kim.

Estas bases estaban bien pensadas, ya que estaban ocultas en pueblos muy lejanos a los reinos, nadie pensaría que estaban ahí. Por lo general buscan pueblos grandes, así podían colocar las áreas de entrenamiento al centro de estas, y lo que quedaba del poblado era una pequeña fachada.

Al centro del área de entrenamiento se encontraba la carpa principal, este lugar era donde se discute la planeación de la guerra, en pocas palabras esta le pertenece al comandante Choi Siwon. Y alrededor de la principal se encuentran las tiendas del ejército.

Jongho se dirigía a la carpa principal, en todo su trayecto soportó las burlas de sus compañeros, los cuales hasta objetos le habían lanzado. Nada le impidió llegar a donde su padre, cuando estaba en la entrada de la carpa sólo podía pensar en la clase de regaño que le daría; Jongho pensaba que su padre se quedaba sin ideas para poder gritarle, pues siempre que le repetía lo mismo “¡se supone que eres un hombre!”, “¡¿Cómo piensas proteger a tu madre y hermana?!”, “¡No puedo creer que seas mi hijo!”, Jongho era bueno en muchas otras cosas, él podía ayudar a todos sin la necesidad de pelear en un combate a muerte.

Tomó valor y se adentró, caminó hasta el centro de la carpa, pero para su desgracia su padre estaba ahí junto con tres personas más, esa gente eran los generales del campamento.

Jongho miraba todo a su alrededor, sin prestarle mucha importancia a las personas frente suyo, puede que casi toda su vida fue en el campamento Jeon pero jamás había entrado a la carpa de su padre pues este lugar era sólo para generales y el comandante. Siwon sólo miraba a su hijo mirar todo pero menos a él.

Siwon se aclaró la garganta, logrando llamar la atención de Jongo, y dijo: – Les pido que se retiren y me den un tiempo a solas con mi hijo, por favor diganle a sus tropas lo que discutimos hoy – ordenó con una voz tranquila y los tres de inmediato siguieron la orden abandonando el lugar. Siwon caminó hasta Jongho con su mirada logró, de cierta manera, intimidarlo haciendo que bajara la cabeza y retrocediera unos cuantos pasos.

– Levanta la cabeza, ¡eres un hombre! - expresó con enojo, consiguiendo que Jongho obedeciera – sabes perfectamente el porqué estás aquí - le hizo una seña para que se acercaran al escritorio para poder hablar con más comodidad – ¡No tengo tiempo para tus estupideces Jongho sabes muy bien a qué nos estamos enfrentando y de qué sirve si cada día viene alguno de tus compañeros a quejarse de tí, ¿eh?! - las palabras salieron en gritos y las cejas de Siwon se fruncieron haciendo que Jongho temblara en su lugar.

– Pero yo…

– ¡No quiero ninguna excusa! ¡No sabes la vergüenza que sentí cuando me informaron que hace ocho meses no entras a tus entrenamientos! ¡Ocho malditos meses! – remarcó lo último golpeando con su puño el escritorio – ¡¿Sabes lo mucho que me he estado esforzando para que tengas una vida digna?! Y no solo por ti, también hago mucho por tu madre y por tu hermana ¡¿Y me pagas de esta forma?!

Puede que Jongho escuche el mismo discurso una y otra vez, incluso se sabe cada palabra de memoria. Pero en esta ocasión las palabras de Siwon tenían otra intención, parecía que todas ellas se habían convertido en la más filosa espada y Jongho se había convertido en el enemigo, lograba sentir el poderoso filo atravesando su pecho poco a poco, dolía, las palabras de su padre dolían.

Jongho era conocido por siempre dar su punto de vista o defender lo que cree justo, pero en ese momento las frías palabras de su padre hicieron que sus argumentos se atoraran en lo más profundo de su ser, apretó los puños, sintiendo como su vista se nublaba a consecuencia de las lágrimas que lograba retener, mientras recordaba lo poco que había conversado con su hermana.

Su tan amada libertad cada vez se alejaba más.



La poca luz de la Luna iluminaba las desoladas calles, Jongho caminaba sin muchos ánimos rumbo a su hogar. Desde las puntas de los pies hasta la cabeza sentía demasiado dolor. Desgraciadamente la plática con su padre no había salido para nada bien, rompió en llanto ante las palabras de su padre y este no tuvo piedad al ponerlo a entrenar durante más cinco horas seguidas. Pero más que entrenamiento, Jongho no lo sintió como algo para mejorar en sí mismo, sólo se dedicaron a humillarlo al ponerlo en actividades para las cuales no estaba preparado; sus vestimentas estaban llenas de tierra y sangre gracias a las miles de veces que lo pusieron a pelear con alguien mucho más fuerte que él. Arrastraba los pies aguantando las ganas de volver a llorar.

Llegó a su hogar luego de un rato, no sabía qué hora era exactamente, pero podía jurar que pasaba de la media noche. Abrió la puerta sin ánimos y con unas enormes ganas de tirarse a su cama para solo dormir, cerró con delicadeza tratando de no causar ni el más mínimo ruido, pues seguramente su madre y hermana ya se encontraban en un buen sueño.

Arrastrando sus pies se guió en la oscuridad hasta llegar a la cocina y sin pensarlo se sirvió un poco de agua para poder refrescar su garganta.

– Que día - suspiró agotado recargándose en la barra de la cocina, estaba tan cansado que tal vez iría al cuarto de Byul para no sentirse sólo; se dió la vuelta, para poder salir, pero en la puerta vio a una mujer con una vela en la mano.

– ¡Aaaaah! – soltó horrorizado.

– Jongho me tenías preocupada, tu hermana y yo te buscamos por horas, ¿por qué llegas a esta hora? – preguntó la mujer mientras se acercaba lentamente.

– Lo lamento, el entrenamiento se extendió más de lo que pensé – contestó con una sonrisa mientras trataba de esconder sus heridas. Miró a su madre quien solo se limitó a darle una pequeña sonrisa llena de pena.

Soo Young sabía lo pesado que podían ser los entrenamientos, incontables veces vio a muchos jóvenes del ejército ir y venir de entrenamiento. Ninguno parecía totalmente feliz, pues a simple vista podía notar el cansancio en sus miradas vacías. Obligados a cumplir y sin poder quejarse, o las consecuencias se conocerán.

Ella sabía que su hijo no era feliz.

– Déjame sanarte – dijo mirando las heridas que torpemente Jongho intentó ocultar.

Jongho cabizbajo sin contestarle dejó de ocultar sus heridas y de inmediato la mujer le ordenó esperar sentado en el comedor mientras ella iba a buscar algunas vendas y plantas medicinales.

A los pocos minutos Soo Young volvió, se sentó junto a su hijo y empezó a limpiar las cortadas de sus brazos con un paño mojado, no quería lastimar a Jongho así que con delicadeza limpió. Escuchó uno que otro quejido, pero aún así no se detuvo. Incluso se preguntó si tendría más heridas en su cuerpo, pero no quiso ser muy insistente, pues ya conocía a su esposo siempre tan impulsivo y con un mal genio.

– Lo siento.

Murmuró Jongho triste por la situación.

– He intentado de todo, pero no soy bueno para nada de esto, siento que solo humilló a nuestra familia – las lágrimas no tardaron en aparecer.

– ¿Qué puedo hacer para sentirme bien? Sólo arruinó las cosas.

Soo Young dejó de limpiar y abrazó a Jongho, no muy fuerte, y con una voz suave dijo : – No tienes que disculparte por nada, lamento no poderte dar una vida lejos de este lugar y de sus reglas tan tontas, pero nunca arruinas las cosas, muchas veces te he visto como te levantas luego de varias caídas y yo se que lo tuyo no es cargar con una espada llena de sangre o simplemente con la culpa de haber golpeado a alguien.

–Eres un chico muy inteligente y capaz de hacer las cosas que te propongas, si el mundo viera al Choi Jongho que a diario veo, creeme que serías alguien muy importante en el ejército y no un simple soldado. Y si no quieres pertenecer a las tropas de tu padre, igual esta bien.

Terminó de decir con una enorme sonrisa mientras limpiaba las lágrimas de su hijo.

Puede que las palabras de su madre no ayudaran en mucho, pero lo habían hecho sentir mejor, aunque sintiera que el mundo estaba en su contra siempre iba a estar con su madre y hermana; ellas eran lo que más amaba.

Con un susurro entrecortado dijo : – Gracias.

– Se que aún faltan unos meses para tu cumpleaños, pero creo que esto te hará sentir mejor – seguido de esas palabras se levantó y fue a la sala para buscar algo.

Jongho escuchó como su madre movía algunas cosas y para cuando regresó al comedor llevaba consigo una caja.

– Tu padre no quería que te de más estas cosas, pero se que te hacen feliz y cuando lo vi no pude evitar comprarlo – una sonrisa apareció en su rostro y entregó la caja a Jongho.

Jongho sostuvo la caja y miró confundido a su madre, pero eso no evitó que la abriera. Dentro de esta había un libro; puede que no suene el mejor regalo para alguien, pero para Jongho era lo que podría hacerlo feliz por semanas y estaría tan agradecido hasta el punto de construir un altar a la persona que se lo regale, no pudo contener su emoción y sacó el libro.

El título “Poemas de mil vidas” se encontraba grabado con letras doradas en la portada, un toque muy elegante a su parecer.

Se decía que este libro pertenecía a una gran familia de poetas, que generación tras generación heredan un pequeño diario donde escribía sus lecciones de vida en un poema, y no fue hasta años más tarde cuando alguien recopiló todo en un sólo libro. En tan solo pocos años se hizo famoso entre los lectores y las pocas copias que existían eran muy demandadas y muy costosas.

– Pero, ¿cómo lo conseguiste? – preguntó aún sin poderse contener – solo se consigue en la capital.

– Me alegra que te gustara – dijo la mujer soltando una pequeña risa.

– Es más de lo que pudiese pedir, gracias de verdad – abrazó a su madre.

– No es nada – dijo siguiendo el abrazo– ahora a dormir, mañana nos espera un pesado día y quiero preparar la comida favorita de tu hermana. Así que te enseñaré a cocinar, porque eres muy malo – soltó una risa y volvió a abrazar a Jongho.

Jongho es muy inteligente y hábil en muchas cosas, pero en la cocina era un desastre. Un día, mientras ayudaba a Byulyi a cocinar, no sabe como lo hizo pero le logró hacerle un hoyo a una olla, y sus comidas quedan con un horrible sabor, además de que para el ojo humano sus comidas no se ven apetecibles.

– No, mamá soy un asco, no pienso poner un solo pie en la cocina– comentó entre risas.

– Ya veremos mañana, ahora si a dormir – le dió un beso en la frente a su hijo – yo hablaré con tu padre, puedes estar más tranquilo, descansa – y abandonó el comedor.

– Descansa.

Jongho miró sus brazos llenos de vendas con pena y luego miró la puerta por donde había desaparecido su madre, claramente no quería que tuviera problemas con su padre, pero ya hablaría con ella por la mañana.


Ahora solo quería ir a dormir, estaba adolorido y quería llegar pronto a su cama.

Sin querer más preocupaciones en su cabeza simplemente abrazó su libro y sonrió para ir directo a su habitación. Antes pasó al cuarto de su hermana para ver si no se había despertado, pero fue una gran sorpresa cuando la encontró despierta mirando por la ventana a la brillante luna.

– Byulyi, ¿Qué haces despierta? Es muy tarde – preguntó con preocupación.

– Te estaba esperando, cuando no llegaste para cenar nos preocupaste mucho y no me iba a dormir hasta que llegarás – dijo mientras quitaba su vista de la brillante luna para ver a su hermano.

Byulyi notó de inmediato el vendaje que cubría los brazos de Jongho y dijo: – Lo lamento, no creí que iba a ser tan brusco contigo.

– No hay problema, mamá se encargó de curarme y no le digas que te dije pero mañana haré tu comida favorita – dijo en un intento de despreocupar a su hermana.

Su hermana le sonrió y preguntó : – ¿Qué tienes ahí? – había notado los brazos llenos de vendas pero no había preguntado por lo que llevaba cargando.

– Ah, esto… – Jongho avanzó y le entregó el libro – Mamá me dió mi regalo de cumpleaños antes – dijo con una sonrisa llena de vida.

– Me alegra que te gustará, fue algo difícil de conseguir.

– Espera, ¿Tú ayudaste a mamá? – su hermana asintió en respuesta.

– Vendimos algunas cosas del huerto para poder conseguir el dinero, pero creo que valió la pena.

– Gracias Byul, me encanta – dijo esto y abrazó a su hermana.

Aceptó el abrazo y dijo : – No hay de que agradecer.

– Ya es muy tarde, hay que dormir para que más tarde hagas un desastre en la cocina – rompió el abrazó mientras hablaba con gracia.

– Eres malvada Byul.

Ya era muy tarde así que Byulyi dejó que Jongho se quedará a dormir, aunque se quedaron hablando un rato más y sin darse cuenta ambos se quedaron dormidos.



Jongho no sabía cuanto durmió, pero se despertó por un insoportable ruido que venía de afuera, con cuidado se levantó, para no despertar a su hermana, y se asomó por la ventana; esperaba ver a sus vecinos peleando o algún borracho haciendo escándalo, pero no imaginó ver todo el lugar en llamas. La gente corría y gritaba asustada, ¿de qué?, se preguntó. Asustado se alejó de la ventana y fue a despertar a Byul.

– ¿Por qué me levantas Jongho? Déjame dormir – Byulyi aún no estaba en sus cinco sentidos.

Las palabras se quedaron atascadas en la garganta de Jongho, no sabía que decir, pero necesitaba sacar a su hermana y madre de ese lugar pronto, con la voz temblorosa dijo : – Los Kim.

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