Capítulo único ♡

Sin importar el sabor.
Sin importar si es en un cono o preparado en una linda copa de cristal.
Sin importar que tuviese chispas de chocolate, trozos de su galleta o de su fruta favorita.
Sin importar si es comprado por él mismo u obsequiado con amor.
No había manera en que a JiHoon le gustase el helado.
Y no es que no lo hubiese probado antes, claro que lo había hecho y el primer recuerdo que tenía era vomitarlo afuera de su antigua casa cuando pasó el camión de helados y su mamá lo tomó de la mano, interrumpiendo su programa favorito en la televisión; “Pocoyó” JiHoon se dejó encantar por la adorable música que entraba por sus oídos, un chico de aproximadamente veinte años tomó el pedido de su madre y se asomó por la ventanilla hacia él con una sonrisa en el rostro entregándole el cono de helado a un pequeño de seis años.
No pasó mucho tiempo para vomitarlo y romper en llanto.
Desde entonces supo que jamás le podría gustar a pesar de seguir intentándolo en ciertas ocasiones.
Esta era una de esas, después del instituto SeungKwan y JeongHan lo invitaron a una heladería que quedaba a cinco calles, la habían inaugurado hace dos semanas pero por la gran cantidad de exámenes fue imposible ir antes. Entraron haciendo sonar la campanilla de la puerta, el lugar era alegre y muy bonito, con mesas de colores para los clientes junto a las ventanas y detalles en cada rincón, como los adorables conos de helado que tenían para las servilletas en las mesas o las chispas de colores que habían pintado en tonos pasteles por todo el lugar, las pizarras con la gran variedad de sabores que tenían para ofrecer y los mensajes en las paredes, eran frases emotivas, hasta románticas siguiendo la idea de la heladería.
—Bienvenidos a “Copito de nieve” —Los saludó un chico pelinegro detrás del mostrador, su uniforme consistía en un pantalón de tela color blanco y una camisa amarilla con un corbatín, también llevaba un divertido y pequeño gorro encima de su cabeza con el nombre de la heladería.
Choi SeungCheol.
En la identificación que portaba en la camisa salía una fotografía de él con una sonrisa radiante, como si hubiese esperado toda la vida para obtener tal empleo.
Quizás era así.
JiHoon se paralizó apenas lo vio y si no hubiese sido por JeongHan no hubiera avanzado hacia el pelinegro, probablemente hubiese salido corriendo de allí.
—¿Algo más? —Preguntó SeungCheol al recibir el pedido.
SeungKwan miró a su lado, el pequeño castaño había bajado la cabeza, estaba rígido y sus puños se cerraban alrededor de los tirantes de la mochila que colgaban en sus hombros —¿Quieres un helado?
JiHoon asintió con la cabeza repetidas veces sin decir nada.
SeungKwan miró al chico de la tienda sin entender la actitud de su mejor amigo —¿De qué sabor?
—Fresa —Musitó JiHoon sonrojándose.
—¿Qué has dicho? —Preguntó alzando la voz.
—Fresa —Repitió el menor.
—De fresa por favor —Pidió SeungKwan y SeungCheol lo anotó —¿Otro sabor más?
—Menta.
—¿Qué?
—Menta.
—Creo que ha dicho que no mientas —Dijo JeongHan.
SeungCheol no estaba seguro que se le hacía más tierno, si la actitud del chico o su uniforme de instituto, era un pantalón gris, una camisa blanca bajo un suéter sin mangas con líneas azules y rojas en los bordes, y un listón en su cuello con los mismos colores.
JiHoon se aclaró la garganta y colocó las manos frente a él, SeungCheol lo vio jugando con sus dedos, estaba nervioso —Menta.
—Fresa con menta —Habló SeungKwan.
—Interesante combinación —Dijo SeungCheol recibiendo el dinero del pelirrojo, intentando ver al lindo chico que por alguna extraña razón no era capaz de levantar la cabeza.
Su rostro era lindo, no había razón para ocultarlo.
—G-Gracias —Musitó avergonzado, sus mejillas estaban por estallar y JeongHan alzó una ceja cuando vio cómo las comisuras de los labios de JiHoon se elevaban ligeramente.
JiHoon era un estudiante regular que pasaba desapercibido para muchos, un chico poco sociable, introvertido a pesar que los pocos que habían notado su presencia pensaran lo contrario, le costaba trabajo hacer amistades y los chicos del salón le tenían miedo porque siempre respondía cortante y su ceño se fruncía apenas levantaban la mano para saludarlo en las mañanas, hasta el momento no había tenido novio o novia, tampoco era necesario que a los diecisiete tuviese que fijarse en alguien pero jamás les contó a sus amigos sobre una persona que llamase su atención.
Aunque a veces no eran necesarias las palabras para saberlo.
Por ejemplo, SeungKwan coqueteaba con la mirada y JeongHan jugaba con su cabello para obtener la atención de un chico.
Especialmente uno, Hong Joshua.
Pero aún no conocían esa faceta de coquetería en JiHoon.
Así que por la misma razón no se percataron que JiHoon observaba a SeungCheol desde que se sentaron en la mesa, desviando la mirada cuando se cruzaba con la del mayor y recordando que tenía un cono de helado en su mano izquierda, el cual se estaba derritiendo.
Como él.
Y era vergonzoso, JiHoon realmente no quería mirarlo, le enojaba no poder estar más de un minuto sin admirar esas largas pestañas o sus ojos, sus labios, sus cejas, SeungCheol tenía lindas facciones que lo hacían enfadar y a la vez preguntarse si podría tener alguna oportunidad de acercarse a él.
No sabría cómo hacerlo.
Si un día se decidía a pedirle el número telefónico seguramente pediría todos los helados de la tienda antes de lograrlo.
El único problema es que seguirían sin gustarle.
Al día siguiente acabaron las clases y JiHoon bajó los cinco escalones de la entrada del instituto dando brinquitos, sus dedos envolvieron los tirantes de su mochila y se giró buscando a sus amigos, quienes estaban tomando el camino a sus respectivos hogares.
—¿Hoy no irán a la heladería? —Preguntó JiHoon intentando sonar desinteresado.
—¿Quieres ir? —Cuestionó SeungKwan.
—No —Mintió sonrojándose y frunció el ceño mirando al pelirrojo —Solo pregunto. ¿No puedo hacerlo?
—Sí.
—Podríamos ir —Dijo JeongHan y SeungKwan asintió con la cabeza.
—¿Vienes con nosotros? —SeungKwan le habló a JiHoon.
—Supongo —Se encogió de hombros y cambiaron el rumbo a la heladería.
La personalidad de JiHoon cambió en cuestión de segundos, sus ojos se centraron en SeungCheol apenas cruzó la puerta de la tienda, luego divagaron por todo el lugar apenas el pelinegro los miró dándoles la bienvenida con una sonrisa, JiHoon avanzó con las manos detrás de él deteniéndose junto a JeongHan.
—De pistachos y chocolate por favor —El pelilargo realizó la orden después de SeungKwan —¿Puede ir con chocolate derretido?
—Sí —SeungCheol asintió, miró a JiHoon y JeongHan lo imitó.
—¿Pedirás un helado? —Preguntó el pelilargo.
—Sí —Respondió JiHoon en voz baja, mordiéndose el labio inferior.
—¿Los mismos sabores de ayer? —Preguntó SeungCheol y el cuerpo de JiHoon se tensó.
La heladería era concurrida por estudiantes de institutos y universidades cercanas, SeungCheol podía atender fácilmente a más de doscientos clientes al día, cada uno pidiendo un helado diferente, sin embargo, recordaba lo que él le había pedido.
Lamentablemente JiHoon no se percató de ese detalle.
Como tampoco de la manera en que lo miraba SeungCheol.
Ni como se encorvaba hacia adelante buscando su carita.
Pero los chicos sí y JiHoon les negó a gritos que no los involucraran, que era odioso, que a él no le gustaba SeungCheol, con las mejillas sonrojadas y lanzando libros y cuadernos en el salón de clases y en los pasillos del instituto.
Para que sus amigos no siguieran insistiendo no les volvió a preguntar si irían a tomar un helado, ese día los siguió camino a casa y cuando pudo cambió de dirección a la heladería, hasta el momento nunca no había ido solo y apenas cruzaba palabras con SeungCheol así que no tenía muy claro de lo que iba a ocurrir adentro.
Colocó la mano en la manilla de la puerta pero la bajó y se encogió en su lugar apenas vio al pelinegro atender a dos chicas del instituto, asomarse de los botes de basura fue humillante, pero salieron tan rápido con los conos de helado que lo intentó una vez más.
No pudo hacerlo.
Pasó caminando más de veinte veces por afuera de la heladería, pensando en qué podía decir, en cómo se iba a presentar, qué expresión debía poner, cómo debía hablar, no quería exagerar, tampoco quería verse desesperado, no conocía el punto medio entre amabilidad y coquetería y eso lo asustaba.
Lo que olvidó por completo fue que se veía por las ventanas de la tienda a pesar de tener algunos adhesivos de helados.
Y SeungCheol estuvo durante veinte minutos con una sonrisa en el rostro, viéndolo caminar de aquí para allá, con la mano afirmando su mentón, hablándole con el aire, moviendo las manos, enojándose con él mismo porque al parecer no encontraba la respuesta a esa gran pregunta que tenía en mente.
Le parecía tierno verlo acercarse a la puerta, levantar la mano y luego golpearse con la otra.
Cruzar la calle y mirar la tienda desde lejos, agachándose y abrazando sus piernas, luego regresar y empezar todo de nuevo mientras la tarde avanzaba y los colores del cielo se volvían cálidos, regalándole una luz muy bonita al rostro de JiHoon y resaltando el castaño claro de su cabello.
Hasta que finalmente se decidió a entrar haciendo sonar la campanilla de la puerta.
SeungCheol levantó la cabeza y dejó a un lado la tarea de la universidad, las cuales realizaba en sus ratos libres, iba en primer año y era complicado tener un empleo a medio tiempo pero lo ayudaba a costear los gastos de sus estudios y ayudar a sus padres en lo que más podía.
El menor caminó mirando sus pasos, sintiendo unos ojos curiosos pero sobretodo una mirada muy dulce sobre él.
—Bienvenido a “Copito de nieve” —Habló SeungCheol con el corazón latiendo rápidamente.
—Quisiera... —Aclaró su garganta al quedarse sin voz.
Ya quería irse corriendo.
Sus manos sudaban y sus pies no respondían.
—¿Un helado? —Los hoyuelos se marcaron en sus mejillas apenas JiHoon asintió —¿Fresa y menta?
Volvió a asentir levantando rápidamente su brazo, sobresaltando a SeungCheol, entregándole el dinero que llevaba en la mano.
Estuvo cerca de media hora sentado en una de las mesas de la heladería, mirando hacia la calle a través de la ventana y buscando la oportunidad para mirar disimuladamente a SeungCheol mientras trabajaba, su cálida sonrisa al atender a los clientes y su grave tono de voz pero un poco agudo para los más pequeños.
Nunca había conocido un chico como él, que le provocara tantas emociones.
Pero no debía hacerse ilusiones, la mayoría de los chicos salían corriendo de él.
Se había quedado cautivado mirando al mayor hasta que éste giró la cabeza hacia él y alzó una ceja al ver su mano apoyada sobre la mesa, JiHoon tomó algunas servilletas y se limpió el helado derretido, tomó la mochila y salió rápidamente para volver a casa.
No pasaron muchos días para regresar, JiHoon esperaba que los chicos se fueran a sus casas y él entraba a la heladería.
Se convirtió en una necesidad.
Esperaba que llegara el día y el momento para verlo.
—Aquí tienes —SeungCheol no esperó a que JiHoon hablara y le entregó un cono de helado con sus sabores favoritos. El castaño levantó la cabeza impresionado —Que lo disfrutes.
—G-Gracias —Sus dedos se rozaron enviando corrientes eléctricas por todo su cuerpo, JiHoon se dio la media vuelta y buscó la misma mesa de siempre, era increíblemente perfecta para mirar a SeungCheol.
Los clientes fueron llegando poco a poco, algunos se quedaban en la tienda y otros recibían el pedido y salían de ella, grupos de amigos, familias y niños pequeños que entraban contando las monedas en sus manitas para asegurase de no haber perdido ninguna en el camino.
—Perdón por molestarte pero he olvidado colocar más servilletas —Habló SeungCheol asustando a JiHoon, le sonrió cuando dio un saltito, se había perdido mirando por la ventana —Permiso —El castaño se echó hacia atrás en la silla y el mayor acomodó las servilletas en su lugar.
El helado escurrió entre sus dedos ensuciando el suéter del uniforme, SeungCheol levantó las cejas y le entregó una servilleta para que se limpiara.
Los acercamientos y el poco intercambio de palabras fueron en aumento.
Al menos por parte de SeungCheol.
Eran las seis de la tarde y JiHoon era el único cliente que estaba allí, había comprado una copa de helado, con los mismos sabores pero no lo había tocado, en su lugar sacó un libro y un cuaderno colocándose a hacer las tareas del instituto.
Por su parte SeungCheol tomó la escoba y mientras barría se fue acercando disimuladamente pero no pudo evitar sonreírle cuando JiHoon lo miró, el castaño rápidamente levantó el libro entre sus manos, ocultándose y quedando a escasos centímetros de las hojas, el mayor resopló y continuó trabajando.
A la semana siguiente SeungCheol se esmeró en prepararle una apetitosa copa de helado para JiHoon, con bolitas de fresa y menta, chispas de chocolate y algunas galletas arriba.
Pero JiHoon solo probó una galleta y el helado se derritió.
Tal vez era el diseño de la copa, pensó, o las galletas tenían un mal sabor, fue a la parte trasera de la tienda a buscar de otros sabores, si tenía suerte podría ponerle algunas en el helado sin que se diese cuenta.
Al encontrarse solo, JiHoon tomó las servilletas de la mesa colocándolas en otra dándole la excusa perfecta para que se acercara.
Y así fue.
SeungCheol se acercó y enseñando sus hoyuelos acomodó las servilletas en la mesa donde estaba el menor.
—Listo, estaré detrás... del m-mostrador —Caminó hacia atrás perdiéndose en los ojos de JiHoon, tropezó con una de las sillas y casi cae pero terminó recuperando el equilibrio afirmándose en los bordes de la mesa —Por si me necesitas, quiero decir, por si necesitas algo, estaré aquí.
Desde ese día JiHoon no regresó.
Las razones podían ser infinitas y SeungCheol nunca pensó que extrañaría tanto su presencia.
Ni que sus días se volvieran tan vacíos.
El pelinegro se encontraba con los codos sobre el mostrador y el mentón en sus manos mirando hacia la puerta y las ventanas de la heladería esperando que apareciera, soltó un profundo suspiro y MinGyu miró a WonWoo sin entender lo que le pasaba.
—¿Es fresa con menta? —Preguntó WonWoo dirigiéndose a SeungCheol.
—Sí —Respondió con una pizca de tristeza en su voz, sin enderezarse ni mirar a sus amigos —Es él.
—¿Fresa con menta? —MinGyu seguía igual o más confundido que antes.
—A SeungCheol le gusta un cliente frecuente de la heladería —Contestó WonWoo y SeungCheol cerró los ojos haciendo un puchero, asintió ligeramente con la cabeza haciendo reír al chico con coquetos colmillos que enseñó en su sonrisa —No sabemos su nombre así que le decimos como su orden.
—No ha venido a la tienda hace más de un mes —Finalmente se enderezó y tomó un paño, rodeó el mostrador y comenzó a limpiar las mesas —Creo que lo asusté cuando preparé su helado por adelantado.
Los chicos rieron, la campanilla de la puerta sonó y sus sonrisas se desvanecieron al ver a JiHoon.
—Hay que ir a ver si llueve en la esquina —WonWoo cogió sus cosas y con su mano libre tomó la de MinGyu llevándolo con él.
—¿Eso es posible? —Preguntó el moreno. Pasaron junto al pequeño castaño y salieron de la tienda.
JiHoon realizó la orden con el rubor que lo caracterizaba y se sentó en la misma mesa, aliviando que los exámenes hubiesen terminado, en completo silencio tomó una galleta y jugó con el helado de fresa. SeungCheol tuvo el tiempo suficiente para pensar en la idea de declararse y estuvo en una pelea mental durante largos minutos.
El helado se derritió.
Y el tiempo seguía avanzando.
No perdía nada.
Lo peor que podía ocurrir era que lo rechazara.
O que lo ignorara.
Pero quizás podía ser el inicio de eso que había estado buscando vivir, una relación bonita con un chico poco común, tímido, con voz suave y con una sonrisa preciosa.
Ya la había visto.
No supo de dónde sacó la valentía para caminar hasta la mesa donde estaba JiHoon.
Ni cómo se sentó frente a él obteniendo su atención, se sentía intimidado y expuesto.
—¿Sabes? —Empuñó sus manos sobre la mesa y miró la copa que había preparado —A mí me pasa lo mismo que a tu helado.
JiHoon ladeó ligeramente la cabeza.
—Me derrito cada vez que vienes —Lo miró directamente a los ojos, lo había hecho, lo había dicho y no había vuelta atrás, se había lanzado al río y ahora debía nadar.
Maldición, no sabía hacerlo.
Solo había asistido a una clase y lo único que aprendió fue a caer al agua.
—Incluso cuando no estás —Continuó y tragó saliva con dificultad —No puedo dejar de pensar en ti, viendo el reloj y esperando que llegues.
El castaño se quedó en silencio aumentando su nerviosismo, con los ojos mirándolo fijamente.
—Es extraño, ¿Verdad? —Sonrió forzado —Ni siquiera nos conocemos y tu vienes aquí solo a tomar un helado mientras que yo... —Pasó la mano derecha por el cabello de su nuca, desordenándolo —Debo regresar a trabajar.
Se levantó de la silla y escuchó que alguien más lo hacía, JiHoon tomó la parte inferior de su camisa impidiéndole avanzar, SeungCheol se giró y vio su mano, levantó la cabeza encontrándose con el sonrojo más lindo que sus ojos habían visto, con una mirada inocente y con una sonrisa que temblaba tímidamente al querer hablar.
—Tú... —Musitó SeungCheol pero el menor lo soltó y salió corriendo.
Pasaron más de tres semanas y no volvió a verlo, decir que estaba arrepentido al confesarse sería una mentira pero se cuestionó si debió decirlo de otra manera.
Solo a él se le pudo ocurrir compararse con un helado derretido.
Cuando vio a SeungKwan y JeongHan entrar a la heladería quiso preguntar por el menor pero no había forma de hacerlo sin sonar interesado en él y no era que le molestase pero no sabía si el pequeño les había mencionado sobre su patética y fracasada declaración de amor.
—Su amigo... —Comentó de la nada al entregarles los conos de helado.
SeungKwan y JeongHan se miraron entre sí con una sonrisa traviesa —¿Cuál de todos?
—El bajito, de cabello castaño, piel pálida —Respondió SeungCheol —Su carita es pequeña y lind... su amigo.
—JiHoon —Habló JeongHan.
—Sí, él.
—¿Qué ocurre con JiHoon? —Preguntó SeungKwan con malicia.
—¿Está enfermo? —Desvió la mirada y comenzó a limpiar el mostrador, restregándolo con fuerza —¿O lo han castigado?
—¿Quieres saber por qué no ha venido con nosotros?
—Sí —Contestó rápidamente —¡No! —Exclamó —Quiero decir, espero que no se haya enfermado —Se escuchaba como un estúpido —Ni que lo hayan castigado —Su voz se fue apagando a medida que hablaba.
—De hecho se fue de la ciudad —Dijo SeungKwan haciendo un puchero.
—¿Qué?
JeongHan le pegó en el brazo al pelirrojo y rieron todos menos SeungCheol, quien sentía que se le había ido el alma del cuerpo.
—Solo ha estado estudiando —Respondió JeongHan —Pronto terminaremos el instituto y quiere entrar a la universidad.
El año estaba finalizando y SeungCheol tenía que dar dos exámenes más para terminar con su primer año de leyes y JiHoon seguía sin aparecer.
—Hola.
Una voz dulce y muy conocida provocó un desastre en SeungCheol al oírla, alcanzó a tomar los lápices antes de que cayeran al suelo pero su cuaderno no corrió con la misma suerte, se agachó a recogerlo y ordenó todo a un lado, se aclaró la garganta y el corbatín en su camisa.
—Quisiera...
—¿Fresa y menta? —Preguntó el pelinegro.
—Sí, por favor.
Era la primera vez que JiHoon se tomaba el helado, esperando a que todos los clientes se fueran, se levantó de la silla y en lugar de irse se acercó cautelosamente al mostrador donde estaba el mayor.
—Perdón por haber salido corriendo —Habló JiHoon uniendo las manos frente a él.
—No te debes disculpar, ha sido mi culpa, no debí...
—No sabía qué hacer —Lo interrumpió JiHoon mirando el suelo —Y aún no lo sé.
SeungCheol separó los labios para hablar pero JiHoon lo interrumpió.
—Hasta que apareciste en mi vida nunca me había gustado alguien —Confesó el menor —Y esto me asusta.
SeungCheol esbozó una sonrisa y rodeó el mostrador deteniéndose frente a JiHoon —¿Te gustaría tener una cita conmigo? —Preguntó con voz dulce.
JiHoon dio un paso hacia atrás pero SeungCheol lo avanzó hacia él.
—Para que me conozcas y ese miedo se vaya —Explicó tranquilamente y el menor asintió con la cabeza.
—Sí.
Aprovechando que el día viernes SeungCheol tenía libre pasó por JiHoon al instituto y siguió los pasos que algunos chicos suelen olvidar, fue hasta la casa del menor pidiéndole permiso a los padres para salir a caminar con su hijo, no debía pasar por alto que JiHoon era menor que él por dos años, el castaño pensó que estaba bromeando pero cuando preguntó por sus padres se congeló.
Los padres del menor se impresionaron con su visita pero luego de una conversación con SeungCheol se quedaron tranquilos, era un chico respetuoso y responsable, inspiraba confianza y esperaban que no la perdiera.
Todo ocurrió en un paseo tranquilo hasta el anochecer donde hablaron de ellos, de sus estudios, de sus vidas, sus pasatiempos y extraños gustos, riendo, sonrojándose y conociéndose.
Sus manos se rozaban al caminar despertando las cosquillosas mariposas en sus estómagos y esa sensación de estar en el lugar correcto y con la persona correcta se hizo presente.
A las diez de la noche SeungCheol lo acompañó hasta la puerta de su casa, se despidieron y antes de darse la media vuelta dejó un beso fugaz la mejilla de JiHoon.
No le dio tiempo para reaccionar y tampoco se dio el tiempo de quedarse a verlo.
Separó sus labios de la tersa piel y se marchó.
JiHoon levantó el brazo y con sus dedos acarició el lugar donde SeungCheol posó sus labios.
No podía creerlo.
Esa fue su primera cita.
Luego vino la segunda.
Y la tercera.
Los meses transcurrieron y JiHoon entró a la universidad a estudiar música. Su relación se volvió más estable y poco a poco SeungCheol conoció su verdadera personalidad, podía ser extrovertido y muy hablador cuando se trataba de sus amigos, hasta con él pero cuando sin querer rozaba su mano o por algún motivo rodeaba su cintura con un brazo se sonrojaba, tartamudeaba y no sabía cómo actuar.
El vivir un romance era algo nuevo para él.
Estaba aprendiendo y conociendo la razón de sus emociones y sentimientos que comenzaron a crecer en su interior.
Y SeungCheol entendió que sus expresiones no siempre decían lo que sentía pero adoraba ver como su rostro neutro cambiaba en cuestión de segundos al hacerlo sonrojar, con lindas sonrisas que temblaban de alegría y nerviosismo.
—¿Quieres un helado? —Ofreció el pelinegro antes de sentarse junto a JiHoon, el menor negó con la cabeza —¿Galletitas?
—Solo un poco —Respondió JiHoon dejando la mochila en el suelo, junto a sus pies.
La jornada se trabajo había finalizado y apenas JiHoon entró a la heladería SeungCheol volteó el letrero de la puerta donde decía; “Cerrado”.
El pelinegro volvió con un plato lleno de galletas de diferentes sabores, con relleno y con chispas de colores —SeungCheol, te dije que solo quería un poco.
—Pagaré por ellas, no te preocupes —Se sentó a un lado del menor.
—Gracias.
—¿Me cuentas lo que hicieron hoy en clases? —Apoyó un codo sobre la mesa y se giró hacia JiHoon, manteniendo la atención en cada palabra que salía de su boca.
No importaba si hablaba de un chico que no conocía.
O de algún contenido que desconocía acerca de la música.
Si lo decía JiHoon era interesante.
Estuvieron más de dos horas hablando, hasta SeungCheol se preparó un cono de helado con los sabores favoritos del menor, JiHoon le tenía más confianza y lo podía notar, no solo lo veía como un chico que le gustaba aunque no lo dijera sino que también lo consideraba un amigo, alguien en quien podía apoyarse y a quien podía apoyar.
SeungCheol dio una lamida más al helado de fresa y sin pensarlo demasiado JiHoon se inclinó torpemente hacia adelante posando sus labios en el helado, a la altura de la boca del mayor, no duró más de cinco segundos, abrió los ojos desmesuradamente viendo la mirada de sorpresa de SeungCheol y se alejó, se giró hacia adelante mirando hacia abajo y colocó las manos en sus rodillas, ni siquiera pensó en limpiarse los labios.
—Tienes... un poco de helado —Comentó SeungCheol en voz baja, casi susurrando.
—Lo sé y se siente horrible —En el fondo sabía lo que ocurriría si levantaba la cabeza, lo supo cuando una mano acarició su mejilla y vio a SeungCheol inclinándose hacia él.
Tenía la opción de negarse a lo que pasaría.
Le estaba dando todo el tiempo necesario para hacerlo.
Con su corazón latiendo a mil por minuto lentamente levantó la cabeza, sus ojos se encontraron con los de SeungCheol, tan brillantes y profundos como siempre, y el tiempo se detuvo para ellos, el mayor se inclinó hacia él dejando unos pocos centímetros de distancia que JiHoon acabó uniendo sus labios, al principio frunció el ceño pero luego su rostro se relajó, sus mejillas se tiñeron de un lindo color carmín y movió tímidamente sus labios sobre los de SeungCheol, el mayor lo besó con cuidado y delicadeza permitiéndole explorar y conocer sus labios, sin presionarlo, solo guiándolo un poco, lo necesario.
JiHoon subió sus manos por el pecho de SeungCheol hasta llegar a sus hombros e inclinó la cabeza hacia un lado, el mayor lo abrazó por la cintura sonriendo al recibir tres besos cortos en sus labios y luego uno largo, un suave movimiento que lo estaba derritiendo por dentro.
En ese momento se dio cuenta de que no era una locura compararse con un helado.
SeungCheol se alejó y abrió los ojos, bajó la cabeza y volvió a levantarla con una enorme sonrisa al ver a JiHoon con los ojos cerrados, estirando sus labios y elevando el mentón, buscándolo.
—Ya no hay helado —Habló logrando que el castaño abriera los ojos.
—¿No? —Preguntó decepcionado.
—No —Respondió soltando una risa.
JiHoon miró el helado que SeungCheol había dejado sobre el plato de galletas, lo tomó ensuciándose los labios y volvió a mirar al mayor.
—¿No? —Preguntó otra vez.
SeungCheol colocó las manos en las mejillas del menor y lo besó, esta vez tomando mayor control pero sin olvidar que a JiHoon no le gustaba el helado.
Al menos hasta ese día.
