Uno. ¡Bienvenido al campamento! Vomite accidentalmente sobre un chico lindo.
En un comienzo los humanos eran todos redondos teniendo cuatro piernas, cuatro brazos y dos rostros. Rodaban como pelotas, viajaban constantemente y eran muy felices.
Existían las mujeres, los hombres y una mezcla entre los dos que se llamaban “andróginos”. Los hombres eran descendientes del sol por su asociación a la energía y autoridad, las mujeres eran descendientes de la tierra por su capacidad de dar vida y los andróginos eran descendientes de la luna por su naturaleza cambiante.
Al estar juntos eran seres fuertes y ambiciosos, fue tanta su arrogancia que un día decidieron escalar al cielo para atacar a los Dioses, pero no lo lograron.
Los Dioses empezarón a idear un castigo por su osadía, pues no podían matarlos al igual que lo habían hecho con los gigantes ya que esto significaba perder todos los tributos y alabanzas que los humanos les daban.
Fue cuando Zeus llegó a una conclusión, para debilitarlos y abatirlos de una forma dolorosa y cruel ordenó a Apolo a cortarlos por la mitad y separarlos para siempre.
La cálida piel cortada fue cosida por el mismo Apolo, dejando una cicatriz en la parte trasera. Sin embargo en un acto cruel, Apolo giro las cabezas de los humanos para que siempre vieran la cicatriz.
Los humanos intentaban darse fuertes abrazos para dejar atrás el gran vacío que sentían y unirse nuevamente sin lograrlo, fue entonces cuando Zeus compadeciéndose de su dolor trasladó sus genitales a la parte delantera. Así si andróginos se abrazarán sentirían placer y engendrarían más humanos.
Sin embargo, los humanos podían unirse a otros humanos, pudiendo conectarse con cualquier persona. Pero jamás sentirían un placer tan grande como el de unirse a su alma gemela.
Aquella era la historia que me fascinaba oír, sentía que aquel era el motivo del gran vacío en mi interior, el motivo por el cual nunca me sentía completo.
Me llamaba Damien North y tenía 17 años cuando toda esta mierda comenzó.
Podría comenzar mi historia en cualquier punto de mi aburrida vida, pero las cosas comenzaron a ponerse interesantes y peligrosas durante el final de la primavera. Habíamos sido un montón de adolescentes en un programa para conocer las mejores universidades del país, un pequeño lujo que se les daba a los hijos de personas ricas.
Y si, se podría decir que pertenecía a una familia con dinero, aunque realmente era más dinero que familia. No me quejaba, a pesar de los problemas me gustaba derrochar dinero.
En fin, un divertidísimo programa en el que solo iríamos de un lado a otro fingiendo prestar atención pues la mayoría del grupo le daba igual ya que todos podían comprar su lugar.
Lo admito, mis tres opciones eran sencillas.
a) Entrar a la universidad y esforzarme por hacerlo.
b) Comprar un lugar en la universidad —le rogaría por ello a mi madre y padrastro—.
c) Ninguna de las anteriores, sería un vagabundo y comería McDonald´s por el resto de mi vida.
La opción C realmente era la más tentativa y probable de pasar, admito que no iba asistir aquel paseo de no ser por mi gran y querido amigo Noah.
Un tipo bastante agradable, fácilmente podría reconocerlo porque siempre lleva un gorro gris sobre su cabello castaño rizado. Y si eso no fuera suficiente para reconocerlo: es lisiado.
Caminaba de forma curiosa.
Estoy seguro que quizás en su preadolescencia pudo haber sido blanco de bullying, pero por su carácter seguro se defendió.
—Creó que moriré.
Ambos estábamos sentados en el auditorio de la Universidad de Columbia, tener a un chico con TDAH sentado durante quizás dos horas seguidas sin salir definitivamente no era lo mejor que se podría hacer.
—Damien, apenas llevamos veinte minutos.
Quizás si exageraba.
—Para mí han sido dos horas.
—Eres un dramático —admitió con una pequeña sonrisa—. Toma, entretente un rato al menos.
De su mochila sacó un pequeño bote de plastilina azul, realmente me conocía, tan pronto llegó a mis manos comencé a moldearla dándole forma de un pequeño oso algo deforme.
—¿No tendrás de tú mochila mágica algo de comida?
La mayor parte de nuestras conversaciones se basaban en mi quejándome de cuatro cosas.
1. Por hambre.
2. Por sueño.
3. Por aburrimiento.
4. Todas las anteriores.
—¿Puedes callarte fag?
Dijo Mía, mi compañera de clases y una animadora que estaba a quizás dos asientos de distancia. Ella tenía un odio hacia mi por algún motivo, quizás por el hecho de que durante el primer semestre accidentalmente en la clase de ciencias casi incendió su cabello.
Sigo sin saber cómo es que eso fue posible.
Después de aquello estoy seguro que uno de sus propósitos de año nuevo fueron hacerme la vida imposible, gracias a ella pase todo el semestre mal hasta que llegó Noah.
—¿Y tú puedes dejar de ser tan irritante? Ah cierto que no puedes —le respondí de forma “amable”—, solo deja de molestar.
Había algo en ella que me molestaba, todo el curso le lamía los pies solo por ser bonita y graciosa, pero realmente no lo era. Juraba que ella a veces tenía una apariencia monstruosa, pero nadie me creía.
Que va, admito que en mi cuaderno garabateaba caricaturas de ella en forma de demonio.
—Damien no seas grosero, no olvides que estás en observación por lo de la última pelea.
—A mí los directivos me la…
—¿Qué dice Señor North?
La voz de él hombre a mis espaldas hizo que un escalofrío me recorriera, se trataba de uno de los supervisores.
—Señor Davis, Damien sigue insultándome.
De alguna forma siempre se salía con la suya, una total manipuladora, pero esta vez mi papá estaba aquí y él siempre estaba de mi lado.
—Eres una manipuladora, no te he dicho nada.
Una pequeña mentira, si le hubiera dicho algo peor pero mi buen historial de problemas no podría soportar más.
—Señor North, salga un rato a comprar algo para beber y regrese.
Admito que a veces me aprovechaba de él supervisor para salir de problemas, era un hombre mayor con ojos oscuros y cabello canoso. Realmente era un grano en el culo, pero con niños problemas —como yo— podía ser amable.
Él tenía una esposa lindísima a la que conocí hace un tiempo tras salir de clases y pelearme con unos chicos —tuve una buena razón para ello—, ella me ayudó a curarme. Terminé cenando con ambos y me enteré de que la mujer era estéril.
Al final me hice cercano a ambos, bromeaba de que ambos eran mis padres. La señora Davis me aceptó como su hijo adoptivo —no literalmente— y aunque el señor Davis tardó un poco en aceptarme, terminó haciéndolo.
Por ambos había intentado no meterme en problemas, sin embargo, siempre había sido un chico problema, los problemas nunca se alejaban de mi.
Quería reprocharle, pero el señor Davis me miró con una mirada suplicante y no pude negarme. Sin rechistar me levanté de mi lugar.
—Te acompaño.
—No es necesario Noah, no tardaré.
Noah dudó, pero finalmente aceptó.
Salí del auditorio y varías personas me miraron de reojo, pero al final me ignoraron.
Llegue hasta la máquina extendedora más cercana e introduje un billete de un dólar, presionó algunos botones y salió una lata de Dr. Pepper.
Abrí la lata y di un largo sorbo, definitivamente no iba a regresar al auditorio. Sin dudarlo me encamine a la salida, me dirigí a la zona de taxis y me subí a uno.
Tras unos minutos llegue a los dormitorios de la academia, el guardia me permitió entrar tras conversar un poco y subí al cuarto piso en donde estaba mi habitación.
Deje mi mochila en el suelo, retire mis zapatos y me eche a dormir.
Solo fue cuestión de minutos para que me quedase dormido.
Creí que tendría lo que es un buen sueño, pero lamentablemente a mi super cabeza se le ocurrió crear un sueño.
Mi alrededor estaba repleto de nieve. Lo peor de estos sueños era saber que soñaba y aún así no poder despertar, las pesadillas eran lo peor.
Había una sensación extraña en mi cuerpo, sentía adolorido mis extremidades cómo si hubiera cargado con un gran peso sobre mis hombros.
De repente un aullido se hizo presente a mis espaldas, había un niño de quizás unos ¿catorce años? Parecía querer hacerle frente a lo que distinguí sería una mantícora y esto es en vano ya que termina rodando por la nieve. Sin embargo un silbido llama mi atención pues tras esto diversas flechas salen disparadas hacia aquella criatura
—¡Las cazadoras!
—¡Vaya, hombre! ¡Estupendo!
Una de las chicas mayores se acercó, demostraba una apariencia dominante y de admirar, de solo verla me producía una sensación de respeto.
—¿Permiso para matar, señora?
—¡No es justo! ¡Es una interferencia directa! Va contra las leyes antiguas.
—No es cierto. La caza de todas las bestias salvajes entra en mis competencias. Y tú, repugnante criatura, eres una bestia salvaje. —Miró a la chica que apuntaba a la mantícora—. Zoë, permiso concedido.
—Si no puedo llevarlos vivos, ¡me los llevaré muertos!
Y sin dudarlo, la mantícora se abalanzó sobre una chica de apariencia punk y el niño de ojos azules pues parecían ser los más débiles.
—¡No! —gritó la niña rubia.
—¡Retrocede, mestiza! —gritó la “niña”—. Apártate de la línea de fuego.
Pero ella no obedeció, saltó sobre el lomo de la mantícora y levantó su cuchillo para acuchillarlo entre su melena de león. La bestia aulló de dolor mientras giraba en círculos, la niña rubia se sujetaba a la melena en un intento de no caerse.
—¡Fuego!
—¡No!
Aun así las cazadoras ignoraron las palabras del niño, la primera flecha atravesó el cuello del monstruo y así sucesivamente más flechas comenzaron a atravesarlo haciendo que se tambaleara y tropezara con sus propios pasos.
—¡Esto no es el fin, cazadoras! ¡Lo pagaréis caro!
Sentí como algo me jalo hacia el acantilado junto a la mantícora, de un momento a otro estaba viendo la escena desde la perspectiva de la niña rubia. Estaba sobre la bestia mientras caía al vacío siendo lo último que vi el rostro de él niño de ojos azules con miedo.
—¡Annabeth!
Abrí los ojos aturdido, observé a mi alrededor con el ceño fruncido tratando de comprender lo que había visto.
Había una fina capa de sudor sobre mi frente que hizo que mis cabellos se pegaran en esta, la puerta fue abierta y Noah entró a la habitación con un rostro lleno de preocupación.
—¿Sabes lo preocupado que estaba por ti? ¡Creí que te habría pasado algo malo! No sabes lo difícil que fue convencer al señor Davis de que estabas bien cuando ni yo me lo creía.
Su reacción tan alterada es algo que me confundió un poco, sabía que era un imán de problemas pero no podría ser tan malo.
—¿Qué podría pasarme? Lo peor es que podría pasar es perderme o ser estafado.
—No lo entiendes, es peligroso y sobre todo después de lo que pasó en…
Se callo antes de terminar de hablar, como si hubiera estado a punto de decir el mayor secreto del mundo.
—¿Un secuestro?
—No, solo estoy cansando Damien discúlpame.
—Entiendo y lamento haberte dejado solo, entiendo que te hayas preocupado por mí después de lo que hice la semana pasada.
Él se sentó sobre mi cama, comenzamos hablar y pensé en contarle de mi sueño, hasta que recordé la sensación de la promesa que había hecho a una persona misteriosa. No recordaba si era un sueño, una fantasía para cubrir un trauma o realmente había pasado, pero poco me importaba, aquellos sueños llenos de fantasía debían quedarse como lo que eran: simple fantasía.
Intento olvidar aquello hasta que un fuerte sonido similar a una explosión nos interrumpió.
Me levante rápidamente y me acerque a la ventana, había una considerable cantidad de humo negro que no me permitía ver absolutamente nada.
—¿Qué fue eso?
Noah se levantó y se puso a mi lado para ver, intente ver a través del humo negro pero mi visión no ayudaba. Sin embargo, Noah parecía haber visto algo pues su cara se puso blanca y su expresión parecía estar aterrada.
—Debemos irnos.
—¿De qué hablas?
—Se supone que no llamabas la atención, creí que eras de un Dios menor como Deimos o Anteros—Noah balbuceaba palabras sin sentido—. ¿Qué es lo que quieren?
Tomó mi mochila y guardó algunas cosas, pensaba que era ridículo o exagerado hasta que abrió un cajón del escritorio en donde sacó mi álbum de estampas y lo metió en la mochila.
Noah sabía lo mucho que amaba esas estampas.
—¿Qué está pasando? ¿Es un ataque terrorista?
—No tengo idea, no se que es lo que viene solo que si no es amigable podría ser peor que un ataque terrorista.
Me entrego mi mochila
—Confió en ti.
Incluso con tantas dudas, no dude en confiar en Noah. Podría haberme estado mintiendo, pero no me importaba.
—Gracias por confiar en mí.
Ambos salimos de la habitación, corrimos por los pasillos bajando las escaleras a toda prisa, Noah evitaba a toda costa las personas las cuales parecían demasiado normales después de la explosión.
Bueno, si tuviera un montón de proyectos finales igual me preocuparía más terminarlos que una explosión.
Terminamos saliendo por la puerta de servicio de las personas que trabajaban en el lugar, en mi vida había ido por aquella zona —aunque realmente si había ido ya que era el lugar por el que cruzaba para ir a fiestas—.
—Espérame aquí Damien, no te muevas.
Noah se alejó rápidamente, admito que tenía la tentación de irme, pero me quedé obedientemente esperándolo. Solo tardó unos pocos minutos y cuando regresó lo hizo con un taxi.
—Nos tomará una hora en llegar, con suerte será un viaje tranquilo, cuando lleguemos te prometo que te explicaran todo, todas tus dudas serán resueltas.
De suerte no tuvimos nada, unas horribles náuseas me invadieron y sentía que moría.
Estuve casi toda la hora quejándome de mis náuseas.
Recordatorio: nunca lleves a un adolescente dramático en un viaje largo.
—¡Moriré! Una muerte peor que ser asesinado por John Kramer.
—Falta poco.
El pobre de Noah tenía los nervios de punta y mi dramático comportamiento parecía ponerlo ansioso, quizás si creía que moriría por la forma en la que me veía. En un intento de demostrarme su apoyo dio una suave palmada en mi hombro, pero tan pronto hicimos contacto sentí como si una corriente eléctrica me recorrió y lo aparté de inmediato.
—¡Eso dolió!
Y tan pronto dije eso mi visión se nubló por unos segundos, veía la carretera por la que transitábamos en ese momento, pero desde un punto de vista más agitado.
—Detenga el auto.
—¿Está seguro joven? No hay nada por aquí.
—¡Detenga el maldito auto!
—¿Qué sucede Damien?
Cuando el auto se detuvo salí de este a toda prisa, sacando a Noah a regaños, de mi bolso saqué algunos billetes y se los entregue al hombre. Estoy seguro que debió ser un billete de una cifra grande ya que sonrió muy alegre y se fue a toda prisa.
—¿Estás bien? —preguntó Noah con una obvia preocupación— Estás pálido.
—No hay tiempo.
—¿Me dirás lo que sucede?
—No.
Su expresión parecía un poco dolida aun así no replicó, tomó la delantera y lo seguí por detrás en el extenso bosque. Quería decirle todo, pero no podía.
Mientras caminábamos a pasos apresurados desde la distancia un grito retumbó por el bosque, una señal para nada agradable. De forma automática observé el cielo y lo primero que aprecié fueron las grandes patas de un animal que sobre volaba en los árboles
Parecía estar acechándonos, no mostraba señal de querer atacar, era más como si estuviese dudando.
—Me siento como en una excursión infantil —comenté en un intento de deshacer la incomodidad que comenzaba a formarse.
—Estoy seguro que amarás los establos.
—Noah, hay mosquitos en los árboles.
Una sutil indirecta, pero estaba la posibilidad de que fuera otro de los seres inexistentes que mi mente creaba, pero era algo que no me sucedía desde hace mucho tiempo.
Desde mi infancia fui lo que otros llamaban como un niño soñador o un mentiroso.
Noah vacilo y de reojo vio hacia arriba, se sobresaltó de forma sutil al ver aquel ser. Sin embargo, parece obviamente confundido de que no se acercará.
—Cuando te lo diga correrás recto —ordenó Noah en un susurro—, hay una colina con un enorme pino, no dejes de correr hasta que lo hayas cruzado.
—Pero correrás conmigo, ¿verdad?
—Lo haré.
Seguimos caminando, pero como pasaban los segundos aquella criatura comenzó a soltar gruñidos cada vez más fuertes.
—¡Ahora!
Ambos comenzamos a correr en dirección al pino que había mencionado y fue cuando la esfinge se lanzó hacia abajo mientras hizo un sonido similar a un grito.
Me encantaría decir que, cuando la esfinge decidió atacarme, tuve una revelación divina que hizo que peleara y me volviese un grandísimo héroe griego en cuestión de segundos.
Pero mis únicos pensamientos eran: ¡ME VOY A MORIR! ¡AÚN NO QUIERO CONOCER A FREDDIE MERCURY!
Estoy seguro que aquel ser tenía algo contra mi, pues sus afiladas garras fueron directo hacia mi nuca provocando que cayesen al suelo de boca y se posó sobre mí.
—¡Quítame esta cosa de encima!
Se me podría considerar una decepción entre los héroes griegos si es que puedo entrar en la categoría de héroes, ¿pelear contra la esfinge? No, ¿Pedirle a mi amigo que me lo quite como si se tratase de un animal salvaje? Sí.
Estoy 100% seguro de que Noah nunca había visto a un chico reaccionar de esta manera, admito que por el miedo olvide mi experiencia en peleas. Dylan de onceavo grado estaría decepcionado de eso, fuimos buenos amigos, hasta que decidió unirse a los chicos que me molestaban y terminamos peleando a golpes.
Obviamente gane.
—¡Me va a morder!
Pero en este caso sabía que no ganaría.
Me movía de un lado a otro en un intento de quitarme la esfinge, Noah tomó su cola —nunca hagan eso— y tiró de ella haciendo que sus garras se encarnaran en mi espalda y rasguñaron toda el área haciendo que un grito saliera de mi boca.
A pesar de no ver mi espalda sentía como poco a poco mi ropa se mojaba de algo que definitivamente no era agua.
Gateé un poco y al levantarme tome diversas piedras lanzándolas a la esfinge, en la mano de Noah había una daga, cada vez ese chico me sorprendía más.
Mi espalda ardía, más de lo que desearía y mi entorno comenzaba a dar vueltas, sabía que no habría bromas en lo que restaba del camino a la colina.
Sin dudarlo, le arrebate su daga y me lance —literalmente— sobre la esfinge terminando debajo de ella, sus garras comenzaron a rasgar mi ropa y cuerpo. En las historias no era tan violenta cómo lo era en aquel momento, quizás se trataba de una versión pirata ¡o su doppelganger!
Con la daga en mi mano, la moví de forma hábil incrustando sobre su abdomen haciendo que retroceda algunos cuantos pasos o debería decir patas. Aproveche esto para levantarme y esta vez montarme sobre ella, levantando la daga y rasgando sus hermosas alas.
¿Eso se consideraría ilegal? Intentar matar a una especie que podría estar en peligro de extinción, espero que no existan las demandas divinas por alterar el orden de las bestias divinas.
Tan pronto la daga rasgó sus alas, golpeó su lomo contra un árbol haciendo que yo me golpeara contra este y cayera. Noah rápidamente se acercó a mí y tomó mi brazo para colocarlo sobre sus hombros, ni siquiera dudo cuando ambos comenzamos a huir mientras la esfinge se retorcía.
—Se supone que tendría que desvanecerse, esa cosa es fuerte.
—¿Apenas lo notas?
Un aullido detrás de nosotros nos avisó que la esfinge estaba regresando por el segundo round y estaba seguro de que sería mucho peor.
Un dolor punzante recorrió mi nuca, mis hombros estaban tensos mientras que mis piernas se sentían adormecidas, apenas podía correr sin sentir un doloroso hormigueo.
La ropa de Noah tenía algunas manchas rojizas, definitivamente eso no era su sangre, era la mía.
La colina se vislumbraba a la distancia, mis pasos se apresuraban mientras subía pero cada paso se volvía más pesado que el anterior. Siempre había querido morir así que ¿Por qué me estaba aferrando tanto a la idea de sobrevivir?
Supongo que tenía la esperanza de por fin encontrar mi lugar.
Cada vez que daba un paso sentía que mi cuerpo se hundía, como si se tratasen de arenas movedizas. Estaba decidido a aceptar mi muerte, pero el peso de Noah era lo que me mantenía atado.
No de forma literal.
Al igual que yo, él temblaba, quizás por el frío o quizás por el temor de no llegar vivos hasta el pino.
Y como si se tratase de una salvación, flechas salieron disparadas hacia la esfinge. Un par estuvieron a nada de impactar contra mis pies.
Mientras más nos acercábamos, mi cuerpo se sentía más y más débil.
—Damien, estamos muy cerca, por favor resiste estamos por cruzar la frontera.
—Estoy bien, un animal raro no me matara.
Una piadosa mentira, sentía mi cuerpo arder, ¿acaso era mi final?
—¡Están ahí!
El grito de los dueños de las fechas hicieron que me sintiera esperanzado de no morir.
—Bienvenido al campamento, te hemos esperado.
—Está herido.
Incluso si Noah no lo decía era obvio.
Un chico rubio se acercó a mí analizando mi rostro y algunas heridas, de no ser por que me sentía al borde de la muerte habría intentado conseguir su contacto o coquetear un poco.
—Las heridas no son tan profundas, con algo de ambrosía y descanso todo estará bien.
—Espera...
—¿Qué sucede?
Como si se tratase de un reflejo lleve mis manos a mi boca en un intento de conservar mi dignidad, cosa que no sirvió ya que procedí a vomitar a un lado del chico rubio.
Los chicos de mi alrededor soltaron muecas de asco al ver el vómito, sin embargo un chico rubio musculoso —¿ya mencione atractivamente musculoso?— se acercó a mí con un pañuelo, limpio mis labios y por un segundo nuestras miradas se encontraron, tuve la sensación de que lo conocía de otro lugar.
Sentí mi garganta calentarse nuevamente y tras unos segundo expulse vomito sobre los pies del chico rubio, una mueca se formó en sus labios aun así no mencionó nada solo comenzó a darme suaves palmadas sobre la espalda.
Incluso con su ropa manchada con vómito nunca se apartó de mí.
Estoy seguro de que si hubiera querido causar un impacto y que me recordaran, lo había logrado, a costa de mi dignidad, pero lo había logrado.
La sensación fría de mi cuerpo fue reemplazada por un suave y cálido resplandor dorado que rodea mi cuerpo, la sensación era agradable, como si después de la lluvia me envolvieran en cálidas mantas de algodón.
—Fuiste reclamado.
—¿Reclamado?
Levante mi vista y sobre mi cabeza yacía algo similar a un holograma del sol, debajo de este una lira junto algunas hojas de olivo.
—Apolo —anunció Quirón—. Él señor del conocimiento y el orden cívico, la peste y la medicina, el que guía al sol y la luz. Salve, Damien North hijo del Dios del sol.
Nota: Fag sería en si en español “maricón” es una forma de referirse a los hombres afeminados o chico homosexual afeminado, tiende a ser usado como insulto.