The Secret of Our Blood

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Summary

Mis días soleados en Los Ángeles eran como una versión distante de la felicidad, hasta que, cuando tenía solo seis años, mi vida se desmoronó por completo. Mi padre, esa figura fundamental en mi vida, de repente se esfumó de nuestras vidas. La conexión única que compartíamos se desgarró, y me dejó una herida profunda en el corazón que ni el tiempo ha podido curar. El recuerdo de esa maldita noche, cuando vi a mi padre desvanecerse en la oscuridad, sigue persiguiéndome como una pesadilla sin fin. La falta de mi padre golpeó de lleno a la familia. Mi madre, quien solía ser amorosa y atenta, se hundió en un abismo de desesperación. Los gritos y el alcohol se adueñaron de su vida. A medida que mi madre se hundía en sus propios problemas, yo me vi atrapada en un remolino de cambios drásticos. Mi reputación en la escuela pasó de ser una niña dulce y sonriente a la de una "chica problemática". Atraía miradas de desaprobación y llevaba etiquetas que ni siquiera merecía. El dolor y la adversidad me moldearon en una chica la cual tuvo que madurar a muy temprana edad, deseando ser una persona más fuerte y resistente, aunque cada día se sintiera como una batalla contra un enemigo invisible que solo conocía una cosa: el dolor.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

Destiny... Destiny, ya es hora.

¿Hora? ¿De qué?

Déjanos salir.

¿Quiénes son?

No sabía quiénes eran o de donde provenían esas voces, y eso me desesperaba. Todo estaba oscuro y aunque abriera muchos mis ojos no podían visualizar nada, solo caminaba en medio de esa oscuridad

Somos fieles a ti Destiny...

¿Fieles?

¡Corre, Corre!

Por alguna extraña razón empecé a correr, quería parar, pero mis pies no respondían a mis órdenes. Empecé a ver una luz pequeña la cual se hacía más grande.

-¡¡Ayuda!!- Me estaba quemando, la habitación se estaba quemando, con la respiración acelerada buscaba una salida hasta que me di cuenta de algo, por un trozo de espejo roto me vi con la apariencia de mi infancia.

-¡¡Mamá!! - grité al verla alejándose sin voltear atrás desde una ventana que apareció de la nada. Sin pensarlo dos veces, me asomé por la ventana y vi la altura a la que estaba y salté. Cerré los ojos, preparándome para el impacto inminente, pero en lugar de eso, sentí como si cayera en un vacío sin fin.

Nosotros nunca te daremos la espalda Destiny.

Ya cállense por favor.

Los cuidaremos.

Basta...

Seguía cayendo, pero un resplandor que salía de mi mano llamó mi atención, eran dos joyas las cuales brillaban en medio de toda mi oscuridad.

¿Pero qué rayos...?

Me desperté de golpe con el sonido de la maldita alarma perforando mis tímpanos ¡Maldición! Otra vez la misma pesadilla de siempre, parecía que mi subconsciente estaba obsesionado con torturarme durante las noches.

Al intentar levantarme de mi hermosa cama, un dolor agudo en mi dedo pequeño del pie me golpeó como un puñetazo. “¡Mierda! ¡Maldita cama!” Gruñí, masajeando mi dedito dolorido mientras trataba de agarrar mi celular. Al encenderlo, casi se me cae el alma al suelo al ver la hora... la verdadera hora. ¡Maldición! Solo faltaban 15 minutos para que sonara la campana del instituto. ¡Mocosos de mierda! Habían cambiado la hora de mi alarma solo para joderme la vida. No puede ser.

Con una velocidad asombrosa, me lancé al baño para darme una ducha rápida y vestirme. Mientras me cepillaba los dientes, luchaba desesperadamente por domar mi cabello, que parecía un nido de pájaros desquiciados. “Si llego, si llego”, me repetía tratando de manifestar un milagro; después de varios intentos frustrantes, logré que mi melena se viera algo presentable. Bajé despacio las escaleras al darme cuenta de que mi milagro no se cumplió y ya iba tarde; esto de no llegar temprano me va a joder en algún momento.

En una parte especifica de la casa, unos susurros captaron toda mi atención.

“¡Ah!” Me aparecí de un salto en la cocina provocando que casi se ahoguen con la comida. Damián con la boca llena de sandía, se daba golpecitos en el pecho mientras tosía como loco.

“¡¿Quieres matarnos Dest?!” Exclamó Nika sin perder la oportunidad de golpear a su hermano en la espalda. Pero su mirada despiadada indicaba que no estaba ayudándolo; al contrario, parecía estar disfrutando del momento. Si sigue así, le va a hacer escupir sandía con pulmón.

“Me la debían, y no quiero más bromas con mi despertador o no me haré responsable de mis actos, ¿entendido?” Ambos alzaron los pulgares en señal de acuerdo. “Eso espero. ¿Llegó a casa?” Pregunté mientras me servía un vaso de jugo.

“Desde ayer, nada”, suspiró Damián mirando hacia la puerta principal. “Mira el lado bueno de esto”, dijo Nika mientras le daba una palmada en el hombro. “Más comida para nosotros.” Hizo un gesto extraño con las cejas, logrando que Damián soltara una carcajada.

“¡Chicos, rápido, recojan sus cosas! Tienen que ir, pero a las a clases, no a las maquinas a jugar, ¿ok?” Les dije, cruzando los brazos y entrecerrando los ojos.

“Oye, Dest, no te olvides que después de clases prometiste llevarme a cotizar la computadora”, me recordó Damián mientras llevaba los platos al fregadero. Nika se levantó de la silla de golpe, como siempre haciendo su drama.

“No es justo, a él si le vas a permitir tener una computadora y a mí no me dejas tener una serpiente”, replicó Nika.

“No veo la conexión entre una computadora y una serpiente. Además, las serpientes pueden ser peligrosas, especialmente con tu comportamiento a veces impredecible. Podrías lanzarle el animal al vecino. Así que, olvídalo”, respondí mientras me dirigía a la puerta principal.

“¡Qué aburrida eres!” Me apuntó con un cucharón de mantequilla. “Damián, controla a la loca y luego vemos lo de la computadora. Los quiero, y recuerden que deben venir directamente de la escuela a casa”, grité mientras cerraba la puerta, dejando a Nika furiosa.

Caminando hacia el instituto, me puse mis auriculares y me perdí en mis pensamientos hasta que me di cuenta de que ya había llegado.

“¿Qué pasa, Vicente?” Saludé al portero. “Siempre llegas tarde, ¿eh?” Se rio mientras negaba con la cabeza. “El día que llegue temprano, preocúpate. “Toma”, le extendí un billete. “Siempre es un placer abrirte la puerta, Johnson”, Me hizo una reverencia al pasar por su lado mientras nos reíamos.

Mis pasos resonaron en los pasillos vacíos del instituto mientras me dirigía al exterior, caminando sin un lugar en concreto, hasta que vi el campo de fútbol americano. Al llegar, decidí subirme a la última grada y echarme un rato, pero no esperaba encontrarme con que todo el equipo de fútbol estaba entrenando. Adiós a mi momento de paz, ¿qué más podía esperar si era su campo y su próximo partido estaba cerca? Pero algo o mejor dicho alguien llamó mi atención.

Desde hace una semana había rumores sobre un nuevo chico transferido de una escuela de niños ricos, de esos que hablan como si tuvieran una papa en la boca. Al parecer, era cierto, ya que a ese chico nunca lo había visto. Supongo que debe de ser él.

Me quedé observando todo el entrenamiento del equipo. ¿Quién en su sano juicio desperdiciaría la oportunidad de ver a veintidós jugadores que parecen sacados de las revistas de Calvin Klein? Incluso creo que noté cómo se me caía la baba por un lado de la boca cuando uno de ellos se quitó la camiseta y se roció agua por todo el cuerpo. ¡Bendito el momento que cambiaron la hora de mi despertador! El sonido de la campana me sacó de mi ensueño, devolviéndome a la realidad y recordándome las actitudes de mierda de algunos de ellos. Bueno, no de todos, espero que no se hayan dado cuenta de que babeaba por ellos.

Al ponerme de pie, sentí una mirada sobre mí. ¡Joder, se dieron cuenta! Busqué al dueño de esa mirada y me topé con unos ojos azules turquesas que me perforaban. Un escalofrío recorrió mi espalda y la piel se me erizó como si me estuvieran dando pequeñas descargas eléctricas. El chico nuevo no apartó la mirada, desafiándome en un puto duelo donde preferiría que se me secaran los ojos antes que bajar la vista. Después de unos segundos, esbozó una sonrisa fugaz y se dio la vuelta para largarse del campo... Eso fue... Jodidamente ¿intenso?

¡Maldición, las putas clases! Corrí como una loca, esquivando a los estudiantes que se cruzaban en mi camino. El salón de Matemáticas no estaba precisamente cerca, pero mi habilidad para zigzaguear entre la multitud rivalizaba con la de los mejores corredores de obstáculos.

De repente, algo chocó con mi cuerpo, pero ni mierda me detuve para ver qué o quién era. Solo alcancé a gritar un “Lo siento” sin siquiera voltear a ver al pobre desgraciado, escuchando un gruñido a lo lejos que sonaba como de un puto animal. No tenía ganas de pelear. Tenía cosas más importantes en mente, como llegar temprano a la puta clase de Matemáticas para evitar que el profesor me devorara viva.

“No jodas”, murmuré al ver la puerta cerrada. “¿Por qué mi suerte es tan de mierda?“, exclamé mirando al cielo. Con cuidado, abrí la puerta despacio y divisé la espalda del profesor. “¡Sí se puede!“, me animé mientras me tiraba al suelo y empezaba a gatear hacia la silla más cercana. ¡Ya casi!

“Señorita Johnson, ¿qué está tratando de hacer?” Mi corazón se hundió en el pecho al escuchar esas palabras, y sentí un puto sudor frío recorriendo mi espalda. Maldita sea.

“Es que se me cayó... El bolígrafo, sí, eso, el bolígrafo, profe. Pero no se preocupe, ya lo recogí”, soné patética, pero era eso o arriesgarme a una sanción. Me levanté de un salto. Maldito viejo, merecía que le metieran fuegos pirotécnicos por el trasero.

“No me pagan lo suficiente para ver esto”, suspiró mientras se giraba hacia el pizarrón. “Vaya a su puesto antes de que me arrepienta, y para la próxima, ni se le ocurra volver a arrastrarse así. Ya está bastante grandecita para eso”, de un brinco ya estaba en mi puesto. Bueno, podría haber sido peor.

Ya era la quinta hora de clase y me estaba quedando dormida con biología, pero unos murmullos me sacaron de mi somnolencia.

“Escuché que lleva una chica diferente cada noche, como todo un don Juan” suspiró “Dicen que está involucrado en carreras y peleas clandestinas” mencionó otra voz, ¿De quién hablarán? O sea, no soy chismosa, simplemente me gusta estar informada.

“Yo sí estuviese con el nuevo, aunque me convierta en una más del montón y después me deje” soltó una con picardía. “O sea ¿A quién no le gustaría decir que tuvo a Kayden Hunt entre sus piernas?”

Con que así se llama… Bueno, al parecer tenía algo en común con el niño mimado, aunque no lo entiendo del todo.

En el mundo oscuro y subterráneo de lo ilegal, no lo había visto competir jamás y su nombre no había escuchado ni en peleas de perros. ¿Será cierto? ¿O solo es un chisme más? Digo ¿qué necesidad tendría él para pisar esos lugares de porquería? Ya había escuchado que el nuevo tenía dinero para desparramar así que ¿Qué tendría que hacer en esos lugares?

“Pobre niño estúpido” negué mientras seguía dibujando en mi libreta. “¿Qué dijiste?” Ay no me digas que pensé en voz alta.

“¿A quién le dices niño estúpido?” insistió esa voz de pito tras mi espalda. No puede ser.

“A ese tal Kevin Dong” me giré topándome con la mirada de una peli-rosa.

“Es Kayden Hunt imbécil y deja de estar escuchando conversaciones ajenas ¿A caso tu mami no te enseñó que eso está mal?” Todas sus amigas se rieron provocando que comience a contar hasta 50 en la mente.

“¿Acaso la tuya no te enseñó a tener dignidad? Porque no lo parece” 10, 11, 12… La miré de arriba abajo “Una chica que está dispuesta a hacer una más del motón solo para alardear que tuvo a un hombre entre sus piernas y que no le importaría ser pisoteada como basura, es una chica con mierda en el cerebro” 21, 22, 23… Sonreí “¿Eso te enseño tu mami? ¿A ser la basura desechable de los idiotas? Porque si es así, aprendiste muy bien esa lección”

“Cállate puta que a nadie le importas, ni siquiera a tu padre por eso te abandonó como una perra” Tú puedes Dest, no dejes que eso te afecte, 28, 29, 30…

“Por fin cierras el hocico, sabes que no puedes negar que eres una muerta de hambre, tú y los bastardos de tus herma- ¡Ay!” Mi puño se estampó contra su asquerosa cara provocando que callera al suelo, a la mierda los números, con mis niños no se mete nadie, peor una puta barata.

“Es mejor que te calles si quieres mantener tu dentadura completa” la levanté de un tirón, apretándola del cuello “La próxima vez que se te ocurra mencionarlos, tu sangre correrá por mis dedos y, desfigurar tu repugnante rostro será mi regocijo” susurré cerca de su oído, sintiendo como se aceleraba el pulso de su cuello, provocando una satisfacción en mí.

“¿¡Por qué todos piensan que estoy pintado!? Johnson si no la sueltas en este momento, tendré que expulsarte de mí clase y perderás la materia” Mi mano se apartó de su cuello automáticamente, una tos desesperada por oxígeno no se hizo esperar ¿Tan fuerte le apreté?

“Escuché lo que dijo la señorita Pepper y me parece que fue muy desagradable de su parte, pero, en estos casos señorita Johnson no se puede recurrir a la violencia así que, las dos vayan a la dirección en este preciso instante” ordenó el profesor mientras ayudaba a levantar al piojo.

Sin esperar nada más agarré mis cosas y salí azotando la puerta rumbo a la dirección. Maldita perra por culpa de ella y del niño mimado me van a reportar, no debí prestarle atención a esa conversación de porquería, me cagaron el día.

Una notificación de mi celular me sacó de mis insultos mentales, al leerla un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo acelerando mi corazón.

Número desconocido:

Hoy a las 10:00 pm, en la gasolinera abandonada. Ven preparada para quemar llantas y ganar lana, de manera obligatoria.

ATT: Snake

De manera obligatoria…

Esa era la diferencia entre el niño mimado y yo. Si caí en este abismo fue por necesidad. Por una madre alcohólica, sin empleo que hasta el día de hoy solo llega a casa con una botella en una mano y con un nuevo hombre en la otra. A mis doce años, me vi forzada a sumergirme en ese mundo para asegurarme de que mis niños no pasaran hambre, hasta la actualidad, no se me presentó otra opción más que adentrarme en el inframundo para sobrevivir y cuidar de mis hermanos. Tengo que estar rodeada de actividades clandestinas y otras cosas que la gente considera diabólicas, por ellos y por mí. No quiero quejarme más de lo debido, al fin y al cabo, gano lo suficiente como para ayudarlos con sus estudios y asegurarme de que nunca les faltara comida, ropa o sus caprichos.

Bloqueé el celular soltando un suspiro, continuando mi camino por los pasillos, pero seguía tan absorta en mis pensamientos que no sé en qué momento me estrellé con algo o alguien… Otra vez.

“Puta madre ten más cuidado” Exclamé mientras me sobaba la nariz, pero al fijarme bien en la persona frente a mí, se me revolvió el estómago al encontrarme cara a cara con el niño mimado. Su mirada curiosa escaneó mi rostro hasta que sus ojos azules turquesas se toparon con el verde esmeralda de los míos, manteniéndolos por largos segundos, parecía que buscaba algo en concreto en mi mirada, después de unos segundos sus labios formaron una sonrisa coqueta, causándome un revoltijo en mi estómago, era guapo, de eso no había la mayor duda.