Único capitulo
- ¡Yo...! - exclamas con fuerza, con poder, con decisión - ¡Voy a cumplir con mi deber! ¡Sin importar lo que pase, no dejaré que nadie muera!
Cuanta determinación, cuanta belleza.
La emoción recorre mi cuerpo, se me eriza la piel y solo me queda gritar lleno de extasis la única opción viable qué veo para nosotros dos.
- ¡Tienes que convertirte en un demonio, Kyojuro! ¡Vamos a luchar juntos por toda la eternidad!
La batalla concluyó cuando mi puño te atravesó el plexo solar.
O eso creí.
El sol, con su brillante presencia al amanecer, te salvó de mi ataque mortal. Esquive un corte dirigido a mi cuello, alejándome de tu cuerpo. Tu cálido y poderoso espíritu.
Me miraste con las cejas fruncidas, tu expresión estoica y llena de determinación por buscar eliminarme de cualquier forma. Entonces sonreí.
- Eres afortunado, Kyojuro - coloco mis manos a la altura de mi pecho, balanceando mi postura de un lado al otro - Espero con ansias volvernos a ver, hasta entonces, vuelvete más fuerte.
Corres una última vez hacia mi, gastando todas tus fuerzas restantes en intentar contenerme. Oh, Kyojuro. Yo soy más rápido.
Te esquivo con facilidad, lanzando uno de mis ataques de puños para alejarte de mi y poder correr hacia el bosque, una última mirada nos conecta antes de desaparecer en la oscuridad de mis recuerdos.
Si, son solo eso, recuerdos.
Abro mis ojos, encontrando el oscuro cuarto en el que me encuentro. Me enderezó de mi lugar con la mirada vacía. Giro sobre mi eje, buscando en la penumbra aquello que me recuerda a ti.
Tu capa esta perfectamente colocada sobre la pared, el hecho de solo observarla me parte el corazón. ¿Por qué las cosas tuvieron que termine así? ¿Acaso fue por mis pecados cometidos? ¿Fue por mis malas decisiones y mi falta de tacto? ¿Fue por mancillar tu puro cuerpo con mis manos manchadas de sangre? ¿Fue por mí que ahora no estás?
El sol se asoma por el filo de la puerta que se encuentra abierto, eso ilumina un poco la habitación, haciéndome notar lo pulcra y brillante que resplandece aquella tela con patrón de fuego. Como si aún estuvieras aquí.
El corazón se me encoje.
- Perdóname por no ser lo suficientemente fuerte para protegerte.
Aquel murmuró se va con la brisa mañanear que ingresa por la puerta, y con ello, muchos de los recuerdos que vivimos durante el poco tiempo que nos tomó conocernos y enamorarnos.
Recuerdo la primera vez que volví a verte después de nuestra batalla.
Fue una noche donde los cerezos dejaron caer sus flores al piso, decorando el camino que recorrías devuelta a tu hogar junto a un pequeño idéntico a ti. Me dio tanta curiosidad saber a donde iban, quizás fue un impulso o quizás fue un deseo egoísta o quizás fue una mínima pizca de obsesión por ti.
Lo que sea que haya sido, me movió a seguirlos durante todo su recorrido.
- ¿Estas seguro que te encuentras bien? Hermano, me preocupas mucho.
Esa voz, tan tímida y con gran preocupación te preguntaba sobre algo que no entendía, ignoraba, o prefería no creer.
- ¡Lo estoy, Senjuro! Creo que lo mejor sería darme un tiempo de cazar, mis heridas aun no están del todo sanas y así podré pasar tiempo contigo. Además, padre me dijo que prefiere tener un "ojo puesto sobre mi", no confía en que no entrenaré hasta dentro de unas semanas que me sienta mejor.
- Su comportamiento me preocupa, incluso esta desayunando con nosotros y limpio su habitación. ¿Crees que este enfermo o por estirar la pata pronto?
- Deberías no escuchar mucho esas frases extranjeras, y no es extraño, solo parece querer acercarse a nosotros de nuevo. ¡Es un buen avance para él salir de aquella situación tan triste!
No comprendí mucho, parecían hablar de otra persona que la verdad no me interesaba, después de todo, mis ojos estaban puestos completamente en ti mientras los seguía de cerca.
No se en que momento pasó, desde que conocí la ubicación de tu hogar, empecé a visitarlo constantemente cada noche. Sin falta. Solo observando, solo haciéndote compañía mientras dormitabas o entrenabas hasta altas horas de la noche cuando tu recuperación se completo.
Luego volviste a cazar a los de mi especie y perdí tu rastro.
Durante meses no supe nada de ti, hasta que la reunión de lunas superiores me tomó desprevenido, porque debía ser algo inaudito, imposible.
Habían asesinado a uno de nosotros. Los más fuertes entre los demonios.
Fuiste tú.
Estaba más que seguro de eso cuando sentí la mirada cargada de ira de mi amo, qué me hizo dejar de respirar durante algunos minutos. Luego todo terminó y sabía que debía deshacerme de ti para estar en paz conmigo mismo. Para no caer en tentaciones extrañas que mi alma me obligaba a cometer.
Fui, te busque como un desquiciado, destruí a varios demonios y asesine a humanos hasta que di con tu paradero.
Estaba listo, totalmente preparado para asesinarte y apagar la llama de tu vida.
Pero no pude.
No cuando tu parecías estar esperándome, sentado sobre la cama mientras veías la ventana, mientras me mantenías la mirada con gran intriga y determinación. No podía hacerlo, no mientras inclinabas la cabeza, analizando la situación o afirmando algo que ignoraba saber por mi bien.
Y el tuyo también.
- ¿Vienes a asesinarme?
- Si.
- Entonces, responde a una de mis preguntas antes.
Me adentre en la habitación, no parecías intimidado o al menos tratabas de no mostrarlo, solo me mirabas.
- ¿Por qué te quedaste todas esas noches a mi lado en vez de asesinarme?
Fue desprevenido, un poco, pues algunas veces me di cuenta que no estabas realmente dormido. Solo que quise vivir en la ignorancia de que aquella pregunta nunca llegaría a mi. De que nunca habría una conversación civilizada entre ambos porque atacarias directamente a mi cuello en cuento me vieras.
Y la realidad era que no tenía una respuesta para ello.
Nunca la tuve, hasta hoy, que solo es un recuerdo.
No respondí, solo me dedique a observarte. Estabas herido, parecías haber despertado recientemente, tus rostro pálido y las agujas clavadas en tus brazos me lo confirmaban. ¿Cuánto tiempo estuviste así y yo no pude cuidarte?
Sonreí un poco.
Era irónico, el hecho de preocuparme por ti en gran medida cuando fui el principal causante de, quizás, dejarte en peor estado o muerto en nuestro enfrentamiento. No entendía porque me preocupaba y te empecé a cuidar desde las sombras, el porqué te seguía y me aseguraba qué estuvieras bien.
¿Por qué siempre salías lastimado en tus batallas? ¿Por qué siempre estabas lleno de heridas? ¿Por qué eras tan distraído en tus misiones cuando estaba cerca? ¿Por qué siempre parecías buscarme?
No lo entiendo.
Tu cálido tacto, aun lo puedo sentir como brasas sobre mi piel, la suavidad y delicadeza con la que se mueve sobre mi sabiendo que soy un demonio, qué en cualquier momento podría simplemente asesinarte, que en cualquier momento pude traicionar la confianza que me diste ciegamente. ¿Cómo puedes tratarme como algo tan frágil sabiendo lo que soy, lo que he hecho? ¿Cómo, Kyojuro?
- Oh.
- ¿Oh?
Tus manos se detienen en mis hombros, das pequeñas toques con las yemas de tus dedos, pareces haber encontrado algo interesante, me pregunto qué. ¿Qué cosa tan insignificante puede parecerte lo más maravilloso del mundo?
- ¿Qué sucede?
- Tienes cicatrices.
Tu afirmación me tensa, eso es imposible.
Soy un demonio, regenero cada parte de mi cuerpo a voluntad. Soy casi indestructible en todos los ámbitos qué puedas imaginar.
Tus caricias siguen, esta vez con más seguridad, queriendo calmarme.
- ¿Cicatrices? - cuestionó en caso de haber oído mal.
- Si, cicatrices - tu seguridad, ahora, me causa curiosidad.
Cicatrices.
¿Por qué siquiera tendría cicatrices en mi cuerpo? ¿Acaso es eso posible y nunca me tome el tiempo de averiguarlo?
- ¡Ah!
Tu pequeño grito me hace verte, preocupado por ti. Tus ojos parecen brillar en medio de esta oscuridad, miras con interés algo más en mi cuerpo y tus manos no se queda quietas cuando bajan hasta mi abdomen.
- ¿Qué haces?
¿Acaso me tembló la voz?
- Aquí hay más.
- ¿Más? Eso no...
Tomas mi mano izquierda, la que reposaba en uno de tus muslos, llevándola hacia mi propio abdomen. Es verdad.
Puedo sentirla, es casi imperceptible, solo notable con el tacto. Meticuloso y con bastante intriga, recorro con mi propia mano mi cuerpo, encontrando más.
Son pequeñas, algunas solo se sienten si hago un poco de presión, como si todas mis heridas o cortes aun estuvieran ahí, debajo de mi piel.
- Que interesante.
- Son maravillosas.
- ¿Maravillosas?
- Si. En realidad, pensé que no quedaba alguna evidencia de los cortes qué recibía un demonio, pero me acabas de confirmar que si es posible.
Tu mirada llega a mis ojos, los cuales nunca pueden dejar de mirarte. Se conectan y tengo el enorme deseo de hacerte aquella propuesta. El impulso de confesar aquello que tanto anhelo. De hacerte saber lo que espero, quiero, con desesperación dentro de mi corazón.
Porque la respuesta a tu pregunta siempre la tuve, pero el miedo palpable del gran rechazo y la ira recorriendo mis venas ante eso me impedían expresarlo. Porque no quería hacerte daño y mucho menos alejarme de tu lado por un simple rechazo a sentimientos que ni yo mismo comprendía.
Que sigo sin comprender.
- Kyojuro...
- No.
Cierro mi boca, mirando atentamente cada parte de ti, desde tu desarreglado cabello hasta tus manos apretadas sobre la tela del futon. Tensión, todo tu cuerpo lo expresa en cada poro, como si la simple mención de tu nombre fuera suficiente para terminar con el agradable ambiente que hemos llevado.
- ¿Por qué me respondes de manera negativa si aun no he dicho más que tu nombre?
- Porque sé lo que dirás.
- Te veo muy seguro de ello.
La burla en mi voz parece molestarte.
- ¿Qué es lo que tú crees, con tanta seguridad, que iba a preguntar?
Frunces tus cejas, ahora pareces un gato enojado. Suelto una leve risa, la imagen es un poco divertida.
- Qué te parece si lo decimos al mismo tiempo, así, veremos quien tiene razón.
- Me parece bien.
- Uno, dos...
Tres.
- Quieres que me vuelva un demonio.
- Quiero que me ames hasta los últimos días de tu vida.
- ¿Qué?
- Sorpresa.
Me miras sin entender, pareces buscar algún rastro de burla en mi rostro cada que digo algo fuera de lugar solo para molestarte y pareces algo decepcionado al no hacerlo. ¿Acaso fui demasiado lejos? ¿Quizás muy directo? ¿Debí darte flores o llevarte a un lindo lugar como esas parejas que he visto en los pueblos?
Esto, inesperadamente, me hace decaer del buen ambiente en el que estábamos. Finalmente, me doy cuenta que arruine las cosas por mis impulsos y mi falta de razón cuando me encuentro a tu lado. Siempre fallo cuando estoy a tu lado, porque todo de ti me confunde y me fascina al mismo tiempo, me tiene en un agarra y suelta de mis sentimientos.
- Amanecerá pronto. Nos vemos, Kyojuro.
Me levanto de mi lugar con el fin de dejarte en paz durante esa noche, me atrevo un poco, y dejo un fugaz beso en tu frente antes de darme vuelta hacía la ventana. Me paro en el filo de madera, listo para saltar y desaparecer por esa noche. Para desaparecer como todas las demás noches que faltaban por vivir.
- Akaza, espera.
Giro levemente mi rostro, te pones de pie con dificultad, eso me angustia. Tienes herido uno de tus tobillos por el esfuerzo de la última misión, ¿acaso no piensas más en tu integridad? ¿Por qué tienes que preocuparme de esa forma cuando ya no quiero tener esos sentimientos angustiantes dentro de mi?
- Lo que sea que vayas a decirme, podrá esperar a otro día.
No te dejo hablar, regreso en mis pasos, empujando tu cuerpo aun herido a la cama y te envuelvo con la tela del futon. Te quejas un poco, pidiendo que me detenga solo un momento. Que realmente necesitas darme una respuesta en ese momento. Prefiero no escuchar, prefiero salvarte de cualquier locura que pueda cometer.
- Adiós, Kyojuro.
Desaparezco entonces de la habitación.
Quizás ese fue mi error.
Quizás me había confiado demasiado en que siempre estarías a mi lado, al igual que yo siempre estaría a lado tuyo. Era ingenuo, inmaduro e imprudente. Un demonio qué descuido sus responsabilidades por algo tan efímero, por un sentimiento que destrozaría a ambas partes. Que traería consecuencias.
Pensar en aquellas noches que no pude ir a verte, que no pude saber como te encontrabas, era tan desesperante. La noche no era suficiente, necesitaba del día para poder completar mis misiones, sentía a mi amo martillar en mi cabeza con insistencia para no desobedecer sus ordenes.
Lo intente, realmente intente deshacerme de su control. No sabes cuanta fuerza de voluntad y desafío sentía en las venas, quería irme. Quería dejarlo todo por ti.
Eso lo molesto.
Terminé prácticamente muerto después de mi castigo, pero no me dejo irme, me mantuvo con vida para seguir siendo de utilidad. Aun había algo en mi, que solo él sabía, le era útil de mi insignificante existencia.
La soledad me golpeó, tan fuerte, tan dolorosa.
Sentía el corazón destrozado, pero estaba bien, latía y percibía como la sangre recorría mi cuerpo gracias a el. ¿Por qué dolía entonces? ¿Por qué se oprimia mi pecho cuando pensaba en ti? ¿Por qué las lágrimas resbalaban sin poder detenerlas? No lo entendía.
Recuerdo entonces, aquella ocasión donde volví a verte y me sentí a salvo, sentí que alguien me rescatada de una horrible tormenta que me había hecho naufragar.
Me hiciste sentir en casa, me hiciste sentir que todo mi esfuerzo y distancia había valido la pena, porque te encontrabas bien. Sonreías, incluso te atreviste a preguntar por mi ausencia, lo cual no podía decirte.
Aun quería seguir viendo tu sonrisa.
No quería hacerte preocupar.
Los sentimientos que florecian en mi, calentaban mi corazón, purifica an mi alma y me hacían sentir tantas cosa sla mismo tiempo. Podía sentir, en poca pero fuerte medida, lo que tu también sentías.
Porque tu me hacías sentir...
- Humano.
Alzas tu mirada, cargada de sentimientos, unos tan profundos y puros, qué me abruman. No me mires así. No me hagas ceder a mi debilidad. No me hagas hacer una locura, podría perderte y eso no me agrada.
- ¿Cómo dices?
- Nada, no es nada.
Me separó de tu cuerpo, estirando mis piernas en el suelo y tomando asiento en este mismo. Apoyo mi cabeza en el filo del colchón, mirando hacía la ventana. Ambos nos encontramos en tu habitación, hace un tiempo que había entrado para ponernos al día por la ausencia.
Escucho movimientos en la cama, mis ojos captan de reojo como te acomodas dentro de las sábanas y te pones de lado, mirando en mi misma dirección.
El silencio nos envuelve, es relajante.
No necesitamos más que aquel ambiente lleno de calma y cariño que nos rodea.
Aunque, hubo una ocasión, una pequeña donde aquel ambiente de amor y dulzura que nos rodeaba, se calentó.
Empezó con nuestras narices rozando una con la otra, ambos de manera inconsciente buscábamos percibir y grabar en nuestra piel el aroma contrario. Luego, nuestras manos se entrelazaron, el frío contra el calor, una sensación tibia nos rodeo; una pequeña risa se escapó de tu boca, chocando contra la mía, que solamente sonrió.
Un rápido, pero cariñoso roce, fue lo que sello la que sería la mágica noche de la que solo nosotros seríamos testigos.
Mi apuesto chico de fuego.
Mi querido y distraído Kyojuro.
No fue mi culpa lo que paso después de que me diste besos en el cuello. No fue mi culpa lo que paso después de que te subieras en mi regazo. No fue mi culpa lo que paso después de que me deje llevar por la maravillosa mirada que em estabas dedicando.
¿Realmente pensaste que me quedaría quieto cuando, en tus ojos bañados en oro, podía apreciar lo que tanto deseabas hacer conmigo? Que ingenuo, qué inocente, que puro.
- Akaza...
- No te haré daño, Kyojuro. Lo prometo.
Fue una noche pasional, tan llena de sentimientos y sensaciones qué nunca había experimentado a lo largo de aquellos años, fue especial.
Tan especial, que se quedó grabada en mi piel, en mi mente, en mi alma. Qué me dejó en una especie de extasis incontrolable qué no podía evitar recordar cada día, cada noche, cada hora.
Incluso ahora, donde todo parece perdido para mí, aquel recuerdo de tu rostro lloroso y lleno de amor me tientan. Me hacen sentir mariposas, presiones, en todo el cuerpo. Me hacen sentir ganas de llorar, porque ahora solo es eso, un recuerdo.
Fuego, espuma y todo el mar
El frío, el sol, la tempestad de tu mirar,
Tu voz, tu amanecer, tu despertar, tu eterna sensibilidad, tu rara oración.
Alguna vez escuche, que dentro de nosotros, existe algo más profundo y extraño que nos mueve por el mundo. Que nos hace caminar con gracia, con torpeza o con firmeza. Que nos ata a seguir un camino hasta que encontramos el nuestro, al cual nos aferramos para tener un motivo por el cual vivir.
Mi camino eras y siempre serás tú.
No quiero decir adiós, nunca querré, no cuando se trata de ti. De tu presencia, de tu amor, de tu mirada, de tus besos, de tus risas. Eres tú, siempre haz sido tú.
- ¿Cuánto me quieres?
Esa pregunta había salido de tus labios, tan frágil, pequeña, tímida. Incluso escondías tu rostro entre las sábanas, sin la confianza para verme a los ojos cuando preguntaste.
- Te quiero siempre, mi amor.
Mi respuesta hizo que rieras, no era burla, no era gracia. Eran nervios, era una risa tan pequeña, tan diferente a las de siempre, aquel suave y hermoso sonido siempre está presente en mi memoria, siempre está presente en los días que siento frío, siempre está presente cuando pienso en lo mucho que te quiero.
Y duele. Duele tanto vivir sin tu gran presencia, duele siempre sin ti.
Necesito tu olor, que me calma y me pefuma con insistencia. Necesito tu calor, para poder sentir algo en mi piel además de la nada misma que perciben mis sentidos.
Miro el cielo, la noche me consume más rápido de lo que querría. ¿Qué hacer cuando una guerra se ha terminado, pero te encuentras sin alguna motivación que te mueva del lugar al que te aferras en busca de calmar los miedos y lágrimas que nunca faltan a la hora de las recaídas?
Ayer, era como si hubiese sido ayer.
Sin embargo, han pasado años, incontables años en los que me encuentro abandonado aquí, olvidado en la misma casa en la que ambos pasamos nuestros momentos más felices durante lo que te quedaba de vida.
Dejado atrás, porque nadie nunca supo, ni sabrá, del enorme amor que nos tuvimos durante aquellos cinco años cuando ambos desaparecimos, dejando todo atrás, sin voltear la mirada, solo caminando hacia al frente.
- Dame tus sueños - pronuncie con suavidad, en aquella noche estrellada que te lleve al que había sido mi refugio durante décadas, que ahora se encontraba decorado y limpio, solo para ti - Aferrate a mí, anda, dame tus manos.
Me miras curioso, más no inquieto.
- ¿Confías en mí?
Te tiendo mi mano, esperando paciente, sin obligarte a algo que no quieras. Me sonríes en grande.
- Por supuesto que sí.
Entrelazas nuestros dedos, ambos nos aferramos al lugar, me encontraba tan ansioso de que no fuera de tu gusto. Que algo te incomodara, que te molestara, pero no hubo nada. Solo preguntas curiosas, risas mal disimuladas, pequeños besos robados y un descanso con ambos abrazados sobre el suelo.
Me pareció tan raro, tan extraño, tan curioso aquel comportamiento de tu parte. Ahora, cuando miro a mi alrededor, cuando camino por fuera de aquel lugar, cuando riego las flores que tu trajiste, cuando miro tu capa, puedo entenderlo.
Puedo entenderte, puedo saber a que te referías, pero aun así...
- Lo extraño es...
La brisa sacude mi cabello, el viento se lleva tu presencia de mi lado. Se lleva lo poco que queda de ti en nuestro hogar. Me hace querer llorar.
Aun sigo oyendo tu voz,
Sigue impregnado tu olor,
Aun sigo viendo tu luz
Que me atrae lentamente...
- Te extraño, te extraño tanto mi hermoso sol. Mi dulce chico de fuego.
Aun te miro entre mis versos
Disfrazado entre palabras pienso...
- Que bello eres, mi sol.
Acarició con dulzura tu piel, inclinas la cabeza, como un pequeño gatito buscando cariño; mi pulgar hace pequeños círculos en ella, la siento tibia y tu suave sonrisa forma líneas en la piel qué son fáciles de percibir. Me fascinan.
Cada pequeño aspecto y detalle, tan minúsculo e insignificante para cualquier otro, a mi me fascina. Porque se trata de ti, y todo lo que seas tú siempre será mi objeto de admiración, mi objeto de amor.
- Akaza.
- Dime, bonito.
Te aferras un poco más a mi.
Y mi mano empieza a temblar.
Tus brillantes y cálidos ojos me admiran, ni siquiera necesito de palabras para saber que es lo que quieres decirme, lo sé. Ya lo sé.
- No.
- Akaza, por favor.
- Me niego, no lo haré.
Enderezas tu postura, acomodando tu cuerpo sobre mi regazo, tus brazos se aferran a mi espalda. Suspiro con pesadez, odio este tema. ¿Por qué siempre querías sacarlo a flote? ¿Acaso no lo entendías? ¿La edad finalmente esta afectando tu mente?
Tu sonrisa sigue igual, aunque ahora las líneas de expresión están más marcadas; tu cabello sigue teniendo la misma forma, pero ha perdido su brillo; tus ojos son del mismo color, siguen trasmitiendo la determinación de hace años cuando peleamos, pero se están volviendo opacos.
Y yo sigo igual. No hay cambio en mi, estoy congelado.
- Akaza, por favor, debes hacerlo.
Arrugó las cejas, mirando hacía la pared, sin atreverme a mezclar nuestras miradas. Porque se que me convencerás, se que cedere ante ti, porque tú eres mi vida, mi luz, mi debilidad.
- Hazlo por mi, por favor - escondes tu rostro en mi cuello, te aferras a mi.
- Kyojuro, te prometí no alejarme de ti, en especial ahora - te abrazo de vuelta, esperando que lo comprendas.
- Por favor, solo es ir y venir, no me pasará nada mientras regresas - afirmas, tu voz segura y tranquila suena como una despedida.
- No. No me iré de aquí. No me importa si me odias, yo no me iré. Me quedaré contigo.
Sueltas un suspiro, el aire choca contra mi piel, me da un escalofrío involuntario. Me mantengo en mi posición, no quiero irme, no quiero dejarte solo, mucho menos ahora.
Maldigo a mis adentros a esa estúpida marca, maldigo al que fue mi amo y maldigo el hecho de habernos encontrado en este mundo, uno donde al parecer, no podemos estar juntos. Uno donde siempre me quedo solo.
Empiezas a tararear, tan bajito y suave, como una dulce melodía para dormir. Me balanceo contigo en mis brazos, ambos pensamos si es adecuado seguir así como estamos, si seguir fingiendo que todo está bien, que no te vas a ir pronto de mi lado.
Que no nos queda tiempo.
- Akaza - murmuras contra mi cuello, tus labios se mueven, los siento más fríos d lo normal.
- Dime, bonito - respondo en tu oído, acariciando tu cabello con dulzura.
- Debes hacerlo, déjame ir.
- No puedo.
- Estarás bien, lo sé. Debes dejarme ir, por favor, cumple mi último deseo.
Aprieto tu cuerpo contra el mío, tengo ganas de llorar. Ya no quiero llorar.
- Solo es ir y volver, puedo hacerlo.
- Siempre has podido, anda, yo estaré aquí esperando por ti.
Me es difícil separarme de tu cuerpo, pero lo hago, te acarició las mejillas con cariño y tristeza, estas un poco más delgado de lo normal, pero tu espíritu sigue ardiendo como la primera vez que te vi. Quizás arde mucho más que aquella vez.
- Volveré rápido, no salgas y descansa.
- Lo haré. Nos vemos pronto, Akaza.
Me dolió.
Dolió tanto salir por esa puerta, mientras yo me iba y tu te quedabas. Mientras nuestro pequeño hogar se volvía cada vez más frío, más solitario, más melancólico.
Los recuerdos invaden mi mente con dolor, quizás ese fue el mayor error de mi triste existencia, dejarte a ti en esa casa solitaria, sin supervision y sin nadie que te ayudará.
Cuando volví, te encontré acostado, hubiera estado aliviado si no fuera por el olor a sangre tan fuerte que ahí había. Solte el costal lleno de batatas, todas rodaron por el suelo y alguna fueron aplastadas cuando corrí hacia ti.
Te sujete el rostro, había rastros de sangre qué bajaban desde tu boca hasta la cama, toda la tela estaba cubierta de aquel líquido rojo que ahora me causaba pánico y repulsión.
- ¡Kyojuro! ¡Kyojuro! ¡Despierta!
Me abrace a tu cuerpo, esperando sentir aunque sea una pizca de calor de tu parte, esperando que el frío en mi cuerpo no fuera más que la sensación de haber recorrido medio Japón solo por cumplir tu petición, la que hace semanas que me pides.
Una presión en mi mano me alerta, tus ojos están entre cerrados mientras me miran, sostienes mi mano con fuerza, con las últimas que te quedan. Siento mis ojos arder, por favor no.
Me sonríes suavemente, apoyando tu cabeza contra mi pecho, espero con paciencia a que me hables, a que te rías, a que me des un último beso, espero algo. Y siento mi corazón romperse en miles de pedazos cuando finalmente me hablas, tu voz rasposa y apagada al pronunciar aquello que termina por destruirme.
- Fuiste una maravillosa experiencia.
- Tú... - mi voz se cortó, trague con fuerza - Lo fuiste todo, Kyojuro.
Y lentamente, tu mano dejo de hacer fuerza sobre la mía. Dejando este mundo para siempre. Tus ojos se cerraron, tus brillantes soles se apagaron y tu sonrisa cayó un poco, pero se mantuvo plasmada en tu rostro.
En lo profundo de mi, una parte, pequeña e insignificante como yo, de mi latente corazón se partió para nunca más ser reparada.
Lo único que pude hacer fue gritar con dolor, aferrándome a tu cuerpo con fuerza, intentando por todos los métodos posibles que volvieras conmigo, que te quedaras un poco más. Que me amaras un poco más, solo un poco.
Ahora sigo en la soledad de aquella casa que fue nuestro hogar, sigo aquí con mis sentimientos intactos. Mientras admiro con tristeza la capa que cuelga de la pared, siento las mejillas mojadas, suelto un suspiro, eso es más que común para mi en estas circunstancias.
Finalmente me decido, después de tanto tiempo, que si no me voy de aquí, me volveré loco. El sol sigue alumbrando tu capa, y quizás fue un impulso, quizás me rendí, quizás solo quería volver a verte. Quizás estaba cansado.
Terminé abriendo la puerta corrediza por completo y mientras el sol me quemaba vivo, recordé. Recordé cada pequeña parte de ti, cada gesto, cada palabra, cada acción. Te recordé a ti y pedí desde lo más profundo de mi corazón, volver a encontrarte. Pedí, rogué, supliqué...
Aun sigo oyendo tu voz.
Aun te veo sonriendo en mi dirección.
Aun te veo, aun te siento, aun te escucho.
Te extraño, luz de mi oscuridad.
Vuelve a mi, por favor.
Te necesito conmigo.
Aun sigo oyendo tu voz.
Aun sigo buscándote en la oscuridad.
Aun sigue impregnado tu olor.
Aun sigo viendo tu luz, que me atrae lentamente a ti.
Que me guía en medio de la oscuridad a volverme a encontrar contigo.
En otra vida, en otra circunstancia.
En otra realidad, tu voz la seguiré oyendo.
Y tu olor será lo primero que identifique, lo que me lleve a ti.
Aun te sigo oyendo en mis sueños.
Te extraño.
Perdóname, por favor.
Te amo.
Te amo y amaré hasta el último respiro de vida que posea dentro de mi.
Kyojuro, te amo.
Lo fuiste todo, mi amor.
Mi sol.
Perdóname.
Te amo.
Y espero que tu también oigas mi voz pronto.
Espero que puedas identificar mi olor cuando me busques.
Que en tus momentos más oscuros, me veas como la luz que te guiará.
Que sea una manera de atraerte a mi nuevamente.
Que sea una manera de tenerte a mi lado, una vez más.
Solo oye mi voz, mi amor.
.
.
.
.
.
FIN