1. "Todo un desastre"
Caminaba tranquilamente por el Campo de' fiori la plaza más conocida de Roma, sus calles estaban repletas de vendedores de frutas, verduras y flores, las personas caminaban de un lado a otro, pero por alguna razón que no entendía eso lo tranquilizaba, ¿Se suponía que su luna de miel tendría que ser así? Él disfrutando de las hermosas vistas de la plaza y su esposa seguramente trabajando, suspiró y se detuvo cerca de una de las fuentes al centro de la plaza, veía como el día pasaba y por más que quería no podía disfrutar al cien por ciento de la experiencia, sabía perfectamente que casarse había sido una de las peores decisiones que pudo haber tomado, claro quería a Riko, pero no de esa manera, pero debido a la presión ejercida por sus padres tuvo que seder y casarse, por estar perdido en sus pensamientos no vio a la persona que se acercaba por el lado derecho así que giró y los dos chocaron dejando un desastre ya que ambos llevaban bebidas en sus manos las cuales quedaron desparramadas en el suelo y en la ropa de ambos.
— Sei stupido? ¡Guarda dove stai andando! (¿Eres tonto acaso? ¡Fijate por donde vas! — exclamó el peliblanco.
— Lo lamento, no fue mi intención — habló nervioso ya que no logró entender lo que el chico decía, pero por el tono que uso sabía que estaba molesto.
Suspiró antes de continuar — Ah, sei un turista (Ah, eres turista) — murmuró — Ok, acompañame — indicó y pezo a caminar en dirección a una de las calles que conectaba con la plaza, pero solo dio unos pasos porque notó que no lo seguía, al voltear levantó una ceja a modo de pregunta.
Él lo vio directo a esos ojos tan azules como el mismo cielo y tuvo que obligarse a desviar la mirada — No se a donde vamos y eres un desconocido — aclaró con firmeza.
El peliblanco regreso y se detuvo frente a él — Soy Satoru Gojo y trabajo aquí cerca, solo quería llevarte para que te limpiaras un poco, pero si no quieres esta bien, igual no es mi problema — se encogió de hombros y nuevamente camino en la dirección que llevaba.
Suspiró frustrado, no podía quedarse con la ropa manchada y caminar hasta su hotel así, sería algo vergonzoso — Espera! Voy contigo — exclamó y caminó tras el peliblanco.
Caminaron en silencio, el peliblanco caminaba de manera segura saludando de vez en cuando a las personas que encontraba, llevaba puesto unos jeans negros, una remera gris que se ajustaba perfectamente a su torso y completando su atuendo informal llevaba unos converse, él peliblanco se detuvo en uno de los negocios y ambos ingresaron al lugar, era un restaurante con un estilo bastante hogareño, la decoración se trataba básicamente de varios cuadros en las paredes, todas las mesas había el mismo diseño de manteles, con cuadros pequeños blancos y rojos, el lugar se veía bastante concurrido, y el chico de cabello blanco iba saludando a todos de manera amable, caminaron hasta la barra qué se encontraba al fondo, una chica de cabello negro y con una peculiar cicatriz en el rostro se acercó.
— Satoru, dovresti prepararti per la tua esibizione di stasera, cosa ci fai qui? (Satoru deberías estar preparandote para la función de ésta noche, ¿Qué haces aquí?) — inquirió y llevó su vista hasta él, haciéndolo sentir incomodo con su escrutinio.
— Utahime, non arrabbiarti ho appena avuto un piccolo incidente, possiamo andare negli spogliatoi? (Utahime, no te enojes solo tuve un pequeño accidente, ¿Podemos pasar a los vestidores?) — inquirió y la chica resopló y asintió en respuesta.
Él albino tomó su mano y lo llevó hasta un área en la cual había varios casilleros, se acercó a uno y abrió el candado, de ahí sacó una remera negra y se la entrego.
— Ten, creo que te quedará bien y va con tu estilo — sonrió y se la entregó.
— Gracias, eh, ¿Podrías voltearte? — inquirió nervioso — Por favor — y vio al albino sonreir y se volteó.
Rápidamente se quito su el suéter cuello alto que llevaba y se colocó la prenda que le dio el albino, le quedaba un poco grande, pero no demasiado — Listo, muchas gracias — menciono serio.
— Por nada, pero la tienes que devolver — dijo señalando la remera — Es mi favorita — aclaró y sonrió.
— Esta bien yo te la devolveré — aseguró sin hacer contacto visual.
— !Oye! ¿Quieres almorzar conmigo? — inquirió — No me gusta comer solo — confesó con un leve sonrojo.
Pensó por unos segundos, la verdad aun no quería regresar al hotel, así que decidió aceptar la invitación — Esta bien, vamos — respondió.
— Ok, te llevaré a uno de mis lugares favoritos — informó feliz — Me encanta la comida de acá, pero Utahime es... Especial — dijo con una sonrisa.
Salieron del lugar después de despedirse de algunas personas del lugar, nuevamente la mirada de la pelinegra lo incomodó un poco, pero decidió no darle importancia; llegaron a un restaurante muy lindo, optaron por sentarse en las mesas que se encontraban fuera, una de las meseras se acercó y saludó al albino con un beso en la mejilla.
— Satoru, è bello vederti qui, chi è il bel ragazzo che è con te? (Satoru que bueno verte por aquí, ¿Quien es el guapo que te acompaña?) — inquirió cuando lo vio.
— È bellissimo, vero? (Es hermoso, ¿verdad?) — sonrió — Puoi portarmi il solito, per favore (Me puedes traer lo de siempre, por favor) — pidió con una sonrisa — Tu, ¿Que quieres comer? — inquirió.
— Lo mismo que tu — respondió.
El albino pidió los dos platillos y tomó asiento frente a él.
— Entonces, me dirás cual es tu nombre — dijo con una sonrisa.
— Oh, Suguru, mi nombre es Suguru — dijo tratando de no hacer contacto visual ya que se sentía bastante nervioso.
— Que lindo nombre — halagó y la mesera los interrumpió cuando llevó los dos platillos de spaghetti a la carbonara.
La mesera dejó los platillos frente a ellos, la pasta se veía deliciosa, tenía trozos de tocino y queso, pero a pesar de que la comida era deliciosa, se sentía incomodo ya que de vez en cuando llevaba su vista hacía Satoru, su forma tan tranquila de hablar era increíble, también la manera tan natural en la que saludaba a las personas, pero no era nada tonto, en varias ocasiones notó como lo veía de manera seductora, lo sabía perfectamente ya que en varias ocasiones las chicas de la universidad lo veían de esa manera, pero por más que quisiera no podía seder.
— ¿De donde eres? — inquirió el peliblanco.
— de Japón — respondió con rapidez.
— ¡Oh que bien, es un lindo lugar — mencionó.
— Y tu, ¿Eres italiano? — inquirió ya que le era extraño que hablara su idioma con naturalidad.
— Sí, cien por ciento italiano — respondió sonriente — Pero debido a varía presentaciones he salido con frecuencia del país, así que pude aprender muchas cosas — aclaró.
— ¿Presentaciones? — inquirió curioso.
— Sí, soy actor de obras de teatro — murmuró.
— Es increíble — murmuró.
— Gracias, pero no es la gran cosa — suspiró.
Luego de eso siguieron hablando de cosas triviales, el albino le recomendó lugares para visitar, no tocaron más el tema del teatro, pero él se quedó con dudas, pero tampoco quería hacerlo sentir mal así que decidió seguirle la corriente, salieron del restaurante y caminaron de regreso a la plaza, era increíble su manera tan segura al andar era como si el mundo fuera suyo, pero a pesar de eso no dejaba su manera amigable de saludar a todo aquel que se acercaba, era tan distinto a él. Llegaron a la plaza y se detuvieron en frente de la misma fuente en la cual hace unas horas se conocieron.
— Espero hayas disfrutado la comida y gracias por aceptar acompañarme — mencionó.
— La comida estuvo deliciosa, gracias a ti por todo — dijo señalando la remera.
— Por cierto, recuerda que la tienes que devolver — señaló.
— Claro, lo recordaré — aclaró.
— Esta bien, igual ya sabes donde trabajo, espero disfrutes tu estadía acá, nos vemos — se despidió y caminó adentrandose en las ventas que se encontraban en el lugar.
Suspiró y empezó a caminar de regreso al hotel, frotó su rostro con frustración, el peliblanco dejó una invitación abierta para volver a verse, pero el miedo lo invadió, sabía que si lo veía nuevamente no podría contenerse.