Prólogo
Existen emociones y pensamientos capaces de detener el tiempo, encerrarte en tu propia mente, apartándote de todo lo que conoces y dejándote en el olvido…
— Sabes Akane, hoy no pude traer alguna de las flores que te gustan, tienes unos gustos peculiares y en las tiendas dijeron que no es temporada de ninguna de ellas — Anunció un albino entrando a la habitación del hospital — Shoko dijo que vendría pronto, quizás uno de estos días o la siguiente semana — Siguió mencionando tratando de sonar alegre — y Nanami, él aun no se siente bien, espero que no te moleste, él aun está afectado por lo que pasó… — Dijo sentándose cerca a la camilla.
Gojo se vio obligado a procesar lo sucedido en los últimos días, después de todo, él era el mas fuerte y tenía que mantenerse como tal. Había perdido a su mejor amigo, o a la persona que conocía como tal, y a pesar de tener la orden de acabar con Geto Suguru, le fue imposible.
— Supongo que así es la vida de un hechicero — dijo tras un suspiro — Sabes Akane, no pude acabar con Suguru… realmente no pude hacerlo — unas pequeñas lágrimas corrieron por su rostro, y aunque traía puesto sus gafas oscuras, están podían notarse — Akane, si pudieras verme ahora… estoy seguro que me darías un golpe y te reirías como siempre lo haces… Creo que es mejor que me vaya, debes estar cansada de escuchar los lloriqueos de alguien como yo.
Gojo Satoru había perdido a sus amigos y compañeros; la muerte de su compañero de segundo año, Haibara Yu; la rebelión de su mejor amigo, Geto Suguru; y por último, el estado de coma de su amiga, también de segundo año, Sakurai Akane, afectada por su propia maldición, la cual se alimentaba de sus pensamientos y sentimientos negativos, ella fue encontrada en lo que quedaba del pueblo que destruyó Geto, al parecer este la habría atacado, por lo cual su maldición la terminó absorbiéndola.
— Akane, discúlpame, yo no sabia como entender todo esto; es la primera vez que vengo, no había reunido el valor suficiente para estar aquí… no quería verte así… — Un rubio mencionaba, teniendo dificultad para respirar, con una voz temblorosa — Ya estamos cerca de navidad, ha empezado a nevar y cada vez hace más frío, eres sensible al frío, por eso te traje esto — su voz seguía quebrada y temblorosa, pero aún así continuó hablando a aquella muchacha acostada en la camilla — Es tu favorita, no te preocupes la he limpiado bien y le puse tu perfume favorito.
El alumno de segundo año, Nanami Kento sacó de una bolsa algo grande, una cobija, la cual era la favorita de su compañera y novia; aunque él fuese alguien frío y poco expresivo, había creado sentimientos hacia su compañera, y pese a no entender aquellos sentimientos se mantuvo a su lado solo como su amigo, al menos hasta que la muchacha le robó un beso y sin poder resistirse más, él correspondió, haciendo que ambos admitieran los sentimientos que tenían hacia el otro.
— La próxima vez te traeré algo más, prometo venir a verte más seguido, lo prometo… — dijo tomando la mano de su novia, la cual estaba fría; se acercó al rostro de la joven, y aunque su intención era besarla, el dolor de verla en esa situación lo golpeó, por lo que solo rozó su nariz con la de ella — Gojo me está esperando, tengo que irme — mencionó para tomar su bolso y salir de la habitación; caminando apresurado en dirección a la puerta del hospital, donde se encontraba Gojo esperándolo-
— Creí que demorarías más, después de todo no la haz visto en casi 2 meses — mencionó el albino recostado en la pared.
— Eso no tiene nada que ver contigo, evita traerme a la fuerza, yo sabré cuando venir. — respondió el rubio mirando molesto al albino, este le había obligado a ver a Akane, quien era su novia; no es que él no quisiera verla, solo que sentía que no podría verla en ese estado, donde lo único que quedaba de su amada era un cascaron vacío — es hora de volver. — finalizó saliendo del hospital en dirección a la escuela de hechicería.
— Tienes razón, ella no tiene nada que ver conmigo… — suspiró siguiendo por detrás al rubio; Gojo sabía que Nanami no iría a ver a Akane, no tomaba el valor para hacerlo, así que simplemente lo obligó a ir y se tomó el atrevimiento de entrar en la habitación de la muchacha, tomar su cobija favorita, lavarla y perfumarla; para al final tomar a Nanami del cuello de su camisa y aparecer frente a la puerta de la habitación de la muchacha gracias a sus habilidades. Satoru no quería que su amiga quede en el olvido, y una parte de él quería revertir lo que Suguru había hecho con ella.