Capítulo Único
- Por favor hazlo por esta vez, prometo que nunca te pedire nada mas en la vida - su amigo de cabellos blanquecinos le sujeta la mano mientras le pide aquel favor.
- ¡La última vez casi me secuestran! No volveré a hacerlo - le dice con una sonrisa, apartando su mano de la contraria para poder cruzarse de brazos - No creo que te reclamen por faltar un día.
- No lo entiendes, tengo que realizar una carrera importante a un político. ¡Un político Kyojuro! - exclamó con la voz quebrada por la resequedad - Es la última vez que te pido un favor, te prometo que no te pedire nada mas, esa única carrera y ya - junto sus manos entre ellas, poniendo ojos de cachorro.
- Te ayudaré, pero no vuelvas a poner esa cara - cerró sus ojos con una sonrisa más tranquila - Recuperate pronto - le dio una suave caricia en la cabeza alejándose de su habitación para bajar a la sala.
Las novias del muchacho se encontraban cocinando, Kyojuro se asomo para despedirse e informar que volveria en la noche para cumplir el favor de su amigo, las chicas le agradecieron y le brindaron un pedazo de pastel de fresa que habían comprado esa mañana. El rubio sonrió felizmente, despidiéndose y caminando a su hogar para prepararse para la noche.
El cielo nocturno se alzó frente a sus ojos, los cuales se encontraban algo oscuros debido a que ese día era su debut, se despeino un poco su cabello color rosa, ajustando el cinturón de su pierna para que se notará más resaltada, poniéndose el velo color turquesa decorado con pequeños diamantes sobre su nariz para ocultar la mitad de su rostro, dejando sólo a la vista sus ojos ámbar, que resaltaban gracias a la sombra de ojos color rojo sobre ellos.
Se miró en el espejo de cuerpo completo, sus caderas se acentuaban debido a su vestimenta, que era un traje de cuero negro con líneas fluorescentes azules, el cual cubría desde su pecho hasta sus caderas, tenía una cadena con diamantes azules que iba desde sus hombros y caía por encima de su pecho como un decorativo.
Akaza se preguntaba como iba a bailar y moverse de forma flexible si la vestimenta le apretaba, además de todas las joyas que estaban sobre él y el collar rojo que rodeaba su cuello. No le gustaba para nada, pero era su debut, así que suponía que debía mostrarse completamente hermoso y sensual para los clientes.
Soltó un suspiro cansado, se revolvió otra vez el cabello y estaba por salir del lugar cuando una chica más alta y con cabellos blanquecinos hizo aparición en el camerino.
- Akaza - le sonrió dulcemente, acercándose a él - Estas muy hermoso, no creí que realmente usarás todo esto - la chica acarició la cabeza del pelirosa, quitando la joyería de sus hombros y el collar de color rojo alrededor de su cuello - Así esta mejor.
- Gracias - dijo viéndose nuevamente en el espejo, ahora se sentía menos pesado pero el traje seguía ajustado - No se como voy a bailar con esto - se movió de lado en su sitio, notando como el traje parecía ajustarse más - Es muy incómodo - su ceño se frunció, quejándose con su amiga mientras ella le sonreía.
- No te preocupes, se aflojara, ten - le extendió una botella de crema para el cuerpo - Le ayudará a tu piel, así no se irrita y podrás moverte mejor cuando bailes - la chica volvió a acariciar su cabeza y estaba por retirarse.
- Gracias Daki - le sonrió un poco, sabía que tenía a alguien en ese lugar que lo cuidaba como su familia.
- Buena suerte, Hakuji - sonrió con cariño y se retiro, dejando al pelirosa en la habitación con una sonrisa nostálgica, hace tiempo no lo llamaban así.
Se coloco rápidamente la crema sobre su cuerpo debajo del traje, ahora se sentía más flexible, incluso su piel pálida parecía tener un pequeño brillo al colocarla, sonrió feliz de no sentirse incómodo. Su determinación subió nuevamente, al igual que su ego, sabía bien que había impresionado al dueño del lugar y por esa razón no necesito hacer el resto de pruebas para tener el trabajo.
- Es tu momento Akaza, tu puedes - se dio ánimos y salió por la puerta, caminando por el pasillo hasta llegar a la puerta que lo cambiaría todo.
En la casa del rubio, este salía directo a donde su amigo, llevaba una camisa negra con corbata roja y jeans, sabía que el uniforme de su amigo no le quedaría pero era lo más cercano que tenía para esa noche. Llegó al lugar, sonriendo al ver a Hinatsuru esperándolo con el auto afuera y con las indicaciones para ir por el cliente, deseándole suerte y que fuera con mucho cuidado.
La noche se mostraba interesante, para ambos jóvenes apenas comenzaba, trayendole un sin fin de emociones, recuerdos y sorpresas.
[...]
Sus piernas se sujetaba fuertemente al tubo de metal, dando vueltas mientras extendía sus brazos, dejando relucir su cuerpo que se marcaba gracias al traje, la gente a su alrededor le gritaba, silvaba y halagaba, sus movimientos eran delicados pero calurosos.
Los clientes lanzaban paquetes de billetes hacia él, todos esparcidos a su alrededor mientras el realizaba su acto, no era como el resto de bailarines y mucha gente había venido de lejos a ver la hermosa adquisición que tenía el antro.
"Demonios de la noche"
El nombre de aquel lugar lleno de lujuria y espectáculos tan grandiosos, que la gente realmente pagaba mucho dinero para solo obtener una entrada, siendo atendidos por jóvenes hermosas que se balanceaban de un lado a otro para complacerlos. Un paraíso para gente adinerada y pervertidos que querían una noche de diversión.
Y aunque el dueño era sumamente estricto con no tocar ni un solo cabello a sus empleados, podía permitir alguna excepción si aquel que lo pedía valía realmente la pena, no tenía a sus bailarines y meseros como mercancía para la gente asquerosa que llegaba a venir a su establecimiento. Sin embargo, el dinero y el poder podrían llegar a corromper a cualquiera, quizás lo estaba evitando por ahora, pero prontamente podría ceder ante esos horribles caprichos.
El espectáculo y debut de aquel chico había encendido algo prohibido en más de una persona en el lugar, sin duda tenía un atractivo impresionante, con sus curvas bien formadas y cabellos revueltos color rosa, ojos que podían atravesar tu alma con una sola mirada, su habilidad en el baile junto a su fuerza para mantenerse en el tubo sin caer, habían impresionado y emocionado a más de uno.
Querían tener una noche con ese chico.
Cuando todo finalmente terminó, se alejo de la gente que empezaba a gritarle que volviera, siendo ignorados completamente por el pelirosa, que llevaba una gran sonrisa en su rostro. Había vuelto locos a todos, sin duda ese había sido su logro más grande hasta ese momento.
Se retiro a su camerino, sentándose en el pequeño sofá mientras tomaba agua, sacudiendo su cabello y mirando su reflejo en el espejo. Había cambiado tanto que ni siquiera se reconocía, pero era mejor así. No quería afrontar aquello que lo llenaba de culpa e inquietud.
- ¡Eso fue increíble! - una voz suave se hizo presente, haciéndolo voltear y sonreír hacia la chica que ingresaba - Te luciste en demasía, Akaza.
- Gracias - pronunció algo avergonzado por el cumplido, desviando su mirada hacia la persona tras la chica - Hola Gyu.
- Muy impresionante, seguramente ya tendrás clientes para mañana - pronunció despreocupado el hermano de la chica, con su cabello sujeto en una media cola mientras lo miraba intensamente con sus ojos oscurecidos - Bien hecho - le sonrió levemente, retirándose nuevamente.
- ¿Enserio podría tener clientes para mañana? - dijo descolocado, mirando a la chica que soltó un suspiro pesado.
- Es lo más probable, seguramente mi hermano se encargue de escogerlos para que no tengas tanto trabajo - su ceño se frunció al pensar en toda la gente que querría poner sus sucias manos en el menor.
- Entiendo - soltó un suspiro y miró a la chica junto a él - ¿Tan malo es? - se atrevió a preguntar.
El ambiente pareció volverse tenso y frío, alarmando al pelirosa de algún peligro cuando vio la mirada furiosa de la chica peliblanca, que parecía querer controlar su molestia inminente sobre la gente que iba a ese lugar.
- No tienes idea - soltó en un gruñido, girandose para acomodar los cabellos del chico con delicadeza - Debes tener cuidado Akaza, ser un stripper podría traerte problemas y no siempre estaremos para cuidarte.
Se dejó hacer de la chica, sin responder a aquello, por supuesto que lo sabía.
Estaba muy seguro de que cualquier cosa podría ocurrirle ahora que él se encontraba en aquel lugar, lleno de gente mucho más cruel de lo que llegó a conocer en sus veinte años de vida.
[...]
- Ha sido un completo honor poder ayudarlo - se despidió con una sonrisa brillante de aquel político que tenía un inexpresivo rostro - Espero haya sido de su agrado el viaje y no olvide que siempre estamos para servirle.
El hombre de ojos azules le agradeció, mostrando una muy, pero casi escasa, sonrisa, para luego ingresar en el edificio donde tendría una reunión urgente con sus compañeros.
Al perderlo de vista, Kyojuro se encaminó nuevamente al hogar de su amigo para dejar el auto e irse a su casa a descansar, manejando con total tranquilidad mientras la música sonaba en la radio con total relajación. Giro en una transversal, notando a unos metros una edificación donde se veían luces de varios colores y parecían haber muchas personas entrando.
Eso le pareció curioso, baja con lentitud la velocidad para apreciar de mejor manera aquel lugar tan escandaloso y brillante. Sus ojos se abrieron con asombro cuando vio salir por una ventana a un chico de cabellos rosas, saltando enseguida hacia la parte delantera y cubriéndose con su capucha para que nadie lo reconozca. ¿Acaso huía?
Su instinto de la justicia se encendió, acelerando suavemente mientras seguía al chico, que no avanzó más allá de unas cuantas calles cuando se arrodilló para cubrirse el rostro, eso lo alarmó, estacionando el auto y bajandose para saber si se encontraba bien.
- Disculpa, ¿te encuentras bien? - se acercó con cuidado, recibiendo una mirada defensiva por parte de aquel muchacho - No voy a hacerte daño, solo quiero saber si te encuentras bien.
- Eso no importa - se enderezó, quedando unos pocos centímetros más bajo que el contrario.
Sus miradas chocaron con intensidad, ambos sin apartar la vista hasta que un pequeño mareo hizo tambalearse al pelirosa, siendo sujetado rápidamente por el rubio.
- Me importa porque no puedo dejarte aquí solo y que algo peor te suceda - a regañadientes lo llevo al auto, dejándolo sentado en el asiento de copiloto mientras el se subió al del conductor - Al menos descansa un poco - propuso al no recibir ninguna señal del otro chico.
El silencio reino durante unos momentos, donde el rubio miraba de reojo al chico a su lado, se encontraba vestido con unos shorts y una chamarra negar con capucha y llevaba una maleta. Lo único físico que había visto de él fueron sus ojos ambares y su cabello rosa, además de saber que era un poco más bajo que él.
- ¿Podrías llevarme a mi casa? - esa pregunta lo descolocó, volteando por completo a ver al chico junto a él.
- Claro, ¿dónde es? - un recuerdo fugaz de su última ayuda paso por su mente, pero decidió no hacerle caso a su mala experiencia.
- Cerca del parque central, en la calle donde hay una panadería - le explico, aun sin dirigirle la mirada.
- Es un camino largo, ¿acaso ibas a ir caminando? - le preguntó curioso, mientras el auto empezaba a andar con suavidad.
- Supongo que si - respondió, girando su rostro para ver al hombre junto a él - ¿Por qué te detuviste a ayudarme?
- Bueno, te vi ahí arrodillado y pensé que necesitabas ayuda - no le iba a decir que lo vio escapando sospechosamente de un lugar que claramente era un antro - ¿Tu que hacías ahí? ¿Realmente te encuentras bien? - volvió a preguntar.
Un suspiro cansado salió de los labios del chico, que se quito su capucha para dejarse ver, sorprendiendo al rubio por las facciones delicadas pero masculinas que poseía, apartando rápidamente su mirada cuando recordó que iba manejando.
- Trabajó cerca de ahí y digamos que todo iba bien hasta hace unos momentos - se encogió en su asiento, mirando por la ventana - Un cliente paso la seguridad y nuestro encuentro no fue nada bonito.
Kyojuro se tenso al escuchar eso, si estaba en lo correcto, y todo apuntaba a que si, posiblemente hubieran abusado del chico junto a él. Se mantuvo en silencio, esperando a que continuará con su historia.
- Le di una patada en la cabeza antes de siquiera tocarme, pero me asuste al no verlo moverse y salí corriendo de ahí - su cuerpo tembló levemente, recordando como aquel hombre lo había acorralado en el pasillo y él se había defendido sin contenerse o pensar en las consecuencias.
- ¿Enserio le diste una patada? - preguntó asombrado y aliviado de no escuchar que algo malo le había pasado.
- Si, antes estuve en un dojo de artes marciales - dijo con una sonrisa triste - Fui el mejor de la clase, mi maestro estaba orgulloso de mi y el potencial que tenía.
- Eso es impresionante - le dijo con una sonrisa, captando la atención contraria - Yo practicaba kendo, soy muy bueno con la katana, mi padre era quien me ensañaba - explicó, parando en un semáforo rojo para voltear a su acompañante - También estuvo orgulloso de mi.
Ambos se quedaron viendose a los ojos, atrapados en una burbuja de fascinación y admiración por el contrario, guiando sus ojos a cada facción que él otro poseía. Quedándose por un buen tiempo en ese momento, que se grababa en la mente de ambos.
- Ya está en verde - el pelirosa corto aquel contacto, volviendo su vista hacia al frente.
- Claro - el rubio sonrió, mientras seguía manejando el auto.
La música y su charla se siguieron prolongando, conociéndose un poco más mientras avanzaba el transcurso de su viaje. Era interesante saber cuánto podían conocerse dos personas con tan pocas palabras, una conexión que les gustó al no verse juzgados por el otro, que era atento a todo lo que decían.
- ¿Enserio hiciste eso? ¿No te arrestaron o algo? - preguntó el de ojos ámbar, recibiendo una risa por parte del rubio.
- No lo hicieron, fue en defensa propia, además de que estuve a punto de ser secuestrado - contaba con calma, había sucedido una sola vez y tenía un poco de pánico a que sucediera nuevamente.
- ¿Y no tienes miedo? - le preguntó.
- Todo el tiempo, no se sabe con qué clase de gente te puedes encontrar ahí afuera - contestó.
- En eso tienes razón - desvío su mirada hacia la ventana, donde empezaba a verse el parque.
- ¿Entonces eres stripper? - sonrió con algo de burla cuando vio la mirada desconcertada del contrario - Fue fácil intuirlo, por si tienes dudas.
- ¿Acaso no soy discreto? - se cruzó de brazos y alzó su mentón, sacando una risa por parte del otro - ¿No te molesta que trabaje de eso?
- ¿Por qué lo haría? - preguntó de vuelta - Si a ti te gusta trabajar de eso, no soy quien para juzgarte, hay muchas mas personas que lo hacen y eso los vuelve fuertes. Muchos deben sacrificar algo para lanzarse de lleno a un trabajo de ese estilo, eso es un poco triste - comentó suavemente, parando cerca de la entrada del parque.
- Eres extraño - soltó con una pequeña risa, captando la atención contraria - Me agradas, espero volver a vernos.
- Podría darte mi número si gustas - pronunció antes de que se bajara del auto - Cuenta conmigo si necesitas algo.
El pelirosa terminó de bajarse, rodeando el auto e inclinándose en la ventana del rubio, posando sus brazos en la puerta.
- ¿Crees que puedes llevarme y traerme del trabajo? - sonó avergonzado y eso hizo sonreír a Kyojuro.
- Con mucho gusto, demonio stripper - le dijo, guiñando un ojo y haciendo reír al otro.
- Pues nos vemos pronto, taxista rubio - le lanzó un beso cuando ya se alejaba, causando un sonrojo en el conductor.
- Al menos esta vez no me secuestraron - fue lo que dijo, regresando para dejar aquel auto devuelta con su amigo - Akaza, me preguntó si ese es realmente tu nombre.
[...]
Seis meses era exactamente el tiempo que había pasado desde su primer encuentro y seguramente pasaría más tiempo.
- ¿Y bien? ¿Tomaras a los clientes de mañana? - le pregunto su compañero.
- Te aviso después - fue su respuesta, saliendo del lugar y caminando a la parada de buses, donde un auto rojo ya lo esperaba.
Tocó la ventana con suavidad, mirando dentro al joven rubio que le abrió la puerta para que pueda ingresar, sentándose en el lado del copiloto mientras esté empezaba a avanzar.
- Es bueno verte hoy - le comenta, sonriendo para su acompañante - ¿Cómo te fue?
- Muy cansado, solo quiero llegar a casa para acostarme a dormir - le dice soltando un suspiro y acomodándose en el asiento - ¿Tu?
- Cosas de la oficina, algunos diseños para impulsar un nuevo producto, ya sabes, el marketing de la empresa - le explica, parando en un semáforo rojo.
- Eso se escucha mucho más interesante - le sonríe, recibiendo la misma sonrisa por parte del rubio.
- En realidad no, también es agotador, me duele la espalda como no tienes idea - comenta entre risas, volviendo a avanzar cuando cambia a verde.
- ¿No quieres pasar a mi casa? Puedo hacerte chocolate caliente y darte un masaje - le propone el chico de cabellos rosados.
- No quiero molestar, además debes descansar.
- No es una molestia Kyojuro, anda vamos - dice tomando su mano con cuidado, haciendo contacto visual solo por unos segundos.
- Está bien - dice con un leve suspiro, girando en algunas calles para llegar a los conjuntos donde estaba el departamento del chico.
Se estacionan fuera, bajando del auto y entrando a la casa del chico pelirosa. Kyojuro mira todo con atención, a pesar de todo el tiempo que han pasado juntos, esa era la primera vez que entraba en el hogar del pelirosa. Hay algunas fotos colgadas en la pared de la sala, donde se ven a un chico de cabellos negros junto a una chica de ojos rosados. La curiosidad lo carcome por dentro, ¿quiénes eran esos niños?
- Toma - le dice el joven, acercándose a su posición y pasándole la taza de chocolate.
- ¿Lo hiciste tan rápido? - exclama con los ojos abiertos, recibiendo una risa por parte del otro.
- Ya lo tenía preparado, sólo que hice mucho en la mañana y quería compartirlo con alguien - responde, tomando de la taza con suavidad - Es triste vivir solo.
- Si, lo sé - continúa el rubio, tomando de la taza que el chico le dio.
Ambos se sentaron el sofá, platicando de forma tan natural que se sentían en paz, ambos ya sabían de sus sentimientos pero estaban esperando el momento perfecto para declararse, aun cuando sabían de la radiante química que poseían juntos.
Se quedaron abrazados, durmiendo tan amenamente, que olvidaron el masaje y también sabiendo que ese era el momento.
Sin palabras, ni gestos, ni regalos caros, ni multitudes, ni ruido.
Solo su compañía, una compañía suficiente para saber que siempre estarían el uno para el otro.
Que a pesar de los trabajos que poseían, ambos respetaban su intimidad y privacidad, siendo este el principal motivo por el cuál Akaza nunca tomaba a los clientes para mas allá de un simple baile o presentación.
Amaba tanto a Kyojuro, que su cuerpo y corazón le pertenecían totalmente al rubio, y eso era suficiente para rechazar con firmeza cualquier intento de darle clientes sexuales.
Y aunque a Kyojuro no le llegaba a molestar tanto el hecho de su trabajo y, estar consciente de lo que este incluía, se sentía totalmente amado por el pelirosa que había tomado aquella decisión sólo por no lastimarlo, y lo agradecía mucho, porque se daba cuenta que su amor era completamente honesto y real.
La mañana siguiente fue tranquila, las ojas naranjas y cafés volaban con la brisa suave, ambos preparaban el desayuno entre risas y bromas que terminaban con ellos en el suelo mientras forcejeaban con dulzura.
- Voy a renunciar - aquella confesión captó enseguida la atención del rubio, y notando la enorme curiosidad en su rostro, el pelirosa prosiguió - Cuando fui a la panadería, Nezuko me aviso que Hashibira abriría una floristería al otro lado del parque y que necesitaba ayuda - explicó mientras ponía su taza de café - Así que trabajaré medio tiempo con ella, eso me dará libertad para continuar con mis estudios pendientes y me mantendrá fuera del peligro en el antro.
Ni siquiera espero venir aquel enorme abrazo por parte del rubio, el cual también le dio un beso en la mejilla, sonrojandolo por tal acción tan inesperada.
- ¡Kyo! - le reclamo avergonzado, haciendo reír al otro - Ya parecemos casados - dijo para disimular su nervios.
- ¿No quieres serlo? - le preguntó con una radiante sonrisa.
- Primero invitame a salir, quizá lo llegue a pensar - se cruzó de brazos, no iba a votar toda su dignidad al suelo.
- ¡Entonces salgamos! - exclamó con una energía lo suficientemente contagiosa para alguien tan retraído como el pelirosa.
- Está bien, señor taxista de una noche - le recordó, riendo por la reacción contraria de su sol.
- No me provoques, Hakuji - se vengo, recibiendo un puchero por parte de su cerezo.
Ambos siguieron jugueteando, amando la cercanía, la confianza y el cariño que sentían el uno por el otro, se amaban con todo su corazón y lo sabían.
De hecho, siempre lo supieron.
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FIN
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Miss_Sol29