Capítulo único ♡

—Ya debo volver a clases, es tarde —MinGyu sacó el dinero del bolso que llevaba colgado en su hombro para pagar por la taza de café que había bebido.
—Siempre vas tarde pero voy a permitir que vayas tan desordenado, sólo mírate, Minnie —Dijo WonWoo antes de poner la tostada entre sus dientes, rodeó el mostrador y arregló el cuello del abrigo del mayor, unas manos se deslizaron por su cintura y sonrió ligeramente.
—Deberías dejar de entretenerme con tus coqueteos y besos todos los días —Habló MinGyu con voz ronca, estremeciendo al mesero —Pero sí debo admitir que tus labios saben mucho mejor que una taza de mi café favorito.
A WonWoo se le fue la respiración por algunos segundos cuando MinGyu se inclinó hacia él, separando los labios en el proceso para tomar la tostada que tenía en los labios, cerró los ojos y apretó suavemente los hombros del más alto.
Ese era el beso con el que tanto había soñado.
—¿Soñando despierto otra vez? —La voz de JiHoon lo hizo caer de golpe en la dura realidad.
—N-No —Se reincorporó y ordenó su delantal color negro mirando con vergüenza a la pareja que estaba frente a él —¿Qué ordenarán?
—Dos americanos para llevar por favor —Respondió SeungCheol.
A WonWoo siempre le gustó leer y por lo mismo pidió el empleo en una cafetería concurrida que quedaba cerca de la universidad donde tenía clases en las tardes, sus paredes eran estanterías llenas de libros de todo tipo para que los clientes pudiesen tomarlos mientras disfrutaban de un delicioso café y de un grato ambiente.
Él se había leído cada uno de ellos en sus descansos y podía asegurar de que era un verdadero paraíso estar allí.
La decoración era algo rústica pero cálida y acogedora, con plantas colgantes y encima de las repisas junto a los cuadros de las paredes y demás adornos, las mesas eran redondas hechas de madera para dos personas, cada una tenía una vela y una pequeña tetera que era parte de la decoración, pero también existía un área que solían usar los estudiantes cuando iban como grupo de amigos, quedaba al final del lugar, con cómodos cojines y una iluminación perfecta para que pudiesen discutir sobre sus proyectos de la universidad. Luego estaba el mostrador con los taburetes y frente a ellos estaba la lista de los diferentes cafés que servían con sus correspondientes precios. Trabajaba solo y aunque comenzó como mesero, también descubrió su amor por el café.
Hace más de un año trabajaba como barista.
Y hace más de un año le dibujaba un corazón al vaso de café que MinGyu pedía cada mañana antes de irse a clases.
Kim MinGyu era estudiante de leyes y pudo saberlo gracias a los incontables libros que se devoraba en la cafetería cada tarde, WonWoo tenía dos turnos; por la mañana temprano y descansaba dos horas para luego volver a las seis y exactamente quince minutos después aparecía el moreno, pidiendo una taza de café con leche para servirse allí.
No se iba hasta que WonWoo debía cerrar, lo cual era una buena excusa para poder hablarle.
Pero aunque iba cada día sin falta, sus conversaciones nunca tuvieron un avance.
Para WonWoo, desde el primer momento en el que vio a MinGyu descubrió que no iba a poder mirar a nadie como lo miraba a él, era un hombre perfecto que llamaba su atención de pies a cabeza, su estatura, sus ojos, sus manos, su forma de caminar, su voz, esos coquetos colmillos que se asombraban cuando sonreía, su piel canela, todo.
Su mirada era tan inocente y pura que quería ser parte de ella, consentirlo porque a pesar de no conocerlo estaba seguro de que le gustaban los mimos y él quería dárselos, ser el responsable de sus sonrisas y el dueño de su corazón.
Lamentablemente debía conformarse con dibujar corazones en su vaso de café cada mañana sin obtener una respuesta o una mirada de curiosidad, de contemplarlo desde el mostrador mientras el mayor estudiaba cada tarde y dibujar un corazón en la ventana empañada cuando se iba.
Mentiría si dijese que no había intentado acercarse y hablarle más allá de tomar su orden y agradecerle su visita, hasta practicaba conversaciones en las tardes antes de que llegara para vencer su torpeza pero se quedaba mudo cuando lo veía, se ponía tan nervioso que no sabía cómo reaccionar, por instinto preparaba el café con leche que siempre pedía y podía recibir el dinero, sólo eso.
Se sentía como un tonto al mirarlo mientras hacía algo tan simple como hablar, beber, comer o leer porque en esos momentos se daba cuenta de lo mucho que le gustaba y que su timidez no lo dejaba crear una amistad que con el tiempo pudiera avanzar a algo más, a un romance.
A las seis de la tarde terminó sus clases, estudiaba psicología junto a JiHoon y SeungKwan, quienes sabían acerca de su amor platónico y lo animaban a que hablara con MinGyu pero tenía miedo de que al confesarse, al pedirle una cita lo rechazara y se volviese todo incómodo, quizás MinGyu dejaría de ir y nunca más podría verlo.
A veces era mejor dejar las cosas en el límite y no cruzarlo.
Amarró el delantal negro en su cintura y volteó el letrero de la puerta de vidrio, abriendo la cafetería, volvió al mostrador y quince minutos después el sonido de la campanilla le revolvió el estómago.
Se dio la media vuelta y lo vio entrar.
Dios, MinGyu era la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima maravilla del mundo, todas juntas en una sola persona.
—Buenas tardes —Lo saludó admirando su rostro, aprovechando de que el moreno ordenaba los libros que llevaba en los brazos —¿Qué deseas ordenar? —La pregunta sobraba.
—Un café con leche por favor —Pidió MinGyu levantando la cabeza.
—Lo llevaré enseguida a la mesa —Bajó la mirada y apretó los puños sobre el mostrador.
MinGyu estaba estudiando cuando el especial y único olor a café entró por sus fosas nasales, levantó la mirada y el mesero había dejado la taza caliente a un lado de la pila de libros que tenía sobre la mesa.
Había dos galletas que no ordenó pero no era la primera vez que las recibía, ya había intentado pagar por ellas en el pasado pero WonWoo, sabía el nombre del chico gracias a su placa de identificación, le respondió que era un obsequio de la casa.
Se había fijado en las demás mesas, en los pedidos de otros clientes y nunca vio tal gesto con alguien más.
Miró al azabache detrás del mostrador, elevó una de las comisuras de sus labios y volvió al estudio.
A las nueve de la noche no quedaban clientes al interior de la cafetería, sólo MinGyu, WonWoo había ordenado las sillas y limpiado las mesas, apretando el paño en las manos miró al moreno y no fue necesario decirle que debía a cerrar, pues MinGyu tomó sus cosas y se retiró dejando el dinero de lo que había consumido sobre la mesa.
Al darse cuenta de que se le había quedado uno de los libros, WonWoo lo tomó y por alguna estúpida razón también tomó una servilleta con las galletas que había dejado en el platillo de la taza.
—¡MinGyu! —Gritó levantando su brazo para obtener su atención, el mencionado lo escuchó y se regresó —Se te quedó en la mesa.
—Gracias —Recibió el libro dejándolo junto a los demás que llevaba —¿Cómo sabes mi nombre?
—Está escrito en la primera hoja —Mintió apuntando al libro, el moreno asintió con la cabeza y cuando fue a darse la media vuelta ofreció las galletas —Regresa a casa con cuidado por favor.
MinGyu se quedó en silencio y WonWoo no supo qué hacer, quería salir corriendo, o más bien, hacer un agujero en el suelo y enterrarse pero tardaría demasiado y sus mejillas estaban tan calientes que no podía hacer nada para ocultarlas.
—Gracias —Aceptó las galletas y WonWoo dejó caer sus manos, al igual que la cabeza, apenado, cerrando los ojos con fuerza, esperando que al levantarla se hubiese ido pero no, MinGyu seguía allí —Tú también regresa a casa con cuidado.
WonWoo quería morir en ese momento.
Lo hubiese hecho feliz.
Era uno de sus mejores días de su vida y no quería que terminara.
Quería congelar el tiempo, quedarse allí, sintiendo como el frío de la noche atravesar la delgada tela de su camisa blanca y de su pantalón de tela, porque a pesar de que hacía frío, su corazón se sentía más cálido que nunca.
MinGyu era el café de su vida.
Uno muy dulce.
Durante los siguientes días continuó enamorándose desde lejos, esperando el día que notara su presencia, que se diera cuenta de lo tonto que se volvía cuando lo tenía adelante y de la forma en que lo miraba cuando leía los libros sobre leyes y realizaba las anotaciones en los cuadernos, cuando bebía de su café y cuando echaba su cabello castaño hacia atrás.
Esa mañana tomó la orden de MinGyu y dibujó un corazón en el vaso de café, lo miró por unos segundos y decidió escribir algo más, de todas formas nunca revisaba lo que colocaba, se dio la media vuelta, recibió el dinero, el moreno agradeció la atención y se volteó para ir a clases.
Al querer mirar la hora en su reloj de muñeca sus ojos se centraron en las letras que podían verse entre sus dedos, dejó los libros sobre una de las mesas y leyó el vaso.
“Tonto, me gustas”
WonWoo estaba congelado y por un momento pensó en que MinGyu lo enfrentaría pero no, salió de la cafetería y volvió a respirar.
A las seis el moreno regresó como de costumbre, sentándose en una de las pequeñas y redondas mesas junto a la ventana con largas cortinas de color vino.
—Buenas tardes —Sacó la libreta y el bolígrafo del bolsillo de su delantal —¿Qué deseas ordenar?
—Una cita para llevar por favor —Respondió MinGyu apoyando los brazos en la mesa.
—Bien, enseguida lo traig... —Se interrumpió a sí mismo al querer anotar el pedido —Disculpa, creo que no he escuchado bien la orden.
—Una cita para llevar —Dijo otra vez, con voz alta y clara, y a pesar de que WonWoo quedó cautivado con su sonrisa no entendía lo que estaba sucediendo, sus manos temblaban —Por favor.
—Cómo podría... yo, una cita, llevar —Las palabras salían sin coherencia de su boca, el vértigo bajó sus pies estaba afectando su razonamiento, al igual que su equilibrio porque sentía que todo a su alrededor giraba menos MinGyu y que al mirarlo podía encontrar la estabilidad para no caer —¿Podrías repetirlo?
—¿Puedo tener una cita contigo? —Preguntó escogiendo cuidadosamente sus palabras, encogiéndose de hombros y con una sonrisa nerviosa, sus labios temblaron al decirlo y al morderlos enseñando sus colmillos WonWoo pensó que se iba a desmayar.
Divagaba de sensación en sensación buscando una sola pista que le hiciera saber que no estaba soñando, ahí es donde debía entrar JiHoon con su novio, debían llevarlo a la realidad y molestarlo.
¿Dónde estaba JiHoon?
Escuchó la campanilla de la puerta y se volteó, el pequeño castaño abrazaba a SeungCheol dirigiéndose a una de las mesas del otro extremo de la cafetería, JiHoon lo miró y sonrió al darse cuenta de que estaba con MinGyu, murmuró algo con SeungCheol que no logró entender.
—¿Qué dices? —Insistió MinGyu sin saber si había sido una buena idea invitarlo de esa manera, no había podido pensar en otra, WonWoo tomaba su orden y él quería una cita.
—Mañana tengo libre —Fue lo único que pudo decir.
—Genial, podríamos reunirnos en el parque cerca de aquí, ir a comer, beber, sólo caminar, lo que quieras hacer —Se inclinó hacia adelante tomando los libros que había llevado, los acercó a su pecho abrazándolos con fuerza, mostrando su nerviosismo.
—A las cinco —No podía creerlo, aún esperaba que JiHoon le diera un golpe en la cabeza.
—A las cinco —Repitió MinGyu regalándole una sonrisa que quedó grabada en la cabeza de WonWoo.
Al llegar la noche se había quedado en el mostrador leyendo un libro cuando el moreno se levantó de la mesa y sin quitarle la mirada de encima guardó sus apuntes.
MinGyu entregó el pago por el café en la mano de WonWoo, cruzaron miradas y le sonrió —No faltes por favor.
—No lo haré —Aseguró volviendo a subirse en una nube de amor.
—¿Podrías darme un café más por favor? —Pidió de pronto.
—Claro.
—Que sea para llevar.
—¿Cuál deseas? —Preguntó WonWoo.
—¿Cuál te gusta a ti?
Después de unos segundos de silencio elevó las comisuras de sus labios, enseñando una brillante sonrisa que hizo sonreír a MinGyu —Caramelo Macchiato.
—Que sea ese entonces.
WonWoo preparó el café en el vaso y lo deslizó por el mostrador, MinGyu lo tomó después de pagarlo y le pidió el bolígrafo que estaba cerca del libro que había dejado junto a los lentes.
Tomó el vaso de café e hizo un dibujo, lo dejó en el mostrador y se dio la media vuelta dejándolo allí —Nos vemos mañana.
Al escuchar la campanilla de la puerta, WonWoo tomó el café.
“♥️”
Al día siguiente envolvió una bufanda alrededor de su cuello y metió las manos en los bolsillos de su abrigo al salir del edificio, bajó las escaleras de la entrada y caminó en dirección al encuentro con MinGyu.
No podía creerlo.
Tenía una cita y aún se lo debía repetir en la mente para asegurarse de que no era uno de los tantos sueños que había tenido con el moreno.
Pero no era así.
Desde lejos lo vio sentado en una de las bancas del parque, tanto o más abrigado que él, MinGyu sonrió apenas lo vio y se levantó saludándolo sorpresivamente con un beso en la mejilla.
—¿Y hace cuánto tiempo trabajas en la cafetería? —Preguntó MinGyu mientras caminaban.
—Hace más de un año y lo recuerdo perfectamente porque ese mismo día llegaste a pedir un café y desde ese momento me has gustado —Respondió sin pensar en las palabras, se detuvo y MinGyu lo hizo unos pasos más adelante, girándose a verlo —Yo no dije eso, ¿Quién dijo eso?
—¿Desde entonces has dibujado corazones en mis vasos de café? —Preguntó con una sonrisa.
—Esto es vergonzoso —Apresuró el paso, ruborizándose.
—No, es muy lindo —Dijo MinGyu siguiéndolo, intentando caminar a su lado, sonriendo como un tonto al verlo de esa manera. Rodeó la muñeca ajena con una mano y lo detuvo —Es muy lindo, no es vergonzoso, todo lo contrario.
La química fluyó de una forma tan natural que los dejó deslumbrados, podían hablar de lo que fuese sin aburrirse, aún más importante, sin sentir que estaban aburriendo al otro y no ocurría muy seguido, normalmente las personas no seguían un tema de conversación que no quisieran hablar aunque supiesen de él, ni siquiera por educación, pero sin saber mucho sobre leyes WonWoo preguntó todo lo qué pasó por su mente, le gustaba ver la pasión de MinGyu por su carrera, su vocación, era atrayente, mucho más que cualquier otra cosa.
Por otra parte, MinGyu no dejó de sonreír cuando WonWoo le habló sobre psicología que era la carrera que estudiaba pero al decirle todo lo que sabía respecto al café quedó embobado, era demasiada información y la decía con un amor que le erizó la piel.
Podía ver la pureza en su corazón, su nobleza y dedicación en todo lo que hacía.
Al llegar al edificio donde vivía WonWoo, se quedaron en silencio y no tardaron en darse cuenta que ambos querían besarse pero WonWoo fue más claro en demostrarlo, inclinándose hacia adelante con torpeza, abriendo los ojos desmesuradamente al notar su cercanía con MinGyu, mordió su labio inferior y dio un paso hacia atrás.
—Tienes tres opciones, te beso, me besas o nos besamos —Habló MinGyu avanzando ese paso hacia el azabache, el cual tenía sus mejillas teñidas de un lindo color carmín, levantó ligeramente la cabeza y en sus ojos pudo ver el nerviosismo, era tan tímido que no podía hacer otra cosa que amar esa timidez —¿Cuál opción eliges o quieres que yo decida?
WonWoo se limitó a asentir lentamente con la cabeza, dejó de pestañear atento a los próximos movimientos que tuviese MinGyu.
Unas grandes manos tomaron sus mejillas y sus dientes chocaron en el intento del primer beso.
—Lo siento —Susurró WonWoo aferrándose al abrigo del moreno y MinGyu sonrió enseñando esos colmillos que tanto le gustaban al chico de lentes —Estoy un poco nervioso.
—¿Hace mucho tiempo no besas? —Preguntó en voz baja.
—Casi tres años, creo.
—Entonces déjame ayudarte a recordar cómo hacerlo —Rozó la piel suave de los labios de WonWoo, conociendo su aliento, probando el sabor de su pesada respiración, se dejó caer poco a poco, tomándose todo el tiempo del mundo en conocer su boca. Tomó con delicadeza los labios ajenos, moviéndolos con lentitud, conociéndolos, degustándolos como si fuesen una taza del mejor café que había bebido en su vida.
Tomaron distancia y se miraron a los ojos, WonWoo se acercó dando inicio a un beso más explorador y provocativo, apropiándose de los labios de MinGyu como si fuesen suyos, los acarició, saboreó y le dio pequeños mordisquitos que hacían estremecer al estudiante de leyes.
Sus manos se perdieron en la nuca y en el cabello del más alto, con su lengua recorrió sus labios de lado a lado, en un instante se alejaron y se sonrieron pícaramente para seguir con su beso.
Las manos de MinGyu se deshicieron en la espalda de WonWoo, colándose por los extremos de su abrigo, abrazándolo y acercándolo a él, adueñándose de su calor corporal y de la calidez de su respiración que quemaba su boca.
Y así podían pasar minutos o largas horas.
La ansiedad estaba acumulada en sus vientres durante el beso, esa sensación de cosquilleo que poco a poco se fue derramando sobre ellos, acariciaron esa sensación, en embriagaron con ella, la contemplaron, la añoraron, la desearon, tanto que todo el mundo a su alrededor desapareció.
Y solo eran ellos, ellos y un beso que parecía no querer tener fin.
Continuaron saliendo durante tres meses y el frío invierno quedó en el olvido, las flores abrieron sus pétalos, enseñando sus preciosos colores y el sol salió espantando a las grises nubes del cielo, no eran novios pero se besaban y coqueteaban, tenían largas y divertidas citas donde podían terminar hablando de sus más grandes secretos hasta estallar a carcajadas por las boberías más simples, se estaban conociendo y cada día que pasaban juntos la atracción se volvía mayor, para MinGyu, WonWoo era una caja de sorpresas, una que quería seguir explorando, era fascinante, interesante y gracioso aunque sus chistes no lo eran tanto, adoraba hacerlo sonreír, robarle besos, ver ese sonrojo que le provocaba cada vez que lo hacía, tomar su mano disimuladamente para luego mirarlo a los ojos y sin decir nada, sólo sonreír.
Se sentía tan cómodo que no tardó en preguntarle si quería ser su novio, WonWoo aceptó y acarició sus mejillas con tanto amor antes de besarlo que ahora el que creía que se iba a desmayar, era MinGyu.
—Un beso para llevar por favor —Habló mirando a WonWoo de espalda escribiendo en el cartel los nuevos cafés que serviría.
WonWoo rodeó el mostrador y deslizó sus manos por los hombros del moreno, apoyó sus antebrazos en ellos, mirando los dulces ojos de su novio, ladeó la cabeza y lo besó con ternura.
Desde entonces MinGyu seguía yendo por las tardes a beber café mientras estudiaba, con la diferencia que al levantar la mirada, WonWoo estaba sentado frente a él leyendo un nuevo libro y comiendo las galletas que había llevado junto a su nueva orden favorita.
“Un café con leche y tú, acompañado de besos y miradas de amor por favor”
