FATE: Fallen Order

Summary

Naruto x Fate con temática de Star wars Más información entre.Ni Naruto ni Fate o Star wars son de mi propiedad son de sus respectivos dueños solo la historia es mía. Y hago colaboración con @ Motoroxe Gracias por todo 👍🏻 ~~~~~~~~~~~~~~~~ Hace mucho tiempo en un reino muy lejano....32 (ABY) La República de Camelot está sumida en disturbios y caos. Hay protestas contra la tributación de las rutas comerciales a Reinos enteros. Esperando resolver el problema con un bloqueo de tropas mortificas la avariciosa federación de comercio ha detenido todos los envíos al pequeño reino de Francia Mientras el consejo de la República de Camelot debate sin fin estás alarmante cadena de acontecimientos el líder supremo a enviado en secreto a dos caballeros Sagrados,los Guardianes de la paz y la justicia en los Reinos a resolver este conflicto... ~~~~~~~~ Personajes: Naruto Uzumaki (Anakin Skywalker "El elegido") Arturia Pendragon ( Obi-Wan kenobi) maestra de Naruto Morgana Le fay (Emperador Darth sidious) Líder supremo Lancer alter cu chulainn (Darth maul) Jeanne d'Arc (Padme Amidala) Sir Héctor (Qui gon jin) Merlín ( maestro yoda) Lancelot (Mace windu ) Kushina Uzumaki (Shmi Skywalker) Gilgamesh (Antepasado) Golems (droides)

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1





Hace mucho tiempo en un reino muy lejano....32 (ABY)

FATE FALLEN ORDER : Episodio I ASCENSO DE CAMELOT parte 1

El imperio Romano a secuestra a la princesa Ginebra para que el Rey Nerón Claudius se case con ella y tenga mas control en Camelot y Francia.

Pero Sir Héctor y su estudiante Arturia Pendragon viajan al imperio Romano disfrazados en busca de salvar a Ginebra, y llevarla como testigo de su ataque por los romanos y comenzar a dar sanciones diplomáticas.

La República de Camelot está sumida en caos. Hay protestas contra la falta de comercio, de las rutas comerciales a Reinos enteros.

Esperando resolver el problema con un bloqueo de tropas mortificas el avaricioso Imperio Romano ha detenido todos los envíos al pequeño reino de Francia Esperando que parezcan.







En el pequeño carruaje especial de la República.


La capitana del carruaje y su copiloto ocupaban asientos contiguos en la parte delantera, y sus manos se movían rápidamente sobre las cuerdas de los caballos mientras iban aproximándose al castillo Romano cuyo puente relucía la insignia del Rey del Imperio Romano .

La nerviosa energía que impregnaba sus movimientos saltaba a la vista. De vez en cuando intercambiaban una mirada llena de nerviosismo, y después volvían la cabeza para contemplar a la figura que permanecía inmóvil entre las sombras, detrás de sus asientos.


Desde el espejo visor que tenían delante, su imagen transmitida por la antena del puente del castillo de combate hacia el que se dirigían, los ojos entre anaranjados y rojizos del Consejero del Imperio Romano, Nute Gunray, les dirigía miradas expectantes. El político romano lucía su expresión hosca de costumbre; las comisuras de los labios inclinadas hacia abajo y la frente huesuda subraya su descontento. Su piel grisácea reflejaba la claridad de las luces ambientales del castillo, que parecía todavía más pálida y fría debido al contraste con los tonos oscuros predominantes en la túnica, el cuello y el tocado de tres picos que llevaba.


-Capitana. La capitana del crucero se volvió en su asiento para contemplar a la figura oculta en las sombras, detrás de ella.


-¿Sí, señor? -Dígales que deseamos subir al castillo de inmediato.

La voz era tranquila y melodiosa, pero la firme determinación que contenía no podía estar más clara.


-Sí, señor -repuso la capitana, lanzando una disimulada mirada de soslayo a su copiloto, que se la devolvió.


La capitana se encaró con la imagen de Nute Gunray que le estaba mostrando la pantalla


-. Con el debido respeto, Consejero, los embajadores del Lider supremo han solicitado que se les permita ir al castillo para discutir sobre el matrimonio político de la princesa Ginebra y el Rey Nero Claudios.


En Político romano se apresuró a asentir. -Sí, sí, capitana, por supuesto. Nos encantará recibir a los embajadores en el momento que ellos consideren más oportuno. Será un placer, capitana.


El comunicador se oscureció. La capitana titubeó y después volvió la cabeza hacia la silenciosa presencia que aguardaba a su espalda.


-¿Señor?

-Proceda, capitana -dijo Sir Héctor.


El maestro Sagrado contempló en silencio cómo el Castillo también Era un centro de combate del Imperio Romano se iba elevando ante ellos hasta llenar todo el visor con su masa reluciente.


Sir Héctor era un hombre alto y robusto de rasgos prominentes y leoninos. Su barba y su bigote estaban pulcramente recortados, y llevaba los cabellos largos y recogidos en la nuca. Vestía chaqueta, pantalones y túnica con capucha holgada y cómoda, Algo poco habitual entre los Caballeros; una banda la ceñía a su cintura, de donde colgaba su espada de luz, oculta pero siempre al alcance de la mano.


Los penetrantes ojos azules de Héctor permanecieron fijos en el Castillo de combate como si quisieran ver qué les aguardaba dentro de él.


Algunos líderes romanos eran políticos, no guerreros. Carecían del valor necesario para desafiar a la República, pero de alguna manera habían logrado encontrar ese valor. Héctor no atinaba a explicarse cómo lo habían conseguido, y eso le preocupaba.


En teoría, los Caballeros Sagrados servían al líder r supremo y, siguiendo sus instrucciones sólo intervenían cuando había vidas en peligro. Sin embargo, cualquier interferencia en la política interna del Consejo, especialmente cuando había un conflicto armado entre Reinos de por medio, debía contar con la aprobación de éste.


El líder supremo estaba peligrosamente cerca de rebasar los límites de su autoridad. En el mejor de los casos, se trataba de una acción encubierta que acabaría suscitando encendidos debates en el Consejo cuando fuera hecha pública.


El maestro Sagrado suspiró. Aunque ese asunto no fuera de su incumbencia, tampoco podía ignorar las implicaciones que traería consigo el que fracasara.


Los Caballeros Sagrados mantenían la paz: ésa era la naturaleza de su orden y el dictado de su credo. Llevaban millares de años sirviendo a la República y siendo una fuente constante de estabilidad y orden en un universo cambiante.


Fundados como un grupo de estudios teológicos y filosóficos en una fecha tan remota que sus orígenes habían acabado volviéndose míticos, los Caballeros tardaron mucho tiempo en comenzar a ser conscientes de la presencia de la Magia.


Tras dedicar largos años a su estudio, la contemplación de su significado y el dominio de su poder, la orden evolucionó lentamente, abandonando su creencia en una vida de meditación aislada y la práctica de esa forma de vida a favor de un compromiso con la responsabilidad social más abierto al exterior.


Comprender la Magia en la medida suficiente para utilizar su poder requería algo más que el estudio en soledad. Requería servir a la comunidad y la aplicación de un sistema de leyes que garantizara una justicia igual para todos. Aquella batalla aún no había sido ganada, y probablemente nunca lo sería, pero nadie podría acusar a los Caballeros Sagrados de no haber intentado vencer por todos los medios a su alcance.


En tiempos de Sir Héctor, diez mil Caballeros Sagrados al servicio de la República seguían librando esa batalla cada día de sus vidas en cien mil mundos distintos esparcidos a través de un mundo tan vasto que apenas podía abarcarse.


Los Caballeros tuvieron ocasión de examinar un holograma de Ginebra antes de abandonar Camelot. La Princesa solía recurrir a las pinturas faciales y los trajes complicados, envolviéndose en maquillaje y atuendos que disimulaban su verdadera apariencia al tiempo que le conferían un aura de esplendor y belleza. Era una especie de camaleón que trataba de ocultarse a los ojos del mundo y cuyas relaciones con los demás se reducían casi exclusivamente a una comitiva de doncellas que nunca se separaban de ella.


Sir Héctor dedicó unos momentos más a reflexionar sobre el asunto, y después se volvió hacia Arturia.

-Bien, vamos allá.





Un Golem de protocolo llamado gelm estaba esperándolos para llevarlos al lugar en que se celebraría la reunión.


El golem los condujo por una serie de pasillos hasta una sala de conferencias vacía y les invitó a entrar en ella.


-Espero que sus honorables señorías estén cómodos aquí. -Su vocecita estridente reverberaba dentro del caparazón metálico-. Mi amo enseguida se reunirá con ustedes.


El golem giró sobre sus talones y salió de la sala, cerrando la puerta sin hacer ruido detrás de él. Héctor lo vio marchar, lanzó una rápida mirada a las exóticas criaturas parecidas a pájaros enjauladas junto a la puerta, y después fue a reunirse con Arturia delante de un ventanal que, más allá del laberinto de Salas de combate de los romanos, permitía contemplar la resplandeciente Francia suspendida sobre las tinieblas del cielo.


Arturia Pendragon: Tengo un mal presentimiento -dijo después de haber contemplado el reino durante unos momentos.


Ector meneó la cabeza.:No Percibo nada. Arturia asintió.


Arturia Pendragon: No es nada relacionado con este lugar o con la misión, maestro. Es algo que... está en otro sitio. Algo escurridizo...


El Maestro Sagrado puso la mano sobre el hombro del joven.

-No te concentres en tu ansiedad, Arturia. Dirige tu concentración hacia el aquí y el ahora, que es donde debe estar.


- Pero el Maestro Merlín dice que debo prestar atención al futuro...


-Pero no a expensas del presente.

-Ector esperó hasta que su joven discípulo volvió la mirada hacia él-. Sé consciente de la Magia viva, mi joven Aprendiz.


Arturia esbozó una sonrisa.

-Sí, maestro. -Miró nuevamente más allá del ventanal con expresión distante y absorta.

-. ¿Cómo crees que reaccionará el los consejeros del Rey en cuanto le hayamos comunicado las exigencias del Lider supremo?


Ector se encogió de hombros despreocupadamente.

-Los Políticos son unos cobardes. No será difícil persuadirlos. Las negociaciones no durarán mucho.


En la sala de combate del Imperio Romano, el Consejero Romano Nute Gunray y su lugarteniente, Daultay Dofine, contemplaban con ojos llenos de horror al golem de protocolo que habían enviado a recibir a los embajadores del Lider supremo.


-¿Qué has dicho? -siseó furiosamente Gunray. Gelm sostuvo sin inmutarse la mirada que le estaba lanzando el Consejero político.


-Los embajadores son Caballeros Sagrados. Uno de ellos es un Maestro Sagrado. Estoy totalmente seguro de ello.


Dofine, que tenía el rostro muy chato y se ponía nervioso por cualquier cosa, parecía consternado.


-¡Lo sabía! -exclamó, volviéndose hacia el Consejero-. ¡Los han enviado para obligarnos a devolver a la princesa! ¡La partida ha terminado!¡El Rey no estará contento! ¡Que me cieguen, estamos perdidos!


-¡No pierdas la calma! -dijo Gunray, intentando tranquilizarlo-.

Apostaría a que el Líder supremo no ha informado al Consejo de sus movimientos en lo que concierne a este asunto. Ve y entretén a los embajadores mientras contacto a Lady Yoseh.


El otro Consejero político lo miró boquiabierto.

-¿Se te ha podrido el cerebro? ¡No pienso encerrarme en una sala de conferencias con dos Caballeros Sagrados! ¡Envía a los Golems!

Le hizo una rápida seña a gelm, que se inclinó, emitió un tenue graznido a modo de respuesta y se fue.


Cuando el golem de protocolo se hubo marchado, Dofine hizo venir a Rune Haako, el tercer miembro de la delegación, llevó a sus dos compatriotas a una zona reservada del castillo en la que no podrían ser vistos ni oídos por nadie más,ni siquiera por el Rey y activó un comunicador Mágico.


El holograma tardó unos momentos en aparecer. Cuando lo hizo, una silueta de hombros encorvados vestida de negro y envuelta en una capa cuya capucha ocultaba todo su rostro cobró forma dentro de él.




Lady Yoseh: ¿Qué sucede? -preguntó una voz aguda con impaciencia.


Nute Gunray descubrió que tenía la garganta tan reseca que por un instante fue incapaz de hablar.

-Los embajadores de la República son Caballeros Sagrados.


Darth Yoseh: ¿Caballeros? -Darth Yoseh pronunció la palabra en un tono casi reverencial, y pareció aceptar la noticia con inmensa calma-. ¿Estás seguro?

Nute Gunray descubrió que el escaso valor que había logrado reunir para enfrentarse a aquel momento se desvanecía rápidamente, y contempló la negra forma de Señora de la AlterKnight con fascinado terror.

-Han Sido identificados, mi señor. Como si fuera incapaz de soportar el silencio que siguió a aquellas palabras, Daultay Dofine se apresuró a irrumpir en él con los ojos desorbitados por la desesperación.


-¡Nuestro plan ha fracasado, Lady Yoseh! ¡El bloqueo ha terminado! ¡No podemos enfrentarnos a los Caballeros Sagrados! La oscura silueta del holograma se volvió unos centímetros hacia él.


Lady Yoseh: ¿Me estás diciendo que preferirías enfrentarte a mí, Dofine? Eso sí que es muy gracioso y divertido. -La capucha se inclinó hacia Gunray-. ¡Consejero!


Nute dio un rápido paso adelante.

-¿Sí, mi señora? La voz de Darth Yoseh cambió de repente para hacerse lenta y silbante.


Darth Yoseh: No quiero volver a ver a este montón de viscosidad contrahecha. ¿Me has entendido?. Nute advirtió que le temblaban las manos y se apresuró a estrechárselas para controlarse.


-Sí, mi señora. Miró hacia Dofine, pero el político ya estaba saliendo del salón, con expresión de terror y la túnica ondulando detrás de él igual que un sudario.

En cuanto Dofine se hubo marchado, Darth Yoseh dijo:


Darth Yoseh: Es un contratiempo, desde luego, pero no tiene por qué ser fatal. Debemos acelerar nuestros planes, Consejero. Comienza a desembarcar tus tropas, De inmediato. Nute lanzó una rápida mirada a Rune Haako, que estaba haciendo todo lo posible por desaparecer en el éter.


-Ah. Por supuesto, mi señora, pero... ¿esa acción es legal?


Darth Yoseh: Yo haré que lo sea, Consejero.


-Sí, claro. -Nute hizo una rápida inspiración de aire-. ¿Y que hacemos con los Caballeros?.


Darth Yoseh pareció volverse todavía más oscura dentro de su túnica, y su rostro descendió hacia las sombras.


Darth Yoseh: Camelot y La República nunca debieron haber involucrado a los Caballeros Sagrados en este asunto. Mátalos


-Sí, mi señora -repuso Nute Gunray, pero el holograma del Señora del mal ya se había desvanecido. El Político romano contempló durante unos momentos el vacío que había dejado tras de sí y después se volvió hacia Haako-. Destruye su nave. Enviaré un pelotón de Golems de combate para que acabe con ellos.





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Y FIN DE LA PRIMERA PARTE ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO MUCHO, ESPERO QUE APOYEN ESTÁ HISTORIA PERDÓN POR ATRASAR TENGO SEMANA DE PROYECTOS,LÍNEAS DE TIEMPO. EXPOSICIONES Y DEMÁS

PERDÓN POR LA FALTAS DE ORTOGRAFÍA ES MI PRIMERA HISTORIA Y CREO QUE LO ESTOY HACIENDO BIEN

GRACIAS POR TODO DÍGANME EN LOS COMENTARIOS EN QUÉ PUEDO MEJORAR ASÍ COMO IDEAS PARA NUEVOS FICS Y OPINIÓNES DE SIN MÁS QUE DECIR CHAO


QUE EL CAOS LOs ACOMPAÑE