Capítulo único ♡

JiHoon cambió la hoja del calendario que se encontraba en el escritorio de su habitación y el vacío apareció en su interior cuando leyó que comenzaba el último mes del año donde quería tirar todo y salir corriendo lejos.
Normalmente las personas se emocionan con aquel mes, donde las familias se reúnen, cenan juntos, compran los regalos para sus seres queridos, arman el árbol en la sala de sus casas, el aroma del delicioso chocolate caliente abunda en los hogares, las luces adornan las calles y la nieve que cae termina dando el perfecto complemento navideño.
Pero para JiHoon era todo lo contrario, a su corta edad de veinticuatro años había perdido a sus padres en un accidente automovilístico, lamentablemente era hijo único y afortunadamente no iba en el auto.
A pesar de que muchas veces pensó que lo mejor hubiese sido ir en él.
Recordaba lo feliz que se colocaba cuando llegaba diciembre, ayudaba a sacar las cajas del sótano para adornar la casa, se encargaba de colocar las esferas rojas en su árbol navideño mientras que su madre ordenaba con guirnaldas el balcón de la casa. Su padre era un amante de la navidad al igual que ella.
Y ese mismo espíritu de celebración se lo traspasaron a JiHoon desde que éste tuvo memoria.
Cuando tenía catorce años le hizo una carta a Santa Claus con la lista de regalos que quería para ese año, la cual constaba de una bicicleta y un casco, esa noche de víspera de navidad se levantó y vio a sus padres colocar los regalos bajo el árbol de la sala, recién ahí se enteró que el personaje de Santa Claus, era eso, un personaje.
Pero eso no mató nada en su interior, solo le hizo ver la realidad, algo que le agradaba. Nunca se los dijo a sus padres, ellos hasta el último minuto seguían diciendo que Santa Claus había visitado la casa la noche anterior dejando los regalos correspondientes para cada uno.
Con el paso de los años la lista desapareció, los regalos no eran exigidos como muchos niños pequeños lo hacían, conocía a muchos que lloraban si no les traían lo que pedían.
Maduró, eso ocurrió.
Y el sentido de la navidad cambió para mejor, el compartir con familia, la costumbre de abrir los regalos en la mañana seguía intacta, pero no había solo emoción por ese momento, sino por todo el mes de diciembre.
Por la nieve, los villancicos, las campanas sonando, las calles adornadas, era un mes donde toda la gente andaba feliz.
No se estresaban por los regalos, compraban cosas sencillas pero útiles o con un significado, eso era lo realmente importante.
En la última navidad sus padres le regalaron, con mucho esfuerzo, un relicario con una fotografía de ellos tres, desde entonces comenzó a llevarlo con él.
JiHoon era un chico sensible pero decidido, familiar, bien educado y sencillo, sus padres no tenían grandes trabajos, su padre trabajaba en construcción y su madre era cocinera de una escuela, su casa tampoco tenía grandes lujos.
Pero siempre hubo amor y calidez en su hogar, el cual no podía encontrar en otro lugar, la sensación de sentirse feliz y protegido allí.
JiHoon estaba muy claro en lo que quería ser de grande, salir de la escuela y ser modelo de una marca importante, fue a demasiadas ofertas de trabajo de ello y siempre escuchó lo mismo; eres demasiado pequeño para esto.
Pero nada le iba a quitar ese sueño, se la pasaba bien delante de una cámara, su rostro era hermoso, según muchos. ¿Por qué algo como su altura le iba a impedir cumplir sus sueños?
Quería ayudar a sus padres, darles todo lo que se merecían, retribuirles de alguna manera la persona que hicieron de él.
Pero todo no podía ser felicidad.
Un día de febrero, cuando recién habían acomodado las cajas con los adornos navideños en el sótano de la casa.
En un casting de modelos lo llamaron dándole la noticia.
No hubo mucho qué hacer, en la ambulancia camino al hospital de la ciudad fallecieron sus dos padres.
La noticia fue devastadora para él y cuando quiso apoyarse en el resto de familiares que tenía, fue peor, algunos tíos le intentaron quitar la casa que le correspondía y por ser un chico de dieciocho años, sin saber mucho de leyes, o mejor dicho nada, el cual acababa de quedarse solo en el mundo, pensó que podía ocurrir, que podía quedarse en la calle.
Uno de sus mejores amigos de primaria, Boo SeungKwan lo ayudó con ese tema ya que su padre era abogado, le correspondía por derecho aquella casa y al final se quedó ahí.
Sin sus amigos no sabía cómo podía haber terminado, salir adelante fue difícil, una de las pruebas más difíciles que le podía poner la vida, en casa intento suicidarse más de dos veces, no aguantaba ver los muebles, las habitaciones, los recuerdos venían a él para torturarlo de la peor forma posible.
Vivió seis meses donde SeungKwan y fue algo que lo ayudó bastante.
Sus amigos lo apoyaron en cada momento, no estaba solo y podía seguir.
Pero las navidades jamás volvieron a ser las mismas, el árbol y todos los adornos navideños no salieron del sótano desde ese entonces.
Ahora habían pasado más de cinco años desde aquel accidente y muchas cosas habían cambiado, JiHoon era modelo de una marca de ropa deportiva, vivía en un acomodado departamento en el centro de la ciudad y su sueldo era bastante bueno.
Pero ni con todo el dinero del mundo podía ser feliz y era algo que le dolía en el alma aún, comprar un adorno para la casa, para la sala o cocina, inmediatamente venía a su cabeza su madre, quería comprarlo para ella, esa vajilla que había visto por televisión, cuando le dijo que era demasiado costosa para comprarla pero que le gustaría mucho tenerla en la mesa para una navidad.
Herramientas nuevas para su padre.
Pero ahora no lo podía hacer.
Porque ellos no estaban ahí.
Salió de la casa de sus padres cuando consiguió su primer empleo, las cosas quedaron tan cuál como antes, no movió ningún mueble. En el tiempo que vivió allí, luego de regresar de casa de SeunKwan, utilizaba el mismo recorrido cada día, de su cama salía al baño donde se duchaba y cambiaba, luego se iba y no regresaba hasta la noche.
Comía siempre afuera, no quiso sacar ningún servicio o plato de los muebles de la cocina.
A veces pasaba fuera de la casa, cuando debía ir al supermercado, pero no se atrevía a bajar, muchos menos a entrar.
Mantenía las llaves junto a él todo el tiempo, al igual que el relicario que le dieron sus padres, el cual apretaba en sus manos cuando los necesitaba.
Pasó noches apretándolo y llorando.
—Sí Hansol me regala otro juguete sexual más este año, termino con él —Se quejó SeungKwan moviendo el vaso de agua en sus manos.
—Viven juntos —Le recordó JiHoon.
—Terminamos igual.
—Están casados, hace tres meses —Alzó ambas cejas, difícilmente SeungKwan se podía emborrachar, estaban bebiendo agua aunque estuvieran sentados en una barra de un bar —No te puedes separar tan pronto.
—¿Por qué no?
—Porque se aman —SoonYoung apareció del otro lado de la barra limpiando un vaso con un trapo blanco.
A SoonYoung lo conoció cuando tenía nueve años, era nuevo en la escuela y muchos chicos lo molestaban por sus ojos pequeños, desde entonces se integró al grupo y no se separó más de ellos.
Era un buen chico, gracioso y amable, su novio era MingHao quien también trabajaba en el bar, llevaban dos años viviendo juntos y eran una adorable pareja.
—Juro por mi vida que no siento los pies —MinGyu llegó sentándose junto a SeungKwan y JiHoon rió —Estuve en dos reuniones y no alcancé ninguna silla.
—¿No habían suficientes sillas para todos? —Preguntó JiHoon.
—Oh claro que había una para mí pero este idiota la utilizo para poner sus pies encima —Miró a SeungCheol con odio y los demás rieron.
—¿Estaba demasiado pesado el trabajo como para no darle la silla a MinGyu? —JiHoon miró a su lado donde se había sentado el pelinegro.
SeungCheol era su mejor amigo desde los ocho años, era un chico muy humilde a pesar de tener una gran empresa, jamás cambió con JiHoon por tener más dinero, siempre fue el mismo. Lo apoyó bastante cuando se sintió perdido debido al accidente de sus padres, muchas noches se quedó llorando en sus brazos.
Y eso solo hizo más fuerte su lazo de amistad.
Pero JiHoon cometió el error de enamorarse de él, lo descubrió cuando lo vio junto a su primer novio. Ahí se dio cuenta de que el amor pasó las barreras de la amistad.
Jamás se lo hizo saber, SeungCheol no volvió a tener un novio nunca más a pesar de lo guapo y agradable que era.
JiHoon sabía que sus sentimientos no eran correspondidos y no quería perderlo diciéndole lo que sentía.
—Demasiado —Respondió SeungCheol.
—Eres cruel —Acusó JiHoon.
SeungCheol le sonrió —He visto una publicidad tuya al venir, sales muy bien.
—¿En serio? —Preguntó emocionado —¿Dónde la viste?
—Frente a la plaza estaban colocando un anuncio —Respondió entrecerrando sus ojos para recordar bien el lugar —Salías vestido de azul marino.
—¡Genial! —Chilló JiHoon levantándose —La iré a ver ahora.
—Te llevo —Se ofreció SeungCheol poniéndose de pie.
—He dejado el auto afuera pero gracias por decirme —Se colocó rápidamente su abrigo —Me dijeron que saldría hoy pero no dónde.
—Pasaré a verla luego —Dijo SeungKwan y JiHoon se despidió agitando su mano para salir del bar.
SeungCheol se quedó de pie con su mano levantada sosteniendo las llaves del auto.
—Ya dile que te gusta —Le habló MinGyu.
—¿De qué hablas? —Preguntó el pelinegro mirando a su amigo.
—De JiHoon y tú, es obvio que te trae babeando, solo basta con mirarte.
—Somos amigos —SeungCheol suspiró sin ánimo —Solo eso.
En ese momento JiHoon sabía que todo el esfuerzo tenía sus frutos, ver un anuncio de él le hacía saber que no iba por un mal camino, estaba haciendo las cosas bien.
—Espero que puedan verlo desde el cielo —Sacó el relicario que estaba bajo su camisa y lo apretó con fuerza —Yo estoy bien aquí pero los extraño.
—Estoy seguro que ellos también lo hacen —JiHoon se volteó encontrándose a SeungCheol —Y están orgullosos de ti.
JiHoon intentó limpiarse las lágrimas pero SeungCheol se acercó a él bajando lentamente sus brazos.
—Conmigo no, JiHoonie —Lo sujetó de las mejillas viendo cómo el menor evitaba el contacto visual —Puedes llorar frente a mí.
—Estoy harto de llorar en estas fechas —Era el único mes donde todo volvía a su mente.
—Sí quieres llorar hazlo, maldice si quieres hacerlo, patea algo, hasta puedes golpear mi rostro si necesitas descargarte.
JiHoon sonrió cerrando sus ojos, unas lágrimas se deslizaron junto a esa triste sonrisa y SeungCheol sintió cómo se apretó su corazón.
Llevaba dieciséis años enamorando perdidamente de la misma persona, JiHoon jamás se dio cuenta de sus sentimientos y cuando sus padres fallecieron dejó olvidado a su corazón, estaba seguro que lo había congelado por dentro, a pesar de lo cálido que era por fuera, JiHoon puso una barrera para el amor, la cual ni siquiera él pudo derribar.
Pero su mundo se detenía cada vez que JiHoon lo miraba, eso no cambió nunca.
Intentó enamorarse de alguien más pero fue inútil, JiHoon no salía de su cabeza, sus ojos, sus manos, la mirada tierna que aún conservaba a pesar de perder a su familia.
Había un chico cálido y lleno de amor dentro de él, lo sabía, lo podía ver por segundos, uno que pedía a gritos que lo cobijaran.
—No te golpearé —JiHoon lo miró y SeungCheol limpió sus lágrimas —Eres un gran amigo SeungCheol.
Una sola palabra, con cinco letras, lo mataba una vez más por dentro.
SeungCheol posó sus ojos en el pequeño limpiándole las lágrimas que resbalaban por su adorable rostro, hasta el día de hoy, hasta ese momento, daría todo porque JiHoon se enamorara de él.
Todo.
Los días pasaron cada vez más lentos para JiHoon, intentaba mantener la mente ocupada en su trabajo pero las campañas publicitarias en diciembre no eran demasiadas, claro, todos querían tener unas pequeñas vacaciones para celebrar en familia.
Él solía cambiar para tener monedas disponibles en sus bolsillos y cuando veía a alguien en situación de calle pidiendo dinero, le pasaba algunas monedas, así podían comprar algo para navidad, ya sea tener un trozo de pan, pero comer, y tener algo ese día.
Vio a un señor de edad en el suelo, junto a una manta sucia. No estaba pidiendo dinero, simplemente estaba ahí. JiHoon miró la cafetería y entró.
Se acercó al señor con un vaso de chocolate caliente y un sándwich, él amaba comer eso cuando hacía frío.
—Aquí tiene —JiHoon estiró sus brazos ofreciendo la comida.
—Muchas gracias —Los tristes ojos del señor sonrieron y JiHoon se sintió tranquilo —Que pases una bonita navidad.
JiHoon le regaló una leve sonrisa y asintió —Igualmente.
Con el pasar del tiempo supo que no había nada mejor como un regalo sincero, no tenía que ser costoso para ser importante, no tenía que ser algo material necesariamente. A veces bastaba con algo tan simple como comprar un chocolate caliente, una sonrisa, una palabra o un abrazo, un gesto desinteresado.
Sentía impotencia cuando sabía que alguien no había quedado feliz con un regalo.
¿Desde cuándo la navidad se veía como una fecha tan material y consumista?
¿Desde cuándo era más importante un regalo que la compañía?
Un presente puede demostrar que conoces tan bien a la persona como para comprar lo que necesita, y JiHoon no lo veía como algo completamente malo.
Pero si cuando todo se centraba en la cantidad de regalos que había bajo el arbolito de navidad.
JiHoon entró al bar quitándose el abrigo, limpió su cabello y se sentó en la barra.
Ese era el lugar favorito de todos para hablar después del trabajo, solo algunos bebían alcohol, otros pedían agua, como JiHoon. Aprovechaban ir de día para evitar la música y posibles ebrios que podían aparecer en la noche.
—¿Qué harás en navidad, SeungKwan? —Preguntó Joshua bebiendo de su trago.
—Con Hansol la pasaremos donde sus padres y luego iremos donde los míos, el año pasado la pasamos afuera así que ahora estaremos en familia —Contestó tomando la mano de su esposo.
JiHoon los miró atento bebiendo un sorbo de agua.
Hace algunos años atrás, SeungKwan lo había invitado a pasar una navidad en su casa, a pesar de llevarse bien con sus padres sabía que incomodaba allí, lo pensaba así aunque le dijeran lo contrario. Era una familia muy dulce pero no le pertenecía.
JeongHan también lo intentó, hace dos años lo invitó a casa junto a Joshua, ellos vivían solos y escuchar los gemidos y el rechinar de la cama en la madrugada no era lo ideal en navidad. JiHoon jamás les comentó aquello, solo les agradeció y se negó cuando le ofrecieron la casa nuevamente para pasar las fiestas.
—¿Y tú SeungCheol? —Preguntó SeungKwan mirando al mayor —¿Pasarás la navidad donde tus padres?
—No podré —Respondió y JiHoon inmediatamente lo miró —Al día siguiente tengo una junta y el viaje dura sesenta horas así que se me hace imposible visitarlos este año.
—¿Qué harás el veinticuatro entonces? —Preguntó JeongHan —No me digas que la pasarás en la oficina.
—Entonces no preguntes —Rió el mayor.
—¡Joder! —Exclamó JeongHan —¿Qué clases de fiestas son esas?
—Adelantaré trabajo —Se defendió el pelinegro con una sonrisa divertida.
Cruzó miradas con JiHoon y el menor le sonrió.
Solo por ese día celebrarían en la noche en el bar de SoonYoung, con música y bebidas. JiHoon no era mucho de ese estilo, amaba a sus amigos y los acompañaba pero una hora más tarde decidió salir al balcón del segundo piso para estar más tranquilo.
SeungCheol llegó a los minutos y JiHoon se volteó a verlo.
—JeongHan está perdiendo la cabeza con el alcohol —Comentó el pelinegro apoyándose en la baranda del balcón para después soltar una risita.
—Me lo imaginaba —JiHoon se quedó junto a SeungCheol, atesoraba cada momento junto a él como si fuese el último.
SeungCheol era exactamente eso que nunca quisiera perder.
Jamás podía saber cuándo iba a ver a alguien por última vez, eso lo aprendió hace años.
JiHoon movió su pierna y las monedas sonaron en su bolsillo, SeungCheol lo miró para después sonreír.
—¿Aún tienes esa costumbre? —Preguntó el mayor, él sabía que JiHoon le daba dinero a algunas personas en la calle y no se lo había dicho, un día caminando lo vio hacerlo pero no le comentó nada pero cada año se fijó y JiHoon seguía haciéndolo.
—Es para que al menos, otras personas tengan una buena navidad.
—¿Qué extrañas de la navidad? —Preguntó SeungCheol en voz baja, JiHoon lo miró y él también lo hizo —Aparte de tus padres.
—Los adornos, adornar un árbol con las esferas y figuras de muñecos de nieve, el chocolate en la noche, las galletas, las conversaciones hasta tarde —Contestó con nostalgia —Ver los regalos, esperar para abrirlos y saber, por fin, que había en esas cajas.
—Tú casa era como la de Santa en el polo norte —Recordó SeungCheol, la casa de JiHoon era una de las más adornadas de la calle y en la noche las luces de colores se prendían llamando la atención de cualquier persona que pasara caminando por allí.
—Lo sé, mis papás amaban este mes —Miró el cielo oscuro y se quedó en silencio mientras que SeungCheol admiraba su perfil —En una navidad mi papá compró suéteres navideños.
SeungCheol sonrió con solo imaginarlo —Eso sí que es amar la navidad.
—Todas esas cosas se quedaron en casa de mis padres —Miró sus manos frías y el manto blanco que había creado la nieve bajo ellos.
—¿No has ido a verla en todos estos años?
—SeungKwan fue hace un tiempo, ya sabes, para ver qué no haya entrado alguien pero es difícil porque aseguré las puertas y ventanas antes de irme.
—¿No te gustaría volver?
—No —En los once meses restantes del año su estado anímico era bueno pero todo cambiaba en diciembre, debía esperar a que terminaran las fechas y el dolor pasaría.
JiHoon llevó una de sus manos hacia su cuello para sacar el relicario y apretarlo pero no lo encontró, lo buscó en un segundo notando que no tenía nada alrededor de su cuello.
—¿Dónde lo he dejado? —Preguntó mirando el piso del balcón. Sacó su celular para usar la linterna.
—¿Qué cosa?
—El relicario de mis padres, no lo tengo —Se agachó en el suelo tratando de encontrarlo.
—Debe estar por aquí —Dijo SeungCheol arrodillándose en el suelo.
Lo buscaron por cada rincón pero el relicario no apareció, incluso le avisaron a los chicos pero nada. JiHoon trató de recordar a dónde había ido, cada paso que dio pero aunque volvió todo atrás, el relicario no estaba.
Era lo único que le dejaron sus padres, lo único que lo hacía sentirlos cerca.
SeungCheol se estacionó fuera del edificio de JiHoon y apagó el motor para mirar al pequeño a su lado, estaba con los ojos llorosos y sabía la razón.
—Volveré a buscarlo de nuevo —Habló SeungCheol.
—Por favor —Murmuró JiHoon —Debí quedarme para buscarlo mejor.
—Es tarde JiHoonie y debes dormir, mañana tienes una reunión y no puedes faltar, ni ir con ojeras —Miró la expresión triste del pequeño —Lo encontraré, lo prometo.
—Llámame si lo haces, por favor, al menos para dormir tranquilo —Pidió JiHoon y SeungCheol asintió —Gracias por traerme.
Al entrar en su departamento, JiHoon no prendió ninguna luz, se fue directo a su habitación y se recostó en la cama sin cambiarse, las cortinas estaban abierta pero no le importó, sacó el celular de su bolsillo para esperar la llamada de SeungCheol.
Pero se durmió esperándola y jamás llegó.
Después de tantos años de llevar el relicario junto a él, se le hacía demasiado incómodo no tener nada en su cuello, se sentía desprotegido por más tonto que sonara.
Sabía que tenían dos Ángeles guardianes pero no los sentía cerca.
Al día siguiente fue al bar de SoonYoung pero por más que lo buscaron, no había nada. Era como si se lo hubiese tragado la tierra.
En los siguientes días donde JiHoon no debía trabajar hasta el próximo año, se quedó encerrado en su departamento, no quería ver nada relacionado a la navidad, por ende tampoco veía la televisión ni escuchaba la radio.
Se quedó en cama, se levantaba para comer e ir al baño.
Hasta que la víspera de navidad llegó, un día veinticuatro de diciembre donde todas las personas en el mundo estaban en sus casas, compartiendo con sus seres queridos.
Quería pretender que no le afectaba, quería mantener la calma y no sentirse mal por pasar la navidad solo y en casa, sus amigos siempre le daban regalos de navidad pero él no armaba un arbolito por lo cual no tenía dónde colocarlos.
Los abría el mismo día en que se lo entregaban.
Por lo mismo, hace tres años todos los chicos se pusieron de acuerdo para ir a visitarlo ese mismo día, donde entraban un rato a su departamento y le entregaban los regalos.
JiHoon se sentía demasiado incómodo con ello, agradecía el gesto pero sabía que en realidad querían estar con sus familias y no era justo que estuvieran ahí por su culpa.
Ese día, salió de su departamento antes de que llegaran, iría por un café y se quedaría ahí, conocía una cafetería que estaba abierta toda la noche.
En el camino escuchó los cascabeles sonando, las risas de los niños, la campanilla de los hombres que se disfrazaban de Santa.
Esta nieve lo hacía sentir solo.
Estaba solo en el mundo.
Y nadie podía ocupar ese lugar tan vacío que tenía en su corazón, el gran espacio que sus padres llenaban de amor.
Sus pies lo guiaron mientras veía a las personas felices con regalos en sus manos o con papeles de diseños navideños.
Cuando levantó la mirada sacó el celular de su bolsillo y marcó a la única persona que necesitaba en ese momento.
—Hola SeungCheol —Habló con voz temblorosa debido al frío, acarició sus brazos y notó que solo salió con una camiseta delgada.
—¿JiHoon?
—¿Estás en la oficina?
—Sí, ¿Necesitas algo?
—¿Podemos tener una cita navideña? —Preguntó con voz baja —Quiero saber que se siente estar con alguien importante y especial en navidad.
—¿Dónde estás? —Preguntó inmediatamente dejando de lado el trabajo en el escritorio.
—Frente a la casa de mis padres —Miró las cortinas cerradas como él las dejó y la puerta donde en esta fecha solía estar una corona allí.
—¿Has ido en el auto?
—No, salí a caminar y terminé aquí.
SeungCheol se volteó mirando por la ventana, estaba cayendo nieve y él, aun estando en la oficina, tenía frío. No quería pensar cómo estaba JiHoon —Voy enseguida.
—Señor Choi —Entró la secretaria con unos documentos —Aquí traigo todo para las firmas.
—Ahora no —SeungCheol se colocó el abrigo —Y ve a casa para estar con tu familia, yo saldré.
Había sido demasiado sencillo llegar a la casa que visitó tantas veces por JiHoon, donde lo conoció, donde lo vio feliz y donde su personalidad lo enamoró.
—Maldición JiHoon —Apenas lo vio con solamente una camisa puesta se quitó el abrigo para pasárselo por los hombros —¿Por qué sales tan desabrigado?
—Quería ir por un café —Lo miró detenidamente, SeungCheol estaba vestido con un traje oscuro pero ahora solo traía una camisa blanca junto a una corbata.
—Está bien —Le tomó las frías manos para soplarlas y darle calor —No te preocupes, ya estoy aquí JiHoonie.
JiHoon lo abrazó y se quedó llorando en su pecho, SeungCheol cerró los ojos y acarició su espalda, el pequeño estaba temblando y su llanto era el mismo que tenía a los días de haber perdido a sus padres, eso le dolió aún más.
—Tranquilo JiHoon —Susurró SeungCheol —No estás solo, estoy aquí contigo.
JiHoon se aferró a la camisa del mayor y lloró hasta que no pudo más, se sentía tan cálido estar entre sus brazos, lo reconfortaba como nadie más podía hacerlo y por eso mismo amaba cada momento en que SeungCheol lo abrazaba.
Se sentía protegido y en familia como cuando vivía en la casa que estaba frente a ellos.
SeungCheol lo guio hasta su auto y le abrió la puerta. A mitad de camino le dijo que quería ir a su departamento y terminaron allí.
—Gracias por traerme —Recogió los regalos que los chicos dejaron en la puerta y sacó las llaves de su bolsillo.
—Pasaré por ti a las siete —Dijo SeungCheol captando la atención del pequeño.
—¿Cómo?
—Tendremos nuestra cita navideña.
JiHoon abrió sus ojos sorprendido de escucharlo y asintió —A las siete.
Despidió a SeungCheol y durmió dos horas donde pudo tranquilizarse completamente. Despertó con más ánimo, se miró al espejo, sus ojos estaban hinchados y rojos, suspiró y comenzó a arreglarse para su cita con SeungCheol.
Era extraño pensarlo, no sabía cómo se había atrevido a preguntarle algo así pero sabía que había aceptado porque le tenía aprecio y sabía muy bien cómo se podía sentir este día.
No había nada más allá de eso y debía tenerlo claro.
Cuando tocaron el timbre, tomó las llaves y fue a abrir, encontrándose a SeungCheol vestido muy simple, con un suéter gris y pantalones negros. Había olvidado por un segundo que detrás de todos esos trajes formales que usaba en la oficina y detrás de esas corbatas seguía estando el mismo chico que conocía desde hace años, el dulce, el relajado, el que no tenía juntas y disfrutada de cada cosa de la vida.
Ese chico que lo enamoró locamente.
—¿Listo? —Preguntó SeungCheol dándole una cálida sonrisa y JiHoon asintió cerrando la puerta.
SeungCheol vivía al otro extremo de la ciudad, cerca de su oficina, según él era porque odiaba levantarse demasiado temprano.
—Espera —SeungCheol caminó hasta llegar atrás de JiHoon y le cubrió los ojos con las manos antes de entrar a su departamento.
—¡Oye! —Reclamó el castaño riendo.
—Camina despacio ahora —Indicó el mayor empujando la puerta con su brazo derecho. JiHoon dio pasos pequeños y lentos, él lo guió por el camino.
El delicioso olor llenó los pulmones de JiHoon cuando llegaron al comedor, SeungCheol quitó sus manos y vio la mesa con un pavo enorme en el centro, acompañamientos, velas rojas, adornos navideños y un mantel dorado.
—Cena navideña —Dijo SeungCheol con una tímida y nerviosa sonrisa.
—¿Tú has preparado todo en unas cuantas horas?
—Ya lo tenía todo listo, te iba a llamar a media noche pero no estaba seguro aún si iba a poder hacerlo —Desde hace años hacia lo mismo y cuando debía llamar a JiHoon no se atrevía a hacerlo, pensando en que se negaría. Lo conocía bastante y podía darle un “no” como respuesta solo por escuchar la palabra “navidad”.
—Es como la casa de Santa —Miró a su alrededor y todo le recordó a sus antiguas navidades, los adornos de trineos, las esferas de nieve, las guirnaldas en las paredes, los cojines con renos, había mucha dedicación en cada centímetro del departamento.
—Lo sé, he comenzado hace una semana atrás todo esto.
—¿Y todo esto lo preparaste para invitarme a cenar? —Caminó hasta la sala seguido por SeungCheol y miró el árbol de navidad con luces de colores y hermosos listones rojos —¿Estás seguro que no vendrá tu familia este año?
—Seguro —Contestó sonriéndole —Es todo para ti.
Se sentaron juntos, SeungCheol le sirvió al menor y comenzaron a cenar, JiHoon había olvidado cómo era tener una cena de navidad, cómo se sentía estar en una casa decorada por la fiesta, muchas veces lo evitó pero ahora se sentía bien, estaba cómodo, comenzando porque estaba acompañado de SeungCheol que era la persona sobre la tierra que más amaba y también porque había preparado todo para él.
—¿Te gustó? —Preguntó SeungCheol terminando de cenar.
—Demasiado —Contestó dejando los servicios en el plato —Debiste gastar mucho tiempo aquí.
—No te preocupes por eso —Tenía su recompensa y esa era la sonrisa de JiHoon junto a sus ojitos emocionados.
Eso pagaba las horas de trabajo en casa y en la cocina.
—¿Te imaginas cómo sería una declaración de amor en navidad? —Preguntó JiHoon sin dejar de mirar su plato —¿O cuántos chicos se están declarando en este momento en todo el mundo?
—Me imagino que muchos —Respondió SeungCheol mirando al pequeño frente a él —Es una bonita fecha para hacerle saber tus sentimientos a la persona que amas.
SeungCheol sabía muy bien qué todo esto no le haría saber a JiHoon que lo amaba, que lo tomaría como un favor que le hizo pero en realidad era una forma de hacerle saber sus sentimientos porque no se atrevía a decirle en palabras lo que sentía.
Temía perderlo, alejarlo, por lo que prefería mantenerlo a su lado para cuidarlo aunque fuera como un amigo más.
Pero la idea de acercarse más a él cruzó por su mente, quería atreverse y como un auto regalo de navidad, finalmente confesarse.
—Podemos jugar a ser novios esta noche —Comentó SeungCheol ganándose la atención inmediata del pequeño —Un novio es una persona especial, termina siendo tu familia y no quiero hacer el papel de padre.
—Mi novio...
—También podría ser como esposos —Sonrió nervioso esperando la respuesta del pequeño.
—Pareja, queda mejor así —Aceptó JiHoon.
SeungCheol se levantó para ir a buscar a la cocina dos tazas de chocolate junto a algunas galletas de mantequilla. Se sentó en la mesa y JiHoon suspiró al sentir el aroma.
Los recuerdos aparecieron en el presente, su antigua casa, el delicioso aroma a chocolate caliente, la calidez y felicidad que podía provocar en él, volvió.
—Espero que te guste —Colocó las cosas en la mesa y se sentó frente al menor.
La idea de estar celebrando la navidad como antes, le agradaba, muchas veces evitó las cenas de trabajo o con sus amigos, pero con SeungCheol se sentía bien, se sentía en casa.
De pronto, JiHoon posó sus ojos en la fotografía que estaba en el mueble cerca del teléfono, había conocido a los abuelos de SeungCheol, eran una pareja adorable, con un amor como ningún otro. Lleno de risas y cariño.
SeungCheol lo notó y sonrió.
—¿Crees que duraríamos tanto como ellos? —Sabía que su pregunta se escucharía como parte del juego pero en realidad quería saber esa respuesta de SeungCheol, aunque fuese de mentira.
—Quizás un poco más que ellos —Respondió con una sonrisa —¿Y tú qué crees?
—Creo que si fuéramos una pareja real duraríamos un tiempo pero luego terminaríamos —Musitó el pequeño.
—Yo no lo pienso así, creo que si fuéramos una pareja real no nos separaríamos —Se atrevió a tomar la mano de JiHoon por encima de la mesa y se miraron a los ojos. Olvidó el juego por ese momento —Porque si esto fuera real no te dejaría ir.
Esas palabras hicieron que el cuerpo de JiHoon se estremeciera, sonaban tan reales que le sorprendió.
—Yo tampoco te dejaría ir —Dijo sinceramente.
—Estoy sorprendido de tu capacidad de comer —Miró el plato vacío de JiHoon que aún estaba sobre la mesa y ambos sonrieron —Y para amar, soy el hombre más afortunado del mundo porque me elegiste a mí y jamás volverás a estar solo porque mereces ser amado y yo...
JiHoon espero a que continuara, el tacto suave de las manos de SeungCheol no lo había sentido desde que tenían dieciocho años y le tomaba la mano para poder quedarse dormido.
—Te amo JiHoon —Confesó SeungCheol completamente fuera del juego.
—Te amo SeungCheol —No mentía y tampoco jugaba.
Se quedaron un minuto en silencio, simplemente mirándose y diciéndose mil cosas en aquellas miradas, ambos querían creer que por fin lo habían dicho, que por fin sacaron de sus corazones eso que ocultaron por tantos años y que la posibilidad de estar juntos existía.
JiHoon quería congelar ese momento, en ese segundo, donde SeungCheol estaba entrando a su corazón para ocupar un poco de lo vacío que se encontraba.
—Te amo —Repitió SeungCheol. Sabía que en algún momento todo acabaría.
Y así fue, cuando JiHoon deslizó sus manos sobre la mesa alejándose de él y sonriendo nervioso.
—Eso fue muy real —Dijo el pequeño sacando una galleta del plato.
SeungCheol soltó una risita nerviosa y se pasó la mano por su nuca —Lo sé.
Cerca de las once de la noche pasaron a la sala, JiHoon admiró cada decoración y conversaron de sus trabajos, de los chicos, JiHoon le contó sobre los anuncios publicitarios que haría al acabar las fiestas, SeungCheol le contó cómo iba su empresa, lo rápido que crecía y sus planes a futuro.
—Por cierto, te he comprado algo —SeungCheol tomó el único regalo de navidad que estaba bajo el árbol.
—Yo no traje ningún presente para ti.
—No te preocupes —Su mejor regalo era tenerlo ahí —Tómalo —Agitó la caja suavemente —Es para ti.
JiHoon la tomó con una tímida sonrisa en sus labios y lo miró para luego ver la caja y abrirla, se encontró con el relicario de sus padres, volvió a mirar a SeungCheol y lo sacó de la caja.
—¿Cómo? —Preguntó mirando a SeungCheol.
—Lo encontramos en la calle, frente al bar de SoonYoung, lo pisaron varios autos pero tenías bastantes fotos con él así que no fue tan difícil mandarlo a arreglar para que quedara igual que antes —Le contestó mirando al menor desabrochando la cadena —Y SeungKwan me ayudó para que fuera la misma fotografía.
—No lo puedo creer —Abrió el relicario y efectivamente era la misma fotografía, había quedado igual, ni siquiera se notaba que habían pasado autos por encima de él.
—Déjame ayudarte —Dijo SeungCheol caminando hacia atrás de JiHoon para abrochar la cadena alrededor de su cuello.
—Gracias SeungCheol —JiHoon no dejó de sonreír, cuando no sintió los dedos del mayor sobre su piel, se volteó para abrazarlo —Es el mejor regalo que he recibido en mucho tiempo.
—Me alegra que te haya gustado —Lo abrazó acariciándole la espalda —Sé lo importante que es tenerlo junto a ti.
—Gracias —Levantó sus talones para besar la mejilla de SeungCheol pero se encontró a escasos centímetros de su rostro y el nerviosismo volvió a él, se alejó con una sonrisa —Gracias, en verdad.
SeungCheol suspiró y miró a su alrededor.
—Ah, también he comprado esto —Fue hasta su habitación y JiHoon se quedó en la sala esperándolo, cuando volvió llevaba un suéter navideño y el menor sonrió al verlo —Hay uno para ti.
JiHoon tomó el festivo suéter en sus manos mirándolo con ternura.
—¿Debo ponérmelo ahora? —Sonrió.
—Es navidad, debes hacerlo.
Cuando dieron exactamente las doce, salieron a caminar con sus suéteres navideños pero debido al frío también ocuparon sus abrigos, la nieve seguía cayendo pintando de blanco cada rincón, las luces de colores adornaban el paisaje, era un buen momento para salir en calma ya que todos a esa hora estaban en casa.
SeungCheol miraba de reojo al pequeño caminando a su lado, sus manos chocaban de vez en cuando, quería reunir el valor para tomarla y caminar así.
Suspiró profundamente y tomó la mano de JiHoon, el menor inmediatamente lo miró pero no le dijo nada, el juego de ser pareja seguía en pie.
Con extrema lentitud, SeungCheol entrelazó sus dedos y se sentía la persona más feliz del mundo en ese momento.
Llegaron hasta la plaza de la ciudad y JiHoon deslizó su mano alejándose de SeungCheol, la magia debía terminar porque mañana volvería a la realidad donde SeungCheol lo veía como su mejor amigo, era lo mejor para no hacerse ilusiones.
—Debo regresar a casa —Caminó de espalda mirando al mayor dando pasos lentos —Muchas gracias por todo.
SeungCheol siguió caminando en lo que JiHoon se alejaba de él, no quería que se fuera, la cobardía para hacerle saber sus sentimientos estuvo presente demasiados años, amaba a JiHoon y no quería ocultarlo más.
—¡Te amo JiHoon! —Exclamó en voz alta llamando la atención del castaño.
—SeungCheol ya hemos acabado el juego —Rió nervioso y dejó de caminar.
—No estoy jugando —Confesó el mayor mientras la nieve caía sobre ellos.
—¿Desde cuándo?
—Desde que miraste la fotografía de mis abuelos y quisiste jugar —Se acercó al pequeño levantando su mentón con suavidad —Todo lo que dije mientras cenábamos fue verdad, te amo y siempre lo he hecho.
JiHoon quedó atónito con aquella confesión.
—Te amo desde que tengo ocho años —Continuó el pelinegro.
No podía ser cierto, se repetía JiHoon. Pensaba que podía estar durmiendo y que todo esto era un sueño, un hermoso sueño del cual no se quería despertar.
—Y quiero estar contigo, ahora y siempre —Dio un paso más invadiendo el espacio personal de JiHoon.
—SeungCheol —Trató de hablar.
—Quiero ser tú navidad —Acomodó las frías mejillas de JiHoon en sus manos —Si me lo permites.
—Dime que no despertaré ahora —Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había soñado con ese momento pero jamás imagino que sería así de perfecto.
—No despertarás ahora —Aseguró SeungCheol pellizcando suavemente su mejilla.
—Y que me amas.
—Te amo.
—Tanto como yo a ti.
SeungCheol sonrió y sintió unas cosquillas recorrer por su pecho —Tanto como tú a mí.
El menor sacó el relicario que estaba debajo de su suéter y lo apretó con sus manos, cerrando los ojos, estaba seguro de que SeungCheol no había aparecido en su vida por casualidad, no creía en ellas, lo colocaron en su camino para que cuando sus padres se fueran al cielo, él no cayera al suelo, SeungCheol lo afirmaría, sujetaría y caminaría junto a él.
SeungCheol era su regalo de navidad, el mejor que podía tener.
De pronto, SeungCheol cubrió las manos de JiHoon con las suyas y le besó la frente.
—Me encargaré de que no llores nunca más en esta fecha —Prometió SeungCheol —Y que tú hermosa sonrisa se mantenga los 365 días del año.
JiHoon buscó sus labios para unirlos, SeungCheol acomodó sus manos en la cintura del bajito mientras se besaban, había derribado cualquier barrera y ya no había marcha atrás.
Ese dulce y cálido beso lleno de amor sincero derritió a JiHoon por dentro.
Había encontrado un nuevo hogar en el corazón de SeungCheol, uno que lo hacía sentir protegido y en familia.
Y la blanca nieve que caía sobre ellos, nunca más lo haría sentir solo.
