Onesho
Donghae lo miraba fijamente, casi sin pestañear. Nunca pensó que ese asiento tuviera una muy buena vista de su amigo Hyukkie.
Hora de ingreso...
Como Donghae se había acostado tarde, buscando ovnis en el cielo con su telescopio nuevo, a su mami le costó más de lo habitual despertarlo para ir al jardín de infantes. Por esa razón, llegó tarde a clases y al ingresar a la salita verde, se encontró con que su asiento había sido ocupado por esa niña horrible llamada Hyoyeon.
A Donghae no le gustaba nada esa niña. Todos decían que ella era muy bonita y dulce, pero a Donghae le parecía fea y desagradable, más aun cuando la vio girarse rápido en su asiento hacia su amigo Hyukkie y plantarle un beso en uno de sus cachetitos. Hyukkie se sorprendió y sus ojitos se pusieron redondos. Donghae resopló y se puso rojo de rabia.
—¡Fuera de mi silla, cocodrila! —le gritó Donghae dándole un jalón fuerte a una de sus trenzas.
La niña gritó de dolor, pero no se asustó ni por un segundo. Por el contrario, se aferró al brazo de Hyukkie y miró a Donghae con el ceño fruncido.
—Esta no es tu silla, no veo tu nombre escrito por ningún lado —le contestó la niña y le sacó la lengua.
Donghae la odiaba. Esa niña todas las mañanas quería robarle su asiento para sentarse al lado de Hyukkie. Por más que le gritara, le jalara de las trenzas o la llamara cocodrila, la niña no se asustaba. Era una niña muy fuerte y a Donghae no le gustaba ni un poco.
—Sí, es mi silla y tiene mi nombre escrito, cocodrila fea —le contestó señalando el respaldo de la silla.
Hyoyeon le dedicó una mirada desafiante y se giró como pudo sin levantarse del asiento para verificar lo que el niño le indicaba.
—¡Eres un tonto! Ahí no dice Donghae, escribiste Dangho —le dijo la niña entre risas.
Todos sus compañeros de clase escucharon lo que Hyoyeon dijo y se rieron de él. Incluso Hyukkie tenía una pequeña sonrisa en sus labios. Donghae se cruzó de brazos con su mirada enojada y su boquita en un pequeño mohín. No era su culpa no saber escribir su nombre, era muy difícil y todavía se confundía con tantas vocales. Aunque la mayoría de sus compañeros ya sabían escribir sus nombres completos (incluido sus apellidos) a Donghae simplemente no le salía. Eran muchas vocales como para recordarlas todas.
Decidido a sacarla de su lugar, aunque fuese a la fuerza, se sacó su mochila de nemo y se subió las mangas del uniforme hasta los codos. Hyukjae dejó de sonreír al ver los puños cerrados de su amigo.
—¿Qué sucede aquí? ¿Otra vez peleando por el asiento? —exclamó la señorita maestra, encargada de la salita verde, al ingresar al aula.
—¡Seño, me robó mi asiento! —exclamó Donghae señalando a la niña que se aferró con mayor fuerza al brazo de Hyukjae.
—Yo llegué primero —contraatacó la niña.
—¡Basta! ¿Por qué no pueden turnarse el asiento?
—PORQUE YO ME QUIERO SENTAR CON HYUKKIE —gritaron ambos niños al mismo tiempo.
—¡SILENCIO! Nadie se sentará con Hyukkie si siguen peleando —amenazó la señorita maestra—. Donghae, siéntate en ese asiento libre —ordenó dando por terminada la discusión.
La señorita maestra señaló el asiento que estaba frente a Hyoyeon. Las mesas estaban dispuestas enfrentadas, los niños se sentaban en grupos de a cuatro. Hyukjae estaba sentado al lado de Hyoyeon y Donghae, arrastrando los pies y con un puchero, fue a sentarse al lado de Sungmin.
—¿Por qué peleas por el asiento? Si igual estás en el mismo grupo con Hyukkie —le preguntó el niño a su lado.
—Tú cállate —le gruñó en respuesta.
—¡Ya te dije que no me mandes a callar!
—Donghae —advirtió la señorita maestra.
—Ya no pelees, Donghae —le pidió Hyukkie extendiéndole su pequeña mano.
Donghae se apresuró y la tomó entre las suyas con una sonrisa en los labios. Su sonrisa se hizo más brillante al ver la molestia de Hyoyeon.
El día pasó con contratiempos menores. Durante el primer recreo, Donghae arrastró a su amigo Hyukjae al baño y le lavó la mejilla con jabón desinfectante, pero al regresar al aula, Hyoyeon se encargó de contaminarle la otra mejilla. Durante la clase de gimnasia, jugaron balón prisionero, pero el profesor tuvo que suspenderlo porque Donghae y Hyoyeon se golpeaban con el balón entre sí repetidas veces sin importarles que ambos pertenecieran al mismo equipo. Durante el segundo recreo, Donghae intentó recuperar su asiento robado pero Hyoyeon lo empujó al piso y le ganó el lugar.
“Cocodrila tonta y fea” murmuró entre dientes.
Llegada la última hora del día, la señorita maestra les dio una consigna para realizar: “Dibujar a la persona que más querían en el mundo”.
Todos se encontraban ensimismados, concentrados dibujando con lápices, crayones y marcadores de todos los colores. Donghae estaba en duda, él no sabía a quién dibujar. Su mami lo quería mucho y siempre le preparaba galletas caseras para la merienda, y su papi también lo quería y lo llevaba al parque todos los sábados. Y su abuela también contaba, ella le había comprado la mochila de nemo que usaba. ¿A quién debía elegir?
Levantó la vista de su hoja en blanco y observó a los demás. Todos dibujaban en silencio menos él. Hasta la “roba asientos” dibujaba concentrada. Todo era culpa de esa niña, si no le hubiera robado el asiento estaría al lado de Hyukkie y podría preguntarle en susurros a quién debía dibujar. Entonces fue allí que le entró la curiosidad. ¿A quién estaría dibujando Hyukjae?
Dirigió su mirada a su mejor amigo y la imagen le enterneció. Hyukkie se encontraba muy concentrado, con el ceño ligeramente fruncido, sus labios gordetes apretados como si estuviera pidiendo un beso, su manita derecha cerrada en un lápiz de color celeste mientras pintaba y la otra sosteniendo el papel en su lugar. “¡Qué lindo!“, pensó instantáneamente. Nunca se había detenido a observarlo realmente, nunca se había percatado de lo bien que le quedaba su cabello castaño, de lo suave que lucía a simple vista. Nunca había notado sus largas pestañas rizadas o lo lindo que lucían sus manitos. ¿Entonces por qué nunca lo notó? Aunque solo se veían en el jardín, ellos eran amigos desde el primer día de clases, siempre se sentaron juntos, excepto el día de hoy. “El asiento...” La razón, era el asiento. Como siempre estaba sentado a su lado no podía ver a Hyukkie de frente. Al parecer se estuvo perdiendo muchos detalles interesantes de él.
En ese momento, su mejor amigo levantó la vista de su hoja y le sonrió, pero no cualquier sonrisa, no señor. Le dedicó una gran y hermosa sonrisa, de esas en las que se veían sus encías y todo el brillo del mundo se reflejaban en sus ojos. Donghae sonrió a su vez, feliz de haber resuelto su duda.
Media hora después...
—Bien, niños. ¿Quién quiere enseñar su dibujo? —preguntó la señorita maestra.
Uno a uno los niños fueron pasando al frente enseñando sus trabajos. Cuando llegó el turno de Donghae, se levantó con todo el orgullo del mundo.
—Este de aquí —señaló una serie de siluetas coloreadas que había en su hoja—. Es Hyukkie, él es la persona que más quiero —declaró con las mejillas sonrosadas—. Él es muy bueno y juega conmigo en los recreos y me comparte su leche de frutillas.
Una ola de asombro se escuchó en el aula. Hyukjae se puso colorado hasta las orejas.
—Parece un mono —comentó a modo de burla y entre carcajadas un niño llamado Kyuhyun.
Donghae le iba a contestar como era debido, pero una voz irritante lo interrumpió.
—Yo lo dibujo mucho mejor —declaró Hyoyeon levantándose de su asiento y plantándose a un lado de Donghae, frente a todos sus compañeros, exhibiendo su dibujo con una sonrisa de suficiencia.
—¿Tú también dibujaste a Hyukjae? —preguntó la señorita maestra vislumbrando la discusión por venir.
—¡No puedes dibujar a Hyukkie! —gritó Donghae ofendido.
—¿Por qué? Tú también lo dibujaste, yo también puedo y mucho mejor —contestó la niña sin darle mucha importancia.
—Donghae, Hyoyeon, basta, no empiecen a pelear —advirtió la maestra.
—Yo también dibuje a Hyukkie. ¿Qué? ¿Acaso no se puede? —preguntó un niño llamado Siwon.
—No, tú tampoco puedes —negó Donghae dando una pataleta.
—¿Está prohibido? —preguntó el tal Siwon sin comprender.
Niños...
Hora de salida...
—Donghae, tienes que portarte bien. Tu mamá se va a enojar si te castigan otra vez —le advirtió Hyukjae con sus grandes ojos.
—No te preocupes, Hyukkie, no voy a pelear más con esa cocodrila por el asiento —declaró Donghae medio triste.
Él pensó que sería el único en dibujar a Hyukkie, pero se equivocó, varias personas querían a Hyukkie como él lo hacía y eso, por alguna razón que no entendía, lo entristecía. Donghae podía compartir a Hyukjae con la mamá y el papá de Hyukjae, incluso con Sora, su hermana, pero con ninguna persona más. Absolutamente nadie.
—Donghae —lo llamó tímidamente su amigo, sacándolo de sus pensamientos confusos.
—¿Qué sucede, Hyukkie? —preguntó al observarlo nervioso y ligeramente sonrojado.
—Toma —con sus manitos temblorosas le extendió una hoja de papel.
Donghae la tomó con cuidado. Algo en el comportamiento de Hyukjae le dijo que se trataba de algo importante. Observó detenidamente el dibujo. ¿Acaso...lo había dibujado a él? Claramente distinguía en la hoja su mochila de nemo y su cabello negro hasta los hombros. ¿Pero qué significaba esto?
Ambos estaban esperando cerca de la salida a que sus padres vinieran a buscarlos. En ese mismo instante apareció la madre de Hyukjae en la puerta anunciándose.
—La persona que más quiero eres tú, Donghae —le declaró su mejor amigo y acto seguido le plantó un beso en la mejilla y salió corriendo a alcanzar a su mamá.
Donghae quedó sorprendido, abriendo y cerrando la boca sin decir nada en absoluto. Sus dedos volaron hacia el sitio besado, acariciando, guardando en su memoria la maravillosa sensación.
Antes de salir, Hyukjae se volteó a verlo. Donghae pudo notar su rostro enrojecido como un tomate y sus ojos preocupados.
Entonces lo entendió, para Hyukjae la persona que más quería en el mundo era él, Donghae. Una sonrisa resplandeciente se esbozó en sus labios con tal conocimiento. Una sonrisa que borró la preocupación de su mejor amigo y le transmitió aceptación.
—¿Cómo te fue hoy, Hae? —le preguntó su mamá cuando llegó al jardín a buscarlo.
Todo lo que Donghae pudo hacer fue mostrarle el dibujo de Hyukkie.
—¡Me fue muy bien, mami!
Al día siguiente...
Sungmin venía caminando tranquilamente hacia su asiento. Observó que su compañero Hyukjae ya había llegado y esperaba sentado a que llegaran todos los demás.
—Buenos días, Hyukjae —saludó alegre, entonces observó a la niña sentada al lado del niño—. Buenos días, Hyoyeon.
—Buenos días, Sungmin —respondieron ellos al mismo tiempo.
“A Donghae no le va a gustar esto”, pensó mientras se sacaba la mochila y disponía a sentarse. Pero de repente, sintió un aura oscura a sus espaldas. Se volteó rápidamente, sin embargo, todo lo que pudo ver fue un borrón en su campo de visión que se acercaba a velocidad sónica, empujándolo a un lado. Cayó al piso sin mucha gracia.
—¡Ay, Donghae! ¿Por qué me empujaste? —preguntó levantándose del suelo. Su asiento siendo ocupado por el niño sonriente.
—A partir de ahora yo me sentaré aquí —le contestó Donghae—. Aquí tengo una mejor vista —dijo más para sí mismo—. Tú puedes sentarte frente a la cocodrila —y señaló despectivamente a la niña.
—Dios este niño... ¡Donghae te vi! —gritó la señorita maestra desde la puerta.
FIN
**************************
**************************
Espero que les haya gustado!!! Por cierto, soy muy mala con los títulos... espero que nadie lo haya malinterpretado XD