Capitulo Unico
- Buenos días, señorita Christine.
Los días se alargaban, al menos así los percibía. Llegaba a la oficina y comenzaba a preparar el café, que solo el señor Lucci y yo bebíamos. Revisaba si algo faltaba y, de ser así, simplemente lo rellenaba o anotaba lo necesario para traerlo al día siguiente. Luego, me sumergía en la agenda, organizando papeles y archivando documentos. Hasta que el señor Lucci salía de su oficina y se servía una taza de café. Si la cafetera estaba en mi cubículo, que prácticamente lo dividía un ventanal de vidrio y una puerta que daba a la oficina de mi jefe, él me saludaba y yo le respondía. A menos que estuviera molesto, en cuyo caso era cortante y frío.
- Christine, necesito que revises tu correo e imprimas este. Al hacerlo, quiero que lo leas, subrayes y anotes lo que no entiendas. Me lo entregas. Después, revisa la agenda y dime mis citas del día de hoy. También quiero que archives estos documentos.
- Revisé su agenda, y el día de hoy tiene tres citas. A las 10 tiene una junta con el señor Akainu. Luego, a las 11:30, debe verse con la señorita Kalifa...
- Mierda, esa mujer no me deja en paz. ¿Qué más?
- Sí, su último pendiente es a la 1. El señor Mihawk quiere verlo.
- Entiendo, y gracias, Christine.
Por lo que veo, el día de hoy era normal.
El día terminó como de costumbre. Lucci salió sin despedirse. Bueno, el día era demasiado bueno para durar. Algo había pasado en su última reunión.
Terminé de acomodar mis cosas y salí de la oficina, asegurándome de no olvidar nada. Me despedí del guardia y seguí mi camino hacia mi departamento. Cansada, llegué y, tras ponerme mi ropa de dormir y desmaquillarme, recibí una notificación en mi celular. Era mi jefe, diciéndome que mañana tenía que ir a su casa antes de ir a la oficina. A veces, estas situaciones surgían, y Lucci me pedía que fuera a su casa para asistir a una reunión.
Siendo sincera, Rob Lucci era un hombre extremadamente atractivo. Durante meses, había sentido algo por él, pero sabía que él no se fijaría en una chica como yo. No era tan deslumbrante como las mujeres que a menudo entraban y salían de su despacho.
Al día siguiente, tomé las llaves del coche y me dirigí al departamento de mi jefe. Llamé al intercomunicador y esperé a que el señor Lucci me abriera. Subí al piso indicado y, al llegar, toqué la puerta. Lucci me estaba esperando con una carpeta que parecía importante.
"Tenemos un viaje de negocios, jovencita", dijo. "Necesito que vengas conmigo. Espero que tengas pasaporte, porque será un viaje de una semana".
"Señor Lucci", respondí, "¿no hubiera sido más fácil decirme esto en la oficina?"
"No", fue su lacónico respuesta.
"Entonces, ¿cuándo salimos?"
"Hoy mismo".
"¿Y a dónde iremos?"
"Claro, será a tu departamento. Tienes que hacer tu maleta, porque la mía está preparada desde anoche".
Dios mío, no podía ser peor. En serio, ¿me estaba diciendo que nos iríamos hoy? Joder.
Ahora entendía por qué había mencionado lo del pasaporte. Este misterioso viaje era a Japón. Prácticamente iba a ese viaje sin saber nada, solo lo indispensable para las reuniones. Por algo me había entregado esa carpeta.
El viaje duraría horas y nuestros asientos eran en primera clase, además de estar juntos. No diría que viajar con el señor Lucci era emocionante, pero los nervios me consumían. Verlo todos los días en la oficina era llevadero, pero viajar junto a él y saber que estaríamos juntos era otra cosa.
Me quedé dormida, no sé en qué momento exacto, pero lo hice. Aunque de vez en cuando sentía como si alguien me estuviera mirando. Quizás solo eran imaginaciones mías.
El viaje a Japón, un sueño adolescente hecho realidad. La tierra nipona se extendía ante nosotros, y yo no podía evitar sentirme abrumada por la belleza y la historia que nos rodeaba. Rob Lucci, mi jefe, parecía estar de buen humor, algo inusual en él, ya que su temperamento solía ser más bien sombrío.
En la entrada del aeropuerto, un coche nos esperaba. Había asumido que yo conduciría, pero al cargar las maletas en la cajuela, me di cuenta de que Lucci me había entregado las llaves. Él se dirigió al asiento del piloto, y yo me senté a su lado, observando cómo manejaba el coche con destreza.
Llegamos a un hermoso hotel de estilo tradicional japonés. La recepcionista, vestida con un elegante kimono, nos atendió rápidamente. Nos condujo a nuestras respectivas habitaciones, y me sorprendí gratamente al ver lo bien equipadas que estaban. Para un viaje de negocios, esto era más de lo que había esperado.
Esa tarde, Lucci me dejó libre. Aproveché para tomar un baño y cambiarme con la ropa que habían dispuesto para mí. El señor Lucci desapareció, y yo me quedé en mi habitación, leyendo los documentos pendientes antes de dormir.
Al día siguiente, comenzó mi jornada laboral. Me levanté temprano, me bañé y me vestí. Toqué la puerta de la habitación de Lucci, sabiendo que necesitaría su agenda mientras se alistaba. Él me miró, y yo comencé a repasar sus tareas para el día, que curiosamente se reducían a un solo día de trabajo.
Las horas pasaron volando entre reuniones y esperas en la cafetería mientras él cerraba acuerdos. No siempre estaba presente, pero yo seguía su ritmo. Al final del día, estaba agotada y solo quería relajarme con una taza de té caliente.
Fue entonces cuando Lucci entró en mi habitación. No se había anunciado ni tocado la puerta, algo inusual en él. Me miró fijamente y se sentó junto a la mesita. Mi corazón latía con fuerza, sin saber qué esperar. ¿Qué tenía en mente mi misterioso jefe?
- Buenos días señorita Cristine
Los días eran largos, así los sentía, llegaba y empezaba a preparar el café de la oficina, el cual solo lo bebiamos el señor Lucci y yo.
Revisaba si algo faltaba y si es así solo era de rellenar o anotar lo faltante para al día siguiente traer y llenar los recipientes, después era revisar la agenda y empezar a acomodar papelería y archivar. Hasta qué el señor Lucci salía de su oficina y se servía una taza de café, si la cafetera estaba en mi cubículo que prácticamente lo dividía un ventanal de vidrio y una puerta que daba a la oficina de mi jefe.
Todos los días era así, me saludaba y le respondía, a menos que estuviera molesto era cortante y frío y no lo hacía.
- Christine necesito que revises tu correo e imprimas este, al hacerlo quiero que lo leas y subrayes y anotes lo que no entiendas, me lo entregas. Después quiero que revises la agenda y que me digas mis citas del día de hoy. También quiero que archives estos documentos.
- Revice su agenda y el día de hoy tiene tres citas, a las 10 tiene una junta con el señor Akainu, después a las 11.30 tiene que verse con la señorita Kalifa...
- mierda esa mujer no me deja en paz... que más?
- Si, su último pendiente es a las 1, el señor Mihawk quiere verlo
- entiendo y gracias Christine
Por lo que veo el día de hoy era normal.
El día había terminado como de costumbre, Lucci salió sin despedirse, bueno el día era muy bueno para durar. Algo había pasado en su última reunión.
Termine de acomodar mis cosas y salí de la oficina sin antes sersiorar que no se me quedaba nada. Me despedí del guardia y seguí mi camino a mi departamento, cansada llegué a este y en cuanto me termine de ponerme mi ropa de dormir y desmaquillarme una notificación de mensaje llego a mi celular, mi jefe diciéndome que mañana tenia que ir a su casa para pasar a un lugar antes de ir a la oficina, bueno a veces pasaban estas situaciones donde Lucci me pedía que fuera a su casa para ir a una reunión.
Confirme su mensaje.
Si soy sincera Rob Lucci era un hombre muy atractivo, tenía meses sintiendo algo por el pero sabía que el no se fijaría en una chica como yo. No era tan atractiva como las mujeres que a veces entraban a su despacho y salían horas después.
Al siguiente día agarre las llaves del coche y me dirigí hacia el departamento de mi jefe. Llamé al intercomunicador Y espere a que el señor Lucci me abriera. Me dirigí hacia el piso indicado y al llegar solo toque, Lucci me estaba esperando con una carpeta que indicaba que era importante.
-tenemos un viaje de negocios jovencita, necesito que vengas conmigo, espero tengas pasaporte por que será un viaje de una semana.
-señor Lucci. No hubiera sido más fácil si me lo dijera en la oficina?
-no
-entonces el viaje, cuando salimos?
-hoy mismo
-entonces que pasa con el lugar al que iríamos?
-claro, será a tu departamento, tienes que hacer tu maleta por que la mía esta preparada desde anoche
Oh dios, no podía ser peor, enserió me estaba diciendo que hoy nos iríamos, joder.
Ahora comprendía el por qué había dicho o del pasaporte, ese dichoso viaje era en Japón, prácticamente yo iba a ese viaje sin saber nada, solo lo indispensable para las reuniones, por algo me había dado esa carpeta.
El viaje duraría horas y nuestros asientos eran en primera clase y juntos, no diría que viajar con el señor Lucci era emocionante pero es que me moría de los nervios, verlo todos los días en un horario era llevadero pero viajar junto a él y saber que estaríamos juntos era otra cosa diferente.
Me quedé dormida, no se en que momento pero lo hice, aunque de vez en cuando sentía como si me mirarán. Imaginaciones mías.
El viaje llegó a su fin, bajamos del avión y pisamos tierra nipona, dios jamás creí estar aquí, solo fue un sueño adolescente. Lucci me dijo que esperara la verdad creo que mi jefe se estaba portando muy bien en estos días, era raro para ser él ya que prácticamente no duraba con un buen humor todo un día, un coche nos estaba esperando en la entrada, pensé que el coche lo manejaría yo pero al meter las maletas a la cajuela vi que Lucci me había dado las llaves entonces vi cómo él se dirigía hacia el asiento del piloto, comprendí que yo tenía que sentarme a su lado y qué manejaría él,el coche.
Llegamos a un hotel la verdad es que era muy bonito, bueno se trataba de un hotel estilo muy tradicional japonés. Mi jefe se dirigió hacia la recepción Y él hizo todo el papeleo en el momento, una joven mujer vestida con un kimono muy bonito la verdad, nos dijo que la siguiéramos a nuestras respectivas habitaciones. Nos mostró todo lo que incluía y la verdad para ser un viaje de negocios esto era muy bonito, digo yo esperaba un hotel bueno normal.
Ese dia Lucci me dio lo que restaba libre, bueno yo aproveche y tome un baño y me cambie con la ropa que me habían dejado las encargadas. El señor Lucci desapareció, no supe a donde había ido y yo solo me quedé en mi habitación esa noche, leí lo que tenía pendiente del archivo y me dormí, al día siguiente empezó mi jornada, me levante, bañe y vestí. Toque la puerta del señor Lucci, e ingrese, sabía que el necesitaría su agenda mientras terminaba de alistarse, me miró y yo solo comencé a remitirle sus deberes del día de hoy, que curiosamente era el único día de trabajo.
El día paso volando entre estar en reuniones o esperarlo en la cafetería mientras el cerraba acuerdos, no siempre estaba presente, termine agotada y cansada solo quería tomar un baño y relajarme tomando té.
El señor Lucci entró a mi habitación, era raro que él no se anunciará o tocara. Me miró y se acercó a la mesita y tomo asiento yo solo miraba sus acciones, que era lo que buscaba aquí?
-señor? Que ocurre?
-solo quería pasar este momento con mi asistente
No mentiré diciendo que el señor Lucci exudaba dominación, en estos momentos me estaba ahogando en el ambiente, no dejaba de mirarme mientras tomaba su brandy.
-señor...si soy sincera me siento muy cansada y solo quisiera dormir
-sabes yo conozco tu secreto
Eh
A que se refería?
-no se de que habla señor
-solo dime Lucci, Christine
-no podría señor Lucci
El solo se levantó y yo mantenía mi cara agachada, no me dí cuenta que se había acercado a mi, hasta que sentí su mano en mi mentón y lo levanto.
-cuando te hable quiero que me mires Christine
-mm
Asentí
Me sentía rara, no se por que había agachado la mirada o por que le había confirmado el mandato. Bueno tampoco es que tuviera muchas chances de decir lo contrario o tal vez si y no quise hacerlo.
- sabes a lo que me refiero querida
- señor Lucci, en verdad no se a que se refiere
El se sentó en una silla que estaba pegada al suelo, no sabría describirla pero el se quedó ahí mirándome fijamente e intensamente, su vos grave llena de exitacion.
-entonces si te digo que se que tienes sentimientos por mi, dirías lo contrario?
No sabia que contestar - señor eso no es...
-silencio Christine, no eres nada discreta, vi el como me mirabas todas esas veces que pensabas que no estaba poniendo atención o ,e encontraba distraído - rio- niña debes de aprender a ocultar tus deseos, así que te haré realidad lo que quieres en este mismo instante.
-señ...
-Lucci, ya te dije que me digas por mi nombre, dilo - demando
-Lu...Lucci
-así, dilo de nuevo
-Lucci no,se a que se refiere con deseo, yo no...
-quiero que te vayas quitando lentamente la parte de arriba del kimono y te toques los pechos
-eh?
-hazlo
No sabía que hacer, no creí que Lucci me llegaria a pedir esto, pero empecé a bajar la manga de la parte mi hombro lentamente y así hice sucesivamente con la otra,me sentía exitada pero me encontraba nerviosa, mis pechos quedaron expuestos hacia el, masajie uno de ellos, suavemente acariciaba mis areola y pezones, el me miraba tan atento pero su respiración se estaba volviendo más fuerte, arrodillada me expuse ante el abriendo mis piernas. En ningún momento quite la vestidura.
Necesitada era la palabra correcta, así me sentía en estos momentos pero tenía que jugar previamente, estaba exasperada. Gemia suavemente, empecé a tocarme lentamente pasando mis dedos sobre mis pliegues tocando gentilmente mi clitoris moviéndome a los lados suavemente para así juntar mis piernas flexionadas.
-ven aquí gateando - señalando mi futon
Fui hacia el gateando, haciendolo, me acerque hacia mi cama.
-Siéntate en cuatro
Me senté sobre mis tobillos con mis manos sobre la sabana, suspiros entre cortados, el me miraba examinandome. Se acercó y con un toque en mi culo sabía que tenía que levantarlo, poniéndome en cuatro con mi torso recargado en el futon me miró por un segundo y escuché que sonrío, le gustaba lo que veía?
-abre tu boca
Cuando mire hacia el sostenía un pañuelo blanco, hice lo que me pidió e introdujo este en mi boca, lo mire suplicando que quería que me tocara, no quería este tonto juego.
- Cierrala - gemi.
- shhh, silenció y volteate
Me volvi a cómodar como me encontraba antes, y empecé a menearme.
Tocaba mi nalgadas, pasando sus manos sobre ellos, llegó el primer golpe, gemi, el me pidió que guardará silencio pero era inevitable me sentía tan caliente, volvió a golpear.
-cállate
Volví a emitir ruido, llego una tercera nalgadas, volvió a acariciar la zona, después una cuarta y el ya se escuchaba exitado. No mentiré que las nalgadas no duelen, sus golpes no eran suaves, volvió a darme otra, esta vez me queje y me hice hacia delante.
-shhh silencio, en cuatro
Sentí sus dedos en mis pliegues, acariciaba mi clitoris, empezando a moverlos cada vez más, poniendo un dedo en mi entrada para también masagearlo, me encontraba húmeda, quería que el señor Lucci me hiciera venir con sus dedos, los quito y golpeó mi vagina, mierda, me estaba matando con su control del orgasmo. Yo solo queria venirme.
-siéntate Y abre tus piernas
El comenzó tocando mi clitoris, movía su dedo y mis gemidos eran cada vez más altos.
-guarda silencio - pero no podía
-cállate
Se alejo, mis lagrimas empezaron a caer por la necesidad de querer venirme y el me lo hacia difícil.
-sobre tus rodillas y abrelas - retiro el pañuelo de mi boca
Hice lo que me pidió y sin ningún aviso se acercó e empezó a masturbarme con sus largos dedos, frotaba mi clitoris introduciendo su pulgar en mi entrada. Empecé a moverme para así darme más placer. Sus dedos no paraban, no podía dejar de gemir, quería liberarme, y sabía que estaba vez lo haría, lo obedecí en todo.
-correte
Siguió moviendo sus dedos y minutos después así lo hice, me corrí, dios sentí una explosión de adrenalina.
-buena chica - el solo se limpio su dedos con el mismo paño y salió de la habitación. Dejándome en la bruma.
Al amanecer, la atmósfera parecía haberse normalizado. La noche anterior, con su carga de pasión y deseo, se desvaneció como un sueño efímero. Rob Lucci, mi jefe, volvió a ser el hombre distante y serio que conocía.
Comprendí entonces por qué había accedido a cumplir mi deseo. Aquella noche, los límites entre nosotros se habían difuminado. Pero al despertar, todo volvió a su lugar. Él no volvió a tocarme jamás, y yo me resigné a ser solo su empleada.
A veces, los deseos se cumplen solo por un instante, y luego se desvanecen como los pétalos de sakura llevados por el viento. Pero yo guardé aquel recuerdo en mi corazón, como un tesoro secreto bajo la luz de la luna.
Holaaaaaaa volví y con una historia de uno de nuestros papis de OP, espero que le den cariño a esta historia y les guste 😁 si soy sincera esta historia ya ni recuerdo como surgió, pero con los nuevos caps de op diooooos🔥🔥🔥
POR CIERTO JODEEER CON EL CAP 1100 SENTI COSAS CON SOLO VER A LUCCI, ME ENCANTO.