PUTITA +18 | COUNTRYHUMANS

Summary

⠀⠀›🫐﹗ Todos 𖦹 Argentina 𓏲 ──────── Esas lindas piernas no se abren a menos que tengas una polla jodidamente grande. Arge bottom!

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

01 - Bolivia x Argentina

OS dedicado a chokocutebaby , espero que te guste, corazón 😔💖💖


ADVERTENCIA: ESTE OS CONTIENE SMUT, DEGRADACION, LEGUAJE VULGAR Y DIFERENCIA DE TAMAÑOS CORPORALES (sino es de tu agrado, te invito a retirarte).

﹘¡Bolivia!﹘ exclamó Argentina con la voz llena de emoción, lanzándose sin vergüenza a los brazos de su amigo más alto. El pequeño país celeste y blanco reía como un niño mientras se aferraba a su cuello. Bolivia lo sostuvo con facilidad de la cintura, impidiendo que cayera, y una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en sus labios tricolores.

﹘¿Qué pasa, lindo?﹘ preguntó Bolivia con esa voz grave y ronca que siempre hacía que Arge se derritiera.

Argentina soltó una risita coqueta y pasó su dedo índice por el pecho ancho y firme de Bolivia, sintiendo cómo los músculos se tensaban bajo la tela.

﹘¿Te acuerdas de esa sorpresa que te prometí hace tiempo?﹘ murmuró con tono juguetón, mirándolo a través de sus pestañas.

﹘Pues… ahora que por fin tenemos tiempo… quiero dártela~﹘ susurró pegándose más, rozando sus labios contra la oreja del boliviano.

Bolivia soltó una risa baja y se mordió el labio inferior, sus ojos oscuros brillando con hambre pura.

﹘Mmm… estoy ansioso por verla, pequeño. Muy ansioso~﹘ respondió, levantándolo un poco más del suelo para capturar su boca en un beso profundo y húmedo.

Argentina gimió contra sus labios, rodeándole el cuello con los brazos mientras sentía cómo un calor líquido le bajaba directo a la entrepierna. El beso se volvió sucio en segundos: lenguas enredándose, dientes mordiendo, saliva compartida. Bolivia lo apretó contra su cuerpo, dejando que sintiera la gruesa erección que ya empezaba a crecer bajo sus pantalones.


No tardaron mucho en llegar a la cama.

Bolivia se sentó en el borde del colchón y Argentina se arrodilló entre sus piernas abiertas con una sonrisa traviesa. Con manos ansiosas le bajó el pantalón de un tirón brusco. La enorme polla del boliviano saltó libre, pesada, gruesa y ya medio dura, golpeando con un sonido húmedo contra la mejilla sonrojada de Argentina.

﹘¡Joder…!﹘ susurró Arge con los ojos muy abiertos, completamente hipnotizado.

La verga de Bolivia era monstruosa: larga, venosa, con el glande hinchado y brillante de precum. Era tan gruesa que parecía imposible que entrara en su boquita pequeña. Argentina la tomó con ambas manos —aun así, sus deditos delicados ni siquiera lograban rodearla del todo— y la movió de lado a lado, admirándola como si fuera un tesoro.

﹘Mmm… qué puta vista más hermosa~﹘ jadeó, relamiéndose los labios.

La masturbó despacio al principio, disfrutando de cómo latía y crecía aún más en sus palmas. Luego sacó la lengua y lamió lentamente desde la base hasta la punta, trazando cada vena gruesa con devoción. Cuando llegó al glande, lo chupó como si fuera un caramelo, sorbiendo el líquido preseminal con gemiditos ansiosos.

﹘Aquí hay una mejor vista…﹘ gruñó Bolivia con la voz ronca de excitación.

Argentina levantó la mirada. Desde abajo, la polla enorme tapaba casi toda su carita. Más arriba, el rostro de Bolivia lo observaba con una expresión de pura superioridad y deseo animal: mandíbula tensa, ojos entrecerrados, labios entreabiertos. Esa mirada de dominancia hizo que a Arge se le escapara un gemido ahogado.

﹘Aah… me encanta cuando me miras así~﹘ confesó antes de abrir bien la boca y meterse la gruesa punta.

Chupó con hambre, haciendo ruiditos húmedos y obscenos mientras su saliva empezaba a correr por los lados de la polla. Bolivia gruñó de placer y enredó los dedos en el cabello suave de Argentina, empujando su cabeza hacia abajo con fuerza controlada.

﹘Así… trágatela más, putita. Quiero ver cómo te ahogas con mi verga﹘ ordenó con voz baja y peligrosa.

Argentina obedeció. Empujó más, sintiendo cómo la gruesa cabeza le abría la garganta. Llegó hasta donde pudo —apenas un poco más de la mitad— y se quedó ahí, con los ojos llorosos y la cara roja, babeando sin control. Cuando ya no aguantó más el aire, se retiró jadeando, hilos gruesos de saliva conectando sus labios hinchados con la polla brillante.

Pero no se detuvo. Volvió a engullirla, moviendo la cabeza cada vez más rápido, masturbando con ambas manos lo que no le cabía en la boca. Sus gemidos vibraban alrededor del falo, haciendo que Bolivia maldijera y tirara más fuerte de su pelo.

﹘Quiero que me folles ya…﹘ suplicó Argentina entre lametones, con la voz ronca. ﹘Quiero que me rompas el culo con esa verga enorme hasta que grite como una puta barata~


Bolivia no necesitó que se lo pidiera dos veces.

Lo tiró sobre la cama boca arriba y se colocó entre sus piernas. Le levantó las caderas y, sin más preámbulos, le metió dos dedos bien lubricados para abrirlo rápido. Argentina arqueó la espalda y gimió alto cuando sintió cómo los dedos gruesos le frotaban la próstata sin piedad.

﹘¡Aah! ¡Sí! ¡Ahí… joder, ahí!﹘

Cuando estuvo lo suficientemente abierto y desesperado, Bolivia se posicionó y empujó.

La gruesa polla entró de una sola estocada brutal, abriéndolo al máximo. Argentina soltó un grito ahogado, los ojos en blanco, la boca abierta en un gemido silencioso.

﹘¡Aaaah! ¡Duele… pero se siente tan putamente bien~!﹘ lloriqueó, clavando las uñas en la espalda ancha de Bolivia.

El boliviano empezó a follarlo con fuerza, golpeando profundo con cada embestida. El sonido húmedo de carne contra carne llenaba la habitación junto con los gemidos y gritos de Argentina.

﹘¡Dios! ¡Bolivia! ¡Más fuerte! ¡Rómpeme!﹘ suplicaba el más pequeño, las lágrimas de placer ya corriendo por sus mejillas.

Bolivia lo agarró de las caderas y lo folló sin misericordia, haciendo que su pancita se hinchara ligeramente con cada golpe profundo. Argentina se corrió primero, gritando, su leche salpicando su propio pecho y hasta su carita sonrojada.

Pero Bolivia no paró.

Lo dio vuelta, poniéndolo en cuatro sobre la cama. Agarró un puñado de cabello y le hundió la cara contra la almohada.

﹘Quédate ahí, como la putita que eres﹘ gruñó mientras volvía a clavársela hasta el fondo.

Las embestidas se volvieron salvajes. Argentina gritaba contra la almohada, las piernas temblando, el culo rojo por las nalgadas que recibía cada pocos segundos. Bolivia le dejó la marca de su mano en los glúteos perfectos y redondos.

No habían pasado ni treinta minutos y Argentina ya había tenido cuatro orgasmos seguidos. Su cuerpo estaba empapado en sudor, las lágrimas corrían libremente, y de su agujero abierto y rojo escurría semen blanco y espeso. Su pancita estaba visiblemente hinchada por las dos cargas enormes que Bolivia ya había soltado dentro de él.

﹘¿Lo estoy haciendo bien, Arge?﹘ preguntó Bolivia con voz burlona mientras le acariciaba la espalda baja, llegando hasta sus nalgas abiertas.

Argentina solo pudo sollozar y asentir desesperadamente, apretando las sábanas con fuerza.

Bolivia tiró de su cabello, obligándolo a arquear la espalda en un ángulo obsceno.

﹘Habla, puta. ¿O ya te follé tan rico que ni puedes hablar?﹘

﹘S-sí… ¡Sí! ¡Lo haces tan bien…!﹘ lloriqueó Argentina con la voz completamente rota y temblorosa. ﹘Me estás destrozando… y me encanta~

Bolivia sonrió satisfecho y soltó su cabello, solo para seguir follándolo aún más profundo.


Cuando por fin sacó su polla aún dura y goteante, un chorro espeso de semen salió del agujero destrozado de Argentina, bajando por sus muslos.

El pequeño país tocó su pancita hinchada con una sonrisa débil y orgullosa, todavía jadeando.

﹘Ngh… Bolivia~ parece que te gustó mucho mi sorpresa… me dejaste tan lleno~﹘ murmuró con voz ronca, apretando suavemente su vientre abultado.

Bolivia se sentó a su lado, lo atrajo hacia su pecho y le dio un beso suave en la mejilla, contrastando brutalmente con la salvajada que acababa de hacerle.

﹘Ni te imaginas cuánto, mi putita favorita~﹘ susurró contra su oído, mordiéndole el lóbulo. ﹘Y esto recién empieza… todavía tengo mucha más leche para ti esta noche.

Argentina soltó una risita débil y se acurrucó contra él, el culo palpitando y el cuerpo temblando de placer residual.

﹘Entonces… no pares nunca~