Prólogo
Hay un cuerpo flotando en el lago, Dan lo mira y contrario a lo que sería una reacción normal de miedo o asombro es una sonrisa la que se dibuja en su cara, una tan grande que siente sus mejillas doler, respira profundo sintiendo como la imaginaria cadena que lo mantenía preso e infeliz es rota, la libertad brota por cada poro de su cuerpo. Este debe ser el segundo mejor día de su vida, quisiera decir que el día más feliz fue cuando se casó pero esa sería una mentira, y Dan nunca ha sido un buen mentiroso.
Con cuidado camina sobre el pequeño muelle de madera, hay algunas tablas que están rotas y desgastadas, su marido siempre decía que lo arreglaría la próxima vez que fueran de vacaciones, nunca pasó y ahora ya es demasiado tarde, era un buen hombre, muy tranquilo, un poco descuidado, siempre estaba ocupado con su trabajo y era un amante muy negligente y Dan se estaba cansando de él, su partida fue repentina e inevitable.
Un mal necesario, justo como su aparición en la vida de Dan.
Dan quisiera decir que lo va a echar de menos pero eso también sería una mentira, mete su mano al bolsillo de su sudadera y saca un cigarro y su encendedor. No suele fumar tan temprano pero necesita tranquilizarse un poco antes de llamar a la policía. Da una última calada antes de lanzar la colilla y pisarla para apagarla por completo.
Toma su celular y llama a emergencias, posiblemente tardarán un par de minutos en llegar, su casa de vacaciones está alejada de la ciudad, Dan agradece no tener vecinos, no hay ningún testigo, nadie que pueda contar la verdad más que él. Siempre agradeció la privacidad que le rodeaba cuando iba a esa casa, suficiente era ver las miradas llenas de prejuicio que la gente le daba cuando lo veían con su esposo, o más bien difunto esposo. Daba igual, Dan ya no podría importarle menos lo que pensaran o dijeran de él, ya no, había escuchado de todo en el tiempo que llevaba casado, gente llamándolo tonto e ingenuo hasta quienes le llamaron prostituta aprovechada. Nadie entendía que Dan no quería estar solo, por eso cuando él llegó a su vida aprovechó la oportunidad que le fue dada, aún así la soledad nunca lo abandonó, siempre había un vacío dentro suyo que era imposible ser llenado o eso pensaba.
Dan creyó que su vida estaría llena de soledad y malas decisiones pero un día todo cambió, fue cuando lo conoció y Dan pudo sonreír otra vez, sentía que los años que le fueron arrebatados al estar junto a un hombre que no amaba llegaban a su fin.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando la llamada con el servicio de emergencia fue contestada.
—Buenos días cuál es su emergencia
Dan intentó hablar pero las palabras no salían de su boca.
—Buenos días, disculpe cuál es la emergencia —volvió a insistir la voz de una mujer detrás de la línea, dejando notar cierta molestia, era muy temprano para una llamada de broma.
—Hay un cuerpo en el lago, mi esposo, creo que no respira —un sollozo salió de la boca de Dan
—Señor por favor mantenga la calma
—Por favor ayuda, no se mueve, yo no sé nadar —ahora un llanto desesperado brotó de sus labios, la señorita le pedía mantener la calma y le pidió su dirección para mandar a una patrulla y una ambulancia, Dan le dio la información y hablo un rato más hasta que su llanto se calmó y pudo cortar la llamada.
Es un bonito día de verano, los rayos del sol brindan calidez a su cuerpo y su esposo esta muerto, era un día perfecto para Dan, volvería a ser Kim Dan, adiós a ser el señor Kang.