[Doflamingo x Lectora] ¿Sueño o realidad?
Amor, deseo, pasión, obsesión y locura...
Con la respiración agitada y sintiéndose muy acalorada, (Tn) despertó de un lúcido e intenso sueño. Al sentarse de golpe, volteó y miró al reloj en la mesa auxiliar y leyó que este marcaba las cuatro de la madrugada.
Cada día durante meses había tenido el mismo sueño una, y otra, y otra, y otra vez. A causa de esto sus ojeras habían empeorado y siempre lucía cansada.
De por sí tenía muchos problemas para poder conciliar el sueño cada noche, y encima de todo debía lidiar con esos sueños tan persistentes y atrevidos que ese hombre la hacía tener.
Con el corazón a mil por hora y su mano en el pecho, ella respiraba profundo intentando calmarse.
Se levantó por un vaso con agua para pasar la agitación del momento, y aprovechando que ya no podía dormirse cocinó algo para la hora de almuerzo. Al menos algo bueno salía de no dormir hasta las siete de la mañana, porque así tenía tiempo suficiente para hacer otras cosas antes de irse a trabajar.
Llegando al estacionamiento del edificio donde vivía, notó que los cuatro neumáticos de su auto estaban pinchados.
—¿Es en serio? —suspiró enfadada—. ¿Y justamente debía ser hoy? —se quejó cansada de las fechorías de los jóvenes vagos del vecindario que siempre le gastaban bromas pesadas—. Y pensar que de nada me servirá levantarme temprano si llegaré tarde de todas maneras—. dijo entre dientes.
Caminó con su celular en la mano mientras pedía Uber para ir a su trabajo. Esperó y esperó, pero tres conductores le cancelaron el viaje cuando ya había esperado por largo rato.
Cuando por fin el cuarto conductor sí pasó para recogerla, estaba tan molesta por dormir tan poco y encima llegar tarde, que el pobre muchacho prefirió fingir que no existía porque a ella se le veía su mal humor a flor de piel.
—Sí que está molesta —murmuró al verla a través del retrovisor.
—Rayos... —masculló al notar la hora en la que llegó a la recepción de la empresa donde laboraba. Tomó el ascensor y el tiempo hasta el décimo piso le pareció una eternidad. Una vez salió del elevador, caminó a paso acelerado por aquellos blancos y brillantes pasillos, y se dirigió a la sala de juntas—. ¿Porqué la reunión tenía que ser tan temprano hoy? —musitó frente a la puerta al arreglar el botón de su blazer. Entró a la sala y todos la quedaron mirando, como reprobándole por su demora—. B-buenos días... siento la tardanza, tuve problemas con mi auto. —se excusó un tanto nerviosa.
«Maldita sea, hoy que vengo tarde... él está presente en la reunión», pensó al ver a su jefe sentado a la cabeza de la mesa ovalada, quien por cierto... sonreía de una manera peculiar. «Creo que estoy en problemas».
Sin tiempo que perder sacó sus documentos y materiales de su portafolios y empezó con su presentación.
Al finalizar con las propuestas para el proyecto, se dio por terminada la reunión y todos los ejecutivos se retiraron de la sala, comentando unos con otros sobre los temas de los cuales se habían tratado.
(Tn) también recogía sus folders y su portafolios para seguidamente retirarse, pero antes volteó hacia su jefe, quien por alguna razón la había estado observando con suma atención todo el rato. Asintió como a manera de despedida y a la vez expectante, bueno, en realidad ella esperaba que él le reprendiera el haber llegado tarde, pero hasta ese momento, el estricto y obsesionado perfeccionista se había limitado a mirarla y sonreír sutilmente. Estaba muy tranquilo, eso la asustaba más.
Ella no había dado ni tres pasos hacia la puerta cuando repentinamente...
—No tan rápido señorita Miller. —le detuvo su jefe.
«Carajo». Pensó ella tensando la mandíbula. Rodó sus ojos antes de voltear, para seguidamente fingir una sonrisa.
—¿Sí, señor Donquixote? —contestó ocultando sus nervios. Mientras que él, desde su asiento reclinable lucía muy calmado y hasta le sonrió de manera picaresca.
—¿Porqué no tomas asiento? —le pidió con un ademán.
(Tn) tragó grueso y observó hacia donde el Señor Donquixote había dirigido su mano. Después de unos segundos de total petrificación, se encaminó a sentarse donde él demandaba. Puso su portafolio a un lado sobre la mesa y estaba resignada a lo que viniera, ya que su jefe no perdonaba la impuntualidad jamás. Quizá pasaba por alto los pequeños errores, pero si había algo que odiaba... era que alguien llegara tarde o que lo hicieran esperar.
—Señor Donq...
—Shhh... —la interrumpió poniéndose el dedo índice en los labios, mientras la veía desde su asiento. Dibujó una amplia sonrisa y se puso de pie. Se dirigió a cerrar la puerta, y aún con su mano puesta en la madera, volteó hacia la confundida y nerviosa muchacha, le regaló una última sonrisa y aseguró el picaporte.
(Tn) abrió sus ojos más de lo normal. Lucía nerviosa, confundida, pensando en qué se suponía que él estaba haciendo.
El rubio caminó a paso lento sin despegarle la mirada. Se le veía serio mientras se acercaba y se aflojaba el nudo de la corbata.
—Sabes, Miller... —hizo una pequeña pausa al detenerse de caminar—. No había tenido la oportunidad de hablar contigo personalmente. —dijo muy serio—. Pero te he tenido en buena estima desde que comenzaste a trabajar en mi empresa hace casi un año atrás. —se quitó la blazer y continuó—: Siempre he escuchado muchas alabanzas de tus superiores para contigo —desabrochó los puños de su camisa—, y sumando que todos hablaban de tus excelentes propuestas durante las presentaciones me dije a mi mismo: "eso tengo que verlo". Así que vine. Me tomó tiempo porque soy un hombre bastante ocupado pero aquí estoy. —se encogió de hombros y volvió a sonreír—. Me gustaron mucho tus propuestas. —le alabó, haciendo un gesto de "mis respetos" y sonrió nuevamente.
(Tn) estaba atontada, confundida, nerviosa... no sabía qué esperar.
—Muchas gra... —intentó hablar, pero él se tornó serio e hizo un ademán para callarla.
—Shhhh... —siseó colocando el dedo índice de nuevo frente a sus labios—. Aún no termino señorita Miller. —volvió a sonreírle. Ella asintió y continuó callada. Actuando tan enigmático y causando suspenso en la joven, él llegó donde ella estaba sentada, puso su blazer sobre la mesa y la miró fijamente—. Nunca he recibido quejas tuyas. —dijo parado a un paso de la silla de ella.
«Oh cielos...» Pensó (Tn). Tragaba grueso al verlo hacia arriba, mientras permanecía atenta a lo que él continuaba diciendo.
—No me importa si alguien comete un error leve. —se inclinó y puso las manos una de cada lado de los bordes de la silla donde se reposan los brazos—. Pero hay algo que no tolero. —borró su sonrisa picaresca y estaba a poco de la cara de la joven, tanto que ella podía verse así misma en el reflejo de esas gafas extravagantes.
—¿La impuntualidad? —preguntó (Tn) con una vocecita muy nerviosa. No se explicaba la situación y tampoco sabía el porqué el Señor Donquixote estaba actuando así. Por primera vez lo veía de cerca... y vaya que estaba cerca.
—No, señorita Miller. —contestó el rubio. Mientras la veía, detenía la mirada en los labios entreabiertos de ella y se imaginaba cosas prohibidas—. Si bien es cierto, odio la impuntualidad, pero no me refería a eso. —le aclaró a menos distancia de su cara—. Lo que no tolero... es que no me dejes en paz. —dijo trazándole una línea con su dedo índice en la mejilla.
El corazón de (Tn) ya se había agitado lo suficiente con la cercanía de su jefe, ¿pero de eso a que también le acariciara la cara...?
—Señor Donquixote n-no entien...
Doflamingo volvió a callar a (Tn), pero esta vez, puso su dedo sobre los labios de ella, para seguidamente acariciarlos muy suave, logrando que ésta se sonrojara. Él no lo sabía, pero le había causado un cosquilleo en la entrepierna.
Al verla tornándose roja, él volvió a sonreír y se lamió los labios.
—Soy un hombre comprometido, ¿sabes? —le comentó sin dejar de acariciarle los labios—. Pero te metiste en mi cabeza desde el primer instante en que te vi. —confesó casual, así, como si nada.
«Seguramente eso es algo que le dice a todas». Pensó (Tn), percibiendo cómo un nudo se le formaba en la garganta. Aún así... no puedo creer que esto esté pasando». Siguió perdida en su mente, y todo empeoró cuando el hombre le deslizó el dedo índice por la piel de la garganta.
—Eso es algo que no soporto, y es más que un error de tu parte haberte metido en mis pensamientos. —habló a centímetros de los labios de ella.
—Señor Donq...
Él le cubrió la boca con su enorme mano.
—¡Silencio! —le gritó un tanto serio. Ella lo miró con ojos humedecidos y asintió—. No puedo creer que seas tan descortés como para interrumpirme. —le reprochó sin alejarse de su rostro. Ella se sonrojó exageradamente y eso le había fascinado al rubio—. Tienes que arreglar ese error. —ordenó muy serio—. Voy a casarme con Hancock muy pronto y no puedo seguir pensando en ti. —pausó unos segundos y le recorrió su angelical rostro con la mirada, cosa que ella no notó debido a las gafas polarizadas—. ¿Entiendes? —le cuestionó perdido en su mirada. (Tn) asintió con una pequeña lágrima rodándole por la mejilla.
«¡Ya sé que te vas a casar! ¡Ya sé que eres ajeno!» Gritó en su interior.
—Entonces... Miller (Tn), ¿qué harás para remediar esto? —le preguntó tentativamente, para luego descubrirle la boca y que así le respondiera.
—M-me iré de su empresa. —resolvió muy triste con una, dos, y hasta tres lágrimas saliendo de sus ojos.
Se levantó de la silla apartándose del aprisionamiento al que su jefe la había sometido. Tomó su portafolios y a paso apresurado se dirigió a la salida.
«Idiota, me dices esto justo ahora...» Pensó muy dolida. Quitó el seguro y abrió la puerta.
—Respuesta incorrecta, Miller. —condenó Doflamingo al cerrar la puerta por encima de ella.
(Tn) lo miró hacia arriba, pues a pesar de los tacones que ella usaba, apenas le llegaba al pecho.
—¿Qué quiere de mi? ¡Le dije que me iré!
—¿Qué quiero de ti? —se agachó y la tomó de la cintura, se la echó sobre el hombro como un saco de papas y aseguró la puerta nuevamente.
—¿Qué hace señor Doflamingo? ¡Bájeme! ¿Porqué me hace esto? —le reclamaba mientras pataleaba, muy avergonzada e incómoda por la posición en la que se encontraba.
Doflamingo la tiró sobre la mesa y ella se quejó al caer.
—¿Te lastimaste? —preguntó dándole la espalda—. Pues no me importa. —admitió al quitarse la camisa.
«¡Ay Dios!» Pensó ella, al ver lo musculoso que él era. No podía creer todo lo que esos caros y elegantes trajes escondían.
—(Tn), no puedo dejar de pensar en ti. —se desabrochó el cinturón y se paró frente a ella.
—¿Q-qué hace señor D-Donquixote? —preguntó muy nerviosa. En cambio él rió maliciosamente al lamerse los labios.
—¡Tienes que curarme esta maldita obsesión, (Tn)! —la haló de las pantorrillas, atrayéndola hacia él para posicionarse en medio de ella.
La confundida y nerviosa mujer, liberó un pequeño gemido al saberse en esa situación tan inesperada.
—Yo...yo no... —intentó protestar pero Doflamingo le cubrió la boca y se agachó a lamerle el cuello. Con eso, a la pobre se le aceleró el corazón y sintió humedecerse. Estaba soñando de nuevo, ¿cierto? No había manera de que eso estuviese sucediendo.
—Para sacarte de mi mente... debo poseerte. —susurró al lamerle el lóbulo de la oreja.
«¿Poseerme?». Pensó, a la vez percibía que su respiración se aceleraba.
—(Tn)... —le habló suave al oído mientras le desabrochaba la blusa con una mano.
Entretanto, ella sujetaba la muñeca de Doflamingo con ambas manos, quería apartarlo, pero no podía, seguía inmóvil e incrédula ante la situación.
Al descubrirle los pechos, Doflamingo se dio su tiempo y se detuvo a admirarla. Sin embargo (Tn) tragó grueso al notar la atención que él le estaba dando, y bueno, le surgió el deseo de huir, pero seguía sin poder reaccionar.
Dejándose llevar por el momento, Doflamingo se quitó los lentes y la miró a los ojos. (Tn) jamás lo había visto sin esas gafas que eran como su firma personal, y sintió derretirse mientras era hipnotizada por el profundo azul de los ojos de su jefe.
«Doflamingo... ¿qué crees que me estás haciendo?»
—No te estás oponiendo (Tn), supongo que entonces tengo tu permiso para continuar. —determinó con una sonrisa traviesa. Con eso dicho, le descubrió la boca y disfrutó al notarla temblar.
«Esto no está pasando, no es real, relájate, es otro de tus sueños». Intentaba convencerse a sí misma. Había soñado tanto con ese hombre que ya no distinguía la realidad de la fantasía.
«Hoy mismo me desharé de esta maldita obsesión de una vez por todas». Pensó Doflamingo, tomando en cuenta que llevaba casi un año deseando poseer a (Tn). «Por fin...», dijo en su interior, al sostenerle la mirada mientras le quitaba la blazer y la blusa.
En cuanto a (Tn), convencida de hacer de ese momento algo placentero así como todos los sueños anteriores (sólo que esta vez en un diferente escenario), se dejó llevar y se sentó en la mesa mientras él le quitaba la falda, para dejarla en ropa interior.
«No sabes cuantas veces te imaginé así». Pensó Doflamingo al verla lucir un sexi juego de encaje blanco.
Al sentirse casi desnuda, (Tn) se sonrojó y apartó la mirada, pero Doflamingo la tomó de la quijada y la hizo verlo a los ojos.
«Doflamingo....»
—He notado cómo me miras, y sé que también me deseas. —dijo Doflamingo al posicionar su cadera en medio de las piernas de (Tn).
«Tonto, no sólo te he deseado, te he amado en silencio desde hace mucho». Dijo en su interior.
Doflamingo no perdió su tiempo y se aproximó a los labios entreabiertos de la joven que esperaba por su beso. Y en lo que se daba su tiempo comiéndosela de a poco, le acariciaba la mejilla y deslizaba su lengua jugueteando con la de ella.
—N-no. —logró decir (Tn) entre gemidos. Intentaba negarse pero sus manos, sus labios y su cuerpo no estaban de acuerdo.
Mientras la besaba, ella lo abrazaba del cuello y lo aprisionaba con las piernas. Esto fue aprovechado por él, quien prosiguió a quitarle el sostén para acariciarle la espalda y recostarla sobre la mesa nuevamente.
La miró detenidamente, enmarcando una sonrisa ladina, puesto que estaba muy complacido por lo que veía. Se inclinó sobre ella y empezó a besarle el cuello, a la vez, le masajeaba los pechos y jugaba con los sensibles botones de éstos.
En realidad (Tn) estaba disfrutando de ese sueño tan lúcido y sensual, pero también se preguntaba: ¿en qué momento acabó su día laboral y volvió a casa para dormir? Bueno, no importaba. Tan sólo sonreía al dejarse llevar por las caricias de Doflamingo, a su vez le presionaba la cabeza mientras éste le seguía comiendo los pechos.
Sin más preámbulo, Doflamingo comenzó a dejarle rastros de besos desde los pechos hasta llegar a su vientre. Ella dejó caer sus tacones al suelo y seguidamente él le quitó el pantie. En ese preciso momento él se incorporó para apreciar lo que estaba a punto de poseer, y se lamió los labios hambriento por lo que veía, sí, eso era lo que deseaba.
—Esto es lo que he querido desde que te vi. —suspiró deseoso con los ojos clavados en la humedecida zona íntima, esa, que estaba expuesta a totalidad sólo para él.
—Hazme tuya de nuevo, Donquixote Doflamingo. —pidió con las mejillas rojas. Él no entendió el porqué (Tn) dijo "de nuevo", pero omitió aquello y sumergió su cara en la entrepierna.
(Tn) adoraba lo real que parecía ese sueño, era más vívido que el resto.
Gemía y gemía con cada lamida y succión que Doflamingo le hacía en su área sensible. Arqueaba la espalda con cada suave apretón que recibía en los pechos, y sentía deshacerse, que se volvía agua, cada que él le introducía la lengua en su mojada y caliente cavidad. Las sensaciones se le habían incrementado y su cuerpo le decía que estaba apunto de alcanzar el climax.
—Dí mi nombre. —exigió Doflamingo.
—Dof... —logró articular sin poder hablar—. Aaahg —se quejó seguido de muchos gemidos.
–Dí mi nombre. —volvió a ordenar el rubio mientras la seguía torturando.
—¡Doflamingo...! —habló con una voz muy erótica, mientras disfrutaba de un delicioso e intenso orgasmo. Él sonrió y la miró de manera altanera. Le fascinaba verla temblar y escucharla respirar agitada.
Volvió a besarla, esta vez fue de manera apasionada, lenta, suave y muy entregada.
(Tn) no supo en qué momento él se había quitado el pantalón y la ropa interior. Todo lo que sintió... fueron sus paredes íntimas abriéndose para el hombre que ella amaba.
Doflamingo sintió la tensión interna y disfrutó la reacción del cuerpo de (Tn) al recibirlo dentro de ella. «Apretado». Pensó con una sonrisa. «Eres una tentación (Tn)».
Al llegar hasta donde la pequeña y angosta cavidad de la muchacha le permitió, Doflamingo empezó a entrar y salir de manera moderada, entretanto, los gemidos de agonizante placer no se hicieron esperar por parte de ella.
Doflamingo no tenía palabras para describir lo que sentía al sumergirse en (Tn), no era como lo había imaginado..., era mil veces mejor.
Le apretó los pechos mientras aumentaba la fuerza y aceleraba el ritmo de la penetración. (Tn) se sujetaba de la orilla de la mesa y jadeaba sin reparo.
Él sentía que ella lo apretaba cada vez más y más, haciendo que la experiencia fuera más que satisfactoria.
—No termines aún. —le pidió con la voz agitada, pero fue muy tarde, él pudo sentir cómo los músculos internos de (Tn) le sofocaban el miembro hasta el punto de sentirse atorado dentro de ella. Se mordió el labio y disfrutó a cabalidad de la sensación mientras la hacía llegar al segundo orgasmo.
La tomó de las pantorrillas y la hizo voltear sin salir de ella, dejándola boca abajo con la mitad del cuerpo (de la cintura para abajo) en el aire, y la sostuvo de cada lado de la cadera para penetrarla con más fuerza.
Ella sentía que en cualquier momento su matriz se saldría de su lugar, pero al menos sería algo que valdría la pena.
Entre gemidos y gruñidos sensuales que se unían en una sinfonía de placer en ese encuentro tan fortuito, el celular del rubio empezó a vibrar sobre la mesa. Por desgracia (Tn) alcanzó a ver la pantalla del dispositivo y se lamentó por aquello.
—Su prometida le llama. —le informó, sintiendo cómo un nudo se volvía a formar en su garganta.
—Cállate. —ordenó Doflamingo dejándole ir una fuerte nalgada, por lo que (Tn) se quejó y él volvió a nalguearla por segunda, tercera, y cuarta vez, mientras la embestía salvajemente—. Tú... —habló entre gruñidos eróticos—. ¡Esto es culpa tuya! —le reprochó sintiendo que por poco se dejaba ir dentro de ella—. No puedes invadir mi mente todo el tiempo y seguir como si nada. —condenó dándole estocadas despiadadas—. ¿Entiendes? —preguntó a punto de terminar. (Tn) no respondió, sin embargo; no podía parar de gemir y sentir que aquella sensación sofocante y deliciosa, la llevaba lejos del límite de la cordura—. ¡Dí que eres mía! —le exigió nalgueándole el otro glúteo—. ¡Di que eres mía! —volvió a ordenarle dejándole otra, y otra, y otra nalgada, por lo cual (Tn) gritó llorando de dolor y placer.
—Soy suya señor Donquixote. —contestó entre sollozos al ver que el celular volvía a vibrar con otra llamada de Hancock.
Sin salir de ella y manteniéndola de espaldas a él, Doflamingo la levantó de la mesa, la tomó por debajo de las rodillas y la atraía hacia su pelvis para entrar y salir sin piedad alguna.
(Tn) se agarraba de la orilla de la mesa para no caer, y lloraba por la intensidad de las sensaciones que ese dios del sexo la hacía experimentar.
—Eres mía. —le susurró en el oído.
(Tn) intentaba callarse pero no podía, la posición era tanto dolorosa como placentera, pues no tocaba el suelo y recibía de lleno cada estoque que el rubio le daba. De pronto; éste la colocó boca arriba para acostarla sobre la mesa nuevamente. El celular volvió a vibrar con una tercer llamada de Hancock y esta vez alguien tocaba la puerta.
«¡Es ella!» Pensó visiblemente nerviosa.
—No te asustes, ignóralo. —pidió Doflamingo, empujándose con mucha fuerza dentro de ella. Le besó los pechos mientras se entregaba a la sensación y la hizo sufrir un tercer orgasmo, esta vez... él también alcanzó el climax. Seguidamente le estampó un tierno y suave beso en los labios para luego descansar su cabeza en los pechos de su amante. Estaba cansado, sudado, agitado, complacido...
Mientras recuperaban el aliento, alguien seguía tocando a la puerta con gran insistencia, y el celular sonaba con una cuarta llamada, la cual Doflamingo tomó. (Tn) se levantó de la mesa buscando sus cosas para vestirse, no podía quedarse ahí un momento mas. Se sentía tanto usada... como dolida.
«Ha sido el sueño más lúcido de todos, pero también el más triste. Soy una zorra a quien acaban de utilizar». Pensó recogiendo sus prendas a prisas.
—¿Sí? —contestó Doflamingo.
—Doffy abre la puerta.
—No Hancock... no puedo verte ahora. —habló un poco molesto.
—¿Porqué? ¿Qué estás haciendo allí dentro?
—Estoy ocupado. No puedo abrirte la puerta. Vete.
—Estás con otra mujer, ¿cierto?
—Sí, estoy con alguien.
—¿Cómo puedes hacerme esto?
—Luego hablamos, Hancock. —colgó la llamada.
«Hasta cuando duermo... soy una idiota». Se reprendía (Tn) en su interior. «Este sueño se convirtió en uno muy doloroso». Con desespero empezó a buscar una manera de escapar de la situación, pero no podía huir por la puerta. ¿Qué podría hacer?
—¡Quiero despertar! ¡Quiero despertar! —balbuceaba pellizcándose el brazo.
—¡Hey! —le llamó la atención Doflamingo, ya que la miró actuar extrañamente—. ¿Qué haces? —le cuestionó al tomarla de la muñeca para impedirle que siguiera lastimándose la piel—. ¿A qué te refieres al decir: "quiero despertar"? —le interrogó sin soltarla de la mano.
—Tú... —lo miró a los ojos y se armó de valor para decirle a la cara todo lo que sentía—. Sé que eres ajeno y no puedo hacer nada al respecto. —Él enarcó la ceja, la veía serio—. Sé que no debería soñar contigo cada noche, pero es algo que no puedo evitar. —hizo una pausa y apartó la mirada fijándola en el suelo—. Este sueño no es el de siempre... —miró alrededor y le volvió a sostener la mirada—. ¿Qué tengo que hacer para despertarme esta vez? —se soltó del agarre de Doflamingo y se apretó el brazo—. Este sueño me está doliendo mucho. —confesó al bajar el rostro, con los ojos inundados por lágrimas a punto de caer—. Dices que yo no te dejo en paz por el hecho de no salir de tu mente... —levantó el rostro. Sus lágrimas le rodaban sin parar, por las mejillas—. Entonces dime, ¿qué haces tú en mi mente atormentándome cada día, y en mis sueños cada noche? No puedo conciliar el sueño y me levanto a las cuatro de la mañana todos los días a causa de tener el mismo sueño una y otra vez. —Doflamingo permanecía callado. Él sabía que ella lo deseaba por la manera en la que lo miraba, pero nunca pensó que el sentimiento de soñarse y pensarse en extremo, fuese mutuo—. Sé que eres un amor imposible, pero llevo casi un año enamorada de ti. —declaró. Doflamingo se sorprendió ante la inesperada confesión, pero los insistentes golpes en la puerta lo devolvieron al momento—. Ya libérame, no quiero estar así... —le pidió bajando el rostro nuevamente—. Quiero despertar antes de que abras esa puerta. —habló entre sollozos.
Doflamingo la abrazó y entendió porqué ella le dijo: "Hazme tuya de nuevo, Donquixote Doflamingo". Suspiró ahogadamente mientras veía al techo y le acariciaba el cabello.
—Lo siento, no sabía que te estaba haciendo tanto daño.
—No es culpa tuya. —dijo sin poder parar de llorar, a pesar de que él la consolaba con sus caricias. Tenía la cara apegada a su bronceado pecho—. Sólo quiero despertar.
—(Tn)... —la hizo verlo a la cara—, perdóname, pero esto no es un sueño. —la soltó de su abrazo y se alejó de ella. Recogió su ropa del suelo, se puso sus bóxers y su pantalón.
«¿No es un sueño?» Pensó ella, con lágrimas cayendo a montón, mientras permanecía inmóvil.
Doflamingo terminó de vestirse y caminó hacia la puerta, cerrándola detrás de él luego de salir.
—¿Qué hice...? —musitó (Tn), dejándose caer sobre sus rodillas. Sintió su entrepierna húmeda y notó que la esencia del rubio salía de ella—. ¿No usamos protección? —comenzó a llorar desconsoladamente—. ¡Soy una estúpida! —se golpeaba la cabeza molesta consigo misma. Se sentía usada, tonta, ridícula... —¿Cómo se me ocurre? Me dejé llevar por creer que soñaba. —se reprochó sintiéndose ahogada, a causa de un agudo dolor en el corazón. Él se había ido detrás de su prometida, y a ella la había dejado ahí... sola y utilizada, condenándose como la peor de las mujeres.
De pronto la puerta se abrió nuevamente y (Tn) se levantó abruptamente. Se alarmó ante la idea de que alguien la viera semidesnuda, y que supiera lo que había sucedido entre su jefe y ella. Al voltear miró a Doflamingo sangrando por la nariz, haciendo presión sobre ésta con su mano. Ella estaba confundida y no sabía qué hacer o decir.
—Hancock tiene un buen gancho. —comentó Doflamingo con una risa pícara mientras sacaba la lengua.
—¿Qué? —murmuró (Tn). No sabía qué pensar. Bueno, no había mucho que pensar, así que se dio la media vuelta y empezó a ponerse la blusa.
—¡Espera! —le detuvo Doflamingo, caminando hacia ella, la sujetó de la mano y la miró a los ojos—. Terminé mi relación con Hancock.
—No... no puede ser —dijo (Tn). Se cubrió la boca. Lucía desconcertada y a la vez molesta consigo misma—. ¿Fue porque ella intuyó lo que estaba pasando aquí? —preguntó llorando, sintiéndose como la mujer más mala del mundo.
—Le confesé que le fui infiel con otra mujer, pero no le dije tu nombre. Aunque quizá con el tiempo sabrá que se trataba de ti. —manifestó sin soltarla de la mano.
Con eso dicho, (Tn) se sintió como la peor de las escorias. No podía creer lo que había causado.
—Entonces es por mi culpa. —bajó la mirada—. Yo... lo siento. En verdad lo siento. —se cubrió la cara y se puso a llorar.
—No. —la tomó en sus brazos, y se sentó con ella sobre sus piernas—. No lo sientas. Yo... —hizo una pausa, pues estaba a punto de hacer algo que no era su estilo—. Yo quiero estar contigo. —la hizo mirarlo a los ojos. (Tn) estaba estupefacta por lo que acababa de escuchar—. También te sueño cada noche, y creo que hoy descubrí que estoy enamorado de ti. —le dijo mirándola fijamente. Lucía muy sincero—. ¿Te gustaría darme una oportunidad, aunque sea el peor hombre del mundo por lo que acabo de hacerle a Hancock? —preguntó con la esperanza de que ella dijera que sí.
«¿Descubriste que me amas?» Pensaba ella, con la confesión de Doflamingo haciendo eco en su cabeza.
Doflamingo seguía en espera de la respuesta de (Tn), quien permanecía callada, mirándolo a los ojos, con los labios entreabiertos. Debido a la tardanza, él desvió la mirada pues sentía que estaba a punto de ser rechazado.
Tenía que terminar con Boa tarde o temprano, pero nunca pensó que la razón sería (Tn), y tampoco le pasó por la mente que le dolería tanto que ésta lo rechazara.
—Sí. —escuchó repentinamente. Por lo que la miró con ojos grandes e incrédulos.
—¿Sí? —le preguntó para asegurarse de que había escuchado bien. Ella asintió.
—Sí quiero darte una oportunidad. —respondió inconscientemente, ya que había dejado que su corazón hablara por ella. Dicho eso, Doflamingo la besó apasionadamente, y ella le correspondió, perdida en la tibieza de sus labios.
Ahí sentados donde estaban, Doflamingo hizo a un lado la pantie de (Tn) y sacó su falo para penetrarla nuevamente. Le quitó el sostén, y ella empezó a cabalgarlo con mucha pasión y entrega.
Él besaba y mordía suavemente los botones erectos de los pechos de (Tn), mientras disfrutaba de los pecaminosos movimientos de su cadera.
—Eres mía. —dijo Doflamingo con una voz muy sensual.
—Sólo tuya. —contestó (Tn) arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás.
Entretanto, todos en la empresa habían escuchado del escándalo que la posesiva y celosa Hancock había ido a hacerle al jefe. Algunos comentaban que era hora de que la pusiera en su lugar, pero nadie se imaginaba la razón por la cuál él le había puesto punto final a su relación con ella.
El alarma sonó y (Tn) despertó la mañana siguiente. Sonrió al sentir que era abrazada a sus espaldas.
—Apaga eso. —habló ronco—. No vayamos a trabajar hoy. —dijo abrazándola como si fuese una almohada.
—Usted manda, jefe. —respondió muy risueña.
—Así me gusta. —contestó Doflamingo acomodandola en su pecho.
Después de hacer el amor toda la noche en su Penthouse... seguir durmiendo con ella a su lado, era lo que el rubio más deseaba.
