Capítulo 1
—G-Gracias... —Xiao Zhan sonrió educadamente al recibir el paquete rectangular envuelto con un llamativo listón rojo.
Cuando Yang Zi le explicó de qué iba el obsequio, utilizó todo su autocontrol para que las expresiones de su rostro o su dulce aroma a orquídeas no se agriara, delatando finalmente lo disgustado que se sentía.
¿¡Me estás jodiendo!?
Su grupo de amigos podrían ser de los mejores, súper atentos, cariñosos y comprensivos. En muchos momentos de la vida han estado ahí para él —al igual que Xiao Zhan para ellos—, pero en ocasiones podían volverse un tanto... impredecibles —como ahora—.
—¡Sabía que te gustaría, ZhanZhan! Fue Dil la que me ayudó a escogerlo —le respondió
Yang Zi mientras movía su cabeza animadamente y liberaba feromonas con toques de flor de violeta que denotaron su alegría.
—Agradécele de mi parte cuando la veas —se limitó a decir entre dientes cuando en verdad
quería darle con la libreta a Dilmurat por la cabeza.
¿¡Un libro de citas!?
¿No recordaban que a sus treinta y dos años seguía siendo el omega solterón del grupo?
—Bueno, debo regresar a la oficina —Yang Zi se puso de pie y tomó su cartera—. ¿Nos
vemos la próxima semana en la casa de Cheng?
Xiao Zhan tardó en responder unos segundos porque estaba ojeando el libro que parecía
ser más una especie de libreta o anotador.
—¿ZhanZhan? —ella ladeó su rostro y lo miró con duda.
—Mn, ¿qué celebra Zhou Cheng? —dijo de forma distraída.
—¡ZhanZhan! —la omega le dio una suave palmada en la cabeza—. ¡San Valentín!
—Oh...
Mierda.
Xiao Zhan odiaba esa fecha.
Como el peor de sus males, se podía decir que en China se conmemora en diferentes
ocasiones: el catorce de febrero*, el 14 de marzo**, el séptimo día del séptimo mes del
calendario lunar chino***, y el veinte de mayo****.
Doble, triple y cuádruple mierda.
Xiao Zhan no era para nada envidioso o egoísta, pero, por ejemplo, en una de esas tantas reuniones, el omega siempre se sentía un mal tercio; Zhou Cheng, Dilraba, Yang Zi y hasta Darren llevaban a su cita del momento mientras el pelinegro se quedaba sentado en algún sillón de la sala —solo—, devorando lo que quedaba sobre la mesa mientras los demás terminaban devorando... a sus parejas.
—¿No irás? —Yang Zi parecía hacer un mohín al no recibir una respuesta concisa.
En un adulto podía verse ridículo pero a ella solo la hacía quedar más adorable.
—Claro que sí... —atinó a responder. Ella sonrió.
—Entonces, nos vemos pronto —se acercó y lo abrazó animadamente—. Recuerda,
puedes llevar a tu persona favorita —levantó el dedo pulgar derecho y le guiñó un ojo.
—Lo haré.
Si tuviera una.
Xiao Zhan debía admitir que en parte era su culpa: había mentido.
En más de una ocasión, en el grupo de WeChat que compartían entre sus amigos, el
omega afirmó estar conociendo a alguien, en ese momento el chat explotaba con miles de
preguntas, emoticones y gifs, pero Xiao Zhan sabía cómo desviar el tema de conversación,
al ser tantos integrantes, terminaba siendo una conversación más del día, quedando esa
horrible mentira blanca felizmente en el olvido.
—Aiyo, ¿en qué lío me metí? —protestó el omega recargando la cabeza en su palma
derecha. Su garganta estaba seca.
—Té verde fresco —alguien susurró mientras aterrizaba frente a su rostro un largo vaso
transparente con su bebida favorita.
Levantó su vista y le dedicó una leve sonrisa al alfa que conocía desde hace tiempo, era elermano menor de Darren.
—¡Wang Yibo! Gracias.
—Bébelo, antes de que pierda la temperatura adecuada —el castaño empujó el vaso con
dos de sus largos dedos, invitándolo a degustar la fresca infusión.
—Didi siempre tan atento con tu gege —Xiao Zhan palmeó la gran mano del alfa que se
encontraba cerca de su brazo. Wang Yibo la retiró de inmediato.
Cierto.
El omega recordó que Darren había comentado en más de una ocasión que a su hermano no le gustaba mucho el contacto con personas fuera de su entorno familiar.
Xiao Zhan contaba como familia, ¿verdad?
Pero él ya tenía otra percepción formada del alfa menor de los Wang...
Wang Yibo ya era un adulto de veintiséis años, todo músculos y hormonas escondidos detrás de esa ropa holgada, al fiel estilo del hip-hop; alto, casi tan alto como Xiao Zhan, cabello castaño oculto siempre debajo de un gorro, mandíbula pronunciada, labios carnosos y regordetes, con un empleo estable y un gran grupo de amigos con los que patinaba, practicaba deportes o salían a dar una vuelta en motocicleta.
Definitivamente, había dejado de ser el alfa cachorro que Talu solía describir. Wang Yibo había crecido y quizás su mejor amigo no se había dado cuenta de eso.
—Mn. Bébelo —asintió el castaño.
—¿Tienes calor? Podemos compartirlo —el omega le ofreció del mismo vaso luego de
sorber un trago y jadear ante lo bueno que sabía el té helado y observar que Wang Yibo
solo había comprado uno.
Las orejas y los pómulos del alfa estaban teñidos de un leve sonrojo. Seguramente había estado practicando algún deporte.
—Está bien —no le dio tiempo al omega de limpiar con la servilleta descartable el lugar
donde había dejado la marca de sus labios ni colocarle el popote a la infusión cuando el alfa ya había sumergido el vaso entre sus labios.
—¿Sabe rico, verdad? —le preguntó cuando lo notó sediento.
—Mn. Riquísimo. Por eso te gusta tanto...
—Exacto —sonrió—. Ven siéntate —Wang Yibo no lo contradijo cuando Xiao Zhan palmeó
el lugar junto a él—, yo estoy de paso.
—¿Qué es eso, gege? —el alfa señaló el estúpido libro que el omega no llegó a recoger y en ese instante quiso que se lo tragara la tierra.
—Un obsequio —jadeó tras un largo suspiro.
—No te gusta —afirmó el alfa.
—Sí, ¿cómo no iba a gustarme? —lo contradijo.
¿¡Por qué carajos parecía acertar sus pensamientos!?
—Porque te conozco hace tiempo y sé cuando mientes...
Exacto, Wang Yibo podía leer mentes.
—¡Tú! No es verdad —fingió ofenderse—. Me gusta y mucho...
—Gege, ni siquiera tienes pareja —Wang Yibo arqueó una ceja cuando leyó la portada.
—¿Y tú cómo sabes eso? Además... eres un niño para juzgarme—soltó a la defensiva.
No necesitaba que Wang Yibo también le recordara ese tema.
—¡No soy un niño! —exclamó el alfa enfurruñado.
Ahora sí parecía un niño.
Xiao Zhan creyó haber tocado un nervio sensible en él porque feromonas alfa invadieron velozmente sus sentidos y lograron marearlo.
Debía admitirlo, el aroma a sándalo de Wang Yibo siempre le pareció más... destacable que el de su propio amigo Darren.
—Claro, claro —sacudió su cabeza, luego palmeó el tenso hombro del menor y se retiró de la mesa en un intento de persuadirlo—. Lo siento. Debo irme... —gritó el omega antes de que el alfa se diera cuenta de que involuntariamente lo había marcado con sus dulces feromonas para intentar calmarlo.
—¡Gege! Te olvidas de tu... obsequio —Wang Yibo reaccionó segundos después, lo siguió,
pero Xiao Zhan parecía haberse esfumado frente a sus ojos.
El alfa se quedó solo, observando el extraño libro.
—No te ha gustado ni un poquito... —repitió mientras sonreía de lado y lo guardaba dentro de su propio bolso.
Tenía que devolvérselo.
Y sabía exactamente dónde encontrarlo.
*El Día de San Valentín es principalmente popular entre las generaciones más jóvenes, ya que es una importación de Occidente y se celebra de manera un poco diferente en China. Por lo general, las mujeres regalan chocolate a sus parejas para mostrar su aprecio y amor. Se espera que los hombres devuelvan el favor un mes después.
**En este día, se espera que los hombres correspondan a los obsequios recibidos el 14 de febrero y presenten a sus parejas chocolates blancos. También se espera que compren obsequios de mayor valor que los que recibieron de su pareja el mes anterior.
***También llamado Festival Qixi (literalmente: "Festival de la Noche de los Siete"), esta celebración única del amor está profundamente arraigada en el folclore chino y se basa en la leyenda romántica de Zhinü (織女 Zhīnǚ) y Niulang (牛郎 Niúláng).
***Los números “520” (五 二零 wǔ èr líng) suenan como “Te amo” (我 爱 你 wǒ ài nǐ) en
chino. Por lo tanto, ¡el 20 de mayo se ha convertido en otro día de San Valentín chino!
Aunque no es tan popular como el Festival Qixi, sigue siendo un día para que las parejas
intercambien notas de amor, sobres rojos llenos de dinero y pequeños obsequios.