Capítulo 1
La suave brisa impactaba en su rostro mientras corría por la pradera. El sol no terminaba de salir y a pesar de que hacía algo de frío una fina capa de sudor adornaba su piel.
En sus audífonos sonaba una melodía enérgica que le incitaba a dar lo mejor de sí y terminar su rutina cin éxito.
Un ruido lo hizo quitar los aparatos de sus oídos para mirar a los lados y detener su marcha.
Su pecho subía y bajaba a causa del ejercicio — ¿Hola? — dijo agudizando su vista entre los árboles tratando de ver si había alguna persona o en su defecto un animal. Pero nada. No obtuvo respuesta.
Algunas veces se sentía vigilado o perseguido y no entendía el porqué...
Llegó a su casa y se preparó para ir al consultorio. Park Jimin era un doctor prodigio de su pueblo. Al graduarse creó un pequeño lugar a donde la gente de escasos recursos pudiese ser atendida sin costo alguno. El gobierno de Estados Unidos le brindaba todo lo necesario para mantener abastecidos de medicinas los anaqueles.
A su corta edad de 25 años amaba profundamente lo que hacía: Ayudar a la gente, salvar vidas y sanar enfermos.
Vivía de forma solitaria en una casa en lo alto de una colina pero de vez en cuando viajaba hasta la ciudad. Solo que hacía todo de forma Individual y autónoma.
Jimin se podía considerar un hombre con una belleza extraordinaria, su piel blanca contrastaba de forma maravillosa con sus ojos miel y labios rosados. Cabellera rubia como el oro y físico digno de un atleta sin llegar a ser musculoso en exceso.
A pesar de eso, no mantenía una relación con nadie, incluso jamás había tenido sexo ya que no se sentía atraído ni por mujeres ni por hombres. Llegando a pensar que era un ser asexual.
— Ya está lista, Señora Margot — terminó de colocarle la inyección a una anciana de la localidad y le brindó una hermosa sonrisa antes de obsequiarle un dulce.
— Gracias por todo, Jiminie. Eres lo mejor que le ha pasado a este lugar. Siempre estaré agradecida contigo.
— No hay nada qué agradecer, Señora Margot. Lo hago con todo el cariño, espero siga mejorando su salud.
— Gracias, hijo.
Su trabajo lo hacía sentir lleno de vida. Tomó asiento anotando en su libreta el nombre de la paciente que había atendido y en ese momento el teléfono del consultorio sonó. Únicamente recibía llamadas cuando eran emergencias y al parecer esto lo era.
— Park Jimin al habla. ¿En qué lo puedo ayudar?
— Doctor Park, le habla Bobby Gates, soy el vocero de salud de Woods, necesito que venga urgente. Estos últimos días han muerto más de 10 personas y no sabemos el motivo, se cree que un virus se está propagando pero no tenemos doctores. El Señor Kalev falleció y estamos desesperados.
— ¿Cuáles son las causas de muerte?
— N-no lo sabemos, solo aparecen sin vida al rededor del bosque o en sus casas, tienen marcas rojas y su piel se ve grisácea.
— Eso nunca lo había escuchado, recogeré mi equipo y viajaré hasta allá.
— Por favor, dese prisa, lo necesitamos.
Jimin quedó con un sentimiento de angustia después de la llamada. Cerró el consultorio y preparó un maletín con distintos tipos de medicamentos y utensilios médicos.
"The Woods" era un lugar al que llamaban "El pueblo olvidado". la civilización nunca llegó y la poca gente que aún residía ahí se acostumbró a ese tipo de vida estilo nómada: alejados de todo y de todos.
Si algo caracterizaba a Jimin, es que le gustaba ayudar, así que no dudó ni un segundo en tomar su auto y dirigirse hasta el sitio, eran casi seis horas de viaje a través de calles en mal estado que se convertían en solo arena.
A lo lejos vió un gran anuncio que decía: "Welcome to The Woods". Tragó saliva rogando poder servir de algo ante la situación que se presentaba.
Llegó a la casa de salud que el pueblo tenía, solicitando hablar con Bobby Gates: El hombre que le había llamado.
Tomó asiento en un sillón de madera que había y esperó hasta que el nombrado anteriormente llegara — ¡Bendito sea Dios! Está aquí, doctor Park — se veía afligido.
— Vine para ayudar en lo que me sea posible — dijo sinceramente — en mi auto hay medicinas y todo tipo de artilugio necesario para encontrar un diagnóstico ¿Puede decirme cuándo comenzó?
— Hace dos semanas... Todo estaba tranquilo hasta que encontramos a una pareja cerca del lago. No tenían signos vitales y parecía como si hubiesen ingerido algo venenoso. El doctor intentó descubrir qué pasaba pero también resultó muerto. Creemos que es un virus que ataca el sistema nervioso y mata en pocos minutos. Pero no sabemos qué lo generó o como se transmite; por eso lo he llamado a usted porque mi madre también ha fallecido y estoy desesperado.
— Lamento escuchar eso. Haré todo lo que esté a mi alcance, ¿tiene un lugar dónde pueda instalar mi equipo?
— Por supuesto, sígame — lo guió hasta donde anteriormente el doctor Kalev atendía a los residentes. Jimin y el sujeto fueron sacando lo necesario del auto hasta armar un "stand" de trabajo apto para el rubio.
— ¿Alguna víctima a la que pueda analizar?
— Todos han sido sepultados, pero tenemos el cuerpo de una chica que falleció anoche. Puedo pedir que lo traigan.
— Por favor.
Después de un rato, Bobby llegó en compañía de otro hombre cargando con el cadáver de una jovencita, a la cuál le calculaba veinte años cuánto mucho. La dejaron sobre una camilla deteriorada y Jimin comenzó a limpiarla con gasas y alcohol antes de revisarla.
Su piel al tacto estaba fría, y su color era extremadamente pálido. Cómo si no hubiese sangre en su sistema. Revisó cada parte del cuerpo, notando que tenía marcas en tonos lila y verde. ¿Había forcejeado? Cerca de su cuello habían dos agujeros misteriosos que lucían como picaduras o mordeduras.
— ¿Hay animales salvajes en la zona?
— Hasta donde sabemos hay osos, hienas, serpientes y lo normal que es el ganado. Nunca se ha sabido de un ataque animal-humano. ¿Por qué?
— La chica tiene algunas marcas en su piel, puede ser posible que algún animal infectado con algún virus la haya mordido ¿Dónde fué encontrada?
— En el bosque — dijo el otro hombre de larga barba.
— ¿Han investigado la zona?
— No...
— ¿Podemos ir a echar un vistazo? Haré un examen de sangre en la víctima y veré qué sale cuando volvamos.
Los demás estuvieron de acuerdo en ir junto al doctor.
— ¿Qué demonios? — Jimin se sorprendió al inyectar la jeringa en la mujer, ya que ni una sola gota de sangre salió de ella ¿Cómo carajos era eso posible?
Fueron en un camión perteneciente al centro de salud para echar un ojo al rededor del bosque donde se hallaban la mayor parte de animales salvajes del lugar.
— Tomemos caminos separados, si alguno ve algo raro, hable de inmediato por el walkie talkie.
La noche estaba cayendo y era sin duda terrorífico estar en un bosque a esa hora, pero Jimin tenía la sospecha de que había un animal infectado matando gente por lo tanto se llevó un arma por si necesitaba usarla.
Se introdujo entre el espesor de árboles buscando una pista hasta que escuchó un leve crujir de ramas — ¿Hola?, ¿Bobby?, ¿señor Mike? — miró a los lados alumbrando con su linterna.
Un quejido lo hizo girar la cabeza de forma brusca hasta una dirección; se acercó con temor sosteniendo la pistola y la luz, hasta que vió en el suelo un hoyo rodeado de ramas y en el fondo había algo.
— ¡Maldición! — gritó asustado al ver de qué se trataba. Un hombre estaba dentro, y parecía herido — ¿Q-qué haces ahí? — preguntó.
— A-ayúdame... — rogó casi sin voz.
— ¿Cómo mierda caíste en ese lugar?
— Fuí atrapado por una trampa para osos, mi pierna está lastimada, ayúdame por favor.
— Espera aquí, buscaré a mis compañeros.
— ¡No! ayúdame ahora. No puedo resistir más.
Jimin había llevado en su bolso una cuerda para atrapar animales, la sacó con manos temblorosas y la lanzó hasta el agujero — ¿Puedes sostenerla? Jalaré con fuerza para que tú puedas salir pero necesito que me ayudes escalando un poco, ¿sí?
— Vale, date prisa.
El rubio lanzó la soga y el hombre la tomó de inmediato, se notaba que estaba extremadamente débil.
Hizo un amarre en un árbol y comenzó a jalar — ¡Ahora, trepa! — gritó.
El sujeto comenzó a impulsarse con la fuerza de sus brazos ya que un pie lo tenía atascado en la trampa. La cuál se estaba incrustando terriblemente en su carne.
— ¡Vamos! Tú puedes.
Pudo ver la cabeza del tipo sobresalir y corrió a darle la mano para ayudarlo a escapar, cayendo ambos sobre la arena — ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
— Desde anoche... — se quitó el largo cabello del rostro y miró al rubio a los ojos.
Este quedó totalmente estático. Nunca había visto unos ojos tan oscuros y un rostro tan hermoso.