Capítulo único ♡

El cuerpo de JiHoon tembló de placer al sentir el glande de SeungCheol golpeando su próstata y un agudo gemido se escapó de su garganta en modo de petición para que volviera a hacer exactamente el mismo movimiento anterior, el mayor acomodó las piernas a los costados del castaño y sus manos sujetaron con fuerza la cintura de JiHoon, deleitándose con la linda cueva de su espalda baja que se había formado pero lamentablemente no pudo hacerlo demasiado, ya que sin pensarlo echó la cabeza hacia atrás soltando roncos gemidos antes de correrse en el interior del menor, dejándose caer a un lado en la cama recuperando la respiración.
La habitación se quedó en silencio y JiHoon seguía acostado boca abajo, con la cabeza girada hacia SeungCheol, con los ojos cerrados y el cabello desordenado, su frente estaba cubierta de sudor al igual que su cuerpo y sus mejillas tenían un ligero color carmín el cual aceleró el corazón de SeungCheol apenas lo vio.
JiHoon no tenía idea de todo lo que le provocaba con simplemente existir.
El pelirrojo se levantó y entró a baño en busca de toallas de papel para limpiarse y limpiar al menor, se dio la media vuelta luego de hacerlo pero una mano rodeó su muñeca deteniéndolo.
—Ven aquí, Cheollie —Murmuró JiHoon manteniendo los ojos cerrados —No te vayas.
SeungCheol sonrió y se acostó en la cama, buscó la mano de JiHoon y el menor fue hasta dónde estaba él, acomodando la mitad de su cuerpo sobre el de SeungCheol, enredando sus piernas y descansando un brazo sobre el pecho ajeno para quedarse profundamente dormido gracias a las suaves y delicadas caricias del mayor por sus hombros y espalda.
Y bastaron unos pocos segundos para que SeungCheol cerrase los ojos, no sin antes dejar un beso en la frente del pequeño.
La alarma del móvil que se encontraba en la mesita de noche sonó a la mañana siguiente obligando a JiHoon a levantar el brazo para apagarla, sin abrir los ojos ni levantar la cabeza de la almohada, se encontraba durmiendo boca abajo y estaba tan cómodo, tan cálido bajo las sábanas, especialmente por un fuerte brazo que rodeaba delicadamente su cintura y que lo hacía sentir protegido.
Pero debía levantarse.
Sus obligaciones de estudiante responsable lo llamaban.
Con pereza levantó la cabeza de la almohada y sus ojos se llenaron de lágrimas al bostezar, abrió los ojos y giró el rostro hacia su izquierda para contemplar al chico más asombroso del universo.
De su universo.
Sin darse cuenta esbozó una sonrisa y se levantó de la cama para darse una ducha, salió a los pocos minutos después y se dispuso a recoger su ropa que estaba esparcida por el suelo de la habitación.
Se sentó en el borde de la cama y comenzó a vestirse.
—¿Ya te debes ir, chiquito? —Preguntó una voz ronca detrás de él. Pronto sintió un beso en su nuca y sonrió mientras se colocaba los zapatos.
—Tengo clases a las nueve —Respondió JiHoon mirando el reloj de la mesita de noche.
—¿Llegarás a tiempo en autobús? —SeungCheol se levantó de la cama intentando no tropezar con la sábana que se había llevado con él enrollándola en su cadera —Te iré a dejar.
—¿En la moto? —Cuestionó el castaño levantándose para acomodarse el suéter y buscar su mochila, la cual estaba seguro que se encontraba por allí, solo que no sabía dónde.
—¿Por qué no? —SeungCheol se detuvo en medio de la habitación mirando a JiHoon.
Lo conocía tan bien.
Y amaba esa mirada encantadora, pícara, y a la vez, tímida en el menor cada vez que le hacía saber indirectamente que su relación no era solo sexo.
Que había algo más que ninguno se atrevía a decir por miedo.
Miedo a ser rechazado.
Lo cual era muy absurdo.
Porque solo había que mirarlos para darse cuenta que estaban completamente enamorados.
—Prepararé algo para desayunar —Dijo JiHoon avanzando hacia la puerta pero una mano alrededor de su muñeca lo detuvo.
—Espera, espera —SeungCheol dio un paso hacia JiHoon obligándolo a levantar la cabeza para que lo mirase —Lo olvidaba.
—¿Qué cosa?
El pelirrojo colocó dos de sus dedos en el mentón de JiHoon y se inclinó hacia él dejando un casto beso en sus labios —Buenos días —Musitó sobre los labios ajenos y se alejó con una amplia sonrisa.
—Buenos días —Su interior se sacudió y ese extraño pero agradable cosquilleo, que llevaba sintiendo hace meses, una vez más se adueñó de su cuerpo.
—¿Has dormido bien? —Preguntó SeungCheol en voz baja, de manera tierna, mirándolo a los ojos y perdiéndose en ellos.
—Sí —Respondió JiHoon subiendo sus manos por el pecho del mayor —¿Y tú, cómo has dormido?
—Increíblemente bien —Enseñó los agujeros en sus mejillas y JiHoon creyó que se derretiría.
—Ve a ducharte —Lo empujó suave y juguetonamente hacia el cuarto de baño —Te estaré esperando en la cocina.
—No te vayas sin mi —SeungCheol lo apuntó desde la puerta del baño, sin borrar la sonrisa de su rostro.
—No lo haré —Dijo JiHoon y el pelirrojo le guiñó un ojo para luego entrar a ducharse.
Después de casi un año JiHoon conocía a la perfección cada rincón de aquel departamento, desde que había perdido la apuesta con JeongHan y fueron a una tienda de tatuajes y piercings donde volvió a ver a SeungCheol y éste le entregó su número telefónico fue cada día por las noches.
SeungCheol abría la puerta e inmediatamente JiHoon se lanzaba a sus brazos, uniendo sus labios y pateando la puerta al entrar al departamento, caminando sin dejar de besarse mientras se desvestían sin cuidado y no importaba dónde terminaban, si en la cocina, en la habitación o en el cuarto de lavado.
Lo importante era estar juntos.
Pasar un buen rato.
Y ambos lo veían de la misma manera.
Al comienzo solo tenían relaciones sexuales y JiHoon se iba, no conversaban ni tampoco se quedaban acostados en la cama por mucho tiempo, pero un día el mayor lo invitó a cenar y JiHoon aceptó. Acabaron sentados en el suelo de la sala, sobre unos cojines, riéndose a carcajadas hasta la medianoche y apenas JiHoon se percató de la hora salió corriendo a casa.
A la noche siguiente JiHoon volvió, SeungCheol abrió la puerta y el menor dio un paso hacia adelante, levantó los talones, sus manos acunaron las mejillas del mayor y lo besó, SeungCheol dio algunos pasos hacia atrás y escuchó que la puerta se cerró, su espalda chocó contra la pared del pasillo y sus manos descansaron sobre la cintura del castaño.
Pero JiHoon se alejó al darse cuenta de que SeungCheol no tenía intención de mover sus labios.
—¿Qué ocurre? —Preguntó el menor.
—Nada —Respondió SeungCheol en voz baja, con tristeza.
JiHoon suspiró e insistió —¿Qué ocurre?
—Un cliente no ha quedado satisfecho con el tatuaje y dijo que me iba a demandar, no sé si lo haga o solo quería asustarme —Contestó cabizbajo —Aunque lo ha hecho —Confesó apenado.
—Si le has hecho el diseño que ha pedido y lo ha aceptado antes de tatuarlo no tiene cómo ganar una demanda —Habló JiHoon —No creo que lo haga.
SeungCheol apretó sus labios, su mirada seguía en el suelo.
—¿Quieres que me vaya?
—No, no —Levantó la cabeza mirando a JiHoon —Quédate por favor.
—¿Toda la noche? —Preguntó bromeando, con una sonrisa que se deshizo apenas SeungCheol asintió con la cabeza haciéndole saber con la mirada lo mucho que lo necesitaba.
Esa fue la primera noche que pasaron juntos, prepararon la cena y JiHoon hizo de todo para distraerlo y devolverle esa contagiosa alegría que lo caracterizaba, y la cama que era testigo de sus noches llenas de pasión se convirtió en su refugio, uno donde JiHoon fue rodeado por los fuertes y tatuados brazos de SeungCheol mientras él deslizaba sus dedos por las clavículas ajenas, haciendo chocar su respiración contra el cuello del mayor.
Y cuando volvió a ver esa cara de preocupación, colocó una mano en la mejilla de SeungCheol haciendo que lo mirase para él levantar la cabeza y besarlo con ternura.
—Tranquilo —Susurró mirándolo a los ojos —Saldrá todo bien.
Ese fue el momento donde SeungCheol confirmó sus sospechas, estaba enamorado de JiHoon y la idea le asustaba porque jamás habían hablado de sentimientos, no sabía qué significaba para el menor o qué tipo de relación los unía.
La mirada de JiHoon fue clara, y quiso ver amor en ella pero nada se lo aseguraba.
Mientras que JiHoon se quedó despierto admirando a SeungCheol, sin darse cuenta de los movimientos de sus manos, sin darse cuenta de que no podía dejar de acariciar sus mejillas, de acomodar su cabello rojo, de buscar su calor acercándose cada vez más, de mirar sus pestañas y enamorarse de cada una de ellas, de acariciar sus labios e inclinarse hacia adelante dejando castos y dulces besos en ellos.
Ahí fue donde se dio cuenta de que no quería a otra persona que no fuese SeungCheol durmiendo a su lado, quería sus brazos, sus piernas, sus manos, su rostro.
Quería su corazón.
Así.
Como lo tenía en ese momento.
Cerquita del suyo, conectados, latiendo al mismo ritmo.
Lamentablemente temía que SeungCheol no se sintiese de la misma manera, que lo viera como un compañero de cama y un posible amigo para contarle sus problemas y apoyarse.
Y así pasaron los días.
Las semanas y los meses.
Acercándose, deseando ver al otro, estar con el otro, hablar con el otro, saber de su trabajo, de sus estudios, de su día a día.
Con cenas hasta tarde, con juegos que terminaban en escandalosas risas y con amaneceres asombrosos donde lo primero que veían al abrir los ojos, era la persona de la cual se habían enamorado.
Pero el amor no se podía esconder para siempre.
Y poco a poco lo fueron demostrando, acostumbrándose a esos detalles que hacían la diferencia.
Como la leche de fresas que JiHoon encontró al abrir la nevera, sabía que SeungCheol la detestaba pero a él le encantaba, sacó el cartón de leche y algunos huevos para echarlos al sartén. Preparó una taza de café para SeungCheol y unas tostadas para él.
Pronto SeungCheol salió de la habitación vistiendo una camiseta con mangas cortas que se amoldaba perfectamente a su trabajado cuerpo, un pantalón y zapatos, todo del mismo color; negro, desayunaron y bajaron al estacionamiento donde JiHoon recibió su casco antes de subirse en la moto y rodear la cintura del mayor con sus brazos.
No iba a ser la primera vez que llegaría a la universidad en una motocicleta manejada por un atractivo pelirrojo, al cual le gustaba vestirse de negro para resaltar el color de su cabello, con incontables tatuajes en los brazos y cuello, que eran los que se alcanzaban a ver pero JiHoon conocía los de sus muslos, su torso y el último que se hizo en la espalda, pero eso no era todo, SeungCheol tenía un piercing en la ceja izquierda y otro en el labio inferior, a un costado, además de tener perforadas las orejas.
SeungCheol era un chico que llamaba la atención donde estuviese y no pasaba desapercibido de la facultad de leyes.
Varios estudiantes provenientes de conocidas familias pensaban que daba una mala imagen, que era un delincuente o que había salido de la prisión, lamentablemente seguía siendo un pensamiento erróneo acerca de las personas con tatuajes pero SeungCheol era un chico trabajador, responsable, honesto, atento y dulce, su mirada reflejaba la ternura que había en su corazón.
Y a JiHoon le encantaba.
Tanto su aspecto como lo que había detrás de sus tatuajes y piercings.
Eso era lo único que le importaba.
—Gracias por traerme —Se bajó de la moto y le entregó el casco a SeungCheol. El mayor asintió con la cabeza, en silencio y JiHoon levantó los talones para quitarle el casco, se miraron a los ojos y el pelirrojo sacudió su cabello con una mano.
—Que tengas un lindo día —Le pasó la mochila que llevaba adelante y JiHoon la colgó en un hombro.
—Igualmente —Dijo con una sonrisa coqueta que obligó a SeungCheol a inclinarse hacia adelante para robarle un beso. No era tonto, JiHoon venía de una buena familia, estudiaba leyes y sabía cómo funcionaba el mundo.
Él tenía una tienda de tatuajes, vivía solo y sus padres habían fallecido hace años.
Pero cada vez que JiHoon lo miraba lo hacía sentir lo más importante del universo.
Y pasaba por alto esos comentarios acerca de su apariencia y las malas miradas que recibía cuando iba a la universidad del menor.
—Estudia mucho —Volvió a colocarse el casco y JiHoon dio algunos pasos hacia atrás.
—Lo haré —Levantó y sacudió su mano ligeramente despidiéndose —Nos vemos más tarde.
SeungCheol le guiñó un ojo y se bajó el visor echando a andar la motocicleta.
La mañana pasó más rápido de lo que JiHoon pudo imaginar, algunas clases eran tediosas y lo dejaban agotado mentalmente, durante la hora almuerzo mientras compartía con sus compañeros escuchó que el móvil sonó en su mochila avisándole de un nuevo mensaje, desbloqueó la pantalla y sonrió ampliamente al leer el mensaje de SeungCheol, recordándole que se alimentara y que no era bueno saltarse las comidas.
—¿Por qué no solo le dices que lo amas? —Habló SeungKwan y JiHoon rápidamente bajó el móvil dejándolo en la mesa para volver a la comida.
—No es tan sencillo.
—Lo es.
—Llevas tres años enamorado del mismo chico y jamás has tenido la intención de acercarte a él —Le recordó JeongHan obteniendo la mirada furiosa de SeungKwan —Tu palabra no tiene peso.
—¿No? —El chico de mejillas abultadas miró hacia los costados buscando a su amor platónico y al encontrarlo se levantó de la silla —Solo observen.
JiHoon y JeongHan se giraron en sus sillas siguiendo a SeungKwan, quien caminaba con seguridad por el campus hacia la mesa donde estaba sentado un grupo de estudiantes de último año, y sus labios se separaron cuando vieron que SeungKwan llamaba a Hansol con la mano para que se acercara a él, hablaron unos pocos minutos y SeungKwan volvió a la mesa.
—No lo hiciste —JeongHan seguía impresionado.
—Lo hice —Aseguró SeungKwan sentándose en su lugar —Le dije que llevo tres años enamorado de él.
—¿Y qué te dijo? —Preguntó JiHoon con curiosidad.
—Nada —Se encogió de hombros —Pero lo hice, y si lo hice tú también puedes hacerlo.
JiHoon se quedó en silencio, tal vez SeungKwan tenía razón y debía arriesgarse.
De pronto tomó su mochila y guardó los libros dentro de ella, sus amigos lo miraron con atención y supieron dónde iría cuando sus mejillas se sonrojaron —Nos vemos mañana.
—Adiós —SeungKwan apoyó los brazos sobre la mesa y giró el rostro hacia adelante donde estaba JeongHan.
—No lo hiciste —Acusó el pelilargo.
—¿Crees que estoy loco? —Alzó las cejas —Solo le pregunté la hora y creí que me iba a morir.
JeongHan rió y le golpeó suavemente el brazo, no lo había hecho con una mala intención, todo lo contrario, JiHoon y SeungCheol eran felices juntos pero ninguno se atrevía a decir lo que sentía, dejando su relación en la cuerda floja y no necesitaban que JiHoon les dijera que estaba profundamente enamorado de SeungCheol, lo sabían, por la manera en la que hablaba del mayor, por su mirada cada vez que lo iba a buscar a la universidad, por esas risitas coquetas cuando se llamaban por teléfono y JiHoon terminaba dando vueltas por las paredes de los pasillos.
SeungCheol le hacía bien.
En todos los sentidos posibles.
Y no tardaron en saber que JiHoon ya les había hablado a sus padres sobre SeungCheol, poco tiempo después, el señor Lee fue por sorpresa a la universidad a buscar a su hijo y antes de bajarse del vehículo vio a JiHoon corriendo hacia un chico que estaba apoyado en una motocicleta, con una chaqueta de cuero y una bufanda gris alrededor de su cuello, esperándolo con un enorme oso de felpa, el castaño colocó las manos sobre los hombros del chico pelirrojo y lo besó recibiendo encantado el oso que le había obsequiado, JiHoon buscó en su mochila y le entregó una carta que SeungCheol guardó en su bolsillo.
No quería presionarlo en saber más acerca del chico pelirrojo, confiaba en su hijo y sabía que cuando encontrara el momento indicado lo llevaría a casa.
—Hola —Saludó JiHoon a Chan al entrar a la tienda y verlo detrás del mostrador trabajando en el computador que tenía frente a él.
—Buenas tardes —El menor le sonrió y dejó de teclear al darse cuenta de quién era —¿Vienes por una perforación o por un tatuaje?
JiHoon apoyó los brazos en el mostrador y sus mejillas se sonrojaron al negar con la cabeza.
—Oh, claro que no, vienes por el tatuador —Molestó Chan y JiHoon rió —Ahora está con un cliente, no debe tardar mucho en salir.
—Gracias —Se alejó del mostrador y caminó por el lugar mirando la nueva remodelación de la tienda, las fotografías de los trabajos de SeungCheol colgadas en las paredes y los buenos comentarios que le dejaban.
—Por favor recuerda todos los cuidados que te he dicho, están los mismos en el folleto que te he entregado —Dijo SeungCheol saliendo del cuarto con un chico que traía su nuevo tatuaje en la muñeca derecha. JiHoon rápidamente se escondió detrás de la puerta —Si ocurre algo inusual puedes venir, no te preocupes por pedir una cita, te atenderé.
—Muchas gracias —El desconocido le obsequió una sonrisa a SeungCheol y Chan antes de salir de la tienda satisfecho con el trabajo del pelirrojo.
JiHoon colocó su dedo índice sobre sus labios pidiéndole a Chan que guardara silencio y entró al cuarto detrás de SeungCheol, cerrando la puerta apenas estuvo dentro y acercándose al mayor aprovechando de que estaba encorvado quitando el material usado en la mesa de metal junto a la camilla para cubrirle los ojos con las manos.
Pero para su mala suerte cuando SeungCheol se enderezó tuvo que estirar su cuerpo lo que más pudo para mantener las manos en su lugar, conteniendo una carcajada.
—¿Debo adivinar quién es? —Preguntó SeungCheol sin tocar las manos del menor porque no lo necesitaba, sabía quién era por el sutil y dulce aroma a vainilla que había entrado por sus fosas nasales —¿No hay una pista?
JiHoon levantó sus talones y dejó un beso en el lunar de la nuca de SeungCheol, el pelirrojo se quedó en silencio y JiHoon bajó los brazos después de escuchar un “chiquito”, permitiendo que SeungCheol se diese la media vuelta cerrando los ojos al unir sus labios con los del mayor.
—Disculpen —Chan abrió la puerta interrumpiéndolos —Ha llegado un cliente.
—¿Me puedo quedar aquí? —Preguntó JiHoon mirando a SeungCheol —No molestaré, lo prometo.
Durante las próximas tres horas JiHoon estuvo sentado en el escritorio donde se realizaban e imprimían los diseños de los tatuajes, estudiando y levantando la cabeza solamente cuando SeungCheol pasaba por su lado por algún material o a lavarse las manos y colocaba la mano en su mentón para darle un beso.
Al anochecer llegaron al departamento de SeungCheol, quitándose la ropa en el pasillo, la mochila de JiHoon quedó en el sofá de la sala antes de que el pelirrojo lo tomara de la cintura para que enrollara las piernas en su cadera, levantarlo y llevarlo a la habitación.
Sin compasión SeungCheol estuvo disfrutando del cuello de JiHoon, sujetando su cabello con fuerza, echándole la cabeza hacia atrás, escuchándolo gemir y su cuerpo desnudo temblar bajo el mientras lo hacía suyo.
Era lo mínimo que podía hacer porque se acercaba la temporada de exámenes donde no se veían.
Tres semanas donde su chispita de alegría debía enfocarse en sus estudios.
Y cada día se volvía más largo e infinito que el anterior.
Un viernes por la noche SeungCheol llegó a casa, se dio una ducha, ordenó la sala y comenzó a preparar la cena. Su plan era muy sencillo; iba a comer y luego vería algunas películas hasta quedarse dormido, tendría la intención de llamar a JiHoon, toda la semana la había tenido pero no quería molestarlo y desconcentrarlo de sus obligaciones, quería verlo, le hacía falta pero entendía que sus estudios eran prioridad. No se dio cuenta cuánto tiempo llevaba revolviendo la comida en la olla hasta que unos golpes en la puerta lo despertaron, apagó la estufa y se limpió las manos con el paño de cocina.
Abrió la puerta y JiHoon estaba allí, al borde de las lágrimas y aunque no estaba llorando se notaba que lo había hecho durante el camino, su nariz estaba colorada al igual que sus mejillas.
—¿Y esa carita? —A SeungCheol se le fue el aire al verlo en ese estado.
—Hoy me entregaron la calificación de mi último examen de derecho tributario general —Su voz se quebró a la mitad de su respuesta —Y quiero un abrazo.
SeungCheol lo recibió en sus brazos y el menor se echó a llorar desconsolamente —Está bien, puedes llorar el tiempo que necesites —Acarició la espalda de JiHoon con cariño —Estoy aquí para ti, chiquito.
—Me esforcé mucho en estudiar —Golpeó el pecho de SeungCheol y luego volvió a abrazarlo, con más fuerza —Y no sirvió de nada, solo tengo una oportunidad para aprobar el año y no podré hacerlo.
Se quedaron en el marco de la puerta principal cerca de diez minutos, SeungCheol dejó que JiHoon se desahogara y no lo interrumpió, escuchó sus quejas, sus lamentos y recibió sus golpes.
Hasta que entraron a la sala y le dio un vaso con agua para que se tranquilizara, sentándose en el sofá.
—Si quieres te puedo ayudar a estudiar —Habló SeungCheol ganándose la atención de JiHoon —Bien, no sé mucho acerca de leyes pero podría intentarlo, hacerte preguntas, leer contigo, ayudarte a hacer resúmenes, lo que sea.
—Te llenaré el departamento de libros y de notas adhesivas —JiHoon formó un puchero que se deshizo apenas SeungCheol se inclinó hacia adelante besándolo.
—No importa —Le sonrió y JiHoon terminó con la poca distancia que existía entre ellos, sentándose más cerca y abrazándolo por la cintura, apoyando la cabeza en el hombro de SeungCheol.
Tenía dos semanas para estudiar y aprobar el examen final, así que llevó a casa de SeungCheol dos cajas llenas de libros y apuntes que le iban a servir.
—Se suelen utilizar estas denominaciones como derecho impositivo o derecho fiscal, que parece impropia por no hacer referencia a los tributos —Habló JiHoon, sentado en el suelo, sobre un cojín de la sala, apoyando la espalda en un sofá y frente a él estaba la mesa de centro con más de tres pilas de libros de leyes, cuadernos y hojas esparcidas con resúmenes y mapas conceptuales.
—El derecho impositivo se utiliza por ser los impuestos la forma más común de tributo, pero más propio derecho tributario por abarcar los diversos tipos de tributos —Leyó SeungCheol siguiendo la lectura del menor —Y las clases de tributo son: impuestos, tasa y contribuciones especiales.
JiHoon dejó el libro a un lado y tomó una nota adhesiva escribiendo las clases de tributo, al terminar se giró hacia SeungCheol y la pegó en su labio superior.
No era la primera nota adhesiva que tenía SeungCheol, tenía otras en el pecho, en la frente y en los brazos.
Era la manera que JiHoon había encontrado para memorizar los datos importantes aunque siempre en un punto de la noche se reían a carcajadas, tomándolo a juego, escribiendo boberías en las notas y terminaban rodando por el suelo.
Después de tres horas estudiando, SeungCheol se quitó la nota adhesiva de los labios para saber si JiHoon podía responderla correctamente.
—¿Cuáles son las clases de tributo? —Preguntó SeungCheol y JiHoon dejó de escribir para levantar la cabeza.
—¡No veas! —Chillo al volver a pegarla en su labio superior.
—No sé lo que decía —Exclamó JiHoon con frustración, sentándose derecho y mirando hacia adelante.
—Intenta recordarlo —Animó SeungCheol —Si logras hacerlo tendrás una recompensa.
Pasaron unos pocos minutos de silencio, JiHoon sonrió y SeungCheol supo que tenía la respuesta.
—Impuestos —Comenzó marcando dos lindos y coquetos agujeros en sus mejillas —Tasa —Se giró hacia SeungCheol y le quitó la nota de los labios —Y contribuciones especiales.
—Muy bien —Sonrió al ver que JiHoon se seguía acercando y él echaba su cuerpo hacia atrás en el suelo.
—Ahora quiero mi recompensa —Dijo se forma seductora, apartando con una mano las hojas que estaban en el suelo, y luego colocándola a los costados de la cabeza del mayor.
SeungCheol se sentó y abrazó a JiHoon, sentándolo sobre su pelvis y besándolo con necesidad. Sus manos bajaron por su espalda hasta llegar su trasero, amando que estuviese llevando solo una cómoda camiseta color rosa y ropa interior.
JiHoon gimió en medio del beso y SeungCheol sonrió, introduciendo su lengua en la cavidad bucal del menor, degustándolo y probando su sabor por milésima vez, JiHoon apoyó los antebrazos en los hombros de SeungCheol y acabó dejando un camino de besos por su barbilla antes de tomar distancia.
Y esos momentos donde se miraban a los ojos luego de besarse era donde querían decir lo mucho que se amaban.
Pero solo se sonreían nerviosos y volvían a su anterior lugar.
—No has llamado a tu casa —Dijo SeungCheol mirando la pantalla de su móvil, era medianoche —Es tarde, tus padres deben estar preocupados.
—Les dije que iba a estar estudiando —JiHoon tomó el bolígrafo para continuar escribiendo en el cuaderno. SeungCheol guardó silencio y él lo miró —Tranquilo, ellos saben acerca de última calificación, me han regañado pero saben que me estoy esforzando para este examen.
—Entiendo —Dejó escapar un suspiro —¿Y solo les dijiste que ibas a estudiar?
—Sí.
—¿En la universidad?
—No, aquí —Contestó y tocaron la puerta —Llegó la comida.
Cenaron en silencio, JiHoon podía devorarse más de cinco porciones de arroz sin ningún problema, e incluso más. Por otro lado estaba SeungCheol, mirándolo de reojo, sosteniendo los palillos, moviendo un trozo de carne de un lado a otro en el plato.
—JiHoon —Encontró el valor para preguntar lo que tanto quería saber.
—¿Hmm?
—¿En algún momento has pensado en presentarme con tus padres?
JiHoon levantó la cabeza abriendo sus ojos más de lo normal, SeungCheol, quien ahora se encontraba del otro lado de la mesa le quitó el arroz que estaba en la comisura de sus labios —¿Quieres conocerlos?
—Bueno, hemos estado saliendo hace meses y me parece correcto que sepan con quién estás —Respondió SeungCheol de forma tranquila, pausada, escogiendo cuidadosamente sus palabras —Para que estén tranquilos.
—Si lo hago esto se volvería más...
—Formal —Interrumpió SeungCheol sintiendo como la sangre subía a sus orejas.
—Como una relación.
SeungCheol asintió —Lo sé, ¿No te agrada la idea?
—No... Quiero decir, sí, sí me agrada —Su frecuencia cardíaca estaba por los cielos —Solo que no sabía que a ti te gustaría que pasara.
—Es porque a veces no digo directamente lo que quiero.
—¿Y qué quieres?
—A ti —Respondió con seguridad pero sin pensarlo, no lo necesitaba —No quiero nada más que a ti.
—Suenas como si estuvieses...
—¿Enamorado? —Preguntó esbozando una de las tantas sonrisas que descolocaban a JiHoon —Sí, bastante.
JiHoon alzó las cejas y quedó con la boca abierta, sin saber qué decir o qué hacer, mirando a SeungCheol e intentando convencerse que no se había quedado dormido.
Pero cuando SeungCheol elevó una de las comisuras de sus labios supo que no era así.
Bajó la cabeza y se encogió de hombros.
—¿Te has sonrojado? —Preguntó el mayor de forma divertida.
—No.
—Lo has hecho —Acusó soltando una risita.
—No me molestes —Tomó uno de los cojines del suelo y lo colocó frente a él ocultando su rostro.
—Estoy enamorado de ti —Confesó SeungCheol —Muy enamorado.
JiHoon no supo cuántos minutos pasó con el cojín en el rostro pero se hicieron eternos, quería decir lo que sentía, quería decirle que no era el único que se había enamorado.
Pero no podía hacerlo.
No se podía mover.
Y las palabras no salían de su boca.
—¿Quedamos en el capítulo cuatro, verdad? —Preguntó SeungCheol tomando un libro azul y JiHoon bajó los brazos con el cojín, el pelirrojo había sacado la comida de la mesa para volver al estudio —Comenzaré a marcar lo importante y te lo entregaré para que lo revises.
JiHoon se sentía como un tonto.
Era un tonto.
—¿Qué ocurre? —SeungCheol lo miró como si nada hubiese ocurrido —Debes terminar el resumen.
—Oh, sí, sí —Tomó el bolígrafo y volvió a la lectura.
Una hora más tarde JiHoon se acostó en el sofá quedándose profundamente dormido, SeungCheol terminó un resumen y separó los labios para avisarle a JiHoon pero al levantar la cabeza se quedó en silencio, miró la hora en el móvil y estiró los brazos al bostezar. No sabía si el menor quería quedarse allí o debía volver a casa de sus padres, así que se levantó y se acercó, acomodando su flequillo apenas tuvo la oportunidad.
—Chiquito —Lo llamó en voz baja, apretando suavemente sus mejillas —Chiquito.
JiHoon se quejó y arrugó la nariz frunciendo el ceño.
—Chiquito —SeungCheol sonrió y colocó su dedo índice en el entrecejo del castaño —¿Quieres llamar a tus padres o te voy a dejar a casa?
—No —Formó un puchero y buscó la mano de SeungCheol acomodándola bajo su mejilla —Les dije que me iba a quedar aquí contigo, vamos a la cama, quiero ir a la cama contigo.
—Está bien —SeungCheol lo tomó en brazos y lo llevó hasta la habitación, dejándolo en la cama para apagar las luces y dormir a su lado.
El día del examen JiHoon despertó en la cama de SeungCheol pero el mayor no se encontraba allí y pensó que se había ido a trabajar, no quería imaginar sus ojeras, se habían quedado hasta tarde estudiando en la sala y todo el departamento era un desastre, no solo por las pilas de libros en la cocina, en la habitación y en la sala sino también por las hojas arrugadas que tiraban cuando no servían, las notas adhesivas con corazones o datos que JiHoon fue memorizando.
Pero al darse la media vuelta vio a SeungCheol durmiendo en el sofá de la sala, sobre algunas hojas de papel, el desayuno estaba servido y una nota de color amarillo estaba en el vaso con leche.
“Recuerda que una calificación no define tu inteligencia, pase lo que pase, yo estaré aquí, esperándote”
A las ocho de la noche SeungCheol abrió la puerta de su departamento encontrándose con JiHoon, alzó sus cejas y el menor levantó la hoja del examen colocándola frente a él, al nivel de sus labios para mirar la reacción de SeungCheol, y fueron dos enormes números con tinta roja que lo llevaron a abrazar al pequeño y alzarlo en sus brazos.
—Felicidades chiquito —Lo giró una vez más en el marco de la puerta antes de bajarlo al suelo, JiHoon colocó las manos en sus mejillas olvidándose del examen y de dónde podía terminar. Había aprobado —Sabía que ibas a lograrlo.
—Gracias por haberme ayudado a estudiar —Besó con ternura los labios de SeungCheol.
—Es solo el reflejo de tu esfuerzo.
JiHoon se paró de puntillas y lo abrazó por los hombros, apoyando la cabeza en el hombro de SeungCheol diciéndole en voz baja que él formaba parte de ese reflejo.
Celebraron viendo una película que JiHoon quería ver hace tiempo y que no alcanzó ir a ver al cine por falta de tiempo, sentados en el sofá, abrazándose y compartiendo las palomitas de maíz. Riéndose y acurrucándose con el otro.
A las once de la noche se dirigieron a la habitación para dormir, SeungCheol sacó la ropa para dormir y JiHoon se quitó la chaqueta de mezclilla mirando el enorme tatuaje en la espalda del mayor.
Entonces recordó la primera vez que se conocieron.
Una aventura de una noche.
Donde jamás imaginó volver a verlo.
Luego su reencuentro en la tienda de SeungCheol.
La apuesta con JeongHan que por más absurda que fuese lo había llevado con SeungCheol.
Y ahora estaba en su habitación, con la luz tenue de las lámparas, mirándolo mientras se desvestía.
Quería más noches así.
Muchas más.
Siempre viendo esa ancha espalda antes de dormir, refugiarse en esos brazos, porque sin importar que tuviese un mal día, todo mejoraba con SeungCheol.
—Cheol —Lo llamó.
—¿Hmm?
—Quiero que me tatúes.
El pelirrojo se dio la media vuelta, con la camiseta de dormir en las manos —¿Ahora?
—Sí —A pasos lentos rodeó la cama llegando hasta donde estaba SeungCheol, quedando a unos pocos metros de él.
—¿Estás seguro? Hemos hablado de piercing y tatuajes, y hasta hace poco me dijiste que preferías los míos —No comprendía el cambio de decisión tan repentino de JiHoon —Que te daban miedo las agujas y aquí no tengo los materiales que necesito, tendríamos que ir a la tienda y sacar lo que necesit... —Se quedó en silencio cuando JiHoon se quitó la camiseta y jugó con el borde de su pantalón, quitándoselo y luego bajando sensualmente su ropa interior —Maldición —Susurró fascinado con el cuerpo del menor —Para poder hacerlos, hay que pensar en un diseño y luego...
—Puedes comenzar —Dijo después de dejar caer la última prenda al suelo.
SeungCheol lo miró aturdido.
—Quiero tu nombre en mi piel —Pidió JiHoon —Tatúame tu nombre con tus labios.
Una corriente eléctrica azotó el cuerpo de SeungCheol erizándole la piel.
—No necesitas tinta para hacerlo.
—No, no la necesito —Negó con la cabeza y dio un paso hacia adelante —Sería algo permanente.
—Lo sé.
—Si tatúo mi nombre... —Al decirlo en voz alta entendió el significado de la petición de JiHoon.
—Sí.
No era un juego.
JiHoon le estaba confesando su amor.
De una inesperada manera le estaba diciendo que quería estar junto a él.
Y el hecho que SeungCheol lo besara le hizo saber que había comprendido sus palabras.
Esa noche se besaron como nunca antes lo hicieron.
JiHoon delineó cada uno de sus tatuajes y SeungCheol tatuó el cuerpo de JiHoon con sus labios.
Cada centímetro de él.
Comenzando desde la punta de sus pies hasta su cabeza.
SeungCheol apoyó los antebrazos a los lados de la cabeza del menor y se introdujo lentamente, rozando sus labios, tragando sus quejidos y gemidos. Cerró los ojos y JiHoon apretó sus hombros como señal para que se moviera.
Se miraron con los ojos entrecerrados, sintiendo el sudor de sus cuerpos, amándose y deseándose. SeungCheol acarició uno de los muslos de JiHoon, alzando su pierna para dejarla en su cadera sin dejar de embestirlo, a un ritmo continuo y satisfactorio para los dos, que poco a poco fue tomando más fuerza.
El sonido de sus pieles chocar, de sus respiraciones agitadas y de suaves quejidos crearon la armonía perfecta con la que una corriente eléctrica recorrió sus cuerpos llevándolos a tocar el cielo con la punta de los dedos y, sin más, los desplomó en la cama.
SeungCheol escondió el rostro en el cuello de JiHoon, éste lo abrazó y acarició su cabello.
Al día siguiente pasaron la mañana en la cama, hablando del trabajo y la universidad, de sus planes para la semana y las tareas que debían realizar. A mediodía se levantaron a cocinar con la música alta, bromeando y jugando entre ellos, bailando y riéndose a carcajadas cuando SeungCheol se colocó a cantar utilizando un cucharón como micrófono.
—SeungCheol —JiHoon bajó el volumen de la radio y continuó picando las verduras para el almuerzo.
—¿Hmm? —SeungCheol tomó una olla grande y abrió la llave del fregadero para llenarla de agua.
—¿Tienes planes para hoy en la noche? —Preguntó atrapando su labio inferior entre los dientes —Es que me gustaría que fueses a mi casa.
El ruido de un plato quebrándose en el suelo lo hizo voltearse y ver a SeungCheol, parecía haber visto un fantasma.
—Para presentarte a mis padres —Terminó de hablar.
—¿Qué?
—Será una cena, para que te conozcan y los conozcas —Dijo y SeungCheol seguía sin moverse —Es solo si quier-
—¡Sí! —Exclamó sobresaltando a JiHoon —Si quiero.
Faltaban dos minutos para las ocho de la noche y dieron unos suaves golpes en la puerta de la casa de la familia Lee, JiHoon terminó de acomodar las copas en la mesa y apresuró el paso para ir a abrir.
Quedándose congelado al ver a SeungCheol.
Llevaba un traje formal color negro, al igual que la corbata sobre una impecable camisa blanca, su cabello rojo estaba peinado hacia atrás cambiándole completamente su rostro, más varonil y maduro, tampoco traía ninguno de sus piercings, JiHoon nunca lo había visto así y podía jurar que se había enamorado por milésima vez de la misma persona, sus zapatos relucían y sus temblorosas manos sostenían una tarta.
—Un día me comentaste que tus padres no bebían alcohol así que traje una tarta de frutas —Habló el mayor y JiHoon la recibió frunciendo el ceño al ver algunas banditas en las manos de SeungCheol —No, yo no la hice, la compré —Mintió.
El castaño alzó una ceja —¿Qué tal quedó de sabor?
—Tiene amor y sabor —Respondió SeungCheol chasqueando la lengua al dejarse al descubierto, JiHoon sonrió y él pasó una mano por su nuca —Quizás tenga más amor que sabor.
—Vamos —Lo hizo entrar a la casa y le pidió la chaqueta del traje para que estuviese más cómodo.
—¿He llegado muy temprano? —Preguntó SeungCheol echando un vistazo a su alrededor, la casa era asombrosa, las paredes pintadas de color amarillo pálido, con bordes blancos y elegantes detalles dorados. Cada adorno y cuadro de pintura parecía haber sido elegido exclusivamente para usar su lugar y que todo se viese armonioso —¿O por qué estás usando ropa deportiva?
—Te dije que era una cena —Contestó JiHoon cerrando la puerta del armario en el pasillo —No que iríamos a un restaurante de París.
—Iré a cambiarme —Quiso buscar las llaves de la motocicleta en sus bolsillos pero JiHoon se lo impidió.
—No, no, no, te ves muy bien así —Le encantaba, su mano tomó la de SeungCheol y pudo darse cuenta de que estaba temblando —No estés nervioso, yo debería estar nervioso.
—Honnie, ¿El invitado ya ha llegado? —Preguntó una voz femenina desde la cocina.
JiHoon tomó con más seguridad la mano de SeungCheol entrelazando sus dedos y lo llevó hasta la sala donde en unos pocos segundos aparecieron sus padres, el hombre era un poco más bajo que SeungCheol, robusto, de cabello castaño oscuro, tan pálido como su hijo pero con un rostro de pocos amigos, vestía un pantalón de tela color beige y un suéter sin mangas color negro, luego estaba la señora Lee, una mujer preciosa, tenía los mismos ojos que JiHoon, de rostro dulce y amable, ella traía un vestido floreado y tacones bajos.
—SeungCheol —Ahora él estaba temblando —Ellos son mis padres.
—Un gusto conocerlos —SeungCheol dio un paso hacia adelante estirando su mano para estrecharla con la de los mayores.
—Papás, él es SeungCheol —Presentó JiHoon.
—Tu novio —Dedujo el señor Lee, JiHoon negó con las manos pero las bajó apenas SeungCheol se giró a verlo.
—Cariño —La mujer rodeó el brazo de su esposo para dejar a solas a la joven pareja —Pasemos al comedor.
—¿Les has dicho que somos...? —Alzó las cejas pero antes de terminar la pregunta JiHoon se dio la media vuelta alejándose lo más rápido posible de él —Chiquito.
La cena transcurrió en un ambiente grato, con conversaciones habituales y sencillas que relajaron a SeungCheol, quien inconscientemente arremangó las mangas de la camisa dejando a la vista los tatuajes de sus brazos.
—¿Y cómo es trabajar como tatuador? —Preguntó el señor Lee.
SeungCheol sorprendido porque hasta ese momento no había hablado de su trabajo miró a JiHoon, el cual bajó la cabeza hacia su comida, avergonzado —Divertido.
—Nuestro Honnie nos ha hablado mucho de ti —Comentó la señora Lee con una sonrisa cómplice hacia su esposo, el hombre el guiñó un ojo y volvió su atención a SeungCheol.
—¿Y tú mismo te has hecho los tatuajes? —Continuó el señor.
—Solo algunos he podido hacerlos.
—¿Cuántos tienes?
—Quince —Respondió JiHoon sin darse cuenta al apoyar la cabeza en su mano pero se enderezó apenas tuvo la atención de los presentes en la mesa —E-Eso me ha dicho.
—Sí —Afirmó SeungCheol con una sonrisa —Son quince en total, hace algunos meses acabaron con el tatuaje en la espalda.
JiHoon imaginaba que sus padres sentirían curiosidad por la vida de SeungCheol y el mayor no tuvo problema en decirles que tenía una tienda de tatuajes, que vivía en un departamento retirado de la ciudad porque no le gustaba el ruido del tráfico y que tenía una motocicleta que adoraba porque había conseguido comprarla con su primer sueldo.
También imaginaba que se agradarían, sus padres eran personas asombrosas.
Y SeungCheol...
Él era un amor.
—Iré por la tarta de frutas —La señora Lee se levantó de su lugar tomando los platos.
—Permítame ayudarle —SeungCheol se levantó, tomó el plato de JiHoon junto a algunas ensaladas.
—Parece un buen chico —Dijo el señor Lee en voz baja, cuando su esposa y SeungCheol salieron del comedor.
—Lo es —JiHoon le sonrió.
—¿Pero por qué vino tan elegante?
—Supongo que porque quería darles una buena impresión, y que no se fijaran solamente en sus tatuajes.
—¿Sabes lo que más me ha llamado la atención de él?
—¿Qué?
—La forma en la que te mira y en cómo se dirige a ti —Contestó el hombre mayor —Te habla y te mira con tanto amor que se le escapa por los ojos.
JiHoon empuñó sus manos sobre sus rodillas y se encogió en su lugar con una enorme sonrisa en su rostro.
—Igual que a ti —Concluyó el señor Lee.
—La cena estuvo deliciosa —SeungCheol se despidió de los padres del mayor, estiró la mano pero ambos le dieron un abrazo —Muchas gracias por la invitación.
—Esperamos verte más seguido por aquí —Lo acompañaron a la puerta principal.
—Gracias —Les sonrió y probablemente no borraría esa sonrisa en días, les había agradado a los padres de JiHoon, le habían dicho que regresara, los había abrazado. Quería saltar de alegría —Que tengan una linda noche.
La joven pareja caminó en silencio por el jardín de la casa y las comisuras de los labios de JiHoon se elevaron tímidamente al sentir la mano de SeungCheol junto a la suya, entrelazando sus dedos, levantó la cabeza y la giró hacia el mayor viendo su preciosa sonrisa y sus enormes y brillantes ojos, SeungCheol lo miró y los dos bajaron la cabeza al mismo tiempo, riéndose de quien sabe qué pero felices.
Llegaron hasta donde estaba la motocicleta del pelirrojo.
—Esta noche ha quedado en tercer lugar de las mejores que he tenido en mi vida —Dejó la chaqueta sobre el asiento de la moto y se dio la media vuelta hacia JiHoon.
—¿Cuál es la segunda?
—La noche que nos vimos luego de que fueras con tus amigos a la tienda para perforarte los pezones por haber perdido una apuesta.
—¿Y la primera?
—Anoche —Respondió mirándolo a los ojos —Esa definitivamente fue la mejor noche de mi vida.
—Hiciste un gran trabajo —JiHoon dio un paso hacia SeungCheol.
—¿Tatuándote? —Bajó un poco la cabeza, sin dejar de mirar al pequeño.
—Sí —Subió las manos hasta los hombros del mayor y las unió detrás de su cuello —Aunque algunos no quedaron como quería y probablemente pida una segunda cita.
—Mi novio no necesita una cita —Dijo SeungCheol colocando su manos en la cintura de JiHoon.
—Se me revolvió el estómago —Confesó el castaño achinando los ojos al reírse.
—A mí también —SeungCheol lo imitó.
Y fue en ese momento donde todas las piezas encajaron, JiHoon acarició las mejillas de SeungCheol y mirándose con amor se fueron acercando, tomándose el tiempo para mezclar sus respiraciones, sus aromas, para tentarse hasta que alguno perdiera.
Sin embargo, ambos cayeron en ella, moviendo sus labios sobre los del otro, con delicadeza pero sin perder la pasión, se besaron solo como ellos sabían que le gustaban los besos porque solo SeungCheol sabía que JiHoon adoraba que lo abrazara con fuerza contra su cuerpo y solo JiHoon sabía que a SeungCheol le encantaba que acariciara sus orejas.
—Me gusta cómo se siente esto —Susurró JiHoon sobre los labios del mayor.
—¿Qué cosa?
—Estar enamorado —Respondió cerrando los ojos, sintiendo la nariz de SeungCheol mover la suya —Me gusta tanto como llevar tu nombre en mi piel.
