Capítulo único ♡

La época favorita del pequeño MinKi finalmente había llegado y apenas despertó estiró sus brazos, sus orejas se contrajeron y bostezó antes de darse cuenta que ya había amanecido, se levantó de la cama y corrió por el pasillo hasta llegar a la habitación principal de su hogar.
—Papi Honnie —Saltó a la cama del mayor y lo movió, sacudiéndolo de un lado hacia otro —Papi Honnie, despierta.
JiHoon lo miró con los ojos entrecerrados, sonrió al verlo y estiró su brazo tomando el móvil de la mesita de noche para ver la hora —¿Qué haces despierto tan temprano, bebé?
—Faltan... —Se quedó en silencio y contó con sus deditos quedándose confundido al terminar —¡Pocos días para navidad! —Exclamó con alegría.
El rubio dejó escapar una carcajada y se acomodó en la cama, sentándose en ella y sentando a su hijo sobre sus piernas —¿Y cuál será tu deseo para este año? —Le tocó la punta de la nariz con su dedo y MinKi rió encogiéndose de hombros.
—Aún no lo sé —Respondió el pequeño, apretó sus labios marcando los agujeros en sus mejillas y JiHoon se enterneció al mirarlo, tenía las pestañas largas y sus ojos grandes y expresivos como los de su papá.
Era un cachorrito.
Su cachorrito.
Un cachorrito que este año no había hecho una lista de deseos para santa como en años anteriores porque lo que deseaba no se podía envolver.
No se podía comprar.
No había tienda que lo vendiese.
—¿Te parece ir a desayunar mientras lo piensas? —Preguntó JiHoon dejando a un lado los pensamientos que invadían su mente al ver a MinKi haciendo tiernas muecas con sus labios —Podemos hacer tostadas de renos.
MinKi sonrió ampliamente y asintió con la cabeza. A sus cortos seis años probablemente uno de sus mejores amigos era JiHoon, su papá, tenían una relación de confianza, respeto y mucho amor, sin importar que fuesen híbridos diferentes y que según la sociedad sus personalidades fuesen incompatibles, pues JiHoon era un híbrido gato y él aún era un cachorro pero al cumplir la mayoría de edad sería igual que su papá SeungCheol quien era un híbrido canino.
MinKi sabía que no tenía una familia como la de sus amiguitos.
Él tenía dos habitaciones decoradas con todo lo que necesitaba.
Dos hogares que quedaban más lejos de lo que le gustaría.
Y dos padres que estaban separados.
No tenía recuerdos de verlos abrazados o besándose como a los padres de sus amigos pero sí fotografías donde él apenas era un bebé. Al principio no comprendía porqué debía ir de una casa a otra, almorzando en una al mediodía y durmiendo en otra al anochecer pero al pasar el tiempo ellos le explicaron que no todas las familias eran iguales, que ellos lo amaban y que lo único que deseaban era su bienestar y felicidad sin importar que no estuviesen juntos.
Los híbridos de diferentes especies no solían relacionarse sentimentalmente, no se enamoraban y tampoco formaban una familia, era imposible, sin embargo, en algún punto de la vida, sus padres lo hicieron.
Ellos se enamoraron rompiendo todas las normas de la sociedad.
Se casaron.
Lo tuvieron a él.
Y aunque no lo dijeran, ellos se seguían amando.
Lo veía a diario en los ojos de su papá JiHoon cada vez que su papá SeungCheol lo iba a buscar a casa y lo veía en el rostro del pelinegro cada vez que miraba a JiHoon sin que el menor se diese cuenta.
Tenían tanto para decir.
Pero había un candado en sus bocas, como si el día que acordaron finalizar con su relación hubiesen utilizado una llave para sellarla, dejando los sentimientos adentro, guardados y protegidos.
Para no dañarlos.
Y para no olvidarlos.
A las nueve de la mañana SeungCheol aparcó afuera de la casa de JiHoon, era invierno y cada día era más frío que el anterior pero habían anunciado en las noticias que no nevaría en navidad, frotó sus manos para calentarlas y caminó por el jardín llegando a la puerta principal, la golpeó suavemente y escuchó unos rápidos pasos por el piso de mesera que lo hicieron sonreír.
Apenas abrieron la puerta MinKi se lanzó a sus brazos, SeungCheol lo cargó y el pequeño lo abrazó con fuerza para luego tomar distancia.
—Hola papi Cheol —Saludó el menor, podía tener los ojos y pestañas de SeungCheol pero sus hoyuelos eran los de JiHoon.
—Hola mi vida —Le devolvió la sonrisa y apareció JiHoon con una mochila en sus manos, guardando algunos juguetes, su sonrisa se agrandó y las mariposas revolotearon por su estómago causándole cosquillas —Hola gatit... —Se interrumpió a sí mismo antes de terminar.
—Hola —El minino elevó ligeramente las comisuras de sus labios y sus mejillas se sonrojaron, MinKi los miró a los dos y agitó su cola, feliz, el primero y único en darse cuenta de su sonrisa traviesa fue SeungCheol quien alzó sus cejas al ser descubierto mirando a JiHoon —¿Qué?
—Nada —Respondió MinKi negando con la cabeza.
—En una hora más iré a la florería para programar las entregas de este mes —Dijo JiHoon entregándole la mochila de su hijo a SeungCheol, el mayor asintió —Nos vemos más tarde, cuídate mucho bebé —Levantó los talones y se inclinó hacia adelante creando un caos al interior de SeungCheol pero solo besó la mejilla del pequeño y se alejó —Nos vemos SeungCheol.
—Nos vemos —Logró decir, JiHoon le sonrió al pequeño y él se dio la media vuelta, escuchando como la puerta se cerraba y el vacío en su pecho crecía un poco más al recordar los días de instituto donde conoció a JiHoon.
En ese entonces nunca imaginó que caería de amor por un híbrido minino.
Nadie lo creía.
Pero apenas lo vio entrar al salón de clases quiso correr a él, conocer su aroma y mezclarlo con el suyo. Agitar su cola y pasearse por delante para que lo mirara.
Sin embargo, JiHoon no pensó lo mismo que él.
Y se alejó espantado apenas SeungCheol se acercó disimuladamente en la biblioteca.
JiHoon era hijo único, poseía una personalidad fría y distante, no le gustaban las demostraciones afectivas pero todo cambió cuando conoció a SeungCheol, era todo lo contrario a él, extrovertido, sensible, atento y muy cariñoso, más que los híbridos caninos que antes había conocido. Tenían el mismo grupo de amigos y el mayor se encargó de enamorarlo con lindos detalles que fueron derritiendo su corazón de hielo.
En más de una oportunidad sacó un libro de la estantería de la biblioteca encontrándose con el rostro de SeungCheol, apoyando el mentón desde el otro pasillo haciéndolo sonreír.
Lo enamoró.
Y él enamoró a SeungCheol.
Al poco tiempo de acabar el instituto decidieron casarse y apoyarse mutuamente en sus proyectos personales, JiHoon quería abrir una florería así que comenzó a trabajar y estudiar para lograrlo, por otro lado a SeungCheol le apasionaban las leyes así que fue a la universidad mientras tenía un trabajo de medio tiempo que lo dejaba agotado y con pocas horas para dormir, comenzaron en una habitación alquilada, era pequeña y no tenía muchas comodidades pero era lo que menos importaba cuando llegaban a casa y el otro estaba allí, esperándolo con plato con comida recién preparada y mucho amor. Pasaron los meses y años, pudieron alquilar una casa, era la casa de sus sueños, con tres habitaciones, una para ellos y dos para los hijos que deseaban tener, y con un jardín para que los pequeños corrieran y jugaran, no era muy grande pero era bonita y acogedora, con sus ahorros y sus estables trabajos en la florería y en un despacho de abogados, al tiempo la pudieron comprar.
Estaban viviendo en un sueño.
Y luego nació MinKi, se enamoraron de él cuando estaba en el vientre de JiHoon, cuando escucharon los latidos de su corazón y dio sus primeras pataditas.
Pero las infantiles discusiones se volvieron más frecuentes y los fueron desgastando.
Pudieron haber solucionado cada uno de los problemas que se presentaron, haber hablado sobre la ropa en el suelo, sobre las luces encendidas, sobre el desorden que SeungCheol dejaba cada mañana en la habitación luego de ducharse y sobre la exigencia de JiHoon por mantener el orden, pudieron llegar a un acuerdo pero no lo hicieron.
No siguieron enamorándose como lo prometieron en sus votos de boda.
Hasta que en una discusión todo estalló y con gritos decidieron separarse.
Esa noche SeungCheol se fue de casa.
Y JiHoon lloró hasta quedarse dormido mientras su hijo dormía.
Nunca se dijeron que no se amaban, nunca dijeron que se querían divorciar y con tristeza acordaron que tendrían una relación amable por MinKi, que le entregarían la estabilidad y seguridad que necesitaba.
Así que se volvió una costumbre pasar las fiestas juntos, por lo mismo era una de las fechas favoritas de MinKi.
Estaban en casa, horneaban galletas y tomaban chocolate caliente mirando películas en la sala hasta que se quedaban dormidos y Santa los iba a visitar dejando los obsequios bajo el árbol de navidad.
—Papi —Lo llamó MinKi agitando sus pies en el borde del asiento.
—¿Sí? —SeungCheol lo miró de reojo por el espejo retrovisor y aparcó afuera del edificio donde vivía hacia cinco años, se bajó del vehículo y abrió la puerta trasera para ayudar a MinKi a bajar. Le desabrocho el cinturón de seguridad y lo tomó en brazos.
—¿Aún amas a mi papi Honnie? —Preguntó MinKi con curiosidad apenas sus pies tocaron el suelo.
SeungCheol guardó silencio, cerró la puerta y miró al pequeño a su lado —¿Por qué lo preguntas?
—Solo... es curiosidad.
—Tu papi Hoonie y yo estábamos muy enamorados y de ese gran amor naciste tú, que eres todo para nosotros —SeungCheol se agachó hasta la altura del menor y le acomodó el gorro de lana sobre su oscuro cabello —Pero a veces los planes cambian y las relaciones no duran para siempre —Agregó acomodando la bufanda del pequeño.
—Papi —Lo llamó.
—¿Hmm? —SeungCheol lo miró a los ojos.
—No respondiste mi pregunta.
Jugaron en casa y prepararon el almuerzo, en la tarde aprovecharon para salieron a pasear, comieron y realizaron algunas compras navideñas, obsequios para los abuelos de MinKi que el menor ayudó a escoger y para sus amigos que eran los hijos de Joshua y JeongHan.
A SeungCheol le pareció muy tierno que MinKi llevase su propio dinero, algunas monedas que había reunido durante el año.
El pequeño híbrido pagó orgulloso por dos osos de felpa, levantando los talones y sacando las monedas de su bolsillo para dejarlas en el mostrador y contarlas en voz alta, había hablado antes con JiHoon y dejarían que lo hiciera aunque no le alcanzara, SeungCheol le cerró un ojo al vendedor y le entregó el dinero que faltaba sin que MinKi lo notara.
Al anochecer lo fue a dejar a casa, lo cargó en sus brazos al bajar del vehículo y MinKi apoyó su mejilla en el hombro de su papá, abrazándolo por el cuello, SeungCheol lo cubrió con su abrigo y marcó el número de JiHoon, caminó por el jardín y el híbrido de cabellos rubios abrió la puerta dejándolo entrar, SeungCheol fue a la habitación del pequeño y lo acostó en la cama, le quitó el gorro de lana y los zapatos ordenándolos en su lugar, JiHoon lo miraba desde el marco de la puerta, apoyado en él.
De pronto el móvil de SeungCheol comenzó a vibrar en el bolsillo del abrigo que estaba en la cama cuando estaba arropando a MinKi, acomodándolo y entregándole la mantita de estrellas con la que solía dormir, había sido de él cuando pequeño y MinKi no dormía bien si no la tenía en sus manos.
—¿Puedes contestar por mí, por favor? —Pidió SeungCheol y JiHoon asintió, entrando a la habitación y tomando el móvil del mayor.
—¿Aló? —Contestó la llamada, hablando en voz baja para no despertar a su hijo —Hola JeongHan, sí, SeungCheol está conmigo, vino a dejar a MinKi, sí, entiendo, le diré.
Cortó la llamada y vio a SeungCheol, el pelinegro dejó un beso en la frente de su hijo y le susurró lo mucho que lo amaba, MinKi movió sus orejitas, encendió las luces de colores de la mesita de noche y se levantó saliendo de la habitación.
—JeongHan dijo que te están esperando en el despacho para avanzar en el caso de la señora Kwon —Comunicó JiHoon apenas SeungCheol cerró la puerta del pequeño híbrido, le entregó el abrigo y el móvil.
—Gracias —El mayor miró la hora en su reloj de muñeca, era casi medianoche.
—¿Puedes esperar dos minutos? —Pidió y corrió apenas el mayor asintió con la cabeza, con el ruido SeungCheol llegó hasta donde estaba JiHoon, esperó detrás de la isla de la cocina, viéndolo de espalda frente a la encimera. Al darse la media vuelta guardó en un bolso color amarillo un recipiente con comida, el cual le pertenecía a MinKi y lo supo por los adorables dibujos de patitos en él —Nunca comes cuando te quedas trabajando hasta tarde y ha quedado de la cena, espero que te guste.
Recibió el bolso y le echó un vistazo dentro, no solo estaba el recipiente con la cena, también había una manzana y una botella pequeña con zumo de naranja, volvió a mirar a JiHoon y éste tenía las mejillas sonrojadas —Gracias —Sus ojos bajaron por el cuerpo del menor, llevaba una sudadera que le pertenecía, le quedaba enorme, era gris con enormes letras blancas en el pecho, apretó los labios escondiendo una sonrisa.
—El otro día la dejaste aquí y la tomé sin darme cuenta —Habló JiHoon con nerviosismo, sin ser capaz de mirar a SeungCheol —Si lo quieres de vuelta te la puedo entregar.
—No, no, te queda bien —Lo detuvo antes de que se fuera, tomando los delgados dedos de su mano —Siempre me gustó que usaras mi ropa —JiHoon pasó su mano libre por su cabello y se aclaró la garganta mirando hacia abajo para que SeungCheol se diese cuenta de lo que había hecho —Perdón, perdón —Soltó la mano del menor —Y-Ya debo irme.
—Sí —Acompañó a SeungCheol a la puerta principal y el mayor se dio la media vuelta, mirándolo por última vez utilizando su sudadera —Asegúrate de descansar.
SeungCheol asintió y se subió al auto, echándolo a andar en dirección al despacho. Probablemente tardaría más de tres horas allí y apenas entró a la oficina todos miraron el tierno bolso amarillo que llevaba con el maletín.
—¿Por qué estás tan pensativo? —Preguntó Joshua mirando a SeungCheol detrás del escritorio, llevaba más de una hora en silencio, desde que le entregaron los avances de los casos se había quedado así, con la mirada perdida y con un semblante triste, moviendo un bolígrafo entre sus dedos. El mayor cerró los ojos un momento y soltó un profundo suspiro.
—Hoy MinKi me preguntó si seguía amando a JiHoon —Respondió en voz baja.
—¿Le dijiste que sí? —Cuestionó Joshua y SeungCheol levantó la cabeza, mirándolo con el ceño fruncido —¿Qué? ¿Por qué me miras así? Es cierto, sigues enamorado de él.
—Vamos a cumplir cinco años separados —Dijo como si aquel detalle fuese suficiente para olvidar sus sentimientos cuando claramente no era así.
—Sí, cinco años donde no lo has olvidado —Habló MinGyu sentado frente a SeungCheol, ordenando los papeles sobre el escritorio.
—Y él tampoco a ti —Agregó Joshua.
—Por lo mismo ninguno ha salido a citas en todo este tiempo —Comentó de pronto JeongHan llamando la atención de SeungCheol —Siguen amándose.
—¿JiHoon no ha salido a citas? —Preguntó el mitad canino apoyando los brazos en la mesa e inclinándose hacia adelante, interesado en oír la respuesta.
—Me lo hubiera dicho —Respondió JeongHan sin dejar de mover sus dedos en el teclado ni quitar la mirada de la pantalla —Al tiempo de su separación se lo sugerí, creí que sería una buena idea, habían pasado tres años, le hablé a un amigo, le enseñé una fotografía y le pareció atractivo, mi amigo se interesó apenas le enseñé una fotografía de JiHoon así que acordaron reunirse en un café pero JiHoon nunca llegó. Lo llamé y me dijo que lo había visto desde afuera pero no fue capaz de entrar al café e iniciar un posible romance con otra persona, no estaba preparado, ni siquiera recordaba como coquetear.
—JiHoon siempre es coqueto —Comentó SeungCheol en voz baja pero no fue suficiente para que los demás no lo escucharan.
—Claro, cuando está contigo —Habló Joshua mirando al pelinegro —Y es tan natural entre ustedes que ni siquiera se dan cuenta.
—Fueron el primer novio del otro, se casaron, tuvieron a MinKi y...-
—Y pensábamos que íbamos a estar juntos para siempre —Concluyó SeungCheol, se levantó de la silla y tomó su chaqueta —No se queden hasta muy tarde y descansen, nos vemos mañana.
Al llegar a casa no encendió las luces, se quitó el abrigo colgándolo cerca de la entrada y la chaqueta de tela dejándola caer sobre el sofá, aflojó el nudo de su corbata y con pasos cansados se dirigió a su habitación, tomó la fotografía que estaba en su mesita de noche, salía JiHoon y él en el último baile de instituto, JiHoon vestía de blanco, zapatos, pantalón y camisa, tirantes color lila y un corbatín del mismo color, su cabello rubio estaba algo desordenado por el viento que entró por la ventanilla del vehículo que alquiló para ir a buscarlo a casa. Él llevaba un traje formal, como el que tenía en ese momento, con la única diferencia que no era suyo, era de Joshua. SeungCheol lo abrazaba por detrás, rodeando la diminuta cintura de JiHoon con sus brazos y el menor había levantado su mentón para mirarlo a los ojos, colocando una mano en su mejilla, rozando su piel con la yema de sus dedos.
Lo extrañaba.
Extrañaba lo que tenían.
El amor que se tenían.
Al mirar a su alrededor se dejó consumir por la soledad, por lo triste que se veía todo sin JiHoon y sin MinKi, ellos eran las estrellas de su universo y sin ellas se sentía perdido.
Al día siguiente JiHoon lo llamó para que fuese a buscar a MinKi en lo que él compraba los obsequios para el pequeño, como estaba trabajando lo llevó al despacho, todos lo conocían, era imposible no hacerlo, MinKi recorría todo el edificio cuando iba a visitar a su papá. Mientras SeungCheol hablaba con unos clientes MinKi salió de su oficina y se acercó a la mujer que estaba decorando el pasillo, colocando guirnaldas y esferas de colores.
Era Ailee, la asistente de su papá SeungCheol y la mejor amiga de JiHoon.
La había visto en casa, era agradable y muy linda.
—¿Qué es esto? —Preguntó MinKi tomando unos desconocidos ramilletes con cintas rojas que estaban dentro de una de las cajas del suelo.
—Muérdago —Respondió Ailee mirando a MinKi y bajó de la escalera de metal —¿Te gusta?
—Es lindo —Contestó MinKi girando el ramillete entre sus dedos.
—¿Conoces la historia que hay detrás de ellos? —Entrecerró los ojos de manera juguetona y el menor negó con la cabeza —Existe una tradición que consiste en colocar el muérdago en un lugar alto para que siempre que haya dos personas debajo de éste deban besarse, y todo aquel que reciba un beso bajo el muérdago en Nochebuena, encontrará el amor que busca o conservará el que ya tiene.
—¿Si hay dos personas debajo deberán besarse? —Sus labios se separaron ligeramente de la impresión.
—Así es —Ailee le dio la espalda acomodando los listones en la pared.
—¡MinKi! —SeungCheol salió de la oficina y lo llamó.
—¿Puedo llevarme algunos?
—Claro, toma los que necesites.
El pequeño miró hacia atrás asegurándose de que su papá SeungCheol no estuviese cerca, abrió los primeros botones de su chaqueta de mezclilla y metió todos los ramilletes de muérdagos en su interior pasando un brazo por su cintura, al terminar volvió a escuchar la voz del mayor y corrió hacia él, Ailee se dio la media vuelta para continuar con la decoración de la empresa, sin embargo ya no habían muérdagos en la caja.
A dos semanas para navidad, el día sábado JiHoon se levantó más temprano de lo normal y sin despertar a MinKi comenzó a adornar la casa por fuera, colocando las luces, guirnaldas, y la corona en la puerta principal.
Cuando el pequeño despertó se colocó unas botas y bajó corriendo por las escaleras llevando un kigurumi de pollito, continuaron adornando la terraza que tenían al salir de la sala y el patio trasero, colocando luces amarillas en los árboles y en los bordes de puertas y ventanas, más guirnaldas, esferas y campanas.
A MinKi le gustaba cuando su casa se llenaba de magia porque sus deseos se hacían realidad.
De pronto golpearon la puerta y MinKi fue a abrir en lo que JiHoon estaba en la cocina.
—¡Papi! —Exclamó feliz al abrir la puerta y ver a SeungCheol, lo tomó de la mano invitándolo a entrar antes de que dijera algo —Llegas a tiempo, ven, entra.
SeungCheol cerró la puerta y siguió a su hijo, quien llevaba un lindo gorro de santa, en la sala de la casa había cuatro cajas en el suelo llenas de adornos, el árbol estaba vacío y armado en medio de todo, cerca de la chimenea y de los ventanales que daban a la terraza.
—Vamos a decorar el arbolito y necesitamos de tu ayuda —Dijo el pequeño, ilusionado mirando a su papá, sosteniendo su mano con fuerza para que no se fuera —Recuerda que debes levantarme para colocar la estrella hasta allá arriba —Apuntó con su dedo índice —Papi Honnie no alcanza.
SeungCheol rió y JiHoon apareció en la sala con dos tazas con chocolate caliente, también llevaba su gorro de santa del que sobresalían sus orejitas y la sudadera gris con letras blancas.
—Papi, yo no quiero chocolate —Dijo MinKi dirigiéndose a JiHoon, moviendo sus ojos de manera graciosa hacia SeungCheol para que se lo diese a él.
Pasaron el día adornando la casa y tomando chocolate caliente, MinKi tomó la cámara instantánea de la habitación de JiHoon y comenzó a sacarles fotografías a sus padres, a SeungCheol encendiendo la chimenea cuando anocheció y a JiHoon persiguiéndolo por la casa para que fuese a lavarse los dientes.
Desafortunadamente sus padres le tendieron una emboscada y SeungCheol lo alzó cargándolo en su hombro en dirección al cuarto de baño.
Una hora más tarde, luego de cenar, se abrigaron y decidieron salir, las luces de colores alumbraron el rostro del pequeño híbrido que caminaba por la ciudad, tomando las manos de sus padres y escuchando los villancicos al llegar a la pista de hielo.
No era un experto pero podía mantenerse en pie y patinar lentamente sin caerse.
Todo lo contrario a su papá JiHoon.
—Cuidado gatito —SeungCheol alcanzó a tomarlo de las manos cuando el rubio entró a la pista y estuvo a punto de caer —JiHoon —Corrigió de inmediato y el menor sonrió.
—Ya te he dicho que no me molesta que me digas así —Habló JiHoon avanzando mientras SeungCheol retrocedía.
—Nunca aprendiste a patinar.
—Era más fácil que me sostuvieras de las manos para hacerlo —Confesó levantando la cabeza para mirarlo a los ojos, la punta de su nariz tan colorada como sus mejillas.
MinKi los miró de lejos y de su bolsillo sacó el último ramillete de muérdago que le había quedado.
Los demás estaban repartidos en su casa.
Estuvieron en la pista de hielo aproximadamente una hora, volvieron a casa y MinKi les pidió que lo ayudaran a pegar las fotografías que había sacado durante el día en el álbum, fueron hasta la habitación principal para hacerlo y sin darse cuenta se quedaron dormidos en la cama.
SeungCheol estaba en medio, por el lado izquierdo estaba MinKi, con una pierna y un brazo encima de él, y por el otro estaba JiHoon.
Exactamente en la misma posición.
Un poco más cerca de su rostro.
Con la cabeza hacia arriba.
Como si se hubiese quedado dormido mirándolo.
—Gatito —Lo llamó SeungCheol en voz baja, sin moverlo y sin moverse porque aunque lo estuviese llamando no quería que se despertara pero parecía ser lo correcto; despertarlo e irse. Lo volvió a llamar y el menor no respondió, solo se acomodó escondiendo el rostro en su cuello y soltó un suave ronroneo que erizó su piel hasta el punto de hacerlo sonreír. Abrazó a MinKi y a JiHoon por los hombros viendo la mano del rubio en su pecho y el lindo anillo de plata en su dedo anular.
Pudieron escuchar el latir de sus corazones, hacia cinco años que no dormían juntos y se sentía tan bien e íntimo como antes.
Como si nunca se hubiesen separado.
A la mañana siguiente SeungCheol se fue a trabajar y MinKi acompañó a JiHoon a la florería —Papi —Lo llamó el menor sacando una rosa de las cubetas y se dio la media vuelta hacia su papá quien estaba escribiendo en el mostrador.
—¿Sí?
—¿Aún amas a mi papi Cheol? —Preguntó curioso desde el fondo de la tienda, ocultando la mitad de su rostro detrás de la bufanda, JiHoon lo miró y el pequeño colocó la rosa frente a él, sosteniéndola con sus dos manitas.
—¿A qué se debe esa pregunta?
—No lo sé —Caminó hacia el mostrador —Curiosidad.
JiHoon dejó el bolígrafo a un lado y apoyó los brazos en la madera, inclinándose hacia su hijo —¿Tú qué piensas?
—Que lo amas mucho —Respondió MinKi sin dudarlo —Así como él te ama a ti.
MinKi no se equivocaba y JiHoon no entendía porqué no se lo podía decir a SeungCheol, cada vez que lo veía quería tomar su mano y confesarle que seguía enamorado de él, cuando decía que debía irse de casa se le rompía el corazón en miles de pedazos pero no lo hacía.
No se atrevía a hacerlo.
—¿Sí? —SeungCheol contestó la llamada.
—Hola SeungCheol —Habló JiHoon desde su habitación, era de noche y lo único que deseaba era escuchar su voz.
—Hola —Dejó los papeles en la mesa y colocó toda su atención en la llamada. Se sentía como un tonto porque cada vez que JiHoon lo llamaba tenía la esperanza de que le dijera que lo amaba —¿Pasó algo?
—No, nada —Respondió el menor con una carta en sus manos —Es solo que hoy me ha llegado una invitación para una cena navideña, viene de tu despacho.
—Oh, seguramente se confundieron o vieron en mis datos personales que estoy casado y te enviaron la invitación. Disculpa.
—No te preocupes —Dejó la invitación en la mesita de noche —Entonces... ¿Pasarás la Nochebuena en una cena de trabajo?
—En realidad yo no la organicé, fueron los nuevos socios, quieren conocer a los trabajadores y pasar un rato agradable —Se quedó en silencio algunos segundos —Y-Yo... bueno, la paso con ustedes, en casa.
—Espero que ya hayas buscado las películas —Sonrió JiHoon.
—Está todo listo, las películas, el obsequio de MinKi y el tuyo. ¿Está contigo ahora?
—Sí, está dormido —Acarició el cabello oscuro de MinKi, el menor dormía plácidamente a su lado, sosteniendo la manta de estrellas —Diez minutos después de ir a arroparlo vino corriendo a mi habitación.
—¿Le puedes dar un besito de buenas noches de mi parte?
JiHoon apartó el móvil de su oído y se inclinó hacia el pequeño —Este besito te lo manda tu papi Cheol —Dijo antes de dejar un beso en la frente de MinKi.
SeungCheol pudo escuchar aquel dulce susurro, se apoyó en la mesa, sobre los papeles y cerró los ojos, él deseaba estar allí, con ellos, con su familia —Gracias.
En vísperas de navidad MinKi estuvo pendiente de que sus padres estuviesen al mismo tiempo bajo uno de los muérdagos que había colgado por la casa y chasqueaba la lengua cada vez que no lograba su objetivo.
No podía creer que cuando uno se iba el otro recién llegaba.
Y dramáticamente se dejaba caer al suelo, rodando por él.
Hornearon galletas y el pequeño híbrido se subió en una banquita para poder decorarlas, SeungCheol lo abrazó por la cintura y besó su mejilla al acercarse y ver su asombroso trabajo. Bebieron chocolate caliente frente a la chimenea y estuvieron jugando en la sala con los juguetes que MinKi había dejado en la alfombra.
Hasta que en medio de una de las películas que vieron esa noche SeungCheol se dio cuenta de que los ojos de su hijo brillaban de emoción y buscó la forma de recrearla, sentando a MinKi sobre sus hombros para correr de JiHoon, quien se había colocado un gorro de elfo y mantenía el ceño fruncido para atrapar a MinKi y evitarque tuviese una linda navidad.
Los gritos y risas llenaron de alegría el hogar, cayeron al sofá con la respiración agitada y MinKi no tardó en quedarse dormido, sosteniendo las manos de sus padres sobre su pecho.
—Cada día se parece más a ti —Comentó JiHoon saliendo a la terraza junto a SeungCheol luego de haber ido a arropar al pequeño.
—¿Se vuelve más guapo y adorable? —Preguntó divertido apoyando los brazos en la baranda al igual que el minino.
JiHoon giró el rostro hacia SeungCheol y soltó una risa a la que se unió el mayor —Adorable y guapo —Repitió mirando hacia adelante y negando con la cabeza con una sonrisa dibujada en su rostro.
—La niña se iba a parecer a ti —Dijo de pronto, JiHoon no se sorprendió al escucharlo porque estaba pensando exactamente lo mismo.
—Eso lo dijiste para tranquilizarme en la consulta del médico cuando nos dijo que sería un híbrido cachorrito.
—La deseaba —Afirmó SeungCheol y volvieron mirarse, tuvo la intención de acariciar su rostro pero no lo hizo —Solo imagina a una bebé con tus ojos, tus orejitas y tu personalidad —El menor desvió la mirada y sus mejillas se tiñeron de un rosa suave —Sería la cosita más preciosa de todo el mundo.
—No me hubiese molestado que tuviese algo de ti —Dijo JiHoon en voz baja y dulce recordando todos los planes que tenían y que se quedaron allí, en espera, miró a SeungCheol y el mayor sonrió —Como tu sonrisa o tus largas pestañas.
SeungCheol se dio la media vuelta, apoyándose en el balcón y se cruzó de brazos con una sonrisa coqueta —¿Eso fue lo que te gustó de mí?
—Muchas cosas me gustaron de ti —Respondió al coqueteo sin darse cuenta, elevando las comisuras de sus labios y marcando los agujeros en sus mejillas, no había pensado en su respuesta —Demasiadas cosas me gustaron de ti.
Estuvieron conversando en el mismo lugar, mirándose a los ojos, sin moverse más que para acercarse, los dos tenían una mano en la baranda y no se sorprendieron al rozar sus dedos porque era lo que querían que sucediese, a SeungCheol se le hacía adorable, el suéter navideño y su boina blanca, resaltando el color de su cabello y sus orejitas. De pronto JiHoon subió la mirada y SeungCheol lo imitó encontrándose con un muérdago colgando en una rama del viejo árbol que estaba cerca de ellos.
—MinKi —Sonrió JiHoon con nerviosismo, las comisuras de sus labios temblaron al bajar la mirada y SeungCheol no resistió la atención de acunar las frías mejillas en sus cálidas manos, levantándole el rostro y obligándolo a mirarlo a la vez que lentamente se inclinaba hacia adelante, permitiendo que JiHoon pudiese apartarlo pero en el fondo sabía que aquello no sucedería, el menor cerró los ojos y sus labios encajaron a la perfección en un beso lleno de amor, con un “te extraño” de por medio, poco a poco se volvieron una necesidad para el otro, como si en esos largos cinco años hubiesen estado esperando por ese momento.
Las orejas de JiHoon se contrajeron y se aferró al abrigo del mayor, empuñando sus manos alrededor de él, moviendo sus labios al ritmo de SeungCheol. Y sintieron una explosión de fuegos artificiales en sus bocas cuando profundizaron el beso, permitió que el mayor recorriera su cavidad bucal mientras que él mantenía las manos en su pecho.
Hasta que una fría gota se deslizó por la mejilla de JiHoon haciéndolo retroceder un paso y terminar el beso, miraron al cielo y copos de nieve caían sobre ellos.
Parecía un sueño.
Y como si la magia fuese real comenzó a nevar.
En silencio, una suave y cálida mano buscó y tomó la de JiHoon provocándole cosquillas en todo el cuerpo.
—No sé si en este momento quieras soltar mi mano y golpearme por haberte besado sin permiso, no sé si querrás olvidar todo esto mañana, no sé si piensas que no tenemos un futuro juntos, que es una locura todo esto porque llegamos al acuerdo de ser amigos por nuestro hijo, de tener una relación amable —Dijo SeungCheol en voz baja, sin soltar la mano del híbrido —Pero quiero que sepas que nunca te he dejado de amar y no creo que algún día deje de hacerlo.
El híbrido gatito levantó y giró el rostro hacia el mayor.
Sus manos se soltaron.
—Eres el amor de mi vida y...
—¿Lo podrías decir mirándome a los ojos? —Interrumpió JiHoon.
Sus ojos brillaban y su mentón tembló al separar los labios, miró directamente los ojos de JiHoon, lo necesitaba, Dios, lo necesitaba demasiado —Eres el amor de mi vida —Repitió con seguridad —No me imagino con otra persona que no seas tú y no importa cuánto tiempo pase o si estamos separados, siempre vas a ser el amor de mi vida.
JiHoon se quedó en silencio y SeungCheol bajó la cabeza, jugó con sus dedos frente a él y sus orejas se contrajeron mientras la nieve seguía cayendo sobre ellos.
—Te amo —Confesó obteniendo la atención inmediata de SeungCheol, él no se lo esperaba y se congeló al escucharlo, alzó sus cejas sin saber qué decir, JiHoon apoyó sus manos en los hombros del más alto antes de levantar sus talones, cerrar los ojos y unir sus labios.
Al finalmente reaccionar SeungCheol se encorvó hacia adelante y deslizó sus brazos por la estrecha cintura del minino mientras que JiHoon unió sus manos en la nuca del mayor, enredando sus dedos en su sedoso y negro cabello mientras la cola de SeungCheol se movía de un lado hacia otro con entusiasmo.
—Feliz navidad JiHoon —Susurró sobre los labios del rubio, se inclinó hacia él robándole otro beso y al terminar unió sus frentes antes de tomar distancia para mirarse a los ojos —Gatito —Se corrigió.
El menor negó con la cabeza y le dio dos besos cortos que SeungCheol se encargó de alargar haciéndolo reír.
—Feliz navidad —Dijo al terminar el beso, movió su nariz contra la de SeungCheol y el mayor lo estrechó entre sus brazos, JiHoon lo abrazó por la cintura y se acurrucó en su pecho, ronroneando suavemente como lo hacía antes.
En plena madrugada MinKi se levantó de la cama y salió de la habitación, arrastrando su manta de estrellas caminó con los ojos entreabiertos hacia la habitación de JiHoon acostándose en la parte inferior de la cama, enrollándose debido al frío.
A la mañana siguiente fue el primero en abrir los ojos, estiró sus brazos y piernas y frotó sus ojos, separó los labios para despertar a su papá JiHoon pero se interrumpió a sí mismo al ver una hermosa escena frente a él, su papá SeungCheol estaba allí con la misma ropa del día anterior, profundamente dormido, abrazando a JiHoon por los hombros mientras que el menor estaba escondido en su cuello.
En ese momento supo que su único deseo de navidad se había hecho realidad.
