Pesadilla antes de Navidad [BkDk]

Summary

± Especial de Navidad 2022 ± Una serie de misteriosos eventos suceden una noche antes de Navidad: La Academia de Héroes está siendo atacada nuevamente, la Clase 1 "A" es el objetivo, la seguridad activada y los muros en alto, pero esta vez el enemigo está atrapado con ellos. ¿O es que ellos están atrapados con él? Mientras tanto, Todoroki Shoto ha escapado de prisión y está listo para recuperar a aquel que le fue injustamente arrebatado. Y en el Polo Norte, "Santa Claus" sufre una invasión zombie causada por el infame enemigo de la Navidad. -¿Qué es lo que está pasando esta navidad? ¿Por qué en una época de amor se siembra el terror y la muerte? ¿Acaso estamos malditos?... AU Navideño. + Omegaverse implícito +

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Pesadilla antes de Navidad

Autora: MaddieSagita.


Fandom: Boku no Hero Academia.


Parejas: KatsuDeku.


Género: Horror-Navideño.


Derechos: Los personajes no me pertenecen sino a Kōhei Horikoshi.


Advertencias: AU, Romance, Suicidio, Tragedia, Muerte, Gore, Homicidio, Esquizofrenia, Elfos, Zombies, Omegaverse Implícito.


Clasificación: Mayores de 16 años.


Aclaraciones:


Inspirado en The Nightmare Before Christmas, (El Extraño Mundo de Jack en México) y basado en la cuarta historia de la película A Christmas Horror Story, en Santa Cláusula, Operación Regalo y Matar a Santa Claus.


Notas de la autora:


¡Hola, hola! Esta es mi primera vez en este fandom y estoy súper nerviosa jejeje


Espero que les guste y ¡Feliz Navidad a todos!



¡Escucha con atención!

Como las dulces campanas de plata parecen decir

"Deja tus preocupaciones"

"La navidad está aquí"

Trayendo buen ánimo

para jóvenes y viejos

tímidos y audaces

Ding Dong, ding Dong

Esa es su canción

Con un alegre timbre

Cantando todos los villancicos

uno parece escuchar

Palabras de buen humor en todas partes

Llenando el aire

Oh, como palpitan

Elevando el sonido

Sobre colinas y valles

Contando su historia

Alegremente suenan

Mientras la gente canta

Canciones de ánimo

La navidad está aquí

Feliz navidad...

—Carol of The Bell, John Williams.




Musutafu, Japón. Hora: 7:00 pm.


<< Hola, muy buenas noches mis estimados oyentes. Este es el noticiario de Radio Local 98.4 transmitiendo desde Musutafu, Japón. Hoy es 24 de diciembre, Noche Buena, señores. Comenzamos.


Cortinilla (30 seg):


Iniciamos con la noticia que ha acaparado la atención toda la semana: la fuga del hijo menor del Héroe Número Uno de prisión. Recordemos que Shoto Todoroki fue puesto en prisión preventiva semanas atrás luego de que se anunciara su posible participación en el atentando contra el héroe número dos, Hawk; quien fue abusado sexualmente a principios de año, además de las pruebas presentadas por Fuyumi Todoroki que lo señalan como principal responsable de la muerte de su hermano no nato. La familia Todoroki no ha dado declaraciones hasta ahora, pero se espera que Endeavor dé una conferencia de prensa este fin de semana para dar a conocer su posición.


En noticias más alegres, el director de la famosa Academia de Héroes U.A anunció que los estudiantes de primer año de la clase A han preparado un evento de caridad con temática navideña. Mismo que se llevará a cabo esta noche en el centro comercial de Musutafu, donde los niños podrán tomarse fotos con Santa Claus y recibir un regalo por parte de éste.


La noticia comenzó a circular semanas atrás, así que se espera contar con su participación.


Música de corte / Voz en off (30 seg.)


Okey, ahora vamos a un corte comercial. Lo que escuchan ahora es un villancico extranjero de John Williams titulado Carol of The Bell. Continúe con nosotros. En un momento regresamos. >>





En una casa ubicada en alguna parte del mundo, una niña ha arrojado su muñeco de San Nicolás al fuego de su chimenea, libre de los típicos calcetines navideños en los que Santa deja dulces para los pequeños. Sus desilusionados ojos se cierran a la par de sus puños mientras intenta ignorar los gritos de sus padres que discuten en la cocina. Ese año su casa no fue decorada para la ocasión, ese año no habrá cena familiar porque ya no hay una familia en ese hogar. Se ha roto, y con ella las ilusiones de una pequeña cuyo único deseo al "gordo" que baja por la chimenea cada Noche Buena era tener una familia unida.


Deseo que él nunca le cumplió.


Por eso, ese año ya no puede creer más en la magia de la navidad. Ese año ha dejado morir para siempre su espíritu navideño, sin saber el terrible mal que desatará por eso.




Polo Norte, Taller de Santa Claus.


Tokoyami Fumikage es uno de los elfos más antiguos que trabajan en el Taller de Santa. Lleva al servicio de los Claus casi desde que todo comenzó, y, por eso, es el encargado de monitorear el One For All, la fuente de magia que mantiene al taller en pie, da vida a los elfos y aumenta la esperanza de vida de cada Santa Claus y Señora Claus. El One For All, a su vez, se alimenta del espíritu navideño de todo el mundo, de las inocentes ilusiones de los niños y la cantidad de personas que creen en Santa. Dicha magia navideña está contenida en ese enorme cristal que yace debajo del taller, pero sólo Santa puede hacer uso de ella, manejarla y expresarla en cada pequeño milagro que se lleva a cabo en vísperas de navidad.


Es también gracias al One For All que los famosos renos y el trineo rojo pueden volar y recorrer todo el mundo en una sola noche.


Sin embargo, el One For All es un arma de doble filo. Es verdad que su magia fluye en el interior de los señores Claus, los elfos y los renos, dándoles vida y poder para fabricar los juguetes que harán felices a miles de niños, pero si por alguna razón la fuente es perturbada repercutirá directamente en ellos. Aunque eso nunca ha sucedido, ya que la única forma de desestabilizar al One For All es una baja considerable en el espíritu navideño y la creencia de las personas; y no ha ocurrido una en siglos, e incluso cuando se dió el caso, el Santa de aquel entonces supo manejar la situación para evitar la muerte de más elfos, por lo que Tokoyami considera innecesario preocuparse por eso ahora. Confía en su jefe y sabe que de ocurrir lo peor él sabría sacarlos adelante para que la leyenda de Santa Claus prevalezca por muchos siglos más.


Cuán equivocado estaba.


Tokoyami llegó esa noche a su puesto de trabajo tras concluir el turno diurno de su colega Aoyama, dejó su taza de chocolate caliente en su escritorio y comenzó a revisar los reportes de las últimas veinticuatro horas, abriendo los ojos con preocupación al ver una baja en el espíritu navideño y un incremento acelerado en el odio hacia la navidad. Parpadeó y respiró hondo para calmarse, no podía entrar en pánico por esto, seguramente las muy viejas computadoras del Polo al fin estaban mostrando fallas y bastaría con revisar personalmente el One For All para comprobar que estaba brillando tan intensamente como siempre.


Sin embargo, con el pasar de las horas y las numerosas gráficas impresas y regadas por todo el suelo que mostraban los mismos resultados que las primeras, Tokoyami comenzó a asustarse. Buscó los reportes de los días previos y no notó ni el menor astibo que le advirtiera de la repentina caída del espíritu navideño, lo cual lo preocupó más, pues una caída tan radical como esta solo puede suceder cuando uno los niños más devotos a la navidad deja de creer en ella, y, en contraparte, comienza a odiarla.


Porque el One For All se alimenta del espíritu navideño de todo el mundo, pero son los niños cuya ilusión y amor por esta festividad es más fuerte los que hacen la mayor aportación, por lo que resulta lógico pensar que así como tienen el poder para hacerlo real también lo tienen para convertirlo en una fantasía.


Es así que el elfo tragó saliva y corrió a la Sala de Cristal donde yace el One For All. Sabe que tiene que reportar esto al actual Santa Claus lo más pronto posible, pero no está dispuesto a hacerlo hasta verlo por sí mismo. Porque Tokoyami no puede creerlo. Ha vivido casi tanto como la navidad misma, ha conocido y trabajado para la mayoría de los Santa Claus que han existido, vivió la edad oscura y las guerras mundiales, y sí, también vió a la navidad convertirse en mero consumismo comercial; y a Santa en una estrategia de marketing para Coca-Cola y numerosas empresas de juguetes, pero jamás se le pasó por la cabeza que viviría para ver el día en que el espíritu navideño cayera hasta este punto, por eso deseaba verlo por sí mismo, para poder creerlo, sin saber que sus inocentes acciones desatarían una tragedia sin igual en el Polo.


Fumikage avanzó hacia el cristal tan pronto como abrió la puerta; y se quedó con la boca abierta al ver la tenue luz que emanaba de él. Parecía una lámpara a punto de apagarse, la falta de ilusión infantil y el aumento del odio a la navidad lo estaban extinguiendo, si no hacían algo pronto todos iban a morir, a excepción, claro, de los jefes, ya que cada Santa Claus es elegido de entre los humanos a igual que su pareja, así que cuando la magia muriera ellos simplemente volverían a ser humanos comunes cuyo reloj biológico, congelado al ser elegidos, retomará su marcha donde se quedó, mientras que los elfos, que dependían de ella para existir, desaparecerían sin dejar rastro.


Justo ahora no se sentían los efectos, pero Tokoyami sabía que sólo es cuestión de horas.


-Qué destino tan cruel, pero no todo está perdido. Sobreviviremos a esto-dijo alzando una mano para tocar el corrompido cristal.


Grave error.


Hay otro detalle con la alza en el odio a la navidad. No es igual a que el espíritu navideño se reduzca, ésto es causado por la decepción y la desilusión de las personas, a veces porque no recibieron lo que querían en navidad, porque su familia no está unida, porque el consumismo hizo que perdiera su significado o porque atraviesan una gran tristeza, pero el odio, teniendo demasiadas causas, es más peligroso. Cuando los adultos o los niños comienzan a odiar a Santa Claus o a la navidad por X razón, se corrompen, se llenan de pensamientos negativos, la ira los cambia y eso repercute en la magia que, en lugar de desaparecer, se oscurece y contamina a todo ser en el que se encuentre, matándolos lentamente.


Y así habría sido para Tokoyami Fumikage, uno de los elfos más antiguos y, también, el único Elfo Oscuro al servicio de Santa Claus. Él solía trabajar con el infame enemigo de la navidad, pero tras conocer a la elfa Asui Tsuyu su mentalidad cambió y decidió redimirse trabajando en el taller del Polo. Por desgracia, aunque su corazón se había iluminado, su naturaleza era irreversible, seguía siendo un ser de oscuridad pura, alimentada por el odio y la falta del espíritu navideño que, en cuanto entró en contacto con la corrupción de la magia navideña, lo transformó en algo que nunca hubo.


-¡AUCH!-chilló alejando su mano del cristal.


Al mirar se dio cuenta que se había cortado, por lo que gruñó y salió a prisa a buscar a su jefe para informarle de lo que estaba sucediendo, sin saber que un virus jamás visto se cultiva ya en su interior e infecta lentamente su cuerpo.





Mientras tanto, ajenos a lo que ocurría en el sub nivel, "Santa Claus"  celebra en compañía de sus elfos ayudantes que ya todos los preparativos para la noche están listos. Faltaban menos de cuatro horas para comenzar con la Operación Regalo, todos están ansiosos y eufóricos, bailando, cantando villancicos y divirtiéndose antes de volver al trabajo, mientras eran supervisados por el explosivo y algo amargado Santa Claus que se encontraba sentado en un sillón con los brazos cruzados y el ceño fruncido, contando hasta mil para evitar matar a cierto elfo de cabello rojo que le había puesto una adorable diadema con cuernos de reno en la cabeza y se había abrazado a su cuello para cantar, con un tono innecesariamente alto y desafinado, el villancico de Los peces en el río, invitandolo a unirse al coro.


-🎵 PERO MIRA COMO BEBEN LOS PECES EN EL RÍO 🎵...Vamos Bakubro, canta conmigo... 🎵 PERO MIRA COMO BEBEN POR VER A DIOS NACIDO

BEBEN Y BEBEN Y VUELVEN A BEBER...🎵


-¡Y yo te voy patear el trasero si no me dejas en paz!


Su nombre es Bakugou Katsuki, tiene 216 años de edad y es el actual Santa Claus. Fue elegido por el anterior Santa, Toshinori Yagi, para ser su sucesor y llevar magia y felicidad a todos los niños del mundo, y, aunque a veces le faltara paciencia para cumplir con lo último, los elfos ayudantes estaban todos de acuerdo en que Bakugou era el mejor Santa Claus que habían tenido.


Por desgracia eso causó que lo aprecien mucho.


-¡Bro, así no es la letra!-exclamó indignado-A ver, repite después de mi: Laaaa virgen se está peinando

Entre cortina y cortiiina

Sus cabellos son de ooooro...


-¡No me importa!-gruñó a punto de que una vena le estallara en la frente, pero Kirishima ni se inmutó, en cambio, soltó una carcajada.


-¡Viejo, sólo es la canción! ¡Claro que no es real!


-¡No dije que yo creyera que...


-Aunque Rodolfo sí es real. ¡Oye, cantemos esa! Te menciona a ti, bueno, no precisamente a ti, pero tú entiendes la idea.


-¡No voy a cantar ninguna puta canción! ¡Ahora déjame en paz!


-

🎵 ERA RODOLFO UN RENO

QUE TENÍA LA NARIZ

ROJA COMO LA GRANADA

CON UN BRILLO SINGULAR

TODOS SUS COMPAÑEROS

SE REÍAN SIN PARAR

Y NUESTRO BUEN AMIGO

TRISTE Y SOLO SE QUEDÓ

PERO NAVIDAD LLEGÓ

Y SANTA CLAUS BAJÓ🎵...🎵

Ey, Bakugou, aquí apareces tú

...🎵Y A RODOLFO LO ELIGIÓ POR SU SINGULAR NARIZ🎵...🎵¡Bien hecho, bro, eso es muy varonil!🎵...TIRANDO DEL TRINEO

FUE RODOLFO UNA SENSACIÓN...🎵


-¡Cállate ya, pelos de mierda!-gritó quitándose la estúpida diadema con cuernos y arrojándola a la pared.


-Joder Bakugou, en lugar de Santa pareces el Grinch con ese humor.


-¡¿Qué mierda dijiste?!-espetó sujetando su verde uniforme.


A este Santa nunca le gustó el bullicio ni las estúpidas decoraciones de colores ni los villancicos, lo irrita de sobre manera lidiar con sus eufóricos extras que sólo buscan cualquier oportunidad para avergonzarlo o dejarlo en ridículo. Tan sólo había que recordar lo que sucedió el año pasado, cuando le pusieron un exceso de azúcar a su taza de chocolate y pasó todo el día de navidad dando saltitos de emoción, sonriendo como idiota, ayudando y alagando a todo el mundo, y cantando los estúpidos villancicos a toda la Villa Navideña. Lo peor de todo es que lo fotografiaron y colgaron dichas fotos en todo el taller para humillarlo cuando pasó el efecto. Katsuki recuerda haberse puesto tan rojo como su uniforme y haberle gritado amenazas a esos estúpidos elfos para que pararan de reírse de él.


Y ni hablar lo que ocurrió hace dos años cuando le tendieron una trampa con una apuesta que ya tenían ganada desde el inicio y lo obligaron a hacerse una sesión de fotos con trajes de Rodolfo, Elfo y hasta de la Señora Claus, con vestido rojo y todo. Esta última la habían enmarcado y colgado justo en medio de la pared frontal del taller para que todos pudieran verla. Bakugou nunca volvió a hacer apuestas con los malditos extras ni a beber ni comer nada que le ofrecieran.


-¡Kacchan! ¡Qué alivio! Llegué a tiempo.


Y claro, no podía falta la mundialmente famosa "Señora Claus", ¿o es "Señor"?


-¡Hice galletas para todos!


-¡SIII!-alabaron los elfos reuniéndose alrededor del peliverde y su asistente Denki para tomar una galleta de las charolas.


-¡Ey, tranquilos! Alcanzan para todos-chilló el rubio con mechón negro en forma de rayo al verse empujado por la avalancha de gente.


Sin embargo, esto no duró mucho ya que el cenizo se abrió pasó casi a patadas para llegar hasta los dos chicos y tomar una buena cantidad de galletas.


-¡A un lado, extras! Yo seré el primero en probar las galletas de Deku.


-Kacchan, eso no está bien. Debes esperar tu turno.


Él es Bakugou Izuku, es el esposo de Katsuki y el segundo al mando en el Polo Norte.


-¡¿Ah?! ¡Soy el maldito jefe de este lugar, ¿por qué se supone que debo hacer fila por una galleta de mi esposo?!


Izuku es el hijo del anterior Santa, creció lejos del polo y así fue como se hizo amigo de Bakugou. Toshinori encontró a su sucesor cuando fue a buscar a su pequeño y se encontró con un adorable Katsuki que estaba dispuesto a sacarle los dientes si tocaba a Deku.


-Ser el jefe no te da más privilegios sobre mis postres-replicó el más bajo con un tierno puchero que hizo reír a más de uno.


-Ser tu esposo sí-alegó dando el primer mordisco a una galleta.


-Kacchan.


-Vamos Deku, es Noche Buena, ten compasión de este pobre diablo que debe salir a repartir juguetes a todos los pequeños demonios del mundo.


Izuku bufó, pero cedió. Entregó su charola a Denki, para desesperación de éste que ya tenía a todos encima de nuevo; y salió de entre la multitud para colgarse del cuello de su esposo y depositar un suave beso en sus labios.


-¿Estás nervioso?-preguntó el cenizo dejando sus galletas en un plato para sujetar su cintura.


-Siempre lo estoy en noche buena.


-Deku, estaré bien.


-Yaoyorozu me dijo que el año pasado unos adolecentes con un rifle te hirieron a ti y a Cometa-confesó preocupado mientras el cenizo acariciaba sus pecosas mejillas-Sé que la bala pasó rozando, pero ¿y si pasa de nuevo? ¿Y si esta vez te dan en un punto vital? No quiero que te pase nada, Kacchan.


-El año antepasado casi me derriban en Irak al confundirme con Las Fuerzas Armadas Estadounidenses, y si sobreviví a eso sé que puedo con unos mocosos y su rifle.


-Pero...


-Deku, todo puede pasar en este trabajo, pero cuando acepté heredar este ridículo uniforme acepté los riesgos. Además, pienso que la sonrisa de miles de mocosos vale el sacrificio. Tú debes saberlo mejor que nadie.


Izuku bajó la mirada y asintió. Claro que lo entendía, era hijo de un Claus después de todo, su padre también hizo sacrificios para cumplir con su deber, —uno de ellos fue apartarlo a él—pero es que la sola idea de que Katsuki resultara herido le rompía el corazón. Perdió a su padre cuando quedó atrapado en una tormenta invernal, no quería perder también a su esposo.


Porque, contrario a lo que el mundo ingenuamente creía, ser Santa Claus era un trabajo increíble, sí, pero también extremadamente peligroso. No era fácil mantener el incógnito y recorrer el mundo en una noche.


-Deku.


El peliverde alzó la mirada y forzó una sonrisa. Lo último que Kacchan necesitaba ahora era lidiar con su emocional pareja.


-No olvides llegar a tiempo para abrir los regalos juntos.


El cenizo sonrió de lado.


-¿Me crees capaz? Pasar la navidad contigo es lo único bonito de este trabajo.


El peliverde se sonrojó y estuvo a punto de responder cuando de pronto las puertas a la sala de descanso se abrieron estrepitosamente, dejando ver a un agitado Tokoyami que avanzó a prisa hacia el cenizo.


-¿Tokoyami-kun? ¿Pasa algo?-preguntó Deku con desconcierto.


-¡Bakugou, hay algo que tienes que saber! ¡Es urgente!-dijo el elfo sin mirar al peliverde.


-Si es otra puta tormenta invernal, no quiero saberlo.


-No, no es...


-¡Tokoyami, viejo, qué bueno que llegas!-interrumpió Sero abrazando al nombrado por el cuello y ofreciéndole una galleta-Tienes que probarlas, ¡las galletas de Izuku son deliciosas!


-Ahora no-respondió tratando de quitárselo de encima.


-Vamos, sólo una mordida, verás que quedarás encantado.


-¡Dije que no, Sero!-exclamó empujándolo bruscamente.


La verdad era que el elfo oscuro no tenía la intención de ser tan brusco con su camarada, pero no se sentía bien desde que salió de la Sala de Cristal. Todo el camino se sintió muy mareado, su vista era borrosa, su corazón latía acelerado y su temperatura corporal había disminuido peligrosamente, por lo que no había dejado de temblar, además de que por alguna razón se sentía terriblemente irritado por las luces del taller, el alboroto de sus compañeros, sus coloridas ropas, sus voces, sus sonrisas, sus llamados; todo le irritaba al punto de la desesperación y eso lo tenía muy asustado.


Pero debía resistir, informar a su jefe de lo que ocurría con el One For All, y luego, tal vez, correría a la enfermería para que lo revisen.


-¡Bakugou, a-algo...algo...m-malo...O-One...All...y-yo...


-¿Ah? ¿Qué mierda significa eso? ¡Habla bien!


El elfo lo intentaba, pero por más que lo hacía no podía hilar una frase coherente, su garganta se sentía seca y su cuerpo comenzaba a tambalearse de nuevo. Algo que Izuku notó, por lo que se acercó preocupado.


-Tokoyami, ¿estás bien? Luces enfermo, ¿quieres que te acompañe a la enfermería?-preguntó e hizo amago de sujetar su brazo, lo que, para sorpresa de todos, causó una explosión de rabia en el elfo.


-¡¡NO ME TOQUES MALDITA ZORRA!!


Toda la sala se quedó en shock al escucharlo. Tanto Bakugou como el resto de sus ayudantes abrieron los ojos por completo sin poder creer que el tranquilo y generalmente amable Tokoyami le había gritado al esposo de su jefe. No sólo eso sino que lo había insultado.


Pero lo más impresionante pasó milisegundos después, cuando el elfo empujó brutalmente al peliverde al suelo, lo que hizo reaccionar al cenizo.


-¡AH!


-¡Deku!


Katsuki corrió a socorrer a su esposo, ayudándole a ponerse de pie y verificando que no estuviera herido.


-Deku, ¿estás bien?


-S-Sí, c-creo que sí.


Uraraka, la mejor amiga de Izuku, encaró furiosa al silencioso Tokoyami. Nadie trataba así a sus amigos en su guardia.


-¡Tokoyami-kun, ¿qué demonios te pasa?!-gritó arrojándole sus galletas a la cara-¡No tenías por qué hacerle eso a Deku! ¡Él sólo estaba siendo amable contigo!


-Uraraka-san, tranquilízate.


-¡No me pidas que me calme, Iida-kun!


-Cierren la boca-murmuró el acusado con la mirada sombría.


-¡¿Ah?! ¡Tú no me dices que hacer!


-¡Uraraka-san!


-¡DIJE QUE CERRARAS LA PUTA BOCA, PERRA!-rugió el elfo causando un jadeo de asombro en sus compañeros que miraron incrédulos como arremetía contra la elfa castaña, tirándola al piso y tratando de ahorcarla.


Pero Ochako le puso el brazo en el cuello para alejarlo, lo cual fue aprovechado por el mayor quien tomó dicho brazo y lo mordió, la castaña gritó y el horror se expandió en todos sus camaradas que corrieron a separarlos.


Sin embargo, cuando Kirishima y Sero lograron quitarle a Tokoyami de encima éste comenzó a convulsionar y a sacar espuma por la boca. Ambos chicos lo soltaron asustados y observaron como las convulsiones disminuían gradualmente hasta detenerse. Un pesado silencio se instaló entonces en la sala, nadie entendía qué había ocurrido ni porqué Tokoyami había actuado así, tenían miedo hasta de acercarse a él, pero un par de minutos después y cansado de la cobardía de sus inútiles ayudantes, Bakugou carraspeó para llamar su atención y miró a la elfa castaña que sollozaba y temblaba en los brazos de Iida.


-Cuatro ojos, lleva a la cara redonda a la enfermería para que le revisen la mordida.


-De inmediato. Vamos, Uraraka-san-dijo guiando a la chica a la salida, quien sólo asintió y se dejó llevar.


-Pelos de mierda-miró a un pálido Kirishima-Lleva a Tokoyami a la Sala de Descanso de la segunda planta. Cola de caballo, pide a una de las sanadoras que lo revisen ahí.


-C-Claro-asintió Momo para luego salir a cumplir con la orden.


Kirishima, por su parte, estuvo a punto de preguntar la razón de eso cuando recordó que Uraraka estaba en la enfermería, seguramente Bakugou no quería alterarla más poniéndola en el mismo lugar que su atacante, la pobre estaba ya demasiado aterrada, por lo que se limitó a levantar el cuerpo del elfo oscuro con ayuda de Sero y llevarlo al lugar indicado.


En cuanto las puertas se cerraron tras ellos, el cenizo giró a mirar a un asustado Denki.


-Pikachu-lo llamó consiguiendo que el elfo volcara su atención en él-Lleva a Deku a su estudio y ayúdale a verificar la lista de mocosos de este año.


-Ah...sí-asintió acercándose al peliverde para sujetarlo suavemente del brazo-Vamos, Izuku.


Pero el de ojos esmeralda no se movió, en cambio, volvió a mirar a su esposo con preocupación.


-Kacchan.


-Tranquilo, estoy seguro de que ese pajarraco está bien. Quizá sólo se bebió el aguamiel de nuevo.


-Pero parecía otra persona. Incluso mordió a Uraraka-san.


-Prueba fehaciente de que está ebrio.


-Tokoyami-kun nunca bebe.


-Siempre hay una primera vez.


-Kacchan.


-Escucha, no tiene caso que te preocupes por eso ahora, sí-lo tranquilizó acariciando sus mejillas con ternura y juntando sus frentes-Seguro sólo está enfermo, ya las sanadoras lo atenderán y para mañana lo tendrás pidiéndote una disculpa por gritarte y empujarte. También a la cara redonda.


-Y si...


-Cariño, recuerda que los putos elfos no mueren, antes tendría que morir el One For All y eso es imposible. Estará bien.


-Si tú lo dices-supiró bajando la mirada.


Bakugou lo besó en la frente y miró a Denki.


-Vamos Izuku, tenemos una enorme lista que revisar y es mejor empezar ya.


El peliverde sólo se dejó guiar por el rubio hacia su estudio, escuchando a su esposo gritar órdenes a los elfos que aún quedaban ahí sin dejar de tener ese mal presentimiento. En verdad esperaba que fuera solo paranoia suya y que todo saliera bien esa navidad.




Musutafu, Japón. Hora: 7:45 pm.


<<....y es así como el héroe Kamui Wood logró poner a salvo a la pequeña y reunirla con sus padres. Estoy seguro de que ella se lo pensara dos veces la próxima vez que intente cruzar la calle sin un adulto je je.


Y bueno, en otras noticias, como había comentado al inicio del programa, hoy es Noche Buena damas y caballeros, las calles de nuestra bella ciudad se han vestido de mil colores para la ocasión y las tiendas de todo el centro comercial se ven abarrotadas a causa de todos los que hacen compras de última hora. Ah, y no podemos olvidar a los que cantan villancicos, siempre es un deleite escuchar los clásicos navideños esta noche, lo que me recuerda, habrá una recreación del nacimiento de Jesús en la plaza central por parte de los estudiantes de primer año de Shiketsu. Será a las nueve, así que, amigos míos, se espera su asistencia y no hay excusas.


Ahora vamos con...


Llamada entrante al teléfono de la estación.


Un momento por favor.


Contesta.


¿Diga?...¿Qué?...¿Ahora?...D-De acuerdo.


Cuelga.


M-Mis estimados oyentes, iremos ahora un breve corte comercial y regresamos.


Música de corte/Voz en off (30 seg) >>




Polo Norte, Casa de Santa Claus.


Faltaban menos de dos horas para dar inicio a la Operación Regalo cuando Bakugou entró a la habitación que compartía con su pareja para ponerse su uniforme. Ya todos los elfos estaban en sus respectivos puestos de trabajo, Kirishima en el Centro de Control resolviendo los últimos detalles de la misión de ese año y no dudaba de que Deku le entregara la lista a tiempo. Su trineo había sido preparado para partir, al igual que sus renos que debían estar ya calentando para el largo viaje que harían esa noche, y Ashido le había informado minutos antes que todos los regalos estaban en el costal que a su vez estaba siendo colocado en el trineo.


Y, aunque la tormenta no cedía, Bakugou estaba más que dispuesto a salir justo a la hora indicada así hubiese un jodido tornado afuera. Nunca había fallado y no comenzaría ese año, a pesar de saber que a su Deku le molestaría su imprudencia.


Deku.


Una suave, casi imperceptible sonrisa se dibujó en sus labios al recordar a su adorable pelusita verde. Llevaban casados muchas décadas y aún recordaba con claridad el día en que se conocieron.


No vivían aún en el polo, en ese entonces eran sólo un par de niños huérfanos que se conocieron cuando ambos intentaron robar el mismo pan. Katsuki se molestó mucho con Izuku por casi arruinar su oportunidad de conseguir la cena y, además, por seguirlo hasta el sucio callejón en donde dormía, aunque lo olvidó casi al instante cuando vio la admiración que el peliverde sentía por él brillando en sus ojos. Esos ojos tan bonitos que lo dejaron sin aliento y que lo convencieron de compartir su hogar con él.


A partir de ese día Izuku lo siguió a todas partes, hacía todo lo que le ordenaba y le repetía sin parar que era alguien genial. No pudo evitar quererlo, ¿quién podría? Deku era como un ángel que Dios le había mandado para que ya no estuviera solo. Un tierno angelito que se abrazaba a él para combatir el frío del invierno y que gustoso envolvía en sus brazos para darse calor mutuamente.


Pero no todo es para siempre, Bakugou lo aprendió a las malas.


Fue en una fría tarde de otoño cuando, tras volver de su robo diario, Izuku se desplomó al suelo ardiendo en fiebre. Como no tenían dinero para curarlo, su enfermedad sólo empeoró conforme la estación cambiaba y las noches se hacían más frías. Bakugou se recuerda llorando en muchas de esas noches, furioso, aterrado con la idea de que Deku muriera, temeroso de perderlo; y casi lo hace si Toshinori no hubiera aparecido justo a tiempo. Aunque al principio le costó confiar en él, el hombre había abandonado a su hijo con la triste excusa de querer protegerlo del enemigo de la navidad, pero cuando Deku se recuperó y su brillante sonrisa volvió, se olvidó de todo, porque, para bien o para mal, ese hombre había salvado a su Izuku.


Más que eso, pues Toshinori no había dudado en llevarlos consigo al polo donde les dio comida caliente, ropa nueva y abrigadora, y una cama suave para dormir. Ninguno volvió a pasar hambre ni frío nunca más.


Y por eso Bakugou siente un enorme respeto y cariño por Yagi, quien fue lo más cercano a un padre.


Esa es la razón por la que quiso ser su sucesor, su pareja y él querían hacer por otros niños lo mismo que Yagi hizo por ellos: dar esperanza.


-¡BAKUBRO, HAY PROBLEMAS!-irrumpió Kirishima azotando la puerta y causando un respingo en el cenizo, quien lo miró irritado.


-¡¿Qué mierda te pasa, imbécil?! ¡¿No sabes tocar?!


-¡Olvida eso! ¡Ocurrió algo terrible!


Bakugou arqueó una ceja, intrigado. Ahora que lo veía, se dio cuenta que el pelirrojo lucía bastante nervioso y pálido.


Intrigado, dijo.


-Habla ya, pelos de mierda.


El elfo tragó saliva.


-E-Es Tokoyami...


-¿Ese idiota ya despertó? Más vale que se disculpe con Deku o le explotaré la cara.


-¡No! ¡No es eso! É-Él...Él...


-¡Joder, habla de una vez!


-¡Murió!-soltó sin más-¡Tokoyami murió!


-¡¿Ah?!-frunció el ceño.


¿Era acaso una especie de broma?


-¡¿Qué mierda quieres decir con eso, pelos de mierda?! ¡Los putos elfos no mueren!


-¡Precisamente, Bakubro! ¡Los elfos no pueden morir!


-Entonces, ¿qué...


La comprensión llegó a él como un flash que aceleró su corazón. Su rostro palideció y sus ojos se abrieron por completo, giró de inmediato para posar su mirada en su pareja quien recién entraba a la habitación en compañía de Denki que sostenía la lista en sus manos.


-¿Kacchan?-llamó su pelusita desconcertado con la palidez del rubio cenizo y la tensión del ambiente-¿Qué está pasando?


-Nada-respondió de inmediato, vestía ya su uniforme de Santa Claus-No pasa nada, cariño-afirmó tomando sus manos para depositar un beso-Hay un pequeño contratiempo en el taller, no es tan grave, pero debo atenderlo de inmediato. El idiota de pikachu te hará compañía hasta que vuelva.


-De acuerdo.


Dicho esto, Katsuki se dirigió a la puerta seguido de Kirishima y a punto estuvo de abrirlas cuando la voz de su esposo lo detuvo.


-Kacchan.


Lo miró de soslayo.


-Te amo.


Una emoción indescriptible estalló en el interior del ojirubí y un fuerte sonrojo se formó en sus mejillas. Sin decir nada, abrió la puerta y salió, antes de que el de cabellos verdes notara su estado.


"También te amo, Deku".





Musutafu, Japón. Hora: 7:50 pm.


<< Música de regreso/Voz en on (30 seg)


Y regresamos. Mis estimados oyentes, tengo una noticia urgente de última hora. Me acaban de informar que hubo una explosión hace unos minutos en la U.A. La policía y los paramédicos ya están en camino y, aunque aun no se sabe el origen de la explosión, se cree que podría ser otro ataque de la Liga de Villanos.


No se vayan, amigos, los mantendremos informados.... >>




Polo Norte, Taller de Santa Claus, enfermería.


Chiyo miró a la elfa castaña que se retorcía violentamente en la camilla y suspiró con impotencia. Deseaba poder hacer más por ella.


Chiyo era una elfa sanadora, había nacido bendecida con la magia de la curación a base de besos, pero los elfos son seres mágicos nacidos de la magia del espíritu de la navidad, el One For All, tienen vidas largas por no decir eternas, vienen al mundo con dones mágicos y casi nunca se enferman. De vez en cuando, alguien se hería mientras trabaja y era ahí cuando ella entraba en acción, fuera de eso, salvo aquellas numerosas veces en que las que Izuku se enferma a causa del frío extremo del lugar y los leves resfriados de los ayudantes elfícos, nunca había tenido ninguna emergencia que la llevara a la desesperación como ahora, jamás sus conocimientos o su don habían sido insuficientes para ayudar a sus camaradas, y, mientras tocaba suavemente la frente de la castaña, deseó más que nunca no haberse confiado tanto.


-La fiebre no baja-murmuró para sí-Estás ardiendo, querida.


Volvió a besarla en un intento por restaurar su salud, más volvió a tener el mismo resultado que las veces anteriores: nada. Cuando Iida trajo a la elfa a la enfermería con una mordida en el brazo, Chiyo no dudó en usar su don, pero se sorprendió al instante al darse cuenta que la mordida no sólo no había desaparecido sino que estaba pudriéndose y un tono negruzco se apoderaba a una velocidad preocupante del brazo de la elfa, quien se asustó y comenzó a gritar. A la anciana le costó calmarla y hacer que se sentara en la camilla para poder examinar a profundidad la herida. No obstante, antes de que pudiera terminar de hacerlo, Uraraka se desmayó y su temperatura corporal aumentó de repente, lo que sorprendió a la envejecida elfa que no tardó en revisar sus signos vitales. Mayor fue su sorpresa cuando escuchó el corazón acelerado de la castaña, el golpeteo de éste era tal que más parecía el corazón de un caballo de carreras en el éxtasis de la carrera; y luego, de pronto, comenzó a convulsionar violentamente por lo que tuvo que pedirle a Iida que la sujetara. Sus ojos se pusieron blancos, dejó de responder a los llamados, su hablar se volvió incoherente y más tarde se convirtió en gruñidos. Tuvieron que atarla a la camilla para evitar que se lastimara o alguien más.


-¡¿Qué más podemos hacer, Chiyo-san?! ¡Uraraka-san está sufriendo!-exclamó Iida desesperado y moviendo sus brazos de forma exagerada.


-Por ahora debemos mantenerla atada, pero si esto sigue así será mejor que hablemos con Bakugou. Si yo no puedo curarla, seguro alguien del exterior podrá.


-¡Pero, Chiyo-san, Bakugou nunca aceptará que la llevemos al exterior! ¡No podemos exponer nuestra existencia!


-Pues vamos a tener que intentarlo. No tenemos otra salida.


Justo en se momento otro gruñido escapó de la castaña quien volvió a sacudirse, esta vez con más fuerza al punto en que la camilla se movió con ella, sorprendiendo a los mayores que se apresuraron a sujetarla también. Sin embargo, cuando Iida colocó el brazo en el pecho de la castaña para presionarla contra el colchón ésta aprovechó para lanzarle una mordida que le arrancó un grito al de lentes y asustó a la anciana. En respuesta Iida se alejó de ella mientras Chiyo se acercaba para revisarlo.


-Muéstrame tu brazo.


El menor negó con la cabeza.


-Estoy bien. Por favor ayude a Uraraka-san.


-También necesitas ayuda, muchacho.


-Solo es una mordida, es ella quien me preocupa.


-Pero...


-Será mejor que vaya a buscar a Bakugou, esto se está saliendo de control.


Chiyo miró a la castaña y asintió de acuerdo. Había intentado manejar la situacion, pero su magia no funcionaba y si permitía que esto siguiera nunca se perdonaría haberle causado tanto sufrimiento a Ochako.


-Bien, ve. Yo cuidaré de Uraraka.


Iida asintió y salió corriendo a toda velocidad a buscar a Bakugou. Sin embargo, no logró su cometido.




La fuerza de sus pisadas hacían eco en las paredes de su taller mientras corría junto a Kirishima hacía la sala de descanso del segundo piso donde se encontraba el cuerpo de Tokoyami. Sin embargo, no habían ni alcanzado las escaleras cuando una ola de gritos estalló en el lugar, haciéndolos detenerse en el pasillo. Un segundo después una decena de elfos asustados descendieron por las mismas escaleras que pretendían subir, pasándoles de lado sin detenerse a disculparse por empujarlos.


-¿Qué mierda está pasando?-gruñó el cenizo tratando de detener a uno de los elfos que huían a toda prisa-¡Oigan! ¡¿De qué rayos están huyendo?!


-¡BakuBro, mira!


Katsuki giró hacia donde el pelirrojo señalaba y abrió los ojos por completo al ver a un grupo de elfos comiéndose a sus compañeros, gruñendo y con los ojos en blanco como si tuvieran rabia.


-Eso es...-murmuró Eijirou pálido, en shock.


-Zombies-completó el cenizo retrocediendo despacio.


Esto no estaba bien, nada estaba bien. ¿Cómo mierda esos extras se habían convertido en zombies? ¡Nunca en la historia de la navidad había sucedido algo similar! Aunque, siendo justos, tampoco jamás antes un elfo había muerto, y por mucho que Tokoyami fuera un elfo oscuro no tenía ningún sentido que muriera.


Pero ahora el problema no era sólo que estuviera muerto sino que había "revivido" como un jodido zombie que, además, estaba propagando su infección en todo el Polo Norte. ¿Cómo diablos surgió la infección en primer lugar? ¡¿Qué rayos estaba pasando?!


-¡Maldición! ¡Corre pelos de mierda!-gritó iracundo, tomando del brazo al pelirrojo y tirando de él para echarse a correr y escapar del grupo de elfos zombies que, tan pronto notaron su presencia, se abalanzaron contra ellos.


-¡Carajo!-gruñó el elfo mientras corría por los pasillos.


-¡¿Qué mierda les pasó a esos imbéciles?! ¡Dijiste que el pajarraco estaba muerto!


-¡Lo estaba! ¡Lo juro! ¡Eso dijeron las sanadoras!- se defendió el pelirrojo alterado.


Ya sabía que después de diagnosticar a Rodolfo muerto el año pasado, (cuando solo estaba dormido), su palabra no era precisamente muy confiable, pero esta vez estaba seguro de lo que decía. Más porque un profesional se lo había asegurado que por otra cosa.


-¡Pregúntale a Yaoyorozu!


-¡¡No estás viendo que la cola de caballo también es un puto zombie!!


-Oh, cierto.


Katsuki se golpeó la frente con la palma de su mano. Quería a su amigo, pero a veces solo quería matarlo por estúpido.


-Como sea, seguramente Tokoyami se levantó como zombie y atacó a todos los que estaban con él en la sala de descanso que, básicamente, son la mayoría de los que nos están persiguiendo.


-Oh que asombrosa deducción, pelos de mierda-escupió con sarcasmo el cenizo, dando vuelta en la esquina.


Kirishima, por su parte...


-¡Gracias, hermano!


"Cuenta hasta diez Katsuki, cuenta hasta diez."


-Pero, Bakugou-llamó el pelirrojo adoptando un tono más serio-¿Qué hacemos ahora? ¡Si no detenemos esto será el fin de la navidad!


-¡Ya lo sé!-respondió deteniéndose un segundo-Escucha, tengo que poner a salvo a Deku, así que iré a casa. Mientras tanto, tú reúne a los que queden y llévalos a la Villa Navideña. Estarán seguros en el Gran Comedor.


-Entendido. Suerte, Bakubro.


Ambos asintieron y tomaron caminos distintos, sin embargo, antes de que Katsuki se alejara lo suficiente del pelirrojo, éste lo llamó de nuevo.


-¡Bakugou!


El cenizo giró, entrecerrando los ojos al ver que la horda de zombies se acercaba peligrosamente al elfo, pero éste no se inmutó.


-Dile a mi rayito que lo amo-dijo y sonrió, triste, antes de retomar la carrera.


-Idiota. Tú se lo dirás-escupió mordaz, retomando su camino.


El cenizo no tenía la menor intención de ser mensajero de nadie, mucho menos de la pareja de tortolitos más acaramelada del taller, eso sin mencionar lo mucho que lo molestaba que el pelirrojo creyera que en serio podía morir esa noche como para pedirle una última voluntad. ¿Qué carajos se creía? ¡Katsuki no recordaba en ningún momento haberle dado permiso de morir o convertirse en zombie!


-Estúpido pelos de mierda, si no regresas te mataré.




Izuku despertó ese día con un muy mal presentimiento. Uno que lo había acompañado desde la mañana hasta la noche, y, sin importar lo que hiciera, este no se iba, al contrario, se acentuaba. Era como un sexto sentido para él, naturalmente lo había asociado a que era Noche Buena y su esposo tendría que salir a repartir juguetes, lo que generalmente le causaba ansiedad y mucha preocupación por temor a perderlo, pues siempre es difícil para una esposa dejar ir a su marido a la guerra. Era angustiante y desesperante. Pero normalmente Katsuki consigue calmarlo aunque sea un poco antes de salir, sus dulces palabras y el sabor de sus suaves labios al besarse conseguían poner en calma su corazón, sin embargo, la primera señal de que algo terrible iba a suceder fue más clara cuando ni los besos o las palabras de su esposo lo calmaron ni un poco esa vez. Izuku aún sentía esa asfixiante angustia en su pecho impidiéndole estar en paz, a penas pudo concentrarse en la lista que se supone debía revisar para verificar que no hubiera ningún error con la designación de carbón y juguete de los niños de todo el mundo, y si no fuera por Denki que lo mantuvo centrado seguro que todos lo errores los habría causado él.


Suspiró y dió otro sorbo a la taza de chocolate caliente que el elfo rubio le había traído momentos antes para tranquilizarlo, quien ahora estaba sentado junto a la ventana observando a la nieve caer.


-Denki-lo llamó haciendo que girara a mirarlo.


-¿Qué pasa, Izuku?


-De casualidad tú no...


No pudo terminar. Justo en ese momento las puertas de su habitación se abrieron abruptamente y el cenizo entró como un huracán, cerrando inmediatamente las puertas con seguro, para luego arrastrar el tocador del peliverde y bloquear la entrada.


-Ey, ¿pasa algo jefe?-preguntó Denki acercándose al ojirubí-Rayos viejo, parece que viste a un fantasma.


El cenizo ignoró al rubio y corrió directamente hasta su esposo para envolverlo en sus brazos.


-¿Kacchan? ¿Todo está bien?


Bakugou tuvo el impulso de decir que sí, mentirle, protegerlo de la verdad, pero no podía ocultarle la catástrofe de nuevo. No podía cubrir el sol con un dedo y fingir que no había una epidemia suelta en el Polo que, en ese preciso momento, estaba acabando con todos sus amigos.


-No-respondió.


Izuku parpadeó.


-Nada está bien, Deku.


-¿Qué? ¿Por qué?


Bakugou se separó de su esposo y fue hasta la vitrina de su habitación donde yacía guardado un báculo dorado con la punta afilada y más resistente que el hierro. Dicho báculo había sido heredado por el Santa anterior de generación en generación desde la era del Santa Claus original, San Nicolás; y fungía como un catalizador de la magia del One For All, la cual era tan poderosa que para usarla en grandes cantidades era necesario un objeto lo suficientemente resistente para soportar esa carga por él.


Al verlo, Izuku abrió los ojos como platos y temió lo peor. Bakugou no tenía permitido usar el Báculo de Santa Claus si no era para enfrentar Elfos Oscuros que de vez en cuando atacan la Villa Navideña, y, en el más extremo de los casos, para hacer frente al enemigo de la Navidad.


-Kacchan, ¿qué está pasando?-exigió el peliverde avanzando hasta el cenizo.


-Tokoyami murió.


Izuku palideció.


-Y, de alguna forma, revivió como un zombie.


-¡¿Qué?!-exclamaron ambos chicos impactados.


-¡Eso no puede ser! ¡Los elfos no mueren!-replicó el otro rubio.


-¡Ya lo sé, pikachu de mierda!


-¡Entonces cómo...


-¡¡No lo sé, maldición!!-rugió asustando al elfo, quien retrocedió.


Al verlo, Bakugou inspiro hondo para calmarse. Nunca le gustó causar miedo en la pareja de su "amigo", además, tenían problemas más graves en ese momento.


-Envié a Kirishima a reunir a los que aún no han sido infectados y resguardarlos en el comedor de la villa.


Izuku asintió. El Gran Comedor era el lugar donde se hacía la cena de navidad cada año con todos los elfos de la Villa Navideña y los Señores Claus. El salón era enorme y tenía suficiente espacio para todos, además de que las puertas estaban reforzadas para evitar otro saqueo de los elfos oscuros.


-¿Cuántos elfos...


-Había poco menos de una decena persiguiendome, pero es posible que el número haya aumentado.


-Kacchan...


-Me haré cargo, pero antes los pondré a ti y al pikachu a salvo-dijo y acarició una de sus pecosas mejillas-Los llevaré al sub nivel donde está el One For All, cerraré la puerta y se quedaran ahí hasta mañana.


-¡No!-gritó el peliverde causando un respingo en Denki y Katsuki-¡No me quedaré ahí mientras tú peleas! ¡Yo también lucharé!


-¡No fue una puta sugerencia, fue una orden!


-¡Kacchan, no...


Un sonoro estruendo cortó la discusión. La pareja y el elfo rubio giraron hacia las puertas, observando con horror como estas eran golpeadas y empujadas con una fuerza descomunal desde afuera, al mismo tiempo que unos fuertes gruñidos y rugidos se dejaban oír en todo el lugar.


-Mierda, ya están aquí-masculló el cenizo poniéndose en guardia con el báculo en sus manos-Oye, pikachu.


Otro brutal golpe hizo temblar las puerta y el tocador, seguido de otro que hizo crujir la madera al comenzar a partirse.


-¡Pikachu!-llamó de nuevo sin obtener respuesta.


Bakugou giró con el ceño fruncido y apretó los dientes al ver que el elfo rubio estaba paralizado de miedo mientras Deku se aferraba a su brazo. El cenizo tuvo ganas de reírse de eso, ¿cómo pretendía el nerd ayudarlo si temblaba como gelatina y se aferraba tan fuerte a él? Sonrió de lado, ignorando por un momento que las puertas a su habitación estaban a punto de ceder, Deku era un llorón miedoso, eso no había cambiado mucho en estos siglos que llevaban juntos, pero algo que tampoco había cambiado era su capacidad para sobreponerse al miedo.


Y esa era una de las cosas que más amaba de él.


-¡PIKACHU, REACCIONA!-gritó despertando a Denki, quien se volvió hacia él-¡Toma a Deku y vayan al sub nivel!


-¡Pero...


-¡AHORA!


Denki calló y asintió, tomando al peliverde del brazo para tirar de él hacia la puerta que conecta la habitación de los Claus con el estudio del cenizo, en donde se halla un tobogán oculto bajo el escritorio que lleva al taller.


-¡Vamos, Izuku!-dijo tratando de guiarlo a la puerta, pero el de ojos esmeraldas se resistía y miraba temeroso al cenizo.


-Kacchan...


-Vete. Ahora.


-Pero...


-¡Solo obedece, maldita sea!-gritó, pero al ver la mirada aterrada del más bajo, suspiró y se acercó para capturar sus labios en un desesperado beso que no logró calmar al peliverde-Escucha, Izuku-murmuró acariciando con extrema ternura su mejilla derecha-No importa lo que pase esta noche, te prometo que volveré a ti.


-Kacchan...


-Te amo, Deku.


El rubor cubrió las mejillas de el de ojos esmeraldas, quien sintió a su corazón palpitar con tanta fuerza que creyó que en cualquier momento se le saldría del pecho, y pronto comenzó a temblar en los fornidos brazos del cenizo. Él también lo amaba, demasiado.


Katsuki era su mundo y no quería perderlo.


-También te amo, Kac...


Justo en ese momento, la madera de la puerta cedió y la horda de zombies entró, destrozando el tocador y abalanzándose contra el cenizo, quien apenas tuvo tiempo de empujar al peliverde antes de recibir a los infectados, empalando y decapitando para mantener su atención en él, mientras de reojo vio al elfo rubio llevarse casi a la fuerza a su esposo, quien se retorcía y gritaba su nombre.


-Hasta mañana, amor.





Musutafu, Japón. Hora: 8:36 pm.


<< ... aún no...se ha logrado controlar la situación en la U.A, pero las autoridades han emitido la orden de que nadie se acerque a la escuela hasta nuevo aviso.


Sin embargo, a pesar de que los héroes han dado la misma indicación, los padres de los estudiantes que viven ahí se han reunido en la entrada y exigen que se les deje entrar a recoger a sus hijos.


Hasta ahora nadie ha dado noticias del estado de los estudiantes ni los profesores, pero se cree que para estas alturas ellos ya...(carraspea). De cualquier forma, me informan que el actual Héroe Número Uno ya ha sido notificado de lo que ocurre y se dirige a U.A ahora mismo. >>





Polo Norte, Casa de Santa Claus.


Recuerda la primera vez que enfrentó a un Elfo Oscuro. Acababa de ser nombrado el nuevo Santa Claus y era su primera Navidad como el patrón de esos extras de orejas puntiagudas que llevaban trabajando por más de veinticuatro horas seguidas. Nunca lo admitiría, pero aquella vez estaba muy nervioso, temía cometer un error que echara a perder todo su trabajo y el de sus elfos; y lo peor es que no había podido ver al peliverde en todo ese tiempo ya que, como él, Deku también estaba ocupado cumpliendo por primera vez con todas las funciones de la Señora Claus para las que se había estado preparando por años.


Porque, contrario a la creencia popular, la Señora Claus no era solamente la esposa del gordo que baja por la chimenea cuyo papel se limita a prepararle la cena a él y a los elfos que fabrican los juguetes. No. Si Santa Claus ocupa casi todo el año para prepararse para la navidad; descansando de enero a febrero, colaborando en la división de armas del ejército con el fin de reunir los fondos para los materiales de sus juguetes y proveer a la villa de mayo a junio; mantener el taller en excelentes condiciones, ponerlo a trabajar, dirigir a los elfos, crear la lista anual de juguetes, comenzar su producción y planear la Operación Regalo de julio a diciembre; la Señora Claus se encarga de dirigir la Villa Navideña, administrar el presupuesto destinado a ella, proveer y racionar el alimento, cuidar de los renos, planear e inaugurar las celebraciones como San Valentín, Halloween, Navidad, Año Nuevo y el Aniversario de Santa, supervisando personalmente las decoraciones y los preparativos para las actividades de cada una; además, está a cargo de administrar la casa, manteniéndola limpia y en orden para su pareja y él. En navidad toma un papel menor en los preparativos para la Operación Regalo, su trabajo se limita a comprobar que la lista de los niños no tenga errores y la designación de carbón o juguete sea correcta; y, cuando la misión comienza, reparte junto a su mejor amiga Ochako y su asistente Denki, chocolate y galletas caseras a los elfos que trabajan en el Centro de Control dirigidos por Kirishima quien supervisa y resuelve los problemas que surgen durante la misión; de modo que puedan aguantar hasta el amanecer. Aunque, claro, ninguno de los tres puede permanecer demasiado tiempo ahí, más que nada para no distraer o entorpecer a los ayudantes; y al día siguiente es la Señora Claus quien prepara y da inicio a la cena navideña en el comedor de la villa.


Por desgracia, aquella primera vez para ambos resultó ser la más difícil, pues los Elfos Oscuros, conscientes de que había un cambio de administración, atacaron el taller para acabar al fin con la navidad. Bakugou aún recuerda el terror que sintió durante el caos, mientras sus elfos peleaban para proteger el taller él era arrastrado a un escondite por Kirishima y Yaoyorozu, pues no creían que estuviera listo para la gran batalla que Santa ha librado desde el comienzo de la navidad. Se resistió, claro, y gritó improperios todo el camino, pero calló cuando unas enredaderas espinosas apresaron el cuerpo de la elfa y la obligaron a soltarlo segundos antes de que un puño tan duro como el acero se impactara en la cara del pelirrojo y lo enviara al suelo.


El cenizo no tuvo tiempo de procesar lo que había ocurrido, ya que en ese instante fue atacado por un elfo oscuro de cabello rubio y mirada arrogante que no sólo tenía la habilidad de copiar cualquier magia elfica sino que también era capaz de imitar la suya.


El humano había estado en peleas antes, cuando vivía en las calles junto a Deku, tenía cierta experiencia que, para su desesperación, simplemente fue nada contra el elfo oscuro, quien dominó desde el inicio. Lo único en lo que Katsuki pensó entonces fue en lo mucho que deseaba sobrevivir para poder volver con su peliverde, quien afortunadamente se encontraba en el Gran Salón coordinando la decoración, lejos de ese caos. Recuerda haber sentido su pulso al mil, el sudor en su frente y el terrible miedo que se apoderó de su cuerpo, sólo comparado al de un hombre que enfrenta la muerte por primera vez; y cuando su báculo se enterró en el cráneo del elfo oscuro, y la sangre le salpicó al rostro, Bakugou experimentó por primera vez el shock de haber quitado una vida.


Y se sintió un asesino. El trauma de ver esa sangre ennegrecida en sus manos fue tal que se negó por semanas a tocar a su esposo, evitó hasta el mínimo roce con tal de no manchar con su pecado al hermoso ser que había desposado y de que Izuku no se enterara de en lo que de había convertido aquella noche.


Bakugou aprendió a vivir con eso por décadas, pues a partir de entonces se volvería normal en su vida asesinar, y creyó ingenuamente que nunca sentiría ese terror de nuevo, pero se equivocó.


Ahora, mientras atraviesa el pecho de Jiro y explota la cara de Mineta, esparciendo sus restos en el pasillo de la segunda planta de su casa, Katsuki, el Santa Claus de la era actual, sólo puede pensar en lo mucho que le hubiera gustado que alguien lo preparara mentalmente para el día en que tendría que matar a sus amigos.


-¡GRR ARR!


-¡MUERE!


El cenizo giró y empaló a Momo que había saltado para atacarlo por la espalda, sin embargo, esa pequeña distracción le costó ser alcanzado por Teru y Mina, quienes lo derribaron tratando de encajarle los dientes.


-¡Malditas, mueran!


¡BOOM!


Una poderosa explosión hizo pedazos al par de chicas y el cenizo se levantó para recibir al puñado de elfos que corrían hacia él desde el otro extremo del pasillo.


-¡Tch! ¡Maldición! ¡Esto no se acaba!


Apretó el báculo en sus manos y arremetió contra los infectados antes de que pudieran reaccionar, abriéndose paso hacia las escaleras para bajar a la primera planta donde fue interceptado por un grupo más numeroso de elfos zombies antes de llegar a la puerta. Gruñó y creó una explosión para aturdirlos momentáneamente, para luego empalarlos y decapitarlos, moviéndose entre ellos a una velocidad imposible de ver, sólo pudiendo ser usada por aquel que vista el traje rojo. Así, en un parpadeo, los miembros desmembrados de quienes fueran sus elfos estaban esparcidos en el pulcro suelo de su casa, y su sangre cubriendo la mayor parte de su rostro.


Con su hogar libre de "plagas", el cenizo salió al exterior con rumbo a la villa navideña. Debía asegurarse de que Kirishima estuviera a salvo al igual que los elfos que vivían ahí. Sin embargo, a penas dio un par de pasos sobre la nieve quiso regresar al calor de su hogar, y es que el frío había aumentado considerablemente en los últimos minutos, así como las ráfagas de viento que eran ahora más fuertes. Ni su clásico traje de Santa Claus conseguían protegerlo del inclemente clima, pero eso no lo detendría. Avanzó cauteloso sobre la nieve, soportando el frío como podía y repitiéndose en su cabeza una y otra vez que si no extermina a todos los zombies la navidad se acabará para siempre.


Y Deku estaría en peligro.


El cenizo casi quiso golpearse ante ese pensamiento, dándose cuenta de que hasta ese momento estaba más preocupado porque alguno de los infectados llegara al peliverde que por salvar el legado de San Nicolás, matando a cada zombie con la firme convicción de que si no los eliminaba lastimarían a Izuku. Sabía que cuando aceptó el trabajo, su prioridad debían ser los niños de todo el mundo, su deber sobre su familia, exactamente como Toshinori lo había hecho, pero él nunca podría cumplir con ese juramento.


Para Katsuki, Izuku estaba por encima de todo.


"-Kacchan."


Bakugou frunció el ceño cuando la linda cara del peliverde apareció en su mente. Esperaba que tanto él como Denki hayan logrado llegar al Salón de Cristal y encerrarse ahí hasta navidad, pero de cualquier modo, y antes de salir a repartir juguetes, iría a revisar que ambos estén bien. Con esa resolución, el cenizo apresuró el paso casi comenzando a correr hasta que, luego de varios minutos, logró llegar a la villa.


Las coloridas luces que enmarcan el nombre en el letrero de entrada aparecían frente a él conforme más se acercaba, pero al notar el rojo en la nieve, las casas destruidas o en llamas, y los numerosos zombies desmembrados esparcidos por doquier se puso en guardia y examinó el lugar con cautela.


"El pelos de mierda debió asesinarlos."

, pensó mientras avanzaba por la calle principal, atento al mínimo movimiento o ruido hasta llegar al Gran Comedor, donde observó con horror que las puertas estaban destrozadas y con sangre en ellas.


-¡Maldita sea!-exclamó corriendo a revisar el interior.


Sin embargo, no alcanzó atravesar el umbral cuando los característicos rugidos de un puñado de infectados  rompió el silencio de la noche. Bakugou giró y lo último que supo es que estaba en el suelo contenido a Tokoyami, Iida y a otros dos zombies que intentan desesperadamente morderlo, al mismo tiempo que los demás se abalanzan sobre ellos para apartarlos y reclamar a su presa.


Pero Katsuki no es la presa de nadie y mientras ellos se pelean entre sí, logra liberar un brazo y crear una explosión que consiguió quitarselos de encima.


-¡Zombies de mierda! ¡¿Creen que pueden derribar al gran Bakugou Katsuki?! ¡¡Pues están muy equivocados, escorias!!


Blandeó su báculo y se impulsó con sus explosiones para continuar la matanza.




Musutafu, Japón. Hora: 9:20 pm


<<Cortinilla (30 seg)


A todos aquellos que continúan con nosotros en Radio Local 98.4, les tengo malas noticias.


Estamos a cuarenta minutos de finalizar el programa y me informan que la situación en la Academia de Héroes que hemos seguido por más de medio programa aún no está cerca de terminar. El héroe Endeavor no ha conseguido acercarse al lugar de los hechos a causa del sistema de seguridad de la misma escuela que se activó al detectar amenazas, lo que está impidiendo que las autoridades, los paramédicos y los mismos héroes que llegaron a la escena no puedan entrar a resolver la situación.


Sin embargo, el director Nezu afirma que ya están trabajando para desactivar los escudos, pero no se sabe si lo harán a tiempo.


Les seguiremos informando...>>




Polo Norte, Villa Navideña.


Bakugou caminó presuroso entre el puñado de cadáveres de quienes un día fueron sus elfos amontonados en la calle principal y las afueras de la villa navideña, avanzando sobre la nieve con el traje manchado de sangre y el báculo dejando un rastro carmesí hacia el taller cuyo umbral atravesó justo antes de escuchar los gruñidos de una horda de zombies proveniente del pasillo aledaño corriendo hacia él.


-¡Tch! ¡Joder, ya mueranse!


Un aterrador rugido fue lo que recibió por respuesta. Bakugou estiró el brazo y liberó una enorme explosión que hizo pedazos las paredes, el suelo y rajó el techo, matando a los infectados que iban en primera y segunda línea, pero al ver que los de atrás no habían sido alcanzados, gruñó de nuevo y aferró su báculo para continuar despedazando a todo elfo-zombie que tuviera la osadía de atacarlo, mientras se abre paso hacia el ascensor para despejar los niveles superiores.


Sin embargo, a un segundo de que las puertas del ascensor se cerraran, un zombie bastante conocido lo arrinconó y casi le clava los dientes en el hombro de no haber interpuesto su antebrazo para empujarlo hacia atrás, maldiciendo en voz alta cuando se dio cuenta que las puertas del ascensor ya se habían cerrado. Ahora estaba atrapado con él.


-Joder, pelos de mierda, no me dejas otra opción-maldice y arremete contra él, comenzando así una ardua batalla que hace temblar el cubículo.


Bakugou no tenía tiempo que perder con el zombie de su amigo. Le dolía, vaya que sí, aunque no quisiera admitirlo Kirishima fue el primer amigo que hizo al llegar al Polo, el primer elfo en que confió. Maldita sea, ¡él fue su jodido padrino de bodas! Lo último que quería era que acabara así, pero no tenía otra opción, tenía que "limpiar" el taller y llevar la navidad a los niños de todo el mundo.


Tenía que proteger a Deku.


No obstante, al mismo tiempo que forcejeaba contra su amigo infectado, Katsuki no pudo evitar lamentarse por no haber cumplido con su última petición.


Dile a mi rayito que lo amo.


Eso es lo que Kirishima le había pedido con una mirada que casi hizo que el pecho del cenizo doliera; y es que el elfo había pronunciado esas palabras con tanta pena, como si hubiera podido predecir su final y esa fuera su última voluntad, pero Bakugou creyó que sólo estaba siendo un dramático y no le entregó su mensaje al idiota de su novio cuando tuvo la oportunidad, habiéndose centrado únicamente en su peliverde. Realmente pensó que volvería a verlo, estaba convencido de que sería el mismo Eijirou quien le diría a Denki lo mucho que lo amaba otra vez, pero se equivocó.


Bakugou desearía haber cumplido con la petición de su mejor amigo.


Pero no era tarde, aún podía entregarle a Denki las últimas palabras de su novio y lo haría, tan pronto como todo esto acabara iría al Sub Nivel para hablar con el elfo rubio antes siquiera de hablar con Deku. Se lo debía a su amigo, mismo a quien le atravesaba la garganta en ese momento.


-Lo siento...Kirishima.


Un gruñido fue la respuesta del pelirrojo antes de caer al suelo. Bakugou resopló e inspiró hondo, pasando sus dedos entre su cabello con frustración. Sentía una opresión en el pecho, pero estaba dispuesto a ignorarla al menos hasta que la noche acabara...y para cuando llegara el amanecer, liberaría todas las lágrimas que estaba reteniendo ahora.


Suspiró y miró su reloj de bolsillo justo cuando las puertas del ascensor se abrieron. Faltaba poco para comenzar, debía apresurarse.




Musutafu, Japón. Hora: 9:45 pm


Avanzó entre las concurridas calles de la ciudad, vistiendo un abrigo largo con capucha que, en combinación de unos lentes oscuros, ocultaba su rostro de las personas, sobre todo de los héroes. En su mente un único pensamiento dominaba: llegar pronto a la U.A. Motivo por el que, tan pronto como se vio fuera de las calles concurridas, echó a correr directo a la academia, orando por llegar a tiempo para rescatar a cierto peliverde que, sabía, estaba ahí a la hora del supuesto ataque. Odiaba no poder usar su Quirk, estaba seguro de que llegaría más rápido si lo hacía, pero acababa de fugarse de prisión—lo que no había sido tarea fácil—, la policía y los héroes lo estaban buscando, no podía permitirse exponerse así, al menos no hasta que se asegurara de que el amor de su vida está a salvo. Después de todo, el peliverde era la única razón por la que seguía con vida, sólo la ilusión de volver a tenerlo en sus brazos lo había mantenido "cuerdo" todo ese tiempo y ahora que por fin estaba libre, no desaprovecharía la oportunidad.


Lo buscaría, lo besaría, le haría el amor de nuevo y lo llevaría muy lejos de Japón, allá donde ni su desgraciado padre ni ese cavernícola insignificante de ojos rojos puedan volver a separarlos.


Esta vez nada ni nadie se interpondría en su camino. Por eso, una semana atrás le envió una carta con una advertencia a la basura de cabello rubio cenizo, dándole la oportunidad de devolverle lo que le quitó por las buenas o lo recuperaría después de arrancarle la cabeza. No recibió respuesta, pero tampoco la necesitaba. Ya se había hecho la idea de que tendría que mancharse las manos para tener de vuelta a su pelusita.


"Esta vez ni mi padre podrá salvarte, Bakugou".




Polo Norte, Taller de Santa Claus.


Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Katsuki bajó enseguida y caminó alerta por el oscuro pasillo de la segunda planta del taller. Tenía entendido que la infección zombie comenzó justamente ahí con Tokoyami, pero estaba seguro de que a todos a los que mordió ya los había eliminado, sea en su casa, en la villa o en la primera planta, aunque no estaba de más revisar. Después de todo, el pajarraco no había sido el único que esparció la infección.


Uraraka fue la primera a la que mordió, suponía que ella infectó a Iida e Iida infectó a la villa cuando corría a su buscarlo a su casa, para lo cual tenía que atravesarla, lo que explicaría porque Kirishima había terminado infectado. Bakugou tenía la hipótesis de que el pelirrojo logró deshacerse de los zombies que lo persiguieron a él cuando se separaron, (los que vio cuando llegó a la villa), reunió a los elfos que encontró y trató de resguardarlos en el comedor, sin saber que éstos ya habían sido mordidos por Iida y aún no presentaban síntomas. El resto es historia.


Recordó en ese instante que aunque ya se había deshecho de Uraraka en la entrada del taller, siendo ella uno de los zombies que lo atacaron, la elfa no había estado sola en la enfermería cuando todo comenzó. Iida había salido a buscarlo—¿por qué otra razón se separaría de la cara redonda si no?—, pero Chiyo, la sanadora principal, no. Se preguntó entonces dónde podía estar, ya que no se había topado con ella en todo ese tiempo, o si acaso se había salvado de la infección y estaba con Deku y Denki en el Sub Nivel, pues el tobogán que ambos chicos habían tomado para escapar de la casa desemboca en la enfermería y es lógico pensar que Chiyo debió encontrarlos y...


Aunque...


Katsuki se detuvo a mitad del pasillo y sus ojos de abrieron con horror. Un escalofrío le recorrió la espalda a medida que analizaba la situación, pues si su teoría era cierta cabía la posibilidad de que su Izuku y el pikachu sean...si Chiyo había sido mordida y aún estaba en la enfermería cuando ellos...


"¡No!"

. Tragó saliva y apretó los puños.

"¡Ellos están bien! ¡Deku está a salvo! ¡Está esperándome en el sub nivel!"

. Su ceño se frunció y continuó revisando el lugar, haciendo un colosal esfuerzo por ignorar la opresión en su pecho. No podía caer en el pánico por culpa de teorías pesimistas, especialmente en una situación tan crítica como esta, su esposo y su despistado asistente estaban bien, no tenía que preocuparse y para probarlo ahora estaba más que decidido a ir a verlo antes de salir a cumplir su deber, y entonces podría abofetearse por haber pensado estupideces.


-Tch. Maldita sea, tantas noches en vela me están cobrando factura-se dijo justo cuando el sonido de apresuradas pisadas lo hicieran girar para empalar al elfo rubio que había intentado emboscarlo por la espalda, el cual soltó un estridente rugido antes de que Bakugou retirará su báculo y lo dejara caer al suelo-Pero qué...¡¿Pikachu?! ¡¿Q-Qué mierda haces tú aquí?!


Un terror indescriptible invadió el corazón del rubio cenizo al identificar al zombie que acababa de asesinar. Era Denki, estaba seguro, y podía vislumbrar una fea mordida en su brazo izquierdo que acreditaba su infección. Pero eso no podía ser, Denki estaba con Deku en el Sub Nivel, ¡estaban a salvo! ¡¿Por qué carajos era un puto zombie?! ¡¿Qué hacía ahí?!


-¡Pikachu de mierda, ¿cómo permitiste que esto pasara?!-gritó desesperado, pateando el cuerpo del rubio-¡¡Se supone que protegerías a Deku, maldita mierda!!


Un nudo en su garganta y una angustia enorme lo consumían, casi estuvo a punto de volver a patear el cadáver hasta que Denki le asegurara que Izuku estaba bien y que todo esto no era más que un error, pero el ruido de algo rompiéndose al final del pasillo llamó su atención. Alzó la mirada, no quería dejar las cosas así, pero si era un zombie debía eliminarlo cuánto antes, por lo que caminó cauteloso hacia lo que había sido la sala común de la segunda planta del taller, abriendo la puerta con lentitud y adentrándose en la oscuridad esperando ser atacado en cualquier momento, más eso nunca pasó. En su lugar, la luz de una linterna se encendió repentinamente iluminando la sala y cegando momentáneamente al cenizo.


-Carajo, sólo esto me faltaba-gruñó apartando la vista para que no lastimara sus ojos-¿Quién rayos eres?-espetó consciente que de ser un zombie ya lo habría atacado.


¿Quizá un sobreviviente? No, lo habría llamado al entrar.


-Pregunté quién eres, escoria.


-¡V-Vete!


Bakugou palideció al instante. Su corazón se detuvo al escuchar la temblorosa y chillona voz que le respondió. Trató de distinguir el rostro de la persona frente a él, pero la intensa luz no le permitía ver más que una silueta que no quería reconocer.


-¿D-D-De-ku?-preguntó, despacio, temeroso. Un grueso nudo en su garganta impidiéndole formular las palabras correctamente.


-¡Déjame solo!


Katsuki estiró el brazo y encontró la muñeca de la mano que sostenía la linterna, reconociendo la textura suave de la piel de su esposo antes de obligarlo a apartar la linterna.


-¡Te dije que me dejaras solo!-chilló el peliverde tratando de ocultarse del cenizo con sus brazos.


No quería que lo viera, no quería que viera en lo que se había convertido, no quería hacerle daño. Podía sentir los impulsos de probar la carne humana, beber la sangre hasta que dejara de ser atractiva, la ira y el hambre insaciable, y con cada minuto que pasaba le costaba más controlarse. Con Katsuki ahí esa ansia empeoraba, por eso tenía que mantener la distancia.


Pero el Santa de esa era no le facilitaba la tarea, acercándose hasta lograr ver con claridad su rostro.


Y cuando Bakugou lo vio, lo supo. Estaba infectado. La sangre escurriendo sin razón de su nariz, las pupilas dilatadas, el rojo en los globos oculares de sus ojos y la sangre en su boca que muy seguramente pertenecía a Denki lo confirmaban.


-No...- retrocedió, negando repetidas veces con la cabeza-No...¡No! ¡Tú no, Deku! ¡Tú no!


Las lágrimas que el cenizo se había esforzado por retener se desbordaron de sus ojos sin control mientras veía con profundo dolor a su Izuku enfermo, convertido en un zombie aún con la suficiente consciencia para evitar saltarle al cuello, pero Katsuki sabía que ese autocontrol no duraría mucho. El peliverde también lloraba, o al menos el más alto creía que lo hacía, pues sus lágrimas eran de sangre, temblaba y se pegaba más a la pared como si pudiera desaparecer en ella.


-No, Deku...no...


El tono tan lastimero del cenizo sólo aumentó los sollozos de Izuku, quien pegó un chillido cuando su esposo acarició su mejilla con extrema ternura, como si pudiera romperlo con su simple toque, dejando un rastro de sangre negra que no pareció importarle a ninguno de los dos.


-Ka...cchan...-murmuró Deku mirándolo por fin.


-Izuku...


En otro tiempo, el peliverde podría haber brincado de felicidad al ser llamado por su nombre por el rubio cenizo, pero ahora ni siquiera podía recordar por qué el hombre frente a él era tan importante. El cenizo, por su parte, no dejaba de llorar y acariciar el rostro de su amado, no podía creer que lo había perdido, no podía aceptarlo. Le había prometido a Yagi que lo cuidaría y sin embargo, permitió que esto pasara.


Toshinori iba a ahorcarlo cuando llegara al más allá.


No obstante, no tuvo mucho tiempo para lamentarse por esto, pues en ese instante la infección contaminó por completo la mente del peliverde quien no pudo contenerse más y trató de saltar sobre el cenizo para morderlo, pero el rubio fue más rápido y sujetó su cuello con ambas manos, apretando con todas sus fuerzas hasta que dejó de moverse, para luego dejarlo caer al suelo, tomar su báculo y enterrarlo en la cabeza del menor, sacándolo para volver a enterrarlo una y otra vez, asegurándose así de que no se levantaría de nuevo.


El llanto prevaleció durante todo ese proceso, si antes había sentido una dolorosa opresión en su pecho al ver a Kirishima y a Denki infectados, ahora sentía que le habían arrancado el corazón.


Y dolía.




Musutafu, Japón. Hora: 10:00 pm.


Llegó justo cuando los héroes estaban adentrándose al territorio de la escuela, separándose para ir a los dormitorios, los salones de clase, la cafetería y los campos de entrenamiento, con el fin de cubrir más terreno en el menor tiempo posible. Pero él no tenía tiempo para revisar toda la academia, por lo que optó por seguir la misma dirección que su viejo seguía, adelantándose ante la mirada sorprendida del mayor.


-¡SHOTOO!


El de cabello bicolor ignoró el llamado de su padre y siguió deslizándose en su hielo hasta ver a los lejos las puertas del auditorio escolar.




Polo Norte, Pista de despegue. Hora: 10:00 pm


Luego de envolver el cuerpo de su esposo en una sábana y dejarlo en el sillón de la sala de descanso, Bakugou bajó a los establos de los renos donde de hallaba también la pista de despegue del trineo, el cual, afortunadamente estaba ya listo para partir. El costal de juguetes también estaba listo y puesto en el trineo, y en sus manos llevaba la lista de los niños de todo el mundo que usaría durante la noche.


Bakugou se ajustó entonces los guantes, se colocó el antifaz negro en los ojos y acarició la cabeza de Cometa, quien se frotó gustosa contra él. Miró su reloj, eran las diez en punto.


-Ya es hora-dijo para sí mismo mientras se apartaba de Cometa y hacía amago de subirse a su trineo para comenzar la Operación Regalo.


Bakugou evitó a toda costa pensar en que esta vez tendría que hacer toda la misión solo y que al volver no habría nadie esperándolo en la cama como todos los años, ni vería el amanecer de la Navidad acompañado. Decidió centrarse únicamente en su trabajo esa noche, ya podría llorar y sentirse miserable al día siguiente.


Porque aunque esté pasando por el peor día de toda su longeva existencia, mantendría una sonrisa para los inocentes niños que lo esperaban ilusionados esa noche, ese era su deber.


-Andando, chi...


No pudo terminar esa frase, ya que en ese momento una fuerte ráfaga de viento abrió de golpe las puertas del establo haciendo que se girara justo cuando una luz cegadora iluminó el lugar y lastimó su vista. Al cenizo le tomó unos segundos recuperarse y poder enfocar la salida, abriendo los ojos como platos al reconocer al ser que tenía enfrente.


Su piel y melena era tan blancas como la nieve, sus cuernos eran largos y afilados, la mitad de su cuerpo era igual al de una cabra y sus ojos sin pupilas eran tan negros como la noche. Katsuki sabía quién era, vaya que sí, sólo que no creyó que le tocaría enfrentarlo tan pronto.


-Tú...-apretó los dientes y tomó su báculo para ponerse en guardia-¡Tú eres el culpable de todo esto!...enemigo eterno de la Navidad, Krampus.


La criatura rugió iracunda y avanzó hacia el cenizo dejando atrás un rastro de hielo.


-¡Mal.di.to!-escupió Bakugou sin perder de vista un segundo a la criatura.


Pensó en Izuku, en Kirishima, en Denki y todos sus elfos que yacían muertos por todo el Polo por causa de ese monstruo.


-¡¡TE MATARÉ!!


Krampus volvió a rugir y golpeó el suelo con su puño, enviando un poderoso ataque de hielo hacia Santa, quien maldijo tratando de hacerla estallar con explosiones repetidas, pero el hielo era demasiado potente, por lo que no pudo evitar terminar atrapado en él. El silencio reinó en el establo por unos minutos, la mirada de Krampus se mantuvo siempre en el hielo esperando que Bakugou emergiera de ahí en cualquier momento, y así lo hizo. Pronto, una poderosa explosión hizo temblar la construcción y parte del hielo creado por Krampus se hizo pedazos para dar paso al cenizo, quien se impulsó con sus explosiones hacia la criatura.


-¡¡Maldito, te mataré!! ¡TE MATARÉ!-gritó soltando un puñetazo al rostro de la bestia, para luego clavarle al suelo enterrando su báculo en su hombro.


Un rugido de dolor escapó de Krampus antes de usar fuego para apartar al cenizo, quien desenterró su arma y retrocedió. Krampus se puso de pie y agitó la mano para enviar otra ola de hielo que Katsuki esquivó, impulsándose con sus explosiones hasta acercarse a su enemigo para atacarlo, pero la criatura predijo su movimiento y soltó una enorme llamarada que obligó al rubio a retroceder. Esto fue aprovechado por Krampus, que usó su hielo para deslizarse y aparecer frente al cenizo en un parpadeo, logrando congelarle el brazo izquierdo.


-¡Mierda!-exclamó el agraviado, soltando al mismo tiempo una potente explosión que hizo pedazos el hielo y mandó a volar a la bestia, aturdiendola por unos segundos.


Bakugou no desaprovechó esa abertura, se movió a toda velocidad hacia la criatura y le enterró su báculo de nuevo, esta vez en el corazón, logrando que gritara y se retorciera desesperadamente antes de quedarse inerte.


Una mueca de alegría se formó en el Santa actual al ver a su enemigo derrotado, estaba feliz y orgulloso, pero no iba bajar la guardia. Desenterró su arma y la levantó para volver a empalarlo, sin embargo, una voz familiar lo detuvo.


-¡Joven Bakugou, no!


El cenizo giró y observó al hombre enclenque y demacrado que lo miraba con horror y extendía sus manos hacia él.


-¿Qué?-frunció el ceño con confusión-¿Quién eres tú?


-¡Por favor deténgase, joven Bakugou! ¿Qué es lo que le pasa? ¿Por qué hace esto?


-¡Te hice una pregunta!


-¡Soy yo, All Might!


Y entonces algo hizo click en la mente del cenizo, quien abrió los ojos con asombro.


-¿T-Toshinori-san?


-¡Sí, soy yo! Le suplico que detenga esta masacre. ¡Este no es usted!


Bakugou parpadeó sin comprender las palabras de su predecesor, notando de reojo la presencia de más personas en el establo. Reconoció su uniforme, eran policías quienes le apuntaban como si se tratara de un criminal, y, detrás de ellos, Endeavor era contenido por los otros héroes para evitar que atacara al rubio. Lágrimas caían de sus ojos, sus llamas ardían con rabia y Katsuki no comprendió por qué parecía tan molesto con él hasta que recorrió el lugar con la vista y descubrió no sólo que no estaba en un establo de renos sino que el cuerpo de Todoroki Shoto yacía muerto frente a él, además de tener las manos cubiertas de sangre.


-¿Qué demo...


Una dolorosa punzada en la cabeza cortó sus palabras. El suelo comenzó a moverse y su vista se hizo borrosa mientras se tambaleaba hacia atrás a la par que reconocía el lugar donde estaba: el auditorio de la Academia de Héroes donde estudia. Miró otra vez a su alrededor descubriendo los adornos navideños y el árbol que ahora estaban manchados de sangre, el piso repleto de los cadáveres de quienes habían sido sus compañeros de clase. La horrible vista fue suficiente para que su memoria regresara, al igual que su cordura.


"¡Ya recuerdo! ¡Hoy era el jodido evento de caridad!"

. No solo eso, él había sido seleccionado para ser Santa Claus, para eso era el traje, el saco, los juguetes, el trineo de utilería al igual que los renos de plástico que antes había acariciado.


-¡Que mierda!-exclamó agitando la cabeza.


Lo último que supo fue que estaba en la sala común de los dormitorios con el puñado de extras festejando la navidad, luego se vió a sí mismo en el baño de su habitación preparándose para el evento para el que faltaban algunas horas antes de que Kirishima llegara a avisarle que el evento se adelantaría por el clima, luego solo tiene flashes de él eliminando a los "elfos zombies" cuando en realidad estaba masacrando a sus compañeros de clase en los dormitorios, el campo de entrenamiento, la cafetería, los salones y el auditorio.


Y luego luchó contra Krampus...sólo que él no era Krampus, era el bastardo mitad-mitad que lo había amenazado con quitarle a Deku semanas antes y...


"¡Deku!"


Bakugou abrió los ojos por completo al recordar a su novio, cayó de rodillas y rompió en llanto recordando cómo lo había encontrado escondiéndose de él en un armario, llorando y pidiéndole que lo dejara solo, porque no quería que le hiciera daño ni hacerle daño a él, lo amaba demasiado para pensar en eso.


Y Katsuki lo había ahorcado hasta la muerte.


Un desgarrador grito de dolor escapó de sus labios al comprender lo que había hecho, el ataque de psicosis que sufrió que lo hizo matar a la persona que más amaba en el mundo; apretando su cabeza con desesperación mientras gritaba hasta rasgar su garganta.


Y luego todo se oscureció.




<< ¿Qué es lo que está pasando esta navidad? ¿Por qué en una época de amor se siembra el terror y la muerte? ¿Acaso estamos malditos? >>


..

..

..


No olvides llegar a tiempo para abrir los regalos juntos.


-¡Mató al oficial Takada!


-¡No se acerquen!


¿Crees que sería capaz de hacerlo? Pasar la navidad contigo es lo único bonito de este trabajo.


..

..


<<Abracen a sus seres queridos, mis estimados oyentes, abracenlos hoy como si fuera la última vez que lo hacen.>>


..

..


-¡Tiene su arma! ¡Todos retrocedan!


..

..


<<Tal vez en verdad sea la última... >>


..

..


¡Bang!


...

..


Fin

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